ABSTRACT Title of dissertation: IMAGINARIOS DE LA RESISTENCIA ANTIFASCISTA ESPA?OLA: MEMORIA, LITERATURA, CINE Rachel Ann Linville, Doctor of Philosophy, 2008 Dissertation directed by: Associate Professor Jos? Mar?a Naharro Calder?n Department of Spanish and Portuguese This dissertation explores the memory of the Spanish antifascist resistance movement that opposed the dictatorship of Francisco Franco (1936-1975) through an analysis of literary and visual texts that depict the struggle. Soon after the military uprising in 1936 (that toppled the elected government in 1939), a resistance movement began to form as many Spaniards fled to the mountains. Although the rural movement had mostly died out by 1952, the last resistor was not killed until 1965. My analysis of several aspects of memory contributes to a better understanding of the literary and filmic representations of this movement. The extensive bibliography, including novels, short stories, autobiographies, transcribed interviews, documentaries, and fiction films, is united by Pierre Nora?s conception of artistic creations as lieux de m?moire. I examine the evolution of these works (published in Spanish, Catal?n, Gallego, Portuguese, French, and English) and classify them in five periods that extend from 1936 to 2006. Through a consideration of these periods, memory?s complex relationship with identity and power is visible in the changing image of the resistors, their fight, and the fascist forces and the fluctuating level of interest in the resistance. By focusing on a few representative works from the prolific final period (1997- 2006), including Maquis (1997) by Alfons Cervera and Soldados de Salamina (2003) by David Trueba, I study several aspects of collective and traumatic memory. Dominik LaCapra?s ideas on loss and absence enable me to explain why the protagonist of Maquis continues to act out his traumatic memories instead of work through them. The fact that the fascist regime prohibits him from mourning the death of his father, a resistance fighter, causes him to experience this death as an absence instead of as a loss which prevents him from achieving closure. Likewise, his tarnished fingernails constantly provoke him to remember his traumatic memories that include the torture inflicted on him. Nevertheless, it seems that this extensive and recent imaginary, so removed from the struggle, is slowly decaying. The future representations of the Spanish antifascista guerrilla resistance are unpredictable since memory, forms, and history endlessly change through the passing of time. IMAGINARIOS DE LA RESISTENCIA ANTIFASCISTA ESPA?OLA: MEMORIA, LITERATURA, CINE by Rachel Ann Linville Dissertation submitted to the Faculty of the Graduate School of the University of Maryland, College Park in partial fulfillment of the requirements for the degree of Doctor of Philosophy 2008 Advisory Committee: Professor Jos? Mar?a Naharro Calder?n, Chair Professor Regina Igel Professor Mehl Penrose Professor Ana Patricia Rodr?guez Professor Hern?n S?nchez Mart?nez de Pinillos Professor Juan Uriagereka ? Copyright by Rachel Ann Linville 2008 ii Pr?logo La mayor?a de la gente que ve mi pasaporte se detiene en lo que a priori pudiera parecer una contradicci?n. El documento me identifica como ciudadana estadounidense, pero en el lugar de nacimiento pone ?Madrid?. Muchos me preguntan si me siento espa?ola o si recuerdo algo de mi infancia en Espa?a. Al explicarles mi historia personal, se dibuja ante m? una compleja relaci?n entre la identidad y la memoria. Seis meses despu?s de la muerte de Franco, nac? en la base militar de Torrej?n de Ardoz, a quince kil?metros de Madrid. Fruto de los acuerdos de 1953 entre el gobierno de Franco y los EE.UU., cuando aqu?l hab?a liquidado la inc?moda presencia de la guerrilla, aquella base simboliz? el nuevo orden geopol?tico de la dictadura, alineada definitivamente junto a la superpotencia. Mis padres pasaron un total de tres a?os (1973- 1976) en un pa?s donde apenas pod?an comunicarse con la gente, pero yo ni llegu? a cumplir cuatro meses en el lugar que considero mi otro hogar. Aunque me cri? luego en el sur de Virginia, com?a olivas sevillanas y me encantaban los calamares que fre?a mi madre. Cuando mis padres se enteraron de que, tras la visita del presidente del gobierno espa?ol, Felipe Gonz?lez, a Washington en 1989, el gobierno estadounidense iba a devolver en 1991 los terrenos de la base donde nac? a los espa?oles, decidieron llevar en abril de 1989 a toda la familia a Espa?a para verla. Al acercarnos a Madrid, mi madre me se?al? a un hombre en la autopista e indic? que era un ?guardia civil?, t?rmino que entend?a perfectamente pues en mi familia nunca se tradujo al ingl?s. Aunque parte de esta memoria, como la met?fora de Plat?n sobre la impresi?n de ?sta en la cera, se ha borrado durante a?os ?pues vagamente creo recordar que el hombre se encontraba un iii poco m?s adelante sobre un puente vigilando el tr?fico con unos prism?ticos? otra parte del recuerdo se conserva perfectamente. Nunca he olvidado el miedo que recorri? mi cuerpo como un rel?mpago. No me acuerdo qu? historias mis padres me hab?an contado antes de ese viaje, pero deb?a haber algo en mi memoria, como la semilla a la que Maurice Halbwachs se refiere, lo que permiti? desencadenar la reacci?n emocional que sent?. Por tanto no es casual que dos a?os despu?s de aquella primera vuelta a Espa?a, eligiera el espa?ol como idioma extranjero en la escuela secundaria, y aunque entr? en la universidad con la intenci?n de prepararme para una carrera en medicina, mi deseo de volver a Espa?a fuera m?s fuerte. En 1995 me aceptaron para un intercambio en la Universidad Complutense de Madrid, a condici?n de que participara en un curso intensivo de verano para mejorar mi espa?ol. A?n recuerdo el desaf?o personal que para m? supuso tomar clases de f?sica y qu?mica rodeada de estudiantes nativos, y sonr?o al recordar los desaguisados que m?s de una vez estuve a punto de formar en el laboratorio a causa de m?, por aquel entonces, todav?a balbuciente espa?ol. Sin embargo, esta experiencia me pondr?a en contacto con personas que ten?an recuerdos muy distintos a los de mis padres. No puedo olvidar mi estupefacci?n cuando la se?ora de la familia con la que viv?a me dijo ?con Franco viv?amos mejor?. Recuperada de mi sorpresa inicial, empec? a entender que sin indagar en ambos lados de la guerra fratricida de 1936-1939, no se puede comprender la guerrilla antifranquista, y que sin explicar el pasado no se puede entender el presente. Al t?rmino de mi a?o en Madrid, volv? a los Estados Unidos y declar? una especializaci?n en espa?ol. A lo largo de mi carrera, los recuerdos de mis profesores, las iv obras que he le?do o visto, y las historias que he escuchado durante otras estancias en Espa?a se han mezclado con la semilla que mis padres plantaron en mi memoria. A pesar de que nunca conoc? de primera mano la ?poca franquista, es un per?odo que me ha fascinado desde el principio de mis estudios de la literatura y cultura espa?ola. Desde que empec? a escuchar las historias de mis padres, que vivieron el asesinato de Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973 y visitaron la capilla ardiente de Franco el 20 de noviembre de 1975, siempre me he sentido atra?da por este per?odo de la historia espa?ola. De la misma manera que estas historias y mis propias vivencias han formado parte de mi memoria y mi identidad, la literatura y el cine sobre la resistencia antifascista espa?ola reflejan y crean la memoria colectiva, una memoria viva que ha cambiado durante los a?os y a trav?s de las generaciones. v A todas las personas que me ayudaron, y a todas las personas cuyas historias siguen sin contarse. vi Agradecimientos Quisiera extender mi agradecimiento a Jos? Mar?a Naharro Calder?n. Sin su direcci?n y apoyo, este proyecto no habr?a sido posible. Agradezco tambi?n la ayuda de las personas que me permitieron entrevistarlas. En varios casos me acogieron en sus casas. Espero compartir con mis estudiantes la pasi?n por aquella resistencia que me han contagiado. Finalmente, me gustar?a reconocer la ayuda para estas investigaciones de la Fundaci?n Pablo Iglesias y la beca de intercambio graduado del Departamento de Espa?ol y Portugu?s con la Universidad de Alcal? (Facultad de Filosof?a y Letras) (2004), la Beca para Hispanistas y Traductores de Espa?ol Extranjeros del Ministerio de Asuntos Exteriores de Espa?a y la Agencia Espa?ola de Cooperaci?n Internacional (2006), y la Hermine and Luc Secretan Dissertation Fellowship de la Universidad de Maryland (School of Languages, Literatures, and Cultures) (2007). vii ?ndice Introducci?n 1 Cap?tulo 1. De memorias: teor?a, terminolog?a, corpus y estudios 9 Primeras teor?as de la memoria 9 Nuevos conceptos al problema de la memoria 12 La memoria colectiva 21 Otras perspectivas de la memoria, la historia y la representaci?n 27 ?Les lieux de m?moire? de Pierre Nora 36 Las ideas de Paul Ricoeur 40 La memoria traum?tica 44 Otros estudios sobre la memoria 49 Terminolog?a en las obras 61 Selecci?n de obras literarias y f?lmicas 66 Estudios anteriores 70 Cap?tulo 2. Historia de la resistencia antifranquista 78 Cap?tulo 3. La memoria y la literatura de la guerrilla (1936-1975) 110 Primera etapa: los a?os de la guerra y el silencio de la primera posguerra 111 Segunda etapa: la versi?n oficial y las visiones del exilio 122 Narraciones de la versi?n oficial 123 Narraciones de voz cuestionable 149 Narraciones ajenas a la historia oficial 165 Cap?tulo 4. La memoria y la literatura de la guerrilla (1976-2006) 180 Tercera etapa: primeras visiones en libertad 181 Cuarta etapa: visiones en plena libertad 193 Quinta etapa: visiones m?s recientes 210 Cap?tulo 5. La memoria y el cine de la guerrilla (1936-1975) 250 Primera etapa: los a?os de la guerra y el silencio de la primera posguerra 251 Segunda etapa: la versi?n oficial y las visiones del exilio 256 La historia oficial y el cine af?n al r?gimen fascista 256 Cine ajeno a la versi?n oficial 284 Cap?tulo 6. La memoria y el cine de la guerrilla (1976-2006) 295 Tercera etapa: primeras visiones en libertad 296 Cuarta etapa: visiones en plena libertad 311 Quinta etapa: visiones m?s recientes 335 Cap?tulo 7. En busca de la memoria colectiva 367 Memoria colectiva en los relatos 367 Memoria colectiva y traum?tica 373 Memoria colectiva actual 384 viii Conclusi?n 413 Ap?ndice A: Cronolog?a de obras literarias 421 Ap?ndice B: Cronolog?a de obras cinematogr?ficas 425 Ap?ndice C: Clasificaci?n de las obras literarias 430 Ap?ndice D: Clasificaci?n de las obras cinematogr?ficas 432 Ap?ndice E: Entrevistas 436 Lista de entrevistas 447 Bibliograf?a primaria 448 Bibliograf?a secundaria 459 ix Abreviaciones Cine y literatura Cumbres de Extremadura ? Cumbres de Extremadura: novela de guerrilleros El hombre que muri? dos veces: Gir?n ? El hombre que muri? dos veces: Gir?n. El fin de la primera guerrilla antifranquista Los maquis de la imposible esperanza ? Los maquis de la imposible esperanza: los guerrilleros de los Picos de Europa La memoria reprimida ? La memoria reprimida: historias orales del maquis Muerte y pasi?n ? Muerte y pasi?n de un maquis. Sebasti?n Eustaquio Moya Moya ?El Chichango? La noche de los Cuatro Caminos ? La noche de los Cuatro Caminos: una historia del maquis. Madrid, 1945 La pastora ? La pastora: el maqui hermafrodita R?quiem ? R?quiem por un campesino espa?ol Si te dicen ? Si te dicen que ca? El siglo XX en femenino ? El siglo XX en femenino. Ellas piden la voz y la palabra El testamento de amor ? El testamento de amor de Patricio Julve Los ?ltimos guerrilleros ? Los ?ltimos guerrilleros: historia de la AGLA Los ?ltimos milicianos ? Los ?ltimos milicianos: guerrilleros en los montes de Toledo Un d?a para la historia ? Un d?a para la historia: 10 de diciembre de 2005. Exhumaci?n, traslado de los restos y Jornada de Homenaje a Basilio Serrano Valero, El Manco de La Pesquera. 