ABSTRACT Title of Dissertation: IM?GENES DE/DESDE LAS VILLAS: LA CONSTRUCCI?N LITERARIA DE ESPACIOS EN LA CIUDAD INFORMAL Daniela Bulansky, Doctor of Philosophy, 2022 Dissertation directed by: Professor Saul Sosnowski, Department of Spanish and Portuguese The villas (commonly viewed as ?shanty towns?) in Argentina, have been addressed in literary texts since they began to form as part of the ?informal city.? This dissertation interrogates the literary images of these spaces in the city of Buenos Aires, with a particular focus on works that emerge from the villas themselves. Accordingly, they do not appear as marginal, but are situated as the narrative center from which it becomes possible to question the image of a modern, compact and definitive view of the city. This dissertation has grouped texts as they relate to their sociopolitical contexts. The first group includes the short story ?$1 en Villa Desocupaci?n? (1933) by Enrique Amorim, the dramatical work La marcha del hambre (1934) by El?as Castelnuovo, and Las colinas del hambre (1943) by Rosa Wernicke (the only novel that takes place in another region); all three set in the 1930?s. The second provides an analysis of the novel Villa Miseria tambi?n es Am?rica (1957) by Bernardo Verbitsky, in order to follow the trail of the first appearances in newspapers of the term ?villa miseria,? which paralleled the ways these phenomena were made visible in the second half of the 1950?s. The third group consists of four novels that followed the 2001 socio- economic crisis: Santer?a (2008) and Sacrificio (2010) by Leonardo Oyola, La Virgen Cabeza (2009) by Gabriela Cabez?n C?mara, and Con V de villera by Lula Comeron. By then, the villas were a well-recognized fact; therefore, these novels do not necessarily center on revealing their existence. The spaces that comprise the villas that these works produce are boundless, diverse, and fluid; moreover, they move away from privileging visual images, prominent in the works of the two previous groups. All of the works insert the villa within a literary tradition as spaces, equal to any other, where literature is possible. It is not a question of ignoring the power dynamics that mark the villas as a phenomenon, but to consider the movements that these works represent as they relocate the center by focusing on the interior of the villas and thus, literarily, constructing narratives from within. IM?GENES DE/DESDE LAS VILLAS: LA CONSTRUCCI?N LITERARIA DE ESPACIOS EN LA CIUDAD INFORMAL by Daniela Bulansky Dissertation submitted to the Faculty of the Graduate School of the University of Maryland, College Park, in partial fulfillment of the requirements for the degree of Doctor of Philosophy 2022 Advisory Committee: Professor Sa?l Sosnowski, Chair Professor Laura Demar?a Professor Roberto Patricio Korzeniewicz Professor Ryan Long Professor Juan Carlos Quintero-Herencia ? Copyright by Daniela Bulansky 2022 Dedication A mi mam?, Rosita, que hace a?os que me falta. A mi pap?, Samuel, que me apoy? durante este proceso, pero no lleg? a este momento. Los dos est?n tan presentes en esta tesis? To Belinda Blomberg and Mark Reasoner: I?m so lucky to have you in my life. ii Acknowledgments En primer lugar, agradezco al Prof. Sa?l Sosnowski, mi mentor y director, por su paciencia, por las palabras de apoyo, por la confianza, por las charlas, por su oficina con la puerta siempre abierta, por haberme inspirado. Especialmente por haberme acompa?ado en este proceso respetando mis intereses y alent?ndome siempre. Me siento muy orgullosa de haber trabajado con un gran maestro. Agradezco a los miembros del comit?, por el generoso trabajo de haberme dado sus devoluciones y por tantos aprendizajes; por haberme acompa?ado y apoyado en este proceso. Al Prof. Ryan Long: por las charlas, el apoyo, por su generosidad y su respeto hacia mi trabajo. Al Prof. Juan Carlos Quintero-Herencia, por las conversaciones, por los textos dentro y fuera de los seminarios, por la escucha. A la Prof. Laura Demar?a, por tantos a?os de aprendizaje y de di?logo. Al Prof. Patricio Korzeniewicz, por su generosidad. A los profesores y las profesoras del Departamento de Espa?ol y Portugu?s de la Universidad de Maryland. A la Dra. Lauretta Clough, por su apoyo tan generoso desde el primer d?a que llegu? a Maryland. A Leo Oyola, por sus libros, por las charlas, por su m?sica. A mis estudiantes. Dicen que la escritura de una tesis es un proceso solitario. Mi experiencia fue todo lo contrario. No tengo suficientes palabras para agradecer a mis compa?eros y compa?eras de SPAP, mi comunidad, mi familia, que todav?a est?n o que ya partieron hacia otros rumbos: Ginette, Melissa, Mar?a Cristina, Mariluz, A?da, Chris, Sarah, iii Jos? Alfredo, Mary Ely, Kayla, Norman, M?nica, Sof?a, Mariana, Cecilia, N?lida, Juan, Jackson, Daniela, Ofelia, Katy. A la hermosa comunidad de LACS, por ese apoyo constante, por esa energ?a, por esa lucha, por estar siempre: Sabrina, Cara, V?ctor, Jonathan, Mariana, Kristofer, Sergio, Mar?a Cecilia, Nohely, Marco Polo, Mari?ngel, Ana, Eric. En especial, gracias a Sabrina, Mariana, Sof?a: por tanto amor, por tanto apoyo, por tanto? A Chris, a quien nunca voy a poder agradecerle lo suficiente. No podr?a haber hecho esto sin ?l. A Violeta: por tanto cuidado y tanta energ?a. Agradezco a mi familia, que desde distintas partes me apoy? y me alent?: a mi t?a Esther, mi ejemplo en la vida. A mi t?o Enrique, con quien falt? un ?ltimo abrazo. A mis primos y primas. A mis cu?ados, a mis sobrinas Emily y Libby, a mis sobrinos Uriel y Demi?n. A mis amigos y amigas que a la distancia siempre estuvieron. A mis hermanas, Carolina y Alejandra, por apoyarme incluso en los momentos m?s dif?ciles. Por cuidarme. Por hacer todo para estar a la distancia. Por lo abrazos que vendr?n. iv Table of Contents Dedication .................................................................................................................ii Acknowledgment ..................................................................................................... iii Table of Contents ...................................................................................................... v Introducci?n .............................................................................................................. 1 Cap?tulo 1: Marco contextual y te?rico .................................................................... 20 Cap?tulo 2: Las villas antes de las villas miseria ....................................................... 38 2.1. Introducci?n .................................................................................................. 38 2.2. ?$1 en Villa Desocupaci?n? (1933) de Enrique Amorim y La marcha del hambre de El?as Castelnuovo (1934) .................................................................... 42 2.3. Las colinas del hambre (1943), de Rosa Wernicke ........................................ 71 2.4. Conclusi?n .................................................................................................... 80 Cap?tulo 3: La fundaci?n literaria de la villa miseria ................................................ 82 3.1. Introducci?n .................................................................................................. 82 3.2. Contexto y surgimiento de las villas en los medios de comunicaci?n gr?ficos 91 3.3. Villa Miseria tambi?n es Am?rica (1957) de Bernardo Verbitsky ................ 111 3.4. Modificaciones en la novela luego de la primera edici?n ............................. 144 3.5. Panorama literario y art?stico m?s amplio de los a?os inmediatos a la publicaci?n de Villa Miseria tambi?n es Am?rica ............................................... 146 3.6. Conclusi?n .................................................................................................. 149 Cap?tulo 4: El derecho a la ficci?n en Santer?a y Sacrificio de Leonardo Oyola, La Virgen Cabeza de Gabriela Cabez?n C?mara y Con V de Villera de Lula Comeron 151 4.1. Introducci?n ................................................................................................ 151 4.2. Santer?a (2008) y Sacrificio (2010) de Leonardo Oyola .............................. 161 4.3. La Virgen Cabeza (2009) de Gabriela Cabez?n C?mara .............................. 178 4.4. Con V de villera (2019) de Lula Comeron ................................................... 193 4.5. Conclusi?n .................................................................................................. 198 Cap?tulo 5: Conclusiones ....................................................................................... 200 Appendices ............................................................................................................ 205 Works Cited .......................................................................................................... 214 v Introducci?n ? sucede que los comienzos, como los finales, siempre me parecieron arbitrarios. Act?an como violaciones. Dejan en el olvido acaso las posibilidades m?s hermosas. ?D?nde comienza un barco, o una naranja, o una mujer desnuda? Se necesita un juego para ir entrando en trance poco a poco. En este sentido, cualquier comienzo es como empezar a disponer las piezas, sacarlas de la caja, poner en fila los soldaditos de plomo, que son los juguetes pero no el juego todav?a. Daniel Moyano, Libro de nav?os y borrascas Probablemente este comienzo tambi?n deje en el olvido las posibilidades m?s hermosas, pero de alguna forma hay que empezar a disponer las piezas para el juego. Es imposible escapar a la arbitrariedad que ?en ?ltima instancia? encierra todo inicio, as? que mejor acogerla y exponerla. Mi comienzo se abre con tres hebras que elijo separar del tejido de esta investigaci?n: La primera hebra, una experiencia que emerge como recuerdo: el 13 de junio de 1999 voy con mi pap? al predio de La Rural de Buenos Aires para ver la muestra ?Dal? monumental?. En alg?n momento del recorrido nos detenemos frente al cuadro Gala desnuda mirando al mar que a 18 metros parece el presidente Lincoln. Lo 1 primero que me llama la atenci?n es la mujer de espaldas, desnuda, que en el centro de la pintura parece mirar hacia el mar a trav?s de una ventana. Un peque?o cartel indica que hay otra imagen para ver en el mismo cuadro: al alejarse y entrecerrar los ojos aparece la cara de Abraham Lincoln. Me alejo unos pasos, entrecierro los ojos, pero apenas logro distinguir unas figuras vagas que no terminan de formarse. Mi pap? se saca los anteojos, mira y dice: ?Ah? est??. Yo sigo intentando, pero la imagen de la Gala sigue teniendo m?s nitidez que el retrato de Lincoln que apenas asoma. No entiendo c?mo es que mi pap? ve esa otra imagen que para m? apenas aparece, porque ?l no ve bien. Desde que tengo memoria mi pap? no ha conducido, desde que guardo recuerdos ha sufrido reiteradas ca?das porque no ve bien. Tiene una enfermedad de la visi?n que es progresiva y no tiene cura: mi pap? no ve bien, mi pap? ve mal. Pero frente a esta pintura ?l ve con naturalidad esa otra imagen que mis ojos sanos no logran captar. Entonces me doy cuenta de que hay personas que pasan por delante del cuadro y no se detienen. Si ven bien, sus miradas privilegian la Gala desnuda en el centro de la pintura que mira hacia el mar a trav?s de una ventana mientras que unos oscuros cuadrados encadenados aparecen a su alrededor. La imagen que esta mirada sana debe esforzarse en ver es el retrato de Lincoln, que coexiste con el primero y en donde la Gala se difumina y lo que parec?a margen cobra ahora centralidad: el retrato ocupa casi todo el cuadro. Las dos im?genes no solo forman parte de la misma pintura, sino que cada una es condici?n de existencia de la otra, se conforman mutuamente. Ver el retrato de Lincoln supone la posibilidad de reconocer, construir con la mirada y exponer otra imagen en el mismo cuadro, pero tambi?n supone entender que no hay esencialmente 2 centro y, por lo tanto, margen: son espacios que construye cierta mirada que se considera sana. La segunda hebra, una experiencia que alguna vez ser? recuerdo: el llanto de mi hermana Alejandra, un llanto desconsolado. Entonces lo s?: pap? muri?. Son las 23:30 hs del lunes en este lado del mundo, las 00:30 hs del martes all?. Dos d?as y medio antes empieza la espera final, cuando el tiempo no tiene horas. El domingo al mediod?a Mary me llama y me dice: ?Est? pidiendo por ustedes?. Nos habla al mismo tiempo a mi hermana Carolina y a m?, a ella desde el tel?fono fijo, a m? desde el celular, mientras que en ese momento llega Alejandra. Las tres le hablamos juntas mientras ?l se sumerge en el sue?o que precede al otro sue?o. Durante las siguientes treinta y seis horas de un tiempo espeso habito el espacio que se abre desde mi cama en una casa de Estados Unidos hacia la habitaci?n de mi pap? y hacia la casa de mi hermana Carolina en otro continente; espacio de conversaciones intermitentes, respiraciones entrecortadas, roce de un cubrecama suave, humedad de l?grimas, mensajes del celular, tangos y canciones en idish, bocas pastosas, algunas sonrisas, olor de un junio que no es el del Sur. El llanto de Alejandra me llega antes de entender que unos segundos antes son? el celular, atend? la videollamada y que ahora la estoy viendo llorar; y que atr?s est? el cuerpo de mi pap?. ?Qu? diferencia hay entre ese cuerpo y el que vi quince minutos antes en esa misma pantalla de tel?fono celular? La quietud es la misma, lo que cambia es el llanto de mi hermana y, ahora, el m?o. S? que mi pap? est? muerto porque Alejandra llora, Carolina llora y yo tambi?n lloro; pero hay algo que falta, que no me convence, que me hace dudar. Es la visi?n de su cuerpo quieto y el sonido del llanto, pero sin el olor a medicamentos, sin el aire espeso de la habitaci?n cerrada, sin 3 la textura de su mano inm?vil, sin el silencio de un coraz?n quieto, sin los abrazos de las que quedamos, sin el fr?o del junio del Sur. Todo eso que m?s de veinte a?os antes, en esa misma habitaci?n, form? parte de la muerte de mi mam?, cuando luego de su ?ltima inspiraci?n todo fue silencio. Ahora, son los sonidos que habitan este espacio los que revelan que mi pap? muri?. La tercera hebra, un ejercicio: construir una visi?n que permita una aproximaci?n alternativa a la ciudad y, para esto, tomar dos perspectivas: la primera de Michel de Certeau, la segunda de Jorge Francisco Liernur. De Certeau mira Nueva York desde del piso 110 del ahora inexistente World Trade Center, desde donde ve una ciudad panor?mica y se convierte en un mir?n como ?caro, quien es un ?Ojo solar, una mirada de dios? (103-104). Pero desde all? arriba, la ?ciudad-panorama (?) tiene como condici?n de posibilidad un olvido y un desconocimiento de las pr?cticas? (105). Desde otro tipo de aproximaci?n, Liernur se plantea cu?les son las representaciones de la Ciudad de Buenos Aires entre fines del siglo XIX y principios del XX (?Precariedad? 57). Para romper con las im?genes tradicionales, analiza la fotograf?a 196 ?Aduana, Casa Rosada, Estaci?n Central, restos del basti?n del Fuerte? del ?lbum de vistas, tipos y costumbres del Buenos Aires antiguo de la casa Witcomb (59-60). Se trata de una imagen de Buenos Aires vista desde el r?o. En ella se ve claramente el r?o, el cielo, la zona central de la Ciudad. Pero Liernur no se queda con esta imagen tal como se le presenta. Como de Certeau desde el rascacielos, observa una vista ?total? y desconf?a: parece ocultar fracturas, opacidades, espacios que est?n, pero no se ven. Entonces se pregunta: ??qu? otras cosas pueden verse si se recorre con una lupa el paisaje que sirve de ?fondo? a esas figuras principales?? (60). Y con la ampliaci?n, la vista recorre 4 nuevamente la imagen, y entre eso nuevo que ahora se visualiza, aparece un espacio formado por casas bajas y construcciones precarias. Tambi?n esta imagen visual est? situada: la fotograf?a tiene un punto de vista determinado, se mira desde el extremo de un muelle. Sin embargo, su aproximaci?n a esta y otras fotograf?as le permite plantear que, ante las tres representaciones cl?sicas y definitivas de la Ciudad de Buenos Aires, debe agregarse una m?s: una ciudad precaria o ef?mera (65). Entonces, repetir el gesto de estos autores y comenzar con una imagen: una imagen que permita una aproximaci?n alternativa al mapa de la ciudad de Buenos Aires. Como el ojo mir?n de ?caro que de Certeau posiciona desde el piso 110 del World Trade Center para ver la ciudad panorama, comenzar con una imagen visual, est?tica: una vista panor?mica, satelital, de la Ciudad desde un mapa interactivo. Primero, una visi?n de la totalidad de Argentina: la ciudad panorama. Los l?mites nacionales est?n claros, los de la Ciudad de Buenos Aires no tanto. Se agranda la imagen con la Ciudad de Buenos Aires como punto de referencia y ya no se ve la totalidad de la Argentina, pero la ciudad empieza a demarcarse. A una escala de 2 cm = 100 km la Ciudad de Buenos Aires aparece como un peque?o c?rculo: la parte norte y noroeste figuran bien delimitadas por la Avenida General Paz, la parte Sur no. Reci?n a una escala de 1,5 cm = 5 km aparece el Riachuelo, accidente geogr?fico impuesto como l?mite de separaci?n. A medida que se sigue haciendo zoom, la Ciudad y sus l?mites se muestran cada vez con mayor claridad. Ahora la frontera es evidente, delimita un adentro y un afuera, pero a una escala de 1 cm=1 km, la circunferencia de la Ciudad se fragmenta, s?lo se identifican segmentos y la imagen ya no llega a englobar la ciudad, s?lo partes. A una escala de 1 cm=200 metros, lo que era l?mite, la Avenida 5 General Paz, parece una avenida m?s. Sin la referencia de su funci?n pol?tica, no llama la atenci?n m?s que como una amplia avenida. Se sigue ampliando la escala, con uno de los segmentos de la Avenida General Paz como referencia. La visi?n de la ciudad como totalidad compacta se ha perdido y en su lugar aparecen los detalles, los quiebres, los vac?os. Los l?mites claros desaparecen, el adentro y afuera pierden la referencia. Ese espacio cerrado como c?rculo que era la ciudad ya no est?. Emerge, en cambio, lo que no se ve?a antes: pasajes angostos, manzanas, la direcci?n del tr?nsito de cada calle. Pero a?n es posible un paso m?s: es posible situarse virtualmente desde el terreno y tener una visi?n de peat?n, como si realmente se estuviera all?. Ahora ya no se mira desde arriba, sino desde abajo. La visi?n es muy limitada, el horizonte es claro y cercano, pero es posible transitar, se puede recorrer virtualmente el terreno. Claro que esa visi?n es una construcci?n: las im?genes son producto de una mirada que ha decidido qu? mostrar y adem?s est?n fechadas, por lo que el tiempo se ha detenido. Tampoco se puede entrar en las casas o ver a la gente interactuar, pero se puede recorrer esas calles y narrar parte de lo que se ocultaba: lo fragmentado, lo ef?mero, las ruinas de la ciudad. Se puede descubrir los senderos creados m?s all? de calles y avenidas, se puede crear un sendero propio. En la tradici?n literaria argentina que ha escrito espacios o personajes considerados ?marginales? de Buenos Aires, puede nombrase a Evaristo Carriego (Paran?, 1883 - Buenos Aires, 1912), quien fue para Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 - Ginebra, 1986), ?un hombre que descubri? las posibilidades literarias de los desacreditados y humildes suburbios de la ciudad, del Palermo de mi infancia? (Vaccaro 248). Adem?s, ?fue el primer espectador de nuestros barrios pobres y (?) 6 para la historia de nuestra poes?a, eso importa. El primero, es decir el descubridor, el inventor? (42) a trav?s de sus dos poemarios Misas herejes (1908) y La canci?n del barrio (1913). A su vez, al escribir Evaristo Carriego (1930), Borges lo establece como origen fundacional de su propia escritura y en ese mismo movimiento, al escribirlo a Carriego, lo incorpora a una tradici?n en la cual ?l mismo se inscribe. Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900 - 1942) centr? sus obras en personajes marginales de la ciudad que subsisten m?s all? de la ley. En una entrevista de 1929 publicada en el n?mero 12 de la revista La Literatura Argentina, frente a la pregunta ??A qu? p?blico de hombres y mujeres se dirige?? Arlt respondi?: ?Al que tenga mis problemas. Es decir: de qu? modo se puede vivir feliz, dentro o fuera de la ley? (Sa?tta y Romero 83). Pero las tres hebras que comienzan a entramarse permiten indagar sobre otro tipo de espacios, las villas, parte de la ?ciudad informal? que la mirada sana ha ignorado, en un principio, y que luego ha construido como margen, estableci?ndose en el mismo movimiento como centro, como la ?ciudad formal?. Tomo el concepto inicialmente de lo que Hern?ndez y Kellet explican: ?Latin American cities have been characterised by a tensi?n between their formal and informal dimensions? (1). Desde un enfoque arquitect?nico, se ha establecido como ?ciudad formal? lo que responde a los est?ndares de dise?o de la arquitectura, de lo que ha sido planeado (2). Extiendo este concepto para lo que ha sido planificado y que entra dentro de la legalidad definida en el marco del Estado1. Pero, adem?s, el entretejido de estas hebras cuestiona en un segundo movimiento la construcci?n y representaci?n de los lugares y espacios a trav?s de la preponderancia de im?genes visuales. La construcci?n visual de la ciudad primero 1 Esta idea ser? desarrollada en el pr?ximo cap?tulo. 7 ha ignorado estos espacios tanto en su omisi?n en mapas oficiales como a trav?s del intento de ocultarlos a la mirada p?blica. En un primer movimiento, entonces, ese ?mirar mal? ha hecho imposible el no reconocimiento de estos lugares tambi?n desde las miradas sanas. Pero este primer movimiento no se aleja de un ocularcentrismo que ha posibilitado construir estos espacios como margen y que pierde fuerza cuando a la mirada se incorporan los otros sentidos. Si la visi?n no es el ?nico sentido que interviene en las pr?cticas que construyen espacios, la representaci?n que se centra en la imagen visual es siempre -y especialmente- parcial. El ocularcentrismo occidental ha dado a la imagen visual un privilegio por sobre otras im?genes sensoriales, lo que queda plasmado en los mapas visuales como representaci?n privilegiada de las ciudades. Las villas2 son barrios improvisados formados a trav?s de la agregaci?n paulatina de viviendas autoconstruidas con materiales precarios que surgieron como resultado de la imposibilidad de acceder a una vivienda tradicional. Se han caracterizado fundamentalmente por la precariedad jur?dica con respecto al lugar: se han ubicado en general en territorios fiscales o privados, de bajo valor, pero sin un contrato de propiedad o alquiler. Si bien pueden ser identificadas como viviendas pobres, no ha sido esto su particularidad distintiva sino esa situaci?n de por lo menos ambigua legalidad con respecto a la tenencia de la tierra. Se han ubicado en los llamados ?m?rgenes? (geogr?ficos o simb?licos) de la ciudad. En la d?cada del cuarenta, su surgimiento fue una consecuencia no planeada de un incipiente modelo de 2 El t?rmino ?villa? se utiliza para designar el fen?meno de lo que tambi?n ha sido nombrado como ?villas de emergencia?, ?villas miseria?, ?barrio de emergencia?, ?barrio popular?, entre otros. La problem?tica de la denominaci?n se aborda y analiza en el cap?tulo 1; por eso, a fines pr?cticos se usa aqu? esta expresi?n, sin por eso dejar de reconocer la carga social y conceptual que posee. 8 industrializaci?n por sustituci?n de importaciones iniciado como consecuencia de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y profundizada durante las presidencias de Juan Domingo Per?n (1946-1952 y 1952-1955). Esto se dio en el marco de un pa?s con una fuerte e hist?rica centralizaci?n pol?tica y econ?mica en la Ciudad de Buenos Aires, la cual no contaba con las condiciones ni planes urban?sticos para recibir a esa cantidad de trabajadores que se trasladaban (desde el campo y pa?ses lim?trofes) en busca de una mejor calidad de vida. La mayor?a de la poblaci?n de la ciudad tard? m?s de diez a?os en ?descubrirlos? y el Estado muchos m?s en reconocerlos oficialmente e incluirlos en los mapas. Durante los m?s de setenta a?os que han pasado desde su surgimiento, el Estado pas? de pol?ticas de erradicaci?n a pol?ticas de radicaci?n, con los actuales programas de integraci?n y la posibilidad (no exenta de conflicto de intereses privados y p?blicos) de dar t?tulo de propiedad a sus habitantes. Estos espacios nacidos de la necesidad supusieron desde su surgimiento ?por su mera existencia? un cuestionamiento a la planificaci?n urbana y a las regulaciones y l?mites sobre las que se basa el Estado capitalista. Mi pregunta inicial con respecto a estos espacios es: ?c?mo aparecen construidos literariamente las villas? La novela Villa Miseria tambi?n es Am?rica (1957) de Bernardo Verbitsky (Buenos Aires, 1907-1977), la primera en incluir la expresi?n ?villas miseria? que su autor hab?a usado por primera vez en un art?culo en el peri?dico Noticias Gr?ficas dos a?os antes, denuncia las condiciones de vida en esos asentamientos precarios, invisibilizados por el Estado e ignorados por la mayor?a de la sociedad a finales de la d?cada del cincuenta. La novela se posiciona desde una villa y produce el movimiento que propone de Certeau, quien en lugar de mirar Nueva York 9 desde el piso 110 del ahora inexistente World Trade Center, desde donde se ve una ?ciudad-panorama (?) [que] tiene como condici?n de posibilidad un olvido y un desconocimiento de las pr?cticas? (105), transita literariamente la villa y desde all? narra. En 1958 se public? Ladrones de luz de Rub?n Ben?tez (Chivilcoy, Prov. de Buenos Aires, 1928). En ese mismo a?o aparecieron tambi?n las primeras expresiones cinematogr?ficas: el documental Buenos Aires, dirigido por Jos? David Kohon (Buenos Aires, 1929-2004), y la pel?cula Detr?s de un largo muro, dirigida por Julio Demare (Buenos Aires, 1910-1981). Por esos a?os, tambi?n en las artes pl?sticas comenzaron a aparecer las villas, especialmente en obras de Antonio Berni (Rosario, Santa Fe, 1905 ? Buenos Aires, 1981) con obras como Villa piol?n e Incendio en la villa en 1958 y La familia de Juanito Laguna y El carnaval de Juanito Laguna en 1960. ?stas dos ?ltimas fueron las primeras de una serie centrada en Juanito Laguna, quien representa a un ni?o pobre que vive en una villa. Todas estas obras se pueden circunscribir dentro de un realismo-realismo socialista a trav?s del cual se visibilizaron las villas al mismo tiempo que se denunciaban las condiciones de vida cr?ticas de estos barrios. Pero, al mismo tiempo, supusieron la inscripci?n de la villa dentro de la tradici?n literaria, cinematogr?fica y pict?rica y, de esta forma, como espacio plausible de representaci?n art?stica. En las siguientes d?cadas del siglo XX el espacio de la villa apareci? de forma espor?dica como espacio de narraci?n. Se pueden nombrar los cuentos ?Como un le?n? (Con otra gente, 1961) de Haroldo Conti (Chacabuco, Prov. de Buenos Aires, 1925 - desaparecido en Buenos Aires, 1976) y ?El remolino? (Los navegantes, 1972) de Bernardo Kordon (Buenos Aires, 1915 - Santiago de Chile, 2002), as? como las novelas 10 Intemperie (1973) de Roger Pl? (Rosario, Santa Fe, 1912 - Buenos Aires, 1981), La vida entera (1981) de Juan Martini (Rosario Santa Fe, 1944 - Buenos Aires, 2019), La calle de los caballos muertos (1982) de Jorge As?s (Avellaneda, Prov. de Buenos Aires, 1946), Vivir afuera (1998) de Rodolfo Fogwill (Quilmes, Prov. de Buenos Aires, 1941 - Buenos Aires, 2010). A partir del comienzo del siglo XXI las villas empiezan a formar parte de m?ltiples obras literarias a trav?s de diferentes g?neros y estrategias. Adriana Rodr?guez P?rsico postula: ?en El sentido de un final, Frank Kermode sostiene la tesis de que existe un nexo entre las formas de la literatura y otras con las que intentamos dar alg?n orden al pasado, al presente y al futuro. Una de esas formas es la crisis? (?Relatos? 23). En este sentido, sostiene que la crisis econ?mica, pol?tica y social de diciembre de 2001 en Argentina fue uno de esos momentos, lo que podr?a explicar la gran proliferaci?n de textos y pel?culas no solo sobre las villas sino tambi?n sobre los cartoneros, piqueteros, y las capas m?s excluidas de la sociedad en general3. Entre las obras literarias que tratan sobre las villas (ya sea como espacio narrativo o sobre personajes ?villeros?) aparecen obras de no ficci?n como: Cuando me muera quiero que me toquen cumbia (2003) y Si me quer?s, quereme transa (2010) de Cristian Alarc?n (1970), La Oculta. Vivir y morir en una villa miseria argentina (2008) de Jorge 3 En diciembre de 2001 se desencaden? en Argentina una crisis econ?mica, pol?tica, institucional y social que ven?a gest?ndose desde tiempo atr?s. Frente a una situaci?n de ascendente movilizaci?n social y protestas, el 19 y 20 de diciembre gran cantidad de personas salieron a las calles desafiando el estado de sitio decretado por el entonces presidente Fernando de la R?a. Luego de jornadas de protestas y marchas, y de represi?n y muerte por parte de la polic?a, el presidente renunci?. El vice- presidente Carlos ?Chacho? ?lvarez hab?a renunciado en octubre del 2000, por lo que el cargo m?ximo del ejecutivo lo ocup? Adolfo Rodr?guez Sa?, quien dur? en ese rol solo una semana. A partir de ah?, el cargo fue desempe?ado por varias personas: en el lapso de dos semanas Argentina tuvo cinco presidentes distintos. La crisis gener? el fin del sistema paritario del peso, que hab?a atado la moneda argentina al d?lar estadounidense por diez a?os, as? como la declaraci?n de default por parte de Argentina. Toda esta situaci?n agrav? a?n m?s la crisis econ?mica y social. 11 Tasin (1955). Las colecciones de poemas ?La venganza del cordero atado? (2010), ?Cr?nica de una libertad condicional? (2014) y ?Ret?rica al suspiro de la queja? (2015) de C?sar Gonz?lez (1989)4; El gaucho Mart?n Fierro (2011) de Oscar Fari?a (1980), reelaboraci?n ?villera? del cl?sico argentino del mismo nombre y la obra po?tica de Ioshua (seud?nimo de Josu? Marcos Belmonte, 1970 - 2015). Tambi?n, la novela gr?fica Las Tumbadoras (2019) de Nykka (seud?nimo de Ver?nica In?s Garc?a, (1982). Dentro de la narrativa, aparecen las novelas La villa (2001) de C?sar Aira (1949); Puerto Apache (2002) de Juan Martini (1944-2019); C?mo desaparecer completamente (2004) de Mariana Enr?quez (1973); Impureza (2007) de Marcelo Cohen (1951); G?lgota (2008), Santer?a (2008), Sacrificio (2010) y Kryptonita (2011) de Leonardo Oyola (1973); La Boliviana (2008) de Ricardo Strafacce (1958); La virgen cabeza (2009) de Gabriela Cabez?n C?mara (1968); Siete maneras de matar a un gato (2009) de Mat?as N?spolo (1975); Dame pelota. Una chica menstr?a cada 26 o 32 d?as y es normal (2009) de Dalia Rosetti (seud?nimo de Fernanda Laguna, 1972); Las aventuras de los bustos de Eva (2012) de Carlos Gamerro (1962); La 31 (una novela precaria) (2012) de Ariel Magnus (1975); Palito de naranjo (2014) de Ang?lica Gorodischer (1928); La mala (2017) de Demi?n Konfino; No permitas que mi sangre se derrame (2018) de Juan Carr? (1978); Mala leche (2018) de Alicia Plante (1970), 4 C?sar Gonz?lez naci? en la villa Carlos Gardel de Mor?n, Prov. de Buenos Aires. Tambi?n es conocido por el seud?nimo Camilo Blajaquis que us? para publicar sus primeros dos libros. De adolescente estuvo detenido en el instituto para menores Agote donde cre? la revista ?Todo piola? Adem?s de poeta es ensayista y cineasta. Entre sus pel?culas est?n Diagn?stico esperanza (2013), ?Qu? puede un cuerpo? (2014), Lluvia de jaulas (2019) y La nobleza del vidrio (2021) las cuales pueden verse en su canal de Youtube: https://www.youtube.com/c/C?sarGonz?lez-Cine. 12 Con V de villera (2019) de Lula Comeron (1978) y Cometierra (2019) de Dolores Reyes (1978)5. En 2007 se estren? la pel?cula El Nexo de Sebasti?n Antico, basado en un cuento de Julio Arrieta, actor y referente cultural de la villa 21 de Zavaleta, Provincia de Buenos Aires. La trama gira en torno a una invasi?n extraterrestre y la resistencia desde las villas. En paralelo a la pel?cula se film? Estrellas de Federico Le?n y Marcos Mart?nez en la que se muestra el proceso de elaboraci?n de El Nexo. En ?sta Julio Arrieta dice: ?Por lo general, los extraterrestres, cuando uno mira una pel?cula de extraterrestres que est? hecha por los norteamericanos, bajan en un barrio de plata donde hay gente de plata. Hasta los marcianos tienen plata? (38:46). Frente a la pregunta de Julio: ??Acaso los villeros no tenemos derecho a tener marcianos?? (30:13), Adriana Rodr?guez P?rsico postula que ?el reclamo es por el derecho a la ficci?n. Por poner en escena las potencialidades inmensas de la imaginaci?n? (?Pobreza y visibilidad? 25). Esta idea del ?derecho a la ficci?n?, del ?derecho a tener marcianos? en las villas y no s?lo ser objetos de estudio, gu?a mi lectura y as?, dentro de la multiplicidad y diversidad de obras de este periodo, trabajo las que ficcionalmente centran la narraci?n desde las villas y que, adem?s, se caracterizan por transgresiones, desbordes, corri?ndose de la violencia como tema central para hablar de las villas. La ciudad informal puede rastrearse mucho antes de la aparici?n de las villas en la d?cada del cuarenta6. Un ejemplo es el llamado Barrio de las Ranas, un barrio 5 No se trata de un listado exhaustivo, pero sirve para dar cuenta de la cantidad de obras que surgieron en contraposici?n con las d?cadas anteriores. 6 Hay quienes consideran estos barrios como villas y otros quienes no los consideran parte del mismo tipo de asentamientos precarios surgidos a partir de la d?cada del cuarenta. Estas posiciones se explican en los siguientes cap?tulos. 13 improvisado en el Matadero Sur de la ciudad de Buenos Aires, que surgi? a finales del siglo XIX y fue desarmado en 1916 (Liernur, ?Precariedad? 85). Pero dentro de los espacios que pueden considerarse como parte del fen?meno de las villas o como antecedentes7, se encuentra un campamento de desocupados ubicado en Palermo, frente al R?o de la Plata, conocido como ?Villa Desocupaci?n? o ?Villa Esperanza?. Su duraci?n fue breve, de 1932 a 1935, pero dej? una marca en la ciudad y en la literatura. Atrajo la atenci?n de los porte?os que iban como paseo a ver esa barriada improvisada. Adem?s, exist?an una multiplicidad de barriadas improvisadas. Por lo tanto, mi investigaci?n se organiza de la siguiente manera: el primer cap?tulo corresponde al marco contextual y te?rico m?s general que se construye para, desde all?, analizar las obras. El segundo cap?tulo trabaja con obras ubicadas en la d?cada del treinta: las villas antes de las villas miseria. Aqu? se trabaja ?$1 en Villa Desocupaci?n? (1933) de Enrique Amorim, La marcha del hambre (1934) de El?as Castelnuovo y Las colinas del hambre (1943) de Rosa Wernicke (Buenos Aires, 1907 - Rosario, Santa Fe, 1971). El tercer cap?tulo aborda la novela fundacional sobre las villas miseria: Villa Miseria tambi?n es Am?rica (1957) de Bernardo Verbitsky, para lo cual primero se analiza el surgimiento y popularizaci?n de la expresi?n ?villa miseria? en los peri?dicos de la ?poca, as? como las primeras im?genes de esos espacios que la novela cuestiona. El cuarto cap?tulo trabaja novelas escritas y publicadas luego del 2001: Santer?a (2008) y Sacrificio (2010) de Leonardo Oyola, La Virgen Cabeza (2009) de Gabriela Cabez?n C?mara y Con V de villera (2019) de Lula Comeron. Todas las obras est?n escritas desde un adentro ficcional, sin que por ello los y las escritoras 7 Estas dos posiciones a?n persisten y se trabajan en los siguientes cap?tulos. 14 sean necesariamente de las villas. Esto es una decisi?n que tomo desde el principio: este trabajo no es sobre ?escritores de la villa?, sino de y sobre la villa en la ficci?n. Esto me permite armar un recorrido ?uno dentro de los m?ltiples posibles? a trav?s del cual transitar las villas desde obras que las insertan en una tradici?n literaria como espacios posibles de literatura, con derecho a la ficci?n como cualquier otro espacio, y no s?lo centro de noticias de la secci?n policiales o como objeto de estudio. No se trata de ignorar las relaciones de poder que atraviesan las villas como fen?meno, sino plantear un movimiento que es posible hacer a partir de las obras literarias: trasladarse a su interior y, literariamente, construir una narraci?n desde all?. Estas obras construyen im?genes donde las villas no aparecen como un margen difuso de la ciudad, sino que se constituyen como el centro narrativo y, a su vez, cuestionan la imagen de la ?ciudad formal? (el simulacro visual que plantea de Certeau), como una ciudad compacta, definitiva. As?, las villas pueden formar parte de la ?ciudad informal? donde el prefijo ?in? no indica ?negaci?n?, sino siguiendo lo que Ver?nica Gago desarrolla: ?Defino la informalidad no de manera negativa por su relaci?n con la normativa que define lo legal/ilegal, sino de modo positivo por su car?cter de innovaci?n y, por tanto, por su dimensi?n de praxis que busca nuevas formas? (34). Las villas como espacios informales desbordan desde sus inicios los l?mites impuestos: surgen como pura pr?ctica, como nuevas formas de habitar la ciudad. En las novelas aparecen im?genes que en cada periodo cuestionan las creadas desde el Estado y/o sectores de la sociedad. Uso lo que Emanuele Coccia plantea con respecto al concepto de imagen: las im?genes son la realidad de lo sensible (54) que se dan en un medio. La posibilidad que ofrecen las obras trabajadas en esta investigaci?n 15 para analizar las im?genes est? dada porque ?el lenguaje como el archimedio, [es] el espacio de medialidad absoluta en el que las formas pueden existir como im?genes en completa autonom?a de los sujetos parlantes as? como de los objetos cuya forma y semejanza representan? (61). En las novelas del treinta al cuarenta aparece un ?nfasis en la denuncia y en la exposici?n de esos espacios ocultos o, como mucho, siempre vistos desde afuera, desde im?genes visuales. El primer movimiento fue, entonces, visibilizar lo que los mapas oficiales que representaban la ciudad panorama ocultaba u olvidaba. Pero en un siguiente movimiento, las novelas post 2001 construyeron espacios que cuestionan la ciudad formal, mostrando las condiciones de precariedad en que existen y la violencia estructural a la que siguen sometidas, sin que ahora prepondere lo visual. Las villas se construyen a trav?s de im?genes sensoriales diversas, donde especialmente las im?genes sonoras cobran importancia. El objetivo de este trabajo es entonces investigar de qu? modo ciertas narrativas que se posicionaron desde las villas construyen esos espacios. El corpus elegido plantea tres movimientos: el primero inserta la literatura de/sobre las villas en una tradici?n del siglo XX junto con otras obras que ayudaron a exponer espacios informales. El segundo, presenta la visibilizaci?n de las villas en la d?cada del cuarenta. En estos dos primeros movimientos resalta un realismo social y una intenci?n de visibilizar, obligar a las ?miradas sanas? a ver lo que estaba all? mismo, denunciar. De este modo transgreden y difuminan l?mites impuestos desde una visi?n hegem?nica del espacio. El tercer movimiento se conforma a partir de textos que construyen espacios ficcionales que narran la villa a partir de distintos g?neros y estrategias, y que cuestionan la ciudad-panorama, la ciudad moderna como espacio un?voco, uniforme y 16 regido por l?mites ya definidos. Al hacerlo no s?lo ampl?an el derecho a la ficci?n, sino que construyen la villa como un espacio diverso, m?ltiple, plural, fluido. Este corpus construye historias que, como dice de Certeau, practican el ?andar? ?como espacio de enunciaci?n? (110). Las contribuciones que me propongo desarrollar en esta tesis constituyen la etapa inicial de una investigaci?n que deja abierta una multiplicidad de posibilidades. En primer lugar, seguir pensando los llamados espacios informales tanto a nivel local como con relaci?n a un debate m?s global. Adem?s, por las limitaciones propias de este tipo de trabajo, me centr? principalmente en obras que se situaron en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, dejando para una siguiente etapa el di?logo con lo producido en otras regiones del pa?s y en otros pa?ses latinoamericanos. Esta investigaci?n supone varios desaf?os. En primer lugar, la complejidad de abarcar distintos contextos hist?ricos con los cuales las novelas dialogan y las diversas formas en que se ha nombrado las villas desde el Estado y desde la sociedad. Por una cuesti?n pr?ctica y de claridad uso ?villa? para referirme a estos barrios como forma de unificar la manera de referirme a ellos a trav?s de las distintas etapas, sin por eso dejar de reconocer que toda forma de nombrar tiene una carga. En este mismo sentido, esta investigaci?n ha hecho que me replantee una y otra vez mi propio posicionamiento, as? como los privilegios desde los cuales analizo, pregunto y trabajo. Me identifico como mujer adg?nero seg?n lo explica Marlene Wayar8. Nac? en Argentina, en una 8 Marlene Wayar (C?rdoba, 1968) es psic?loga social y activista travesti. Utiliza la expresi?n ?adeg?nero? ?? para definir las experiencias corporales de hombres y mujeres con su correlatividad sexogen?rica y de deseo, expresi?n sexogen?rica en t?rminos hetero u homo. Me desprendo del extendido t?rmino ?cis?, es decir, ?de este lado?, por considerarlo incorrecto, y empleo el ?ad?, de proximidad, entendiendo que la propuesta hegem?nica es binaria y, por lo tanto, hombres y mujeres 17 sociedad patriarcal y heteronormativa. Crec? y estudi? en la ciudad de Buenos Aires, en una familia de clase media gracias a la cual nunca tuve que preocuparme por satisfacer mis necesidades b?sicas. Este trabajo fue pensado y escrito en su mayor?a en Estados Unidos. Reconozco los privilegios que tengo y que he tenido que revisar y replantearme a lo largo de esta investigaci?n, en especial al trabajar las villas, incluso desde la ficci?n. Evito hablar de centro y periferia/margen tanto para mi espacio de enunciaci?n como para la caracterizaci?n de estos barrios porque son conceptos que se formulan desde un centro, lo que no implica que no sea consciente de las relaciones de poder que operan en diversos niveles y esferas. De hecho, tengo en cuenta constantemente las asimetr?as que son diversas y m?ltiples. Trato de no construir esos espacios como un ?margen? sin dejar de tener en cuenta las diversas asimetr?as de poder que han operado sobre las villas. C?sar Gonz?lez, cineasta, poeta y ensayista, dice en su texto ?El fetichismo de la marginalidad? en el que habla sobre representaciones audiovisuales de las villas: ?sabemos de la capacidad de las im?genes para generar creencias. Nadie puede alegar inocencia para justificar su sesgo ideol?gico a la hora de representar en im?genes? (6%), pero plantea que ?...el problema no pasa por el hecho de que el objeto (la marginalidad, la pobreza, etc.) es representado art?sticamente por un burgu?s extranjero al territorio representado, y que por eso se ve incapacitado de capturar o al menos olfatear la esencia del lugar? (8%). Lo que formula es el ?c?mo? y que el problema heterosexuales, gays o lesbianas estar?an adoptado las formas hegem?nicas pero no por ello est?n inmersas por completo en un lado en particular? (105). 18 aparece cuando ?se busca del espectador s?lo una onomatopeya: ?Guauuuuu!? (8%). Espero haber evitado ese fetichismo de la marginalidad. 19 Cap?tulo 1: Marco contextual y te?rico M?s que como un primer cap?tulo, esta parte se desarrolla como una presentaci?n y contextualizaci?n general del fen?meno de las villas as? como del entramado te?rico que se plantea como marco general para el an?lisis que se pondr? en juego en los pr?ximos cap?tulos. Para comenzar, la definici?n sobre lo que son las villas se ha mantenido, a grandes rasgos, desde los inicios de su investigaci?n por parte de las ciencias sociales. Jos? Luis de Imaz (quien trabaj? con Gino Germani) ya en 1974, en su estudio Los hundidos. Evaluaci?n de la poblaci?n marginal establec?a que las ?villas de emergencia? eran: - las erigidas sobre terreno fiscal, o de propiedad de terceros (contra la voluntad de esos terceros), - que carecen de servicios p?blicos y de trazado urban?stico acorde con las disposiciones provinciales y/o municipales, - con una alta densidad de poblaci?n, en presunta o real situaci?n de hacinamiento, / tanto por unidad de vivienda como por habitaci?n, - en casas construidas con materiales precarios, de desechos o recuperables, carentes de servicios sanitarios, - y donde la poblaci?n no aparece regularmente integrada con los vecinos urbanos que la rodean. (83) De la Torre define el fen?meno en el 2008 como viviendas caracterizadas por: 20 la extrema precariedad de los materiales de construcci?n, por la ausencia de los servicios vitales m?nimos y por ocupar terrenos fiscales o particulares de manera ilegal, ubicados casi siempre en la periferia del tejido urbano. Tiene, adem?s, la particularidad de conformar conjuntos habitacionales concentrados que se diferencian del entorno edilicio y que no forman parte, nominalmente, de la denominaci?n de ese entorno. (104) Entendido de forma m?s amplia, como parte de los ?asentamientos informales?, este mismo fen?meno apareci? (con sus variantes) en otras partes de Latinoam?rica a mediados del siglo XX: ?cantegril? en Uruguay, ?callampa? en Chile, ?rancho? en Venezuela, ?favela? en Brasil, entre otros. Adem?s, tambi?n en Argentina se ha usado una diversidad de nombres dependiendo de qui?n nombra y en qu? momento. Antes de la aparici?n del nombre ?villa miseria?9 que populariz? Verbitsky en 1955, se usaban tambi?n otros como ?rancher?o? o ?barriada? para denominar asentamientos precarios en general. Desde el Estado surgi? la denominaci?n ?villa de emergencia? como t?rmino para dar cuenta de la anomal?a que significaban las villas y, aunque ya hace a?os ha ca?do su uso, todav?a tiene presencia como forma de denominaci?n popular. Estas dos formas de nombrar, sin embargo, pueden considerarse estigmatizantes y por eso se usa el t?rmino m?s general de ?barrio?. En el a?o 2017 se cre? por decreto el Registro Nacional de Barrios Populares10 que, adem?s de contener una base de datos de barrios populares de todo el pa?s, cuenta con un mapa en l?nea con las localizaciones exactas, con estad?sticas, y adem?s otorga certificados de domicilios en barrios 9 El surgimiento de esta expresi?n se trabaja en detalle en el cap?tulo 3. 10 Esto incluye villas, asentamiento y urbanizaciones informales. Puede consultarse en www.argentina.gob.ar/desarrollosocial/renabap. 21 populares que sirven para solicitar servicios. Los barrios populares inscriptos son aquellos que: Aquellos barrios denominados villas, asentamientos y urbanizaciones informales que presentan diferentes grados de precariedad. Deben ser un m?nimo de ocho familias agrupadas o contiguas en donde m?s de la mitad de sus habitantes no cuenten con t?tulo de propiedad del suelo ni acceso formal de dos servicios b?sicos (luz, agua, cloaca). (?Incorporar o actualizar?) Por una cuesti?n pr?ctica y para evitar confusiones, en este trabajo se emplea en general el t?rmino ?villa? porque, adem?s, es el que aparece utilizado en la mayor?a de las obras trabajadas. Sin embargo, no puede olvidarse que la forma de nombrar tiene una gran importancia y efecto en la realidad por lo que, desde mi posicionamiento, reconozco la carga hist?rica del t?rmino y acuerdo con que son barrios que deber?an obtener la regularizaci?n tanto de los servicios como de la titularidad de la propiedad. Si bien este fen?meno comenz? a mediados de la d?cada del cuarenta (o del treinta si se consideran los asentamientos anteriores como parte del mismo fen?meno) la forma en que han surgido y que han sido vistos o ignorado, puede insertarse dentro de un contexto hist?rico m?s general del pa?s. Argentina ha sido construida desde sus comienzos en base a proyectos que prefiguraban el pa?s a partir de un an?lisis de la situaci?n contempor?nea. Sin embargo, en muchos casos ese supuesto an?lisis de las condiciones reales fue m?s una construcci?n te?rica y ficcional que justific? diversos proyectos de pa?s. En Una naci?n para el desierto argentino (1980) Tulio Halper?n Donghi trabaja los proyectos de naci?n imaginados y construidos por la elite letrada desde la ca?da de Rosas (1852) hasta la consolidaci?n del Estado naci?n en 1880, pero 22 en Un desierto para la naci?n: la escritura del vac?o (2010) Ferm?n Rodr?guez genera una vuelta en la propuesta del historiador y explica que: Los proyectos de lo que Tulio Halper?n Donghi llam? una naci?n para el desierto argentino hubieran sido imposibles si previamente la imaginaci?n p?blica no hubiera hecho el acopio de un desierto para la naci?n: un bien territorial y textual que el estado y la literatura argentina no han dejado de repartirse desde su fundaci?n seg?n violentos procesos de actualizaci?n. (221- 224) Facundo o Civilizaci?n y barbarie (1845) de Domingo Faustino Sarmiento (San Juan, 1811 - Asunci?n, Paraguay, 1888) crea la imagen del desierto que se impuso a la realidad como uno de los elementos fundamentales que han marcado el devenir hist?rico, pol?tico y social argentino. Los pueblos que estaban all? entonces son borrados a nivel te?rico (o sea, visual), lo que lleva a que sean eliminados de la realidad que se construye a partir de esa teor?a (y, consecuentemente, en la pr?ctica). El libro que propone Rodr?guez entonces es ?menos una historia que una cartograf?a de algo que podr?a haber sido y no fue: uno o varios pa?ses coexistiendo en un espacio abierto y sin medida? (253). As?, puede rastrearse hasta los inicios de la organizaci?n de la naci?n el borramiento visual (te?rico) que luego se aplicar?, siglos despu?s, sobre las villas. En este sentido, los mapas y planos funcionan desde y con relaci?n al poder. Desde una cartograf?a cr?tica, John Harley postula que: ?The most familiar sense of power in cartography is that of power external to maps and mapping? (61). Por un lado, ?power is exerted on cartography? (61) o sea, que responde a poderes externos, pero 23 tambi?n ?is exercised with cartography? (61), a trav?s de los mapas se ejerce el poder (como el control y la vigilancia de poblaciones). Pero hay tambi?n otro tipo de relaci?n: ?What is also central to the effects of maps in society is what may be defined as the power internal to cartography? (61): los cart?grafos crean ?spacial panopticon? (61), un poder incrustado en el texto del mapa que estandariza im?genes del mundo (61). Es por eso que desarrolla la idea de que los mapas, como representaciones11, son ?authoritarian images? (62): pueden reforzar y legitimar el status quo o convertirse en agentes de cambio. En cualquiera de los dos casos, nunca son neutrales y cuando se presentan como tales, no es m?s que una ?ret?rica de la neutralidad? 12 que trata de convencernos (62). La ciudad de Buenos Aires comienza, de alg?n modo, tambi?n con un borramiento: en febrero de 1536 Pedro de Mendoza junto a un grupo de hombres lleg? a las orillas de lo que nombraron ?Puerto de Nuestra Se?ora Santa Mar?a del Buen Aire?, pero luego de una hambruna, batalla, asedio y huida de los colonizadores, la incipiente ciudad fue destruida. En 1580 Juan de Garay retoma la empresa y funda de manera definitiva la ciudad. Desde los inicios sus l?mites supusieron la exclusi?n: lo que estaba m?s all? de sus murallas era el peligro, lo otro. La ciudad se fraccion? y organiz?: ?fue dividida en 144 manzanas cuadradas de 140 varas de largo, separadas por calles de 11 varas. A su vez, las manzanas se subdividieron en cuatro solares de 70 m por 70 m? (Rapoport y Seoane 33). Adri?n Gorelik trabaja la grilla ortogonal y el 11 En ?Del rigor de la ciencia? (1946) de Borges, la supuesta exactitud cartogr?fica para representar un territorio es llevada al absurdo: ??los Colegios de Cart?grafos levantaron un Mapa del Imperio, que ten?a el tama?o del Imperio y coincid?a puntualmente con ?l? (Borges 847). Esto redundar?a en la inutilidad de la disciplina. 12 El autor toma este concepto del texto ?The rhetoric of neutrality? (1985) de Robin Kinross. 24 parque en la ciudad de Buenos Aires, que son ?la parrilla de manzanas que cuadriculan el territorio de Buenos Aires y el verde urbano realizado en los parques p?blicos. [?] Son, al mismo tiempo, instrumentos de intervenci?n urban?stica; es decir, constituyentes pragm?ticos de la urban?stica (?) materializaci?n de modelos de estado y sociedad? (19). La federalizaci?n de la ciudad en 1880 implic? su separaci?n pol?tica de la Provincia. A los l?mites naturales del R?o de la Plata al este y el R?o Matanza- Riachuelo al sur, se sumar?a luego la avenida General Paz inaugurada en 1941 (proyecto que comenz? a gestarse en 1887). Esta v?a se constituy? no s?lo como una divisi?n de jurisdicciones, sino tambi?n como un l?mite simb?lico entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, a nivel cotidiano, estas dos ?reas han funcionado de forma integrada y es por eso que se hace referencia al Gran Buenos Aires o al AMBA (?rea Metropolitana de Buenos Aires) que incluye la Ciudad Aut?noma de Buenos Aires y cuarenta municipios de la Provincia (?Qu? es el AMBA?). Oszlak plante? la ?ficci?n jurisdireccional? entre la ciudad y la provincia, que entiende como una misma metr?polis13. Sin embargo, la avenida General Paz ha sido un l?mite simb?lico fundamental a la hora de pensar las desigualdades y los privilegios de los habitantes de la ciudad formal de la ciudad de Buenos Aires. En esta investigaci?n se trabaja con villas que, en su mayor?a, est?n situadas dentro de la ciudad de Buenos Aires, en el l?mite o del lado de la provincia. Si bien no se ignora la cultura, la historia y la construcci?n literaria propia del y sobre el conurbano bonaerense14, en este trabajo 13 La divisi?n pol?tica es cuestionada diariamente a trav?s de los cientos de miles de persona que se trasladan diariamente entre la ciudad y la provincia. La pandemia que comenz? en 2020 dej? en evidencia m?s que nunca la necesidad del desarrollo de pol?ticas coordinadas entre los gobiernos de la provincial y de la ciudad. 14 Puede nombrarse como ejemplo las obras de Juan Diego Incardona (1971), pero tambi?n de Leonardo Oyola. 25 se propone un an?lisis transversal que aborda villas tanto en el conurbano como en la ciudad de Buenos Aires. Hern?ndez y Kellet analizan la ?ciudad informal? como una constante en las ciudades latinoamericanas y, al mismo tiempo, como un concepto que puede usarse para analizar espacios de la ciudad desde la ?poca colonial. Trabajan, en primer lugar, este periodo con la instauraci?n de las ciudades, y por otro, la multiplicaci?n de los asentamientos no planeados a mediados del siglo XX: Although the current usage of the terms formal and informal is relatively new ? in architecture as well as in other disciplines within the social sciences ? the conflict that they attempt to represent is not. Historical evidence demonstrate that such a conflict existed in Latin America even before colonization, but become more acute with the arrival of Europeans and has remained an escalating characteristic of the continent?s cities ever since. (2) Seg?n estos autores, las ciudades serv?an a los colonizadores para imponer su autoridad sobre los territorios, por lo que fueron planeadas para materializar esa estructura jer?rquica, a trav?s, especialmente, de la ya nombrada grilla ortogonal. Esto supuso un acto violento de apropiaci?n del territorio y negaci?n de las organizaciones y estructuras preexistentes (3). As?, desde sus inicios, la ciudad de Buenos Aires (como otras tantas de Latinoam?rica), estableci?ndose como centro, fij? lo que entraba dentro de la ?ciudad formal? (lo surgido y desarrollado desde el planeamiento de quienes detentaban el poder) y la ?ciudad informal? (todo lo surgido por fuera de esa planificaci?n). Este enfoque sirve para contextualizar las villas dentro de un marco m?s general de asentamientos informales, pero no da cuenta de las caracter?sticas propias 26 del fen?meno en Argentina (o en otros lugares) donde la relaci?n jur?dica con respecto a la tierra es determinante. Justamente, una de las dificultades que presenta el estudio a un nivel m?s global e incluso regional de este tema tiene que ver con las particularidades propias de su desarrollo en cada lugar. A nivel latinoamericano, desde finales de la d?cada del cincuenta y principios del sesenta se comenz? a analizar las implicaciones del proceso de urbanizaci?n acelerado de la d?cada del cuarenta (Fern?ndez Wagner 19). Desde finales de la d?cada del ochenta y principios del noventa los debates se centraron en las pol?ticas de intervenci?n, tanto nacionales como internacionales, en estos asentamientos informales (36). En este contexto aparecieron las propuestas de Jorge Hardoy y David Satterthwaite con los libros La ciudad legal y la ciudad ilegal (1987) y Squatter citizen (1989) en los que plantean que la ?ciudad ilegal", en el llamado ?Tercer Mundo?, se constituye como separada de la ?ciudad legal? en la que la legalidad est? dada por las formas de tenencia de la tierra (37-38). A partir de los a?os noventa el debate se traslad? a los programas y pol?ticas p?blicas destinadas a la regularizaci?n y urbanizaci?n de estos espacios (38). Para esta investigaci?n se toma la expresi?n de ?ciudad informal? trabajada por Hern?ndez y Kellet, pero haciendo la salvedad de que el t?rmino informal no refiere a lo que no tiene o no respeta las formas, sino a lo que Ver?nica Gago establece: ?Defino la informalidad no de manera negativa por su relaci?n con la normativa que define lo legal/ilegal, sino de modo positivo por su car?cter de innovaci?n y, por tanto, por su dimensi?n de praxis que busca nuevas formas? (34). As?, lo informal desborda las 27 formas establecidas15. La ?ciudad informal?, entonces, no es pensada necesariamente como contraposici?n a la ?ciudad formal?, sino como aquella en las que surgen nuevas formas de h?bitat, de creaci?n de viviendas y de organizaci?n que suponen las villas, incluso cuando puede ser vistas como precarias. Adem?s, lo precario ha sido parte de la ciudad de Buenos Aires, mucho antes del surgimiento de las villas. Liernur postula que hay tres representaciones cl?sicas de la Ciudad de Buenos Aires entre fines del siglo XIX y principios del XX: la ?Gran Aldea?, la ciudad que se asocia al Centenario y una tercera imagen que habr?a existido entre aquellas dos: ?la Buenos Aires italianizante de Mitre y Avellaneda; la ciudad de la Aduana de Taylor, el Col?n de Pellegrini, el club del progreso y los primeros conventillos16? (?Precariedad? 57). Sin embargo, se pregunta por una imagen que represente un ambiente menos ?s?lido y de cierta coherencia? (58). Es entonces que se propone ?revelar el estrato ef?mero subyacente en esa metr?polis, estrato que en su momento configur? una considerable porci?n del artefacto urbano, aunque no dej? las huellas de papel de los proyectos ni los muros adornados que hoy nos impresionan? (58). Esa ?poca de crecimiento tan vertiginoso no ha dejado rastros porque fue una ?ciudad ef?mera?17: 15 Gago trabaja el neoliberalismo desde ?abajo? y, en este sentido, habla de los ?informal? con respecto a las econom?as barrocas. Si bien explica este concepto con respecto a din?micas econ?micas, su forma de pensar lo informal ayuda a actualizar la idea de ?ciudad informal? y sacarla del binomio formal- informal. 16 De la Torre define las villas y los conventillos como: ?la peor vivienda urbana posible? (17) en relaci?n con el resto de la oferta inmobiliaria de la ?poca. Los dos fen?menos tuvieron en com?n la llegada de un gran caudal de personas a la ciudad, un aumento de demanda mano de obra y salarios, un origen en general rural, calificaci?n en general baja de la mano de obra, bajo nivel de educaci?n y recursos eco, crecimiento de la demanda de vivienda a precio bajo, r?pido proceso de urbanizaci?n y ocupaci?n del espacio, y una cantidad de terrenos fiscales desocupados. Sin embargo, la legalidad del inquilino del conventillo se diferenciaba de la ilegalidad del habitante de la villa. 17 ?.. puede preguntarse si ?ef?mero? es el adjetivo m?s adecuado para designar este estadio de Buenos Aires, teniendo en cuenta que de alg?n modo toda ciudad moderna lo es, puesto que su renovaci?n 28 quiz?s no la hemos ?visto? porque hasta hace pocos a?os estuvimos instalados en el centro, muy cerca del poder y de la plaza, y desde all? hemos mirado solo unos monumentos siempre s?lidos. Cuando nos desplazamos a la periferia, en cambio, las formas pierden sus perfiles n?tidos, el orden se distiende y comienzan a advertirse los vac?os, los flecos, las flojedades. (58) Aparece entonces tambi?n aqu? lo que podemos entender como ese ?mirar bien? que no ve m?s all? del centro desde donde se posiciona; pero, adem?s, la forma de leer y seleccionar archivos es lo que fue volviendo invisible a esa ciudad ef?mera (58). Aunque esta ciudad ef?mera puede leerse en los censos de la ?poca, la condici?n precaria o clandestina de sus construcciones la ha dejado fuera de los registros oficiales (59). Se cuestiona entonces aqu?, para esta ciudad precaria, lo que m?s tarde constituir?n las primeras aproximaciones oficiales a las villas: el no mirar, el invisibilizar y el no registrar; si no se reconoce oficialmente, no existe. Frente a esta invisibilizaci?n, no s?lo oficial sino tambi?n construida por estudios sobre la ciudad, Liernur propone realizar con esas esas mismas fotograf?as que sirvieron para construir una imagen compacta, total de la ciudad, el proceso que invita el cuadro de la Gala. La fotograf?a sigue siendo la 196 ?Aduana, Casa Rosada, Estaci?n Central, restos del basti?n del Fuerte?. El centro y foco de la imagen es lo que indica su t?tulo: Aduana, Casa Rosada, Estaci?n Central, restos del basti?n del Fuerte; pero esa misma imagen est? conformada por lo que pueden considerarse los ?rasgos secundarios, transformar el fondo en figura, para advertir, all? donde la voluntad de representaci?n se descuida, constante es una condici?n de existencia. Podr?amos hablar de una ciudad precaria, transitoria o provisoria, reforzando en todos los casos la especial dimensi?n temporal de nuestro objeto? (Liernur, ?Precariedad? 65). 29 las elocuencias de esas huellas de fugacidad? (59). Al recorrer con una lupa la fotograf?a y prestarle atenci?n al ?paisaje que sirve de ?fondo?? (60) de las figuras que la lente fotogr?fica ubica en la parte central, aparecen esas otras figuras, entre ellas: ?una casilla prefabricada del ferrocarril (?) un grupo de construcciones precarias, probablemente casillas y dep?sitos, a los que siguen varios edificios de poca altura, (?) otra casilla prefabricada de madera? (60). El mismo ejercicio con las fotograf?as 151 y 197 del mismo ?lbum: en la primera, donde est? el nuevo Cementerio de la Recoleta, aparece una ?masa indiferenciada de galpones y casillas de madera y capas, de la que emerge, aislada, una gran construcci?n de ladrillos?; en la segunda, centrada en la Aduana Nueva, se puede imaginar lo que se oculta a partir de la observaci?n desde el muelle de pasajeros, ?una importante construcci?n de madera que desaparecer? pocos a?os despu?s? (62). Las construcciones precarias, ef?meras se cuelan porque forman el paisaje que se construye mirando desde/hacia el centro, est?n all? de forma inintencionada. En los documentos de la ?poca, aunque ?la ?ciudad ef?mera? suele estar muchas veces frente a nuestros ojos? (62), no es suficiente para que sean vistas, la mirada debe correrse de lo que se le presenta como centro y recrear esas im?genes. Liernur plantea que entre 1860 y 1900 la ciudad de Buenos Aires ten?a rasgos de una ?ciudad campamento? (?Precariedad? 68); no era ni una aldea ni una metr?polis (69); estaba en un momento entre ese despegue del pasado cuando todav?a no se han adoptado las formas del futuro (66). Si bien no exist?an lo que luego surgi? como villa, s? se detecta en esa ?poca gran parte de las viviendas de los sectores populares que pod?an considerarse precarias (72). ?stas no se limitaban a construcciones particulares, sino que muchas fueron realizadas por instituciones del mismo Estado (72), 30 construcciones precarias de madera hechas como posible soluci?n a la epidemia de fiebre amarilla de 1871 y la de c?lera de 1886 (74). Adem?s, entre 1872 y 1900 en el Matadero del Sur de la Ciudad de Buenos Aires ?donde actualmente est? el barrio de Parque Patricios? ?estaba la quema de basura y su ap?ndice, el Barrio de las Ranas, entre las calles Atuel, Asencio y las v?as, donde viv?an hacinadas en antros de lata y cajones m?s de trescientas personas en medio de una nube de moscas y una incesante humareda que surg?a del suelo, arrastr?ndose sobre la basura y comiendo los restos hediondos que arrojaban los carros? (Sebreli 110). En 1916 el Barrio de las Ranas fue desmantelado por la Municipalidad y sus habitantes fueron reubicados en la que hab?a sido la f?brica de jabones Seeber, enfrente del antiguo matadero (Liernur, ?Precariedad? 85). Ya en este momento las designaciones no eran del todo claras, y el vocablo ?rancho?18 en la ciudad, que m?s tarde se usar?a tambi?n como una de las formas para nombrar las viviendas de las villas, constitu?a una denominaci?n gen?rica que pod?a referirse a un abanico de viviendas precarias: desde construcciones en ruinas hasta casillas improvisadas (85). Ya entonces fueron surgiendo barrios construidos a partir de casillas ?industrializadas? (Liernur ?Precariedad? 86), lo que significaba que sus componentes pertenec?an al circuito industrial, aunque no necesariamente estaban destinados a la construcci?n habitacional. Esto implicaba cierto poder adquisitivo por parte de los habitantes. Estos barrios se formaron en general en terrenos bajos, inundables y que carec?an de los servicios b?sicos, que eran los m?s baratos, y adem?s estaban cerca de 18 El rancho se asocia en otras partes del pa?s a un tipo de vivienda rural construida a partir de adobe (Liernur, ?Precariedad? 85). 31 las industrias y de circuitos de agua como el Riachuelo, el R?o de la Plata y el Arroyo Maldonado (87). Las casillas se ubicaban en terrenos adquiridos legalmente, o a trav?s de la ocupaci?n de tierras privadas, o fiscales. La relaci?n entre la ubicaci?n de barrios precarios y las industrias, que luego se dar? tambi?n con las villas, tuvo sus antecedentes en esta ?poca, lo que indica una relaci?n entre los habitantes y la actividad obrera como ocupaci?n laboral. Las villas surgieron de forma espont?nea, no planificada ni coordinada. Se formaron y crecieron por necesidad puramente pr?ctica, sin un desarrollo te?rico por detr?s que las promoviera o moldeara. Esta ?pura pr?ctica? de las villas implic? desde su aparici?n, por su mera existencia, un cuestionar la ciudad como idea de progreso y realizaci?n moderna a partir de la planificaci?n y esquematizaci?n. Las villas aparecen como espacios que surgen y se multiplican y rompen las grillas, los l?mites y la planificaci?n urban?stica formando, a su vez, otras maneras de construir y de habitar en la ciudad que se resiste a reconocerlas como partes de s? misma. Hablar del espacio en la villa supone, en primer lugar, diferenciar los conceptos de lugar y de espacio. De Certeau plantea que ?el espacio es un lugar practicado. De esta forma, la calle geom?tricamente definida por el urbanismo se transforma en espacio por intervenci?n de los caminantes. Igualmente, la lectura es el espacio producido por la pr?ctica del lugar que constituye un sistema de signos: un escrito? (129). Se plantea estas obras, entonces, como pr?cticas que construyen itinerarios m?s all? de las posibilidades fijadas, de lo planeado y de lo establecido y representado en la grilla ortogonal como forma de ejercer y construir el Espacio de la ciudad. En este sentido, pensar las villas es pensar constantemente la relaci?n con el Estado. Seg?n 32 Agamben, el soberano tiene el poder de decidir sobre la norma y la excepci?n y puede actualizar constantemente esa decisi?n (42). Esto es constitutivo del Estado moderno occidental que, lejos de configurarse como una ?anormalidad?, se presenta como regla. El estado de excepci?n es la norma en cualquier sistema pol?tico moderno occidental y, por eso, cada uno de sus habitantes puede convertirse en homo sacer (147), en nuda vida, ?la vida a quien cualquiera puede dar muerte pero que es a la vez insacrificable del homo sacer? (18). Las villas son espacios que han subsistido bajo la idea de excepci?n y la amenaza del poder soberano. Esto aparece como centro de todas las obras que se trabajan en esta tesis. Por otro lado, de Certeau postula que: [v]olver sensible, ser?a entonces volver accesible a los sentidos, y volver incluso lo que nuestros sentidos, al igual que nuestras inteligencias, no siempre consiguen percibir como algo que ?tiene sentido?: algo que solo aparece como falla en el sentido, indicio o s?ntoma. Pero en un tercer sentido, ?volver sensible? quiere decir tambi?n que nosotros mismos, ante esas fallas o esos s?ntomas, nos volvemos de golpe ?sensibles? a algo de la vida de los pueblos ? a algo de la historia? que se nos escapaba hasta entonces pero que nos concierne directamente. (100) Las obras que se trabajan aqu? vuelven sensibles de acuerdo al tercer sentido mencionado, a trav?s de una diversidad de im?genes porque como plantea Didi- Huberman: ?nunca conseguiremos pensar la dimensi?n est?tica ?o el mundo de lo ?sensible? frente al que reaccionamos a cada instante- mientras hablemos de la 33 representaci?n o de la imagen: solo hay im?genes, cuya propia multiplicidad, ya sea conflicto o connivencia, resiste a toda s?ntesis. Por eso puede decirse que el pueblo dicho as?, simplemente, ?el pueblo? como unidad, identidad, totalidad o generalidad, simplemente no existe. (69-70) Esta idea posibilita pensar la multiplicidad de im?genes sobre la villa que la literatura construye y a la vez se?ala. La idea de imagen que se trabaja aqu? corresponde a lo que desarrolla Emanuele Coccia en su libro La vida sensible una microontolog?a de la imagen: ?sabemos y podemos vivir s?lo a trav?s de lo sensible? (9), porque las im?genes son la realidad de lo sensible (54) que se dan en un medio. La posibilidad que ofrecen las obras trabajadas en esta investigaci?n para analizar las im?genes est? dada porque ?el lenguaje como el archimedio, [es] el espacio de medialidad absoluta en el que las formas pueden existir como im?genes en completa autonom?a de los sujetos parlantes as? como de los objetos cuya forma y semejanza representan? (61). El autor explica que ?[s]e olvida que el lenguaje es ante todo una de las formas de existencia de lo sensible? (61). De hecho, es a trav?s de las im?genes que las formas se hacen cognoscibles (96). As?, en esta investigaci?n se presta especial atenci?n a la aparici?n o no de la variedad de im?genes sensoriales que se construyen en las obras. De forma general, podr?a decirse que la visi?n tiene preponderancia sobre los otros sentidos en el mundo de, y construido por, los seres humanos. Tal vez la prueba m?s ordinaria sean las dificultades cotidianas a las que debe someterse una persona con la visi?n disminuida o no vidente. Martin Jay, en Down Cast Eye, explica la ?superioridad? fisiol?gica de la visi?n sobre los otros sentidos en seres humanos: 34 As a diurnal animal standing on its hind legs the early human being developed its sensorium in such a way as to give sight an ability to differentiate and assimilate most external stimuli in a way superior to the other four senses. Smell, which is so important for animals on all fours, was reduced in importance, a fateful transformation that Freud was to conjecture was the very foundation of human civilization. Vision was the last of the human senses to develop fully, its very complexity always proving a difficult case for incremental theories of evolution (?) The eye is also able to accomplish its tasks at a far greater remove than any other sense, hearing and smell being only a distant second and third. (5-6) Seg?n esta cita, la evoluci?n de los humanos est? relacionada con el desarrollo de la visi?n como el sentido primario. Es m?s, Freud conjetura que el paso del olfato a la visi?n supone la fundaci?n de la civilizaci?n. Si bien esto no explica necesariamente la centralidad de la visi?n a nivel cultural, s? da una idea de su importancia en el desarrollo humano. En general, la visi?n es el sentido hegem?nico para manejarse a cotidianamente, las im?genes que se captan principalmente a trav?s de la visi?n son las que representan los lugares y, tambi?n, los espacios. Seg?n Jay, uno de los aspectos m?s extraordinarios de la visi?n es la experiencia de ser mirado, pero tambi?n, el de no ser mirado (11). Ser visto es existir ante quien mira, pero esto tambi?n supone su reverso: quien no es visto no existe. H?ctor Sevilla God?nez analiza el dominio de la vista sobre los sentidos en la filosof?a griega, en la Edad Media y en algunos fil?sofos franceses del siglo XX. En la Grecia cl?sica la visi?n tuvo un lugar preponderante sobre los otros sentidos, aunque 35 plantea que su valoraci?n fue ambivalente. Mientras que el t?rmino ?teor?a? proviene de ?contemplar?, y para Plat?n el intelecto era el ?ojo de la mente?. Por otro lado, plantea que durante la Edad Media se origin? una actitud hacia la vista entre la denigraci?n y la sublimaci?n. Por un lado, se da la analog?a con la luz o el sol para referirse a dios y a su presencia como una revelaci?n, as? como las visiones de los santos. Pero, por otro lado, Calvino (Noyon, Francia - Ginebra, 1564) le da valor a la ceguera f?sica porque posibilita ?escuchar la voz de Dios? (70). En el renacimiento ?la visi?n se volvi?, indudablemente, el sentido dominante de la modernidad? (70), el aumento de las t?cnicas colabor? en su racionalizaci?n. Entonces, no s?lo la imagen visual era importante, sino tambi?n la mirada. En el siglo XX Francia ?vivi? un proceso de transici?n en lo referido a las artes visuales, le (sic) cual es observable en la literatura y filosof?a francesa, principalmente en las innovaciones pict?ricas de Duchamp, la visi?n de lo visual en la literatura de Proust y en la filosof?a bergsoniana? (72). Seg?n el autor, para Bergson ?[l]o absoluto ser?a captado absolutamente en medida de que no sea distorsionado por una mirada representadora y se le acoja, en cambio, con una mirada sin prejuicios, una mirada ciega? (74), as? ?la cr?tica bergsoniana al ocularcentrismo gener? la posibilidad de disminuir la prevalencia de la visi?n en la captaci?n de la realidad, lo cual, m?s adelante, le dar?a un lugar primordial al surrealismo? (75). A partir de la filosof?a de Levinas, Sevilla God?nez se enfoca en la idea de ?revelar?: ?Lo que hemos entendido por revelar, tendr?amos que llamarlo desvelamiento; revelar es volver a velar, desvelar es quitar el velo que cubre. El desvelamiento en realidad nunca sucede pues cuando transmitimos algo s?lo le estamos 36 cambiando el velo, le percibimos de una manera espec?fica, distinta, pero velada. No hay desvelo en el conocimiento, solo un revelar ?cambiar de velo- constante? (76). La idea de Levinas de que la verdad contiene siempre una sombra, postula una cr?tica a la visi?n como centro de conocimiento de la realidad. Desde las t?cnicas de dibujo tambi?n aparece la idea de que la mirada enga?a, de que hay que ?enrarecer? la mirada para ver bien. Entonces, si la cultura occidental ha dado prioridad a la visi?n ya sea como fuente de verdad, de raz?n y como posibilidad de conectar con la divinidad; tambi?n la ha posicionado como todo lo contrario. Sea como fuere, la visi?n ha sido el sentido primordial. Este entramado entre contextos, definiciones e ideas es el que gu?a los pr?ximos cap?tulos para analizar las obras. Sin embargo, cabe aclarar que en cada apartado se profundiza cada contexto hist?rico con relaci?n al cual se leen las obras. Adem?s, de acuerdo a las especificidades propias de cada cap?tulo se van incorporando otras hebras te?ricas que sirven para profundizar los an?lisis espec?ficos. En el pr?ximo cap?tulo se trabajan tres obras contextualizadas en la d?cada del treinta sobre las villas antes de las villas miseria: ?$1 en Villa Desocupaci?n? (1933) de Enrique Amorim, La marcha del hambre (1934) de El?as Castelnuovo y Las colinas del hambre (1943) de Rosa Wernicke. Se plantean estas obras como antecedentes directos de las surgidas a partir de la d?cada del cuarenta. 37 Cap?tulo 2: Las villas antes de las villas miseria 2.1. Introducci?n Como ya se indic? en el cap?tulo anterior, las ciudades argentinas, as? como las latinoamericanas en general, han contado desde la ?poca colonial con una diversidad de espacios excluidos de la ?ciudad formal?. Dentro del marco general de las ciudades informales, en las primeras d?cadas del siglo XX existieron asentamientos de viviendas precarias19 en diferentes partes del pa?s que compartieron caracter?sticas con las posteriores villas miseria. A nivel general, estos diferentes tipos de viviendas informales pueden incluirse dentro de un marco m?s amplio de espacios informales o informalidad urbana (Massida 303). Entonces, si bien las villas miseria a partir de la d?cada del cuarenta no fueron realmente una novedad como forma de asentamiento, hubo diferencias: la ?poca y la manera en que se conformaron, as? como el tipo de relaci?n con la tenencia de la tierra y su duraci?n20. En este cap?tulo se abordan obras que se plantean como antecedentes inmediatos de las producidas a partir de finales de la d?cada del cincuenta sobre las villas miseria. En primer lugar, se trabaja el cuento ?$1 en Villa Desocupaci?n? (La Revista Multicolor de los S?bados, 1933) de Enrique Amorim (Salto, Uruguay, 1900-1960) y el drama La marcha del hambre (Vidas proletarias. Escenas de la lucha obrera, 1934) de El?as Castelnuovo (Montevideo, 19 El t?rmino ?precario? se utiliza aqu? en sus formas m?s generales: como carencia de estabilidad, duraci?n y medios econ?micos. 20 Como se indic? en el cap?tulo anterior, hay quienes postulan que estos conglomerados ya eran villas miseria. De acuerdo con la definici?n que se utiliza en este trabajo no se trata exactamente de los mismos fen?menos, aunque forman parte un fen?meno m?s general de espacios informales. 38 Uruguay, 1893 - Buenos Aires, 1982) que sit?an21 sus historias en ?Villa desocupaci?n? o ?Villa esperanza?, un campamento de desocupados que existi? entre 1932 y 1935, y estuvo localizado en terrenos bald?os de la costa del R?o de la Plata, frente al Club de Pescadores (en la avenida Costanera, entre Caning y avenida Sarmiento) (De la Torre 107) 22. En segundo lugar, se trabaja la novela Las colinas del hambre de Rosa Wernicke (Buenos Aires, 1907 ? Rosario, Santa Fe, 1971) novela que transcurre en el Barrio de Mataderos de Rosario, provincia de Santa Fe, una barriada o rancher?o, donde se encontraba el vaciadero municipal. Algunos cr?ticos la consideran la primera novela sobre la villa miseria23, incluso antes de la ?creaci?n?24 y popularizaci?n del t?rmino. En este cap?tulo se plantea que ?$1 en Villa Desocupaci?n?, La marcha del hambre y Las colinas del hambre (publicadas durante la llamada ?D?cada infame?25) construyen desde un realismo social historias que denuncian, desde un adentro ficcional, las condiciones extremas de espacios dentro de la ?ciudad informal?. Al hacerlo, construyen im?genes que cuestionan los presupuestos establecidos desde el 21 En el caso de La marcha del hambre, la primera y la ?ltima escena son las que suceden en el campamento. 22 Estas dos obras junto con el texto ?Villa de los desocupados? del poeta exiliado en 1933 Paul Zech (Briesen, Prusia, 1881 ? Buenos Aires, 1946) fueron abordadas desde la perspectiva hist?rica en Snitcofsky, Valeria L. ??Villa Desocupaci?n? en la d?cada de 1930: impresiones literarias y expresiones pol?ticas?. XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, Departamento de Historia de la Facultad de Filosof?a y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, 2013. 23 Seg?n Fabi?n Baz?n, es la primera novela latinoamericana que transcurre por completo en una villa (114). 24 De acuerdo a I?igo y Fern?ndez, el t?rmino ?villa miseria? se utiliz? por primera vez en un discurso de Francisco P?rez Leir?s (1895-1971), diputado por el Partido Socialista, en una sesi?n de la C?mara de Diputados en 1933 sobre lo que luego ser?a un Fondo Nacional para Combatir la Desocupaci?n (130). 25 Se conoce como ?D?cada infame? al periodo transcurrido entre el golpe de Estado al segundo gobierno de Hip?lito Yrigoyen (6 de septiembre de 1930) hasta el golpe de Estado al gobierno conservador de Ram?n Castillo (4 de junio de 1943) que se caracteriz? por el fraude electoral. El nombre fue acu?ado por Jos? Luis Torres. 39 Estado y/o la sociedad que los invisibiliza, los ignora o los acusa de ser lugares de delincuencia, inmoralidad o, en el mejor de los casos, curiosidades. Se da entonces una visibilizaci?n de estos espacios, no s?lo como met?fora de dar a conocer, sino tambi?n en un sentido literal doble: las im?genes que se crean a trav?s de las obras se centran en lo visual, la intenci?n es que estos espacios se vean en ciudades en las que parecen no existir. En este mismo movimiento, los incorporan dentro de una tradici?n literaria que luego seguir? con las obras trabajadas en el siguiente cap?tulo. As? como estos no fueron los primeros espacios informales en Argentina, tampoco ?stas son las primeras obras que los trabajan. Sin embargo, son lo que se consideran aqu? antecedentes inmediatos para las obras que surgir?n a partir de la d?cada del cincuenta sobre las villas miseria. En primer lugar, son espacios informales de vivienda que comparten algunas caracter?sticas con ?stas. Esto se puede notar en dos cuestiones: en las condiciones precarias, pero, adem?s, en las denominaciones que se han usado para nombrarlas (barriada, rancher?o, villa, campamento, barrio), algunas de las cuales han sido tambi?n usadas para referirse a las villas miseria. En segundo lugar, existieron y se desarrollaron relativamente poco tiempo antes ?entre diez y quince a?os? del surgimiento de las villas como fen?meno m?s extendido y permanente. En tercer lugar, y fundamentalmente, fueron adem?s de objeto de noticias period?sticas, espacios de narraci?n ficcional. Las obras que se trabajan aqu? ampliaron los m?rgenes literarios al incluir estos asentamientos informales como espacios de ficci?n. Si bien Las colinas del hambre sucede en Rosario, Provincia de Santa Fe, fuera del AMBA que es la zona en que se ubican geogr?ficamente el resto de las obras que se sit?an en 40 un lugar ?real? de Argentina, se considera relevante incorporarla por razones que se explicar?n en el apartado correspondiente. Estas tres obras comparten, adem?s, el hecho de que fueron creadas por escritores que formaron parte del movimiento intelectual de izquierda de la primera mitad del siglo XX, quienes abogaban por un arte comprometido con la realidad social. En este sentido, tambi?n tuvieron distintos tipos y grados de relaci?n con la editorial Claridad fundada en 1922 como Cooperativa Editorial Claridad por Antonio Zamora (Andaluc?a, Espa?a, 1896 - Buenos Aires, 1976), un espa?ol republicano. En una entrevista, Zamora plante?: ?Yo conceb? que una editorial no deb?a ser una empresa comercial, sino una especie de universidad popular? (Ferreira de Cassone 185). Luego del golpe de Estado de 1930 fue encarcelado y enviado a Espa?a, pero volvi? al poco tiempo y declar? la l?nea ideol?gica de la editorial: ?CLARIDAD seguir? siendo un laboratorio de cultura. Llevando por bandera el marxismo, tendr? siempre abiertas sus columnas a todas las manifestaciones del pensamiento izquierdista? (186). En este sentido, los libros que publicaban eran de buena calidad, pero tambi?n accesibles a todo el p?blico. Adem?s, se editaban las revistas Los pensadores y Claridad. La editorial se fund? en Buenos Aires, primero en la calle Entre R?os, pero al poco tiempo se traslad? a Boedo 827, calle que origin? el nombre usado para el grupo de quienes se reun?an en torno a ella, entre los que estaban los escritores El?as Castelnuovo, Enrique Amorim, Le?nidas Barletta (Buenos Aires, 1902 - 1975), Ra?l Gonz?lez Tu??n (Buenos Aires, 1905 - 1974), C?sar Tiempo (nacido como Israel Zeitlin, Yekaterinoslav, Ucrania, 1906 - Buenos Aires, 1980), ?lvaro Yunque (nacido como Ar?stides Enrique Jos? Roque Gandolfi Herrero, Prov. de Buenos Aires, 1889 - 1982) y Roberto Arlt. Entre los artistas 41 pl?sticos estaban Guillermo Facio Heb?cquer (Montevideo, Uruguay, 1889 - Buenos Aires, 1935) y Adolfo Bellocq (Buenos Aires, 1899 - 1972); y entre los m?sicos C?tulo Castillo (Buenos Aires, 1906 - 1975), Homero Manzi (A?atuya, Santiago del Estero, 1907 - Buenos Aires, 1951) y Pedro Laurenz (Buenos Aires, 1902 - 1972). Este grupo fue usualmente contrapuesto al Grupo de Florida que ten?a como centro la revista Mart?n Fierro (que se encontraba en Florida y Tucum?n) y que, a diferencia del Grupo de Boedo, ten?a una orientaci?n vanguardista. ?$1 en Villa Desocupaci?n? y Las colinas del hambre se publicaron con ilustraciones: el cuento de Amorim apareci? en la primera p?gina de La revista Multicolor de los S?bados con dos ilustraciones de Facio Hebecquer que ocupan gran parte de la p?gina. La novela de Wernicke se public? con dibujos de Julio Vanzo (Rosario, Santa Fe, 1901-1984) al inicio de cada cap?tulo. Tanto Facio Hebecquer como Vanzo formaban parte del campo art?stico de izquierda que se vinculaba con el ambiente m?s general de intelectuales de esa orientaci?n. 2.2. ?$1 en Villa Desocupaci?n? (1933) de Enrique Amorim y La marcha del hambre de El?as Castelnuovo (1934) El contexto internacional de principios del siglo XX se vio marcado por la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la Revoluci?n Rusa de 1917 y la posterior instauraci?n en 1922 de la Uni?n de Rep?blicas Socialistas Sovi?ticas (URSS) y el ascenso al poder de Joseph Stalin (1878-1953), luego de la muerte de Lenin (1870- 42 1924). Esta primera experiencia pol?tica que ten?a como gu?a el marxismo tambi?n influy? en el contexto y el campo intelectual argentino. Entre 1869 y 1914, ?Buenos Aires duplic? su poblaci?n cada quince a?os? (Rapoport y Seoane 167) lo que se explica por ?el crecimiento vegetativo, los saldos resultantes de la inmigraci?n europea y las migraciones internas? (169). Sin embargo, las condiciones econ?micas y pol?ticas nacionales e internacionales impactaron de forma especial en esta poblaci?n. Desde 1920 se comenzaron a alojar inmigrantes desocupados en galpones de la zona de Puerto Nuevo de la Ciudad de Buenos Aires. La crisis internacional producida por el crack financiero de 1929 agrav? esta situaci?n. En 1930 se produjo un golpe de Estado militar ?el primero de la serie que continuar?an en la Argentina a lo largo del siglo XX? encabezado por el teniente general Jos? F?lix Uriburu. Se trat? de la primera interrupci?n al r?gimen democr?tico luego de que en 1912 se sancionara la Ley 8.871 ?conocida como la Ley S?enz Pe?a? que consagr? el llamado voto ?secreto, obligatorio y universal?, aunque vale aclarar que lo ?universal? se restring?a a varones argentinos mayores de 18 a?os. En las siguientes elecciones presidenciales de 1916, 1922 y 1928 gan? la Uni?n C?vica Radical (UCR), partido formado en 1891 principalmente por sectores medios que no ten?an posibilidad de ingresar a la arena pol?tica en un contexto de gobiernos conservadores que se manten?an en el poder mediante un sistema fraudulento de ?voto cantado?. El ascenso del radicalismo al poder supuso una ampliaci?n de derechos pol?ticos que se vio interrumpido en 1930 y que dio lugar a lo que se llam? la ?D?cada infame?. El gobierno de facto de Uriburu (1930-1932) tom? medidas represivas para evitar cualquier intento de protesta de trabajadores que estaban experimentando un importante deterioro en sus 43 condiciones de vida como resultado de la crisis mundial de originada en 1929 (Snitcofsky, ?Impactos urbanos? 96). En 1932 se llev? a cabo el primer Censo Nacional de Desocupados de Argentina organizado sobre la base de la ?presentaci?n voluntaria de quienes se reconoc?an como tales? (Daniel 15) que tuvo como resultado un total de 333.997 desempleados con 87.223 de ellos como habitantes de la ciudad de Buenos Aires (Rapoport y Seoane 552). Frente a esta situaci?n, en este mismo a?o el gobierno plante? solucionar transitoriamente el problema habitacional con un campamento de desocupados en terrenos bald?os, conocido como ?Villa Desocupaci?n? o ?Villa Esperanza?. Este campamento capt? la atenci?n de porte?os que, llevados por la curiosidad, comenzaron a ir all? como paseo (De la Torre 107). En su mayor?a estaba habitado por inmigrantes europeos, varones sin familia, muchos de los cuales hab?an abandonado sus pa?ses en busca de mejores condiciones econ?micas y sociales. Tal como suceder?a luego con las villas miseria, fue un espacio no integrado al tejido urbano, sin servicios b?sicos que, junto a la situaci?n de vulnerabilidad en que se encontraban sus habitantes por estar sujetos a las decisiones estatales que pod?an resultar en un desalojo repentino, generaba una situaci?n general de precariedad. Cuando el campamento finalmente fue destruido en 1935, sus ocupantes fueron trasladados a los galpones de Puerto Nuevo, menos los que ten?an antecedentes policiales, que fueron detenidos/expulsados del pa?s (De la Torre 107). ?$1 en Villa Desocupaci?n? de Amorim y La marcha del hambre de Castelnuovo plantean, con variantes, las problem?ticas de los asentamientos informales como consecuencias del sistema capitalista: o sea, postulan en sus obras que la formaci?n de este tipo de espacio en el que viven los desocupados es resultado de un 44 sistema organizado en base a la propiedad privada de los medios de producci?n y la consecuente divisi?n en clases sociales. Las dos obras fueron escritas inmediatamente antes de que el realismo socialista se impusiera como la est?tica oficial de la URSS, lo que sucedi? a partir del Primer Congreso de Escritores realizado en Mosc? (Alle 13). Mar?a Teresa Gramuglio plantea que la d?cada de 1930 marca en Argentina la culminaci?n de la ?hegemon?a del realismo, como po?tica y como actitud, fundamentalmente en la narrativa y en el teatro? que se hab?a iniciado a fines del siglo XIX entre cuyos mayores exponentes se encontraban los intelectuales asociados al grupo de Boedo, el teatro social y las revistas de izquierda (?Introducci?n? 7), como las editadas desde la editorial Claridad. Postula que las pol?micas sobre el realismo en Argentina se dieron en el siglo XX y ubica dos momentos de mayor intensidad: el primero, a partir de las disputas entre Boedo y Florida, el cual termina en la d?cada del 1930. El segundo, en la d?cada de 1960, momento en que se daban en la izquierda debates en torno al realismo socialista, el realismo cr?tico y las vanguardias, luego del XX Congreso del partido Comunista de la URSS en 1956 (Gramuglio, ?El realismo? 29). Las dos obras que se analizan en este apartado tienen como contexto el primer periodo26. Las obras que surgieron en torno al Grupo de Boedo empujaron los l?mites del arte y de la ficci?n y se convirtieron en antecedentes (ya sea de forma consciente o no) para las obras que luego continuar?an visibilizando y narrando espacios marginados no s?lo desde el Estado y la sociedad, sino tambi?n desde la literatura. Como plantea Adriana Astutti: 26 En el cap?tulo 3 se retoma el segundo periodo como contexto a las obras que se analizan all?. 45 No ser? entonces en la renovaci?n t?cnica ni en la proeza ret?rica donde habr? que buscarse lo que queda de la literatura de Boedo sino en las trayectorias que esas obras trazaron, en los temas que abordaron y en las geograf?as en que se situaron para dar testimonio de la pobreza: los ni?os exp?sitos, la prostituci?n, las figuras del artista, el proletario, el arrabal, las zonas fronterizas del territorio nacional. (427) Enrique Amorim naci? en Salto, Uruguay, en 1900 en el seno de una familia acomodada, pero a los 15 a?os se mud? a Buenos Aires. Su obra incluye narrativa, poes?a y drama, as? como tambi?n guiones cinematogr?ficos. Fue uno de los intelectuales del Grupo de Boedo. El 16 de septiembre de 1933, en el n?mero 6 de la La Revista Multicolor de los S?bados, el suplemento cultural del diario Cr?tica27, se public? el cuento ?$1 en Villa Desocupaci?n?28. Esta revista tuvo dos periodos de publicaci?n29 de aproximadamente un a?o cada uno: durante el primero ?entre marzo de 1931 y febrero de 1932? fue dirigida por Ra?l Gonz?lez Tu??n, y durante el segundo ?entre agosto de 1933 y octubre de 1934? fue dirigida por Jorge Luis Borges y Ulyses Petit de Murat30 (Buenos 27 El diario Cr?tica fue fundado en 1913 por Natalio Botana y tuvo una gran influencia en el periodismo argentino. ?Se trataba de un medio que segu?a la l?nea ?amarilla? estadounidense, pero con un profundo contenido nacional. Fue un diario precursor en muchos sentidos: marc? una ruptura con la forma convencional de titular, se destac? por el manejo excepcional que hac?a de las noticias policiales, confiri? a la ilustraci?n un lugar predominante y tuvo suplementos de historietas. Sin embargo, lo m?s importante es que se propuso como forjador de un nuevo tipo de periodismo, en el cual sus columnistas y reporters ten?an mucha autonom?a respecto de los editores. Para 1930, Cr?tica era el diario en espa?ol de mayor tirada, con 350.000 ejemplares? (Rapoport y Seoane 427). 28 Amorim public? otros dos cuentos m?s en esta revista. 29 Entre noviembre de 1926 y mayo de 1927 Cr?tica public? el suplemento cultural Cr?tica Magazine (Cuervo 73). En esta revista se inclu?an notas policiales, deportivas y de entretenimiento adem?s de la secci?n literaria, lo que muestra el prop?sito de llegar a un amplio p?blico. Sin embargo, ?la zona destinada a la literatura y las artes pl?sticas remite m?s a las columnas de una revista literaria especializada que a las de un suplemento masivo? (Sa?tta, Regueros de tinta 173-174). 30 A partir de 1925 comenzaron a colaborar en Cr?tica varios de los autores que formaban parte de la revista Mart?n Fierro, la cual se public? entre 1924 y 1927. 46 Aires, 1907 - 1983) (Cuervo 73). Al ser un suplemento del diario, La Revista Multicolor de los S?bados llegaba a un p?blico amplio y popular: ?Si la masividad y la militancia moderna caracterizaron a Cr?tica, su suplemento cultural fue el ?mbito de cruce entre cultura alta y cultura popular, g?neros literarios y discursos period?sticos, la ficci?n y la informaci?n? (?Revista Multicolor?). Fue en esta misma revista en la que Borges public? por primera vez los relatos que luego formar?an parte del libro Historia universal de la infamia en 1935 (?Revista Multicolor?). La misma revista se jactaba de esta amplia llegada al p?blico: en cada uno de sus n?meros aparec?a la frase ?De mayor circulaci?n sudamericana? en la parte superior izquierda de la primera p?gina. Entre las novedades que planteaba resaltaba el gran espacio dado a las ilustraciones a color. Aunque dur? poco, ?en su breve existencia, la RMS logr? revolucionar la historia tanto del periodismo como de la literatura argentina. Su peculiaridad radicaba en concebirse como una producci?n gr?fica de contenido moderno y vanguardista al alcance del p?blico masivo al que estaba acostumbrado Cr?tica? (Cuervo 75). El cuento ?$1 en Villa Desocupaci?n? fue publicado a un a?o del surgimiento de este campamento. Si bien ya hab?a salido en las noticias, no hab?a sido a?n espacio de ficci?n. Este relato m?s que una historia, construye una postal del espacio en tono de denuncia: por una parte, las condiciones en las que viven los desocupados, pero tambi?n la dificultad o casi imposibilidad de salir de esa situaci?n para la mayor?a de ellos independientemente de su voluntad para conseguir trabajo, como resultado del crack burs?til de 1929 que produjo ?profundas marcas territoriales en la ciudad de Buenos Aires? (Snitcofsky, ?Impactos urbanos? 