50 aniversario de su fusilamiento. Otras AGAA ? Agrupaci?n Guerrillera de Alto Arag?n AGL ? Agrupaci?n Guerrillera de Levante AGLA ? Agrupaci?n Guerrillera de Levante y Arag?n ANFD ? Alianza Nacional de las Fuerzas Democr?ticas CNT ? Confederaci?n Nacional de Trabajadores FFI ? Force Francaises de l?Int?rieur (Fuerzas Francesas del Interior) IU ? Izquierda Unida JSU ? Juventudes Socialista Unificadas MIR ? Movimiento Ib?rico de Resistencia MLR ? Movimiento Libertario de Resistencia NANA ? North American Newspaper Alliance ONU ? Organizaci?n de las Naciones Unidas PCE ? Partido Comunista Espa?ola PP ? Partido Popular PSOE ? Partido Socialista Obrero Espa?ol PSUC ? Partit Socialista Unificat de Catalunya (Partido Socialista Unificado de Catalu?a) UGT ? Uni?n General de Trabajadores UN(E) ? Uni?n Nacional (Espa?ola) 1 Introducci?n Tanto en el campo literario como en el de los estudios hist?ricos, la guerra civil sigue como tema candente en la Espa?a actual. La contienda entre la Segunda Rep?blica espa?ola y las fuerzas rebeldes anticonstitucionales fue un acontecimiento que provoc? diferentes vivencias para muchos espa?oles y ?stas gestaron una serie de recuerdos diversos. Tanto en las obras literarias y cinematogr?ficas como en los tratados hist?ricos, se han captado percepciones divergentes sobre los acontecimientos de la guerra y la posguerra. Los diferentes recuerdos pertenecen a los que apoyaron a los golpistas triunfantes o a sus opositores, como los maquis, t?rmino que en su origen identifica a los que combatieron en la Resistencia francesa frente a los Nazis (1940-1945). Como muchos espa?oles exiliados participaron en la Resistencia francesa y luego volvieron a Espa?a para emprender una lucha contra el r?gimen de Francisco Franco, este t?rmino empez? a usarse para denominar a los que se unieron a la resistencia al dictador, junto al de ?los huidos?, ?los del monte?, ?los guerrilleros?, ?la guerrilla urbana?, ?los pistoleros?, ?las partidas?, ?los bandoleros?, ?los bandidos?, etc.1 A pesar de esta diversidad de memorias, tras la contienda, s?lo se escuch? en la Espa?a del interior la voz de los vencedores ante la guerrilla durante muchas d?cadas. Hasta la aprobaci?n de la Ley de Prensa en 1966, no se pod?a publicar oficialmente novelas desde la perspectiva de los vencidos.2 Aunque las restricciones sobre las publicaciones se redujeron con esta ley, todav?a prevaleci? un ambiente de censura y 1 Estos dos ?ltimos vocablos rompen con la tradici?n hist?rica y literaria espa?ola que mitific? a la guerrilla desde los tiempos de Viriato hasta las novelas de Benito P?rez Gald?s con Juan Mart?n el Empecinado, de P?o Baroja sobre El escuadr?n del Brigante o la presencia del cura Santa Cruz en Zalaca?n el aventurero de Baroja, Gerifaltes de anta?o de Ram?n del Valle Incl?n, o Paz en la guerra de Miguel de Unamuno. 2 Con relativa prontitud se publicaron obras cr?ticas sobre la devastaci?n psicol?gica y material de la guerra y la dictadura como Nada (1944) de Carmen Laforet pero el tema de la guerrilla estaba vetado. 2 auto-censura durante muchos a?os m?s. La muerte del dictador tampoco trajo todos los cambios literarios que se esperaban con los cambios pol?ticos, y por ello, la novela en la democracia s?lo evolucion? paulatinamente en su tratamiento de esta memoria.3 Un pacto t?cito de olvido mantuvo un relativo silencio o tab? sobre ciertos temas, uno de los cuales fue el de las guerrillas antifascistas espa?oles. No obstante, a medida que el temor de los vencidos a contar su versi?n del pasado se disipaba, m?s relatos narraban la versi?n de ?stos. Diez a?os despu?s de la muerte de Franco sali? a la luz la novela de Julio Llamazares, Luna de lobos, sobre cuatro soldados republicanos que intentan sobrevivir en las monta?as durante los ?ltimos a?os de la guerra y el comienzo de la posguerra. Se trata de la primera obra de ?ficci?n? tras la muerte del dictador que se ocupa plenamente de la historia de los guerrilleros, por lo que se le atribuye un car?cter pionero en este tema. Pero la guerrilla antifascista surgi? coetaneamente como tema en la literatura y cine espa?oles a los primeros grupos de resistencia. Una de las primeras obras, Cumbres de Extremadura: novela de guerrilleros (1938) de Jos? Herrera Petere, muestra una marcada tendencia comunista a trav?s de las descripciones de los personajes y en los dibujos de la primera edici?n cuyos s?mbolos se identifican f?cilmente con la ideolog?a. Despu?s, algunas obras se dieron a conocer en el extranjero, como la novela de Ernest Hemingway, For Whom the Bell Tolls (1940), y su adaptaci?n al cine por Sam Wood tres 3 Aunque con la muerte de Franco muchos esperaban una renovaci?n total de la narrativa y la publicaci?n de novelas in?ditas debido a la censura, no hubo, como se?ala Jos? Luis Castillo Puche, ?grandes sorpresas ni obras geniales ni nombres nuevos? (49). Para explicar esta falta, Santos Alonso apunta a la persistencia del efecto de tantos a?os de censura: ?tal vez la censura o la represi?n, como condicionantes externos, actuaron m?s sobre la interioridad de los creadores que en las hipot?ticas obras sin ocasi?n de aparecer? (19). Concepci?n Grande Gonz?lez, por su parte, subraya que los autores se convert?an en portavoces de los problemas sociales debido a que ?eran los ?nicos que dominaban las estrategias necesarias para expresar esta problem?tica de manera que pasase la censura. Con llegada de la democracia, esta [sic] deja de ser su responsabilidad? (90). 3 a?os despu?s cuyos ecos llegaron a la Espa?a del interior. No obstante, despu?s del t?rmino de la guerra la resistencia no se volvi? a retratar dentro de la pen?nsula hasta principios de los cincuenta. Estos a?os de silencio coinciden precisamente con el auge de la resistencia antifascista. Durante su apogeo en 1946 y 1947, las acciones guerrilleras llegaron a 1.558 y 1.463, respectivamente, pero en 1952 decaen a 28 (Aguado 250). Por lo tanto, el gobierno fascista4 vuelve a sentirse seguro y los artistas comprometidos con su causa comienzan a hacerse eco de la historia oficial. En 1951, Carlos Serrano De Osama dirige Rostro al mar y Mercedes F?rmica edita La ciudad perdida. Casi al mismo tiempo, empezaron a aparecer relatos escritos desde el punto de vista de los vencidos incluyendo R?quiem por un campesino espa?ol (1960) de Ram?n J. Sender (publicado como Mos?n Mill?n en 1953) y Este tiempo amargo (1953) de Pablo de la Fuente. No obstante, estas novelas se publicaron en el extranjero y, por ello, estas voces dif?cilmente llegaban a Espa?a. Si te dicen que ca? (1973) de Juan Mars? fue la ?ltima novela sobre la resistencia que, debido a la censura franquista, apareci? en el extranjero. Aunque se difundi? en Espa?a antes de la muerte de Franco, no pudo distribuirse oficialmente hasta principios de 1977 (Amell, La narrativa 109). Durante estos a?os, sin embargo, el dominio de la memoria de los vencedores es hasta m?s evidente en el cine. Despu?s de una producci?n cubana en 1948, no hay otra pel?cula sobre la resistencia que no sea dirigida por un adicto al r?gimen hasta que se estrena Behold a Pale Horse (1964) de Fred Zinneman. Dos a?os despu?s Alain Resnais dirige La guerre est finie (1966). 4 Utilizo la palabra fascismo o fascista como sin?nimo de franquismo o franquista, invocando los t?rminos utilizados por los republicanos durante la guerra civil y con la salvedad de que el franquismo no fue un fascismo a la italiana strictu senso sino un r?gimen represivo y dictatorial de corte ultraconservador, neocolonialista, militarista, tradicional y cat?lico. Para m?s sobre esta cuesti?n, v?ase Franco de Paul Preston. 4 A mediados de los sesenta en el cine y al final de la misma d?cada en la literatura, los artistas afines a la dictadura empiezan a perder inter?s en el tema de la resistencia y las voces del lado vencido comienzan a cobrar fuerza. En 1971, el guerrillero Jos? Gros publica Abriendo camino: relatos de un guerrillero comunista. Dentro de Espa?a, empiezan a salir las primeras pel?culas que contrarrestan el efecto de tantos a?os de dominio de la versi?n oficial. V?ctor Erice dirige El esp?ritu de la colmena (1973) y Pedro Olea Pim, pam, pum? ?Fuego! (1975). Sin embargo, durante casi una d?cada que abarca la transici?n y los primeros a?os de la democracia, pocas obras tocan la resistencia y la mayor?a de ellas no se centran en este tema. No es hasta la llegada de la ya mencionada Luna de lobos que la producci?n art?stica se aleja de la amnesia y la resistencia renace como tema de inter?s. En cuanto a los estudios hist?ricos sobre la guerrilla antifascista, tambi?n se ha visto un renovado inter?s en las ?ltimas dos d?cadas. Recientemente se han publicado textos sobre las guerrillas de ciertas regiones, por ejemplo, La resistencia armada contra Franco: tragedia del maquis y la guerrilla: el Centro-Sur de Espa?a: de Madrid al Guadalquivir (2006) de Francisco Moreno G?mez, Maquis: el pu?o que golpe? al franquismo: la Agrupaci?n Guerrillera de Levante y Arag?n (AGLA) (2003) de Josep S?nchez Cervell?, Maquis: la guerrica vasca (1938-1962) (2002) de Mikel Rodr?guez, y La guerra de los vencidos: el maquis en el Maestrazgo turolense, 1940-1950 (1999) de Mercedes Yusta. Tambi?n hay estudios m?s globales, como los textos de Secundino Serrano, Maquis: historia de la guerrilla antifranquista (2001) y La ?ltima gesta: los republicanos que vencieron a Hitler (2005). El segundo estudio ayuda a comprender la relaci?n entre la Resistencia francesa y la lucha guerrillera dentro de la pen?nsula. Ciertos 5 historiadores, como Yusta, han lamentado la falta de importancia que se ha dado a esta conexi?n.5 Anterior a estos textos, algunos historiadores afines al r?gimen editaron estudios sobre la guerrilla antifranquista. Poco despu?s del declive de la resistencia, Tom?s Coss?as public? La lucha contra el "Maquis" en Espa?a (1956). Un estudio contundente de Francisco Aguado S?nchez, teniente coronel de la Guardia Civil, sali? en dos vol?menes: El maquis en Espa?a: su historia (1975) y El maquis en Espa?a: sus documentos (1976). Sus indagaciones reflejan la visi?n del gobierno de Franco sobre los guerrilleros antifascistas. Desde el principio explica por qu? denomina a los maquis ?bandoleros? en vez de ?guerrilleros?.6 El privilegiado acceso que Aguado tuvo a m?s de 8.000 mil documentos hace de esta investigaci?n una fuente indispensable para todos los historiadores. No obstante, la interpretaci?n de los datos por parte de Aguado cae en la tergiversaci?n. Al a?o siguiente de la muerte de Franco, Carlos J. Kaiser publica La guerrilla antifranquista: historia del maquis. Este brev?simo libro ser? superado poco despu?s por el de Rafael G?mez Parra, quien a?ade muchos datos significativos al conocimiento de esta historia. Uno muy importante a la hora de considerar la memoria retratada en las obras es el hecho de que G?mez Parra subraye que los comunistas decidieron dejar la lucha armada en 1948. Este giro estrat?gico signific? la reducci?n de aproximadamente el cincuenta por ciento de la actividad guerrillera entre 1948 y 1949. A partir de este a?o, la 5 Aunque en este estudio la relaci?n entre la guerrilla antifranquista y la Resistencia francesa recibe mucha atenci?n, es preciso mencionar tambi?n el fen?meno mundial de la lucha guerrillera. A lo largo del siglo XX, grupos guerrilleros se han formado en Cuba, El Salvador, Vietnam, ?frica, Yugoeslavia, Grecia, etc. Para m?s sobre las guerrillas en El Salvador, v?ase el libro de Ana Patricia Rodr?guez, Dividing the Isthmus: Central American Transnational Literatures and Cultures. 6 Resulta interesante ver que este mismo debate ideol?gico se vuelve a encontrar en las obras que tratan sobre los maquis. 