95). Su situaci?n aparece entrecruzada por la influencia de la criminolog?a positivista en Argentina que desde finales del siglo 47 XIX molde? no s?lo la forma de ver y clasificar a las personas desde las instituciones del Estado ?especialmente la represiva seg?n el concepto de Althusser (28-29)?, sino tambi?n la indiferencia de la sociedad frente a sus condiciones de existencia. El cuento se estructura a partir de una narraci?n omnisciente que gira en torno a retazos de historias de cuatro hombres que viven en el campamento: Eduardo Galvi, el Polaco, Gervasio y el Fil?sofo; y tambi?n alrededor del Franc?s, un ex ocupante del campamento que se hace presente a partir de alusiones sobre ?l y de quien s?lo se sabe que ha conseguido un trabajo y, por eso, ha abandonado Villa Desocupaci?n. El lapso de tiempo que se narra es corto: desde una tarde en la que Galvi, el Polaco y Gervasio (reci?n llegado) toman mate, hasta el d?a siguiente. El origen de los personajes ilustra la composici?n de lo que era el asentamiento que, en su mayor?a, estaba habitado por extranjeros que hab?an quedado sin trabajo y sin acceso a una vivienda tradicional o incluso al alquiler de una pieza en un conventillo. Las caracter?sticas de los personajes principales del cuento coinciden con las de la poblaci?n del campamento en cuanto a su origen y g?nero: son hombres desocupados, en su mayor?a inmigrantes. Con respecto al primer punto, de los cinco personajes m?s nombrados tres son extranjeros: Eduardo Galvi ?a quien el R?o de la Plata le recuerda el Mediterr?neo y su familia de pescadores, es probablemente italiano?, el Franc?s y el Polaco, ?un pobre diablo con cuatro lustros de Am?rica? (Amorim 1). La mayor?a de los ocupantes del campamento proven?an de Polonia (Porada 266). No hay referencias directas sobre el origen del Fil?sofo y Gervasio. La relaci?n entre inmigraci?n y desocupaci?n era un fen?meno que se daba solo en la Ciudad de Buenos Aires, en el resto del pa?s la mayor?a de los desocupados no eran 48 extranjeros (Novick 351). Adem?s, el campamento era habitado solamente por hombres, lo que aparece en el cuento como una caracter?stica que ayuda a convertirlo en un lugar transitorio donde no es posible proyectar una familia: ?Menos mal que jam?s podr? nacer all? un ni?o?? (Amorim 1). Por esto mismo, se asemeja a un encierro: ?C?rcel abierta a los cuatro horizontes? C?rcel, porque todos los sitios donde no pueden entrar las mujeres son encierros para el hombre? (1). El cuento se ocupa de enfatizar que estos personajes representan la poblaci?n general: ?Y entre la casucha de Galvi y la del ex mucamo, caben otros franceses, Galvis, Gervasios, Fil?sofos y Polacos, a la espera de algo mejor o ya perfectamente ubicados en el tiempo que corre?? (1). Los fragmentos de historias individuales se entrelazan desde el campamento con el contexto social y construyen una denuncia: los desocupados son producto no solo de la crisis sino tambi?n de una sociedad que les es indiferente y un Estado que desde la criminolog?a positivista construye una tr?ada entre migraci?n- pobreza-crimen. Sin embargo, el campamento se construye en el cuento como un espacio no s?lo de desesperanza, sino tambi?n de amistad y comunidad. Aunque aqu? no aparece una resistencia organizada, s? hay cierto orden para la vida, o sea, dentro de este espacio que es recortado de la gran ciudad, se replican ciertas condiciones pol?ticas y urbanas. El cuento hace ?nfasis en las caracter?sticas f?sicas de los personajes, especialmente las de Galvi y el Polaco. El primer p?rrafo se dedica a la descripci?n Galvi, quien lleg? al campamento llevado por amigos: Eduardo Galvi ten?a ojos de ladr?n. Esos ojos de p?rpados entrecerrados, atrapadores de gestos, ladrones de miradas. Galvi ten?a boca de ladr?n, hablaba 49 ladeando los labios, rob?ndole al lado izquierdo de su cara, un poco de la expresi?n natural. Galvi ten?a nariz aguile?a, de rapi?a y manos de ladr?n, con sus dados chatos, carnosos y las u?as recias. Pero Eduardo Galvi jam?s hurt? nada a nadie. Quiz? por esta particularidad, pensaba ?l, se ve?a obligado a morar en Villa Desocupaci?n, esa ciudad blanca y chata, la m?s chata de las ciudades. (1) M?s adelante, aparecen ciertos rasgos del Polaco: ??El Polaco? no ignora que sus cabellos ensortijados y rojos, la boca resquebradija, los dientes negros, las cejas cerdosas, las orejas acartuchadas, las manos informes. Le han cerrado todos los caminos? (1). Ambas descripciones establecen, de forma cr?tica, una relaci?n entre caracter?sticas f?sicas y desocupaci?n-criminalidad. Los ojos, los p?rpados entrecerrados, la boca ladeada al hablar que le cambiaba la configuraci?n de la cara, la nariz aguile?a y las manos de ?dedos chatos, carnosos y u?as recias? de Galvi; as? como el pelo, la boca, los dientes, las cejas, las orejas y las manos del Polaco aparecen como obst?culos que les impide encontrar trabajo. Pero, adem?s, los personajes est?n conscientes de esta situaci?n. En el caso de Galvi el cuento comienza con ese p?rrafo que en un primer momento parece prueba suficiente de su condici?n de desocupado- delincuente, aunque el narrador enseguida plantea: ?Pero Eduardo Galvi jam?s hurt? nada a nadie? (Amorim 1). As?, no solo refuta la supuesta condici?n de criminal de Galvi, sino la criminolog?a positivista de Cesare Lombroso (Verona, 1835 - Tur?n, 1909), crimin?logo y m?dico italiano que fund? esta disciplina, tambi?n llamada Nueva Escuela. Su teor?a giraba en torno a la relaci?n entre ciertas caracter?sticas f?sicas (formas del cr?neo y de la cara, la agilidad muscular, defectos card?acos, entre otros) y 50 los llamados ?defectos morales? con la criminalidad (Ruggiero 13). La asimetr?a facial producto de la boca ladeada al hablar y la nariz curva de Galvi, as? como las cejas cerdosas y las orejas acartuchadas del Polaco aparecen entre las caracter?sticas de la cara que Lombroso adjudicaba a los delincuentes (14)31. Su teor?a fue criticada a trav?s de varios argumentos: en primer lugar, se postulaba que no eran m?s que las antiguas ideas de la frenolog?a. En segundo lugar, se apuntaba a que no establec?a un conjunto fijo de caracter?sticas que pudiera distinguir a los criminales de los no criminales. En tercer lugar, sus postulados generaban una discusi?n sobre la posibilidad del ?libre albedr?o? (14). Godofredo Lozano, principal cr?tico de Lombroso, lo cuestionaba bajo el argumento de que no era posible probar que el crimen fuera una manifestaci?n de una tendencia f?sica de una persona (14). En Argentina se adopt? una aproximaci?n ecl?ctica en la que se incluyeron ideas de diferentes escuelas criminol?gicas: tanto de la italiana, que se enfocaba en las causas biol?gicas, como en la francesa, que se centraba en las ambientales (14). Jos? Ingenieros (Palermo, Italia, 1877 - Buenos Aires, 1925), psiquiatra, psic?logo, crimin?logo y fil?sofo fue uno de los principales referentes del positivismo en Argentina, as? como Jos? Mar?a Ramos Mej?a (Buenos Aires, 1849-1914). Si bien criticaba el foco de Lombroso en la morfolog?a, coincid?a en la necesidad de un estudio m?s profundo sobre los delincuentes, aunque prestando m?s atenci?n a la psicolog?a y a la cultura (15). Tanto Galvi como el Polaco son conscientes de la influencia que sus caracter?sticas f?sicas tienen en su contexto: ?Quiz? 31 ?The head itself was characterized by a great deal of facial asymmetry, the absence of a beard, bronze-colored skin, a prominent monosymmetrical eyebrow, irregular, jug-handle ears, a curved nose, and black, stiff, abundant hair? (Ruggiero 14). Cabe destacar la alusi?n al color de la piel, una base racista que seguir? operando socialmente en los siguientes a?os en la asociaci?n de la criminalidad con todo lo que no sea considerado ?blanco?. 51 por esta particularidad, pensaba ?l [Galvi], se ve?a obligado a morar en Villa Desocupaci?n, esa ciudad blanca y chata, la m?s chata de las ciudades? (Amorim 1); mientras que el Polaco no ignora que esas caracter?sticas ?le han cerrado todos los caminos? (1). Frente a los rasgos de Galvi y el Polaco, aparecen los de Gervasio ?? un muchacho de escasos veinte a?os, aire pensativo, cabellos rubios y modales refinados, que contrastaban con los gestos de los dem?s? (1). Su fisonom?a le hab?a permitido trabajar como mucamo. Galvi, el Polaco y el Franc?s son, adem?s de desocupados, inmigrantes. En este sentido, aparece tambi?n la relaci?n entre migraci?n y delincuencia: cuando a finales del siglo XIX llega la criminolog?a positivista a la Argentina, no se le presta en un inicio tanta atenci?n en la producci?n local de art?culos. Sin embargo, se plantea el ?car?cter problem?tico? entre estos dos fen?menos (Sozzo 30). En este sentido, Norberto Pi?ero, el profesor titular de Derecho Penal de la Universidad de Buenos Aires public? en 1888 un folleto en el que establec?a sosten?a que la criminalidad estaba aumentando en la ciudad, invocando las estad?sticas policiales del per?odo 1881-1886 y, en el marco de la discusi?n te?rica europea ?Poletti, Ferri, Tarde? sobre el v?nculo entre civilizaci?n y aumento del delito, planteaba que este incremento se deb?a a una diversidad de causas, entre las que se?alaba ?el crecimiento considerable de la poblaci?n extranjera, que en el n?mero total de los criminales contribuye con un 59% m?s o menos? (Pi?ero, 1888:7). (30) En los siguientes a?os, se estableci? una relaci?n cada vez m?s estrecha entre migraci?n y crimen: 52 ? ya en 1916 se introdujeron trabas administrativas al ingreso de extranjeros, crecieron en 1923 y se endurecieron durante el gobierno de Uriburu (Devoto, 2001; 282-291). En efecto, se dictaron normas restrictivas argumentando en un primer momento el no deseado contenido ideol?gico que traer?an los inmigrantes expulsados desde sus pa?ses de origen como consecuencia de la guerra, y posteriormente su estado sanitario. (Novick 337) Hay que recordar que, adem?s, en 1902 se hab?a dictado la ley 4.144, conocida como la ?Ley de residencia?, que establec?a en su art?culo 2? que ?El Poder Ejecutivo podr? ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden p?blico? (?Ley de residencia?). Sin embargo, Villa Desocupaci?n era el ?nico espacio de este tipo en todo el pa?s en el que la mayor?a de sus ocupantes eran extranjeros. La Central General de los Trabajadores (GGT) rechaz? el informe realizado por la Junta Nacional para combatir la desocupaci?n en 1933 en el cual se afirmaba que la mayor?a de los desocupados de Puerto Nuevo eran extranjeros, bajo el argumento de que ?pretend?a demostrar ?que los accidentes de car?cter ?tnico influyen en los hechos econ?micos?? (Novick 351). Por otro lado, en 1932 se aprob? una ley mediante la cual se reprim?a la mendicidad con una multa o arresto de 6 a 21 d?as (Porada 267). Esto se suma a las declaraciones de Juan Alejandro R?, subcomisario de la comisar?a 23, que ten?a bajo su jurisdicci?n la zona del campamento y estaba a cargo de la represi?n del ?rea, seg?n el cual ?Villa Desocupaci?n ofrec?a un contexto altamente propenso para la mendicidad y ?sta, a su vez, constitu?a un punto de partida para cometer todo tipo de infracciones a las normas legales establecidas? (267). La asociaci?n entre delincuencia y desocupaci?n no se limit? a este periodo o espacio, sino 53 que de la mano de la criminolog?a positivista ha permanecido en el imaginario porte?o (268). Desde el punto de vista de las autoridades policiales, el campamento era propicio para ??sujetos de toda ideolog?a, extremistas, comunistas, anarquistas, etc., actividades disolventes que pudieron desarrollarse favorecidas por el ?mbito propicio como pocos? (R? 1938: 69?70)?, con lo cual se agregaba la idea de los portadores de ?ideolog?as subversivas? (Porada 268) a la tr?ada extranjero-desocupado-criminal. Adem?s, para R? la delincuencia era propiciada por la ingesta de alcohol que ?seg?n ?l? abundaba en el campamento, punto que el cuento contradice desde la ficci?n: Dorm?an tranquilos, sin alcohol, guardados por polic?a montada. La paz, la paz m?s perfecta, que es la del hombre apenas disimulada; la paz sin alcohol, la sociedad m?s perfecta que concebirse pueda. Si alguien llega con una copa de m?s a altas horas de la noche, deja de ser desocupado. La mona se duerme en la comisar?a o en las calles, no en aquella villa tranquila y reposada. (Amorim 1) El alcohol no entra en el campamento, que se encuentra fuertemente vigilado por la polic?a, instituci?n represiva encargada de mantener el orden all? y, seg?n el cuento, ?nica forma en que el Estado se hace presente en el campamento. Por otro lado, ?Villa desocupaci?n?, como luego suceder? con las villas miseria a partir de mediados del siglo XX, se construye como un espacio separado de la ciudad: ?? le miraron alejarse hacia la ciudad? (Amorim 1). Aunque se encuentra dentro de Buenos Aires, la ciudad se ve como un espacio distante, inalcanzable, del cual no forman parte, ?como si se hubiese levantado entre ellos y la ciudad, una inmensa muralla? (1). Lo que la separa y la construye como un espacio diferente al de la Villa 54 es, en primer lugar, las caracter?sticas visibles de los materiales de construcci?n: ?Del otro lado? Galvi levant? los ojos por encima de los techos y pudo ver la ciudad de ladrillo y cemento envuelta en la bruma del atardecer? (1). El ladrillo y el cemento son materiales estables y duraderos, ant?tesis de las ?casillas de zinc?, del ?caser?o de lata y madera? (1) del campamento, nombre que en s? mismo define algo transitorio. Y la ant?tesis tambi?n est? dada por las familias de la ciudad frente a los hombres solos del campamento, porque con las familias viene por a?adidura ?[l]a ciudad de las mesas servidas y la ropa limpia? (1) que no existe en Villa Desocupaci?n porque no hay comida, ni una mujer que ?asome su cara o cuelgue sus polleras en los hilos de alambre? (1). La ciudad aparece como la ?nica posibilidad de realizaci?n de un hogar y de una familia. Es lo estable, lo duradero, el futuro; mientras que el campamento es la incertidumbre, lo transitorio, el presente. Pero la ciudad es tambi?n un espacio al que acuden tanto Gervasio como el Fil?sofo para buscar comida, sobras que les dan de forma fija en dos casas de familias. Ambos personajes se saben ajenos, no solo porque son conscientes de que su vestimenta delata su condici?n de desempleados, sino porque el Estado, a trav?s de las fuerzas represivas, les marcan los espacios a los que pertenecen y a los que no: el Fil?sofo come en Plaza San Mart?n, ?[c]ome h?bilmente, sin ostentar su maniobra? para no llamar la atenci?n de los guardianes, porque ?l ?[e]s el ?affiche? de Villa Desocupaci?n, algo as? como el embajador ante la ciudad de ladrillo y cemento? (Amorim 1). Los desocupados deben permanecer en el espacio asignado para ellos: Villa Desocupaci?n. No deben mostrarse, no deben ser vistos en la ciudad. 55 El campamento, sin embargo, recrea entre la miseria cierto tejido urbano precario, el orden de la ciudad: hay callejones y el terreno est? organizado por secciones y filas donde es posible identificar cada una de las casillas. El mismo Galvi piensa en ?el orden de la ciudad de los desocupados? (1), con lo que da cuenta de su tama?o y organizaci?n. Al igual que en la ciudad, tambi?n aqu? hay desigualdades: ?En la secci?n de Galvi, hay dos fogones escasos de lumbre. En cambio, donde moran sus amigos, parecen abundar, y la calleja es m?s viva? (1). Pero la organizaci?n no se da solamente a nivel topogr?fico, sino tambi?n en lo social: ?El incipiente conglomerado humano tentaba ya sus formas de sociedad y surg?an conflictos, siempre de orden econ?mico? (1). El Fil?sofo hab?a tenido funciones de ?caudillo, de director de una fila? (1), hab?a funcionado como organizador en la divisi?n de tareas: ?Qui?n deb?a salir a pedir; qui?n a recoger la comida, qui?n a quedarse entregado a la limpieza del patio o a buscar le?a; o a la vigilancia; qui?n a afeitar a los dem?s?? (1) aunque hab?a fracasado, tambi?n, en este rol. El Franc?s, el ?nico personaje mencionado que ha podido salir del campamento, es mec?nico. La casilla que pasa a ocupar Galvi es la que ?l ha dejado. La raz?n por la cual ha logrado conseguir un trabajo es que mientras ped?a plata por Palermo alguien le dio un billete de un peso: ?No ese peso conseguido a tironeos, a pedazos, centavo tras centavo. Ese peso desmoralizador, que quita m?s las fuerzas y adormece las energ?as. ?Este s?, este billete -se dijo- es capaz de inclinar la balanza, todos los platillos de todas las balanzas!? (Amorim 1). Con el peso en el bolsillo ?Pidi? trabajo con un repentino valor, imprevisto, reci?n nacido en ?l. Pidi? trabajo, como si ofreciese una colaboraci?n, su ayuda necesaria; como si les hiciese un favor a los demandados. Y, 56 una vez conseguido el puesto, a fin de que ignorasen hasta qu? punto hab?a ca?do, no volvi? a su antigua residencia? (1). As? el cuento plantea que la vida en Villa Desocupaci?n ha llevado a los habitantes a un estado de miseria, desesperanza y abandono tal que ha minado cualquier creencia en ellos mismos. El billete de un peso funciona para el Franc?s no como una limosna, sino como parte de esa sociedad que existe de ese supuesto otro lado, el de la ciudad de ladrillos, lo que le permite conseguir un trabajo. En este sentido, se pueden plantear dos puntos: por un lado, la vida en el campamento funciona como una doble exclusi?n del sistema porque est?n desocupados y porque la perspectiva de volver a conseguir trabajo y formar parte nuevamente de la ?ciudad? parece cada vez menos alcanzable. Un Estado que trata de invisibilizar, pero tambi?n una sociedad que no quiere ver: el Fil?sofo se presenta como un personaje que en s? es el ??affiche? de Villa Desocupaci?n, algo as? como el embajador ante la ciudad de ladrillo y cemento? (Amorim 1). Pero, incluso como si eso no fuera suficiente, Gervasio le plantea la idea de ponerse un cartel en la espalda que diga ?Tengo hambre? (1) aunque ?ste le responde que las autoridades ?No le dejar?n andar con ese aviso, ya ten?an bastante con pasear las caras de hambre por las calles. La figura, en realidad, dec?a m?s que un cartel, pero no siempre la gente sabe leer en los rostros? (1). La suerte del Franc?s, sin embargo, parece no funcionar para todos porque la sociedad juzga las caracter?sticas f?sicas en base a un racismo arraigado. El Polaco, consciente de su apariencia, ?[n]aci? para miserable, como se nace para rico? (1). Para ?l, ?Am?rica es Villa Desocupaci?n, vale decir, la p?rdida para siempre de lo otro- que 57 no sabe ya si era mejor o peor? (1). ?Am?rica? como s?mbolo de las posibilidades de realizaci?n y progreso, queda reducida a Villa Desocupaci?n32. El cuento centra la narraci?n desde Villa Desocupaci?n. De esa forma, construye el espacio a partir de retazos de las historias de los personajes a los cuales va cediendo de forma alternada la voz. No hay un personaje principal, sino que el grupo de personajes representa a la poblaci?n general del campamento. Villa Desocupaci?n se ubica geogr?ficamente en el barrio de Palermo, cerca del R?o de la Plata; o sea, dentro de la Ciudad de Buenos Aires pero al lado de ese l?mite natural que para los extranjeros significaba el punto de entrada pero tambi?n de salida al pa?s. Adem?s, la vida en la villa supone, en la mayor?a de los casos, la desesperanza. En este sentido, la identificaci?n entre caracter?sticas f?sicas/migraci?n-criminalidad-desocupaci?n, convierten al campamento en un espacio del cual es dif?cil salir, independientemente de la transitoriedad del lugar. Pero el cuento, adem?s, construye una mirada que denuncia este espacio y las pr?cticas de un Estado que criminaliza la desocupaci?n. Si bien Villa Desocupaci?n no era un lugar de p?blico conocimiento en la ?poca, la gente de la ?ciudad? se acercaba atra?da por la curiosidad m?s que por un inter?s en las personas que viv?an all? (de la Torre 107). En paralelo a la construcci?n de este espacio en el cuento, se construye una denuncia que no solo muestra las condiciones de existencia de los desocupados, sino que refuta las creencias que, tanto en ese momento como en a?os posteriores, llevar? al desarrollo de perspectivas de exclusi?n que, con sus diferencias, se ver? m?s asentadas en la construcci?n de la mirada estatal sobre las 32 La relaci?n entre la idea de Am?rica y la villa aparecer? nuevamente en Villa Miseria tambi?n es Am?rica de Bernardo Verbitsky que se analiza en el cap?tulo 3. 58 villas miseria. En este primer momento, la denuncia est? enfocada en lo visual: desde el intento de ocultar hasta el intento de los personajes de mostrarse, pasa por im?genes visuales de la villa. La centralidad de la imagen visual aparece tambi?n en la forma en que el cuento fue diagramado. Se public? en una p?gina con dos ilustraciones de grandes dimensiones de Guillermo Facio Hebequer (Montevideo, 1889 - Vicente L?pez, 1935), pintor, dibujante, grabador y escritor, quien tambi?n particip? con diversos roles en experiencias teatrales ?incluido el Teatro del Pueblo junto a Le?nidas Barletta (Golder 10)?, cuya obra y textos aparecieron en publicaciones de izquierda de Buenos Aires (Dev?s). Fue uno de los artistas m?s ponderados por Cr?tica por sus obras, su militancia y su compromiso social (Kohan 203). Proven?a de una familia adinerada del Uruguay que se mud? a la Ciudad de Buenos Aires cuando era peque?o. Enseguida comenz? a demostrar su vocaci?n art?stica que desde un inicio estuvo ligada a cuestiones sociales (Collazo 1). Collazo retoma tres periodos en su obra: la primera, de 1914 a 1919 (11) que Le?nidas Barletta denomin? como de ?pintoresca bohemia?, en la que trabajaba con modelos buscados entre ?atorrantes, vagabundos, verdaderos lumpen que habitaban en la ribera o en la quema de basura?, junto con ?mujeres, chicos y viejos habitantes de los conventillos. Tambi?n encontramos los apuntes callejeros: escenas de trabajo, carros y animales. Tampoco faltan las escenas de prost?bulos y refugios? donde abunda la iron?a y la s?tira (2). De su segunda ?poca, de 1920 a 1929 (11), resalta la serie de aguafuertes que realiz? para el libro Malditos (1924), de El?as Castelnuovo (3). En 1930 comienza la 59 tercera etapa en la que se consolid? como lit?grafo luego de haber tenido que abandonar la t?cnica del aguafuerte porque da?aba su vista. Facio Hebequer form? parte de lo que fue la Escuela de Barracas en el barrio de la Boca, que luego se llam? El Grupo de los Cinco y finalmente Artistas del Pueblo, grupo que: trabaj? para el pueblo mediante un arte que intentaba concientizar y promover la utop?a revolucionaria, desde una ?tica del trabajo manual con una ideolog?a cercana al anarquismo y a las concepciones art?sticas de figuras como Le?n Tolstoi y otros. Su producci?n privilegi? las t?cnicas materiales que reivindican el arte como oficio manual y al creador como un trabajador en los diversos procedimientos del grabado y la talla directa en la escultura. El grabado, adem?s, conjugaba la factura artesanal con la cualidad de la multiplicidad y reproductibilidad. (Golder 9) A trav?s de El?as Castelnuovo, esta agrupaci?n estableci? una relaci?n con el Grupo de Boedo, lo que llev? a Facio Hebequer a ilustrar publicaciones de la editorial Claridad (Dev?s) adem?s de hacerlo en otras de izquierda como Contra. La revista de los francotiradores33, en la que apareci? la litograf?a X de su serie ?Tu historia compa?ero? (1933) en la tapa del primer n?mero (Facio Hebequer 1). Seg?n Sa?tta, ?fue el primer programa est?tico-pol?tico colectivo que vincul? vanguardia est?tica con vanguardia pol?tica en la Argentina? (?Pol?micas ideol?gicas? 1). En esta serie de litograf?as: 33 Contra. La revista de los francotiradores fue editada por Ra?l Gonz?lez Tu??n entre abril y septiembre de 1933, periodo en el que se publicaron cinco n?meros. 60 avanz? sobre tem?ticas sobre las que ya ven?a reflexionando y trabajando: la explotaci?n laboral, la guerra, la mercantilizaci?n de las personas, el capitalismo, la marginaci?n. Lo que var?a en particular es que, si bien las primeras l?minas denuncian la calidad de vida del trabajador obrero y de su familia con un tono sombr?o, a medida que transcurre la progresi?n de im?genes, el car?cter sumiso va mutando a uno cada vez m?s aguerrido. Este fue un momento clave de su obra. El d?cimo grabado presenta a un obrero con el pu?o izquierdo alzado, acompa?ado de la frase ??Revoluci?n o muerte!?. As?, invita a las masas proletarias a unirse y a organizarse para construir una nueva sociedad. (Golder 12) Las dos ilustraciones de Facio Hebequer que se publicaron junto con ?$1 en Villa Desocupaci?n? aparecen una en el centro y otra en la parte inferior de la p?gina (Anexo 1). En el dibujo central se puede ver a cuatro personajes con posturas encorvadas ?que podr?an ser Galvi, Gervasio, el Polaco y el Fil?sofo? que toman mate, mientras a lo lejos se representa la ciudad a trav?s de un conjunto de altos edificios delante de los cuales aparecen de forma menos definida lo que podr?an ser las ranchos de Villa Desocupaci?n. La paleta de colores se mueve entre el rojo, el naranja y el violeta, lo que plantea una postal abrumadora y sombr?a. En el dibujo de la parte inferior del cuento aparece un conjunto de hombres caminando uno atr?s del otro, arrastrando bolsas y algunos apoy?ndose en palos. El?as Castelnuovo ha sido uno de los intelectuales de mayor impacto del grupo de Boedo. Su importancia se debe no s?lo a lo que signific? su producci?n literaria, sino tambi?n a las cr?ticas que gener? su obra tanto entre sus contempor?neos ? 61 especialmente por parte de la revista Mart?n Fierro donde en varias ocasiones satirizaron sus producciones? como posteriormente, incluso hasta en la actualidad. Castelnuovo naci? en Montevideo, Uruguay en 1893, pero a los 12 a?os se traslad? a Buenos Aires, donde desarroll? la mayor parte de su obra. En su ni?ez y adolescencia tuvo diversos empleos manuales que posteriormente us? como fundamento para su obra proletaria. En 1931 viaj? como acompa?ante de un amigo m?dico que iba a un hospital de Mosc?, lo que marc? un giro en su posici?n pol?tica y literaria: hasta ese momento ten?a una afiliaci?n anarquista (en la d?cada de 1920 dirigi? la colecci?n ?Los Nuevos? de la editorial Claridad) y no ten?a conocimientos te?ricos sobre el marxismo. Luego del viaje, la influencia del comunismo aparece tanto en sus ensayos como en su literatura. La obra ficcional de Castelnuovo hasta su viaje a la ex URSS se caracteriz? por girar en torno a personajes marginales (prostitutas, borrachos, atorrantes, etc.). Rodr?guez P?rsico plantea que: El universo ficcional de Castelnuovo est? poblado por sujetos que se mueven en esa zona heterog?nea de la existencia social y son ellos mismos inasimilables por las convenciones burguesas. En esto reside la extraordinaria capacidad que tiene su literatura, o al menos, gran parte de ella, para repensar lo que Ranci?re llama la divisi?n de lo sensible poniendo en cuestionamiento la distribuci?n de posiciones a trav?s de una serie de estrategias narrativas que se revelan eficaces. Ellas plasman configuraciones de la experiencia que dan lugar a nuevos modos del sentir y construyen subjetividades que exhiben la cara oculta de la 62 modernidad; descubren los detritus de la gran ciudad, el horror de los procesos de modernizaci?n. (?Literaturas heterog?neas? 290) Esta construcci?n aparece replanteada en Vidas proletarias, escenas de la lucha obrera34 (1934), pero con un giro hacia el marxismo con el que comienza a ensayar un arte realista que sirva a la revoluci?n proletaria. Sa?tta establece que esta obra es un ?texto bisagra, como el punto de partida a trav?s del cual Castelnuovo busca un nuevo rumbo? (?El?as Castelnuovo? 13). El libro est? compuesto por tres obras: Vidas proletarias (Escenas de la vida obrera), La marcha del hambre y La 77 Conferencia de la paz y una ?Introducci?n? que: ? funciona como manifiesto est?tico y pol?tico, y se?ala el momento de viraje de su producci?n literaria. En esa introducci?n, Castelnuovo realiza una lectura cr?tica tanto de su propia literatura como de la literatura de su grupo, toma distancia del naturalismo franc?s y de la literatura rusa anterior a la revoluci?n, y pondera a la literatura proletaria como modelo est?tico e ideol?gico de su generaci?n. (Sa?tta, ?El?as Castelnuovo? 12) En este sentido, Castelnuovo inicia la ?Introducci?n? planteando que ?[l]a literatura proletaria se halla muy escasamente desarrollada en la Argentina? (8), para m?s adelante postular que ?sin embargo, no puede surgir como un hongo de la noche a la ma?ana entre las cuatro paredes del cr?neo de un genio literario. (?) Tiene que surgir, naturalmente, con el proletariado? (17). Seg?n este texto, si bien el modelo de literatura 34 Varias de las escenas que forman parte de este libro hab?an aparecido anteriormente en la revista Actualidad, publicaci?n de orientaci?n marxista que fue dirigida por Castelnuovo entre abril y noviembre de 1932 (Sa?tta, ?El?as Castelnuovo 8). Se publicaron bajo el t?tulo La marcha del hambre (escenas de la vida proletaria) que adem?s ten?a como subt?tulo: ?Drama social dividido en ocho episodios que estrenar? pr?ximamente Teatro Proletario?. 63 a seguir es el de la Rusia [sic], se encuentra en ?el periodo del socialismo en su etapa constructiva, [mientras que] la nuestra se halla reci?n en la etapa anterior de la lucha final contra el capitalismo? (19), por eso la literatura proletaria en Argentina ?es o debe ser destructiva del capital? (19). Lo que propone, entonces, es una literatura proletaria adaptada al contexto nacional y es esto lo que aparece a trav?s del realismo socialista en Vidas proletarias35. Sin embargo: Castelnuovo no se ocupa del realismo, pero su manera de entender la relaci?n entre el arte y sociedad depende absolutamente de una idea simplificada de la m?mesis: como la burgues?a es una clase refinada, supone, el arte burgu?s es tambi?n refinado; como el proletariado es una clase r?stica, su arte debe serlo, [?]. Si por un lado esta correspondencia entre arte y clase social parecer?a, en consecuencia, ineluctable, por el otro Castelnuovo enfatiza que lo esencial para que el arte sirva a la revoluci?n es el conocimiento de la realidad, y que ese conocimiento requiere ?contracci?n y estudio?. ?Se es tanto m?s realista cuanto m?s se profundiza la realidad?, sostiene. Y eso solamente ser?a posible con el m?todo adecuado que brinda el materialismo dial?ctico. (Gramuglio, ?Introducci?n? 31-32) Tal como sucede con ?$1 en Villa Desocupaci?n?, La marcha del hambre se centra en un campamento de desocupados donde se hacen sentir los efectos de la crisis financiera. La obra se divide en seis episodios: ?El campamento de los parias?, ?La f?brica cerrada?, ?El Cristo de piedras?, ?El muro de los lamentos?, ?La draga que 35 La experiencia en trabajos manuales que hab?a tenido siendo joven le permit?a formar parte de esta literatura proletaria. De hecho, ?los de Boedo se dec?an proletaristas? (Astutti 421). 64 canta? y ?El sitio del campamento?. Si bien no aparece el nombre ?Villa Desocupaci?n? de forma expl?cita, el inicio del primer episodio indica: La acci?n se inicia en los bajos de Palermo. Aparece un campamento de desocupados, cuyas ramificaciones se prolongan, sin soluci?n, a lo largo de la costa. Hacia el fondo se destaca el r?o limitado con un murall?n de cemento que recorta de punta a punta, en l?nea quebrada, toda la longitud de la perspectiva. Los bloques superpuestos ascienden lateralmente, en escalera, rompiendo el c?rculo aplastado del horizonte. Aqu? y all?, bajo los ?rboles escasos y raqu?ticos que encuadran los primeros planos del paisaje, la luz de la luna, proyecta sobre el pasto, verdaderos estamentos de ceniza. Una que otra carpa de trapo o de lata, imprime al ambiente, un sello inconfundible de miseria trashumante y dolorosa. (87) Lo primero que expone la obra es una localizaci?n geogr?fica: los bajos de Palermo, dentro de la Ciudad de Buenos Aires, donde se encontraba Villa Desocupaci?n, para enseguida describir el campamento de desocupados: aparece en detalle c?mo est? conformado ese espacio, lo que por supuesto se explica al ser un drama. Sin embargo, esta descripci?n minuciosa se destaca por dos cuestiones: por un lado, tal como sucede con el cuento de Amorim, incorporar este espacio dentro de un drama hace que se transforme, tambi?n, en espacio de literatura. Pero, adem?s, muestra la adaptaci?n que Castelnuovo hace del realismo socialista que, como explica en la introducci?n, no puede desarrollarse en Argentina tal como lo hace en la URSS. La literatura debe ser destructiva del capitalismo, siendo el contexto el de un capitalismo que est? pasando por una de sus m?s profundas crisis como consecuencia del crack burs?til de 1929. 65 Entonces, en esta obra, pueden observarse reconfiguraciones, por lo menos, de los postulados marxistas cl?sicos36: la historia se desarrolla en la Ciudad de Buenos Aires, urbe con el mayor desarrollo industrial, pero con altos niveles de desempleo donde no aparece un proletariado fuerte. En el drama de Castelnuovo se reconfigura la clase revolucionaria del marxismo cl?sico que aqu? incluye proletarios desocupados y l?mpenes, personajes que Castelnuovo ya hab?a trabajado en obras anteriores. Adem?s, la obra plantea el desarrollo de una conciencia de clase en Villa Desocupaci?n, espacio que existe por fuera de la ciudad legal (Hardoy y Satterthwaite) y, por lo tanto, fuera del espacio de desarrollo de la clase revolucionaria por excelencia en el marxismo cl?sico: la f?brica que aparece en la obra, en el segundo cap?tulo, est? cerrada. Si bien solamente el primer y el ?ltimo episodio suceden en el campamento, la obra construye una imagen de y desde all?. Los otros cuatro actos tienen como escenario el centro de la ciudad, o como dicen varios de los personajes, simplemente ?la ciudad? porque, aunque el campamento est? localizado en los bajos de Palermo, parece estar por fuera de la ciudad legal. Cuando los personajes se unen a la caravana de la marcha, gritan ??A la ciudad! ?A la ciudad!? (98) junto con las consignas de ?Pan! y ?trabajo! y El Lechuz?n exclama ??Qu? linda idea! ?Entrar a la ciudad con todos los piojos!...? (98). En la primera acotaci?n, luego de las primeras indicaciones del campamento, se menciona a algunos de los personajes: ?Mezclados con los sin trabajo se hallan algunos atorrantes aut?nticos que por su antig?edad vienen a ser los leg?timos 36 A principios del siglo XX Lenin desarroll? un programa agrario-marxista para el II Congreso del Partido Obrero Socialdem?crata de Rusia en el que postulaba que, dado el contexto del capitalismo en Rusia, la clase revolucionaria era el proletariado agr?cola. 66 ocupantes de las zonas bald?as? (87-88). Esto muestra que, si bien este campamento puede ser una novedad, los personajes considerados marginales son de larga data. De hecho, uno de los primeros personajes que aparece es ?una vieja alt?sima y fantasmal, zarposa y ganchuda, a quien se conoce en la colonia bajo el apodo de El Lechuz?n. [?] a pesar de ser una mujer como de unos setenta a?os, conserva la a?n la rigidez original de su esqueleto y el gesto en?rgico de su orgullo indomable y sat?nico? (88), y es muy respetada por su combatividad y por su f?sico. Sus ??rbitas de b?ho? (88) explican su mote que, sin embargo, no es El B?ho ?animal que simboliza la sabidur?a? sino El Lechuz?n, un apodo que representa una s?tira de la sabidur?a: ?? ella traduce como ninguno, mediante su lengua procaz y venenosa, el rencor tr?gico de las clases pobres hacia las ricas? (88). ?ste es un personaje que Castelnuovo retoma de obras anteriores al viaje a la URSS. Seg?n Sa?tta, es ?la figura de Trapos, la vieja de ?La raza de Ca?n? de Malditos que lidera a la banda de atorrantes que viven en la quema?, pero mientras en aquel cuento ten?a un discurso religioso, aqu? tomar? el discurso revolucionario (?El?as Castelnuovo? 16). Tambi?n en el campamento tiene un rol de liderazgo. Si antes de su viaje a la URSS las obras de Castelnuovo estaban plagada de l?mpenes, en La marcha del hambre estos siguen apareciendo, pero ahora junto a obreros desempleados por la crisis en Villa Desocupaci?n. El origen de los males que padecen es claro: el sistema capitalista y su consecuente divisi?n de clases. Adem?s de El Lechuz?n aparece una gran cantidad de personajes que viven en el campamento: I?seles y Samuel (dos jud?os inmigrantes), Criollo, Alem?n, Polaco, Obrero gigantesco, Otro criollo, Desocupado, Otro desocupado, Otro m?s, Otro desocupado m?s, Italiano, Ni?a, Ni?o, Madre, Atorrante y Maestro de escuela. 67 Adem?s, hay tres militantes de izquierda (nombrados como Muchacho 1?, Muchacho 2? y Muchacho 3?) que van al campamento para promover la marcha. En la ciudad aparece tambi?n Un joven, Otro joven, Mendigo, Mendigo I, Mendigo II, Un pescador, Vieja pechadora, Uno de la fila, Otro, Uno, Prostituta, Mudo, Marinero. En el cuarto episodio, dentro de la iglesia, aparecen el Padre Gregorio y el Padre Mart?n. Por un lado, la mayor?a de los personajes no tienen nombres propios porque en esta obra es m?s importante la representaci?n de un tipo de sujeto que una historia personal. Por el otro, entre la diversidad de personajes se pueden identificar ciertos grupos: est? la ?clase trabajadora? formada aqu? por un maestro y obreros desocupados (entre los cuales se encuentran inmigrantes), as? como los l?mpenes, entre los cuales se encuentran esos ?que por su antig?edad vienen a ser los leg?timos ocupantes de las zonas bald?as? (88). Pero tambi?n aparece representada la Iglesia a trav?s de dos curas con tendencias ideol?gicas contrapuestas. Desde el principio la problem?tica es planteada como un conflicto de clases que atraviesa todo el resto de los problemas y relaciones, y esto se ve en las discusiones sobre la crisis y sus causas. En el episodio uno, el primer di?logo que aparece es entre los dos inmigrantes jud?os: Samuel piensa que el mundo se divide seg?n la religi?n mientras que I?seles le replica que la verdadera divisi?n es de clases. Mientras que el primero postula que los jud?os son una ?raza perseguida? (89), I?seles le replica que los jud?os ricos explotan a los jud?os pobres tanto como otras ?razas?, y plantea una mayor identificaci?n con el resto de los desocupados del campamento: ?Aqu?, todas son personas trabajadoras, como nosotras, desocupadas? (89). 68 El cuarto acto sucede dentro de una iglesia y se titula ?El muro de los lamentos?, t?tulo que propone una doble interpretaci?n: por un lado, alude al Muro de los Lamentos de Jerusal?n, ?nico vestigio de la estructura que rodeaba el segundo templo jud?o destruido por el Imperio Romano en el a?o 70 d.C. que, adem?s de centro espiritual, era tambi?n centro pol?tico. Adem?s, apunta al muro que separa a dos curas, uno joven y rico (Padre Mart?n) y otro viejo y pobre (Padre Gregorio) que hablan dentro de una Iglesia cuya grandiosidad contrasta con la miseria que la rodea. ?Es la hora en que el seminario reparte las sobras del mediod?a entre los menesterosos? (114) y, mientras preparan los restos de comida, discuten sobre la crisis y la funci?n y responsabilidad del Papa y de la Iglesia. El Padre Mart?n analiza la crisis desde una visi?n religiosa, espiritual: ?El problema de la desocupaci?n, el Papa lo ha dicho, es, antes que nada, un problema, moral? (115) porque ?el hombre olvid? a Dios. ?Y Dios lo castig? ?Lo primero es el alma! ?Despu?s, es el cuerpo!?. En este sentido, defiende los lujos del Papa y postula que la Iglesia est? para salvar el alma, no para resolver los problemas del ?cuerpo? para los que solo hay que esperar. El Padre Gregorio, por su parte, argumenta que el m?ximo representante de la Iglesia cat?lica no sabe lo que pasa en la calle al vivir aislado, que la situaci?n se resuelve con trabajo, que los hambrientos no pueden pensar si no tienen para comer, y que ??Antes que salvarle la conciencia a un hambriento, hay que salvarle el hambre! (116). Postula incluso que lo que hay que repartir, en lugar de las sobras, es la tierra: ?Los pobres no tienen nada para vivir. La tierra, toda la tierra, es de los ricos. ?Esto es lo que hay que repartir! ?No los desperdicios del pan!? (117). Frente a esto el Padre Mart?n exclama que eso es comunismo, pero el Padre Gregorio afirma que si no se soluciona la situaci?n los 69 hambrientos se juntar?n, saldr?n a la calle y ??Nos devorar?n a todos! ?A los ricos y a los que defienden a los ricos!? (171). El espacio del campamento se construye como un espacio politizado y de debate. Adem?s de la discusi?n entre Samuel y I?seles, aparecen otros personajes que hablan sobre las causas de la crisis. El Alem?n lleva la situaci?n a un contexto mundial: ?Alemania es como Arjantina. ?Ia, Ia! All?, hau dos clases. La Classa alta y la classa baja. La classa baja lucha por su casa. Y la classa alta lucha por la suia?? (90) y dice que no busca m?s trabajo porque espera a que caiga el capitalismo (91). A su vez, el Maestro de escuela que ?Los atorrantes son una cosa y los desocupados, otra. No hay que confundir. Los atorrantes no escriben la historia. Pero, los desocupados, en esta ?poca, la ocupan totalmente. Desde el A?o 29, la historia, a decir verdad, no habla m?s que de nosotros? (95). Los personajes debaten antes de la llegada de los muchachos que los instan a unirse a la manifestaci?n. Su aporte es plantear la uni?n para la lucha, tal como lo postula el Muchacho 2?: ?Por eso, otra vez vengo a repetir que los obreros desocupados y los obreros ocupados pertenecen a la misma clase explotada y oprimida! ?Y otra vez, vengo a recordar, que esta anoche, debemos hacer sentir nuestra protesta yendo a la ciudad para reclamar lo que nos hace falta: pan y trabajo! ?Vengo a decir que una columna ya se ha puesto en marcha!?. (98) Pero, dentro de esta uni?n, est?n los l?mpenes. El Muchacho 2? se dirige a El Lechuz?n como ?compa?era? y le pregunta si est? enterada de la marcha, a lo que ella le responde: ??Qu? no he de saber yo que hace veinte a?os que ando por estos pagos?? (93) para m?s adelante agregar: ??Decime: es verd? que es contra los ricos? (El otro aprueba con 70 la cabeza.) ?Entonces no me des m?s estruciones! ?Cont? conmigo, no m?s!? (94). El conocimiento te?rico que los muchachos traen al campamento se encuentra y une con el conocimiento te?rico y pr?ctico que ya tienen los habitantes del campamento. En el ?ltimo acto, ?El sitio del campamento? la escena vuelve a ser el campamento de desocupados, ?otra vez en el campo de concentraci?n? (124). Los manifestantes abandonan la ciudad, escapan de la polic?a montada y se refugian nuevamente en el campamento, donde prestan resistencia. Frente a la polifon?a que construye el campamento y la obra a trav?s de los debates, aparece en esta ?ltima escena una ?nica voz que representa la instituci?n represiva del Estado: es ?La voz? de un oficial que s?lo dice ??Rindans?!? (178). En el final la polic?a prende fuego el campamento, porque: ?As? quiere acabar con el hambre? seg?n una de las voces. La amenaza constante a la destrucci?n del campamento, se vuelve un hecho y es lo que, poco tiempo despu?s de publicada la obra, suceder?a en la realidad. 2.3. Las colinas del hambre (1943), de Rosa Wernicke Rosa Wernicke (Pergamino, Prov. de Buenos Aires, 1905 - Rosario, 1971) fue escritora, cr?tica literaria y periodista. Luego de vivir en C?rdoba y Santiago del Estero, en 1934 se radic? en Rosario, Provincia de Santa Fe. All? conoci? al artista pl?stico Julio Vanzo, con quien se fue a vivir al poco tiempo, lo que supuso enfrentar las convenciones de la ?poca al convivir con un hombre que no era su marido (se hab?a casado anteriormente con otro hombre). Colabor? en el Suplemento Literario del diario La Capital, estuvo a cargo de la secci?n de cr?tica literaria del diario La Tribuna y public? en El Hogar, Mundo Uruguayo y Monos y monadas (Baz?n 105-109). En 1938 71 public? la colecci?n de cuentos Los treinta dineros (Primer premio de la Asociaci?n Art?stica del Magisterio de Rosario), Isla de angustia (Primer premio del certamen organizado por la comisi?n Provincial de Cultura de Santa Fe) que incluy? ?El mejor amigo de Sim?n Leseps? (Menci?n de certamen de La Prensa). Las colinas del hambre, su ?nica novela, fue publicada por Claridad en 1943. La historia transcurre en apenas un d?a del a?o 1937 y se centra en las vidas de los habitantes de un espacio marginal de la ciudad de Rosario: el vaciadero municipal. Si bien la novela no transcurre en Buenos Aires, se incluye en esta investigaci?n porque se la considera una obra fundamental por varios motivos: en primer lugar, puede ser considerada la primera novela sobre las villas, si se utiliza una definici?n m?s amplia para englobar diversos tipos de asentamiento informales. En este sentido, Baz?n plantea que es la primera novela latinoamericana que transcurre ?ntegramente en una villa miseria, todav?a antes de que se extendiera el t?rmino para ?designar a los asentamientos irregulares que iban apareciendo a medida que surg?an las grandes ciudades? (114). Tambi?n en la contratapa de la edici?n del 2015 se la nombra como ?primera ?novela de villas??. Como se indic? en el Cap?tulo 1, la cuesti?n de cu?ndo comienzan las villas es un tema complejo. Las villas miseria surgidas a partir de la d?cada de 1940 se enmarcan en una historia de asentamientos o viviendas informales que tienen una larga historia de construcciones precarias en lugares no destinados para este fin con la consecuente falta de servicios b?sicos y de higiene. A esto se suma un Estado que o est? presente a trav?s de su ausencia, o aparece a trav?s de su instituci?n represiva. Sin embargo, esta novela que narra la historia en el basural y vaciadero municipal de Rosario ofrece algunas diferencias en la constituci?n de este asentamiento 72 con respecto a las que aparecer?n despu?s. En principio, con respecto a la relaci?n con la tierra: en esta novela, los ocupantes pagan una especie de alquiler a quien es due?o de esos terrenos, aunque esto no significa que tengan asegurada la permanencia ya que permanentemente asoma la posibilidad de desalojo. Por otro lado, las villas de la siguiente d?cada que se multiplican en Buenos Aires y en los alrededores, responden m?s a una falta de pol?tica habitacional que a la pobreza que aparece en esta novela. En tercer lugar, a finales de la d?cada de 1950, luego del derrocamiento del segundo gobierno de Per?n, es cuando las m?ltiples villas miseria comienzan a aparecer en los medios de comunicaci?n de forma m?s sistem?tica y como parte de un mismo fen?meno que se da en el pa?s37. Es por estas cuestiones que esta novela se trabaja en este cap?tulo y no en el siguiente. Adem?s de su importancia como posible primera novela sobre ?y desde? las villas miseria, la decisi?n de incluirla aqu? est? dada por revalorizar una obra y una autora que no hab?an recibido en su momento y en los a?os posteriores la importancia correspondida. Esta obra tuvo una nueva edici?n reci?n en el a?o 2015. Esta novela, entonces, se destaca por varias cuestiones que justifican su inclusi?n en este trabajo, aunque la historia no suceda en Buenos Aires. Es la primera narrativa argentina que se centra en una villa/barriada/rancher?o y que narra desde ese espacio. Compone una postal del rancher?o a trav?s las pr?cticas de una multiplicidad de personajes cuyas diferentes circunstancias los han llevado a vivir en ese asentamiento. Adem?s, construye este espacio (al igual que en las dos obras trabajadas anteriormente) como separado de la ciudad de la cual forma parte. Esta relaci?n que en 37 Esta cuesti?n ser? retomada y profundizada en el siguiente cap?tulo. 73 primera instancia aparece como de oposici?n se plantea, sin embargo, como mucho m?s compleja. En este sentido, la novela comienza en el centro de Rosario, ?la gran ciudad santafesina con su medio mill?n de habitantes?? (Wernicke 9) que al llegar la primavera tambi?n ?[s]e liberaba, aunque moment?neamente, del espect?culo de una vejez desamparada y de una ni?ez menesterosa y desvalida que sol?a encontrarse con mucha frecuencia, aterida, en los umbrales de los edificios p?blicos?. Sin embargo, para la multitud que vive acelerada y centrada en sus intereses, ?semejante cuadro no encaja en la bullanguera ciudad, pues no hay tiempo que perder, no hay tiempo, ni gana, ni voluntad, ni esp?ritu para la caridad? (9-10). En el mismo centro de la ciudad conviven la riqueza y la pobreza, pero los ?ricos? eligen no ver esa otra imagen de la ciudad. Una vez que el invierno se va y los desamparados ya no se resguardan en los umbrales de los edificios, la ciudad opulenta puede ignorarlos. A continuaci?n, sigue el recorrido de los rayos ?fecundantes y depuradores? (10) del sol que, en un segundo, ?logr? lo que no hac?an en muchos a?os los poderes p?blicos: una extraordinaria labor de embellecimiento edilicio? y que va pasando por la ciudad entera y sus habitantes, que incluye tambi?n los ?charcos de agua estancada?, ?el lomo sarnoso de un perro vagabundo?, ?los ojos de un borracho amanecido en una ?boite? de la calle Mitre? (10). El sol ilumina toda la ciudad y, en ese sentido, tambi?n lo que la ciudad formal no quiere ver: en su recorrido, despliega ?[s]u poder, su alegr?a y su bendici?n [que] ca?an infatigablemente sobre todas las cosas de la tierra. Una pirueta de titiritero lo arroj? sobre las mulas que arrastraban un carro de la maestranza y con la misma presteza cabalg? en las espaldas de un ciruja rezagado que hu?a del centro de la ciudad? (11). A partir de aqu?, la narraci?n sigue el recorrido del ciruja, describiendo de forma detallada 74 la ruta que toma desde el centro de la ciudad hasta el vaciadero municipal en el que vive: El ciruja caminaba lo m?s r?pidamente que pod?a. Iba hacia su barrio, hacia su mundo escondido all?, al otro lado del puente del ferrocarril Rosario a Puerto Belgrano. Primero el asfalto: Urquiza, C?rdoba, Maip?, Avenida Pellegrini, luego el adoquinado: Necochea, Ayolas, Esmeralda, Berruti, Convenci?n y, finalmente, vendr?a el callej?n sin pavimentar hacia el vaciadero. Iba hacia su mundo situado entre un puerto activo, una elegante avenida de circunvalaci?n, todav?a en proyecto, una calle con nombre de piedra preciosa y otra con nombre de pr?cer o de balneario. (11) El recorrido por las calles se?alizadas y organizadas por la mirada urbanista va a marcar luego el contraste con los recorridos que se forman en el andar. La narraci?n visibiliza lo que la mirada corriente se niega a ver o no ve porque ha sido invisibilizado: ?En el l?mite donde terminaba aquella y empezaba la desidia urbana, una hilera de arbolitos incipientes comenzaba a echar ramas y hojas. Pronto se convertir?a en una elegante cortina impenetrable para el ojo humano. Era demasiado hermosa la Avenida Belgrano para que se permitiera, ni en sue?os, que la fealdad del vaciadero municipal malograra su belleza? (11-12). El sol ilumina a los pobres, borrachos y mendigos que los habitantes de la ciudad no quieren ver, pero tambi?n, a los espacios de los que ?[l]a ciudad parec?a avergonzarse?, porque ?deliberadamente hab?ase corrido el tel?n frente a las destartaladas casuchas, cuevas, escondrijos y ranchos que poblaban buena parte de las barrancas? (12). En estas primera p?ginas se reitera constantemente la contradicci?n entre la ciudad formal y la informal que, sin embargo, son parte de la 75 misma: ?? pero, ?qu? es lo que oculta aquella cortina de ?rboles? Lo que oculta es simplemente un mundo miserable y extra?o, un mundo que nada tiene que ver con la fascinadora ciudad, aunque est? dentro de su per?metro? (15). El segundo cap?tulo de la novela comienza con la descripci?n detallada de la organizaci?n de la barriada. Aparecen las referencias de la ciudad legal: ?situado en el barrio Mataderos, exti?ndase hacia el este de la calle Ayolas. Esta calle divide virtualmente a la barriada, atraviesa su propio centro y contin?a en direcci?n al r?o? (17). A esto se agrega la descripci?n de las malas condiciones del terreno en el que est?: ?podr?a decirse que el aspecto caracter?stico de la barriada comienza bajo el puente del ferrocarril Rosario a Puerto Belgrano. Como son terrenos sumamente bajos, cuando llueve el agua se estanca por d?a y semanas? (17). A estas referencias de los mapas oficiales se incorporan las que han sido formadas a trav?s de las pr?cticas del habitar de los personajes: ?Los callejones cruzan la barriada en distintas direcciones, intern?ndose hacia desconocidos lugares y luego salen al paso de improviso, sin permitir sospechar siquiera ad?nde conducen? (17). Pero dentro del territorio del vaciadero existen l?mites internos: ?Una compa??a extranjera ha trazado una l?nea demarcatoria que tiene por objeto deslindar los terrenos del municipio de aquellos otros que pertenecen a la empresa del ferrocarril? (17). Es en ?stos en donde est? ?el rancher?o de lata en el que habitan innumerables familias con su larga prole? (17). Los habitantes le alquilan a la empresa el espacio para viviendas, pero son construcciones precarias no s?lo por los materiales utilizados, sino tambi?n porque la 76 compa??a tiene el derecho de derribarlas en cualquier momento. El ingeniero Ilergetes es el referente de la empresa de ferrocarril y es quien, para los habitantes, es el responsable de gran parte de su sufrimiento ya que ?[p]or su orden se abr?a la calle, se constru?a el terrapl?n, se demarcaba el terreno se?al?ndolo con tirantes de hierro, sin preocuparse por donde pasaran, meti?ndose en las casillas y en los ranchos, derribando paredes, aislando el sucucho donde se cocinaba el cuchitril en donde dorm?a? (222). El ingeniero personifica otros intereses sin dejar de lado a quienes se dirige: ?La compa??a para la cual trabajo tiene derecho a proteger sus intereses. Yo represento a esa compa??a y naturalmente tengo que velar por ellos. Tampoco, escuchen bien, quiero perjudicar a la gente de aqu?. ?Los he echado de sus casas? No los he echado de las casas. ?Y d?nde est?n esas casas? Est?n en el terreno de la compa??a? (226). El vaciadero cuenta con un concesionario para la recolecci?n de desperdicios, actividad a la que se dedican muchos de los que viven all?. Sin embargo, hay una jerarqu?a interna. Por un lado, est? Manuel Fern?ndez, encargado del concesionario que vive en un chalet con su esposa y tres hijos que se distinguen del resto de la gente por el modo de vida y por sus aspiraciones. De hecho, dos de ellos aspiran a casarse con personas del ?centro?. Se da entonces una diferenciaci?n de clases entre los que manejan la concesionaria del vaciadero, y los que trabajan para ellos recogiendo y separando desperdicios. Esteban, uno de los hijos de Manuel Fern?ndez representa el pensamiento del capitalista, mientras que Mart?n Fuentes, habitante de la barriada, el de los explotados. Esteban piensa: ?Ellos, los patronos, eran la energ?a el?ctrica que pon?a en movimiento la enorme maquinaria. ?Qu? se pod?a hacer? Cada uno ocupaba 77 un lugar determinado en la sociedad. Ellos gobernaban y pagaban; los otros ten?an la obligaci?n de producir para ellos? (81). Tambi?n en esta obra aparece una multiplicidad de personajes que confirman el espacio del rancher?o. La historia analiza las vidas de las personas en t?rmino de relaciones capitalistas de explotaci?n y desarrolla de este modo una denuncia sobre la situaci?n de los m?s excluidos. Entre los personajes principales se encuentran Mart?n Fuentes y Juan Ram?n, dos hermanos que se han distanciado. Juan Ram?n, que vive en la ciudad, decide ir a ver a su hermano (enfermo de tuberculosis) luego de ignorarlo por a?os. Al llegar a la villa tiene una mirada completamente reprobatoria del espacio y de sus habitantes. Sin embargo, ?l mismo vive en la ciudad en condiciones incluso peores que la de los pobladores de la barriada: su casa acumula a?os de suciedad y desperdicios. Pero el hecho de no pertenecer a ese espacio y vivir en la ?ciudad? hace que se sit?e por encima de los habitantes del rancher?o. Parad?jicamente, la casa de Mart?n en la barriada es ordenada y se ocupa de limpiarla todos los d?as. ?l es due?o del terreno que le dej? Don Anastasio, antiguo al morir. Mart?n hab?a vivido en la ?ciudad? pero luego de estar preso por un tiempo enferm?. Los dos hermanos se presentan no s?lo como opuestos, sino que sus caracter?sticas no reflejan el espacio que habitan. Mart?n, quien vive al lado del basurero municipal, es limpio, ordenado y un referente en la barriada a quien los dem?s acuden por su honestidad, solidaridad y sentido de la justicia. Juan Ram?n, quien vive en la ciudad, es sucio, taca?o, ego?sta y lleva una vida completamente solitaria. La novela no presenta una mirada idealizada de las personas que viven all?, pero responsabiliza a las injusticias del sistema y la indiferencia de la ciudad por la situaci?n 78 social de los habitantes de la villa. Aunque los personajes tienen cierto poder sobre su situaci?n, en ?ltima instancia, est?n fuertemente condicionados por la estructura econ?mica y social. Esto aparece de forma clara en tres mujeres que deben recurrir a la prostituci?n para sobrevivir: Por las tardes Eulalia, Elena y Elisa hac?an sus escapadas al puerto y acechaban a los marineros borrachos, tent?ndolos con la exhibici?n de sus m?seros encantos. Era por dem?s penoso. Pero seguramente ellas no eran culpables de hacer lo que hac?an. ?Qui?n se hab?a cuidado de su desamparo, de su miseria o de saciar su hambre? (105) Como en varias novelas que tratan sobre la villa, el espacio reconfigura la idea de lo p?blico y lo dom?stico, no solamente en relaci?n con el terreno en el que viven (que puede ser tanto de propiedad privada como espacios p?blicos), sino en cuanto a las actividades cotidianas de sus habitantes. Las condiciones en que est?n construidas las casas hacen que, lo que en otros ?mbitos es privado, aqu? deje de serlo: ?Las mujeres cocinaban, lavaban, despiojaban a sus hijos o disputaban con sus hombres. Ellos se dedicaban a reparar los desperfectos de las miserables viviendas, se ba?aban medio cuerpo arriba, en los tinajones colocados a la vista de todo el mundo, jugaban a las bochas o estaban tranquilamente sentados, ocupados en cebarse mate? (98). El t?tulo de la novela hace referencia a un supuesto accidente geogr?fico que es en realidad producto de la desidia humana: las colinas del hambre son las colinas de basura formadas por los desperdicios de la ciudad legal que la gente desecha y elimina de su vista. La novela, entonces, construye narrativamente el rancher?o o villa a trav?s 79 de las pr?cticas de los personajes y, de este modo, lo visibiliza y denuncia frente a la indiferencia de la ciudad legal. La importancia de la imagen visual aparece tambi?n en las ilustraciones que fueron hechas por el artista rosarino Julio Vanzo, con las que comienza cada cap?tulo de la novela. Los dibujos aparecen incluso antes que el n?mero del cap?tulo y algunos se intercalan en el medio de modo que ilustran literalmente lo que las palabras construir?n. 2.4. Conclusi?n ?$1 en Villa Desocupaci?n?, La marcha del hambre y Las colinas del hambre est?n entre las primeras obras que narran y visibilizan asentamientos de viviendas precarias, posicionando la mirada narrativa desde dentro de estos espacios. De esta forma, cuestionan la ciudad legal, la ciudad-panorama y exponen im?genes que son parte de la ciudad. Adem?s, en las tres aparece una multiplicidad de historias que conforman esos espacios. Ello responde a una visi?n hol?stica donde, m?s all? de las acciones individuales, responsabiliza al sistema por la miseria y las injusticias que sufren sus habitantes. Hay, sin embargo, responsabilidad individual en el sentido de que los personajes tienen la opci?n de entender lo que sucede y pelear o no contra esas condiciones; los que ganan con el sistema eligen mantenerse en un lugar de privilegio, aunque esto implique la explotaci?n y miseria de otros. Tanto en este momento como en el que se trabajar? en el siguiente cap?tulo, hay una intenci?n de visibilizar estos espacios detallando su organizaci?n interna y ofreciendo un mapa que no aparecen en los mapas oficiales. La idea de visibilizar 80 responde, tambi?n, a la met?fora de la visi?n como conocimiento. Esto se ve en la importancia de las artes pl?sticas en la representaci?n de dichos espacios. Estas primeras obras ampliaron los l?mites de los espacios con derecho a la ficci?n. La denuncia se hace a trav?s de obras literarias que, al mismo tiempo, construyen ficciones. Las obras que se trabajan en los siguientes cap?tulos seguir?n difuminando estos l?mites que no son m?s que barreras ilusorias impuestas por una mirada hegem?nica que, es su mirar bien olvida que, en realidad, hay que ?enrarecer? la mirada para realmente ver. En el siguiente cap?tulo se trabaja la novela Villa Miseria tambi?n es Am?rica (1957) de Bernardo Verbitsky junto con el surgimiento de la expresi?n ?villa miseria? en 1955 durante los primero a?os de la autodenominada ?Revoluci?n Libertadora? tras el derrocamiento del segundo gobierno de Per?n. 81 Cap?tulo 3: La fundaci?n literaria de la villa miseria 3.1. Introducci?n En este cap?tulo se trabaja Villa Miseria tambi?n es Am?rica (1957) de Bernardo Verbitsky (Buenos Aires, 1907-1979), la primera novela publicada que narra y visibiliza una villa a partir de la popularizaci?n de la expresi?n ?villa miseria? 38 como forma de nombrar estos espacios informales. Esta denominaci?n apareci? por primera vez en un art?culo escrito por el propio autor en el peri?dico Noticias Gr?ficas39 en octubre de 1955, al poco tiempo del derrocamiento de Per?n y la instauraci?n de la dictadura autodenominada Revoluci?n Libertadora. Si bien no eran los primeros asentamientos informales, las villas que aparecen durante las dos primeras presidencias de Juan Domingo Per?n (Prov. de Buenos Aires, 1895 - 1974) contaron con algunas particularidades y diferencias con las anteriores. Fueron un efecto secundario del proceso de industrializaci?n iniciado durante la d?cada del treinta y profundizado por el peronismo, que alent? un proceso migratorio interno que se conjug? con un d?ficit 38 Esto no quiere decir que sea la primera novela sobre las villas, entendidas en un sentido m?s amplio, ya que, como se trabaj? en el cap?tulo anterior, la primera novela que se reconoce en este sentido es Las colinas del hambre de Rosa Wernicke. Por otro lado, como ya se indic?, hay un registro del uso del t?rmino ?villa miseria? para referirse a asentamientos habitacionales precarios en la d?cada de 1930. Sin embargo, se trat? de un uso eventual y su utilizaci?n no se extendi?. 39 El diario Noticias Gr?ficas apareci? en junio de 1931. Varios de los miembros de su equipo de redacci?n hab?an formado parte del diario Cr?tica. Adem?s, reproduc?a ?su dise?o, su estructura interna y el nombre de sus secciones?. Durante la presidencia de Agust?n Pedro Justo (Concepci?n del Uruguay, Entre R?os, 1876 - Buenos Aires, 1943) de 1932 a 1938 en la ?poca de la llamada ?D?cada Infame?, Noticias Gr?ficas mantuvo una actitud cr?tica hacia el gobierno (Sa?tta, ?Regueros de tinta? 19-21). Entre sus colaboradores estuvieron: Osvaldo Bayer (Santa Fe, 1927 - Buenos Aires, 2018), Pedro Orgambide (Buenos Aires, 1929 - 2003), Ra?l Scalabrini Ortiz (Corrientes, 1898 - Buenos Aires 1959) y Bernardo Verbitsky, quien adem?s de estar a cargo de la secci?n literaria ?Los libros por dentro?, escrib?a noticias en otras secciones. 82 habitacional en las ciudades m?s grandes y, especialmente, en Buenos Aires. Por otro lado, las villas que se trabajan aqu? plantean la posibilidad de una persistencia a largo plazo. Si bien hasta el d?a de hoy subsisten diversas denominaciones (cada una con una connotaci?n diferente) para estos espacios de viviendas informales, a partir de 1955 comenz? a popularizarse el de ?villa miseria? o ?villa? para hablar del conjunto de este tipo de experiencias habitacionales que cuentan con ciertas caracter?sticas espec?ficas. Esta novela no s?lo incorpora estos asentamientos habitacionales a la literatura, sino que, adem?s, lo hace con una mirada narrativa que se posiciona desde una villa fijando como centro del relato un espacio que desde una mirada hegem?nica se ignoraba, invisibilizaba o, como mucho, se constru?a como margen. De este modo, al mismo tiempo que construye literariamente este espacio y lo expone a la sociedad, denuncia las condiciones miserables de existencia. Para el momento de publicaci?n de la novela, la existencia de villas miseria en el pa?s y especialmente en el AMBA era un fen?meno que ya ten?a por lo menos cierto nivel de difusi?n. Pero, adem?s, ciertas notas en los medios de comunicaci?n gr?fico, as? como manifestaciones y pol?ticas estatales, estaban conformando im?genes de las villas de una forma negativa, como espacios habitados por personas de moral degradada, poco incentivo hacia el trabajo y falta de higiene, entre otras cuestiones. Este cap?tulo propone que Villa Miseria tambi?n es Am?rica construye literariamente una de estas villas desde una voz narrativa que se posiciona como centro del relato cuestionando el binomio de centro y periferia. De esta forma, ayuda a seguir visibilizando estos espacios que, por el contexto pol?tico, hab?an tratado de ocultarse y, al mismo tiempo, los incorpora a la ficci?n de forma que sigue expandiendo los l?mites de lo tratado en la literatura, en consonancia con las obras 83 trabajadas en el cap?tulo anterior. Cabe agregar que ofrece una preponderancia de im?genes visuales para construir y mostrar dichos espacios: frente al ocultamiento que se hab?a dado en los a?os anteriores la imagen visual funciona como met?fora de dar a conocer. Pero esta construcci?n literaria, adem?s de oponerse al ocultamiento, tambi?n discute el imaginario que se estaba construyendo por parte de algunos medios gr?ficos y del gobierno, de forma que no s?lo est? en juego la visibilizaci?n sino tambi?n las im?genes que sirven para hacerlo. As?, se plantea aqu? que la Villa Miseria ? protagonista de la novela? es construida a trav?s de las pr?cticas de sus habitantes, lo que resulta en un espacio de resistencia frente a la ciudad-panorama que la ignora y a los estereotipos que se estaban formando alrededor de ella. Esto lo hace a trav?s de un realismo social que incorpora el an?lisis del sistema econ?mico para dar cuenta de la situaci?n de parte de los trabajadores que parecen quedar excluidos de la clase trabajadora que se constituye como base popular del peronismo. Para proceder, en primer lugar, se explica el proceso que lleva a la multiplicaci?n de las villas a partir de la d?cada de 1940 y hasta los primeros a?o de la Revoluci?n Libertadora. En segundo lugar, se trabaja la aparici?n del t?rmino ?villa miseria?, as? como el proceso de visibilizaci?n del fen?meno en los medios de comunicaci?n gr?ficos. Este punto es importante para, por un lado, comprender el contexto de publicaci?n de la novela y, por el otro, entender la estrecha relaci?n que la novela de Verbitsky tiene con las propias noticias publicadas en Noticias Gr?ficas y con las im?genes de las villas que sectores de la ?lite tradicional y el gobierno estaban construyendo sobre ellas. Se incorporan en este apartado alusiones al ?Plan de emergencia? elaborado por la Comisi?n Nacional de la Vivienda (CNV) ?organismo 84 creado en 1956 por el Ministerio de Trabajo? en el que se analiza y se busca una soluci?n a este ?problema?. En tercer lugar, se analiza la novela Villa Miseria tambi?n es Am?rica, seguida por la reacci?n de la cr?tica y los cambios que se produjeron en las ediciones subsiguientes. Finalmente, se presenta un panorama de otras obras literarias, cinematogr?ficas y pl?sticas que trabajaron y expusieron las villas miserias inmediatamente despu?s de la visbilizaci?n del fen?meno. La publicaci?n de la primera novela sobre la villa miseria no puede desligarse del contexto hist?rico y pol?tico, no solamente porque como fen?meno es un producto de un desarrollo econ?mico, social y pol?tico determinado, sino porque la posibilidad de publicar esa obra fue consecuencia directa de los eventos pol?ticos de la ?poca. El AMBA fue donde se ha concentrado gran parte de las villas desde sus surgimientos. All? se dio una conjunci?n entre un movimiento migratorio interno y posteriormente externo, especialmente atra?do por las industrias concentradas en el Conurbano Bonaerense como resultado de un incipiente proceso de industrializaci?n por sustituci?n de importaciones profundizado durante los gobiernos peronistas, una escasez de vivienda y una deficiente pol?tica habitacional. Entre 1936 y 1947 Buenos Aires creci? un 23% a causa de la migraci?n rural (de la Torre 103) a lo que se sum? en 1944 la entrada en vigencia del Primer C?digo de edificaci?n que exig?a un 15% m?nimo no edificable del terreno (114) junto con una fuerte suba en los alquileres. El gobierno de facto que hab?a asumido luego del golpe de Estado de 1943, llamado la ?Revoluci?n del 43?40 (1943-1946) ensay? medidas como la del ?Estatuto del Pe?n? en 1944, que intent? contener el ?xodo del campo, as? como la estatizaci?n de la 40 Este golpe signific? el final de la ?D?cada infame?. 85 Corporaci?n de Transportes, que supon?a la ampliaci?n de la red de colectivos para incentivar que los trabajadores pudieran vivir por fuera de la ciudad, pero con acceso cotidiano a sus puestos de trabajo. Tambi?n se estableci? un impuesto a los terrenos bald?os para intentar impulsar la construcci?n. Con respecto a los alquileres, en 1943 el decreto n?mero 1580 estableci? la baja en los precios de locaci?n, as? como la imposibilidad de desalojar inquilinos hasta a?o y medio despu?s del vencimiento de sus contratos; tambi?n los juicios por desalojo fueron congelados por ese mismo periodo de tiempo, medidas que buscaban beneficiar al 82% de la poblaci?n que era arrendataria. Sin embargo, las estrategias implementadas para alentar la edificaci?n tuvieron el efecto contrario al esperado: se paraliz? la construcci?n y hubo menor inter?s de parte de inversores privados con la consecuente desaparici?n de ofertas de alquiler (de la Torre 121-123). Las elecciones de 1946 dieron como ganador a Juan Domingo Per?n quien, durante el periodo dictatorial anterior, hab?a ocupado los cargos de secretario de Trabajo y Previsi?n, ministro de Guerra y vicepresidente de la Naci?n hasta que en 1945 fue obligado a renunciar y fue encarcelado en la Isla Mart?n Garc?a. Seg?n Gamarnik, desde la cartera de Trabajo, Per?n ?construy? una relaci?n afectiva y pol?tica con esos sectores hist?ricamente despreciados o ignorados por otros actores pol?ticos sobre la base de su carisma, del otorgamiento de ventajas econ?micas concretas y de demandas, por mucho tiempo insatisfechas?41. El encarcelamiento de 41 Entre estas ventajas resaltan la ?expansi?n en los beneficios jubilatorios, mejores indemnizaciones por accidentes de trabajo, aguinaldos, m?s cantidad de d?as de vacaciones pagas y nuevas cl?usulas de defensa de la estabilidad para varios gremios? adem?s de la Ley de Asociaciones Profesionales y el Estatuto del Pe?n, que otorgaba derechos b?sicos a un sector hist?ricamente desprotegido, lo que gener? una oposici?n de las patronales que se conjug? con ?casi todas la prensa, las universidades, la 86 Per?n gener? la famosa movilizaci?n espont?nea del 17 de octubre de 1945 hacia la Plaza de Mayo para pedir su liberaci?n: ?una multitud nunca antes vista en el elegante centro de la ciudad: pobres, algunos sin saco, mal vestidos o incluso en patas. Muchos de ellos eran de piel morena. Ven?an de las barriadas humildes de Buenos Aires y tambi?n de las afueras, donde se multiplicaban las f?bricas y se api?aba el pobrer?o? (Adamovsky, Historia de las clases 172). Para muchos de ellos constituy? ?la primera vez que iban a la Capital. Miles de personas atravesaron el Riachuelo y la General Paz ?fronteras f?sicas, pero tambi?n simb?licas? porque sent?an que quien los defend?a estaba en peligro? (Gamarnik). Esa fecha ?estallaron las clasificaciones que hasta entonces ordenaban la vida pol?tica y social en Argentina. Lo popular, ignorado y denigrado, emergi? a la visibilidad p?blica? (Gamarnik) y lo hizo frente al centro de poder. Esto qued? retratado en la fotograf?a conocida como ?Las patas en la fuente?42, imagen que se convirti? en ?cono de los inicios del peronismo. ?El 17 de octubre fue le?do por la ?lite pol?tica, econ?mica, cultural y medi?tica de entonces en t?rminos de civilizaci?n y barbarie? (Gamarnik), binomio arraigado en la historia argentina que se reactualizar?a de forma significativa a partir de este d?a y especialmente en los siguientes a?os, cuando se hicieron presentes los que para varios sectores blancos y porte?os pasaron a ser ?cabecitas negras?43. Seg?n Adamovsky: [l]as ?lites que construyeron la naci?n argentina lo hicieron postulando que ella se encarnaba en un pueblo blanco-europeo. A fines del siglo XIX los habitantes mayor parte de la gente de la cultura y buena proporci?n de los sectores medios [que tambi?n] participaron del movimiento opositor? (Adamovsky, Historia de las clases 174-175). 42 La fotograf?a ?es de autor?a an?nima, qued? conservada en el Archivo General de la Naci?n y fue tomada alrededor de las cinco de la tarde? (Gamarnik). 43 Esta expresi?n racista surgi? durante la d?cada de 1940 como mote para los migrantes internos de clases populares que por el desarrollo industrial se asentaban en Buenos Aires y los alrededores. 87 de origen amerindio y africano fueron declarados extintos o reconocidos como un residuo del pasado ya sin peso y en v?as de desaparici?n, por efecto del enorme torrente inmigratorio europeo. Las narrativas que dieron consistencia a una identidad nacional se construyeron, de ese modo, alrededor de la idea de que el ?crisol de razas? hab?a dado como resultado una ?raza argentina? que era perfectamente blanca y de origen europeo. En su funcionamiento pr?ctico, el mito del crisol de razas no exclu?a de la pertenencia a la naci?n a las personas de otros colores de piel o extracciones ?tnicas. M?s bien, las forzaba a ?disimular? cualquier marca de su origen diverso, como condici?n para participar como ciudadano en la vida nacional. (?El color de la naci?n? 343) Buenos Aires, ciudad que se pretend?a europea, ?pice del discurso falaz de una Argentina blanca, vio a partir de ese momento c?mo los sectores populares ocupaban cada vez m?s espacios pol?ticos, sociales y geogr?ficos. La expresi?n ?aluvi?n zool?gico? ?utilizado por el diputado de la Uni?n C?vica Radical, Ernesto Sammartino en 1947? y el de ?cabecita negra? 44 tienen una base tanto racista como clasista. 44 En 1962 el escritor Germ?n Rozenmacher (Buenos Aires, 1936 - Mar del Plata, Prov. de Buenos Aires 1971) public? el cuento titulado ?Cabecita negra? que ha sido le?do por algunos como una respuesta o reelaboraci?n del cuento ?Casa tomada? (Bestiario, 1951) de Julio Cort?zar (Bruselas, B?lgica, 1914 - Par?s, Francia, 1984), para muchos una alegor?a sobre la ?invasi?n? del peronismo. En la entrevista que el periodista espa?ol Joaqu?n Soler Serrano le hizo al escritor en 1977 para el programa espa?ol ?A fondo?, Cort?zar expres? que fue ?una sorpresa enterarse de que exist?a esa versi?n?. Explic? que fue ?el resultado de una pesadilla? en la que ?algo que no se pod?a identificar me desplazaba poco a poco a lo largo de las habitaciones de la casa hasta echarme de la casa?. Sin embargo, agreg?: ?Esa es mi lectura del cuento, esa interpretaci?n de que quiz? yo estaba traduciendo mi reacci?n como argentino frente a lo que suced?a en la pol?tica no se puede excluir. Porque es perfectamente posible que yo haya tenido esa sensaci?n que en la pesadilla se tradujo de una manera fant?stica, de una manera simb?lica. A m? me parece v?lido como posible explicaci?n, no es la m?a?. 88 La f?rmula Per?n-Quijano45 gan? las elecciones de 1946 y as? se inici? el primer mandato peronista. En 1952 fue reelegido, pero su gobierno fue interrumpido en 1955 por la autoproclamada ?Revoluci?n Libertadora?, por lo que se exili? en Paraguay46. Ballent y Liernur establecen que durante los dos primeros gobiernos peronistas se propuls? la construcci?n de viviendas, pero sin una clara direcci?n pol?tica en cuanto a su localizaci?n. En el marco del crecimiento de la actividad industrial, se intent? la distribuci?n de industrias en el interior del pa?s, pero esto no impidi? que las f?bricas se concentraron en el AMBA, lo que acrecent? la migraci?n hacia esta zona47. Esto, sumado al congelamiento de los precios de alquiler, produjo un estancamiento en la construcci?n que gener? ?el surgimiento de nuevos asentamientos, no in?ditos por su precariedad, pero s? por su magnitud y velocidad de crecimiento? (327). Los planes de vivienda del peronismo estaban enfocados en los trabajadores sindicalizados y las situaciones de extrema precariedad eran atendidas por la Fundaci?n Eva Per?n, con lo cual el gobierno no desarroll? pol?ticas diferenciadas y espec?ficas para los habitantes de las villas (327) que, en sus inicios, ten?a mayor?a de trabajadores no sindicalizados (330). En 1952 se cre? en la Capital Federal una comisi?n para el estudio de ?barriadas de construcci?n improvisada?, lo que supuso un reconocimiento 45 Juan Hortensio Quijano (Corrientes, 1884 - Buenos Aires, 1952) fue vicepresidente de la Naci?n durante el primer mandato de Per?n y fue reelegido en 1951, pero falleci? antes de poder asumir. Si bien pertenec?a a la Uni?n C?vica Radical (UCR), desde 1943 fue parte de un grupo de radicales que apoy? a Per?n y en 1945 fund? junto a otros la Uni?n C?vica Radical Junta Renovadora, que en 1947 se fusion? con el Justicialismo. Es tomado como ejemplo de colaboraci?n entre radicales y peronistas. 46 Tras un golpe de Estado, Paraguay estuvo gobernada por Alfredo Stroessner desde el 15 de agosto de 1954. 47 Seg?n Daniel James: ?El n?mero de establecimientos industriales aument? de 38.456 en 1935 a 86.440 en 1946, a la vez que el n?mero de trabajadores de ese sector pasaba de 435.816 a 1.056.673 en 1946? (20). Adem?s, ?hacia 1947, alrededor de 1.368.000 migrantes del interior hab?an llegado a Buenos Aires atra?dos por el r?pido crecimiento industrial. [?] Si bien la econom?a industrial se expandi? r?pidamente, la clase trabajadora no fue beneficiada por ese proceso? (21). 89 del problema ?particular, complejo y relativamente nuevo?, que quedaba al margen de los planes de vivienda que se hab?an desarrollado (327). El 23 de septiembre de 1955, el Gral. Eduardo Lonardi (Buenos Aires, 1896 - 1956), quien el 16 del mismo mes hab?a encabezado el golpe de Estado a Per?n, asumi? como presidente de la Naci?n con una tendencia nacionalista y m?s conciliadora con los sindicatos de lo que otros sectores militares aprobaban, lo que demostr? en su discurso de asunci?n en el que retom? la frase de Urquiza tras la batalla de Caseros de 1852: ?Ni vencedores, ni vencidos?. El 13 de noviembre fue obligado a renunciar y asumi? la presidencia Pedro Eugenio Aramburu48 (C?rdoba, 1903 - Prov. de Buenos Aires, 1970), militar con una clara tendencia antiperonista y cercano a los sectores m?s liberales (Gonz?lez Duarte 91)49. El objetivo de la Revoluci?n Libertadora fue entonces ?desperonizar la sociedad?50 en todos los aspectos y ?reas. Fue a partir de este periodo 48 Aramburu se mantuvo en el poder hasta el final de la Revoluci?n Libertadora en 1958, cuando asumi? Arturo Frondizi (Corrientes, 1908 - Buenos Aires, 1995) de la UCR Intransigente, mediante elecciones en las que Per?n segu?a proscripto. Gan? con el apoyo del voto peronista por un supuesto pacto con Per?n, pero fue derrocado por un golpe militar en 1962. 49 Spinelli plantea que el antiperonismo que apoy? y llev? a cabo el golpe de Estado no era homog?neo en la sociedad, en los partidos pol?ticos y en el gobierno. Distingue tres l?neas: un ?antiperonismo tolerante? representado por Lonardi, un ?antiperonismo radicalizado? representado por Aramburu y un ?antiperonismo optimista? representado por la Uni?n C?vica Radical del Pueblo. Explica que ?[i]ndependientemente de los matices, todas coincidieron en que la desperonizaci?n era necesaria, pero se distanciaron en los m?todos para llevarla a cabo. La lucha entre ellas entablada, incorpor? un nuevo ingrediente al conflicto peronismo-antiperonismo, una crisis de autoridad que se proyectar?a durante la siguiente d?cada? (2). 50 El 30 de noviembre de 1955 se disolvi? el ?partido peronista? por un decreto del Poder Ejecutivo y se mantuvo proscripto al peronismo hasta 1973. Adem?s, el 5 de marzo de 1956 la Revoluci?n Libertadora prohibi? el uso de la iconograf?a peronista e incluso de los nombres Per?n y Evita a trav?s del decreto 4161. Frente a esto, la UCR se dividi? en dos: la UCR Intransigente, que estaba en contra de la proscripci?n, y la UCR del Pueblo, que la aceptaba. La exclusi?n del peronismo de las elecciones, que constituy? la eliminaci?n para una gran parte de la poblaci?n de una representaci?n pol?tica, as? como el rol de ??rbitro? que se adjudicaron los militares, llev? a un periodo de gran inestabilidad pol?tica que Guillermo O?Donnell denomin? el ?juego imposible? en su libro Modernizaci?n y autoritarismo (1973): era imposible para los partidos no peronistas acceder y/o mantenerse en el poder, frente al peronismo proscripto y bajo la tutela de los militares. Esto se prolong? hasta que, en 1966, mediante la autoproclamada Revoluci?n Argentina, los militares volvieron a tomar y ocupar el gobierno de forma directa (180-213). 90 cuando se consolid? el debate p?blico sobre las villas que fueron entendidas como una ?anomal?a? (Ballent y Liernur 327-328) a partir de lo cual entraron en el campo de visibilidad de la t?cnica y la pol?tica de la autobautizada ?Revoluci?n Libertadora?: la Comisi?n Nacional de la Vivienda promovi?, en 1956, el primer Censo de Villas de Emergencia, que indic? 21 villas en la Ciudad de Buenos Aires y 41 en el Gran Buenos Aires, que albergaban algo menos del 2% de la poblaci?n del ?rea metropolitana. Al mismo tiempo, se proyectaron los primeros planes de erradicaci?n de villas a conjuntos transitorios, de los cuales fue poco lo ejecutado (328). 3.2. Contexto y surgimiento de las villas en los medios de comunicaci?n gr?ficos Durante los dos primeros gobiernos de Per?n, si bien las villas eran una realidad, no fueron una cuesti?n reconocida p?blicamente. En este sentido, el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 y el comienzo de la Revoluci?n Libertadora estuvo estrechamente ligado a su aparici?n en los medios de comunicaci?n. El an?lisis de las noticias publicadas en el peri?dico Noticias Gr?ficas en los meses previos y posteriores al golpe de Estado dan cuenta de esto y de c?mo era tratada la problem?tica de la vivienda en general. Para esta investigaci?n se analizaron las ediciones del peri?dico entre julio de 1955 y diciembre de 1956. Si bien el objetivo original era examinar la noticia en la que por primera vez aparece el t?rmino ?villa miseria? ?el 21 de octubre de 1955?, tambi?n se identificaron art?culos en lo que la cuesti?n de la vivienda pas? a ser el ?problema de la vivienda?51, as? como las denuncias contra el 51 M?s adelante se explica en qu? momento la cuesti?n empez? a aparecer como el ?problema de la vivienda?. 91 peronismo a partir del golpe de Estado. Esto permiti? establecer un contexto m?s general para la aparici?n de las villas en los medios gr?ficos. A su vez, se revisaron otros peri?dicos de alta circulaci?n de la ?poca (La Naci?n, La Prensa, Clar?n, La Raz?n y Cr?tica52) en los d?as inmediatamente posteriores al 21 de octubre para establecer si incorporaron y de qu? modo informaci?n sobre las villas. En Noticias Gr?ficas, la problem?tica de la escasez de viviendas accesibles en las ciudades aparece como tema recurrente en los meses previos al golpe a trav?s de noticias que se enfocan en medidas estatales. Por ejemplo, el 21 de julio de 1955 aparece una nota en la que se hace referencia a pr?stamos del Banco Naci?n para la construcci?n, refacci?n o ampliaci?n de viviendas rurales y se hace notar que ?al auspiciar de esta manera el afincamiento de la familia agraria, se contribuir? a atenuar la desproporci?n entre la poblaci?n urbana y rural, que en la actualidad est? respectivamente representada por el 62,5% y el 37,5%, situaci?n que s?lo puede atribuirse a las mejores condiciones de vida que gozan las ciudades? (?La vivienda Rural?)53. A su vez, el 6 de septiembre de 1955 aparece otra nota sobre una 52 La Prensa fue fundada en 1869 por Jos? C. Paz (Buenos Aires, 1842 - Montecarlo, M?naco, 1912), representante de la Generaci?n del 80. La Naci?n fue fundado en 1870 por Bartolom? Mitre (Buenos Aires, 1821-1906) dos a?os despu?s de terminar su mandato como presidente. Ambos ?son ejemplos del nuevo esp?ritu liberal impregnado en el pa?s sobre Las bases de Juan Bautista Alberdi, aunque en ambos casos se incorporasen elementos de tinte conservador. [?] Estos dos diarios ?de matriz conservadora? establecer?an fuertes lazos con el poder pol?tico? (Rapoport y Seoane 231). Clar?n fue fundado en 1945 por Roberto Noble con un dise?o de tipo tabloide. Inicialmente estuvo orientado a la poblaci?n porte?a. Su expansi?n en la d?cada del setenta estuvo dada, entre otras cuestiones, por la muy cuestionada integraci?n de Papel Prensa, ?nica f?brica de producci?n de papel de diario en Argentina, en el marco de la ?ltima dictadura c?vico-militar. La Raz?n fue fundado en 1905. Durante la d?cada del treinta, la llamada ?D?cada infame?, tuvo v?nculos con los distintos gobiernos. En la d?cada de 1940 ocupaba el cuarto lugar en ventas. En el segundo gobierno de Per?n fue absorbido por ALEA, la cadena estatal de medios. La Revoluci?n Libertadora intervino el diario, aunque luego fue devuelto a sus due?os originales (Chiochetti). Finalmente, ya se ha dado informaci?n sobre el diario Cr?tica en el cap?tulo anterior. 53 Se ha actualizado el estilo del uso de may?scula y min?scula en los t?tulos de todas las noticias citadas en este trabajo. 92 modificaci?n del C?digo de Edificaci?n realizada por la Intendencia Municipal con respecto a la divisi?n de predios y sus dimensiones m?nimas requeridas con el fin de estimular la construcci?n de edificios (?Modifican una disposici?n municipal?). En la misma p?gina se informa sobre la Comisi?n de la Vivienda y sus reuniones para tratar ?temas relacionados con la vivienda y la ley de alquileres? (?Volver? a reunirse?). El 16 de septiembre el diario da cuenta de la insurrecci?n militar contra el gobierno de Per?n en la totalidad de su portada bajo los t?tulos ?Implant?se el Estado de Sitio en todo el pa?s? y ?Fuerzas leales de todo el pa?s convergen hacia focos rebeldes?. Una vez que el golpe triunf?, los principales medios de comunicaci?n gr?ficos vieron en el r?gimen de facto la posibilidad de recobrar la ?libertad de prensa?. Esto aparece en una nota del 24 de septiembre en la que se recopilan los telegramas enviados al general Eduardo A. Lonardi ?primer presidente de facto del periodo? por parte de la Federaci?n Argentina de Periodistas, la Uni?n Recorridos de Diarios de la Tarde y la Unidad Gr?fica bajo el t?tulo ?Periodistas y gr?ficos solicitan al Gral. Lonardi la libertad de prensa? en la que se denuncia al gobierno de Per?n como una ?dictadura? y la persecuci?n de los ?ltimos a?os. En unos pocos d?as Per?n pasa de ser nombrado como el ?General? a ser referido como ?el dictador? o ?el tirano?; el peronismo se convierte en la ?dictadura? o ?el r?gimen? y se multiplican las denuncias de torturas ?algunas con uso de picana el?ctrica incluida54? y de corrupci?n55. 54 La picana el?ctrica, herramienta de tortura que fue ampliamente utilizada durante la dictadura de 1976 a 1983, fue inventada aparentemente por Leopoldo ?Polo? Lugones (1897-1971) ?hijo del escritor? durante el gobierno dictatorial de Jos? F?lix Uriburu (Salta, 1868 - Par?s, Francia, 1932) de 1930 a 1932, cuando se desempe?aba como jefe de la Secci?n de Orden P?blico de la Polic?a de la Capital Federal. 55 A modo de ejemplo, pueden citarse las noticias: ?Fue detenido en La Plata un torturados especializado en la picana el?ctrica? (2 de octubre), ?Solicitan sean investigadas las torturas policiales del r?gimen? (3 de octubre), ?Hasta polic?as tortur? la dictadura por pedir mejoras en sus sueldos? (18 93 El problema habitacional ?que incluye la construcci?n, el precio de los alquileres y los asentamientos precarios? pasa a tratarse con profundidad despu?s del golpe. Adem?s, cambia la forma de nombrarlo: de ser un tema o una cuesti?n, pasa a ser el ?problema de la vivienda?56 adem?s de una consecuencia directa del peronismo. En este contexto, el 21 de octubre, a poco m?s de un mes del derrocamiento de Per?n, aparece la primera noticia que incluye el t?rmino ?villa miseria? y que casi inmediatamente comienza a ser usado en otros peri?dicos. Si bien la nota no est? firmada, pertenece a Bernardo Verbitsky, tal como lo reconoce en un art?culo de 1964: Esa fue la primera vez que se emple? la expresi?n Villa Miseria, surgida enteramente al correr de la m?quina y que dej? escrita a pesar de que recuerdo muy bien que yo era consciente de que esa denominaci?n, la m?s adecuada al aspecto de esos barrios, era equ?voca en cuanto a las circunstancias que la determinaban, y que entonces ya conoc?a por mi prolongado contacto anterior. (?Villamiseria? 45) Esta primera nota es fundamental en varios sentidos: en primer lugar, visibiliza la situaci?n de un barrio precario ubicado en Ciudadela, Provincia de Buenos Aires, que el periodista hab?a estado recorriendo en los ?ltimos meses. El hecho de que la noticia haya sido publicada apenas asumido el r?gimen dictatorial supone que antes no era posible hablar de estos espacios, adem?s de usarse como otro de los temas con que de octubre), ?Ya se va viendo cu?l era la obra social? (8 de noviembre), ?Dict?se la prisi?n preventiva, por torturas, al ex comisario Ben?tez? (12 de noviembre), ?Por orden expresa del tirano clausuraron la f?brica ?Mu-Mu? y ?La vanguardias? (25 de noviembre). 56 A modo de ejemplo, pueden citarse las noticias: ?Coopera la intervenci?n en el Congreso en la soluci?n del problema de la vivienda? (4 de octubre), ?Dio directivas el presidente para elevar el nivel de vida; tratar?n sobre la vivienda y la ocupaci?n? (5 de diciembre), ?Dar? soluci?n a un agudo problema el Instituto de la Vivienda de Buenos Aires? (22 de enero de 1956), ?Fue aprobado un plan de urgencia para la fabricaci?n de viviendas populares (24 de enero de 1956). 94 se arremete contra Per?n. En segundo lugar, las villas comienzan a aparecer p?blicamente como una realidad que se ha multiplicado junto con lo que, con el tiempo, pasar? a ser una de las expresiones m?s populares para englobar el fen?meno. Adem?s, este art?culo es la base para la novela que Verbitsky publicar? dos a?os despu?s. Esta noticia ocupa casi una p?gina entera del diario. La volanta declara ?Debe conocer el pueblo la otra cada de la moneda demag?gica? y el t?tulo ?Ning?n privilegiado hab?a en VILLA MISERIA. Monstruosa creaci?n de un r?gimen de mentida ?justicia social?? (Anexo 2). Aqu? se destaca el uso del t?rmino ?villa miseria? y la conexi?n con los gobiernos de Per?n como su origen y causa. Con respecto al primer punto, la noticia utiliza la expresi?n ?villa miseria? tanto para referirse a Villa Maldonado, el barrio informal espec?fico sobre el que trata el art?culo, como para nombrar al resto de los asentamientos precarios con caracter?sticas similares. Sin embargo, m?s adelante tambi?n se utiliza ?Villa Cart?n? ?nombre de otra de las villas? como nombre gen?rico. Con respecto al segundo punto, la nota se enfoca en denunciar al gobierno peronista desde el inicio: la primera oraci?n, ?Los ?nicos privilegiados son los ni?os? (la famosa frase de Per?n), es seguida inmediatamente por ??serv?a para encubrir situaciones como ?sta que ahora se puede revelar. Pues debe hacerse notar que durante la pasada d?cada estaba absolutamente prohibida toda referencia a estos barrios?. Esto plantea como falacia uno de los puntos m?s importantes del discurso peronista. Desde el principio la nota trabaja dos cuestiones centrales: primero, la existencia de estos barrios; segundo, que el peronismo no s?lo decidi? ignorarlos, sino que los ocult? activamente de la opini?n p?blica. Por eso, en esta primera exposici?n, hay una descripci?n bastante detallada de Villa Maldonado. Indica que la poblaci?n 95 que vive all?, ?dos mil personas, trescientas o cuatrocientas familias?, son ?gente de trabajo. Son familiares de obreros que carecen de vivienda adecuada. No encuentran pieza, no pueden pagar un departamento y se han visto obligados a levantar su casilla en el lugar?. Se enfatiza que ??forman parte del pueblo trabajador? y que han debido construir sus casas de esa forma por la escasez de vivienda. Adem?s, se hace hincapi? en la organizaci?n interna del barrio que cuenta con una ?comisi?n de vecinos? que son adem?s el contacto con el periodista y que presentan al gobierno cuatro problemas que piden que se resuelvan en el corto plazo: la seguridad de no ser desalojados ?el due?o del terreno lo reclama, lo que es ?[l]a gran amenaza que pende sobre esa gente? ?, agua corriente ?s?lo hay dos bombas de agua para toda la poblaci?n?, desag?es ?para evitar las grandes inundaciones que les impiden salir de all? cuando llueve? y la recolecci?n de residuos. A mediano plazo, su esperanza es que se construya en ese mismo lugar un monoblock de departamentos. Con respecto a la actitud del peronismo, la nota denuncia que ?[l]a ?nica vez que el gobierno depuesto se ocup? de estas Villa Cart?n que cubren las orillas de la ciudad y que est? en muchos casos dentro de sus l?mites y a?n en lugares c?ntricos, resolvi? incendiar uno de esos barrios, quemando las casillas, forzando de este modo un desalojo colectivo?, hecho al que se le ?dio la menor publicidad posible?. Seg?n esta nota, el Estado se hac?a presente casi exclusivamente trav?s de su aparato represivo (Althusser 28)57: ?el ?nico contacto que han tenido con el mundo gubernativo es el de la persecuci?n policial?. Es por esto que se reitera a lo largo del art?culo la necesidad 57 Althusser diferencia entre la pluralidad de los ?aparatos ideol?gicos del Estado? (que incluye entre otros las instituciones religiosas, educativas, familiares, jur?dicas, culturales) y el ?aparato represivo del Estado? que es uno (28-29). 96 de que la poblaci?n conozca, o sea ?vea?, estas villas miseria: ?La gente debiera verlo y el gobierno a su vez debe encarar el problema que comporta la existencia de estos barrios?, ?? es preciso verlos para saber c?mo se debe remediar inconvenientes como los que se hacen visibles?. En este mismo sentido la nota presenta tres fotograf?as, dos de ellas de gran tama?o y en partes centrales de la p?gina, ya que ?[l]as fotos han de ilustrar al lector mejor que otras referencias?. ?stas enfocan ni?os y construcciones precarias: ?incluyen las viviendas y los llamados ?ba?os? (?) inmundas casillas, muchas de ellas medio abiertas o mal cerradas por arpillera desflecada?, adem?s de grupos de chicos ?atra?dos sobre todo por la presencia del fot?grafo quien ha podido documentar todo esto que estamos denunciando y que todos por s? mismo deber?an comprobar?. Otro de los puntos en que la noticia hace hincapi? es en reafirmar una y otra vez que las villas son parte de las ciudades y que algunas incluso se encuentran en lugares c?ntricos: ?Las Villas Miseria se multiplican por todas partes, como un s?mbolo de la oculta podredumbre de un sistema. Existen en las orillas de la ciudad y se levantan inclusive dentro de su ejido, como sucede con Villa Garay, en un lugar insospechado; a pocas cuadras de Constituci?n?. Para conocer estos lugares es preciso verlos y, as?, contrarrestar la invisibilizaci?n a la que han sido expuestas. A partir de esta primera publicaci?n, aparecen otras sobre Villa Maldonado en Noticias Gr?ficas58. Pero a los pocos d?as hay un hecho que contribuye a la 58 En ?S?lo una bomba funcionaba en Villa Maldonado? (26 de octubre) se usa s?lo el nombre propio del barrio; en ?Para pobres? (27 de octubre) se denuncia que, durante el periodo peronista, monobloques destinados a empleados y obreros ?estaban ocupados por los favoritos del r?gimen?, incluido el ?torturador Amoresano? mientras que los obreros se hacinaban ?en Villa Maldonado y en todas las Villas Cart?n? que se encuentran fuera y dentro del Gran Buenos Aires. 97 visibilizaci?n de las villas y la expansi?n del t?rmino ?villa miseria?: en la madrugada del 6 de noviembre se produce un incendio en Villa Maldonado y Noticias Gr?ficas publica la noticia en un art?culo que titula ?En ?Villa Miseria? ardieron 40 viviendas construidas con cajones, chapas y cart?n?, bajo tres fotograf?as que ilustran las condiciones en las que quedaron las zonas afectadas. El art?culo se refiere al lugar como ?barrio de emergencia?, ?Villa Maldonado?, ?Barrio Quijano?, ?m?s conocido como Villa Miseria? e indica que a?n no se sabe c?mo empez? el fuego, aunque los moradores piensan que pudo haber sido intencional ya que se hab?a pedido el desalojo de las familias que ocupan el lugar. En la nota se habla tambi?n de que el peronismo foment? las ?Villas Cart?n?, con el calificativo ?barrios de emergencia?. El d?a 12 del mismo mes, bajo el t?tulo ?Fueron entregadas ya viviendas de emergencia a varias familias de Villa Tranquila?, se publica una nota en la que se habla de las carpas que la Marina entreg? a las familias que se quedaron sin vivienda luego del incendio, con lo cual, se suma otro nombre m?s a este barrio precario. All? se expresa que ?[n]uestras denuncias primero y el incendio por ?ltimo, han suscitado el inter?s oficial por la suerte de familias obreras que necesitan una vivienda digna de ese nombre y esta es la hora en que se est?n estudiando verdaderamente las posibilidades de ubicar a tanta gente en casas o departamentos decentes?. Por su parte, las ediciones de los peri?dicos Cr?tica, La Raz?n, La Prensa, Clar?n y La Naci?n del mismo d?a del incendio, as? como de los d?as inmediatamente posteriores, dan cuenta de la exposici?n de Villa Maldonado y, a su vez, de la forma en que se la nombra. La Naci?n dedica un peque?o espacio a la noticia bajo el t?tulo ?Ardi? en Ciudadela un humilde caser?o? en el que informa el lugar exacto donde se encuentra Villa Maldonado ?donde se levantan alrededor de 500 98 casillas de madera, cart?n embreado y chapas de zinc, en las que se alojan gran cantidad de familias?. Este peri?dico retoma la noticia y sus consecuencias el 8 y el 10 del mismo mes refiri?ndose al asentamiento como ?barrio Maldonado? (?A damnificados?) y como ?Villa Maldonado? (?Ayuda a las v?ctimas?). La Prensa informa del incendio en una muy breve nota el mismo 6 de noviembre e identifica la ubicaci?n geogr?fica sin referirse a qu? tipo de espacio se trata, s?lo habla de las ?casillas de madera? (?Un vasto incendio?). Pero el d?a 8 publica otra nota donde s? aparece la expresi?n acu?ada por Verbitsky en ?Atendi? Lonardi a los damnificados de ?Villa Miseria?? y el d?a 10 se la nombra como ?Villa Maldonado? (?Alojar? la Marina?). Por su parte, el diario Clar?n utiliza la expresi?n ?Villa Miseria? en la nota ?Facilitar?n a los damnificados de ?Villa Miseria? la construcci?n de casas? en la que alude a la villa como ?barrio? (8 de noviembre). Cr?tica publica una gran fotograf?a de Villa Maldonado en la 5? edici?n del d?a del incendio, habla de ?casas de emergencia? y en la p?gina 4 contin?a la nota bajo el t?tulo ?Solo quedaron escombros de las casas de cart?n de Villa Cambicha? (otro nuevo nombre para la villa). Adem?s, el 8 de noviembre publica una nota titulada ?Bs. Aires oculta en su centro una fiel reproducci?n de V. Miseria? para hacer referencia a que en una pieza viven veinte personas hacinadas. Por su parte, La Raz?n59 publica el mismo d?a del incendio una extensa nota titulada ?Ardi? Villa Miseria: 150 familias perdieron todo? con dos grandes fotograf?as del lugar. El art?culo comienza 59 En 1958 Rodolfo Walsh (R?o Negro, 1927 - Buenos Aires, desaparecido en 1977) publica en Mayor?a (la misma revista donde hab?a aparecido un a?o antes su investigaci?n sobre los fusilamientos de Jos? Le?n Su?rez durante el levantamiento peronista liderado por el general Juan Jos? Valle en 1956) su investigaci?n sobre el asesinato de Marcos Satanowsky, abogado de Ricardo Peralta Ramos, accionista principal del diario La Raz?n. ?ste se encontraba en un pleito jur?dico con el gobierno de la Revoluci?n Libertadora que ?deriv? en maniobras de extorsi?n ejercidas sobre aquel y sobre Satanowsky. En efecto, fue en el marco de una acci?n extorsiva, llevada a cabo por miembros del SIDE [Secretar?a de Inteligencia del Estado], que ocurri? el asesinato del abogado? (Garc?a 711-712). 