6 actividad sigue decayendo r?pidamente. Pero a pesar de la importancia de la retirada del apoyo comunista para explicar el descenso de las acciones de la guerrilla, esta decadencia se dibuja en la literatura y cine afines al r?gimen fascista como consecuencia exclusiva de los esfuerzos de los grupos de represi?n franquistas para as? aumentar su grandeza. Retomando la discusi?n de las representaciones art?sticas sobre la resistencia, se observa un auge en la producci?n de las obras literarias y f?lmicas durante una d?cada (1985-1996) que s?lo se ver? superada en el per?odo m?s reciente (1997-2006). No obstante, de los cinco per?odos que comento en los siguientes cap?tulos, el ?ltimo muestra dos tendencias divergentes. Por un lado, muchos artistas, en particular, los autores y directores de documentales, se centran en la resistencia y contin?an acerc?ndose al tema desde una perspectiva ?objetivista? que busca respetar la l?nea convencional entre realidad y ficci?n. Por otro lado, algunos artistas difuminan esta l?nea, rompen con el dramatismo tradicional y buscan nuevas formas de contar la misma historia como la parodia, la metaficci?n o la fantas?a. As? pues, este estudio se inicia en las primeras obras publicadas sobre la resistencia antifascista espa?ola e incluye tanto los textos literarios y f?lmicos afines al r?gimen de Franco como los que ceden el protagonismo y la voz a los resistentes. La importancia de acercarse a estos ejemplos con teor?as de la memoria se comprende mejor al considerar las complejas conexiones entre la memoria viva y la memoria muerta, como Plat?n llamaba a los recuerdos escritos. Las obras de cada ?poca reflejan la memoria que sus artistas ten?an de los hechos presentados y, a su vez, influyen sobre la memoria colectiva de sus lectores y espectadores, algunos de los cuales producir?n a su vez su propia representaci?n de la historia. De la memoria hist?rica literaria y f?lmica como 7 representaci?n de la historia de la guerrilla antifascista espa?ola se quiere ocupar esta tesis. A fin de facilitar la comprensi?n de los conceptos utilizados en este estudio, ser? preciso comentar en el primer cap?tulo algunas teor?as sobre la memoria. De particular utilidad ser?n los estudios de Maurice Halbwachs y Dominik LaCapra sobre la memoria colectiva y traum?tica. Asimismo, me servir? principalmente de las ideas de Pierre Nora y Paul Ricoeur y los ensayos en el compendio editado por James W. Pennebaker, Dario Paez y Bernard Rim? para explicar la conexi?n entre la memoria y los textos literarios y visuales. Este cap?tulo tambi?n incluye un comentario sobre la terminolog?a de la resistencia, el criterio de selecci?n de las obras y un an?lisis de los estudios cr?ticos. El cap?tulo dos ofrecer? una introducci?n a la historia de la resistencia antifascista espa?ola, la cual proveer? una base cronol?gica para analizar las obras que retratan este per?odo de la historia de Espa?a. A su vez mi trabajo mostrar? c?mo los imaginarios7 sobre los resistentes, su lucha y las fuerzas represoras ha ido variando a trav?s de seis d?cadas (cap?tulos tres, cuatro, cinco y seis). Al considerar los textos literarios y f?lmicos como representaciones de la memoria colectiva captadas por los creadores, se aprecian divergencias en las percepciones de cada colectivo, entorno y ?poca. En ciertos casos, los autores y directores han reconocido la influencia de historias orales o escritas en sus obras. ?stas se comentar?n en detalle en el s?ptimo cap?tulo. En esta ?ltima secci?n, tambi?n se analizar? m?s profundamente Maquis (1997 de Alfons Cervera, para explayar c?mo los textos 7 Por imaginarios me refiero tanto a la imagen (narrativa y cinematogr?fica), a la memoria (a trav?s de la famosa imprenta en la cera plat?nica) y a la construcci?n de im?genes (Anderson) que se identifican con la naci?n, la ideolog?a, el grupo, etc. 8 plasman la memoria colectiva y traum?tica y se considerar? la manera en que las obras afectan la memoria que los lectores y espectadores se forman de la resistencia. La evoluci?n de las representaciones documentales y ficticias de la ?pica guerrillera no deja lugar a duda sobre la importancia y contribuci?n de dicho tema para el reconocimiento del pasado franquista que se est? revisitando actualmente tras un largo per?odo de silencio consensuado durante la transici?n. Por consiguiente, este trabajo aspira a contribuir a este debate sobre las claves, simientes y contradicciones de estas memorias resistentes espa?oles: las representaciones contradictorias de estas luchas representan uno de los episodios menos estudiados de este doloroso per?odo de la historia espa?ola. 9 ?Si no te acuerdas de algo es como si nunca hubiera existido?. La noche inm?vil de Alfons Cervera Cap?tulo 1. De memorias: teor?a, terminolog?a, corpus y estudios Desde la antig?edad, la memoria ha sido, sin duda, uno de los grandes temas de la historia del pensamiento. En este estudio intentar? abordar a trav?s de una aproximaci?n multidisciplinar a la memoria el largo debate que diversos pensadores han entablado entre ?sta y la historia. Asimismo, trazar? las conexiones de la memoria con la identidad y algunas teor?as de la representaci?n. Para explicar c?mo funciona la memoria, Plat?n propuso en el Teeteto (191d) la imagen de la marca del anillo sobre la cera comparable a la huella que una percepci?n o pensamiento deja en la memoria. En la modernidad, el problema de la memoria sigue inquietando a soci?logos, psicoanalistas y otros pensadores, algunos de los cuales, como Maurice Halbwachs, han considerado la relaci?n entre memoria individual y colectiva. Aqu? explorar? algunas de estas teor?as y comentar? la terminolog?a pertinente a la resistencia, la selecci?n de las obras literarias y cinematogr?ficas sobre la resistencia antifascista espa?ola, y los estudios m?s importantes que se acercan a estas obras utilizando las teor?as de la memoria u otros conceptos de inter?s. Primeras teor?as de la memoria Varias de los fil?sofos cl?sicos, incluyendo a Plat?n, Arist?teles y San Agust?n, han analizado el problema de la memoria y c?mo funciona en sus escritos. Para Plat?n, las verdades universales no son aprendidas sino recordadas. Su teor?a de la reminiscencia o anamnesia, planteada en Men?n, propone que el alma vive sin el cuerpo en el mundo de 10 las Ideas, percibe las distintas Ideas y sus relaciones, pero olvida dicho conocimiento al ser encarnada. No obstante, puede rememorarlo con la ayuda de un maestro. Esta teor?a, sin embargo, no abarca conocimientos particulares. La met?fora de la cera, mencionada m?s arriba, sirve para explicar c?mo una percepci?n o pensamiento deja una huella [tupos] en la memoria de un individuo. Esta met?fora relaciona el problema de la memoria con la del olvido. Mientras que la imagen [eik?n] permanece en la cera, el individuo es capaz de recordarla y reconocerla. Lo que no deja una huella en la cera, sin embargo, desaparece en la nada del olvido. Asimismo, Plat?n plantea el olvido como el debilitamiento de la huella y como un error en la relaci?n entre la imagen presente y la huella que fue formada. Las ideas de Plat?n tambi?n pueden seguirse a trav?s de su an?lisis de la relaci?n entre la memoria y la historia. En El Fedro Plat?n narra el mito de Theuth, el supuesto inventor de la escritura. El dios egipcio comenta su invenci?n al rey Thamus proponiendo que har? a la gente m?s sabia y fortalecer? su memoria. El rey Thamus, sin embargo, explica que la escritura no ser?a un remedio para la memoria y la sabidur?a, sino un veneno. Al usar la escritura, se descuidar?a la memoria produciendo el olvido. As? pues, como la historiograf?a se expresa a trav?s de la escritura, se puede interpretar que esta manera de representar la historia ser?a perniciosa para la memoria. Arist?teles expone sus ideas sobre este asunto en De la memoria y el recuerdo. Para el disc?pulo de Plat?n, ?la memoria o el recordar [. . .] es un estado producido por una imagen mental, referida, como una semejanza, a aquello de que es una imagen; y [. . .] pertenece a la facultad sensitiva primaria, es decir, a aquella con que percibimos el tiempo? (88). Arist?teles considera que ?toda memoria o recuerdo implica, pues, un 11 intervalo de tiempo? y que s?lo los seres vivos que perciben tiempo recuerdan (84). Explica la relaci?n entre la percepci?n, memoria y tiempo se?alando que la memoria no es ni percepci?n ni juicio, sino el estado o afectaci?n de uno de los dos, una vez que ha transcurrido un tiempo. San Agust?n, fil?sofo de la antig?edad, conecta la memoria con la idea de una imagen formada por las percepciones: en ?los vastos palacios de la memoria [. . .] se encuentran los tesoros de las im?genes innumerables aportadas por las percepciones multiformes de los sentidos? (204). Su an?lisis de la memoria sugiere que uno se acuerda de un acontecimiento pasado empezando con lo primero que ocurri? y contin?a recordando hasta llegar a lo ?ltimo que sucedi?. En las palabras del santo, las im?genes ?llegan juntas, en serie, bien ordenadas, a medida que las llamo; las primeras ceden la plaza a las siguientes, y al hacerlo se colocan aparte, para reaparecer cuando yo quiera. Esto es exactamente lo que ocurre cuando cuento algo de memoria? (204).8 La importancia que los fil?sofos antiguos dieron a la percepci?n y la imagen al comentar la memoria ayuda a comprender por qu? las representaciones de los resistentes, su lucha y las fuerzas fascistas que se dedicaban a eliminarlos recibir?n mucha atenci?n en este estudio. Despu?s de considerar la evoluci?n de las percepciones captadas en las obras de diversos autores y directores, se estudiar? c?mo ?stas influyen en las ideas que los lectores y espectadores conforman de la lucha guerrillera en el ?ltimo cap?tulo. 8 No obstante, al considerar la novela Maquis, se observar? que los recuerdos de ?ngel no obedecen a un orden cronol?gico, como no lo hace ning?n recuerdo. 12 Nuevos conceptos al problema de la memoria El concepto de la memoria adquiere nuevos matices con el advenimiento de las reflexiones sobre la identidad, la conciencia y el yo ?mismo? (?the self?). Seg?n Ricoeur, John Locke es el primer fil?sofo que conceptualiza estas ideas y establece la relaci?n entre ellas. Sabiendo que su proposici?n puede sorprender, Ricoeur aclara que los conceptos del empirista ingl?s se distinguen de la filosof?a cartesiana pues el sujeto gramatical del cogito de Descartes no era un yo, sino un ego ejemplar (La m?moire, l?histoire, l?oubli 123-24). En el vig?simo s?ptimo cap?tulo del segundo libro de An Essay Concerning Human Understanding incluido a partir de la segunda edici?n de la obra publicada en 1694, Locke explora la relaci?n entre identidad, conciencia y el yo. A su modo de ver, s?lo la conciencia define el yo: ?consciousness always accompanies thinking, and ?tis that, that makes everyone to be, what he calls self; and thereby distinguishes himself from all other thinking things? (335, ?nfasis original). As? pues, la conciencia de una persona es lo que le da su identidad, su individualidad. La relaci?n entre conciencia e identidad se reitera en la siguiente proposici?n: ?as far as this consciousness can be extended backwards to any past Action or Thought, so far reaches the Identity of that Person; it is the same self now it was then; and ?tis by the same self with this present one that now reflects on it, that that Action was done? (Ib?d.). Al hablar de la conciencia recordando una acci?n o pensamiento en el pasado, Locke est? hablando de la memoria. De esta manera, el empirista ingl?s establece una conexi?n entre memoria, conciencia e identidad. Aunque en su an?lisis de Locke Ricoeur propone que ?conscience et m?moire sont une seule et m?me chose? (La m?moire, l?histoire, l?oubli 127), la memoria es una 13 parte de la conciencia, seg?n la concibe el fil?sofo ingl?s, pues, como Arist?teles se?ala, no se puede tener memoria del presente ni del futuro. La conciencia, sin embargo, s? es capaz de percibir el presente y considerar el pasado y el futuro. La importancia de la conciencia en el pensamiento de Locke tendr? gran influencia en muchas teor?as de la conciencia de la filosof?a occidental y la conexi?n entre la identidad y la conciencia ser? importante para otros fil?sofos, como Hegel y Nietzsche. La manera en que ?stos tratan la cuesti?n de la identidad depende de si sus teor?as dan m?s importancia al individuo o a la colectividad. Esta preferencia afecta a la libertad que el individuo tiene para desarrollar su identidad. Se puede entender esta idea tomando como ejemplo a los soldados de un ej?rcito o a los atletas en un equipo. Su entrenamiento frecuentemente incluye la tendencia a suprimir la identidad individual reforzando la del cuerpo colectivo o la mentalidad de equipo. Si no se hiciera tal cosa, ser?a imposible pensar que uno de estos miembros se sacrificar?a por el bien de la unidad. Al controlar la identidad que estos individuos conforman, se controla la memoria que desarrollan de s? mismos y viceversa. Las concepciones que Hegel, Nietzsche y Heidegger tienen de la conciencia, la identidad y la memoria est?n relacionadas con su manera de interpretar la historia. Para Hegel, la historia de la Humanidad es el proceso de desarrollo de la Raz?n en la historia. La concepci?n hegeliana de la Raz?n Absoluta o del ?esp?ritu? pone el ?nfasis en lo colectivo. En la medida en que cada sujeto posee una inteligencia, una capacidad para razonar, participa de la Raz?n Absoluta. Para los idealistas, el futuro, el por-venir, es la gran esperanza de desarrollo de la Humanidad; es la ?poca de la aurora de un mundo mejor porque adem?s, es inevitable, sobre todo, puesto que la Raz?n absoluta, dotada de 14 ?voluntad? propia es todopoderosa. Su ?car?cter providencial? hace que la Historia discurra por unos cauces racionalmente predeterminados que no responden m?s que al inevitable desarrollo de la Raz?n en la Historia. As? pues, la historia tiene un camino pre- determinado, pre-establecido, y esto, aunque parezca parad?jico, no es contradictorio con la idea de libertad, pues precisamente la libertad consiste en el despliegue del Esp?ritu humano en el mundo y frente al mundo ?como as? lo ilustra Caspar Friedrich en su cuadro ?Caminante ante un mar de niebla? (1818)?, en el despliegue de la raz?n humana (Raz?n absoluta) frente al determinismo ciego de la naturaleza y sus leyes. La manera en que Hegel reemplaza a Dios con otro absoluto, la Raz?n, lleva a Nietzsche a acusar a los idealistas de metaf?sicos. Para el fil?sofo vitalista, la preeminencia que las teor?as hegelianas otorgan al colectivo coartan la libertad del individuo para desarrollar su identidad personal. Si una persona se identifica como un eslab?n en una cadena (o una parte del todo que compone la Raz?n Absoluta), desarrolla menos su identidad como individuo. De manera similar, la visi?n de la historia como un proceso inevitable y predeterminado tambi?n sugiere que las acciones de un individuo son menos importantes pues el colectivo a?n llegar? al mismo destino. Para dar ?nfasis a la importancia del individuo, Nietzsche insta a su lector a cuestionar el sentido de su existencia: ?preg?ntate para qu? existes t?, el individuo, y si nadie puede dec?rtelo, entonces intenta en alg?n momento justificar el sentido de tu existencia a posteriori, fijando una finalidad, una meta, un ?para esto? elevado y noble? (124). Aunque la muerte en las ideas de Heidegger no sea exactamente una meta, es un punto que condiciona la vida del Dasein, que llega a tomar conciencia de este final y vive desde entonces como un ?ser-para-la-muerte?. La muerte da sentido a la existencia del 15 Dasein a priori a trav?s de la resoluci?n precursora, es decir, de la aceptaci?n de la muerte como la m?s propia de sus posibilidades, la cual de alguna manera obliga al individuo a tomar conciencia y a responsabilizarse de las decisiones futuras, su ?propio? futuro u ?horizonte ?ntico-existentivo? (Heidegger tambi?n lo llama ?resto pendiente?), esto es, de su m?s propio ?poder ser?. Las ideas de Nietzsche son radicalmente opuestas a las teor?as de Hegel. Para aqu?l, lo importante es la acci?n de cada persona. Sus ideas se enfocan en el individuo no en el colectivo, lo cual permite que aqu?l desarrolle una identidad basada m?s en su persona que en su grupo. Nietzsche propone que ?[l]legar? el tiempo en que dejaremos sabiamente de lado todas esas construcciones de ?procesos del mundo? o de la ?Historia humana?, un tiempo en el que no se considerar? a las masas, sino de nuevo a los individuos, los cu?les [sic] forman una especie de puente sobre la des?rtica corriente del devenir? (121). Se aprecia nuevamente una conexi?n entre las ideas de Nietzsche y las de Heidegger pues ?ste defiende la emancipaci?n del existente de la influencia alienante del Uno, el cual obliga al Dasein a ?ocuparse? en la cotidianeidad con aquello a lo que le obliga el colectivo, la totalidad. Para Heidegger esto representa la ?ca?da? en el Uno del Dasein, cuya principal consecuencia es el vivir en la impropiedad, ocupado en los asuntos del Uno y siendo-existiendo su ?resto pendiente? es decir, su vida a?n por venir, en- ajenado en la masa. Por ello, al considerar las ideas de estos fil?sofos, es preciso no olvidar la conexi?n entre identidad y memoria. Nietzsche expone sus propias teor?as sobre la historia en sus Consideraciones intempestivas (1873-1876) cuyo t?tulo revela que el fil?sofo alem?n se daba cuenta de la 16 ?impertinencia intelectual? de sus ideas en el contexto de las corrientes filos?ficas en boga en ese momento. En la segunda, Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida (1874), Nietzsche critica las proposiciones del historicismo. En el par?grafo nueve, cuestiona la concepci?n hegeliana de la historia: ?C?mo que hay leyes en la Historia, seg?n muestran las estad?sticas? ?Leyes? S?, pero lo que demuestran no es sino lo general y angustiosamente uniforme que es la masa. ?Se deben llamar leyes a los efectos de la fuerza de la gravedad, la tonter?a, el remedo, el amor y el hambre? De acuerdo, pero si admitimos esto, tambi?n tendremos que reconocer que en tanto que existan estas leyes en la Historia, no poseen ning?n tipo de valor, no valiendo la Historia entonces para nada. (124-25) Al negar la existencia de leyes hist?ricas, Nietzsche resta importancia a la historia como ciencia. Seg?n el fil?sofo vitalista, la historia tiene que servir a la vida y no al rev?s pues un exceso de historia destruye la vida y se destruye a s? misma. Nietzsche explica las tres maneras (monumental, anticuaria y cr?tica) en que la historia sirve a la vida. En la segunda, el hombre muestra reverencia hacia su origen y protege un saber que pasar? a los que nacen despu?s de ?l. No obstante, clarifica Nietzsche, cuando la historia sirve a la vida pasada socavando la vida posterior y suprema, cuando el sentido hist?rico no conserva ya la vida, sino que la momifica, entonces muere el ?rbol de manera antinatural: pereciendo lentamente de la copa a las ra?ces, para, finalmente, atacar a la misma ra?z. La historia anticuaria se petrifica justamente en el momento en que la 17 frescura vital del presente ha dejado ya de animarla y entusiasmarla. (63- 64) Nietzsche explica que el exceso de conocimiento lleva al hombre a la inacci?n: ?El conocimiento que se toma en exceso, sin hambre, incluso sin necesidades, deja ya de obrar como un motivo transformador que impulsa hacia fuera y permanece oculto en un mundo interior ciertamente ca?tico que el hombre moderno, con curioso orgullo, llama su propia espiritualidad? (69). Por lo tanto, el fil?sofo vitalista propone que el hombre no puede estar satisfecho con el mero saber ni tener como ?nica meta el aumento del saber, sino que tiene que perseguir el saber siempre con el prop?sito exclusivo de la vida. Aunque Nietzsche no se refiera a la memoria directamente, parece comentarla indirectamente. En opini?n del fil?sofo alem?n, el hombre deviene hombre s?lo a trav?s del poder de usar el pasado para la vida y de reelaborar lo sucedido para crear su propia historia. Nietzsche denomina este poder para construirse a s? mismo el poder pl?stico: ?esa fuerza para crecer por s? misma, ese poder de transformar y asimilar lo pasado y extra?o, de sanar heridas, de reemplazar lo perdido, de regenerar las formas destruidas?? (43). Para la salud de un individuo, una gente y una cultura, lo hist?rico y lo ahist?rico son igualmente necesarios. Seg?n la definici?n de Nietzsche, lo ahist?rico significa ?el arte y la fuerza de poder olvidar y encerrarse en un horizonte determinado? (135-36, ?nfasis original). El olvido es una parte ?ntegra de la memoria pues si una idea no deja de estar presente en la conciencia, no puede ser recordada, es decir, volver a ser contemplada por ?sta. As? pues, para Nietzsche es importante a veces olvidar y a veces recordar. Al recordar y construir la historia a partir de lo ocurrido, el hombre construye su identidad, vale decir, la memoria que tiene de s? mismo. De esta manera, Nietzsche 18 concibe la construcci?n de la identidad como un proceso que corre paralelo a la construcci?n de la historia cr?tica que sirve como ant?doto a la incapacidad causal de la monumental y la par?lisis de la anticuaria. El hecho de que Nietzsche vea la historia como una construcci?n a partir de lo sucedido en vez de una ciencia pura con leyes acerca la historia a la memoria y la literatura que tambi?n son elaboraciones. En ?stas tiene lugar un proceso de selecci?n en el que hay una primac?a de ciertas im?genes sobre otras.9 Otro fil?sofo cuyas ideas sobre la relaci?n entre identidad, memoria, conciencia e historia merecen consideraci?n es Martin Heidegger. En Ser y tiempo (1927), Heidegger plantea la Seinsfrage: la pregunta por el ser o ?qu? significa ser? Su estudio fenomenol?gico del Dasein, el ente que se caracteriza por la formulaci?n de la pregunta por el Ser, revela que ?ste es b?sicamente tiempo; y el Dasein siempre es y est? en el tiempo. Heidegger no encuentra satisfactorio para sus fines el uso del concepto de ?temporalidad?, y sin entrar de lleno en la cuesti?n10 se comentar? tan s?lo que lo que el fil?sofo alem?n denomina ?el concepto vulgar de tiempo? y su categorizaci?n pasado- presente-futuro sirve para describir la estructura del mero ?estar-ah?? es decir, del ente que no posee ?mundo?, que no se abre al mundo. Sin embargo la forma caracter?stica del Dasein no es el mero ?estar-ah?? sino el ?estar-en-el-mundo? (in-der-Welt-sein) y las tradicionales categor?as de la temporalidad (concepto vulgar de tiempo) se muestran como herramientas insuficientes para el an?lisis heideggeriano, de ah? que el pensador alem?n aquilate su an?lisis apoy?ndose en el concepto de ?temporeidad?, m?s apropiado 9 La idea de la historia como una construcci?n y su acercamiento a la literatura recibir?n atenci?n m?s adelante al comentar los estudios de Hayden White. A su vez Spinoza destaca que la memoria se fortalece a trav?s de la jerarqu?a narrativa mientras que se diluye en la desconexi?n de ideas y de la lengua (28). 10 Para m?s sobre este concepto, v?ase el par?grafo 65 de Ser y tiempo. 19 para la descripci?n de la estructura ontol?gico-existencial del existente. La siguiente cita ilustra de manera elocuente la insuficiencia del t?rmino ?temporalidad? aplicado al an?lisis del Dasein y la necesidad de usar un nuevo t?rmino m?s apropiado para describir su naturaleza. No obstante, es preciso se?alar antes que el futuro es significativo porque el Dasein tiene diferentes posibilidades (horizonte ?ntico-existentivo), diferentes maneras de poder ser. El pasado tambi?n es clave pues seg?n Heiddegger, [s]?lo en la medida en que el Dasein es, en general, un ?yo he sido?, puede venir futurientemente hacia s? mismo, volviendo hacia atr?s. Siendo venidero en forma propia, el Dasein es propiamente sido. El adelantarse hasta la posibilidad m?s propia y extrema es el retornar comprensor hacia el m?s propio haber-sido. El Dasein s?lo puede haber sido en forma propia en la medida en que es venidero. El haber sido [Gewesenheit] emerge en cierta manera del futuro. (343, ?nfasis original) Si bien se puede decir que el mirar hacia el futuro determina el ?haber sido? del Dasein, tambi?n es cierto que el pasado del Dasein determina c?mo est? siendo en el presente y las posibilidades que tiene para el futuro. El Dasein es lo que ?ha sido?, su pasado, su memoria. Como Dasein es consciente de su ?haber sido?, su identidad se construye a partir de su recuerdo. Heidegger contin?a su explicaci?n de la conexi?n entre pasado, presente y futuro se?alando que ??[m]ientras? el Dasein exista f?cticamente, jam?s ser? algo pasado, pero ser? siempre algo ya sido, en el sentido del ?yo he sido? [literalmente: ?yo soy sido?: ?ich bin gewesen?]. Y s?lo puede haber sido [lit.: ser sido], mientras est? siendo? (345). As? 20 pues, cuando el Dasein deja de existir, su memoria (autobiogr?fica), su identidad muere tambi?n. Si esta memoria no se incorpora a la memoria colectiva, desaparece.11 Para Heidegger la pregunta de si la historia es una serie de acontecimientos ?nicos o si la historia se rige por leyes es inadecuada. Ninguna de estas visiones de la historia reconoce que la historiograf?a deviene posible por la historicidad del Dasein. Seg?n lo concibe Heidegger, este concepto significa la conciencia existencial de uno mismo a trav?s del cual uno entiende que es un ser en la historia. Aunque Heidegger no aceptar?a la idea de que la historia se logra mediante la mera aplicaci?n del m?todo cient?fico (la proposici?n de los positivistas), tampoco aceptar?a el historicismo pues esta teor?a ignora la explicaci?n existencial de por qu? la historia es significativa. La idea de Heidegger sobre la historia es similar a la proposici?n de Nietzsche de que la historia tiene que servir a la vida; no puede tener el ?nico prop?sito de aumentar el saber. Mientras que la historia se preocupa de establecer un saber, Heidegger y Nietzsche destacan la conexi?n entre la historia y el ser humano. Si bien la historia se preocupa por un evento en s?, lo importante, seg?n Heidegger, es la proyecci?n de posibilidades m?s all? del evento real y la conexi?n que existe entre un objeto y el ser-en-el-mundo. El objeto deviene significativo porque est? en un mundo en el que se encuentra el Dasein. Para Heidegger, la historia y la historiograf?a son posibles porque el Dasein aut?ntico mira hacia el futuro y acepta sus posibilidades. Heidegger no indica como Nietzsche que la vida es m?s importante que el saber (o la historia), pero s? concibe que la historia deviene posible por las acciones presentes del Dasein y las posibilidades que ?stas le abren hacia el futuro. 