99 con una descripci?n de las consecuencias del incendio en el lugar: ?Un par de zapatos de ni?o. Unas mantas en el suelo. El techo de chapa de una casilla. Una pava calcinada. Restos de un el?stico. Varios postes carbonizados que elevan su estructura de esqueleto ennegrecido, clamando al cielo?. Este inicio crea una imagen visual que es duplicada por la fotograf?a: el foco est? puesto en mostrar la miseria de la que habla. Luego contin?a con: ?Esto es pr?cticamente todo lo que queda de la mayor parte del Barrio de Emergencia D?az V?lez, de acuerdo con la nomenclatura oficial; de ?Villa Quijano? seg?n sus moradores, o de ?Villa Miseria?, como la han definido los vecinos de Ciudadela, en singular sinonimia?. La multiplicidad de nombres es una constante para esta villa y lo ser? para designar el fen?meno en s? a partir de ese momento. La mayor parte de la nota es la reproducci?n de entrevistas a algunos de sus moradores que incluye la hip?tesis de uno de ellos de que el fuego pudo haber sido causado por la pelea de una pareja y que frente a la abundancia de materiales inflamables de las viviendas (madera, cart?n y papel embreado) y la falta de tomas de agua, el fuego se propag? r?pidamente. Entre los entrevistados se nombra a un empleado de un bazar y un obrero que trabaja en la Municipalidad de la Capital Federal quien ?se queja? y expresa con ?marcado acento guaran??: ??Qu? Villa Miseria ni qu? ocho cuartos!... La llaman as?, acaso ser? porque le pusimos Villa Quijano? ?apellido del ya mencionado vicepresidente del primer gobierno de Per?n? que es seguido por la reflexi?n: ?Y en sus labios de hombre de buena fe, ese malentendido con la denominaci?n del indescriptible rancher?o, toma el sabor de un s?mbolo??. La villa, que es entendida en este periodo como una ?anomal?a? (Ballent y Liernur 326) de la ciudad planificada, no tiene derecho a la autodenominaci?n, los nombres que se hacen conocidos para 100 designarla dejan de lado, en general, el de Villa Quijano, probablemente por la alusi?n al gobierno peronista. Del an?lisis de las noticias publicadas en los diferentes peri?dicos sobre el incendio se desprende la incorporaci?n de la expresi?n ?Villa Miseria? como uno de los nombres para el barrio precario de Ciudadela. No queda claro su origen, s?lo que aparece por primera vez en la nota de Noticias Gr?ficas y que La Raz?n la atribuye a los vecinos del lugar. M?s adelante Verbitsky reclamar? la autor?a. Pero tambi?n aparecen otros nombres propios para ese lugar: Villa Quijano, Barrio Quijano, Villa Maldonado, Villa Tranquila, Villa Cambicha. Si bien se va extendiendo el uso de ?villa miseria?, en principio se utiliza tanto como nombre propio para esa villa como nombre gen?rico, uso que finalmente ser? preponderante. Tambi?n aparece la denominaci?n ?barrio de emergencia?, designaci?n oficial desde el Estado caracterizando las villas como sucesos surgidos de forma imprevista y cuyo uso continuado en el tiempo dar? idea de la posici?n estatal con respecto a estos barrios: una anomal?a que hay que erradicar. Lo que predomina en las notas, en un principio, es una actitud de compasi?n hacia sus habitantes y el modo en que viven, atribuido a la negligencia del peronismo y como ejemplo de la falacia de sus postulados. Desde las ciencias sociales, la cuesti?n sobre el momento de inicio de las villas aparece de forma m?s clara en dos an?lisis que plantean posiciones divergentes respecto a si las villas de esta ?poca son o no parte del mismo fen?meno de la d?cada de 1930. Gino Germani60 (Roma, Italia, 1911 - 1979) es el que comienza el estudio de 60 Germani fue un soci?logo italiano que fund? la carrera de Sociolog?a en la Universidad de Buenos Aires en 1957. Se lo considera el ?padre fundador? de la sociolog?a cient?fica en Argentina al haber institucionalizado este proyecto por sobre la ?sociolog?a de c?tedra? (Trovero 222). En los ?ltimos a?os se ha retomado el trabajo sobre su trabajo e impacto. 101 las villa miseria de forma sistem?tica en su trabajo de campo en la Isla Maciel en el contexto de los procesos de urbanizaci?n, a partir de lo cual surgieron los informes ?El proceso de urbanizaci?n en la Argentina? (1960) e Investigaci?n sobre los efectos sociales de la urbanizaci?n en un ?rea obrera del Gran Buenos Aires (1957-58)? (1961) que fueron presentados en el ?Seminario sobre problemas de urbanizaci?n en Am?rica Latina? en Santiago de Chile a mediados de 1959. Sin embargo, Trovero agrega un tercer documento, ?Consecuencias sociales de la urbanizaci?n y la industrializaci?n de la Argentina. Algunas caracter?sticas del proceso?, que identifica como un ?preproyecto o bosquejo preliminar incompleto? que no fue publicado, fechado ni paginado (231) y que ubica entre 1957 y 1958 porque encuentra en ?l las dos l?neas de investigaci?n que confluyen en los dos informes mencionados (230). Ya en este documento in?dito establece que una de las transformaciones que ha producido el proceso de urbanizaci?n desarrollado de forma tan r?pida desde la d?cada de 1930 es la aparici?n de las villas miseria en gran parte del Gran Buenos Aires (231-232). Hugo Ratier61 (La Pampa, 1934 - Buenos Aires, 2021) es otro de los primeros cientistas sociales que aborda el estudio de las villas miseria en un an?lisis que explica el d?ficit habitacional frente a una migraci?n interna (campo-ciudad), como consecuencia del modelo de ?industrializaci?n por sustituci?n de importaciones? iniciado a partir de 61 Fue uno de los primeros graduados de la carrera de Antropolog?a de la Universidad de Buenos Aires. Form? parte de la ?experiencia de Isla Maciel? en el Dock Sud de Avellaneda, investigaci?n- formaci?n-extensi?n coordinada por el Departamento de Extensi?n Universitaria de la Universidad de Buenos Aires (UBA) entre 1956 y 1966, a?o en el que fue finalizada por la autoproclamada Revoluci?n Argentina (1966-1973), gobierno dictatorial surgido del golpe de Estado. A partir de esta experiencia, escribi? posteriormente ?El cabecita negra? (1971), ?La medicina popular? (1972) y ?Villeros y villas Miseria? (1973) (?Presentaci?n? 133). En 1973 se convirti? en director del Departamento de Antropolog?a de la UBA hasta que en 1976 debi? exiliarse en Brasil luego del golpe de Estado c?vico-militar. Regres? a la Argentina en 1985 y continu? ejerciendo la docencia (Marino y Saavedra 137). 102 1930 y acentuado por el inicio de la Segunda Guerra mundial (Villeros y villas miseria 24 y El cabecita negra 36), con lo cual establece una l?nea de continuidad entre las villas de la d?cada de 1930 (como Villa Desocupaci?n) y las surgidas durante los gobiernos de Per?n. Juan Jos? Sebreli62 (Buenos Aires, 1930) por su parte, expone en Buenos Aires: vida cotidiana y alienaci?n que: las nuevas promociones; los cabecitas negras llegados con la gran oleada de inmigraci?n interna que trajo el proceso industrializador de la d?cada peronista, inaugur? un nuevo fen?meno ecol?gico: las Villas Miseria, eufem?sticamente denominados ?barrios de emergencia?. Esos campamentos de ranchos de lata y madera instalados en distintas zonas de Buenos Aires, nada tienen en com?n con el Barrio de las Ranas, del que ya hablamos, ni con la Villa Desocupaci?n de la d?cada del 30, a pesar de sus semejanzas externas. (159-160) La discusi?n alrededor de si las villas miserias de mitad de siglo forman o no parte del mismo fen?meno de las villas de principios de siglo y de la d?cada del treinta tiene implicancias pol?ticas: plantear que son un fen?meno que surgi? ?ntegramente a partir del proceso de industrializaci?n peronista, supone identificar el peronismo como su ?causa? directa. En los meses posteriores al incendio, contin?an apareciendo notas en Noticias Gr?ficas sobre Villa Maldonado y otras villas, pero hay dos notas en especial que ejemplifican el enfoque de erradicaci?n que, una vez asumido Aramburu, se le da a este tema. El 17 de enero de 1956 se publica la nota ??Debe limpiarse el pa?s del espect?culo 62 Es soci?logo. Fue colaborador de la revista literaria Contorno, fundada por Ismael Vi?as en 1953 y cerrada en 1959, que agrup? a un n?mero de intelectuales de izquierda de la ?poca como David Vi?as, Le?n Rozitchner, No? Jitrik, Adolfo Prieto, Oscar Masotta, y Rodolfo Kusch. 103 de las Villas Miseria? dijo Migone? que trata de la ceremonia llevada a cabo por la constituci?n de la CNV. Es en esta ?poca que ?las villas comienzan a ser identificadas como un problema, no s?lo habitacional, sino social. Por primera vez se efect?an estudios tendientes a evaluar la situaci?n de este sector social y se elaboran los primeros lineamientos de una ambiciosa pol?tica de ?erradicaci?n?? (Yujnovsky 98). El CNV fue el ?encargado de proyectar la acci?n estatal: el Plan de Emergencia que propone tiene como objetivo principal ?la eliminaci?n de las villas de emergencia?? (98). En esta l?nea, Ra?l C. Migone, ministro de Trabajo y Previsi?n, pronunci? un discurso sobre el problema de la vivienda en el que incluy? a las villas miseria: En la que se refiere a la parte de la emergencia ?prosigui? m?s adelante el Dr. Migone? hay dos problemas que nos preocupan especialmente: un problema de arrastre que se refiere a las ?Villas Miserias?. Entendemos que los argentinos tenemos el deber imperioso de extirparlas cuanto antes, de modo que la primera acci?n debe encaminarse a crear los m?todos m?s r?pidos, econ?micos, m?s eficientes, para limpiar esta ciudad y las ciudades del interior de ese espect?culo que retrotrae al pa?s a cincuenta a?os atr?s, sino todav?a a un periodo anterior. (??Debe limpiarse?) Por un lado, el uso de la expresi?n ?villas miseria? ?como t?rmino general y no como nombre propio? indica por lo menos cierta popularizaci?n de la expresi?n. Por otro lado, el empleo del t?rmino ?limpiar? aparece en sentido tanto metaf?rico como literal: desde la visi?n de la dictadura, las villas se ven como sin?nimos de suciedad en medio de una ciudad que se supone organizada en torno al orden, la organizaci?n y la planificaci?n. Tanto esta idea como la necesidad de ?extirpar? las villas se ver?n 104 expresadas en lo que ser? el enfoque de las pol?ticas de la CNV que buscar? la eliminaci?n de las ?villas miseria?, lo que queda plasmado en el ?Plan de emergencia?, el informe elevado por este organismo al Ministerio de Trabajo y cuya primera secci?n de la segunda parte se titula ?Eliminaci?n de las ?villas miseria?. Soluci?n del problema?. ?ste determina que ?[e]l origen general del problema es universal y ha de buscarse en la revoluci?n industrial, que ha producido paralelamente el crecimiento acelerado y desordenado de las grandes ciudades, y la formaci?n en ?stas de grandes masas de trabajadores? (42), pero que adquiere caracter?sticas particulares en la Argentina, las cuales se ubican en su mayor?a en el Gran Buenos Aires, que no han contado con ning?n tipo de regulaci?n ni orden, lo que se?alan como ?caos urbano en incesante crecimiento? (43). Para explicar este fen?meno el informe plantea ?causas sociales?, ?causas t?cnicas? y causas econ?mico-financieras?. Las primeras son: ?El bajo nivel de vida de una parte de los habitantes cuyos ingresos no les permiten procurarse por sus propios medios una vivienda m?nima, estable e higi?nica, adecuada a sus necesidades y a proximidad del lugar de trabajo? y una causa complementaria que es ?el bajo nivel cultural de esos mismos sectores de la poblaci?n, que forman parte de la masa trabajadora? (43). Las dos dan como resultado una ?indiferencia ante el problema de la vivienda insalubre, inadaptaci?n a la vida en comunidad, carencia de ambici?n y de sentido de responsabilidad, etc.? (43). Las ?causas t?cnicas? identifican la ?carencia de un plan regulador regional con una ?ca?tica diseminaci?n de las industrias?, el ?desarrollo insuficiente de la industria de la construcci?n para hacer frente a la necesidad de viviendas? y ?[f]alta de planes oficiales tendientes a promover la construcci?n en masa de viviendas econ?micas? (44). Finalmente, las ?causas 105 econ?mico-financieras? tienen que ver con los altos costos de financiaci?n, lo que hace casi imposible el acceso a pr?stamos individuales? (45). El informe declara que ?la situaci?n en que se encuentra el pa?s en materia de vivienda es, en gran medida, una consecuencia de la funesta acci?n llevada a cabo por el r?gimen depuesto? (128). Con esto se entiende que, no solamente las llamadas causas t?cnicas y econ?mico- financieras son efecto del peronismo, sino tambi?n las llamadas ?causas sociales?. Dentro del an?lisis de la ?composici?n social?, el Plan indica que: Los habitantes de estas ?villas? preceden en su mayor?a de provincias del norte y del noroeste, especialmente de Corrientes. Hay adem?s, porte?os y una minor?a extranjera (sobre todo paraguayos) [?] Venidos de zonas pobres y sin h?bitos de trabajo, han sido atra?dos por la gran ciudad en busca de mejoras econ?micas y de los halagos de la vida urbana. Pero el medio social de las Villas Miseria, en que se han agrupado por imperio de las circunstancias por falta de incentivo propio y de ayuda social, contribuye a agravar sus naturales tendencias y convertir estas barriadas en focos permanentes de epidemias y de degradaci?n moral: en su mayor?a, sus habitantes requieren una acci?n urgente de readaptaci?n social. (39) Pasa relativamente poco tiempo entre que las villas miseria son expuestas p?blicamente como una consecuencia de la desidia del peronismo y sus habitantes como ?v?ctimas?, y el momento en que ?stos comienzan a ser se?alados como una poblaci?n falta de higiene, de incentivo para mejorar y de tendencias naturales ?lo que puede leerse todav?a como efecto de la criminolog?a positivista en su vertiente m?s social? a degradar los espacios que habitan; por lo que requieren una ?readaptaci?n social?. El 106 discurso elaborado desde la CNV ?explicita una forma de (re)presentar a las villas de la ciudad y a sus habitantes se extiende, se profundiza y se concreta en los gobiernos posteriores? (Gonz?lez Duarte 17-18), especialmente durante la ?ltima dictadura c?vico-militar autodenominada Proceso de Reorganizaci?n Nacional (1976-1983). Las acusaciones que el Informe hace sobre las villas como ?focos de epidemia? en esta ?poca no es casual, ya que se trata de un periodo donde se da una de las epidemias m?s graves de poliomielitis en el pa?s ?tambi?n conocida como ?par?lisis infantil?63? que desconcert? a la medicina porque ?a diferencia de otras infectocontagiosas, atacaba no solo a las clases menos favorecidas, sino tambi?n a los sectores medios y altos? (Ag?ero). Ante la gravedad de la enfermedad y el miedo que genera en la poblaci?n el avance de la epidemia, los medios de comunicaci?n gr?ficos informan su desarrollo casi de forma diaria. En algunas de las notas de Noticias Gr?ficas sobre este tema se identifican las villas como uno de los focos de infecci?n. En un art?culo de finales de marzo de 1956 se lee bajo el subt?tulo ?La verdad?: ?Esta epidemia (?) se ha desarrollado ?tenemos que repetirlo? por el estado de suciedad en que se hallaba el pa?s: basurales inmensos, numerosos criaderos de ratas en plena Capital Federal y en el Gran Buenos Aires, falta de higiene absoluta en las calzadas y aceras, villas miseria ?sin servicios sanitarios de ninguna naturaleza? en pleno centro de la ciudad? (?Acent?ase en todo el pa?s?). En otra nota de principios de abril, luego de recordar la Villa Desocupaci?n de la d?cada de 1930 se afirma: 63 Es producida por un virus y tiene una alta tasa de transmisibilidad, en algunos casos causa ?un ataque v?rico a las neuronas motoras del sistema nerviosos central, lo que produce grandes dolores y fiebre, y deja como secuela una par?lisis fl?ccida muscular. De estos afectados, un 10% termina con par?lisis de los m?sculos respiratorios, y la mortalidad de los enfermos oscila en los casos graves entre el 5 y el 10%? (Ag?ero). 107 Hoy tenemos como afrenta a la sociedad, las villas Miseria, numerosas en la metr?poli y mucho m?s en el Gran Buenos Aires, como s?mbolo de una ?poca, en una permanente amenaza contra la salubridad p?blica de esta capital, con la posibilidad de extenderse al resto del pa?s. Hasta en los terrenos bald?os, rodeados de fincas modernas, se han formado n?cleos tipo Villa Miseria, sin servicios sanitarios de ninguna clase. En menos de kil?metro y medio de Plaza de Mayo, de la Intendencia municipal de la ciudad de Buenos Aires, se encuentra uno de esos centros, donde se albergan malamente cerca de 200 personas. (?Hubo nuevos casos?) La visi?n de la CNV se expresa de forma directa en dos editoriales que publica La Prensa64 bajo la direcci?n de Alberto Gainza Paz, un f?rreo opositor al peronismo. Uno aparece el 14 de marzo de 1956 y se titula: ?Reaparici?n de las tolder?as? (Anexo 3). En ?ste, se habla de la Argentina como ?un pa?s que vuelve paulatinamente a un estado en cierto modo primitivo? en parte por las ?viviendas de cart?n, de chapas viejas de cinc o de restos de madera improvisada en terrenos contiguos a la ciudad de Buenos Aires?, que por lo ?precarias y antihigi?nicas? no son superiores a las tolder?as que describe Lucio V. Mansilla (Buenos Aires, 1831 - Par?s, Francia, 1913) en Una 64 El diario mantuvo una posici?n fuertemente opositora a los gobiernos radicales (1916-1922, 1922- 1928 y 1928-1930), incluso justific? el golpe de Estado contra el segundo gobierno de Hip?lito Yrigoyen (Buenos Aires, 1852-1933), que signific? el primer golpe militar de la historia argentina. ?Para el matutino la legitimidad de los gobiernos estaba dada por su respeto al programa liberal decimon?nico independientemente de su consagraci?n a trav?s de las urnas, por lo tanto los gobiernos de masas seguir?an siendo rechazados por el diario a punto tal de justificar su desplazamiento de facto pues as? se garantizaba la restauraci?n de la leg?tima rep?blica democr?tica? (D?az et al.) lo que tambi?n signific? una f?rrea oposici?n a los gobiernos de Per?n. De hecho, en 1946 no inform? que hab?a ganado las elecciones presidenciales. En 1943 Alberto Gainza Paz asumi? como director del diario, pero en 1951 fue expropiado y entregado a la Confederaci?n General del Trabajo (CGT) por el gobierno peronista. Gainza volvi? a la direcci?n del diario en 1956 (D?az et al.). 108 excursi?n a los indios ranqueles (publicado en el diario La Tribuna en 1870). Lo ?primitivo? est? dado, supuestamente, por las villas (a las que no nombra directamente), que ?forman una especie de cintur?n? alrededor de Buenos Aires y de otras ?grandes ciudades?, lo que crea la imagen de una ciudad sitiada y, adem?s, desconoce las villas que se encuentran al interior de las urbes. Se recrea as? el binomio ?civilizaci?n- barbarie?, en el que las villas representan el impedimento para el progreso de las ciudades. Seg?n esta posici?n, estas tolder?as que ?apenas cuenta diez a?os desde sus or?genes y que est? denunciando el resultado de una pol?tica de despoblaci?n del campo, a la vez que el fracaso del r?gimen de la vivienda, que mat? todo est?mulo de edificaci?n? son producto directo del peronismo. La pol?tica social y econ?mica dirigida al desarrollo industrial y el consecuente crecimiento de los sectores obreros, iba en contra del modelo agroexportador de la ?lite terrateniente y conservadora, uno de los principales frentes antiperonistas. Es por eso que la necesidad de erradicar las villas supone, tambi?n, resolver el problema de la ?despoblaci?n? del campo, o sea, ?[e]l est?mulo de las actividades rurales?, lo que de forma impl?cita supone revertir esa migraci?n, tal como queda explicado en el Informe del CNV. Si bien el editorial cierra con la idea de que es necesario encarar el problema con ?un concepto de solidaridad social y de amor al pr?jimo?, indica que el primer paso es estimular la actividad rural ?ya mencionada? y, para alentar la construcci?n, restablecer los ?derechos individuales, entre ellos, el de propiedad y el respeto a los contratos?, lo que cuestiona la legitimidad de las villas de forma directa al estar ubicadas en general, en propiedades fiscales o privadas. 109 El segundo es del 27 de marzo y se titula ?Ante un grave problema social? (Anexo 4). Si bien comienza diciendo: ?Nos ha parecido que era indispensable, principalmente por razones humanitarias, dar amplia difusi?n p?blica a la forma extremadamente lamentable en que viven grandes grupos humanos en ciertos barrios de la capital federal y partidos colindantes?, enseguida advierte que es necesario tomar medidas ?para evitar no solamente que junto a la ciudad opulenta se presente al chocante contraste del tugurio rudimentario e insalubre, donde por su hacinamiento est?n permanentemente expuestas la salud y las buenas costumbres de los ocupantes, sino que, por f?cil contagio, el mal se extiende en forma directa o indirecta al resto de la ciudad?. O sea, las villas son equiparadas con una enfermedad que puede contagiarse al resto de la ciudad que, se entiende, es la ciudad ?sana?. De hecho, inmediatamente refuerza esta idea, tal como se apunt? en otras notas m?s arriba, al relacionarlas con el brote de poliomielitis. Pero esta editorial va m?s all? y las acusa de ser parte responsable de la epidemia: ?No poca influencia, por de pronto, ha de haber ejercido en la formaci?n de la plaga microbiana manifestada en la epidemia de poliomielitis que estamos padeciendo todav?a?. Sin embargo, la misma editorial denuncia al peronismo por haberlas ocultado a la poblaci?n a trav?s de la construcci?n de muros. Entonces, hay que verlas para entender la gravedad que supone para la ciudad contar con esos espacios que no se ajustan a las normas urban?sticas ni sociales: ?Describir los cuadros que all? se presentan podr?a parecer fruto de la imaginaci?n, pues sin verlos, cuesta a muchos admitir que no se exagere en el relato: no conciben que Buenos Aires se encuentre tan lejos de verse liberada del influjo malsano de esas aglomeraciones inadaptadas a normas regulares de convivencia?. La soluci?n se plantea a trav?s de la construcci?n 110 de la ?vivienda s?lida y decorosa?, de la provisi?n de servicios b?sicos, as? como ?plazas y jardines, campos de deporte crear por lo menos salas de primeros auxilios (?) los elementos imprescindibles para la vida civilizada?. La afirmaci?n no deja lugar a dudas: las villas miseria con espacios opuestos a la civilizaci?n y, en el imaginario argentino, es la barbarie. Del an?lisis de estos dos editoriales surge la afinidad de la perspectiva que expresan con la de la CNV sobre la cuesti?n de las villas, lo que se entiende dado que la l?nea editorial de La Prensa representa los intereses de la ?lite tradicional agroexportadora, y lo que se anuncia de forma expl?cita: ?Nuestras publicaciones tienden a suscitar una reacci?n gubernativa o si acaso un movimiento de opini?n en favor de densos n?cleos demogr?ficos que viven una situaci?n que no debe continuar? (?Ante un grave problema?). 3.3. Villa Miseria tambi?n es Am?rica (1957) de Bernardo Verbitsky Bernardo Verbitsky, adem?s de periodista (en Noticias Gr?ficas estaba tambi?n a cargo de la secci?n literaria ?Los libros por dentro?; trabaj? adem?s en el diario Cr?tica) fue escritor65. Seg?n Perilli, es uno de los principales representantes de la 65 Su primera novela, Es dif?cil empezar a vivir (1941) que puede ser vista como ?una biograf?a encubierta? (Pirelli 553) recibi? el premio Ricardo G?iraldes de la editorial Losada, cuyo jurado estuvo compuesto por Jorge Luis Borges, Norah Lange y Guillermo de Torre (Pirelli 551). Dentro de la narrativa public? adem?s En esos a?os (1947), la colecci?n de cuentos Caf? de los angelitos (1950), Una peque?a familia (1951), La esquina (1953), Calles de tango (1953), Un noviazgo (1957), Vacaciones (1959), el conjunto de relatos La tierra es azul (1961), Un hombre de papel (1966), Etiquetas a los hombres (1975), Hermana y sombra (1977), Octubre maduro (1977) y A pesar de todo (1978). Todas estas obras giran en torno a temas urbanos donde las historias individuales se ven condicionadas por el contexto. En Una peque?a familia aparece ya el problema de la vivienda a trav?s de una familia que debe mudarse a las afueras de la ciudad de Buenos Aires por no poder acceder a una en la ciudad. Tambi?n public? el libro de poes?a Megat?n (1942) y una serie de ensayos (Aira 558). La 111 ?novela social del cuarenta? y se lo puedo considerar cercano a la po?tica de Boedo (551-552). Postula que ?[l]as pr?dicas caracter?sticas de la literatura realista de los a?os treinta, que se hab?a naturalizado tanto que parec?a consustancial a la literatura argentina misma, se prolongan, de un modo u otro, en la obra de numerosos escritores que empiezan a producir en las dos d?cadas siguientes?, entre los que destaca ?notoriamente [a] Bernardo Verbitsky con su costumbrismo humanista?? (546) quien, adem?s, ?integra la denominada ?generaci?n intermedia?, que comienza a publicar en la d?cada del cuarenta, tambi?n denominada ?d?cada absurda?? (548). Adem?s, lo identifica como parte de ?una izquierda tradicional? (550). La primera edici?n de Villa Miseria tambi?n es Am?rica66 se public? a trav?s de la editorial Guillermo Kraft Limitada67, luego de recibir la menci?n del Premio Kraft 195768. Esta obra, como ya se dijo, se basa tanto en las visitas que el autor hac?a a Villa Maldonado como en su nota publicada en Noticias Gr?ficas el 21 de octubre de 1955, as? como en notas posteriores, especialmente las que hablan del incendio ocurrido el 6 de noviembre del mismo a?o. Seg?n Perilli, la profesi?n de periodista y la sensibilidad al detalle de Verbitsky son claves para su mirada narrativa ?que se resuelve como sociolog?a de lo cotidiano? (551). Se plantea entonces que la novela busca visibilizar y ciudad y los espacios marginales ya hab?an aparecido en novelas anteriores a Villa Miseria tambi?n es Am?rica. 66 En 1966 Eudeba publica una nueva edici?n que presenta modificaciones considerables y que se trabaja m?s adelante en este cap?tulo. 67 Fue fundada por Guillermo Kraft (1839-1893), un inmigrante alem?n. A mediados de la d?cada de 1950, mediante el premio Kraft y la publicaci?n en la colecci?n Am?rica en la Novela, se consagraron como ganadores Marco Denevi, David Vi?as, Arturo Cerretani, Silvia Guerrico y Benigno Gabriel Casaccia. 68 Seg?n se indica en la primera edici?n de la novela, el jurado estuvo compuesto por Miguel D. Etchebarne, Eduardo Gonz?lez Lanuza, H?ctor A. Murena, Ricardo S?enz Hayes y Luis Emilio Soto. La novela de Verbitsky fue una de las dos consideradas para el premio, el cual finalmente fue otorgado a Un Dios cotidiano de David Vi?as. 112 denunciar la situaci?n de las villas miseria, tal como el autor reconoce en un art?culo de 1974: ?Villa Miseria tambi?n es Am?rica es tal vez la ?nica novela que escrib? con deliberado prop?sito de denuncia. Eso hab?a que mostrarlo. Pero por lo mismo tiene a?n mayor importancia la forma en que se ha mostrado? (?Ante mi obra? 85). Pero, adem?s, es a trav?s de la construcci?n de la Villa que desmiente las im?genes que se ven?an construyendo desde el discurso gubernamental, manifestado especialmente en el Plan de Emergencia, y de ciertos medios de comunicaci?n. La novela dialoga y se refiere de forma directa a ?stos al mismo tiempo que desmonta y exhibe los principios sobre los que est?n sostenidos, desde un an?lisis social que encuentra las causas de la aparici?n y forma de vida en la Villa en la estructura econ?mica, social y pol?tica de la Argentina. Para el momento de la publicaci?n, la expresi?n villa miseria ?ya hab?a sido adoptada por todo el periodismo? indica el autor (?Ante mi obra? 83). En ese af?n de construir literariamente y visibilizar Villa Miseria como espacio construido por el trabajo, la comunidad y la organizaci?n, hay una preponderancia de im?genes visuales a trav?s del texto. Verbitsky indica que el ?verdadero protagonista es la Villa, pero ?sta llega a vivir a trav?s de numerosos personajes? (?Ante mi obra? 85). A trav?s de sus pasos, los habitantes de Villa Miseria ?tejen los lugares? (de Certeau 109) que no aparecen en la ciudad-panorama, la ciudad te?rica de Buenos Aires y el conurbano, aquella que aparece en los mapas oficiales que nombra calles, plazas, edificios gubernamentales. Es que la ficci?n te?rica de Buenos Aires, como la de cualquier ciudad, se genera a trav?s del proceso de totalizaci?n que construye la visi?n hegem?nica y que, en su simulacro de querer abarcarlo todo, olvida las pr?cticas de los caminantes que, a su vez, resisten, se rebelan y transforman la ciudad: los ?practicantes 113 manejan espacios que no se ven; tienen un conocimiento tan ciego como en el cuerpo a cuerpo amoroso? (de Certeau 105). La construcci?n del espacio que se da en esta novela pretende revertir no solamente ese olvido visual y contraponer im?genes alternativas a las hegem?nicas. Frente a una ciudad que no ve las villas como parte de s? misma, la novela se empe?a en se?alarlas, exponerlas y describirlas de forma detallada principalmente a trav?s de im?genes visuales. Se sigue aqu? la micro-ontolog?a de la imagen desarrollada por Emanuele Coccia en La vida sensible: ?la imagen (lo sensible) no es sino la existencia de algo fuera de su propio lugar [y] toda forma y toda cosa que llega a existir fuera de su propio lugar deviene imagen? (29). La imagen, el fen?meno, es una forma de las cosas que existe m?s all? de ellas, en un medio que la contiene sin transformarse ni transformarlas (10). El medio es entonces fundamental para que el sujeto pueda percibir esas cosas, que no coinciden necesariamente con la cosa en s?. En este sentido, ?podr?a comprenderse el lenguaje como el archimedio, el espacio de medialidad absoluta en el que las formas pueden existir como im?genes en completa autonom?a de los sujetos parlantes as? como de los objetos cuya forma y semejanza representan? (61). La Villa como tal, entonces, es cognoscible a partir de sus im?genes porque ?si lo sensible no coincide con lo real, es tambi?n porque lo real y el mundo como tal no son de por s? sensibles, sino que necesitan devenir sensibles? (Coccia 21). Es as? que Villa Miseria deviene sensible como imagen en la novela de Verbitsky contraponi?ndose a esas otras im?genes de las villas. Pero, adem?s, la Villa deviene de forma preponderante imagen visual: dar a conocer es, en general, sin?nimo de mostrar, exhibir hacer mirar. 114 La novela narra las vidas de un grupo de habitantes de Villa Miseria, un barrio precario construido muy cerca de la Avenida General Paz, desde mediados de 1954 hasta finales de 1955, periodo que abarca los ?ltimos meses de la segunda presidencia de Per?n, el golpe de Estado de la Revoluci?n Libertadora y los primeros meses de la dictadura que tuvo como uno de sus objetivos ?desperonizar? la sociedad: uno de los momentos hist?ricos m?s convulsionados de la ya convulsionada historia argentina. La novela no s?lo tiene como contexto este momento hist?rico, sino que tambi?n plantea una intertextualidad con sucesos y notas aparecidos en los peri?dicos. Esta villa recrea caracter?sticas del barrio de Ciudadela que Verbitsky frecuentaba y que aparece en la ya citada primera nota en Noticias Gr?ficas. Cabe notar, en primer lugar, la ubicaci?n geogr?fica del barrio y, en segundo lugar, los nombres usados para referirse al barrio que aparecen en notas del peri?dico, adem?s de Villa Miseria: ?El barrio ten?a nombres distintos. Alguien lo design? Villa Maldonado, por el arroyo que lo flanqueaba. Cuando realizaron gestiones en la Municipalidad y en la Unidad B?sica, lo nombraron muy decentemente Barrio Hortensio Quijano, un homenaje al vicepresidente de la Rep?blica ideado por un correntino habitante del lugar. (La designaci?n universal se mostraba para lugares que se pudiesen mostrar)? (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 38-39). En tercer lugar, es necesario indicar varios de los hechos que all? suceden. Por ejemplo, la existencia de una Comisi?n de Vecinos y los problemas urgentes que piden que sean resueltos, el problema con las bombas de agua, el intento de gestiones en la Municipalidad y la Unidad b?sica, y el incendio. Villa Miseria deviene imagen o im?genes a trav?s de la novela, de forma literaria, pero alude a las villas extraliterarias. 115 En la novela, el terreno donde se encuentra Villa Miseria pertenece al Sr. Groso quien, de acuerdo a lo denunciado por sus habitantes, lo hab?a comprado por muy poca plata sabiendo que ellos viv?an all?, luego de lo cual las autoridades entubaron el arroyo Maldonado, lo que aument? considerablemente su valor. Sin embargo, la novela cuestiona su dominio: el se?or Groso nunca ha ido a la villa, nunca ha estado en aquel lugar, su posesi?n es s?lo nominal, legal: o sea, puramente abstracta. El Sr. Groso lo sabe y por eso se empe?a en recordar la cantidad exacta de metros cuadrados: ?S?, tres facciones daban sobre el arroyo Maldonado. Figuraba, adem?s, una franja ?A?. Y una anotaci?n en que se reproduc?a la del catastro: Circunscripci?n VI, secci?n G, manzana 2, parcela 6. En total, 9897 metros cuadrados? (76). Cuando se acerca a la villa, no entra porque ??desde afuera la imaginaba una ciudadela enemiga, y a la vez un reducto de criminales. Le fascinaba ese mundo, pero se confirmaba con imagin?rselo?? (69). Se queda en la Avenida, atributo de la ciudad legal a la que pertenece y de la que nunca sale: ?Deb?a confirmarse con esta inspecci?n a la distancia y bien sab?a que el mirar no era suficiente para tomar posesi?n? (76). Adem?s, la superficie que legalmente el Sr. Groso hab?a comprado ya no coincide con la real: ?Nosotros le hicimos el terreno, porque ?l compr? un ba?ado? (66) dice uno de los personajes cuando reciben y leen la demanda que les env?an para tratar de desalojarlos judicialmente: En el proceso mencionado la seccional de polic?a ha dejado constancia en su informe objetivo y pericial ?pericial, ?por qu??, ?acaso nos vinieron a oler?? que tales intrusos se caracterizan por su afici?n a las bebidas alcoh?licas y las peleas, gozando en el vecindario de muy mala fama, por todo lo dicho y por su poca dedicaci?n al trabajo [?] En dicho conglomerado ?atenci?n, esto es un 116 con-glo-me-ra-do? la higiene y la moral no pueden existir en forma alguna, siendo las viviendas por ellos construidas de car?cter precario y sin detalles de higiene de ninguna clase, lo que constituye un peligro social y foco de enfermedades, epidemias, que pueden alcanzar caracteres de suma peligrosidad y riesgo. (67-68) La demanda deja en evidencia, en primer lugar, las razones por las cuales un grupo de habitantes es detenido durante una noche y demorado en una comisar?a sin ning?n tipo de explicaci?n: ?En esa hora incierta anunciaron sucesivamente su detenci?n a unos setenta habitantes del barrio, sin que se supiese por qu? eleg?an a unos y dejaban libres a otros? (10). Esto, adem?s, sucede d?as despu?s de que Villa Basura fuera incendiada: ?El recuerdo terrible de Villa Basura, deliberadamente incendiada para expulsar con el fuego a su indefenso vecindario, era un temor siempre agazapado en el coraz?n de los pobladores de Villa Miseria? (9), suceso que ning?n peri?dico informa y que genera que ?en todos los barrios de las latas, que forman costras en la piel del Gran Buenos Aires, supier[a]n desde entonces que en cualquier momento pod?an ser corridos de sus casuchas como ratas? (9). El inicio de la novela formula una imagen que persiste como amenaza a lo largo de la historia y que se imprime en la conciencia de los habitantes de Villa Miseria como alusi?n indirecta al poder soberano que, aunque difuminado, se sabe presente. Seg?n Agamben, el soberano tiene el poder de decidir sobre la norma y la excepci?n y actualiza esa decisi?n constantemente (42). Esto es constitutivo del Estado moderno occidental y lejos de configurarse como una ?anormalidad?, se presenta como regla. El estado de excepci?n es la norma en cualquier sistema pol?tico moderno occidental y 117 cada uno de sus habitantes puede convertirse en homo sacer (147), nuda vida, ?la vida a quien cualquiera puede dar muerte pero que es a la vez insacrificable del homo sacer? (18). Este estado de excepci?n, cuyo prototipo es el campo de concentraci?n, es una amenaza constante en Villa Miseria. En segundo lugar, la demanda refleja de forma directa las concepciones sobre los habitantes de las villas que los representa como vagos, borrachos, faltos de higiene y de moral. Este tipo de juicios de valor aparece en la novela en una mujer que refiri?ndose a la villa exclama: ?Yo all? no me meto [?] Muchas veces me pregunto c?mo vivir? esa gente? (Verbitsky, Villa Miseria 194) y tambi?n representa los prejuicios que se ven?an construyendo sobre los habitantes de la villa en la realidad, una vez que el fen?meno se hizo p?blico. Frente a las acusaciones, la novela plantea el espacio de la villa de forma literaria, a partir de las pr?cticas cotidianas que se oponen y resisten al poder de la ciudad formal que la concibe como lo informal (lo que no tiene forma), pero tambi?n cuestiona a un sistema en el que el suelo es un producto sujeto al injusto sistema de la propiedad privada. La composici?n poblacional de Villa Miseria representa a los habitantes de las villas en el AMBA de ese momento. Hay una gran cantidad de personajes cuyas historias se entrelazan en la villa, entre los que se encuentran familias que llevan un tiempo viviendo all?, como Elba (paraguaya) y Ramos (argentino, chaque?o) con su peque?o hijo Roberto; Godoy y Dominga (argentinos, salte?os) y sus hijos; Don Nicanor y su familia. Est?n tambi?n los solteros como Fabi?n Ayala (paraguayo), Justino (argentino, formose?o), Filomeno e Isolina. Tambi?n van llegando nuevos habitantes como Sim?n y Mar?a Rodr?guez con sus cuatro hijos desde Misiones, as? 118 como Codesido, un hombre soltero. A lo largo de la obra se van contando muchas de las historias de los personajes que explican las razones por las cuales arribaron a Villa Miseria. Varios de los paraguayos, como Fabi?n, llegan como exiliados luego de la guerra civil de 1947 o Revoluci?n de los Pynand? (?pies descalzos? en guaran?), mientras que otros lo hacen en busca de mejores condiciones, como el caso de Galeano quien pierde todo luego de que durante la Guerra de Corea (1950-1953) el gobierno incentivara a los peque?os campesinos a producir algod?n para su exportaci?n, cuesti?n que queda en la nada cuando el conflicto se acaba y los campesinos no tienen qui?n compre su producci?n. Cuenta tambi?n sobre las injusticias del sistema rural que experiment? en su largo trayecto hasta llegar a la Argentina, en el que los terratenientes y capataces se enriquecen a expensas de los campesinos, quienes ?[v]iven en ranchos, comparados a los cuales las casillas que se ve?an en este barrio ?dijo Galeano? eran palacios? (31). Los personajes argentinos en general abandonaron sus provincias natales en busca de mejores trabajos que les permitan alcanzar un mejor nivel de vida (lo que para muchos significaba salir de la pobreza o incluso indigencia) ?como es el caso de las familias de Sim?n y Mar?a Rodr?guez y la de Godoy y Dominga, ?sta ?ltima que no deja de extra?ar a su familia, con la que tiene lazos muy fuertes? o para ayudar a sus padres a que, por lo menos, con la partida tengan menos ?bocas que alimentar?. En general, todos los personajes han pasado por un largo recorrido hasta llegar a Villa Miseria, lo que logran en general a trav?s de familiares o conocidos ya instalados all?. Esto recrea la forma en que las villas de esa ?poca fueron pobl?ndose y multiplic?ndose. Tal como plantea Oszlak: 119 [e]l proceso de formaci?n de villas en el ?rea metropolitana de Buenos Aires tuvo caracter?sticas singulares, si se lo compara con situaciones t?picas en otros pa?ses latinoamericanos. En lugar de la invasi?n colectiva y las ?tomas? de los ?sin techo?, la ocupaci?n de los terrenos se produjo por lo general en forma paulatina, sin acci?n previamente organizada, a trav?s de sucesivas incorporaciones de miembros pertenecientes muchas veces a grupos familiares ya instalados. (192) La novela, adem?s, reproduce otras de las caracter?sticas de los habitantes de las villas en esa ?poca: la mayor?a tiene empleo. Esa era, de hecho, la raz?n por la que hab?an decidido instalarse all?. Por ejemplo: Codesido trabaja como oficial alba?il, Godoy trabaja en el frigor?fico Wilson69, Fabi?n es pintor, Justino es alba?il, Adela trabaja como empleada dom?stica, Filomeno es frutero, Elba y Mar?a trabajan en una hilander?a, Aureliano G?mez es enfermero. Si bien los sueldos no son necesariamente elevados, la novela muestra que no falta trabajo y que, por otro lado, son superiores a los de sus lugares de origen. En esa ?poca se daba todav?a un paradigma de la ?ciudad incluyente?. Vivir en la villa supon?a la posibilidad de ascenso social. En los sesenta, esa posibilidad comienza a verse cada vez m?s m?s irrealizable (Crovara 36, Germani 311). Es cuando ?[d]el imaginario de migrante? se pas? a la realidad de la vida cotidiana en la villa. Ya no estaban en la puerta de la ciudad, ?comenzaban a percibir que estaban instalados en el patio de atr?s? (Crovara 39). Pero, adem?s, los personajes son en general trabajadores en un sentido amplio de la palabra: no s?lo cumplen con sus obligaciones laborales, sino que adem?s se 69 Es el nombre un frigor?fico que existi?. 120 esfuerzan en mejorar las condiciones de sus viviendas. Es el caso de Aureliano, que ?[e]ra hombre optimista y sin dejarse impresionar por algunas burlas y por la falta evidente de futuro, se hizo construir una vivienda con ciertas comodidades que all? parec?an lujos fastuosos. Era de ladrillo, material poco usado en ese mundo de madera y lata? (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 10). Hay una comunidad y organizaci?n muy fuerte que lucha por mejorar las condiciones de existencia en la villa en general. En ese sentido, est? la Comisi?n de Vecinos cuyo presidente es Fabi?n, personaje idealista que funciona como el l?der de la comunidad y que, aunque podr?a irse a vivir a ?la ciudad? con su novia, decide quedarse en la villa. Esta Comisi?n es la encargada de darle la bienvenida a los reci?n llegados, de organizar colectas para las obras comunes (por ejemplo, cuando deciden instalar una segunda bomba de agua) y de funcionar como representantes las pocas veces que tienen contacto con funcionarios p?blicos. Esta organizaci?n pol?tica interna contrasta y desmiente la idea de informalidad entendida como lo que no tiene forma, y de desorganizaci?n: ?Se imaginaban arribar al caos absoluto, comprend?an que entraban a formar parte de un orden sostenido por gente de buena voluntad, aunque llegar all? pareciera a primera vista lo mismo que ir a vivir dentro de un tacho de basura? (37-38). La idea de comunidad es la que produce el espacio de la villa resistiendo al poder del urbanismo hegem?nico que define ese terreno como un bald?o ocupado por intrusos. El que m?s trabaja en este sentido es Fabi?n, quien luego de la detenci?n arbitraria al inicio de la novela comienza a recolectar y quemar la basura que va encontrando en la villa, iniciativa que enseguida genera que otros se sumen. Piensa ?que esa era la ?nica forma de combatir el desaliento de la gente [?] El trabajo com?n, en equipo y con conciencia de que formaban una 121 comunidad, era lo ?nico que podr?a salvarlos? (16). Esa idea de comunidad es una constante en este personaje que: era parte de un todo, sab?a tambi?n que ese todo a su vez lo proteg?a. Aunque sus v?nculos colectivos eran recientes, impuestos por el azar, y expuestos por eso a que otro azar los rompiese, ?l se sent?a parte de ese peque?o mundo y aun sin definirlo cre?a que deb?an afrontar juntos el porvenir. [?] Ellos formaban una comunidad y mientras estuvieran juntos hab?a esperanzas [?] La ciudad se le aparec?a bajo diferentes im?genes pero todas amenazadoras. La sent?a junto al rancher?o como un gran nublado que amenaza tempestad, que en una sola de sus r?fagas podr?a dispersar todas las viviendas? Salir de all? era desvanecerse en la ciudad inmensa que ten?a as? el poder de absorberlos y de digerirlos hasta hacerlos desaparecer (?) Cada uno era algo dentro de la comunidad que formaban? (76-77) Para ?l, el trabajo conjunto en Villa Miseria no es solamente necesario para la mejora de las condiciones materiales de vida ?como el relleno de declives del terreno? sino que la comunidad en s? es necesaria por s? misma como ?nica forma de resistir a un sistema que los reconoce como trabajadores, pero los ignora como ciudadanos en tanto habitantes de la villa. La segunda bomba de agua que se instala por su iniciativa es la mejor prueba de esto: ?Lo que necesitamos ?dijo Fabi?n? es construir una segunda bomba. Ser? en la Villa nuestra revoluci?n? (170). La derrota de la Revoluci?n de 1947 en Paraguay lo llev? a exiliarse en Argentina, donde su perspectiva cambi?: m?s all? de las nacionalidades y de los partidos pol?ticos, la lucha es contra el ?dejarse estar, abandonarse, all?, [porque] era la negaci?n de lo humano? (170). Sin embargo, la 122 posici?n de l?der que asume lo ubica tambi?n en una esfera diferente al resto de los habitantes: ?Lo importante es que la bomba sea el resultado del esfuerzo de todos. [?] la idea no deb?a ser impuesta sino adoptada como si naciera de todos? (172). Ese trabajo en comunidad plantea el cuestionamiento a lo que Herni Lefebvre desarrolla en La producci?n del Espacio como al ?espacio concebido? (97): vac?o, abstracto y formal, que se rige bajo los c?digos del urbanismo para el que la villa es una ocupaci?n de un terreno privado no apto para la vivienda. Pero hay un ?espacio percibido? (97) que es el que los habitantes producen a trav?s de las pr?cticas cotidianas, tambi?n mediante la producci?n material ??calles?, ba?o, los lugares comunes? y un ?espacio vivido? (98) que se produce a partir del habitar de esas personas, y que es un espacio de resistencia porque cuestiona que el ?espacio concebido? sea el real. As?, a lo largo de la novela la villa, como ?espacio vivido?, desborda constantemente los l?mites del terreno donde se sit?a como ?espacio concebido?. De esta forma, Fabi?n lo resume cuando dice: ?Y no comprende que le hace el juego a los que quieren echarnos. Pero les va a costar, si lo hacemos nuestro, al lugar? (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 18). Villa Miseria, entonces, no es concebido como un lugar necesariamente de paso, de emergencia, sino que hay personajes que consideran la posibilidad de quedarse a largo plazo, de establecer un hogar permanente. Entre los personajes que se resisten a ver Villa Miseria como su destino a largo plazo y que lo consideran todav?a como un paso previo a una vivienda tradicional dentro de la ciudad formal, est? Elba, que se diferencia de su marido: ??pero qu? quiere? ?Qu? me acostumbre a la idea de no salir m?s de aqu??? (21), porque ?ella no quer?a tumbas confortables en el barrio de las latas y ten?a que luchar contra el 123 conformismo de Ramos?? (22). Sin embargo, pese a su reticencia, termina participando siempre de las iniciativas colectivas. Esta idea de la importancia que Elba otorga a participar de una comunidad aparece en la novela a trav?s de una perspectiva marxista que la propone como el personaje que encarna la resistencia a la alienaci?n del trabajo fabril en el sistema capitalista. En su camino a la hilander?a Elba ve habitualmente a tres obreros de su f?brica que viajan en bicicletas que ?[e]ran m?quina de carrera y cada hombre encorvado sobre los manubrios bajos, formaba una sola figura con su bicicleta? (129-130) de lo cual ella se diferencia a trav?s de la forma en que se relaciona con los medios de producci?n porque entiende el proceso general y conoce cada una de las tareas: Elba conoc?a mejor que otras obreras las diversas etapas del trabajo. Mientras la mayor?a se conformaba con realizar su parte aisladamente, ella se hab?a empe?ado en conectar el esfuerzo que cumpl?a, con el de los dem?s. Ten?a una idea de lo que ocurr?a en las restantes provincias de ese reino del ruido, el calor, la humedad y la pelusa. [?] Elba vigila el telar y le pertenece. (132-133) Por m?s que Elba tenga solamente una tarea espec?fica dentro del proceso de producci?n, su conocimiento de todo el ciclo la convierte en un sujeto que se resiste a ser una parte m?s de la maquinaria, como en general parecen estar los obreros que, sometidos a un r?gimen de producci?n capitalista, quedan alienados de la totalidad. Esto aparece expresado a trav?s de la visi?n de Paula, la hija de Mar?a que tambi?n trabaja en la hilander?a. Ve la f?brica textil ?situada cerca de Villa Miseria? desde afuera y siente un ?deseo confuso de llamar a gritos a su madre desde all?, como si intentase rescatarla de un gigante que la tuviera prisionera? (120). Desde su 124 perspectiva, ?las f?bricas era colosos crueles y voraces que se apoderaban de hombres y mujeres para quitarles la salud, para exprimirlos como ella misma dec?a? (121), y m?s adelante, cuando va a buscar a su madre, ?sta se le aparece con ?apariencia de monstruo estrafalario? (196) por la vestimenta y las pelusas que la recubren. De la misma forma se hace alusi?n al lugar de trabajo de Godoy, un ?frigor?fico [que] es un monstruo vivo que crece? (58). Es en Villa Miseria, en su humilde casa, donde Elba se siente un sujeto de forma plena: ?Actuando en su peque?a cocina adquir?a plena conciencia de s? misma, ejerciendo dominio sobre los elementos de su quehacer, en lugar de sentirse diluida y desaparecida en medio del imaginado oleaje del tejido. Los mismos olores de su cocina, de su casa, el sonido sordo de la cocina a kerosene, la rodeaban amistosamente (134). All? ejerce dominio sobre los objetos, en contraposici?n a la f?brica donde la maquinaria la vuelve una pieza m?s del engranaje. Aunque est? en una situaci?n precaria con respecto a la tenencia de la tierra, su casa le pertenece, es producto de su trabajo, de las pr?cticas que transforman ese bald?o en su vivienda. Ese habitar pleno aparece en los sonidos y los olores que convierten la casilla en un hogar, incluso en condiciones precarias. Adem?s, se resiste a irse a dormir temprano ?