11 Para entender la relaci?n entre la memoria autobiogr?fica y la memoria colectiva, se precisa un comentario sobre las ideas de Maurice Halbwachs. 21 Otra conexi?n mencionada arriba entre los conceptos de Nietzsche y los de Heidegger es la primac?a del individuo por encima de las masas, el Uno en la terminolog?a heideggeriana. Para el autor de Ser y tiempo, una vivencia inmersa en el Uno es menos aut?ntica pues limita el desarrollo de la conciencia y la identidad. As? pues, propone que el Dasein necesita separarse del Uno para desarrollarse plenamente, para darse cuenta de sus m?s propias posibilidades (incluyendo su propia finitud) a trav?s de la anticipaci?n de su propio ?dejar de ser?, extra?do del futuro mediante la resoluci?n precursora. La vida m?s autentica (en el sentido de m?s propia o m?s plena en la aceptaci?n de sus propias posibilidades) que la resoluci?n precursora le concede le permite llevar a cabo un desarrollo m?s pleno de la conciencia, la identidad y, por lo tanto, de la memoria. Cuando repasamos estas ideas de Nietzsche y Heidegger es preciso destacar la importancia de la memoria individual, ?nica en su percepci?n por la conciencia (nadie recuerda lo ocurrido exteriormente a su existencia). A su vez las reticencias de Nietzsche hacia los tres tipos de historia y el proceso de construcci?n de la historia y de la identidad del hombre abren las puertas a lo que un disc?pulo de Emile Durkheim llama la memoria colectiva. La memoria colectiva Las im?genes de la resistencia que los artistas captan en sus obras y las percepciones que el p?blico experimenta a partir de ellas representan en esa l?nea m?s de una memoria individual. En base a ideas educativas y de ?solidaridad org?nica?, Durkheim estaba interesado en sentar las bases de un pasado compartido y secular como 22 identidad de los individuos y los grupos que impidiera la ?anomia? social. Para entender la relaci?n que los textos literarios y f?lmicos tienen con la memoria colectiva, es preciso discutir las ideas que su disc?pulo, Maurice Halbwachs, expresa en Les cadres sociaux de la m?moire (1925), La topographie l?gendaire des ?vangiles en Terre Sainte. Etude de m?moire collective (1941) y La m?moire collective (1950). Seg?n explica Henri Bergson en Mati?re et m?moire, la memoria es metaf?sica ya que distingue entre la ?memoria h?bito? de tipo social y la ?pura memoria? contemplativa de ra?z exclusivamente individual. Pero seg?n propone el tambi?n alumno de Henri Bergson, toda memoria es fundamentalmente colectiva.12 Esta teor?a, sin embargo, no niega la existencia de la memoria individual, sino que establece la relaci?n entre el individuo y el grupo con respecto a la memoria ya que los recuerdos son creados y rememorados en sociedad. Seg?n el soci?logo, no tiene sentido buscar donde se ubican los recuerdos en el cerebro, puesto que el individuo los recupera debido a est?mulos externos a la mente. Por ello, es el contacto que ?ste tiene con otros lo que le permite recordar; y es capaz de hacerlo en tanto en cuanto logra situar su pensamiento en una estructura social y participar de su memoria colectiva a trav?s de tradiciones y actos comunes.13 Halbwachs afirma que si es cierto que el individuo recuerda poni?ndose en la perspectiva del grupo, tambi?n la memoria del grupo se realiza y se manifiesta a trav?s de la del individuo. Es, por lo tanto, en este sentido que existe una memoria colectiva y estructuras sociales para la memoria. 12 Miguel de Unamuno desarroll? otro concepto metaf?sico de la memoria colectiva que llam? intrahistoria. Ver En torno al casticismo. 13 En este sentido, Halbwachs coincide con las apreciaciones de Walter Benjamin de que la experiencia es un asunto de tradici?n, tanto en la existencia colectiva como en la vida privada (Paris 110). 23 Para mostrar que toda memoria es colectiva, Halbwacks narra una historia en La m?moire collective y explora los sue?os en Les cadres sociaux de la m?moire. Esta exploraci?n se?ala que en los sue?os no existe la capacidad de razonar, comparar y sentirse en contacto con una sociedad humana que garantice la integridad de la memoria. Los recuerdos no aparecen durante el sue?o como en la vigilia. Los fragmentos que surgen est?n demasiado mutilados y desordenados para ser reconocidos. Con respecto a la historia en La m?moire collective, el relato muestra que incluso cuando uno est? solo y alg?n acontecimiento ocurre ?nicamente a una persona,14 la memoria que se forma de esta ocurrencia es colectiva porque el individuo pertenece a un grupo. El soci?logo explica este concepto con el ejemplo de un ni?o que explora solo una casa abandonada y se cae a un hoyo. Aunque est? solo cuando se crea esta memoria, dicho proceso no ser?a posible sin tener en cuenta su pertenencia a un colectivo: su familia. El miedo que el ni?o experimenta se relaciona con ?sta ya que el temor muestra que esta experiencia no es ajena a su entorno social. As? pues, Halbwacks determina que toda memoria se forma dentro de un marco colectivo. Seg?n la distinci?n que Halbwachs establece entre la memoria hist?rica y la memoria autobiogr?fica, la primera le llega al individuo en la forma de documentos escritos y otros tipos de archivos como el fotogr?fico. ?stos, que estar?an muertos para Plat?n por su car?cter inmutable, se pueden mantener vivos gracias a varios factores. Con respecto a la memoria hist?rica, el individuo no recuerda directamente los sucesos del pasado. ?sta s?lo se puede estimular de manera indirecta como por ejemplo mediante el 14 Seg?n Halbwacks, este aislamiento es s?lo en apariencia. 24 acto de leer o escuchar o al participar en una conmemoraci?n.15 En este caso, el pasado es guardado e interpretado por instituciones sociales.16 La memoria autobiogr?fica, en cambio, es la de los acontecimientos que el individuo vivi? en el pasado. Est? anclada en otras personas. S?lo los miembros del grupo recuerdan y estos recuerdos pueden debilitarse si el grupo no se re?ne peri?dicamente para reforzarlos. As? pues, aunque la palabra autobiogr?fica ponga ?nfasis en lo personal, lo individual, se aprecia nuevamente que esta memoria depende del colectivo (y viceversa).17 Para Halbwachs, la frase ?memoria hist?rica? es una expresi?n desafortunada pues conecta dos t?rminos opuestos en m?s de un aspecto. Seg?n el soci?logo franc?s, la historia formal no es lo mismo que la memoria colectiva. La primera es una colecci?n de los hechos m?s significativos del hombre, pero ?stos son elegidos, combinados y 15 Conmemorar se puede volver equivalente para cada memoria individual de lo que la escritura proustiana reconoce como lo ?real reencontrado? a trav?s de un proceso de recuperaci?n de lo olvidado. A pesar del componente colectivo de la conmemoraci?n, cada individuo tendr? acceso involuntario a una versi?n particular de la memoria com?n de acontecimientos hist?ricos. 16 La definici?n que Sylvia Molloy ofrece de la memoria hist?rica se hace eco de la explicaci?n de Halbwachs y curiosamente pronostica la manera en que Javier Cercas describir? ciertas memorias en Soldados de Salamina. Seg?n la cr?tica, la memoria hist?rica es un ?saber transmitido, no experiencia vivida o atestiguada? o un ?recuerdo de recuerdos? (257). Otras definiciones de la memoria hist?rica han sugerido que ?sta tiene un aspecto cr?tico. As? la define Jos? F. Colmeiro al distinguirla de la memoria colectiva: La memoria colectiva incluye todo un conjunto de experiencias, tradiciones, pr?cticas, rituales y mitos sociales compartidos por un grupo, que no necesariamente van acompa?ados de una conciencia hist?rica. La memoria colectiva recuerda el oro de Mosc?, el ?Cara al sol?, los SEAT 600, El ?ltimo cupl?, la llegada de la minifalda, o la inauguraci?n de un pantano, como hitos comodificados del pasado. La memoria hist?rica, por otro lado, constituir?a una parte de la memoria colectiva, y se caracterizar?a por una conceptualizaci?n cr?tica de acontecimientos de signo hist?rico compartidos colectivamente y vivos en el horizonte referencial del grupo. [. . .] La memoria hist?rica se caracteriza, as? pues, por su naturaleza auto-reflexiva sobre la funci?n de la memoria. Toda memoria hist?rica es por fuerza colectiva, aunque se active de manera individual. (18) Colmeiro apunta a la relaci?n entre la memoria hist?rica y la desmemoria, t?rmino que ?l distingue del olvido, proceso que sugiere un camino accidentado. La desmemoria ?implica una falta de memoria hist?rica voluntaria, un desconocimiento e incluso un desinter?s por los a?os oscuros del pasado? (35). 17 A su vez Olney se?ala que la escritura como acto de representaci?n del individuo y la lengua como veh?culo particular de acceso al relato de la experiencia pueden transformar los puntos de vista de cada individuo testigo de un fen?meno colectivo. 25 evaluados seg?n necesidades y reglas no impuestas sobre los grupos que a lo largo del tiempo los guardaron como un legado vivo. La historia general empieza s?lo donde la tradici?n termina y la memoria social se difumina. El segundo aspecto que seg?n Halbwachs distingue la memoria colectiva de la historia es el hecho de que hay varias memorias colectivas, frente a una historia.18 Para Halbwachs, el desarrollo continuo de la memoria colectiva no est? marcado, como la historia, por demarcaciones fijas, sino por fronteras irregulares e inseguras. Al morir ciertos miembros del grupo, la memoria social se erosiona por los lados y se transforma, constantemente, junto con el grupo. A su vez es preciso anotar que la frontera de la historia tampoco es segura y cambiar?a seg?n el punto de vista, tipo de historia, las escuelas y/o el historiador (Nietzsche, Foucault, etc.). La visi?n de Halbwachs sugiere una creencia casi total, hoy criticada, en la neutralidad del historiador y, por lo tanto, en la objetividad y car?cter absoluto de la historia. Propone que en contraste con el grupo, que est? lejos de otorgar la misma importancia a sucesos, lugares y per?odos que no le han afectado de manera igual, el historiador intenta ser objetivo e imparcial. No se localiza dentro del punto de vista de cualquier grupo real del presente o del pasado. Por lo tanto, la historia recoge la secuencia y la totalidad de los hechos tal como son, no como son para un pa?s, un grupo o 18 ?La moindre infraction ? l?id?e d?histoire une et d?humanit? une est ? mettre au compte des r?sistances diverses de ce qu?on peut appeler en un sense large, avec Hannah Arendt, la pluralit? humaine. Celle-ci travaille de l?int?rieur le concept m?me d?histoire comme collective singulier. Ce sont toujours des histoires sp?ciales que l?histoire universelle ou l?histoire du monde pr?tend englober? (Ricoeur, La m?moire, l?histoire, l?oubli 395). Entre las historias especiales Ricoeur incluye divisiones por distribuci?n geogr?fica, per?odo hist?rico o tema (como la historia econ?mica, pol?tica o social). Debido a que el estudio de Arendt se publica posteriormente a la muerte de Halbwachs, no sorprende que el soci?logo franc?s conciba la historia como unificada. Aunque el concepto de la historia como colectivo singular se ha abandonado, contribuy? a disminuir la distancia manifiesta en las ideas de Halbwachs entre la historia unificada y la memoria colectiva: ?La naissance du concept d?histoire comme collectif singulier sous lequel se rassemble l?ensemble des histoires particuli?res marque la conqu?te du plus grand ?cart concevable entre l?histoire une et la multiplicit? illimit?e des m?moires individuelles et la pluralit? des m?moires collectives soulign?e par Halbwachs? (Ricoeur, La m?moire, l?histoire, l?oubli 393). 