[p]orque durmiendo, el tiempo tampoco ser?a de ella; al acostarse ya se entregaba a la jornada siguiente, una a la otra se empalmaban con siniestra continuidad. [?] Dando puntadas deten?a la rueda de los d?as y los trabajos est?pidos y rompiendo su continuidad se apropiaba del tiempo? (134). Entonces, como obrera, Elba forma parte de una totalidad productiva que la absorbe y la vuelve solo un eslab?n m?s de la cadena productiva, una pieza que podr?a 125 reemplazarse por cualquier otra obrera de ser necesario. La resistencia de Elba pasa, primero, por su intento de apropiarse simb?licamente de la totalidad del proceso de producci?n, en una forma en la que se afirma como sujeto y no como objeto de la maquinaria. Adem?s, es en su vivienda, aunque precaria, donde finalmente controla y toma completa conciencia de s? misma. Y, a su vez, lo hace tambi?n al adue?arse del tiempo en el que est? fuera de la f?brica, cuando se resiste a que su rutina se convierta solamente en momentos de reproducci?n vital como obrera. La totalidad opaca y alienadora que plantea la producci?n en la hilander?a se contrapone a su individualidad y, a la vez, a su voluntad de conformar una comunidad. La ubicaci?n de Villa Miseria parece ser ambigua. Por un lado, est? en el l?mite con la Ciudad de Buenos Aires, cerca de la Avenida General Paz, una frontera pol?tica impuesta que, para los habitantes de la villa, simboliza en un principio el acceso a la ciudad formal, pero que es una entrada que permanece cerrada. Marcelo, un ni?o reci?n llegado a Villa Miseria durante la noche, despierta al otro d?a, la contempla por primera vez y desilusionado exclama: ??Y esto es Buenos Aires?? (36). Aquellos que van hacia la ?ciudad? lo hacen para trabajar o por alg?n asunto espec?fico, como cuando al final de la novela Godoy va a la estaci?n de trenes de Retiro, cerca de una de las zonas m?s caras y exclusivas de la ciudad, para buscar a su familia que vuelve de Salta. Carmela Ferreiro, una mujer que llega con su familia casi al final de la novela, cuenta que un camionero que los llevaba los dej? ?a la entrada de Buenos Aires, por la Avenida General Paz? (271). Oszlak retoma la frase ?el pa?s termina en la Avenida General Paz? y explica que: 126 se quiere significar que la centralidad y autosuficiencia de la Capital Federal permite a sus habitantes circunscribir su vida cotidiana, sus proyectos personales y hasta su imagen del pa?s a cuanto ocurre dentro de los l?mites f?sicos de esa avenida demarcadora. El valor simb?lico de la frase tambi?n sirve para indicar la extrema ignorancia de los porte?os sobre las condiciones de vida material de millones de argentinos que, dejando a un lado la ficci?n jurisdiccional, conviven dentro de una sola e indivisible metr?poli. (71-72) Si bien la General Paz aparece como l?mite de la ciudad capital, al mismo tiempo complejiza esa ?ficci?n jurisdiccional? desde la perspectiva de Villa Miseria. El personaje apodado el Espantap?jaros ?de quien nunca se sabe el nombre? juega un rol importante en este sentido: si Fabi?n es la figura del l?der, el Espantap?jaros parece representar el del intelectual. Se trata de un personaje con una historia distinta, los hechos que lo llevaron hasta la Villa difieren del resto de los habitantes. Seg?n lo que se cuenta, es un estudiante que fue detenido y torturado con la picana el?ctrica por el peronismo por haber ayudado a organizar una huelga obrera luego de lo cual ?[l]o tiraron desde un auto y desmayado cay? a lo largo del terrapl?n de la Avenida General Paz? (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 104) lo que puede interpretarse simb?licamente como que lo expulsan de la ciudad formal. Es en la Villa donde lo curan y lo salvan: Fue a parar all? inconsciente, medio muerto, y ese extra?o lugar, incre?ble, insospechable, result? el ?nico lugar donde hubiera podido reconstruir su alma despu?s de una experiencia cuya crueldad destructora y fuerza aniquiladora sufri?. Hab?an desbastado con las torturas sus ganas de vivir. Se sumergi?, toc? fondo, dej? de pertenecer a la vida a la que ya no quer?a volver a pertenecer, 127 pero fue asignado por alguien al ?nico lugar -estaba absolutamente convencido de ello-, donde pudo llegar a reconciliarse con la vida a trav?s de aut?nticos seres humanos. (269) Es el que plantea una perspectiva m?s general y te?rica sobre el fen?meno de las villas, a trav?s de la ocupaci?n que se impone de ?coleccionar los barrios de latas. Los hab?a encontrado hasta en pleno centro de la ciudad. Cerca de Constituci?n, en Garay, entre Chacabuco y Per?; en el coraz?n del Belgrano yendo por la calle Sucre; sobre la General Paz, dentro de la capital, a pocas cuadras de Rivadavia. ?Acaso hubiera sospechado jam?s la existencia de tales lugares?? (107). Un d?a de lluvia, una vez seguro de que las precipitaciones se mantendr?n constantes, ?el hombre de la barba y de la mirada delirante? (52) llega hasta la Avenida General Paz y dobla para recorrerla, y es justamente esa mirada la que le permitir? ver lo que permanece oculto. Recorre as? la avenida donde encuentra muchas f?bricas, primero del lado de la provincia y luego del lado de la capital, donde distingue ?varios ranchos, menos que ranchos, gallineros muy bajos, remiendo de latas y maderas, pedazos de persianas viejas, arpillera, alambre tejido. Se qued? dudando si eso deb?a considerarse un barrio, si correspond?a agregarlo a su colecci?n? (53), a la lista de ?barrios de lata? que compone mentalmente. ?Ya hab?a contado once y estaba seguro que aparecer?an m?s? (53). Hab?a encontrado uno incluso en Belgrano, uno de los barrios m?s residenciales y costosos de la ciudad. Luego de un corto viaje en colectivo baja y desde el terrapl?n de la Avenida General Paz encuentra lo que buscaba, lo que present?a: ?All? estaba a sus pies, extendi?ndose pobre, triste, miserable, bajo la lluvia y en medio del barrial, como una sucesi?n de chiqueros techados? (55). Su mirada delirante que encuentra los rancher?os es 128 presentada como la ?nica que logra conectar esa cantidad de barrios precarios en un fen?meno m?s general: ?Estoy loco, colecciono barrios de las latas, soy el propietario secreto de todas estas cuevas, de todos estos caser?os inmundos?. Se centra en ver detalladamente las condiciones de las ?casuchas? que el narrador reproduce: ?[s]e ofrec?a como para una foto aunque el d?a con poca luz no hubiera permitido sacarla? (55). Su visi?n general sobre estos barrios le hace entender, a su vez, la necesidad y el potencial que tienen de ser vistas, de dejar de ser invisibles a la ciudad panorama: Hagamos la marcha de los gusanos, que las sombras y los espectros salgan a la luz, una marcha de todos los barrios de las latas, que se movilicen las casuchas y echen a andar, en un gran desfile de todas las Villas Miserias, que salgan de sus repliegues en los que crecen como alima?as ciegas, para que la ciudad los vea, para presentar sus saludos a las casa de verdad, a los hogares de los seres humanos. (57) Lo que expresa en el delirio que le provoca la fiebre parece una reelaboraci?n de la marcha del hambre que se organiza en la obra de Castelnuovo: es la marcha para exhibir lo que la ciudad formal no quiere ver. Sin embargo, el Espantap?jaros no deja de ser un personaje externo que nunca termina de integrarse en Villa Miseria como los otros. Tal vez, su necesidad de ver y de captar cada uno de los detalles de los barrios de lata se deba a saberse ajeno a ese espacio y, por lo tanto, responsable de conocerlo, tarea del intelectual: En su paseo desfilaba ante ?l la ciudad enana. Las casillas sobresal?an aqu? irregularmente, hasta cerrar la perspectiva con el amontonamiento de sus aristas, como en un cuadro cubista. Pero la geometr?a cubista es escueta y 129 estricta y este proyecto de calles con sus charcos, y sus desperdicios, embanderada de ropa tendida, estaba adem?s repleta de chicos, algunos desnuditos, (?) M?s adelante el barrio esparc?ase, chato pero abierto. (267) El paisaje de casillas recrea la fragmentaci?n de las formas propia del cubismo. El barrio de latas como cuadro cubista rompe con la perspectiva como forma visual de representaci?n de la realidad, un barrio que conforma una ciudad enana que s?lo es visible desde el terreno. Por otro lado, si bien Villa Miseria no forma parte de la ciudad concebida por el urbanismo, en algunos aspectos recrea las desigualdades de la ciudad formal. La mayor?a de los personajes de la novela habitan lo que son las zonas c?ntricas de la villa, cerca de la calle principal: ?All? estaban las mejores viviendas, dispuestas m?s espaciadamente, pero a medida que avanzaban, el aspecto se tornaba m?s miserable, y las construcciones m?s endebles, de lata, o de cart?n que parec?a cuero, mientras que otras semejaban grandes cajones sin aberturas? (24). Incluso al final de la novela, cuando Ramos acompa?a a Fabi?n, quien debe abandonar la villa definitivamente porque lo busca la polic?a, los dos: tomando una direcci?n opuesta a la acostumbrada, fueron por un camino pocas veces recorrido que atravesaba uno de los ?ngulos, verdadero rinc?n del barrio, buscando una salida que bordeaba el pared?n que lo ocultaba y contra el cual se hab?an construido nuevas viviendas. Era el sector m?s lamentable y sucio. Los ranchos parec?an linyeras andrajosos, con una vestimenta de colgajos, remiendos de latas y arpillera, reforzados por maderas viejas, alguna chapa acanalada, ca?os. Todo eso estaba ociado, podrido? (284) 130 Se construye un ?centro? y una ?periferia? tambi?n dentro de la villa, donde el primero supone ventajas para sus habitantes, de los que carece el segundo. La novela expone que, incluso habiendo una comunidad tan fuerte, hay personajes que quedan excluidos. Es el caso del anciano que unos chicos encuentran de casualidad muerto en su casilla: Todo hac?a creer que se hab?a muerto por la noche mientras dorm?a. Estar?a enfermo. No fue posible averiguar ni c?mo se llamaba. Ignoraban su apellido y su nombre, de d?nde ven?a, de qu? se ocupaba. [?] Hab?a llegado ocho d?as antes, como si hubiese podido adivinar que esa misma ma?ana hab?a quedado desocupado un rancho. (83) Es entonces un hombre que parece doblemente excluido. Pero mientras el Estado aparece s?lo para hacerse cargo de su cuerpo, varios de los habitantes de la villa ?[q]uer?an conectar a alguna realidad a ese hombre que hab?a pasado all? como una sombra; quer?an fijar algo de su paso antes de que se desvaneciese hasta su rastro? (93). Por eso, deciden por lo menos organizar una colecta para su velatorio y entierro. Por otra parte, la separaci?n tradicional entre los espacios privados/dom?sticos y p?blicos, caracter?stica esencial de la ciudad planificada, no es posible aqu?, por lo que ?stos se reconfiguran en la Villa. Pr?cticamente todo es p?blico y compartido, desde el aseo ?los s?bados es el d?a en el que lava la ropa y que el barrio se higieniza ?p?blicamente? (73)? el uso del ?ba?o? que es compartido y consiste en un pozo cubierto por una arpillera ?Aureliano es el ?nico que tiene un ba?o privado dentro de su vivienda?, hasta los conflictos familiares y de pareja. Dentro de la vida dom?stica, la novela, lejos de romantizar la villa, plantea los problemas que acarrea que las familias duerman todas juntas en una misma ?habitaci?n?. La ?promiscuidad? que afirma el 131 an?lisis de la CNV en su Plan de Emergencia aparece especialmente cuando Ponciano, casado con una hija de don Nolasco y Engracia, llega a vivir con ellos con el argumento de que quiere juntar plata para ?traer? a su esposa. En esta situaci?n, el tono de la voz narrativa cambia y parece emitir un juicio moral. Sin embargo, las razones de ciertos comportamientos aparecen dados por las condiciones y comportamientos individuales, y no por la ?naturaleza? de los habitantes: ?En este simulacro de habitaciones separadas se amontonaban, los padres en una, y los hermanos y ella en la otra. Rosa pas? a la de los padres, y su cu?ado se acomod? con Tom?s y Juancho. En esa promiscuidad s?lo pod?a separarlos en la noche el sue?o m?s o menos pesado de cada uno? (145). Rosa es acosada por Ponciano de manera sistem?tica, situaci?n que se facilita ?seg?n la novela? por la falta de espacios privados al interior de la vivienda. Muestra la posici?n de vulnerabilidad en la que se encuentra la joven Rosa que ?no comprend?a c?mo nadie notaba su audacia provocadora? y tem?a contarle a su familia porque ?[c]re?a inevitable una cat?strofe si su padre se enteraba? (146). Por eso, ?atemorizada, se mantuvo en lo que era su natural impulso, el de no hablar? (146) y encuentra como ?nica escapatoria un trabajo ?con cama adentro? en una casa de familia. Pero la situaci?n es finalmente descubierta por su familia en un momento en que Ponciano est? amenazando a Rosa, y es cuando su padre y su hermano Tom?s la defienden entrando en una pelea f?sica con ?ste, lo que resulta en su fuga, aunque es apresado unos d?as despu?s por la polic?a. Esta situaci?n de acoso aparece m?s como producto de las condiciones de las viviendas, as? como de las caracter?sticas propias de Ponciano, alguien externo a la villa; o sea, una situaci?n creada por alguien que no es parte del barrio. Sin embargo, no se muestra ning?n tipo de cr?tica al sistema patriarcal sobre el que se fundamenta la sociedad. 132 Por otro lado, la forma en que se muestra la relaci?n entre Per?n y los trabajadores que viven en la villa desarma el cl?sico binomio de peronismo y antiperonismo, se ?desmitologiza la relaci?n l?der-?cabecita? para mostrar la persistencia de una pr?ctica pol?tica, econ?mica y cultural que sigue produciendo espacios de exclusi?n y diferencia? (Demar?a 379). Aun antes del derrocamiento de Per?n, las posiciones pol?ticas con respecto al peronismo no reproducen al obrero t?pico peronista sindicalizado en la CGT (Central General de Trabajadores) ni se considera a Per?n como l?der de los desprotegidos. Fabi?n y Adela ven dentro de la habitaci?n de una mujer ?un afiche con una gran cabeza sonriendo con muchos dientes. La mujer estaba enamorada de esa cara, de ese presidente, de ese hombre? (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 72). Adela entonces pregunta: ??Qu? le da ?se? El barro en que vive, le da. Le voy a buscar un cartel que he visto hace poco. Dice: ?Los ?nicos privilegiados son los ni?os?. Fabi?n, que la escuch? con alarma, se alegr? al comprobar que no fue o?do el peligroso comentario? (72). Por un lado, en esta primera edici?n no aparece el nombre ?Per?n? (s?lo una vez se nombra ?peronismo?). En cambio, se alude a ?l como el ?hombre? o incluso ?la voz?, que ser? aqu?lla que se callar? una vez producido el golpe de Estado. Por otro lado, hay un miedo que subyace y que, incluso en el ambiente de la villa, impide hablar en su contra. Godoy, quien ha llegado a la Villa desde un ingenio azucarero, dice: ?Yo no soy contrera, a ustedes les consta, pero busco el sentido de las cosas. Lo que pasa es que ?l ?sus oyentes sab?an a qui?n alud?a- se quedaba atr?s de nosotros. El justicialismo lleg? entero hasta C?rdoba, no m?s. De all?, en todo caso, sigui? cansado. -Pero se salte? Villa Miseria- coment? Ayala? (93). 133 El ocultamiento de las villas durante el peronismo aparece como uno de los puntos centrales de la novela. Cuando se discuten los problemas de la villa, especialmente la falta de servicios b?sicos, Codesido sugiere ir a la Unidad B?sica de la cual es parte para exponer sus problemas. Pero una vez que la delegaci?n llega all?, el secretario les dice que deben ir a la Municipalidad que corresponde por ser parte de la provincia. Es una de las pocas veces que se reconoce a la villa como parte de alguna jurisdicci?n: ??el barrio estaba en el Gran Buenos Aires, pertenec?a a uno de los 110 partidos en que se divide la provincia? (163). Sin embargo, ?al acudir a la Municipalidad se dieron cuenta que sobre todo les era dif?cil probar que exist?an. En esas oficinas solo sab?an que donde ellos dec?an habitar hab?a un gran bald?o cuyo propietario no figuraba por cierto entre los pobladores del improbable barrio, pero s? en el Catastro? (163). Para el Estado, lo que hay all? es el terreno del Sr. Groso, apegado al ?espacio concebido?; la villa no existe. Lo ?nico que les ofrecen son adoquines si mandan un cami?n para recogerlos. Pero luego de unos d?as, llegan unos trabajadores a la villa y: ?[p]ronto se supo que esos alba?iles iban a construir un muro de material que ocultase el barrio de las miradas no solo de los que pasaban en auto o a pie, sino haci?ndolo invisible, adem?s, desde otro lugar elevado ?no sab?an cu?l? desde el que se lo abracaba en toda su extensi?n? (164). Con el mismo material que se podr?an haber construido los ba?os colectivos reclamados, se levanta en una semana un muro que esconde las villas de las miradas porque ?Villa Miseria penetra en una realidad que molesta porque muestra sin tapujos la contracara amarga del proceso de industrializaci?n y el ascenso de las clases obreras? (Demar?a 373). Adem?s, oculta, 134 pero no impide el crecimiento de la villa, de hecho, cuando se termina de construir, nuevas casillas se apoyan conta ?l. El golpe de Estado, el exilio de Per?n y la instauraci?n de la dictadura que en pocos d?as altera la pol?tica, la sociedad y la econom?a argentina, no es percibido como un quiebre desde la perspectiva de la villa. En la novela, la mirada narrativa que se posiciona desde la villa reelabora el significado del quiebre democr?tico: La voz que permanentemente cubr?a con sus gruesos ecos el pa?s todo y d?a a d?a se insinuaba desde los receptores de radio por todos los vericuetos de la Villa, dej? de pronto de escucharse. A los argentinos que la rechazaban y discut?an, y a los paraguayos, no les import? que fuese silenciada. Los que cre?an cuanto ella les dec?a negaron en todo momento los signos que anunciaban su desaparici?n y no creyeron en su silencio ni siquiera cuando se produjo y empezaron a esperar que reapareciese de un momento a otro. Ces? la voz, y en lugar de mon?logo se escucharon voces diversas. (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 214) La voz tratada en singular implica no solamente que Per?n se hac?a presente en la villa s?lo a trav?s de sus discursos y no de hechos, sino que la voz que emite los mon?logos (o sea, una voz singular que no dialoga) se convierte en ?voces diversas?. Este paso representa la idea de muchos sectores que vieron en la Revoluci?n Libertadora una garant?a de la supuesta vuelta a una libertad de expresi?n, tal como se plantea en la nota ya mencionada ?Periodistas y gr?ficos solicitan al Gral. Lonardi la libertad de prensa?. Lo que aparece como verdadera novedad y que representa un quiebre en el ocultamiento de Villa Miseria es la visita de un periodista ?que, aunque 135 no tiene nombre representa literariamente al propio Verbitsky? que entrevista a la gente y publica en un peri?dico la primera nota sobre este barrio: ?Y as? fue que all? se recibi?, no sin desconfianza, la visita de alguien que se present? a s? mismo como periodista. Explic? que deb?a informarse al p?blico sobre la existencia de esos extra?os barrios que ?l conoc?a desde tiempo atr?s, pero sobre los cuales no se hab?a permitido escribir hasta ahora? (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 214). La visita no deja de generar cierta desconfianza (tal como sucedi? con la visita de Verbitsky a Villa Maldonado), porque algunos temen que la exposici?n pueda llamar la atenci?n del nuevo gobierno de forma negativa: ?[u]nos aseguraban que el nuevo gobierno arrasar?a todos esos barrios mientras otros pronosticaban que por fin se construir?an monobloks para los trabajadores y no como hasta entonces para jerarcas y funcionarios del r?gimen? (217). M?s all? de los temores, ?por de pronto, ?exist?an? p?blicamente, y hab?a terminado la etapa de su existencia vergonzosa y secreta? (215), o por lo menos eso era lo que pensaban. Los habitantes tratan de reconocer sus viviendas en las fotos que publican ?a veces poco claras? (216). Mostrar la villa a trav?s de una imagen fotogr?fica no llega a representar el espacio de la villa en s?, pero se trata de que la gente vea y, por lo tanto, conozca las villas. Adem?s, el autor usa la ficci?n para confirmar su autor?a del t?rmino Villa Miseria: ?De esta ?nota?, que revel? la existencia de una realidad hasta entonces escondida, surgi? la designaci?n general de Villa Miseria para ese barrio y otros parecidos? (216). La repentina visibilizaci?n de la villa en los medios de comunicaci?n confirma el miedo de quienes sosten?an que ?esto era peligroso ya que ciertas descripciones 136 denigraban a la gente y no auguraban una favorable intervenci?n oficial? (216). Lo que queda comprobado por la publicaci?n de ?algunas ?editoriales?? como la de: un diario sumamente serio [que] sostuvo que Villa Miseria representaba un retorno a la primitiva tolder?a, consecuencia de una pol?tica de despoblaci?n del campo y a la vez del fracaso de la congelaci?n de alquileres que mat? todo est?mulo para edificar. Y agregaba el autor de ese comentario que la pobreza, la falta de higiene, la miseria no constitu?an lo peor, pues en realidad no se trataba de una miseria econ?mica sino de una miseria moral? (216) Sin nombrar al diario, la novela se refiere al ya citado editorial del diario La Prensa, ?Reaparici?n de las tolder?as?. Los puntos que aparecen en el editorial ficcional se corresponden de forma directa con el art?culo real. Adem?s, la novela narra un incendio repentino que se propaga r?pidamente y afecta parte de Villa Miseria, tal como sucedi? con el incendio real. La narraci?n personifica el fuego que se va apoderando de todo a su paso: ?El fuego se alimentaba a s? mismo, se agrandaba, a cada segundo m?s poderoso, m?s devastador, volvi?ndose duro, cortante, irresistible. [?] Se desliza sobre algunas paredes de madera y s?lo empieza a quemar al tocar trapos en el techo, una cortina? (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 226). Este poder del fuego est? dado por las condiciones precarias de las viviendas, construidas en su mayor?a de materiales inflamables, pero tambi?n porque la villa, como hab?an comprobado poco tiempo atr?s, no est? en los mapas. Entonces, los bomberos tardaron en llegar porque ?por una serie de coincidencias los llamados fueron mal interpretados, no se comprendi? a qu? barrio alud?an, y hasta se crey? en una broma. Pero adem?s se perdi? mucho tiempo en encontrar una boca de incendio 137 para alimentar las mangueras? (229). La descripci?n del avance del fuego es una de las pocas en que la imagen se construye tanto de lo visual como de lo h?ptico: ?El calor espeso, terrible, agresivo, imped?a acercarse? (229). El amanecer, la luz, revela las consecuencias: el lugar fue arrasado. La gente que hab?a perdido todo no se quiere ir ni aceptar el alojamiento provisorio porque ?[l]os chamuscados restos de sus casillas, el m?nimo rastro que probaba su existencia, marcaban un lugar que cada uno consideraba suyo. Y todos estaban resueltos a permanecer en el sitio. Sab?an que, con cuatro palos, unas maderas, y latas o fibrocemento para el techo, reconstruir?an la vivienda? (230). Los afectados por el fuego reciben colchones, mantas y carpas (tal como sucedi? en la realidad) como viviendas temporales. Para muchos, como para Carmela, quien hab?a llegado el mismo d?a del incendio, ?? su carpa era la estabilidad del hogar, era la seguridad? (273). Las hip?tesis del incendio recrean las hip?tesis del verdadero incendio en Villa Maldonado: se plantea que pudo haber sido causado para intentar desalojarlos, pero alguien deja correr el rumor de que pudo haber sido provocado por una pelea entre Isolina y Filomeno, quienes viv?an juntos. Este incendio provoca adem?s una fractura en la comunidad de la villa ya que los afectados por el incendio deciden tener a sus propios representantes ante los funcionarios p?blicos. Es cuando aparece en la villa ?un imponente autom?vil de chapa oficial [de donde] descendi? un grupo de se?ores que se dirigi? al sector de las carpas? (247) aunque los representantes de la Comisi?n de Vecinos logran acercarse y es Ramos quien ?[d]escribi? sin rebuscamiento las penurias de la gente. Confiaban que por fin habr?an de ser escuchados, lo que no pudieron conseguir en todos los a?os 138 transcurridos? (247) cuando ni siquiera pod?an comprobar que exist?an. La sociedad y el gobierno ya los han visto, ahora buscan que los escuchen. Los funcionarios parecen interesados y confiesan que ?adquir?an a trav?s de esa conversaci?n una idea m?s concreta del problema cuyo estudio se les hab?a encomendado? (248) y se despiden con promesas de protecci?n por parte del gobierno. Aunque no se indica de forma directa, esta comitiva podr?a ser parte de la CNV. Al poco tiempo de la publicaci?n de la mencionada editorial y de esta visita oficial, empiezan los rumores de que podr?an enviarlos al campo. As? lo expresa Godoy: ?Me preocupa otra cosa, todos estos rumores de que nos van a mandar al campo. Yo no lo creo, pero la ciudad nos odia a los cabecitas negras, y a lo mejor nos fletan? (258). Y luego agrega: ?No se dan cuenta que si queremos bajar a la capital es para buscar mejores condiciones. ?Acaso venimos porque en la provincia no hay ciudades? Hay ciudades y en las ciudades hay tranv?a, cines, negocios en los que venden todo. Si me dieran lo que gano ac?, me volver?a hoy mismo? (259). Godoy responde a las editoriales de La Prensa y al Informe de la CNV. Por un lado, con relaci?n a lo que plantean como uno de los puntos de la soluci?n al problema de las villas: enviar a parte de la poblaci?n ?de vuelta? al campo. Por el otro, est? nuevamente la estructura desigual del pa?s como explicaci?n para una migraci?n interna que llega hasta las puertas de la ciudad (tanto geogr?fica como simb?lica) porque ?la ciudad nos odia a los cabecitas negras? (258). La cuesti?n del racismo expl?cito en esa expresi?n popularizada durante el peronismo tiene sus or?genes, como se indic? en el apartado anterior, en el proceso de organizaci?n nacional. Adamovsky explica que: 139 parte de las ?lites que encabezaron la organizaci?n nacional reforzaron el sentido peyorativo de ?criollo? y su asociaci?n con la idea de ?impureza de sangre?. La dicotom?a civilizaci?n/barbarie que plante? Sarmiento se superpuso con el par europeo/criollo. El mundo rural y criollo fue desacreditado mediante varios procedimientos, pero uno de los principales fue el de asociarlo a una herencia de inferioridad, a la vez biol?gica y cultural, atribuible al car?cter mestizado del bajo pueblo y a la persistencia de h?bitos ind?genas o africanos. Inversamente, se concibi? la radicaci?n de inmigrantes europeos y el fortalecimiento de la ?raza blanca? como parte central del proyecto civilizatorio. (?La piel morena?) La irrupci?n de sectores populares en esferas de las que hab?an estado excluidos cuestion? ese discurso hegem?nico. Tal como se trabaj? en la imagen del 17 de octubre de 1945, la poblaci?n identificada con la ?barbarie? ocupaba el centro del s?mbolo del poder pol?tico: era una ?invasi?n? que tom? la ciudad (Gordillo 15). Gordillo retoma los planteos de Sarah Ahmed en Phenomenology of Whiteness (2007), en donde trabaja la ?blanquitud? con relaci?n a la ocupaci?n del espacio y explica que en el caso de la Argentina: desde el Estado y las clases dominantes se foment? una disposici?n hegem?nica de blanqueamiento del espacio y de restricci?n de la movilidad de cuerpos no- blancos a partir de un proyecto particularmente ambicioso y racializado de ingenier?a social: el intento de reemplazar completamente las poblaciones ind?genas, mestizas y afro preexistentes con gente proveniente de Europa?, lo que condujo al ?mito fundador de la Argentina blanca?. (11) 140 El discurso del gobierno y de los sectores tradicionales frente al ?descubrimiento? de las villas oscila entre un paternalismo sobre una poblaci?n enga?ada, utilizada y abandonada por Per?n, y la necesidad de ?limpiar? la ciudad de esos espacios y ?reafirmar violentamente algunos de los par?metros racializados de la Argentina Blanca como proyecto territorial? (Gordillo 17). ?La villa era un invento de Per?n? (Ratier, ?Villeros? 27), as? que una vez desplazado el peronismo es necesario erradicar las villas que cuestionan la ?geograf?a afectiva de la Buenos Aires blanca? (Gordillo 17). Ratier, ya en su libro El cabecita negra de 1971 incorpora el racismo del periodo del primer peronismo como parte de la historia argentina y afirma que en ese momento ?ser ?negro? era ser peronista, y viceversa? (13), en una conjunci?n entre racismo y el clasismo. Este racismo, que subyace en la mirada hacia la villa y que es respondido por Godoy, aparece ya desde el t?tulo de la novela. El propio autor explic? que: ?Estaba escribiendo desde antes mi novela, y al terminarla el ?ltimo d?a de 1956, el t?tulo surgi? solo, parafraseando el del famoso poema de Langston Hughes ?Yo tambi?n soy Am?rica70?? (Verbitsky, ?Ante mi obra 83). La voz po?tica, cuyo t?tulo original en ingl?s es ?I, Too?, cuestiona la construcci?n de la nacionalidad estadounidense bajo la hegemon?a blanca y se hace presente en la historia y la cultura en el acto performativo de enunciar ?I, too?. El cruce entre racismo y ocupaci?n del espacio que aparece aqu? ?They send me to eat in the kitchen / When company comes? y el final que exclama ?I, 70 El poeta estadounidense Langston Hughes (1901-1967) public? este poema por primera vez en 1925: ?I, too, sing America. / I am the darker brother. / They send me to eat in the kitchen / When company comes, / But I laugh, / And eat well, / And grow strong. / Tomorrow, / I?ll be at the table / When company comes. / Nobody?ll dare / Say to me, / ?Eat in the kitchen,? / Then. / Besides, / They?ll see how beautiful I am / And be ashamed- / I, too, am America?. 141 too, am America? se reformula en el t?tulo de Verbitsky. En la novela, en primer lugar, no aparece la voz en primera persona que se afirma, sino que, tal como sucedi? con el desarrollo de la expresi?n ?villa miseria?, la afirmaci?n de este espacio como parte de Am?rica se hace desde una voz externa, la del propio autor. As?, el t?tulo condensa la idea de mostrar y recordar que tambi?n estos espacios son parte de Am?rica. En este sentido, extiende esta problem?tica al resto del continente, plante?ndola como una cuesti?n que, m?s all? de las diferencias, excede los l?mites nacionales. Esta misma idea aparece a lo largo de la novela especialmente a trav?s del Espantap?jaros. El espacio de la villa se construye tambi?n a partir de la multiplicidad de los or?genes de sus pobladores y a este personaje el guaran?, hablado tanto por paraguayos como por correntinos, aunque con sus diferencias, ?le parec?a el camino m?s seguro para internarse en alguna verdad americana a la que de otro modo fuera tal vez imposible llegar? (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 242). Mientras que ?[e]l castellano establec?a entre ellos una comunicaci?n de superficie y s?lo cuando hablaban el guaran?, el idioma de su intimidad y su fraternidad, cavaban hacia el compa?ero una galer?a por la que llegaban m?s pronto hacia su coraz?n. Era el idioma que comunicaba de arteria a arteria, de sangre a sangre? (243). Verbitsky piensa que ??la villa miseria ha contribuido a esta americanizaci?n? (Verbitsky, ?Ante mi obra? 86). Cuando Fabi?n habla de la situaci?n de miseria en Paraguay, el Espantap?jaros piensa que deber?a agregarlo a su colecci?n de barrios de lata, ?que sumados constitu?an un continente, una civilizaci?n. ?Y por qu? no Bolivia? Y habr?a que seguir expandiendo hacia el Norte, rumbo a uno y otro Oc?ano? (Verbitsky, Villa Miseria tambi?n 246). La mirada del Espantap?jaros inserta Villa Miseria dentro de un fen?meno m?s general en la 142 Argentina y, a su vez, dentro de un fen?meno m?s regional, lo que aparece plasmado a trav?s del t?tulo. Seg?n Perilli, ?la repercusi?n de la obra del autor en las revistas literarias de la ?poca muestra su consagraci?n dentro del campo intelectual. Sin embargo, todos los cr?ticos le otorgan valores extraliterarios como ?autenticidad?, ?moralidad?, ?denuncia?, ?testimonio?? (558). Esto aparece en la rese?a que Antonio Pag?s Larraya publica en el diario La Raz?n el 1 de marzo de 1958 (Anexo 5); recalca el desvelamiento que hace la novela sobre la villa a trav?s de una escritura que caracteriza en varias partes como ?limpia? e ?imparcial?. Adem?s, identifica al autor con la voz narrativa al decir que ?permanece en su fiel posici?n de cronista, pero de cronista imparcial y minucioso?. El 29 de junio de 1958 aparece otra rese?a escrita por Jos? Barcia en La Naci?n (Anexo 6) en la que se caracteriza la novela como un ?testimonio de la realidad? y habla de Villa Desocupaci?n como precursora de Villa Miseria, lo que significa un ?retroceso social?. El autor establece que en la novela el foco no est? en los personajes ni en sus ?pasiones?, sino en la descripci?n (visual) del espacio. As?, reitera una y otra vez la construcci?n de la novela alrededor de im?genes visuales: ?todo lo abarca su mirada?, ?lo exhibe a la luz del d?a para que se lo conozca y para que quienes puedan lo resuelvan?, ?Verbitsky hubo de recurrir al ?pantallazo?, como si manejase una c?mara cinematogr?fica que va revelando desde todos los ?ngulos posibles los detalles?. En ambas notas cr?ticas aparece, entonces, lo que postula Perilli con respecto a los valores extraliterarios que se le otorga a la novela. Lo que se acent?a del texto es su capacidad para dar a conocer esa realidad que hab?a permanecido oculta a trav?s de una escritura que se abstiene de juzgar. 143 3.4. Modificaciones en la novela luego de la primera edici?n La novela se convirti? en best-seller en Argentina, seg?n Verbitsky, ?coincidiendo con el mayor auge de sus sellos editoriales, Eudeba y Jorge ?lvarez? (Requeni 25). En 1966 aparece otra edici?n de Villa Miseria tambi?n es Am?rica a cargo de Eudeba, en la que se aclara que se trata de una ?nueva edici?n revisada y corregida por el autor?, lo que implic? modificaciones y agregados considerables. En primer lugar, se incorpora un cap?tulo entero (el n?mero VII seg?n la numeraci?n de la nueva edici?n) que comienza con: ?As? ocurri?. Una ma?ana cualquiera Buenos Aires descubri? un espect?culo sorprendente: al pie de los empinados edificios de su moderna arquitectura se arremolinaban infinidad de conglomerados de viviendas miserables, una edificaci?n enana de desechos inveros?miles? (39, 2da. ed.). Esta secci?n genera una especie de corte en la novela porque se plantea como un discurso hist?rico y sociol?gico que explica las causas del surgimiento y desarrollo de las villas. Analiza el origen de la poblaci?n en estos barrios, el efecto del crecimiento industrial en un pa?s caracterizado por la producci?n de materias primas, la falta de viviendas en Buenos Aires, y el consecuente origen de las villas. Adem?s, ofrece de forma directa la idea antes trabajada sobre Villa Miseria como parte de un proceso m?s regional, pero va m?s all?: Acaso este movimiento [migratorio], tal como se cumpli? y se sigue cumpliendo, demostrar?a una unidad por encima de la divisi?n nacional, de lo que fuera el Virreinato del R?o de la Plata el cual por un curioso destino hist?rico, en un momento de plenitud de la Argentina aparece reconstituido por 144 el origen del elemento humano que colma las villamiserias [sic] que rodean su capital. (41 2da. ed.) Las villas, entonces, producen una vuelta hacia el pasado, pero no hacia la ?barbarie?, sino hacia un pasado com?n, hacia una ?unidad natural? que existi? antes de la imposici?n de l?mites pol?ticos. Es as? que los procesos que aparecen a lo largo de la novela a trav?s de los personajes aparecen profundizados, explicados y condensados en este cap?tulo. Otros cambios implican la reorganizaci?n del orden de los cap?tulos que van del 8 al 13 de la edici?n original, as? como el agregado, la eliminaci?n y la reorganizaci?n de otras partes. Dentro de estos cambios, menciono aqu? dos: mientras que en la primera edici?n aparece una vez la menci?n expl?cita del t?rmino ?peronismo?, no aparece en ning?n momento el nombre ?Per?n?. Pero en la edici?n de 1966 es nombrado de forma directa dos veces en el cap?tulo 38 (2da. ed. 202-203). En segundo lugar, en la primera edici?n, la primera intervenci?n que hace quien luego se sabe que es el Espantap?jaros, pero que es referido en este momento solo como ?un hombre de barba deshilachada y mirada extra?a?, es: ?Paraguay es una provincia argentina, o podr?a serlo, la provincia m?s lejana, no s?lo en la distancia sino en el tiempo, pues a?n vive en el pasado, en la Colonia? (49). Esto lo dice frente a varios habitantes de la villa que por la lluvia no hab?an podido ir a trabajar (son alba?iles, fruteros, pintores) y que reunidos en una casilla hablan sobre las desigualdades tanto en Argentina como en Paraguay. En la segunda edici?n, la primera intervenci?n del Espantap?jaros es: ??Existe Buenos Aires? Desde Villa Miseria no se ve? (2da. ed.45). Esto puede ser entendido como la lejan?a simb?lica de la ciudad, aunque Villa Miseria 145 se encontraba en la frontera con la ciudad de Buenos Aires y era parte de la Provincia de Buenos Aires, pero tambi?n como un cambio de perspectiva: es Buenos Aires la que pierde realidad cuando es vista desde la Villa. De esta forma, se cuestionan y complejizan las categor?as de margen y periferia. 3.5. Panorama literario y art?stico m?s amplio de los a?os inmediatos a la publicaci?n de Villa Miseria tambi?n es Am?rica Como se dijo, Villa Miseria tambi?n es Am?rica fue la primera novela que narra una villa (aqu? entendida como aquellas surgidas en la d?cada del cuarenta) desde la ficci?n. Pero el inter?s por estos espacios empieza a aparecer reflejado casi inmediatamente tambi?n en otras obras. Con relaci?n a obras literarias, Ra?l Gonz?lez Tu??n public? el poema ?Villa amargura? (A la sombra de los barrios amados, 1957) en el que la voz po?tica habla de ?Villas, villas miseria, incre?bles y oscuras? como ?barrios de un Buenos Aires ignorado en la gu?a para el turismo? (81). Hay tambi?n aqu? un foco en la descripci?n de las condiciones materiales de las villas y la indiferencia del Estado y de la sociedad. En 1958 se public? Ladrones de luz de Rub?n Ben?tez que se estructura de una forma muy similar a Villa Miseria: el barrio es el protagonista y cobra vida a partir de la multiplicidad de personajes que conforman una comunidad para sobrevivir y mejorar sus condiciones de vida. La diferencia fundamental es que, en esta obra, las casas precarias se asientan en un terreno cuyo due?o tambi?n vive all? y a quien deben pagarle una renta. Esto, sin embargo, no resuelve el problema de la inestabilidad y amenaza de desalojo ya que no existen contratos regulados por el Estado. En ese mismo a?o se 146 publican Los barrios de Mauricio de Rafael Gallegos y Kil?metro 25 de Juan Goyanarte, que presenta la mirada de un extranjero. Las villas tambi?n fueron objeto de inter?s inmediato por parte de artistas pl?sticos. En este sentido se destacan obras de Antonio Berni (Rosario, 1905 - Buenos Aires 1981): Villa Piol?n (1958) e Incendio en la villa (1958), as? como la serie de cuadros de Juanito Laguna, arquetipo de un ni?o pobre que vive en una villa ?que produce entre 1960 y 1978? y que pueden apreciarse en el marco del Nuevo Realismo que el artista desarroll? en la d?cada de 193071 y sobre el que plante?: Para m? el realismo era una suerte de denuncia pero que implicaba la libertad expresiva en cuanto a los medios con que se manifestaba. No hac?a hincapi? sobre el tipo de imagen que deb?a emplear o el estilo. Sucede que en un pa?s como el nuestro, el desarrollo de la pintura no puede estar desligado del desarrollo general de la sociedad. Sin un desarrollo integral no hay pintura desarrollada. (L?pez Anaya). 71 Dirigi? la Mutualidad de Estudiantes y Artistas Pl?sticos en Rosario, un espacio alternativo que form? una ?alianza entre intelectuales y artistas que se manifest? como una relaci?n entre arte de vanguardia y pol?tica radicalizada? (Fantoni 14-15). Adem?s, ?[l]a organizaci?n de la Mutualidad impulsada por esa presencia y, consecuentemente, la compleja elaboraci?n del Nuevo Realismo fueron las respuestas que Berni, de un modo pol?mico y audaz, dio al modernismo formalista y a todos los que cre?an que era posible crear al margen de cualquier exterioridad (14). El Nuevo Realismo de Berni se expres? en un texto que apareci? en la revista Forma en agosto de 1936 en el que cuestiona la distancia de los artistas de los problemas sociales de su tiempo, reclama que ?la vida en la torre de la pura est?tica resulta inc?moda e insostenible? (8) y critica el arte ?fr?volo y superficial? (8). Desde un an?lisis marxista postula que ?todo mal lleva en su seno la propia negaci?n, o sea, la negaci?n del dualismo [entre sujeto y pl?stica del realismo de Courbet] y la necesidad de la s?ntesis?. El ojo de ?caro que de Certeau aparece tambi?n aqu? para la pl?stica: ?s?lo en el siglo XX, en un vuelo de ?caro, el pintor se aleja del mundo real para alcanzar el otro quim?rico de las puras formas y colores?, pero luego de que sus alas se quemen, ?caro regresa al ?mundo del que se hab?a querido desprender? (Berni 8). Postula entonces que el Nuevo Realismo es ?un nuevo orden, una nueva disciplina, apoyados por una nueva cr?tica inspirada en la realidad concreta que vivimos (?) que no es una simple ret?rica o una declamaci?n sin fondo ni objetividad; por el contrario, es el espejo subjetivo de la gran realidad espiritual, social, pol?tica y econ?mica de nuestro siglo? (14). 147 Villa Piol?n e Incendio en la villa son ?leos sobre tela que representan el amontonamiento de casillas y un incendio en una villa donde el color rojizo se apodera de todo el cuadro. Pero para la serie de cuadros de Juanito Laguna72 Berni incluye la t?cnica del collage y una variedad de materiales entre los que se encuentran desechos que tomaba de zonas cercanas a las villas. El realismo de esta serie no estaba dado solamente por el tema y el espacio que representaba, sino que los materiales proven?an directamente de esa realidad. Al incluirlos en sus cuadros, esos deshechos eran resignificados e incluso llegaron a exhibirse en importantes galer?as del mundo. Adem?s, Andr?s Calabrese (Rosario, Santa Fe, 1914 - Buenos Aires, 1973), un pintor e ilustrador que fue miembro fundador de la Mutualidad de Estudiantes y Artistas Pl?sticos de Berni exhibi? un dibujo suyo titulado Villa Miseria (Anexo 7) en la Sociedad Argentina de Artistas Pl?sticos (SADAP) que fue reproducido en la segunda secci?n ?el fasc?culo dedicado al arte? de Noticias Gr?ficas el 22 de noviembre de 1955, a solo un mes de la publicaci?n de la primera nota de Verbitsky en el mismo diario. En 1958 tambi?n el cine represent? la villa a trav?s de dos pel?culas: el documental Buenos Aires73 (1958) dirigido por Jos? David Koh?n (Buenos Aires, 1929 72 Las obras que forman parte de esta serie de 1960 son La familia de Juanito Laguna y El carnaval de Juanito Laguna; las de 1961 son La Navidad de Juanito Laguna, Pesadilla de los injustos o La conspiraci?n del mundo de Juanito Laguna trastorna el sue?o de los injustos, Inundaci?n en el barrio de Juanito, Retrato de Juanito Laguna, Juanito Laguna lleva la comida a su padre, pe?n metal?rgico, Incendio en el barrio de Juanito Laguna, Juanito Laguna, el ni?o del bajo de Flores, El cosmonauta saluda a Juanito Laguna a su paso sobre el ba?ado de Flores, Juanito Laguna aprende a leer, Juanito cazando pajaritos, Juanito con pescado, Juanito ba??ndose y Juanito pesca con red; las de 1962 son Los astros sobre Villa Cart?n, El mundo prometido a Juanito laguna y Juanito pescando; y hay una de 1963 que es Juanito va a la ciudad. Entre 1972 y 1978 Berni crea alrededor de quince cuadros m?s de Juanito Laguna. 73 El mismo a?o aparecen los documentales, Las Callampas (Dir.: Rafael S?nchez) en Chile y Cantegriles (Dir. Alberto Miller) en Uruguay, en los que se exhiben las ?villas? propias de cada pa?s. 148 - 2004) y la pel?cula Detr?s de un largo muro (1958) dirigida por Lucas Demare (Buenos Aires, 1910 - 1984). 3.6. Conclusi?n Las villas comienzan a aparecer como fen?meno reconocido socialmente cuando son nombradas p?blicamente en el art?culo de Verbitsky, que no puede entenderse sin el contexto pol?tico de la ?poca. La importancia de esa primera nota fue demostrada a trav?s de la expansi?n de la expresi?n ?villa miseria? que sigue siendo usado en la actualidad. El an?lisis de las noticias y editoriales sobre las villas aparecidas en varios peri?dicos dan cuenta tambi?n de la forma en que fueron ?vistas?, especialmente por parte del gobierno de facto y de los sectores tradicionales que si bien parecieron tener una actitud de indignaci?n por las condiciones en las que viv?an esas poblaciones, las usaron como uno de los tantos embates contra el peronismo ya derrocado. As?, se empez? a construir un discurso en el que las villas pod?an ser focos de epidemias y de degradaci?n moral, y a caracterizar a sus habitantes como alcoh?licos, promiscuos y sin incentivo para el trabajo. En este discurso subyace un profundo racismo que en Argentina se conjug? con un clasismo y que hab?a tenido un punto de expresi?n ?lgido durante los a?os peronistas con la irrupci?n de sectores populares en la arena pol?tica, que tambi?n hab?an reclamado y ocupado espacios simb?licos y lugares f?sicos antes reservados para quienes representaban la ?Argentina blanca y europea?: hab?an llegado a Buenos Aires, centro de este discurso. Por eso, desde la perspectiva de quienes hab?an ejercido esa imagen y ese poder, las villas son vistas como un regreso a la barbarie, el retorno de las tolder?as en el binomio 149 ?civilizaci?n vs barbarie? de Sarmiento. La soluci?n propuesta fue la erradicaci?n de estos barrios precarios y la vuelta de parte de su poblaci?n al campo, sin importar si originalmente proven?an de sectores rurales. La novela de Verbitsky se escribe y publica en di?logo con esa visi?n de la villa. Por eso no solo denuncia y exhibe las villas, sino que en la obra deviene im?genes principalmente visuales que discuten con las creadas desde posiciones hegem?nicas. El primer movimiento que genera la novela es ampliar los l?mites de la literatura al incorporar la villa como espacio de ficci?n. El segundo movimiento es situarse en una villa y dar voz ?de forma ficcional? a quienes viven all? y as? rebatir esas otras im?genes con nuevas propuestas. La novela supone dejar de lado la ciudad-panorama que se ve desde la altura y transitar el terreno creando as? las pr?cticas que conforman la villa como un espacio de miseria, pero tambi?n de comunidad y de resistencia. En las siguientes d?cadas aparecen algunas obras en las que se mencionan las villas (que ya se indicaron anteriormente), pero es a partir del 2001 cuando aparece una gran proliferaci?n de literatura centrada en este espacio. En el pr?ximo cap?tulo se trabajan cuatro novelas de esta ?poca: Santer?a (2008) y Sacrificio (2010) de Leonardo Oyola, La Virgen Cabeza (2009) de Gabriela Cabez?n C?mara y Con V de villera (2019) de Lula Comeron. 150 Cap?tulo 4: El derecho a la ficci?n en Santer?a y Sacrificio de Leonardo Oyola, La Virgen Cabeza de Gabriela Cabez?n C?mara y Con V de Villera de Lula Comeron ? marcianos caminando por la villa? Julio Arrieta, El Nexo (2007) 4.1. Introducci?n En la pel?cula El Nexo (Sebasti?n Antico) las villas organizan la resistencia contra una invasi?n de extraterrestres y, finalmente, la vencen a trav?s del ataque con agua podrida y barro de sus barrios, una reactualizaci?n de la resistencia de los sectores plebeyos e incluso un grupo de esclavos frente a las invasiones inglesas (Adamovsky, Historia de la Argentina 770) que cre? la imagen m?tica del aceite hirviendo como arma de defensa, frente a la inoperancia demostrada por el aparato colonial (770). En Estrellas (Federico Le?n y Marcos Mart?nez, 2007), una pel?cula que navega entre el documental y la ficci?n, se registra gran parte de la filmaci?n de El Nexo y, especialmente, se enfoca en Julio Arrieta74 (Buenos Aires, 1950 - 2011), su protagonista y habitante de la villa 21 de Barracas de la Boca. En una de las tomas, Julio cuenta sobre el surgimiento de la pel?cula: ?Yo escrib? un cuento (?) que hablaba 74 Fue un actor que adem?s organiz? Arte Villa, un grupo de actores villeros (seg?n como se autodenominaban). Para m?s informaci?n: https://julioarrieta.blogspot.com/. 151 de extraterrestres en la villa75 (28:55). Contin?a m?s adelante: ??A d?nde est? escrito que no puede haber extraterrestres en la villa? Por lo general, los extraterrestres, cuando uno mira una pel?cula de extraterrestres que est? hecha por los norteamericanos, bajan en un barrio de plata donde hay gente de plata. Hasta los marcianos tienen plata? (38:46). Frente a la pregunta de Julio: ??Acaso los villeros no tenemos derecho a tener marcianos?? (30:13), Adriana Rodr?guez P?rsico dice que ?el reclamo es por el derecho a la ficci?n. Por poner en escena las potencialidades inmensas de la imaginaci?n? (?Pobreza? 25). Julio explica que la pel?cula es ?la premisa de querer hacer en la villa algo diferente, querer contar una historia no contada. Es muy f?cil robar una imagen de un chico con los mocos colgando, una mujer con las patas sucias, eso se ve todos los d?as? (31:30). Para inicios del siglo XXI, las villas son una realidad conocida por toda la sociedad argentina. A la lucha por el reconocimiento de estos espacios como barrios en igualdad de condiciones que el resto, Julio agrega otra: las villas como espacios de ficci?n y no solamente como objetos de documentales, de testimonios o de discursos period?sticos. Esta reivindicaci?n en el ?mbito del cine, lo traslado a la literatura y planteo que Santer?a (2008) y Sacrificio (2010) de Leonardo Oyola, La Virgen Cabeza (2009) de Gabriela Cabez?n C?mara y Con V de villera (2019) de Lula Comeron, desarrollan una narraci?n desde un ?adentro? de las villas donde ya no aparece una intenci?n de denuncia en primer plano y donde no figuran los temas tradicionales asociados con las villas como la violencia, la pobreza, la droga. Esto no significa que 75 Adem?s, en el a?o 2001 se hizo un corto que recibi? una menci?n en el festival de cine independiente de Buenos Aires BAFICI. 152 no aparezcan en las tramas (de hecho, lo hacen) pero no se constituyen como los centros de las narraciones; en este sentido disputan las im?genes hegem?nicas de las villas. Es literatura que interviene en lo que Ranci?re llama ?el reparto de lo sensible que define el mundo que habitamos: la manera en que ?ste se nos hace visible y en que eso visible se deja decir? (20). Las villas son experiencias habitacionales que a partir de su existencia cuestionan la ciudad moderna, capitalista y planeada. En estas novelas el espacio se construye como diverso, m?ltiple, plural, fluido. Luego de una d?cada de aplicaci?n de pol?tica neoliberales, el inicio del nuevo siglo encontr? a la Argentina con una de sus m?s graves crisis econ?mica, social y pol?tica que tuvo su punto ?lgido en los estallidos sociales del 19 y 20 de diciembre de 2001.76 Rodr?guez P?rsico dice que ?en El sentido de un final, Frank Kermode sostiene la tesis de que existe un nexo entre las formas de la literatura y otras con las que intentamos dar alg?n orden al pasado, al presente y al futuro. Una de esas formas es la crisis? (?Relatos? 23). La autora sostiene que el 2001 fue uno de esos momentos, lo que explica la gran proliferaci?n de expresiones art?sticas sobre los sectores hist?ricamente m?s excluidos de la sociedad, as? como de nuevos sujetos que 76 En diciembre de 2001 se desencaden? en Argentina una crisis econ?mica, pol?tica, institucional y social que ven?a gest?ndose desde tiempo atr?s. Frente a una situaci?n de ascendente movilizaci?n social y protestas, el 19 y 20 de diciembre gran cantidad de personas salieron a las calles desafiando el estado de sitio decretado por el entonces presidente Fernando de la R?a (C?rdoba, 1937 - Prov. de Buenos Aires, 2019). Luego de jornadas de protestas y marchas ?y de represi?n y muerte por parte de la de las fuerzas de seguridad? el presidente renunci?. El vicepresidente Carlos ?Chacho? ?lvarez (Buenos Aires, 1948) hab?a dimitido en octubre del 2000, por lo que el cargo m?ximo del ejecutivo lo ocup? Adolfo Rodr?guez Sa? (San Luis, 1947), quien dur? en ese rol solo una semana. A partir de ah?, el cargo fue desempe?ado por varias personas: en el lapso de dos semanas Argentina tuvo cinco presidentes distintos. La crisis gener? el fin del sistema paritario del peso, que hab?a atado la moneda argentina al d?lar estadounidense por diez a?os, as? como la declaraci?n de default por parte de Argentina. Toda esta situaci?n agrav? a?n m?s la crisis econ?mica y social que impact? con dureza en los sectores m?s postergados por a?os de implementaci?n de medidas neoliberales en la d?cada del noventa. 153 aparecieron como producto de esa crisis: cartoneros y piqueteros. A eso, hay que sumarle las villas. Como se trabaj? en el cap?tulo anterior, el derrocamiento de Per?n (1955) trajo aparejada la visibilizaci?n de las villas como fen?meno a nivel social, as? como su reconocimiento p?blico como un ?problema? por parte del Estado, y su estudio sistem?tico desde las ciencias sociales. La pol?tica de la Revoluci?n Libertadora hacia el ?problema de las villas? plante? la erradicaci?n como soluci?n central, pol?tica que ?con matices? se mantuvo de forma oficial en los siguientes gobiernos. Sin embargo, el Plan de Emergencias de la CNV iniciado en 1957, no tuvo los resultados esperados. Se implement? la primera parte, un programa de acci?n inmediata que inclu?a la construcci?n de cinco unidades de viviendas en el lapso de 18 a 24 meses y que estuvo a cargo del Banco Hipotecario Nacional (BHN), pero que finalmente se extendi? hasta 1965, con lo cual abarc? los gobiernos de Arturo Frondizi ?mayo de 1958 a marzo de 1962?, Jos? Mar?a Guido (Buenos Aires, 1910 - 1975) ?marzo de 1962 a octubre de 1963? y gran parte del de Arturo Illia (Pergamino, Prov. de Buenos Aires 1900 - C?rdoba Capital, 1983) de octubre de 1963 a junio de 196677. Yujnovsky estim? que el impacto de este programa para el AMBA no fue el esperado: por un lado, se gener? un hacinamiento en estos nuevos complejos desde sus inicios, lo que implica que empezaron a funcionar de forma deficitaria, lo que se sum? a un gran y r?pido deterioro 77 Tal como se indic? en el cap?tulo anterior, el periodo comprendido entre 1955 y 1966 (denominado por O?Donnell como ?juego imposible?) fue de gran inestabilidad pol?tica. Frondizi fue destituido por las Fuerzas Armadas en 1958 luego de lo cual asumi? Guido, senador tambi?n de la UCR Intransigente (a partir de una maniobra de la Corte Suprema que le tom? juramento). En octubre de 1963 Illia (de la UCR del Pueblo) asumi? la presidencia luego de ganar las elecciones con solo el 25,8%, mientras que Per?n todav?a proscripto y en el exilio hab?a llamado a votar en blanco (voto que represent? alrededor del 20%). Su gobierno, que incluy? algunas medidas que favorecieron a los sectores peronistas, fue derrocado por un golpe de Estado en 1966, a partir de lo cual se instaur? el r?gimen de facto de la Revoluci?n Argentina que se mantuvo hasta 1973, cuando se inici? el tercer gobierno de Per?n. 154 de las unidades y sus instalaciones. Tampoco eran accesibles a nivel econ?mico para la mayor?a de la poblaci?n de las villas (100-103). En todo este periodo, los distintos niveles de gobierno (como el nacional y municipal) y los organismos del Estado (como la Secretar?a de Vivienda del Ministerio de Bienestar Social) no estaban coordinados, y desarrollaron muchas veces pol?ticas contradictorias que pivoteaban entre planes de mejora de las villas y violentos desalojos. Por ejemplo, la resoluci?n 14.449 del Consejo Deliberante de julio de 1958 buscaba impedir el crecimiento de las villas existentes y la aparici?n de otras nuevas, pero entre 1958 y 1962 la Municipalidad de Buenos Aires mantuvo una pol?tica asistencialista que se orient? a la instalaci?n de servicios y la ayuda para la reconstrucci?n de las villas afectadas por incendios, lo que se explicaba formalmente como una pol?tica de emergencia hasta que estuvieran listas las obras del BHN78 (Yujnovsky 119-120). Adem?s, en comparaci?n con 1959, la cantidad de villas y de personas viviendo en ellas se hab?a agravado para 1963. Durante el gobierno de Frondizi se desarrollaron organizaciones villeras79 que se consolidaron durante el gobierno de Illia. El decreto 7.807 de 1964 estableci? la Comisi?n de Coordinaci?n de erradicaci?n de villas. A nivel nacional, en un principio el gobierno estableci? di?logo con las organizaciones villeras, el cual se interrumpi? en 1965 cuando ?stas denunciaron el regreso de amenazas de desalojo, entre otras cuestiones (Yujnovsky 135-136). Adem?s, en la d?cada de 1960 la poblaci?n de las villas comenz? a recibir mayor cantidad de inmigrantes de pa?ses lim?trofes (de la Torre 153) atra?dos tambi?n por la b?squeda de trabajo. 78 La resoluci?n 14.447 de julio de 1958 inclu?a la instalaci?n de ba?os, duchas, piletones para basura y lavaderos; y la 15.694 de noviembre de 1959 el saneamiento, recolecci?n de residuos, as? como entrega de tierra y materiales para la reparaci?n y mejoras de viviendas (Yujnovsky 119-120). 79 La Federaci?n de Villas y Barrios de Emergencia de la Capital Federal se organiz? en 1958. 155 Durante la Revoluci?n Argentina hubo dos periodos: de 1966 a 1970 estuvo presidido por Juan Carlos Ongan?a (Prov. de Buenos Aires, 1914 - Buenos Aires, 1995) y de 1970 a 1973 por Alejandro Agust?n Lanusse (Buenos Aires, 1918 - 1996). Se plante? como un gobierno tecnocr?tico, bajo el supuesto de que el problema de la Argentina era la politizaci?n del Estado. El ?problema? de las villas sigui? creciendo y conform? el ?tercer cintur?n metropolitano? a lo que se respondi? con la aplicaci?n de los planes de erradicaci?n que, a partir de 1967, comenzaron a llamarse Planes de Erradicaci?n de Villas de Emergencia (PEVE) que fueron llevados a cabo con un gran nivel de violencia (Ballent y Liernur 331-332). Desde mediados de los a?os sesenta e inicio de los setenta, las villas atrajeron nuevos grupos: curas tercermundistas, agrupaciones pol?ticas de izquierda y facultades de arquitectura ve?an en ellas un ?baluarte de la transformaci?n y del cambio revolucionario? (333-335). Lo que planteaban entonces, era ya no la ?erradicaci?n? sino la ?radicaci?n?: supon?a mantener ?la identidad ?especial? y potencialmente revolucionaria del ?pueblo m?s aut?ntico? (335). En junio de 1970 Ongan?a es desplazado en un contexto de inflaci?n, presi?n de los sectores empresariales, y luego del ?Cordobazo? de mayo de 1969 (Yujnovsky 170). Es reemplazado por Roberto Levingston (San Luis, 1920 - Buenos Aires, 2015), quien se mantuvo en el cargo por un breve periodo de poco menos de un a?o. Durante su gobierno ?se ensayan sin ?xito algunas pol?ticas que favorecen al capital local, e implican un cierta reducci?n de la influencia directa de los sectores m?s concentrados? (170). A principios de 1971 es reemplazado por Agust?n Lanusse que se mantuvo en el poder hasta 1974. Una vez que cae el gobierno de Ongan?a se genera un cambio con respecto a las pol?ticas hacia las ?debido a la necesidad de incorporar a sus pobladores 156 al proyecto global ensayado desde el Estado? (191) frente a la posibilidad de una vuelta de las elecciones. Se comienzan a aplicar pol?ticas de corte asistencialista con el fin de cooptar esta poblaci?n. Incluso, desde el Ministerio de Bienestar Social y la Intendencia de Buenos Aires se llegan a hacer compromisos para apoyar ciertas villas, lo que va en contra del PEVE, que contin?a en vigencia erradicando algunas villas. A su vez, las organizaciones internas de las villas cobran legitimidad frente al Estado (192-193). Con la vuelta del gobierno peronista en 1974 se continu? con los programas de erradicaci?n, pero con el uso del t?rmino ?transformaci?n? (215). La decisi?n era no recurrir a viviendas temporales, como se hab?a ensayado anteriormente. Esta pol?tica desarrollada por el Ministerio de Bienestar Social, que fue respaldada por el presidente en 1974, chocaba con otras instituciones oficiales y universitarias que reclamaban aprobar una ley de cesi?n de tierras. El golpe de Estado de 1976 ?signific? un cambio abrupto en la orientaci?n seguida en pr?cticamente todas las esferas de pol?tica p?blica? (Oszlak 156) con relaci?n a las villas. El gobierno anunci? medidas para la terminaci?n de viviendas que posibilitar?an su erradicaci?n, as? como un intento de evitar su crecimiento. Oszlak dice que se dio un cambio fundamental en esta ?poca: m?s all? de las medidas de erradicaci?n, el giro m?s importante fue en cuanto a la concepci?n de las villas y de quienes viv?an all?: se estableci? que ?el problema de las villas no se reduc?a a una cuesti?n habitacional, sino que involucraba adem?s aspectos est?ticos (?ornato de la ciudad?) y morales (?necesidades espirituales de la vida humana?) que trascend?an los intereses y carencias de los sectores directamente implicados, y afectaban al conjunto de la vida humana? (158). De este modo se intent? establecer de manera sistem?tica en 157 la opini?n p?blica la idea de que los pobladores de las villas ?constitu?an una clase especial de poblaci?n no merecedora de la asistencia o tolerancia de la sociedad y el Estado? (158). La recuperaci?n de la democracia en 1983 cre? las condiciones pol?ticas para que muchos de los pobladores de las villas de la Capital que hab?an sido erradicados en el ?ltimo gobierno militar volvieran a ocupar los terrenos donde hab?an habitado. En los a?os siguientes se comenz? a debatir planes para integrar las villas al tejido urbano circundante a trav?s de obras p?blicas y la posibilidad de otorgar t?tulos de propiedad a sus habitantes. Durante este periodo, entre mediados de la d?cada del sesenta y finales del noventa, las novelas que se centran en las villas son escasas: las novelas Intemperie (1973) de Roger Pl? (Rosario, Santa Fe, 1912 - Buenos Aires, 1981), La vida entera (1981) de Juan Martini (Rosario, Santa Fe, 1944 - Buenos Aires, 2019), La calle de los caballos (1982) de Jorge As?s (Avellaneda, Prov. de Buenos Aires, 1946) y Vivir afuera (1998) de Rodolfo Fogwill (Prov. de Buenos Aires 1921 - Buenos Aires 2010); adem?s, se pueden nombrar los cuentos de Haroldo Conti (Prov. de Buenos Aires 1925 - desaparecido en 1976) ?Como un le?n? (Con otra gente, 1967) y de Bernardo Kordon (Buenos Aires, 1915 - Santiago de Chile, 2002) ?El remolino? (Los navegantes, 1972). Aunque para el a?o 2000 las villas eran una realidad innegable, su situaci?n jur?dica con respecto a la titularidad de la tierra sigui? siendo precaria. La relaci?n conflictiva con el Estado tiene como ejemplo por excelencia que reci?n en el 2015 comenzaron a ser incorporadas en los planos oficiales de la ciudad de Buenos Ares80. 80 Detr?s de este logro estuvieron distintas organizaciones de la sociedad civil, como la iniciativa de mapeo ?Caminos de la villa? impulsada por la Asociaci?n Civil por la Igualdad y Justicia (ACIJ), Wingu (una organizaci?n sin fines de lucro dedicada a la de tecnolog?a c?vica) y la Fundaci?n Avina, que se realiz? en conjunto con vecinos y referentes de los barrios. Seg?n un art?culo publicado en la 158 La iniciativa para mapearlas surgi? de organizaciones civiles que, junto con habitantes de la villa, llevaron a cabo la tarea de mapearlas. La necesidad estaba dada, entre otra, por una raz?n pr?ctica de importancia vital: las ambulancias no sab?an c?mo llegar hasta las viviendas. Adem?s, reci?n en el 2016 se hizo un relevamiento nacional impulsado por organizaciones sociales. A partir de ?ste y del decreto 358/2017 se cre? el Registro Nacional de Barrios Populares (ReNaBap) en 2017. Por primera vez se estableci? un registro oficial con ?informaci?n socio-demogr?fica y geo referenciada de las unidades habitacionales? (Monticelli). El relevamiento estableci? que: con respecto a la titularidad de los terrenos el 77% pertenec?a al sector privado, el 10% a Estados municipales, el 7% a Estados provinciales y el 6% al Estado nacional. Se relevaron 4.416 barrios populares que ocupan 444 km2 en los cuales viv?an 932.000 familias y 4.072.680 personas (cerca de un 10% de la poblaci?n del pa?s). Adem?s, el 68% no contaba con acceso a energ?a el?ctrica, el 89% no ten?a acceso a una red de agua potable, el 98% no ten?a la vivienda conectada a una red de cloacas y el 99% no ten?a red de gas natural (Monticelli). Como ya se explic?, desde una cartograf?a cr?tica, Harley relaciona la producci?n de mapas con el ejercicio del poder: el poder se ejerce sobre la cartograf?a, pero tambi?n con la cartograf?a. Adem?s, hay un poder interno a la cartograf?a a trav?s del cual se ejerce un ?pan?ptico espacial? (61). Los mapas, como representaciones, son ?authoritarian images? (62), nunca son neutrales. La omisi?n de las villas en la d?cada del cincuenta, cuando reci?n comenzaban a ser p?blicas, podr?a explicarse en un p?gina de ACIJ en 2015: ?La decisi?n implica una equiparaci?n simb?lica de las villas al resto de los barrios de la Ciudad, y por ende es un paso fundamental ?aunque a?n insuficiente? para avanzar en la ejecuci?n de los procesos de re-urbanizaci?n de dichos territorios? (?El gobierno de la ciudad?). 159 principio por su supuesta transitoriedad: la denominaci?n ?de emergencia?, que se usaba para definirlas, implicaba la visi?n que desde el Estado se las consideraba una ?anomal?a? (Ballent y Liernur 327) que ser?a ?erradicada?. En las d?cadas siguientes las villas perdieron su car?cter temporal, pero reci?n hace pocos comenzaron a representarse en los planos como barrios con su organizaci?n interna (manzanas, v?as de circulaci?n, etc). Siguiendo a Harley, durante a?os se ejerci? el poder en la cartograf?a y con la cartograf?a al representar sus territorios como figuras grises: la imagen de una ciudad donde las villas no exist?an, reemplazadas por figuras vac?as, carentes de forma. El intento de reiterados gobiernos de apropiarse de las tierras donde se levantaban, fundaban ?una vez m?s el vac?o?, el desierto: Para los argentinos, el significante desierto arrastra un imaginario cultural que se instala a principios de siglo XIX cuando el amplio territorio de las Provincias Unidas del Rio de La Plata se pensaba como un espacio vac?o sobre el que era necesario inscribir los signos de la cultura. Para la generaci?n de Sarmiento, el desierto era el origen del mal. Y los distintos proyectos de naci?n elaborados por aquel entonces propon?an soluciones para erradicarlo. (Rodr?guez P?rsico, ?Relatos? 29) Es lo que Ferm?n Rodr?guez plantea en el mismo sentido: el desierto para la naci?n argentina es una imagen, ?un bien territorial y textual? (221-224) que tanto el Estado como la literatura contin?an inscribiendo y actualizando. A trav?s de esa inscripci?n textual (que viene y va desde y hacia la ?realidad? que reestructura) la voz letrada va configurando un ?nosotros? y un ?ellos?, que lejos de mantenerse est?ticos, van resemantiz?ndose no s?lo a trav?s del tiempo, sino tambi?n a trav?s de pr?cticas 160 discursivas entre contempor?neos. En las villas aparece, entonces, una reactualizaci?n de este proceso: crear esos espacios como vac?os habilita su eliminaci?n y su posible disposici?n para el mercado inmobiliario. 4.2. Santer?a (2008) y Sacrificio (2010) de Leonardo Oyola Santer?a y Sacrificio conforman las dos primeras novelas de la saga ?El juego de los cuatro reinos? 81, un policial negro que tiene como protagonista y narradora a F?tima Elizabeth S?nchez, apodada la V?bora Blanca. Es una mujer de 27 a?os nacida en El Jabuti, una villa del barrio de Flores poblado en su mayor?a por brasileros. Luego de la muerte de su madre en el parto y de que el supuesto padre se diera cuenta (por su color de piel) de que no era su hija, fue dejada en un basurero del cord?n ecol?gico para que muriera. Pero la t?a ?a Chiquita, que buscaba comida all?, la salv? y la llev? a vivir con ella a Puerto Apache82, una villa ubicada en el l?mite con la Costanera Sur. De ella hered? la habilidad de leer las cartas y, luego de su muerte, tambi?n a sus clientes. Pero, adem?s, F?tima tiene el poder de anticipar las muertes de personas cercanas a trav?s del llanto de las palomas. Su antagonista es Luc?a Fern?ndez, apodada la Marabunta, quien era clienta de ?a Chiquita. Es una mujer de una gran belleza, nacida en otra villa y que a trav?s de la prostituci?n conoce a un hombre de mucho poder que es nombrado como ?el Intendente?, con quien se casa y de quien hereda todo su dinero y sus negocios cuando muere. Sobre el origen de la Marabunta tambi?n 81 La tercera y cuarta novela no se han publicado todav?a. Seg?n adelant? el autor, la tercera se llamar? Aquelarre. 82 Puerto Apache (2002) es adem?s el nombre de la novela de Juan Martini que tambi?n transcurre en una villa. 161 rondan historias sobrenaturales, aunque lo ?nico de lo que se tiene certeza es de su poder y su belleza. El problema surge cuando a finales de 1996 le pide a F?tima que le haga un amarre amoroso con un hombre que ya est? en pareja, por lo que ?sta se niega y desata la ira de la Marabunta. La estructura de la saga de Oyola est? organizada en base a las cartas que Lorelei, prima de F?tima que vive en El Jabuti y quien tambi?n tiene poderes, le tira por pedido suyo. Estas cartas son la vida de F?tima y, al mismo tiempo, las novelas: ?Las primeras doce cartas hablaban de mi pasado. Las segundas eran mi presente. La tercera hilera representaba mi futuro y la cuarta y ?ltima indicaba los hechos fortuitos que pod?an llegar a variar las consecuencias del futuro que me sali?? (Oyola, Santer?a 34). El primer mont?n de doce cartas que habla de su pasado es Santer?a, el segundo que habla de su presente es Sacrificio, el tercero que habla de su futuro es Aquelarre y el cuarto corresponder?a al ?ltimo libro. Es por eso que la historia, adem?s de suceder en gran parte en Puerto Apache ??transcurre por lo menos en otros dos lugares, dos lugares virtuales mucho m?s sugestivos incluso que los feroces bordes de la ciudad: las ominosas cartas echadas sobre la mesa y la cabeza de la torrentosa narradora? (Sasturain, ?En la cabeza? 7). Los tres lugares pueden leerse tambi?n como una unidad que se expresa de forma m?ltiple: las cartas son la historia de F?tima, que a su vez est? ligada al devenir de la villa. El Apache es para F?tima el lugar que la salv?, su hogar y su familia. La t?a Chiquita, quien es para ella una figura maternal, no solo la rescat? de morir en la basura, sino que le dio un hogar, as? como a lo largo de su vida lo hab?a hecho con otros. Luego de su muerte y de la de su marido Ray, la familia de F?tima pas? a componerse de 162 Daniel?n (sobrino de Ray) y el Emoushon, un adolescente sin familia que vive en la villa. Su nombre puede entenderse como la fon?tica de la palabra emotion en ingl?s, lo que corresponde a su car?cter casi siempre exaltado. Adem?s, quien compone el cuarto integrante de esta familia alternativa en un rol paternal es Aguirre, un polic?a que la t?a Chiquita y ella conocieron m?s de veinte a?os atr?s mientras vend?an chip? en la calle. El hogar que encuentra en el Apache se opone a la aversi?n que le tienen en El Jabuti por considerarla una abominaci?n: su piel significa que su madre, Berta Cavalcante M?ier, tambi?n brasilera y negra, hab?a enga?ado a su esposo Paulo. Pero debe ir all? para que su prima Lorelei le lea las cartas, quien por lo menos al principio, le tiene un odio tan profundo como el resto de los habitantes de ese barrio. Apenas F?tima entra, se multiplican las voces en portugu?s que rezan ??A Vibora Branca, Senhora do Rei, / o poder de Cristo te aparta? (Oyola, Santer?a 30). Su regreso al El Jabuti significa que no ha muerto y eso se traduce para ellos en una desgracia. La Marabunta explica su apodo: Dicen que muy de vez en cuando; ya sean cocodrilos, serpientes o tortugas, los reptiles tienen una cr?a albina. La madre, por lo general, al identificarla como una criatura diferente, la mata. Y si no la mata la hembra, lo hacen el macho o las otras cr?as. Un reptil albino adem?s de ser una rareza para la especie, algo contra-natura, es s?mbolo de debilidad. Se lo asocia a la extinci?n. (106-107) As?, a lo largo de la saga, el destino de F?tima est? ligado al del Apache y el antagonismo F?tima-Marabunta se recrea en Puerto Apache-Puerto Madero83. F?tima 83 Es un barrio construido en la d?cada del noventa en los terrenos del viejo Puerto Madero y es una de las zonas m?s exclusivas de la ciudad de Buenos Aires. En la novela, este barrio avanza sobre Puerto Apache. 163 sabe por el llanto de las palomas que la Marabunta le va a disparar, pero cuando Lorelei le tira las cartas es la primera en decirle: ?Est?s muerta. Y tambi?n los mataste a ellos y a todo el Puerto Apache? (36). Seg?n La Marabunta: Si te hubieras criado en Flores ?alz? la voz la Marabunta? hoy no existir?a ning?n brasile?o en el Bajo. Si hubieras muerto en el Jabuti, nada de esto hubiera pasado. Pero tuviste que sobrevivir. Tuviste que venir al puerto? Por eso el Apache est? muriendo. Ahora son solo dos cuadras. El a?o que viene van a ser un mont?n de nada. Ni siquiera un recuerdo. ?Cu?ntas manzanas ocuparon? ?Cu?ntas personas viven ac? en el Apache? Iban a ser m?s fuerte que San Francisco, la 25 de mayo y La Esperanza juntas. Pero ?a Chiquita los conden? cuando te trajo. No te dej? morir. S?. Pero los mat? a todos. (45) Frente a la negaci?n de F?tima de hacerle el amarre, la Marabunta le da veinticuatro horas para decidir y le advierte que si no accede va a ?matar a los chicos, a Aguirre, a todo el Puerto? y por ?ltimo a ella (121). La intervenci?n de la Marabunta sobre el Apache se da tambi?n desde otra posici?n de poder. Luego de encontrarse en medio de negocios peligrosos heredados de su marido, decide hacer un acuerdo con el Turco (de quien no se sabe el nombre pero se aclara que no era riojano84): ?La oferta: zona liberada de sus socios en la Costanera Sur para que ?l monopolizara e hiciera los negocios que se ocurrieran, ya fueran inmobiliarios o de narcotr?fico, a cambio de seguridad y protecci?n? (74). A diferencia de F?tima, la Marabunta ?escap?? de la villa en cuanto pudo, ?sali? de ac?. (?) Las dos somos frutitas del mismo ?rbol. Quiero 84 Sin esta aclaraci?n podr?a pensarse que el personaje hace referencia a quien fue presidente durante casi toda la d?cada del noventa. 164 decir que naci? y se crio en la villa. Ya ni me acuerdo cu?l. Ella tampoco. Dice que son todas iguales (?) Cuando entra en la villa, la mina transpira y escupe con asco su pasado? (67). El desenlace supuestamente fatal del que trata de escapar F?tima corresponde con el proceso de desaparici?n de la villa. El avance de Puerto Madero se hace sobre territorio de la villa: ?Son tiempos dif?ciles para el Apache. Porque lo que viene-lo que viene-lo que viene en nuestro mundo, que la quiere jugar en primera, es el principio del fin. Puerto Apache? Puerto Madero? (24). En la novela, Puerto Apache est? ubicado en el l?mite de la Reserva Ecol?gica de Costanera Sur85 y lo que la amenaza es el proyecto urban?stico de Puerto Madero, que se desarroll? en la d?cada del noventa en la zona del puerto de Buenos Aires86. El antiguo puerto fue propuesto y ejecutado por Eduardo Madero (Buenos Aires, 1833 - G?nova, Italia, 1894) entre 1889 y 1897, que le gan? al proyecto dise?ado por Luis Huergo (Buenos Aires, 1837-1913) el primer ingeniero civil del pa?s, aunque al poco tiempo qued? obsoleto y tuvo que reformarse. A lo largo del siglo XX la zona portuaria se fue deteriorando y abandonando frente a distintos proyectos que buscaban revitalizarlo y abrir el centro de la ciudad hacia el R?o de la Plata87 (Liernur, ?Urbanizaci?n?) que no llegaron a concretarse. Durante la d?cada del noventa, con un presidente peronista ?el primero despu?s de la muerte de Per?n? se implant? un neoliberalismo (que ya hab?a comenzado durante la ?ltima dictadura 85 En el mismo lugar donde el libro ubica a Puerto Apache, en la Costanera Sur, en el l?mite entre Puerto Madero y la Reserva Ecol?gica, existe el barrio Rodrigo Bueno, una villa surgida en la d?cada del ochenta. 86 En 1776 se cre? el Virreinato del R?o de la Plata con Buenos Aires como su capital, lo que le dio ?un rol econ?mico clave y comenz? a sentar las bases de su hegemon?a sobre el territorio virreinal?. La aduana que fue instalada en 1785, ya a trav?s de la cual pasaba el comercio, perjudic? a las econom?as regionales y fue uno de los puntos m?s importantes del conflicto entre la provincia de Buenos Aires y el resto del pa?s (Rapaport y Seoane 37). 87 Se dice que Buenos Aires es una de las pocas ciudades que creci? ?de espaldas al r?o?. 165 c?vico-militar) que supuso reformas estructurales de Estado88 y que entre otras cosas incluy? privatizaciones de empresas p?blicas, flexibilizaci?n laboral y achicamiento del Estado junto a la reducci?n de las Fuerzas Armadas. En este contexto, el gobierno transfiri? a la sociedad tierras que consideraba innecesarias para su gesti?n. Si bien se supon?a que deb?an ser utilizadas para poblaci?n de bajos recursos, se usaron para ?procesos de renovaci?n urbana orientados a la rentabilidad privada? (P?rez 260). La renovaci?n de Puerto Madero fue el proyecto m?s importante: ?tierras federales e infraestructura urbana producida por la Municipalidad se transfirieron a inversores privados y se construy? un barrio de alta calidad, a metros de la plaza central, con mobiliario y mantenimiento muy superiores al resto de la ciudad y una gesti?n aut?noma? (260) que dio como resultado una de las zonas m?s exclusivas y caras de la ciudad. F?tima se pregunta en este sentido: ?Qu? va a ser Puerto Madero? M?s que un puerto, una isla. Otro pa?s, dicen. Hasta otros polic?as van a tener. Aguirre nos cont? que la federal no va a tener jurisdicci?n y no van a poder intervenir dentro de Puerto Madero. Que la seguridad va a estar a cargo de la Prefectura. Prefectura. Militares. Botas. Huele mal. Huele mal. Ninguna soluci?n militar termina en algo mejor. No aprendieron nada. No aprendimos nada? ?no nos ense?aron nada? (138) Puerto Madero se proyecta en la novela como una ciudad dentro de la ciudad, como un espacio que jur?dicamente ser? parte de Buenos Aires, pero con sus propias 88 La Ley de Reforma del Estado (23.696) se sancion? el 17 de agosto de 1989, a poco m?s de un mes de asumido el nuevo gobierno. Los argumentos aparecieron en el libro Reforma del Estado y transformaci?n nacional (1990) escrito por el entonces presidente y Jos? Roberto Dromi, ministro de Obras y Servicios P?blicos. El libro conjuga una ret?rica peronista con premisas neoliberales para justificar una serie de medidas completamente opuestas a las llevadas a cabo por Per?n. 166 normas y espacios que, si bien ser?n de libre circulaci?n, ofrece servicios de los que pueden disfrutar solo una reducida parte de la poblaci?n. Es el antagonista de la villa: Fuerte Apache recibe, Puerto Madero excluye89. La eliminaci?n de Puerto Apache es una condici?n necesaria para el desarrollo de Puerto Madero, es por eso que se usa la estigmatizaci?n de los habitantes del barrio, largamente desarrollada desde los inicios de la villa y, especialmente, durante la ?ltima dictadura c?vico-militar tal como lo trabaj? Oszlak y se indic? anteriormente. Charly, un polic?a y compa?ero de Aguirre, con quien F?tima tiene una historia de amor, es asesinado dentro de la villa por guardaespaldas de la Marabunta luego del primer enfrentamiento durante la madrugada de la Navidad. Pero la informaci?n oficial dice que muri? v?ctima de unos chicos de la villa cuando entr? en una misi?n encubierta como parte de la divisi?n de narc?ticos. Durante su ?responso, el comisario y el ministro de seguridad hablaron de la muerte de Charly como uno de los ?ltimos y penosos estertores de algo que ya estaba acabando como el Puerto Apache. Que Puerto Madero iba a ser un nuevo lugar, un nuevo mundo, un ideal? (118-119). 89 En el a?o 2006 el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados, una organizaci?n social que surgi? en la d?cada del noventa encabezada por el l?der piquetero Ra?l Castells, inaugur? un comedor popular en un local tipo ?kiosco? de Puerto Madero. El due?o le cedi? el espacio aparentemente luego de que le clausuraran su propio restaurante. Esto supuso la afluencia de un tipo de poblaci?n de pr?cticas (como el consumo de mate y tortas fritas) que generalmente no se ve?an en el barrio m?s caro de la ciudad (el uso del t?rmino ?ver? es intencional: en general los sectores pobres acceden a los barrios m?s ricos como trabajadores de limpieza, construcci?n, etc. pero no como sujetos con derecho al disfrute). En una nota del diario Clar?n se hizo hincapi? en que estaba ubicado en ?una de las ?reas m?s visitadas por turistas, ya que queda justo frente a la Fragata Sarmiento y a metros del Puente de la Mujer?, dando a entender que un comedor popular no corresponde a la imagen que proyecta Puerto Madero. Adem?s, esta experiencia enseguida gener? expresiones clasistas (que en Argentina siempre est?n atravesadas por el racismo). El due?o de uno de los restaurantes m?s caros de la zona expres? para el diario Clar?n: "Que Castells desembarque en Puerto Madero no restar? clientela. Al contrario, va a funcionar como una atracci?n tur?stica" (?Un tema pol?mico?). Se reactualiz? el que ?paseo? algunos porte?os, llevados por la curiosidad, hac?an hacia Villa Desocupaci?n. 167 En su impotencia frente al avance de los negocios inmobiliarios en paralelo al poder de la Marabunta, F?tima sabe que ?sa puede ser la ?ltima Navidad tanto para ella como para el barrio: La noche de la Navidad de 1996 es la ?ltima Navidad del Apache (?) Ser? porque ya no hay tantos pibes (?) ?C?mo fue que no lo vimos? F?cil: porque que nos qued?ramos sin hogar fue decidi? fuera de nuestra casa. Seguramente en un negocio donde los cobros y las ganancias vienen de otras cosas que el Apache jam?s les iba a poder dar. Porque la villa s?lo ten?a para ofrecer eso: su territorio. (137-138) Para la ciudad formal, en una ?poca donde las villas est?n muy lejos de aparecer en los mapas, es solo una superficie ocupada de forma ilegal. Para el mercado, s?lo puede producir valor en cuanto terreno en lo que ser? uno de los barrios m?s caros de la ciudad. En esta oposici?n Madero-Apache, donde la desaparici?n de uno es condici?n de existencia del otro, se recrea la tradicional oposici?n civilizaci?n- barbarie. En primer lugar, a partir de cada uno de los nombres que se disputa el Puerto. Puerto Madero se nombr? en honor al impulsor del proyecto de construcci?n del puerto, quien adem?s era sobrino de Francisco Bernab? Madero (Buenos Aires, 1815 - 1896), vicepresidente de Julio Argentino Roca (San Miguel de Tucum?n, 1843 - Buenos Aires, 1914) durante su primer gobierno de 1880 hasta 1886. Como sucesor de Adolfo Alsina (Buenos Aires, 1829 - Prov. de Buenos Aires, 1877) al frente del Ministerio de Guerra durante la presidencia de Nicol?s Avellaneda (Tucum?n, 1837 - alta mar, 1885) de 1874 a 1880, Roca inici? la ?Conquista del desierto?, ?una vasta incursi?n de seis mil soldados que avanzaron en varias columnas en simult?neo y en poco tiempo tomaron 168 control de todo el territorio al norte del r?o Negro. Expediciones posteriores siguieron m?s hacia el sur hasta asegurar el dominio sobre toda la Patagonia? (Adamovsky, Historia de la Argentina 1933). La villa lleva el nombre ?Apache?, vocablo que surgi? a fines del siglo XVI con las expediciones espa?olas en Am?rica del Norte y que se us? como nombre com?n para una variedad de pueblos que habitaban esa zona (Ortiz Garay 1067) y que, hasta el siglo XIX, resistieron al avance espa?ol (y m?s tarde al de Estados Unidos y M?xico). Guillaumin establece una relaci?n entre los apaches y los pampas y ranqueles: ?pertenec?an a la categor?a de indios infieles, indios b?rbaros o indios enemigos como generalmente se les nombraba en las cr?nicas, en los reportes de las comandancias de frontera o en los discursos pol?ticos? (Guillaumin)90. ?Apache? es m?s que el nombre de la villa, es parte de las subjetividades de quienes viven all? y reivindican su historia de resistencia, aun cuando se sabe que el final es la derrota: ?No vamos a ser s?bditos del Puerto Madero, un reino que seguramente tampoco espera ansioso tenernos en su territorio. No somos s?bditos. Somos indios. Somos el Apache. Fuimos el Puerto. Fuimos? fue? (140). El avance del nuevo Puerto Madero sobre Puerto Apache es posibilitado tambi?n porque, tal como en la Argentina se cre? la imagen del desierto ligado a la barbarie para luego poder conquistarlo, las villas en la d?cada del noventa aun no aparec?an en los mapas oficiales. Como mucho, estaban representadas como espacios grises o verdes, generando a nivel te?rico el borramiento de todas pr?cticas populares que transformaban esos lugares en barrios. Como explica el ya citado Harley, el mapa 90 Adem?s, Ortiz Garay, en su libro Apache: historia de una palabra y un pueblo, investiga la historia de la palabra desde su incorporaci?n al espa?ol y establece que se trata de un t?rmino polivalente que ha sido incorporado a distintos idiomas (214). 169 como imagen de un territorio determinado, es una imagen autoritaria que ayuda a crear una realidad diferente (62). Pero F?tima reivindica el Apache aun cuando no es reconocido oficialmente: cuando est? en el hospital, luego del ataque de la Marabunta ?que finalmente no la mata, sino que quiere mantenerla viva para apropiarse del hijo que espera? una m?dica la llama ?la bella durmiente de Puerto Madero?, frente a lo que el Emoushon y ella le responden ??Del Apache! [?] Nos hac?a sentir bien haberle gritado de d?nde ?ramos? (Oyola, Santer?a 167). El avance de Puerto Madero aparece como s?mbolo de la civilizaci?n sobre ese terreno de ?barbarie?. El Emoushon dice: ?Irnos nos vamos a tener que ir todos. Dicen que ac?, justo en el patio de Saladino, van a poner una universidad? (142). Ese patio es uno de los espacios centrales de la villa como comunidad: es donde pasan ?la Navidad, todas las jodas se hacen ah?. A?o tras a?o. Es el patio m?s grande del Apache. Y todav?a es uno de los pocos que no hicieron volar por las obras. Todav?a? (26). Y es adem?s donde en Noche Buena se juntaba ?la mayor?a para cenar a la romana. Tambi?n otra tradici?n del Apache: la tribu comparte, en ?poca de fiesta, sea poco o mucho, todo lo que tiene? (128). All? se reun?an todos los que para F?tima eran ?[su] mundo? (129). El supuesto establecimiento de una universidad91 all? mismo simboliza la ?civilizaci?n? que los desintegra. Adem?s, refuerza el imaginario de la educaci?n como soluci?n a la pobreza y como herramienta de ascenso social. Entonces, la desaparici?n de Puerto Apache es la p?rdida de la comunidad, del hogar y tambi?n de la identidad en la que se reconocen: ?No ten?amos a d?nde ir. Si era verdad que estaba desapareciendo el Puerto, 91 Si bien no se menciona en la novela, las universidades ubicadas en Puerto Madero son privadas y, por lo tanto, pagas. 170 si era verdad que el Apache no iba a resistir, nos est?bamos quedando sin nuestro lugar. Perd?amos la casa y qui?nes hab?amos sido y ?ramos? (131). Y con eso, significaba el olvido de lo que hab?a sido Puerto Apache y, por lo tanto, de ellos mismos: Qu? l?stima enorme que me da perder hasta las sensaciones m?s elementales que se me supieron grabar, que se nos supieron grabar. Los pisos de Puerto Madero no van a ser los mismos por los que camin?, corr? y bail?. Los pisos de Puerto Madero van a ser la tumba de lo que fui y ser?, de todos los indios de la tribu del Puerto Apache. Tumbas sin l?pidas porque este va a ser un cementerio escondido. Un cementerio escondido del que s?lo vamos a tener noticias todos sus muertos. El tiempo? el tiempo va a hacer que nos olviden. El tiempo y esa otra curda y ese otro brillo que trae Puerto Madero. (137) Puerto Madero, como avance de la ciudad planificada en la novela, es tambi?n la ciudad que avanza bajo la l?gica del mercado y de los negocios de los grandes poderes. As? es como F?tima, tambi?n, experimenta lo que va a pasar cuando las palomas lloran, no es solo una visi?n: ?Veo lo que se nos viene. / Lo puedo tocar? (Oyola, Santer?a 14). En la predicci?n que tiene donde ve que la Marabunta le dispara, reconoce que va a suceder en la madrugada del 25 de diciembre, en el patio de la familia Saladino ?por m?s que el calor del sol sea propio de un mediod?a de verano, va a pasar de madrugada o durante las primeras horas de la ma?ana? (27), siente ?el peor de los dolores que puede llegar a sufrir una mujer. Las tripas me lo contaron? (24), el ?olor a p?lvora quemada?, y escucha su voz [de la Marabunta] aunque no ve su cara (27). F?tima reafirma esta creencia al decirle a la psiquiatra que la atiende cuando est? internada en un neuropsiqui?trico al final de Sacrificio por culpa de la Marabunta: ?Lo 171 que pasa es que la mayor?a de la gente, usted incluida, se comportan como Santo Tom?s: necesitan ver para creer? (174). El sonido en general aparece como uno de los elementos que estructuran la novela de dos maneras: a partir de las canciones que se escuchan en la villa y del ritmo que adquiere la prosa en varias partes. Con respecto al primer punto, las canciones son parte indisociable de la historia que se cuenta. Seg?n Oyola, ?la m?sica a veces te sirve tambi?n para anclar la historia en una ?poca y otras veces, me parece, es bien necesaria para transmitir algo por fuera de la voz de los personajes, algo que va a ser m?s universal? (Bulansky 56) y adem?s ?las canciones son la forma m?s perfecta y acabada de transmitir una historia? (57). En Santer?a y Sacrificio lo que predomina no es la cumbia villera, variedad del g?nero colombiano92 con el que generalmente se identifican los barrios pobres, aunque aparece una canci?n de este estilo (?La ventanita? del grupo Sombras), porque para F?tima ?si hay una m?sica triste ?sa es la cumbia de mierda? (Oyola, Santer?a 129). La mayor?a de las canciones que pueblan las villas son de rock nacional: ?Detectives de Fabiana Cantil; ?Cura Chan?, ?No tan distintos? y ?Noche de paz? de la banda Sumo; ?Balada del diablo y la muerte? de La Renga y ?Tan solo? de Los Piojos: es el ?rock de pasillo? (136) que, como explica el propio autor, es ?la m?sica que pon?an en un tocadiscos a todo volumen y vos la escuchabas por los pasillos, por c?mo ven?a? (Bulansky 55). 92 La cumbia lleg? a la Argentina a trav?s del m?sico colombiano Efra?n Orozco que a finales de la d?cada de 1930 llev? a Buenos Aires una orquesta de cumbia que fusionaba ritmos de otras partes (Gobello y Oliveri 20-21). En la d?cada del sesenta fue seguido por las clases medias. El subg?nero ?villero? de la cumbia se origin? en la d?cada del noventa, en un ?cruce de situaciones econ?micas, generacionales y tecnol?gicas, se habilit? la posibilidad de engendrar una versi?n de la cumbia que, en un sentido sociol?gico, no fue cualquier m?sica, sino una m?sica que acompa?? la constituci?n social de una generaci?n y le dio una forma de obrar e inscribirse en la sociedad? (Sem?n). 172 Los pasillos, las v?as de circulaci?n generadas al interior de la villa a partir de la agregaci?n de viviendas, son una inc?gnita para quienes no son de all?, especialmente en una ?poca donde estos barrios no estaban mapeados: ?Nos vino a buscar un abogado en taxi. Preguntando por nosotras supo cu?l hueco encarar y no perderse por los pasillos del Apache? (Oyola, Sacrificio 16), lo que supone una fortaleza para sus habitantes: ?El Emoushon despu?s me iba a contar que ?l alcanz? a salvarse de los Kevin Costners que lo persiguieron. Que los pudo perder en el laberinto de pasillos adentro del Apache?? (Oyola, Santer?a 111) que son ?un laberinto? (117) pero que es el ambiente que form? a F?tima: ?m?s bien de los pasillos de la villa y del puerto, aprend? todo lo dem?s? (20). El tema de Bonnie Tyler ?Total eclipse of the heart? da inicio a Santer?a y a lo que las palomas le muestran a F?tima a trav?s de su llanto: ?Siento como mi coraz?n empieza a dejar de latir. / Es id?ntico al sonido de ese piano, el del comienzo de la canci?n que yo hubiera elegido para entrar en mi fiesta de cumplea?os de quince de haber tenido una fiesta? (13). A?n sin nombrar la canci?n, el ritmo se reproduce en la escritura y se fusiona con F?tima y sus augurios: Na-nan?? No quiero llorar. No me gusta que me vean llorar. Na-nan?? Pero mis latidos en este momento son lastimosos y esa canci?n decididamente triste. [?] Na-nan?, naaa-naaa? 173 Y ahora es cuando las palomas lloran. [?] Y ahora? Once upon a time there was a light in my life But now there?s only love in the dark Nothing I can say A total eclipse of the heart? A total eclipse of the heart? A total eclipse of the heart? Duru-d?-rai-r?? Duru-d?-RA?-r?? (13-16) Es tambi?n el ritmo que marca sus latidos cuando cree que va a morir: ?Lo que sent?a era c?mo mi coraz?n empezaba a dejar de latir. Id?ntico al piano triste del comienzo de esa canci?n de Bonnie Tyler con la que yo hubiera entrado del brazo de Aguirre de haber tenido una fiesta de quince. / Na-nan??? (160). La m?sica tambi?n conforma la villa a partir de los rezos: el Jabuti es para F?tima la oraci?n de: esas voces multiplicadas y orando [que] pronto fueron un zumbido sumamente molesto ??A v?bora Branca, Se?ora do Rei, o poder de Cristo te aparta!? ??A v?bora Branca, Se?ora do Rei, o poder de Cristo te aparta!? ??A v?bora Branca, Se?ora do Rei, 174 o poder de Cristo te aparta!? (30) En Puerto Apache, durante la Navidad comunitaria y compartida, ?madres y abuelas con sus respectivos hijos y nietos m?s alg?n que otro hombre del Puerto caminaron llevando m?s velas encendidas en la mano. Las voces de las mujeres prevaleciendo, y no por mayor?a, para entonar el villancico por excelencia: Noche de paz, noche de amor?? (Oyola, Santer?a 128-129) puebla los pasillos, antes de la cumbia y del rock. La multiplicidad de m?sica en la villa es lo que la hace vivir y es lo que se va apagando junto con su proceso de desaparici?n por ?el brillo de lo que dicen que va a ser ahora el Puerto, el Puerto Madero encandila? (136) y silencia. La saga de la V?bora Blanca tiene como protagonistas personajes femeninos surgidos y desarrollados en la villa que, adem?s, tienen poderes en los que se sincretizan el cristianismo con creencias populares que conforman un universo m?s cercano a la fe que a la religi?n. F?tima ?cuyo nombre evoca al catolicismo a trav?s la Virgen de F?tima? y Lorelei, una mujer que cuando naci? ?la anotaron en el registro civil como Lorenzo Alagoas Guedes? (29), tienen el poder de leer las cartas y saber cu?ndo suceder? una desgracia a trav?s del llanto de las palomas. Pero tambi?n est? ?a Chiquita, quien le ense?? a F?tima a hacer los trabajos de rezo y la rescat? de la muerte, aunque es algo de lo que nunca pueden escapar por su destino, por su trabajo y por d?nde viven: ?Nosotras, la gente como ?a Chiquita y yo, mal que nos pese, convivimos con la cercan?a de la Vieja Cosechera. Siempre. Ser? por el lugar donde tuvimos que parar. Gran parte ser? por lo que hacemos, por la gente que nos frecuenta. Pero sobre todo ser? porque ya nacemos marcadas? (14). Es quien tambi?n le ense?a a contactarse con los esp?ritus a trav?s de las alas del Mainumb?, el picaflor que, seg?n una leyenda 175 guaran?, est? abierto a varios planos de existencia por la velocidad en que mueve sus alas: ?No ten?s que escucharlo. No ten?s que verlo. Solo sentir su presencia hasta que desaparezca esa luz, el Mainumb? y muestro mundo? (Oyola, Sacrificio 51). Luc?a Fern?ndez, la Marabunta, posee poderes que van desde lo econ?mico y pol?tico hasta lo sobrenatural. Una de las acepciones de su apodo ??Poblaci?n masiva de ciertas hormigas migratorias, que devoran a su paso todo lo comestible que encuentran? (RAE)? da cuenta de su esencia. En uno de los enfrentamientos con F?tima la obliga a verla tal cual es: con su melena roja que se convierte en ?un ej?rcito de hormigas coloradas que abandonaron esos pelos para bajar por el rostro de la yegua hasta cubrirlo por completo? [?] Las hormigas iban y ven?an por sus interminables piernas. La mayor?a se concentraba en el pubis, donde volv?an a formar el hormiguero [?] en la cabeza llevaba una hoguera encendida (109). Y la ve as? m?s de una vez: ?Mir? a la Marabunta y sent? el calor de su melena en llamas. Vi su cabeza empezar a arder. La mina me hablaba y le sal?an hormigas de la boca? (159-160). Esta fusi?n de creencias de diversas procedencias crea una ?religiosidad palpable en el espacio? (Su?rez 187) a trav?s de los villancicos tradicionales cristianos de Navidad, los santuarios de los santos, el Gauchito Gil (el santo de F?tima), pero tambi?n de San la Muerte93, de quien es devoto Daniel?n y Ray. Ambos tienen pay?94, que ?consiste en introducirse bajo la piel (abdomen, brazos o piernas) una imagen peque?a del Santo tallada (preferentemente por un recluso a prisi?n perpetua) en hueso 93 El culto a este santo proviene del nordeste argentino y tiene presencia tambi?n en Paraguay y el sur de Brasil. Su devoci?n se fue extendiendo en el pa?s a partir de las migraciones, aunque su relaci?n con la muerte y su asociaci?n a personas que practican cultos esot?ricos ha causado rechazos (Galera y L?pez Fidanza 87-88). 94 Pay? refiere a un monje guaran? (Galera y Lopez Fidanza 90). 176 humano (en lo posible, una falange de un cristiano bautizado) o bala?? (Galera y Lopez Fidanza 96). Es una pr?ctica que ?suele ser adoptada por creyentes que frecuentan situaciones de peligro y violencia, por ejemplo, aquellas vinculadas al delito, o por aquellos que desean establecer una relaci?n m?s cercana / visceral con el Santo? (Galera y Lopez Fidanza 97). Pero tambi?n uno de los guardaespaldas de la Marabunta tiene pay? y por eso a Daniel?n se le dificulta matarlo95. La diversidad y el sincretismo de creencias y cultos genera un espacio habitado m?s por la fe que por la religi?n como dogma e instituci?n. Aqu? aparece la visi?n que platea Sem?n, con relaci?n al: car?cter cosmol?gico (en donde lo sagrado no se concibe como extraordinario ni separado de lo profano/cotidiano), holista (en cuanto pertenecientes a categor?as que en el contexto de la modernidad tienden a ser presentados como diferenciados y separados, particularmente lo f?sico y lo moral) y relacional (la relaci?n con lo sagrado se da de manera colectiva, en una trama jerarquizada de roles, particularmente familiares). (Galera y Lopez Fidanza 84) De esta forma, las im?genes que contiene Santer?a y Sacrificio sobre Puerto Apache son diversas, plurales y trascienden los l?mites de la hegemon?a de la ciudad formal, entendida en un sentido amplio y cuestionan la representaci?n visual hegem?nica y cl?sica que o las excluye o las representa como zona exclusiva de violencia o ?barbarie?. La villa aparece, por lo tanto, como un espacio diverso. 95 El Pay? protege el torso, por eso Ray muri? luego de que le clavaran un cuchillo en la pierna. 177 4.3. La Virgen Cabeza (2009) de Gabriela Cabez?n C?mara La novela cuenta la historia de Q?ity, una periodista y ex estudiante de Letras Cl?sicas, que va a la villa El Poso, en el conurbano bonaerense, para cubrir la historia de Cleo, una travesti96 que se comunica con una estatua de la Virgen Mar?a hecha de yeso, quien le habla ?parte rioplatense orillero, parte en espa?ol cervantino? (100), y cuya cabeza tiene dimensiones desproporcionadas. Por eso, y por estar en una villa, la apodan la ?Virgen Cabeza?. Adem?s de los milagros que empieza a hacer la Virgen, instalan en el centro del barrio un estanque para criar peces carpas, que una vez all? se reproducen sin cesar. La narraci?n se estructura de forma no lineal, a partir de cap?tulos que son la escritura de Q?ity para un libro, con otros intercalados que reproducen la grabaci?n de la voz de Cleo, quien va ley?ndolos y agregando o modificando desde su visi?n de los hechos. La historia que aparece fragmentada cuenta desde la llegada de Q?ity a la villa atra?da por la fama de Cleo y la eliminaci?n (literal) del barrio y de la mayor?a de sus habitantes pese a su resistencia. Pero tambi?n, y como una de las cuestiones principales, incluye la historia de amor entre Cleo y Q?ity, que comienza en la casa de ?sta ?ltima, contin?a en una isla del Tigre y llega finalmente a Miami, donde se instalan y tienen una hija y donde se vuelven millonarias gracias a la ??pera cumbia? de Cleo. 96 Se utiliza este t?rmino y no ?trans? porque es el que usa el personaje. Marlene Wayar, en su libro Furia Travesti. Diccionario de la T a la T, donde explica que su libro ?no define de manera absoluta ninguna de las palabras que lo pueblan. No. Esboza un significado, replica, pone en discusi?n y, al cabo de un tiempo de maceraci?n, quienes le?mos recibimos un regalo: un conocimiento? (11), incluye varias entradas para ?travestis?. En ?Travestis /del positivismo al orgullo?, escribe: ?Travesti es decir ?Yo soy esto y lo voy a hacer?. La teorizaci?n sobre qu? es esto y c?mo lo voy a hacer viene despu?s. Es un ?estoy ac?, me pasan estas cosas, lo soy? contra todas las amenazas de todos estos discursos imbricados (27). 