26 un individuo, sino independientemente de cualquier juicio de grupo. Aunque Halbwachs reconoce que existen tantas memorias colectivas como grupos, en la actualidad es necesario aumentar la amplia diversidad del campo historiogr?fico. Halbwachs propone que la historia puede ser representada como la memoria universal de la especie humana. Pero, ?sta no existe pues toda memoria colectiva precisa el apoyo de un grupo delimitado en el espacio y tiempo. Una memoria universal no es posible ya que la estructura en la que la historia encuadra estas memorias es externa a los grupos y var?a con ellos. Halbwachs explica la importancia de la pertenencia a un grupo y la presencia de una ?semilla? para poder recordar a trav?s del ejemplo de un profesor y sus estudiantes. A?os despu?s, los estudiantes se acuerdan del profesor por los recuerdos que se asocian con las nuevas ideas que aprendieron y las conexiones que hicieron dentro y fuera de clase. Es mucho menos probable, en cambio, que el profesor se acuerde de un grupo de estudiantes, especialmente si ense?a la misma materia a?o tras a?o y emplea hasta los mismos chistes en clase. Si nada es nuevo para el profesor, no habr? formado recuerdos nuevos. Cuando alguna ocurrencia no ha dejado ning?n rastro en la conciencia de una persona, falta la semilla para reconstruir un recuerdo sobre el acontecimiento. En el caso del profesor y sus estudiantes, aqu?l pierde contacto con el grupo y carece del elemento m?nimo, la ?semilla?, preciso para la reconstrucci?n de un recuerdo. Aparte de la conexi?n entre el grupo (delimitado en el espacio y tiempo) y la memoria colectiva, las ideas de Halbwachs han mostrado otra relaci?n entre la memoria y el tiempo. Al soci?logo franc?s, se le ha reconocido como el primero que apreci? que el pasado es una construcci?n social profundamente influida por las preocupaciones del 27 presente. Este concepto ayuda a explicar por qu? los autores y directores estudiados enfocan una visi?n u otra de la resistencia en sus obras. Otras perspectivas de la memoria, la historia y la representaci?n Varios te?ricos de la segunda mitad del siglo XX, incluyendo a Michel Foucault, Hayden White y Michel de Certeau, idean conceptos que permiten elaborar nuevas perspectivas sobre la relaci?n de la memoria con la historia y otros conceptos. Algunos de los te?ricos vuelven a cuestionar, como as? lo hizo Nietzsche, la historia como ciencia. Asimismo, analizan ideas sobre la representaci?n que apuntan a la relaci?n entre la literatura y la historiograf?a, lo cual recuerda las reflexiones del fil?sofo vitalista que se?alaron un paralelismo entre la historia, la literatura y la memoria, elaboraciones que implican una selecci?n de im?genes sobre otras. En L?arch?ologie du savoir (1969) Foucault define la historia como ?le travail et la mise en ?uvre d?une mat?rialit? documentaire (livres, textes, r?cits, registres, actes, ?difices, institutions, r?glements, techniques, objects, coutumes, etc.) qui pr?sente toujours et partout, dans toute soci?t?, des formes soit spontan?es soits organis?es de r?manences? (14). Foucault agrega que la historia es ?une certaine mani?re pour une soci?t? de donner statut et ?laboration ? une masse documentaire dont elle ne se s?pare pas? (Ib?d.). Similarmente, el te?rico franc?s explica que la historia es lo que transforma los documentos en monumentos.19 No obstante, aclara, el documento no es la herramienta afortunada de una historia que es principal y fundamentalmente memoria. Foucault 19 Es posible que este comentario de Foucault tome como punto de partida las ideas de Nietzsche sobre la historia monumental, que consiste en conocer la grandeza del pasado para inspirar al hombre a actuar y realizar haza?as. 28 ampl?a su comentario sobre la relaci?n entre la memoria y la historia se?alando la necesidad de ?d?tacher l?histoire de l?image o? elle s?est longtemps complu et par quoi elle trouvait sa justification antropologique: celle d?une m?moire mill?naire et collective qui s?aidait de documents mat?riels pour retrouver la fra?cheur de ses souvenirs? (Ib?d.). A pesar de que Foucault no nombra a Halbwachs, la menci?n de una memoria en una conciencia colectiva recuerda las ideas del disc?pulo de Durkheim. As? pues, con este comentario Foucault parece sugerir la necesidad de separar la historia de la memoria. Sin embargo, resulta curioso que defina la historia como ?viva? y ?continua?, caracter?sticas que otros pensadores, como se ver? en el an?lisis de las ideas de Pierre Nora, han atribuido a la memoria.20 Al desarrollar sus ideas sobre el discurso, Foucault propone la necesidad de cuestionar la divisi?n positivista entre ciertas formas o g?neros como la ciencia, la literatura, la historia y la ficci?n. Asimismo, plantea la necesidad de abandonar el deseo de no tratar el discurso como la irrupci?n de un evento real y de buscar m?s all? del significado aparente un origen secreto. Foucault intenta destruir la idea de origen exponiendo que al buscarlo se persigue un punto que retrocede cada vez m?s, que no est? presente en ninguna historia, y que es su propio vac?o de tal forma que todo comienzo no puede ser m?s que un recomienzo o una ocultaci?n. Estas ideas de Foucault son particularmente significativas para el presente estudio, pues proponen no estimar los textos literarios y f?lmicos como una representaci?n de segunda (tercera, etc.) orden, sino como un suceso real en s?. Al destruir la posibilidad de recurrir a un origen, y en el caso de la guerrilla, un origen 20 Nora propone que ?[l]a m?moire est la vie, toujours port?e par des groupes vivants et ? ce titre, elle est en ?volution permanente? (xix). 29 controvertido, escondido, manipulado y censurado por el poder franquista, dichos textos devienen tanto o m?s significativos y reales que el momento hist?rico al que hacen referencia. Frente a las divisiones positivistas, Foucault propone unir diferentes discursos en formaciones discursivas: ?Dans le cas o? on pourrait d?crire, entre un certain nombre d??nonc?s, un pareil syst?me de dispersion, dans le cas o? entre les objets, les types d??nonciation, les concepts, les choix th?matiques, on pourrait d?finir une r?gularit? (un ordre, des corr?lations, des positions et des fonctionnements, des transformations), on dira, par convention, qu?on a affaire ? una formation discursive? (53). Foucault denomina las reglas que condicionan la existencia, coexistencia, mantenimiento, modificaci?n y desaparici?n de un discurso las reglas de formaci?n. El estudio de estos discursos y sus reglas, lo que Foucault llama ?an?lisis enunciativo?, no tiene el prop?sito de r?veiller les textes de leur sommeil actuel pour retrouver, en incantant les marques encores lisibles ? leur surface, l??clair de leur naissance; il s?agit au contraire de les suivre au long de leur sommeil, ou plut?t de lever les th?mes apparent?s du sommeil, de l?oubli, de l?origine perdue, et de rechercher quel mode d?existence peut caract?riser les ?nonc?s, ind?pendamment de leur ?nonciation, dans l??paisseur du temps o? ils subsistent, o? ils sont conserv?s, o? ils sont r?activ?s, et utilis?s, o? ils sont aussi, mais non par une destination originaire, oubli?s, ?ventuellement m?me d?truits. (162) Las ideas de Foucault subrayan la importancia de la consideraci?n que har? sobre la evoluci?n de las obras de la resistencia antifascista espa?ola. Como se observar? en los 30 cap?tulos siguientes, entre los cinco per?odos que propongo hay momentos de amnesia y per?odos en que el poder gubernamental determinaba qui?n pod?a dar a conocer su memoria. Foucault comenta la necesidad de reconocer y estudiar la relaci?n entre los discursos y el poder en varios instantes incluyendo su descripci?n del prop?sito de la arqueolog?a. ?L?arch?ologie cherche ? d?finir non point les pens?es, les repr?sentations, les images, les th?mes, les hantises qui se cachent ou se manifestent dans les discours; mais ces discours eux-m?mes, ces discours en tant que pratiques ob?issant ? des r?gles? (182). En ?L?ordre du discours?, el v?nculo entre estas reglas y el poder deviene m?s evidente. Foucault comenta las reglas de exclusi?n, las cuales engloban lo prohibido. ?On sait bien qu?on n?a pas le droit de tout dire, qu?on ne peut pas parler de tout dans n?importe quelle circonstance, que n?importe qui, enfin, ne peut pas parler de n?importe quoi. [. . .] Le discours, en apparence, a beau ?tre bien peu de chose, les interdits qui le frappent r?v?lent tr?s t?t, tr?s vite, son lien avec le d?sir et avec le pouvoir? (11-12). Estas ideas explican la necesidad de estudiar tanto las im?genes y temas que son m?s o menos evidentes en un discurso como las restricciones que rigen la producci?n de dicho discurso y el poder que estas restricciones sugieren. En una entrevista, ?V?rit? et pouvoir?, la relaci?n entre el discurso y el poder llega a comprender un tercer elemento: la verdad. Seg?n Foucault, la verdad no existe ajena al poder ni carece de poder. Foucault explica que, al hablar de la verdad, no se est? refiriendo a ??l?ensemble des choses vraies qu?il y a ? d?couvrir ou ? faire accepter?, mais ?l?ensemble des r?gles selon lesquelles on d?m?le le vrai du faux et on attache au vrai des effets sp?cifiques de pouvoir?; ?tant entendu aussi qu?il ne s?agit pas d?un combat ?en 31 faveur? de la v?rit?, mais autour du statut de la v?rit? et du r?le ?conomico-politique qu?elle joue? (26). Foucault propone que la ??v?rit?? est li?e circulairment ? des syst?mes de pouvoir qui la produisent et la soutiennent, et ? des effets de pouvoir qu?elle induit et qui la reconduisent? (Ib?d.). Estas ideas facilitan la comprensi?n del papel que las obras de la resistencia favorables a la dictadura franquista ten?an con respecto al intento de legitimar y prolongar el r?gimen. Como explica Ricoeur, la dominaci?n ?ne se limite pas ? la contrainte physique. M?me le tyran a besoin d?un rh?teur, d?un sophiste, pour donner un relais de parole ? son entreprise de s?duction et d?intimidation? (La m?moire, l?histoire, l?oubli 103-04). Al suprimir las voces de oposici?n, el r?gimen de Franco pod?a establecer su versi?n de los hechos como una verdad inapelable. Las obras afines a la dictadura difamaban a la guerrilla antifranquista para convencer al pueblo de la necesidad de eliminar a unos ?bandoleros? que amenazaban la paz de Espa?a y as? sugerir la legitimidad del reci?n establecido gobierno de facto. Pero hasta en esa difamaci?n, se esconden las reglas represivas por las que se pueden descubrir formas de ocultaci?n de los acontecimientos ?verdaderos?. Adem?s de la cuesti?n de la representaci?n de la memoria con respecto al poder y la verdad, es preciso considerar las ideas que varios te?ricos han propuesto sobre la construcci?n de cualquier discurso y c?mo estos conceptos afectan nuestra interpretaci?n de representaciones hist?ricas, literarias y cinematogr?ficas. Seg?n Michel de Certeau, el acto de escribir la historia requiere un proceso inevitable de selecci?n y de reinterpretaci?n del pasado. Para el historiador, la escritura deviene la mejor herramienta para reconstruir un pasado irrecuperable. Certeau explica que la historiograf?a aprovecha 32 materiales pasados en su intento de representar el pasado. No obstante, se?ala que ?[j]amais ne sera combl? l??cart qui s?pare de la r?alit? le discours? (16).21 Certeau tambi?n comenta la relaci?n entre el discurso hist?rico y el poder. Seg?n propone, las relaciones de poder que rigen la producci?n del discurso hist?rico siempre condicionan al historiador, el cual ?ne fait pas l?histoire, il ne peut que faire de l?histoire? (15). Durante d?cadas la represi?n relacionada con el golpe militar, la guerra y la resistencia se ocult? o se tergivers?. En su an?lisis de la historia de Espa?a, Francisco Espinosa se?ala los esfuerzos del r?gimen por controlar la memoria hist?rica. Por un lado, prohib?a los libros de historiadores, como Hugh Thomas y Herbert Southworth, y, por otro lado, contrarrestaba los efectos de estos estudios con textos, como P?rdidas de guerra (1977) del general Salas Larraz?bal, que disminu?an la importancia de la represi?n franquista y exageraban la cifra de v?ctimas del ?terror rojo?.22 Aunque durante la dictadura no existiera una autoridad a la que se pod?a acudir o un precedente que fuera posible se?alar para exigir que se pusiera fin a la promulgaci?n de esas falsedades hist?ricas, ahora s? ha habido un caso jur?dico. Espinosa ofrece el ejemplo de David Irving, cuya negaci?n del genocidio antisemita le llev? a ser ?condenado por el Tribunal Supremo brit?nico por ?falsificador, mentiroso, racista y antisemita?? (318). Espinosa resalta la necesidad de hacer lo mismo con autores que, como Luis P?o Moa Rodr?guez, niegan la masacre de Badajoz o intentan quitarle su importancia y simbolismo. 