178 Seg?n Rodr?guez P?rsico, ?el proyecto literario de Gabriela Cabez?n C?mara articula lo marginal con sexualidades m?viles o disidentes y la resistencia a la autoridad? (?Pobreza? 28-29). Pero esa disidencia se extiende m?s all? de las sexualidades o el g?nero: ?se concretan metamorfosis corporales, sexuales, naturales y ling??sticas. Las mezclas, heterogeneidades y transformaciones instauran un mundo en continuo devenir, un mundo fluido sostenido por la libertad y el amor? (29). El Poso es un espacio donde casi todo es posible, en oposici?n al afuera que es la ciudad-formal que limita y restringe. Desde el principio, El Poso es un espacio pasado, eliminado. Su mismo nombre hace referencia a un sedimento, lo que queda, pero tambi?n a una huella que persiste en la memoria. Es as? como subsiste en el recuerdo de Q?ity: ?Lo que ten?amos en la villa est? perdido, s?, como el para?so est? perdido y perdidos est?n sus prados? Y sus r?os caudalosos que no inundaban? (Cabez?n C?mara 91), ??la villa, ni siquiera ahora, cuando no queda chapa sobre chapa, cuando est? tan perdida como ?l, se parece al para?so. Pero lo raro es que un poco s? se parec?a, algo sagrado hubo ah? y no fue la virgen. Bueno, la Virgen tambi?n? (92). Cleo es la que tiene la imagen m?s ?realista?: ?dice la Virgen que hay cada vez m?s villas en Buenos Aires y que las villas siguen siendo tan parecidas a los jardines del Ed?n como los monos a los cohetes que llevan turistas a la luna? (92). Y es la que contrasta la imagen idealizada de Q?ity: ?No solo por d?ficit hac?amos diferencia: lo que sobraba tampoco lo hac?a espejo al country de Eva y Ad?n. No se espera de ning?n ed?n que huela a mierda, por citar una de las abundancias que romp?an todo reflejo. Es que oler a mierda no es sencillamente feo; oler a mierda es oler a descomposici?n, a muerte in progress? (92). Pero no es solo una 179 precariedad en t?rminos materiales y jur?dicos, es una precariedad vital: ?hablaban de ?sue?o argentino? pero nos cagaban a tiros. Festej?bamos cuando no nos mataban a los cien porque nos tiraban (?) Porque nos tiraban por eso, mi amor, por negros, por pobres, por putos, por machos, porque nos cog?an o porque no nos cog?an; qu? s? yo por qu?: a lo mejor practicaban para la guerra? (105). Como habitantes de una villa, se convierte en nuda vida, en homo sacer (Agamben 18). La estructura misma de la novela escapa al desarrollo lineal y progresivo m?s cl?sico. Los cap?tulos entre la escritura de Q?ity intercalados con la oralidad de Cleo, ofrecen fragmentos de im?genes de la villa formada por m?ltiples historias. La misma Cleo le critica a Q?ity que su relato no empiece por el principio, para luego agregar: ??Qu? cu?l es el principio? Ternura de mi coraz?n, hay un mont?n de principios porque hay un mont?n de historias, pero yo quiero contar el principio de este amor (?) as? que yo tambi?n voy a contar la historia nuestra? (Cabez?n C?mara s25). La diferencia entre Cleo y Q?ity est? dada por quien estaba en un espacio ?marginal? con respecto a los centros y normas hegem?nicas. Cleo es una habitante de la villa frente a la ciudad formal que excluye, travesti en una sociedad heteronormativa y adg?nero (Wayar 105), con un saber que Wayar explica como ?epistemolog?a trashumante? 97: viene a caracterizar el modo de saber de las travestis: en el campo, y con lo que hay, aprender. Aprender de las situaciones de la c?rcel, de las situaciones de la calle, de la violencia, de la tristeza; ver qu? aprendizaje podemos sacar y c?mo, 97 Wayar explica: ?Sospecho del empleo de t?rminos como cisg?nero o cissexo porque obturan el di?logo, lo dec?a entre las diferentes experiencias corporales adem?s de invisibilizar otros ejes interseccionales en las diferencias y sus consecuencias, como la etnia, la clase, la edad y la migrancia y, sobre todo, porque hace que no podamos ver lo nodal de hablar del ejercicio de la diferenciaci?n? (105). 180 en tensi?n entre esto que propongo como epistemolog?a prostitutiva, que se encuentra muy enraizada en lo ecl?ctico, en lo trashumante y en lo convergente. Todo converge. (168) Q?ity, en cambio, proviene de un entorno acad?mico; de hecho, la escritura de las cr?nicas es un camino de regreso a estudiar lo que le interesa: Letras Cl?sicas. Es habitante de la ciudad-formal, due?a de un loft de 100 metros cuadrados cerca del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), una de las zonas m?s exclusivas de Buenos Aires. Llega a la villa junto con Daniel, un fot?grafo ex integrante de la SIDE98, como ajena a ese mundo con el objetivo de entrevistar a Cleo, vuelta una celebridad gracias a su comunicaci?n con la Virgen de yeso que hace milagros y por el estanque lleno de carpas que se reproducen sin cesar. Pero comienza a quedarse en la villa. En primer lugar, por Kevin, un ni?o de cinco a?os, hijo de J?ssica, sobrina de Cleo, a quien siente como su hijo: ?Kevin me adopt?. Por eso me qued?? (Cabez?n C?mara 138). Q?ity lo identifica con la idea de hogar (que no ten?a en su casa fr?a y solitaria de su barrio exclusivo): ?ese nene me hizo una casa a m?, ah?, en tu rancho villero, en ese dormitorio lleno de angelitos que le hab?as fabricado con durlock, estampitas, peluches. Yo creo que el primer d?a que me qued? a dormir en tu rancho, me qued? sin querer (141). Kevin es asesinado durante la masacre que termina con la aniquilaci?n de la villa, y en el recuerdo de Q?ity, el chico que hab?a sido su ?primer hogar? es indisociable de la villa, del para?so perdido. La primera aproximaci?n de Q?ity a la villa se da antes de ir a hacer la nota de Cleo cuando, manejando por la autopista, encuentra una chica prendida fuego a quien 98 Era la antigua Secretar?a de Inteligencia del Estado. 181 finalmente le da el tiro de gracia para apagar su dolor. Luego sabr? que es Evelyn, una joven de 16 a?os v?ctima de trata que intent? escapar de una red organizada por el Jefe ?un hombre con mucho poder? y que fue prendida fuego por ?la Bestia? (mat?n del Jefe), lo que sol?a hacer cada vez que alguna chica intentaba escapar. Adem?s, aterrorizaba a los pobladores de la zona. Evelyn es su primera entrada (simb?lica) a la villa: ?? nunca pude volver al otro lado del mundo, al de los que viven fuera de los peque?os Auschwitz que tiene Buenos Aires cada dos cuadras. Evelyn fue mi ticket to go, mi entrada a la villa. Yo la mat? y ella me hizo villera? (56). Una vez que ya forma parte de la vida cotidiana en la villa, Q?ity se va quedando tambi?n por eso que para ella es ese barrio: ?una curva o un pasaje a otra dimensi?n, el cambio de pantalla m?s importante de nuestras vidas? (33), una fiesta constante de sexo, comidas compartidas, drogas, alcohol, y m?sica; elementos que all? tienen otro significado de lo que eran para ella antes de El Poso. De a poco va perdiendo (o cree perder) la mirada que analiza y estudia la villa como un ?otro? y empieza a sentirse parte: ? la m?sica se me met?a en el cuerpo y en el lexic?n de la mente cerebro y lo que antes me parec?a est?pido se me volv?a potencia en cada c?lula. No se trataba de que dejara de parecerme est?pido, era que la estupidez desaparec?a como criterio de valoraci?n, a mi carne le gustaba ese ritmo emputecido y me emputec?a yo tambi?n y disfrutaba del asado meneado, de las filas de chorizos apretados en las megaparrillas, de las jarras con pastillas, de reggaetear como dec?a la J?ssica, de cumbianchar como dec?a el Torito, de perrear como dec?an todos, a puro tan tan y chorip?n, el mejor plan dec?an las locas a la hora de las tortas y le daban m?s duro a la cumbia. (134) 182 Seg?n Wayar, la cumbia: ? dentro de los ritmos, es la que borra todas las fronteras (?) en la cumbia se encuentra con los dem?s lugares del pa?s. La cumbia ha unido generaciones como hoy lo hace el reggaeton: es la m?sica de poner el cuerpo, de bailar juntas, que implica un modo de catarsis, pero tambi?n un ritual colectivo donde se produce la sudoraci?n de todo lo t?xico de esta sociedad; es movernos, mostrar nuestros cuerpos, estar juntas (159). Cada tanto Q?ity se acuerda del prop?sito por el que ha ido, ??del plan de cr?nica que me hab?a metido en la villa y pelaba el grabador y corr?a atr?s de Cleo y Cleo me hablaba de la Virgen sin parar? (Cabez?n C?mara 134), y de a poco tambi?n: Cleo empez? a morir de amor por mi deseo de sus palabras y me contaba y me cantaba sus cuentos y teor?as? Y yo tambi?n empec? a caer ah?, me calent? con mi objeto de estudio que interrump?a mis cuestionarios cuando rug?a como una leona, Cleo acababa y yo me mojaba y terminaba trep?ndome a la poronga lubricada de alg?n pibe, de cualquiera, del que pasara (135). Q?ity va sufriendo una transici?n en la que va abandonando esa mirada externa, acad?mica y va dej?ndose llevar por el disfrute a trav?s de todos los sentidos de lo que son la villa y Cleo, que ya no representan una imagen ajena, cosificada, en un televisor o un diario, sino que es un espacio disfrutado en todos sus desbordes. En sentido inverso, Cleo se enamora primero del deseo de Q?ity por su voz, su palabra, que es lo que tambi?n construye este relato. Sin embargo, al momento de la destrucci?n de la villa, por el valor de su terreno gracias al ?Tsunami inmobiliario? (155), Q?ity no est? all?. Le avisan del operativo, pero para cuando llega ya estaban trabajando las 183 topadoras. Es por eso que cuando escribe sobre la eliminaci?n del barrio, aparece la voz de Cleo que interrumpe su relato escrito: Vos no estuviste, Q?ity. Estuve yo. Tengo que contarlo yo. Te dicto. Anot? bien, porque te estoy diciendo las cosas como fueron. Loca me dijeron muchas veces, desde chiquita, a todas las mariquitas nos dicen locas (?) pero no soy loca, nunca me sent? loca a pesar de como vos me hac?s aparecer en tu libro, Q?ity. Hasta ese d?a que est?s contando, nunca estuve loca. (145) El reclamo es por la voz, por el derecho al testimonio directo de quien sistem?ticamente ha sido v?ctima estructural, porque en el momento en que la instituci?n represiva del Estado ataca y hace desaparecer a la villa y a gran parte de su poblaci?n, Q?ity no est?, est? a salvo como habitante de la ciudad-formal. La supuesta raz?n por la cual la villa est? excluida de la ciudad formal basada en la supuesta ocupaci?n ?ilegal? del terreno queda desarmada a trav?s de la exhibici?n de los mecanismos de poder que manejan justicias y normas diferenciadas: En El Poso hab?a gente viviendo por m?s de cincuenta a?os; y eso acredita propiedad, como cualquier familia de estancieros sabe por los cuentos de los abuelos y los tatarabuelos sobre los or?genes de la fortuna del clan. Quiero decir, se alambraba y con los a?os y la fuerza eso se volv?a un t?tulo de propiedad. De todos modos no creo necesario argumentar mucho: hab?a cinco generaciones de villeros nacidos en la villa... (155) La apropiaci?n de grandes extensiones de tierra que dieron lugar a las familias terratenientes m?s poderosas del pa?s est? legitimada, pero la organizaci?n de un barrio popular en una zona inundable y de bajo valor es considerado irregular y pasa a ser 184 inadmisible cuando el terreno es cotizado por el mercado. De igual forma la justicia act?a de manera diferenciada: ?los tr?mites en la Argentina siempre tardan mucho, a qui?n se le iba a ocurrir que la justicia iba a ser r?pida [para el desalojo] si nosotros ten?amos un mont?n de amigos presos por las dudas que esperaban cuatro o cinco a?os para que les hicieran juicio? (149). La religi?n cristiana es tambi?n parte indisociable de El Poso, donde pierde su car?cter dogm?tico y jer?rquico que tiene en cuanto instituci?n. Cleo, una travesti, es la elegida por la Virgen para ser su intermediaria luego de que la someten en una comisar?a y se d? el ?primer milagro?: a punto de ahogarse en su propia sangre y la leche de toda la comisar?a, tuvo una visi?n: la Virgen, ?divina, m?s rubia que Susana, toda vestidita de blanco, como con una t?nica de seda parec?a que estaba, me limpi? la cara con una carilina (?) me sent? en sus rodillas y me dijo que no me preocupe, que ella me iba a cuidar, que a ella no le iban a matar m?s hijos, que qu? se cre?an. Me dijo que ten?a que cambiar de vida, que hac?a mal andar por ah? ?foiando???. (39-40) A partir de esta experiencia m?stica deja la prostituci?n y dedica su vida a la virgen y a sus milagros. Frente a la pregunta de por qu? la virgen la elige a ella, Cleo encuentra que tienen muchas ?similitudes?: ?porque a m? tampoco me quer?an dejar hablar en ning?n lado?? (107). Despu?s de todo, se entiende que ?una madre jud?a soltera de 15 a?os? (107) y adem?s pobre, eligiera para comunicarse a otra figura femenina que tampoco encaja en las normas de la ?poca. La fe dentro de la villa, donde hasta los santos son villeros por el material con el que est?n construidos, se vuelve 185 tambi?n una fiesta que contrasta con las instituciones religiosas externas: Desde la autopista se los ve?a de espaldas a los santos, paraditos sobre los exhibidores de carteles, que, esos s?, estaban de frente. Baltasar Postura, el intendente, hab?a decidido aprovechar cada cent?metro del muro; los santos parec?an enanos concentrados en el interior de la villa y hac?an bien, para los del exterior estaban las iglesias y sus santos esculpidos en m?rmol y madera y yeso. (99) Es una fe que se vive a trav?s del disfrute, de la fiesta y la libertad y que est? unida al espacio de El Poso. Por eso, cuando intentan trasladarlos a otro barrio, explica Cleo explica que: ?no pod?amos mudarnos porque en ese barrio tan lindo que quer?an hacernos en la Matanza no hab?a lugar para el estanque ni para poner a la Virgen, aunque el barrio ten?a una capilla dibujada; a nadie le gusta vivir en un lugar que se llama Matanza y a nuestra Virgen tampoco, adem?s de que no le gusta estar encerrada, les explicamos tambi?n y estaba el padre Julio ah? que me dijo que no, que yo no sab?a nada de la Virgen, que ellos la ten?an metida en las iglesias hac?a m?s de mil a?os, desde que hab?an empezado a adorarla a ella tambi?n, ?vos sab?as que antes no le daban pelota a la Virgen, Q?ity? (146) Cleo disputa la prerrogativa a interpretar el disfrute de la experiencia religiosa, tal como dicen Galera y Lopez Findanza, de forma cosmol?gica, holista y relacional por fuera de los c?nones (84). Le reclama al padre Julio la prerrogativa sobre el conocimiento de la Virgen y reivindica el derecho popular a experimentar y reconocer experiencias m?sticas: ?[le dije que] nuestro estanque hab?a sido tan idea de ella como la bas?lica de Luj?n? (Cabez?n C?mara 148). Los milagros b?blicos del nuevo testamento se repiten 186 en la villa por obra de la Virgen e intermediaci?n de Cleo: la multiplicaci?n de los peces aparece en el estanque con las carpas que se reproducen sin cesar y que alimentan a toda la poblaci?n de la villa; Susana Gim?nez99, en silla de ruedas, vuelve a caminar. El estanque revela, adem?s, alg?n tipo de organizaci?n: El caos villero se orden? como si los a?os de miseria y precariedad, los pasillos llenos de mierda, los pedazos de chapa, los ladrillos de diferentes clases y tama?os, las paredes en falsa escuadra, los pibes desaforados, todo se hubiera originado en la falta de un estanque. En cuanto lo terminamos, cada cosa empez? a parecer parte de un plan, algo con sentido y objetivos. Como si ese miserable laberinto hubiera sido objeto de dise?o, la miseria empez? a ser austeridad. (98) Hay algo que surge de, y a pesar de, esa precariedad y miseria. Por eso, se resisten a ser trasladados a un espacio regido por los c?digos urban?sticos que pondr?an l?mites y formas definidas. Significar?a el fin del desborde y la fluidez que es El Poso. El proceso de construcci?n del estanque revela la villa como encarnaci?n de la precariedad constitutiva en la historia argentina, los estratos sobre los cuales se construy? la Naci?n. El chorro de agua que sale desde las entra?as de la tierra ?quebr? el tejido de huesos, ra?ces, muertos y gusanos: fue una fiesta de basura antigua y arqueolog?a contempor?nea, (?) flotaron durante d?as dos ca?ones, una palangana, un 99 Susana Gim?nez es una conductora y actriz popular de la televisi?n argentina que en los ?ltimos a?os expres? en varias oportunidades un discurso que reclama la ?mano dura? para los delincuentes. En la novela, tiene una edad mucho mayor a la que ten?a al momento de la publicaci?n de la obra. Esto puede entenderse como que la historia sucede en alg?n momento del futuro o simplemente como otra de las m?ltiples posibilidades no sujetas a un discurso realista que trabaja la novela. 187 diario, una olla, una cruz de oro y piedras y un barril de aceite? (79-80). Pero, seg?n los arque?logos de la facultad que llegaron para: arrebatarle al chorro lo que a su criterio era de ellos (?) s?lo se hallaron elementos de principios del siglo XIX y de fines del XX y comienzos del XXI, como si durante casi doscientos a?os nadie se hubiera detenido all?, como si hubiera sido solo un camino, o los villeros hubieran hecho campamento sobre una calle o la villa fuera una especie de piquete permanente. (80) La explicaci?n la da Cleo: cuando los arque?logos de la facultad van a estudiar los objetos y dicen que la villa es moderna por los materiales de las viviendas replica que ?no dijeran pelotudeces, que los materiales eran m?s o menos nuevos porque cada tanto un temporal barr?a con todo, que la miseria no se hac?a con las mismas cosas que el Taj Mahal, que d?nde mierda hab?an visto ellos ruinas de las villas del Imperio romano, que la miseria se pudre, se quema y se vuela? (80). Ese vac?o de rastros hace presente lo precario que ha sido olvidado. Es lo que Liernur identifica cuando analiza la fotograf?a del ?lbum de vistas, tipos y costumbres del Buenos Aires antiguo de la casa Witcomb y descubre lo que denomina ?la ciudad ef?mera?: ?estrato que en su momento configur? una considerable porci?n del artefacto urbano, aunque no dej? las huellas de papel de los proyectos ni los muros adornados que hoy nos impresionan? (?Precariedad? 58), porque la mirada ha estado posicionada desde el centro, hacia los monumentos s?lidos, y tambi?n por la forma de ?seleccionar y leer los documentos lo que fue volvi?ndola invisible? (58). Pero lo que s? encuentran cuando siguen excavando con los arque?logos son huesos: 188 de muertos de tierra adentro y de tierra afuera, muertos de todos los colores, muertos mutilados de la ?ltima dictadura, muertos armenios del genocidio que no recuerda nadie, muertos de hambre de los ?ltimos gobiernos democr?ticos, muertos negros de Ruanda, muertos blancos de cuando la revoluci?n de San Petersburgo, muertos rojos de todas las revoluciones de todas partes, hasta un diente de Espartaco encontramos, muertos unitarios con una mazorca en el orto y muertos indios sin orejas, de esos ten?amos un mont?n, era de lo que m?s hab?a. (Cabez?n C?mara 83) Los huesos son tambi?n el sedimento, el poso, los restos de los muertos olvidados que no aparecen en la ciudad formal, pero s? en la villa. Son los huesos de muertos de Argentina y de afuera, de dictaduras y democracias, de genocidios y revoluciones, y, especialmente, de pueblos originarios masacrados a lo largo de siglos. As?, la villa se posiciona como s?ntesis no s?lo de muertos argentinos, sino que va m?s all? de las fronteras. La eliminaci?n de la villa es determinada por acuerdos econ?micos y pol?ticos. El Jefe acuerda con el intendente Baltasar Postura deshacerse de la Bestia a cambio de un acuerdo: ?obtuvo los derechos sobre las tierras? (155). Es en ese momento cuando la erradicaci?n de la villa se vuelve urgente para el gobierno y cuando Kevin es asesinado. Cleo no recuerda mucho de eso porque su ?memoria est? amasijada? (33), pero lo que s? recuerda es a ?Kevin, con las patas en la fuente y la frente en el barrial y el barrial lleno de sangre y las carpas deste?idas flotando en la superficie del estanque? (33). En la primera cena que comparte Q?ity en El Poso, Kevin encuentra su rev?lver y, aunque todav?a no hablaba ?ya actuaba muy bien, grit? ?puuuuuum?, se agarr? el 189 pecho, camin? mareado, cay? al piso y se qued? quietito unos segundos hasta que no aguant? m?s la risa y las ganas de ver la aprobaci?n en las caras de los dem?s? (40). El recuerdo de Q?ity en el que Kevin juega a morir con su rev?lver, que se vuelve augurio una vez que la villa ha sido arrasada, establece la relaci?n entre la popularidad de la villa y la violencia, que en la novela procede siempre desde afuera, ese afuera que devora ese espacio de excesos, lo despoja y lo anula, porque no hay otra forma de someterlo a la ciudad formal con sus leyes del mercado. La imagen de Kevin con ?las patas en la fuente? actualiza, una vez m?s, la imagen del 17 de octubre de 1945 y la irrupci?n de lo popular en el centro del poder f?sico y simb?lico en Buenos Aires. El desborde que signific? la presencia de lo popular a partir de entonces en espacios que hab?an sido exclusivos y excluyentes, aparece nuevamente aqu?: El Poso deja de ser una villa ignorada por el resto de la sociedad (tal como la ignoraba Q?ity antes de internarse en ese mundo para escribir su nota period?stica), irrumpe y rebasa los l?mites en los cuales deb?a mantenerse. La informaci?n oficial es que Cleo muri?, por lo que se organiza un gran funeral y la muerta se convierte en una santa popular: ?Qu? hijos de puta, Q?ity. Si tienen ganas de verme muerta, no entiendo por qu? no me matan y listo, en vez de hacer una telenovela? (159). Pero se apropian hasta de su figura para despojarla de lo excesivo, lo m?stico y lo festivo: el responso lo da el obispo de San Isidro (una localidad exclusiva de la zona norte del Gran Buenos Aires) el mismo que desacreditaba a Cleo como intermediaria de la virgen, y el mismo que, seg?n Q?ity ?nos dej? matar? (160). El obispo declara que ?la Iglesia no cre?a en la santidad de ?Carlos Guillermo Lobos, alias Cleopatra Lynch?, pero que si hab?a sido pecadora tambi?n hab?a sido un alma buena y seguramente Dios la acoger?a en su infinita 190 misericordia. Estar?a convencido el cura de estar hecho a imagen y semejanza del creador? (160). No s?lo desacredita su conexi?n con la Virgen, sino que se refiere a ella por el nombre dado al nacer (que para Cleo est? ligado, adem?s, a una infancia con otra ?bestia? (150), su padre polic?a, violent?ndola tambi?n en cuanto su identidad de g?nero. Adem?s, ?[d]e los miserables de fondo casi nadie habl?: nunca supimos si fue miedo o edici?n. S?lo se los vio arrojar flores y flores y flores al caj?n y antes de eso robarlas o pedirlas en los jardines de las casas ricas cercanas a la villa y al cementerio? (161). Nuevamente, los pobres aparecen invisibilizados y excluidos de la representaci?n oficial. En la imagen mostrada en los medios de comunicaci?n, Cleo es despojada de c?mo ella misma se identifica, travesti, y de lo santidad ganada popularmente. Pero sus seguidores son los que la restauran: ?nos mandaron las estampitas con la Virgen Cabeza y Cleo, de rodete y trajecito sastre, con pescados en las manos. Los altares los vimos en la web? (161). La estampita remite a la imagen de Evita (Los Toldos, Prov. de Buenos Aires 1919 - Buenos Aires, 1952), especialmente una vez fallecida, cuando su figura fue exaltada popularmente como santa100. Tal como ella, Cleo proven?a de sectores considerados marginales y ocup? un lugar de poder simb?lico y religioso. Evita hab?a sido lo que en su momento se consideraba una ?hija ileg?tima?, nacida en Los Toldos, una peque?a ciudad en la Prov. de Buenos Aires. Su ascenso al poder una vez casada con Per?n no fue bien visto por los sectores 100 Eva Duarte de Per?n muri? a los 33 a?os de c?ncer de ?tero. Su funeral dur? d?as y acudieron personas de todo el pa?s. Se hizo incluso un pedido formal al Vaticano para canonizarla. Luego del golpe de Estado de 1955 y de la proscripci?n del peronismo y de sus s?mbolos, la Revoluci?n Libertadora secuestr? su cuerpo embalsamado de la CGT. Una vez en su poder, no supo qu? hacer con ?l. Entonces comenz? un periplo en el que el cad?ver estuvo en casas de militares (entre otros lugares) y se enterr? en un cementerio de Mil?n con un nombre falso, hasta su restituci?n en 1971. La novela Santa Evita (1995) de Tom?s Eloy Mart?nez reconstruye esta historia. 191 tradicionales. Adem?s, pas? a ser venerada por los sectores populares peronistas, llamada la ?abanderada de los humildes?. Luego del fin de El Poso, Q?ity se refugia en su loft, en sus pastillas y el alcohol, hasta que un d?a llega Cleo con la cabeza de la Virgen. All? se enamoran y organizan un plan para escapar porque creen que las van a matar. As?, pasan unos d?a en una casa de Susana Gim?nez en el Tigre y luego escapan a Miami, donde tienen una hija, Cleopatrita, y se hacen famosas y millonarias por el ?xito de la ??pera cumbia? La virgen cabeza basada en lo sucedido en El Poso. A Cleo y a la cabeza de la Virgen la siguen por todas partes los ?gusanos? (tal como se llama de forma despectiva a los exiliados cubanos de Miami). Pese a esto y al haber formado una familia (disidente), Q?ity nunca vuelve a encontrar las sensaciones que le dio la villa. Se mantiene atada al recuerdo de Kevin, que es tambi?n el de la villa, encerrada en su ?b?nker miamense? (45) (fr?o y silencioso, sin la m?sica, las risas, los olores de la villa) al que Cleo le agrega gallinas, una huerta y un nuevo estanque, no por un ?ataque de nostalgia? (181), sino porque vaticina ?tiempos de cataclismos y cat?strofes? (179). Es por eso que invierte casi toda la plata que tienen para armarle a la cabeza de la Virgen su propio b?nker y llenarla de joyas al punto de que ya ni se asoma el yeso del que estaba construida. As?, se va para predicar por el Caribe con la Virgen, empezando por Cuba porque ?Fidel parece eterno pero no es y ni la Virgen sabe si se va a ir al cielo o al infierno, pero que la isla se va a ir a la mierda lo saben hasta los ni?os en China? (180- 181). 192 4.4. Con V de villera (2019) de Lula Comeron Con V de villera (2019) de Lula Comeron trata en una prosa po?tica sobre las vivencias de Chavela, una travesti que encuentra en Villa Caracol su lugar para ser feliz. Mantiene una relaci?n amorosa y secreta con Marcos, el l?der de una banda de cumbia y capo de la villa. La narraci?n en primera persona recrea las experiencias, percepciones, pensamientos y sentimientos de Chavela ?salvo contadas excepciones cuando recuerda su pasado? a trav?s de la cual su vida en la villa est? marcada por la m?sica mexicana y por La Malinche101, un desdoblamiento de su personaje que funciona como un alter ego que la sigue por casi todas partes y a quien constantemente le habla. La visi?n romantizada que Chavela tiene de la villa se ve alterada cuando una nueva puntera, Lidia Espinosa, llega al barrio y le disputa el poder a Marcos, lo que ocasiona una lucha entre bandos. A trav?s de su narraci?n Chavela marca su mundo interior que interact?a con la villa; y m?s all?, despu?s del muro, est? ese otro mundo que es la ciudad. La novela est? estructurada y fluye a trav?s de la m?sica: cada cap?tulo comienza con fragmentos de la canci?n ?Despert?? del grupo mexicano Caf? Tacvba102. Adem?s, Chavela est? conectada a la m?sica mexicana: su primer cliente 101 La Malinche, tambi?n llamada Malinalli, Malintzin o Do?a Marina, naci? en 1500. Fue ?the Indian woman who became the interpreter, guide, mistress, and confidante of Cort?s during the time of the conquest. Although her voice may have been silenced, her presence and functions are documented in the chronicles. For that reason she may be considered the first woman of Mexican literature, just as she is considered the first mother of the Mexican nation and the Mexican Eve, symbol of national betrayal [?] La Malinche has been transformed from a historical figure to a major Mexican and Latin American feminine archetype, a polysemous sign whose signifies, for all their ambiguity, are generally negative? (Cypess 118). 102 La letra de la canci?n ?Despert?? (Cuatro caminos, 2004) dice: ?Explot? / En mil pedazos revent? / Est?n todas las paredes llenas / Con pedazos de mi piel / Tomar? mis manos y las estrellar? / Romper? todas las calles / Que est?n debajo de mis dos pies. Me eche a correr y desdobl? todo mi cuerpo / Quedar? expuesto a los rayos del Sol / Desmaye y all? no m?s me despert? / Entre las u?as mi cari?o / Derramado en la sangre encontr?. 193 marc? el camino de su m?sica: ?El Rey, La Chamana, El divo de Ju?rez, Los Panchos, La Reina Mixteca y toda su cumbia del despu?s tan m?a? (31). La m?sica se mezcla, interrumpe y conecta su relato. La Malinche, su alter ego, es tambi?n Chavela Vargas (San Joaqu?n, Costa Rica 1919 - Cuernavaca, M?xico, 2012) a trav?s de versos de ?La llorona?. En la villa, el espacio es habitado por la cumbia, ?todas esas cumbias que se mezclan formando una ?nica voz celestial y nos tapa m?s que el barro? (24) en ?un barrio absolutamente marcado por el agua, el ritmo de la cumbia y un sol que no se apaga? (22). Hay fragmentos de canciones que se cuelan en la redacci?n y se combinan generando una intertextualidad que le da otro sentido a lo que se dice. Una vez que Lidia Espinosa comienza su lucha para apoderarse del control de la villa, Marcos es secuestrado. En este contexto, Chavela est? en la casa del Intendente con su esposa Do?a Alicia y su hija, Rita. Sentadas las tres a la mesa, la voz de Chavela expresa: ?Tazas sobre el mantel y un poco de miel para los labios p?lidos de Rita, que cuenta con voz lejana sobre el eclipse total. La Do?a la ve llorar, se distrae de su hija con un sorbo y r?os de cicatrices vino tinto que derrama Macorina103 del cuerpo. / Nos enredamos en su rutina de t? para tres. No hay nada peor que su casa? (208). El texto incorpora frases y sentidos de ?T? para tres?104 del grupo Soda Est?reo, pero plantea lo Volar? y de golpe dejare caer / Subir? de nuevo y otra vez as? me dejar? caer / Guardo dos compases de respiro / Guardo dos compases de alivio / Guardo dos compases en silencio / Guardo y dejo todas mis fuerzas en esta frase / Y en esta melod?a. Y yo estoy aqu? / En medio de este bar / Y no s? qu? es lo que hago aqu?. Y yo estoy aqu? / En medio de este bar / Y no s? qu? es lo que hago aqu?. 103 La Macorina fue Mar?a Calvo Nodarse (Cuba, 1892 - 1977), la primera mujer chofer de La Habana que ejerci? la prostituci?n. El t?tulo de una de las canciones m?s conocidas de Chavela Vargas lleva su apodo. 104 Es una canci?n del disco Canci?n animal (1990) y fue escrita por Gustavo Cerati (Buenos Aires, 1959 - 2014). La letra surgi? a partir de una tarde en la que, sentado a la mesa con su madre y su padre mientras tomaban t?, leyeron el diagn?stico que indicaba que ?ste ?ltimo ten?a un c?ncer terminal del 194 opuesto a la canci?n que alude a la sensaci?n de hogar como refugio incluso en los peores momentos. Para Chavela, su hogar est? en la villa, lejos de esa casa. La novela, adem?s de utilizar un lenguaje sumamente po?tico, construye oraciones que a veces se acercan m?s a la poes?a que a la prosa y que marcan constantemente un ritmo que va en consonancia con lo que se va contando: ?Desojo mis pasos. Siempreverdes. No los reconozco / Me saco de hojas, taconeo y la aguja parece punzar la calle. De Tierra. Tierra seca que disimula mi b?squeda: el ruido de mis tacones que marchitan la primavera de mi Flor de Azalea Villera? (Comeron 11) abre el relato. Pero el lenguaje a veces no es suficiente y en su fluir tambi?n las palabras se juntan para generar nuevos sentidos e ir m?s all? de los l?mites que ?stas intentan. Por ejemplo, en su rancho Chavela diferencia dos espacios: su taller de costura y su ?cocinacomedorpieza? (37), una expresi?n construida a partir de la uni?n de palabras que representan la fusi?n de ambiente en el rancho. Adem?s, ?[c]orrecamin[a]? (49) por primera vez cuando se cree en peligro, en una forma de andar de velocidad intermedia. Ese taconeo, esos pasos, pueblan el suelo de la villa. El suelo que es constantemente de barro est? plagado de las marcas que dejan los calzados que representan una diversidad de andares. A trav?s de esos calzados Chavela identifica a las personas o conjuntos de personas a partir de estados, que son en realidad momentos de un fluir, que no suponen una identidad fija. Ella tiene sus ?zapatos de gamuza color que muri? tiempo despu?s. La letra de la canci?n dice: ?Las tazas sobre el mantel / La lluvia derramada / Un poco de miel, un poco de miel / No basta. El eclipse no fue parcial / Y ceg? nuestras miradas / Te v? que llorabas, te v? que llorabas / Por ?l T? para tres. Un sorbo de distracci?n / Buscando descifrarnos / No hay nada mejor, no hay nada mejor / Que casa T? para tres? 195 rosa, de Llorona y hechicera, altas llantas de mujer filosa y Villera? (198) que taconean y penetran el barro de la villa, sus ?botas de lluvia color rosa, de Reina y Princesa, altas llantas de goma inyectada de mujer y ni?a? (14) pero se monta en sus ?primeras zapatillas fl?o de marca, altas llantas con resorte de travesticienta, de paso por paso guacha, de piba pidiendo pista? (171). La gente de la villa con sus ?dedos afuera de las zapatillas, altas llantas de barro y p?rdida, de paso por paso falso, de historias con fe? (47), o con sus ?zapatillas de marca, altas llantas de suelas gruesas a las que cuidan m?s que a su humanidad? (21). Los pibes con ?sus zapatillas de marca, altas llantas con resortes de hombre, de paso por paso guacho, de pibe implorando ni?ez? (30) y la piba que encuentra en su rancho, demasiado cerca de Marquitos, usa ?sandalias con trenzas adornadas, altas llantas de arena caliente y destino soleado? (93). Lidia Espinosa se calza ?zapatos de gamuza de color rojo, de taco y plataforma, altas llantas de mujer elevada, de paso por paso ama, de puntera de piel de tigre? (103). Adem?s, Chavela lleva su sopa paraguaya a una cena en la casa del Intendente Figueroa que camina en ?sus zapatos de caballero: altas llantas de cuero negro sin resortes de hombre, de paso por paso arrastrado, de sonido cl?sico y amor deshonrado? y all? se encuentra con la esposa, Do?a Alicia, con ?sus zapatos de vestir elegantes, altas llantas de punta redonda y taco grueso, de paso por paso triste, de mujer olvidada? (57). Esa casa ?del Intendente es una Tierra sin pasos. Atrapa huellas, las m?as; me desnuda? (53). S?lo cuando queda sola con Do?a Alicia en su habitaci?n puede sentirse ella misma a?n fuera de Villa Caracol: ?El ?nico afuera, despu?s de a?os, en el que me permito ser. Y soy porque ella es conmigo cuando Don Figueroa no est?, aunque ?l siempre est? presente en la vida de la Do?a, en la vida de todos? (53). Durante la cena Chavela no puede ser, no puede 196 mostrarse como ella, y tiene que quedarse en la cocina, junto a Nerea y Dinorah, que son quienes sirven la cena ?disfrazadas de mozas, esbeltas y elegantes, para esconder lo que son: igual de villeras que yo, de mismo barrio, barrio Caracol? (74). El suelo de la casa del intendente no ensucia como el barro de la villa, son las botas de Chavela las que manchan con su ?barro, la alfombra de Do?a Alicia [que] tiene ese no s? qu? de calle que le falta? (54). All?, durante la cena, se juntan ?las caras p?lidas de arriba, a esos elegantes con los ojos llenos de locura? (28) y el sonido constante de la villa contrasta con ese espacio en el que ?[n]unca se oyen conversaciones, todos hablan y se miden con la mirada. Son mis gestos los que construyen el silencio de ruidos fingidos que reproducen sus bocas cuando los interrumpo con lo que m?s desean: mi sopa paraguaya? (53). Esa casa se opone a la villa y a su rancho, que es ?olor a hogar?. Chavela entr? en Villa Caracol y empez? (o continu?) su transici?n: ??Ac? viven varios como vos?, me dijeron las chicas y empec? a caminar. A tirar llanta e irrumpirme hasta transformarme en Chavela: con Ve de Verdad, de barro y libertad? (23). Ser Chavela fue posible por lo que es la Villa. Marquitos le dice: ?La posta e? junarte vo?, ?tend?? A uno mismo pero haciendo amist? con el otro, los otro?, los guachines y los no tanto. Tener la posta de uno e?jetearla, e?carpear, e?saber relojearse? (27). Es en el encuentro con el otro (aunque en este contexto deber?a ser ?otre?) donde se da la posibilidad de expresar su ser. No se plantea aqu? una transici?n en t?rminos de un pasaje con un inicio y un final ni aparece atado necesariamente a una transformaci?n corporal, sino m?s bien en el sentido en que lo piensa Wayar: ?Esto que hoy llaman ?transici?n? es algo que viene sucediendo desde hace much?simo tiempo. Pero, adem?s, ?la gente cis no 197 tiene transici?n? ?No transicion?s de ni?a a adolescente, de adolescente a persona mayor?? (91). En la villa Chavela deja sus huellas, all? ?no me duele ser lo que soy. Ac? en este suelo no me duele. Piso tan fuerte que casi me ensucio. De tan plantada que me siento se me escapa ese gesto tan m?o. En ese otro puto mundo, en el de all?, s? que dol?a ser lo que ya era? (44). El personaje de Chavela est? construido como un fluir, es una y es m?ltiple a la vez. Es su transformaci?n a mujer en la villa, pero es tambi?n Chavela Vargas que lleva en el nombre y La Malinche, ?Mi Querida?, a quien le habla, pero cuya voz permanece silenciada en la novela, tal como sucedi? con la figura hist?rica. La sigue y solo al final ?se deja caer en m?? (222). Tambi?n se transforma de acuerdo a los zapatos que usa. Es un personaje que encuentra en la villa su posibilidad de ser, pero que al mismo tiempo mantiene un mundo interior apartado de todo eso. Chavela es el relato y el relato es la novela que muestra la villa como un espacio separado de la ciudad, no exento de la violencia y las muertes constantes a la que son sometidos los pibes, pero que cuenta un mundo que no es necesariamente el que aparece en los medios. 4.5. Conclusi?n Santer?a y Sacrificio, La Virgen Cabeza y Con V de Villera, son narraciones que construyen literariamente villas como espacios donde los l?mites de la ciudad formal se transgreden y desaparecen, hasta que vuelven a ser impuestos por la fuerza desde el exterior. La violencia tambi?n est? presente al interior de la villa, pero se diferencia la violencia estructural, la que viene hist?ricamente desde el Estado que 198 aparece en las tres novelas y que est? representada en los huesos que se encuentran en El Poso de La Virgen Cabeza. Las masacres de los ?indios? del siglo XIX se reactualiza en los ?indios? de Puerto Apache (tal como se identifican los personajes), estableci?ndose una continuidad entre las violencias estructurales sobre las cuales se asent? el Estado y las m?s actuales. Las im?genes que contienen las obras, lejos de la visi?n hegem?nica presentada por la mayor?a de los medios de comunicaci?n, son plurales, diversas, fluidas, desbordan. El espacio aparece construido literariamente a partir de los sentidos. En las tres, la m?sica y los diferentes ritmos habitan y crea las villas: la cumbia est? presente en todas, pero mientras que en La Virgen Cabeza y Con V de villera significa alegr?a, en Santer?a y Sacrificio tienen para la protagonista una conexi?n con la tristeza. Aqu? las villas no s?lo pueden tener marcianos, pueden contener (o desbordar) todo. 199 Cap?tulo 5: Conclusiones A m? los finales nunca me han convencido mucho. Siempre me parecieron arbitrarios. (?) En general, casi todos tienen algo de tonto como el chan-chan final de los tangos. (Daniel Moyano, Libro de nav?os y borrascas 277) Tampoco a m? los finales me han convencido mucho y ?ste no deja de ser, en ?ltima instancia, arbitrario. Pero resulta que el final en los tangos no es siempre tan chan-chan: a veces es CHAN-chan y otras s?lo CHAN o un chan, aunque tambi?n se puede encontrar un CHAAaannn, un CHAN??chan e incluso un ?? Y a veces hasta aparece un chan-chan en a mitad de la canci?n que despu?s de una fracci?n de segundo silencio contin?a105. Elijo para la forma de esta conclusi?n final al estilo de ?Desecuentro?106, un chan que amaga con terminar, pero que en realidad conduce a algo m?s, deja abierto. Retomo las tres hebras que separ? al inicio de este trabajo. Vuelvo a posar la mirada en el cuadro de Dal? y percibo la imagen de la Maga mirando por la ventana, la de Lincoln, pero tambi?n muchas otras posibilidades entre una y otra; todo depende de qu? tanto y c?mo enrarezca la mirada, de d?nde decidamos fijarla y desde d?nde me posicione para ver. Pero si me acercara todav?a m?s al cuadro podr?a crear nuevos 105 Las formas de representar los finales fueron tomadas del blog Tango Centuri?n. Acad?mica online: https://tangocenturion.com. 106 Es un tango de 1962 con m?sica de An?bal Troilo y letra de C?tulo Castillo (Todotango www.todotango.com/musica/tema/320/Desencuentro/) 200 recorridos con la mirada y descubrir nuevas formas m?s all? de las indicadas. Mi percepci?n de esas im?genes se enriquecer?a si fijara mi atenci?n tambi?n en otros sentidos que conforman ese mirar. Esta investigaci?n se plante? preguntas sobre la construcci?n literaria de las villas como espacios informales107, principalmente en narrativas que se ubicaron en o alrededor de la ciudad de Buenos Aires, ?rea donde se han concentrado la mayor?a de estos tipos de asentamientos precarios. ?1$ para villa desocupaci?n? de Enrique Amorim, La marcha del hambre de El?as Castelnuovo y Las colinas del hambre de rosa Wernicke, pueden pensarse como antecedentes a la literatura sobre las villas miseria tanto si se las considera parte de este mismo fen?meno o no. El cuento y el drama se sit?an literariamente en el campamento de desocupados de Palermo y la novela en una barriada de las afueras de Rosario. A trav?s de esas construcciones ficcionales de los espacios, las tres obras denuncian sus condiciones y enfatizan la importancia de visibilizarlos frente a una ciudad formal que los margina y los excluye. En este primer momento hay un fuerte ?nfasis en denunciar las estructuras econ?mico- sociales responsables de su surgimiento. Desde un posicionamiento de izquierda y a trav?s de un realismo social, las obras construyen personajes dotados de agencia, pero cuya suerte est? atada a un sistema injusto. En este mismo movimiento los incorporan a una tradici?n literaria y as? expanden los l?mites de la ficci?n. 107 Mantengo aqu? la idea de ?informalidad? que Gago propone para lo que llamas las econom?as barrocas y que us para pensar el espacio de las villas: no en relaci?n negativa con lo normativo que establece lo que es legal o ilegal, sino en un sentido positivo en tanto innovaci?n, como producci?n de un espacio alternativo que no se rige por las limitaciones de la ciudad formal. 201 La aparici?n y popularizaci?n de la expresi?n ?villa miseria? a mediados de la d?cada del cincuenta acompa?? la visibilizaci?n de estos asentamientos que se hab?an estado formando durante a?os y que hab?an permanecido ocultos de la opini?n p?blica. Desde los medios y el Estado fueron presentados como una consecuencia nefasta de las pol?ticas peronistas, pero la forma de abordarlas conjug? tanto una mirada que las se?al? como v?ctimas al mismo tiempo que las caracteriz? como espacios de barbarie, reactualizando una vez m?s el cl?sico binomio civilizaci?n- barbarie. Villa Miseria tambi?n es Am?rica de Bernardo Verbitsky visibiliz? las condiciones de existencia de una villa en la ficci?n basada en el trabajo period?stico que Verbitsky realiz? durante meses en la villa miseria de Ciudadela y que dio origen a esta forma de denominaci?n. Tambi?n desde un realismo social, la novela narra desde un adentro las historias de los habitantes que a partir de sus pr?cticas construyen la villa como un espacio alternativo para vivir y al hacerlo, cuestionan la ciudad panorama para la cual en ese sitio hay simplemente vac?o. Al hacer un an?lisis intertextual con las pol?ticas del gobierno y publicaciones hechas en diarios durante 1955 y 1956, surge que la obra adem?s disputa las im?genes que, desde una posici?n racista y clasista, se ven?an construyendo de las villas como una anomal?a que deb?a ser erradicada: supon?an una reactualizaci?n de la barbarie que hab?a que contener y alejar de la ciudad formal. ?sta fue la primera de una serie de obras que salieron en los a?os inmediatamente posteriores tanto a nivel literario como del arte en general, como fue la serie de obras de Antonio Berni. En las siguientes d?cadas las obras literarias que se centraron en narrar la villa fueron relativamente pocas. Podr?a plantearse la hip?tesis que esto estuvo influenciado por las pol?ticas que en general buscaron su erradicaci?n. En especial, luego de los a?os 202 sesenta, cuando las villas fueron consideradas por las izquierdas como n?cleos posibles para la revoluci?n, la ?ltima dictadura c?vico-militar desarroll? un plan orientado a instalar la idea de que los habitantes de estos barrios no eran moralmente merecedores de ning?n tipo de ayuda. Para ello, y en el marco del terrorismo de Estado emplearon, al mismo tiempo, medidas extremadamente violentas para erradicarlas. Durante la d?cada del noventa, con la profundizaci?n de las medidas neoliberales iniciadas durante la dictadura, se termin? de desarmar lo que podr?a haberse considerado como algo cercano a un Estado de bienestar, lo que gener? una precarizaci?n de grandes sectores de la sociedad. Esto deriv? en el estallido social de 2001 y a una profunda crisis que repercuti? en todos los ?mbitos, incluida la literatura, en la se multiplicaron obras centradas en sectores hist?ricamente maginados, as? como nuevos actores: piqueteros y cartoneros. Si bien la villa fue espacio de narraci?n desde diferentes g?neros, aparecieron novelas en las que estos espacios pasaron a ser escenario de historias que no se centran necesariamente en la denuncia de las condiciones de existencia, sino que se reclaman el derecho a la ficci?n108. En Santer?a y Sacrificio de Leonardo Oyola, La Virgen Cabeza de Gabriela Cabez?n C?mara y Con V de Villera de Lula Comeron, las villas son una realidad que ha dejado de ser ?de emergencia?. As? construyen espacios que cuestionan las posiciones hegem?nicas impuestas sobre sus l?mites, mostrando las condiciones de precariedad en que existen y la violencia estructural a las que siguen sometidas. Sus narraciones se caracterizan por las transgresiones, los desbordes y la diversidad en 108 Tal como se trabajo anteriormente, esta idea es tomada de Rodr?guez P?rsico (?Pobreza y visibilidad? 25). 203 cuanto al g?nero literario, a los personajes, a los sentidos y a las posibilidades de lo que puede pasar en estos espacios. El mayor aporte de esta investigaci?n es el recorrido en el que se fueron hilvanando una serie de obras que trabajaron las villas desde un adentro narrativo, y con cada una, se fueron ampliando los l?mites de la literatura. Adem?s, como espacios informales, las villas en estas obras se abren a una diversidad de formas de representar el espacio m?s all? de los planos centrados en una noci?n ocularoc?ntrica. No se trata de ignorar las relaciones de poder que existen realmente, sino de remarcar de qu? forma estas ficciones contribuyen a pensar otras formas de construir espacios: m?s diversos, m?s plurales, m?s justos. Las contribuciones que me propuse desarrollar en esta tesis constituyen la etapa inicial de una investigaci?n que deja abierta una multiplicidad de posibilidades. En primer lugar, seguir pensando los llamados espacios informales tanto a nivel local como con relaci?n a un debate m?s global. Por otro lado, la apertura a representaciones alternativas de espacios que no est?n necesariamente anclados en una imagen visual. Adem?s, por las limitaciones propias de este tipo de trabajo, me centr? principalmente en obras que se situaron en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, dejando para la siguiente etapa el di?logo que estas obras entablan con lo producido en otras regiones del pa?s, y m?s adelante, en otras regiones. 204 Appendices Anexo 1 Amorim, Enrique. ?$1 en Villa Desocupaci?n?. Revista Multicolor de los S?bados, Cr?tica, nro. 6, a?o I, 16 de septiembre de1933, Archivo Hist?rico de Revistas Argentinas, https://ahira.com.ar/ejemplares/6-11/. 205 Anexo 2 206 207 ?Ning?n privilegiado hab?a en VILLA MISERIA. Monstruosa creaci?n de un r?gimen de mentida ?justicia social??. Noticias Gr?ficas, 5? ed., 21 de octubre de 1955, pp. 8-9. 208 Anexo 3 ?Reaparici?n de las tolder?as?. La Prensa, 14 de marzo de 1956, p.4. 209 Anexo 4 ?Ante un grave problema social?. La Prensa, de 1956, n.p. 210 Anexo 5 Pag?s Larraya, Antonio. ?Un tema americano y porte?o sirve para erigir como novelista objetivo y tierno a B. Verbitsky?. La Raz?n, 1 de marzo de 1958, n.p. 211 Anexo 6 Barcia, Jos?. ?? tambi?n Am?rica?. La Naci?n, 29 de junio de 1958, p. 6. 212 Anexo 7 Calabrese, Andr?s. ?Villa Miseria?. Noticias Gr?ficas, 2? ed., 22 de noviembre de 1955, p. 1. 213 Works Cited Adamovsky, Ezequiel. ?El color de la naci?n argentina. 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