21 Argumento proustiano de c?mo la reconstrucci?n descontinua de lo ?real reencontrado? es ?un air nouveau, pr?cisement parce que c?est un air qu?on a respir? autrefois? (Proust IV: 449). 22 Espinosa opina que las cifras que Salas ofrece de la represi?n republicana y fascista, 57.808 y 72.337, respectivamente, son invenciones que apoyan ?las conclusiones a las que quer?a llegar? (155). Asimismo, explica que Salas mantiene ?contra toda evidencia que todas las v?ctimas de la represi?n fueron registradas [. . .] y que las inscripciones se hicieron siempre de forma correcta? (166). 33 Como se?ala Espinosa, despu?s de la publicaci?n de los libros de Ian Gibson y Herbert Southworth, los documentos relacionados con el asesinato de Lorca y la matanza de Badajoz desaparecieron (174-75). A pesar de la destrucci?n de estos documentos y otros archivos, quedan fantasmas, los ?desaparecidos? que fueron enterrados pero no registrados. Espinosa explica que en noviembre del 36, mediante de Decreto n.? 67, el franquismo se vio obligado a abrir cautelosamente la posibilidad de legalizar las desapariciones. Lo hizo de manera velada. Basta recordar su inicio: ?Consecuencia natural de toda guerra es la desaparici?n de personas, combatientes o no, v?ctimas de bombardeos, incendios u otras causas con ella relacionados . . .?. La clave, evidentemente, estaba en esas otras causas. (173, ?nfasis original) Aunque muchas personas fueron inscritas en los Registros Civiles de Badajoz entre 1937 y 1950, Espinosa resalta que tambi?n ?centenares de personas fueron inscritas en la provincia a partir de 1977? (217). Adem?s, queda la duda de cu?ntos m?s nunca fueron inscritos ya que ?hac?an falta varias personas que atestiguaran que aquella muerte o desaparici?n fue real. Y no todos se atrev?an en los a?os de la guerra o en los cuarenta a declarar ante las autoridades locales lo que todos sab?an y, al mismo tiempo, ten?an buen cuidado en callar? (173). De esta manera, la dificultad de inscribir a una persona llega a significar que no s?lo se ejerc?a una represi?n f?sica contra las personas, sino tambi?n contra las memorias. Sin embargo, varios pensadores proponen que lo reprimido vuelve. Para Certeau, ?[l]?histoire moderne occidentale commence en effet avec la diff?rence entre le pr?sent et 34 le pass?? (9, ?nfasis original). Esta labor de ruptura ?op?re un tri entre ce que peut ?tre ?compris? et ce qui doit ?tre oubli? pour obtenir la repr?sentation d?une intelligibilit? pr?sente. Mais ce que cette nouvelle compr?hension du pass? tient pour non pertinent ? d?chet cr?? par la s?lection du mat?riau, reste n?glig? par une explication ? revient? (10, ?nfasis original). De esta manera, ?[i]ls y figurent le retour d?un refoul?, c?est-?-dire de ce qui, ? un moment donn?, est devenu impensable pour qu?une identit? nouvelle devienne pensable? (Ib?d., ?nfasis original).23 Los estudios de Hayden White, que aprovechan la teor?a literaria para explorar la historiograf?a, acercan el discurso hist?rico al discurso literario. Seg?n propone el historiador norteamericano, ?[l]iterary discourse may differ from historical discourse by virtue of its primary referents, conceived as imaginary rather than real events, but the two kinds of discourse are more similar than different since both operate language in such a way that any clear distinction between their discursive form and their interpretative content remains impossible? (Figural Realism 6). El elemento com?n a ambos discursos sobre el cual esta teor?a se sustenta es la narratividad.24 Las ideas de White sobre los tropos que la historiograf?a narrativa emplea son desarrolladas inicialmente en Metahistory (1973) y luego defendidas en Figural Realism (1999). Seg?n White, la opini?n de que la diferencia entre ?historia? y ?ficci?n? ?resides in the fact that the historian ?finds? his stories, where as the fiction writer ?invents? his [. . .] obscures the extent to which ?invention? also plays a part in the historian?s operation? (Metahistory 6-7). White explica que 23 Al comentar las teor?as de LaCapra m?s abajo, se mencionar? la idea de la vuelta de lo reprimido con respecto a la memoria traum?tica. 24 Hay, sin duda, casos en que la historiograf?a no usa la narrativa. White menciona a los historiadores de la escuela de los Annales como ejemplo de historiograf?a sin un discurso narrativo (Figural Realism 10). 35 [t]o emplot real events as a story of a specific kind (or as a mixture of specific kinds) is to trope those events. This is because stories are not lived; there is no such thing as a real story. Stories are told or written, not found. And as for the notion of a true story, this is virtually a contradiction in terms. All stories are fictions. (Figural Realism 9) White sigue desconstruyendo la separaci?n entre historia y literatura proponiendo que ?[e]vents happen, whereas facts are constructed by linguistic description? (18). Este comentario niega la posibilidad de que la historiograf?a narrativa pueda lograr una representaci?n m?s verdadera de un suceso real que una obra literaria. Tanto en un discurso hist?rico como en un relato de ?ficci?n? los hechos (re)construidos son verdades en un sentido metaf?rico. Seg?n White, el historiador desarrolla su discurso de manera similar a la creaci?n de una obra literaria. Partiendo de una ?cr?nica?, la transforma en una ?historia? (?story?) organizando los sucesos y d?ndole a su discurso un principio, medio y fin. El historiador elige una trama en la cual incorpora su historia (?story?). Asimismo, la transformaci?n de una cr?nica en una historia (?story?) implica la ?selection and arrangement of data from the unprocessed historical record? (Metahistory 5, ?nfasis original). El proceso de escribir una obra literaria o de crear un recuerdo tambi?n implica una selecci?n. De esta manera, las ideas de White y Certeau acercan la historiograf?a a la memoria puesto que un proceso de selecci?n condiciona ambas. Asimismo, sus teor?as facilitan la comprensi?n de que el discurso hist?rico, igual que la memoria colectiva, est? sujeto a un proceso continuo de reelaboraci?n y reinterpretaci?n. 36 ?Les lieux de m?moire? de Pierre Nora Partiendo de las ideas de Halbwachs, Pierre Nora explora en Les lieux de m?moire (1984?1992) los ?lugares de memoria? de Francia. ?stos son los lugares donde la memoria ?se cristaliza? y ?se refugia? incluyendo a personas hist?ricas, edificios, monumentos, obras literarias y art?sticas, s?mbolos y conmemoraciones. Son lugares en tres sentidos: material, simb?lico y funcional. Seg?n Nora, la memoria se vincula con los lugares mientras que la historia se vincula con los sucesos. A su vez, existen lugares de memoria pues ya no hay ?milieux de m?moire?. Ya no vivimos inmersos en la memoria. La aceleraci?n de la historia, ?un basculement de plus en plus rapide dans un pass? d?finitivement mort? (I: xvii), crea la necesidad de lugares de memoria pues la historia ?conquista? y ?erradica? la memoria. Seg?n Nora, ?[a]u c?ur du l?histoire, travaille un criticisme destructeur de m?moire spontan?e. La m?moire est toujours suspecte ? l?histoire, dont la mission vraie est de la d?truire et de la refouler? (I: xix-xx). La historia y la memoria, apunta Nora, lejos de ser sin?nimos, parecen ser ahora fundamentalmente opuestos. La memoria, en sus palabras, est la vie, toujours port?e par des groupes vivants et ? ce titre, elle est en ?volution permanente, ouverte ? la dialectique du souvenir et de l?amn?sie, inconsciente de ses d?formations successives, vuln?rable ? toutes les utilisations et manipulations, susceptible de longues latences et de soudaines revitalisations. [. . .] Parce qu?elle est affective et magique, la m?moire ne s?accomode que des d?tails que la confortent. (I: xix) 37 La historia, en cambio, ?parce que op?ration intellectuelle et la?cisante, appelle analyse et discours critique. La m?moire installe le souvenir dans le sacr?, l?histoire l?en d?busque, elle prosa?se toujours? (I: xix). No obstante, Nora reconoce que la historia es ?la reconstruction toujours probl?matique et incompl?te de ce qui n?est plus? (Ib?d.). La fuerte oposici?n que Nora establece entre memoria e historia, sin embargo, deja de lado una pregunta importante: ?Qu? tienen en com?n? Nora menciona que la historia es incapaz de lograr una reconstrucci?n total de la realidad, pero no se?ala que los lugares de memoria, como obras literarias o f?lmicas, tampoco pueden lograrla. Aunque el an?lisis de Nora destaca las diferencias entre memoria e historia, es preciso recordar las ideas de Certeau y White que las acercan. Si bien su consideraci?n de la historia trata la memoria como un objeto que se puede conquistar y erradicar, tambi?n es cierto que Nora reifica la historia. Como ?l mismo menciona, su estudio de la historiograf?a es ?une histoire de l?histoire? (I: xxi). Esta manera de acercarse a la historia sugiere que no otorga a ?sta una posici?n superior frente a la memoria, en un sentido epistemol?gico. Efectivamente, Nora afirma: ?[f]aire l?historiographie de la R?volution fran?aise, reconstituer ses mythes et ses interpr?tations signifie que nous ne nous identifions plus compl?tement avec son h?ritage. Interroger une tradition, si v?n?rable soit-elle, c?est ne plus s?en reconna?tre uniment le porteur? (Ib?d.). De esta forma, su estudio parece conquistar y desarticular la historia tal como ?sta destruye la memoria. Nora explica la relaci?n entre la memoria y los lugares de memoria proponiendo que ?stos 38 naissent et vivent du sentiment qu?il n?y a pas de m?moire spontan?e, qu?il faut cr?er des archives, qu?il faut maintenir des anniversaires, organiser des c?l?brations, prononcer des ?loges fun?bres, notarier des actes, parce que ces op?rations ne son pas naturelles. [. . .] Ce sont des bastions sur lesquels on s?arc-boute. Mais si ce qu?ils d?fendent n??tait pas menac?, on n?aurait pas non plus besoin de les construire. [. . .] Et si, en revanche, l?histoire ne s?en emparait pas non plus pour les d?former, les transformer, les p?trir et les p?trifier, ils ne deviendraient pas des lieux pour la m?moire. (I: xxiv) Esto sugiere que la creaci?n de textos literarios y f?lmicos sobre la resistencia antifascista espa?ola significa el deseo de sus artistas de proteger su identidad, su memoria. La ?aceleraci?n? de la producci?n de estos imaginarios es, como se observar? en los siguientes cap?tulos, m?s acuciante en el quinto per?odo (1997-2006).25 No es mera coincidencia que estos a?os correspondan con la desaparici?n de los ?ltimos guerrilleros que podr?an ofrecer su testimonio sobre la resistencia. El siguiente comentario de Nora explica el por qu? de esta tendencia: Moins la m?moire est v?cue de l?int?rieur, plus elle a besoin de supports ext?rieurs et de rep?res tangibles d?une existence qui ne vit plus qu?? travers eux. D?o? l?obsession de l?archive qui marque le contemporain, et 25 Este aumento en la producci?n literaria y cinematogr?fica es significativo pues, como Nora se?ala, una conmemoraci?n muestra tanto sobre el acontecimiento celebrado como sobre la sociedad que la conmemora. El historiador franc?s cita a Jean-No?l Jeanneney, el presidente de las conmemoraciones para el Bicentenario de la Revoluci?n francesa: ?on ne peut douter que la fa?on dont s?est pr?par? et d?roul? le Bicentenaire informera pr?cieusement, ? l?avenir, au-del? de lui-m?me, sur l??tat de la soci?t?, de la politique et de la culture fran?aises ? la fin du XXe si?cle? (citado en Nora III: 981). Asimismo, Nora apunta a que ?[c]?est le pr?sent qui cr?e ses instruments de comm?moration, qui court apr?s les dates et les figures ? comm?morer, qui les ignore ou qui les multiplie? (III: 988). No obstante, hay que observar que el pasado jacobino franc?s y el esp?ritu nacional de educaci?n laica y p?blica han fomentado la gesti?n hist?rica de una pol?tica de los lugares de memoria ?nacionales?. 39 qui affecte ? la fois la conservation int?grale de tout le pr?sent et la pr?servation int?grale de tout le pass?. Le sentiment d?un ?vanouissement rapide et d?finitif se combine avec l?inqui?tude de l?exact signification du pr?sent et l?incertitude de l?avenir pour donner au plus modeste des vestiges, au plus humble des t?moignages la dignit? virtuelle du m?morable. [. . .] ? mesure m?me que dispara?t la m?moire traditionnelle, nous nous sentons tenus d?accumuler religieusement vestiges, t?moignages, documents, images, discours, signes visibles de ce qui fut, comme si ce dossier de plus en plus prolif?rant devait devenir on ne sait quelle preuve ? l?on ne sait quel tribunal de l?histoire. (I: xxvi, I: xxvii) As? pues, la creaci?n de lugares de memoria recuerda el mito de Theuth de Plat?n. Se aprecia de nuevo que el intento de proteger la memoria mediante apoyos externos (la escritura en Plat?n y los lugares de memoria que incluyen textos culturales en Nora) deviene una amenaza a la memoria misma pues perpet?a la externalizaci?n de la memoria y, por lo tanto, contribuye, por un lado, a su debilitaci?n si la gente depende de los textos externos y descuida su propia memoria. La construcci?n de textos culturales puede, por otro lado, servir para fortalecer la memoria colectiva de un grupo si la gente los usa como punto de partida para mantener activa su memoria particular.26 Este conflicto entre la historia y la memoria es un tema que recibe mucha atenci?n en el estudio de Ricoeur. 26 Naturalmente la memoria particular puede referirse a lo vivido y a lo ?re-construido? aportado por los lugares de memoria y la memoria colectiva. 40 Las ideas de Paul Ricoeur En su extenso estudio La m?moire, l?histoire, l?oubli (2000), Paul Ricoeur trata muchos problemas relacionados con teor?as de la memoria. Uno de los m?s ?tiles es la conexi?n pragm?tica que dibuja entre la memoria y la historia. Si bien es cierto que Ricoeur considera que la relaci?n de la historia a la memoria ?est celui d?une reprise critique? (337), tambi?n piensa que nada aparte del testimonio asegura que algo ocurri?.27 Para trazar la relaci?n entre la memoria y la historia, Ricoeur propone tres fases que abarcan desde la memoria hasta el texto escrito por el historiador: la fase documental, la fase de explicaci?n/comprensi?n y la fase de representaci?n. La primera fase ?se d?roule de la d?claration des t?moins oculaires ? la constitution des archives et qui se fixe pour programme ?pist?mologique l??tablissement de la preuve documentaire ? (169). La fase de explicaci?n/comprensi?n ?concerne les usages multiples du connecteur ?parce que? r?pondant ? la question ?pourquoi??? (Ib?d.). Ricoeur explica que su segunda fase lleva dos nombres pues rechaza ?l?opposition entre explication et compr?hension qui a trop souvent emp?ch? de saisir dans toute son ampleur et dans toute sa complexit? le traitement du ?parce que? historique? (Ib?d.). La ?ltima fase consiste en la construcci?n de un discurso literario o escrito ofrecido a los lectores de la historia. Al analizar estas fases, Ricoeur realiza una consideraci?n epistemol?gica del conocimiento hist?rico. La primera comienza cuando un recuerdo se hace externo mediante el testimonio. Por un lado, Ricoeur distingue el testimonio del archivo: ?Le t?moignage est originairement oral ; il est ?cout?, entendu. L?archive est ?criture ; elle est 27 Aunque el testimonio tiene, sin duda, una importancia primordial, ?no es la fotograf?a otro ejemplo para certificar un suceso? 41 lue, consult?e. Aux archives, l?historien de m?tier est un lecteur? (209).28 Por otro lado, se?ala la relaci?n entre ambos: [l]e moment d?inscription du t?moignage re?u par un autre [. . .] est celui o? les choses dites basculent du champ de l?oralit? dans celui de l??criture [. . .]; c?est aussi celui de la naissance de l?archive, collect?e, conserv?e, consult?e. Pass? la porte des archives, le t?moignage entre dans la zone critique o? il est non seulement soumis ? la confrontation s?v?re entre t?moignages concurrents, mais absorb? dans une masse de documents qui ne sont pas tous des t?moignages. (181-82) Ricoeur apunta a la conexi?n que el testimonio tiene con la ?ltima parte de la primera fase, la prueba documental, explicando que ?[a]vec le t?moignage s?ouvre un proc?s ?pist?mologique qui part de la m?moire d?clar?e, passe par l?archive et les documents, et s?ach?ve sur la preuve documentaire? (201). Seg?n Ricoeur, el hecho de que el historiador acuda al archivo con una pregunta permite considerar que el documento consultado juega un papel de prueba. Afirma, por tanto, que ?[t]race, document, question forment ainsi le tr?pied de base de la connaissance historique? (225). Ricoeur pregunta qu? es lo que se ha comprobado: los hechos. Su explicaci?n del concepto hecho recuerda los comentarios de White sobre la diferencia entre un hecho y un acontecimiento. Ricoeur deja claro que aqu?l no es ?ste y asegura que ?[une] ?pist?mologie vigilante met ici en garde contre l?illusion de croire que ce qu?on appelle fait co?ncide avec ce qui s?est r?element pass?, voire avec la m?moire vive qu?en on les t?moins oculaires? (226). Un hecho, clarifica Ricoeur, es ?le contenu d?un ?nonc? visant ? [. . .] repr?senter [l??v?nement]? (179). Un hecho se construye desasoci?ndolo de una 28 Aunque Ricoeur subraya el car?cter escrito del archivo, es preciso recordar que tambi?n puede ser oral. 42 serie de documentos, los cuales a su vez lo establecen. ?Cette r?ciprocit? entre la construction (par la proc?dure documentaire complexe) et l??tablissement du fait (sur la base du document) exprime le statut ?pist?mologique sp?cifique du fait historique. C?est ce caract?re propositionnel du fait historique (au sens de fait que) qui r?git la modalit? de v?rit? ou de fausset? attach?e au fait. Les termes vrai/faux peuvent ?tre pris l?gitimement ? ce niveau au sens popp?rien du r?futable et du v?rifiable ? (227). Ricoeur retoma el argumento propuesto por los ling?istas estructuralistas de que el significado y el significante carecen de referente. Esto significar?a que toda representaci?n ling??stica puede existir sin referente. No obstante, propone que el pasado es el referente de la representaci?n hist?rica y el pasado, como referente, est? vinculado a la alegaci?n de verdad de la historiograf?a: ?C?est par rapport ? la pr?tention ? la v?rit? de ces autres sciences que la pr?tention ? la v?rit? de l?histoire fait sens. Se proposent alors de crit?res de qualification de cette pr?tention. Et c?est bien ?videmment le pass? lui- m?me qui est l?enjeu r?ferentiel de cette pr?tention? (365). Para explicar su idea, Ricoeur se?ala que quelque chose n?est plus, mais a ?t?. Il n?est pas inacceptable de sugg?rer que l??avoir ?t?? constitue l?ultime r?f?rent vis? ? travers le ?n??tre plus?. L?absence serait ainsi d?doubl?e entre l?absence comme vis?e par l?image pr?sente et l?absence des choses pass?es en tant que r?volues par rapport ? leur ?avoir ?t??. C?est en ce sens que l?auparavant signifierait la r?alit?, mais la r?alit? au pass?. En ce point, l??pist?mologie de l?histoire confine ? l?ontologie de l??tre-au-monde. (367) As? pues, para defender esta proposici?n, Ricoeur recurre al Dasein de Heidegger. 43 Seg?n Ricoeur, el tema de la muerte en la historia unifica el problema de la relaci?n de la memoria y la historia con la ausencia de lo anterior puesto que la muerte se?ala lo ausente en la historia, lo ausente en el discurso historiogr?fico.29 El instinto de la muerte inherente en la creencia erudita de la historia emerge de ?la mort signifi?e par le caract?re r?volu du pass? historique? (479). Ricoeur eleva el enigma de la representaci?n actual del pasado ausente al nivel epistemol?gico de la operaci?n historiogr?fica con la siguiente comparaci?n: Mais le caract?re non maniable, indisponible du pass? para?t bien correspondre dans la sph?re pratique ? l?absence dans la sph?re cognitive de la repr?sentation. C?est ici que le couplage entre ?tre-en-dette ? cat?gorie ontologique ? et repr?sentance ? cat?gorie ?pist?mologique ? s?av?re f?cond, dans la mesure o? la repr?sentance ?l?ve au plan de l??pist?mologie de l?op?ration historiographique l??nigme de la repr?sentation pr?sent du pass? absent. (474). Al concluir su discusi?n de la historia y memoria, Ricoeur propone que no termina en una apor?a paralizante el debate interminable entre ?les pr?tentions rivales de l?histoire et de la m?moire ? couvrir la totalit? du camp ouvert en arri?re du pr?sent par la repr?sentation du pass?. Certes,? contin?a Ricoeur ?dans les conditions de r?trospection communes ? la m?moire et ? l?histoire, le conflit reste ind?cidable. Mais nous savons pourquoi il est tel, d?s lors que le rapport au pass? du pr?sent de l?historien est replac? sur l?arri?re-plan de la grande dialectique qui brasse l?anticipation r?solue, la r?p?tition du pass? et la pr?occupation pr?sente? (511). Consideradas de esta manera, la historia y la 29 Al principio de su texto, Ricoeur explora la relaci?n entre memoria y ausencia a trav?s de la concepci?n aristot?lica de un recuerdo como la imagen de algo ausente. 44 memoria pueden enfrentarse en ?une dialectique ouverte qui les pr?serve de ce passage ? la limite, de cette hubris qui seraient, d?une part, la pr?tention de l?histoire ? reduire la m?moire au rang d?un de ses objets, d?autre part, la pr?tention de la m?moire collective ? vassaliser l?histoire par le biais de ces abus de m?moire que peuvent devenir les comm?morations impos?es par le pouvoir politique ou par des groupes de pression? (Ib?d.).30 Por todo ello, esta tesis se fija en la isotop?a confrontadora de enunciados hist?ricos y representaciones memoriosas literarias y f?lmicas de la resistencia guerrillera antifascista. En este sentido dicha memoria hist?rica como representaci?n narrativa del pasado, como interpretaci?n no tiene ni puede tener ning?n valor objetivo, sino que es parcial, selectiva y cambiante, no pertenece ni abarca una totalidad, sea la naci?n o sector(es) o grupo(s) de la sociedad, y se mueve a trav?s de colectivos memoriosos (profranquistas, prorepublicanos, etc.) e intereses y circunstancias de poder.31 Es decir que no existe ninguna memoria hist?rica com?n, a diferencia de esa imposible conciencia com?n en la que so?aba Durkheim para el individuo asolado ya por la diversidad y la anomia de la sociedad industrial o la diversidad interpretativa de las generaciones ante la historia y el presentismo discutidos por Ortega y Gasset. La memoria traum?tica En consecuencia, la diversidad de memorias, agravada por los traumas de la Guerra Civil Espa?ola, requiere adentrarse por algunas teor?as sobre la narrativizaci?n de 30 Otras ideas que requieren menos explicaci?n se comentar?n en las secciones pertinentes de mi an?lisis de los textos literarios y f?lmicos. En cuanto al abuso de la memoria ver Robin. 31 Ver El mito de la izquierda de Gustavo Bueno y ?Los trenes de la memoria? de Naharro Calder?n. 45 esta memoria herida.32 En algunos, como Representing the Holocaust: History, Theory, Trauma (1994), History and Memory After Auschwitz (1998) y Writing History, Writing Trauma (2001), Dominick LaCapra se acerca a la memoria desde una perspectiva psicoanal?tica. LaCapra tambi?n explora la conexi?n entre historia y memoria empezando con una comparaci?n que muestra c?mo algunos pensadores tienden a acercarse a esta relaci?n desde dos visiones extremas. Contrapone una cita de Arno Mayer con otra de Pierre Nora para mostrar que en la primera tendencia se suele seguir una idea neopositivista de la historia por la que ?sta se considera como una ciencia que trata hechos mientras que la memoria es una fuente sospechosa que se aproxima al mito. La segunda tendencia, en cambio, ?induces a fictionalizing if not mythologizing idea of history that is insensitive to the tricks memory plays and to the reasons for those tricks? (History and Memory 16). Esta interpretaci?n dibuja la historia como ?the destroyer of a more authentic, existentially rich, living memory? (17). Si bien LaCapra contrapone las ideas de estos te?ricos, es preciso se?alar lo que tienen en com?n. Si bien es cierto que Nora se acerca a la relaci?n entre la historia y la memoria reconociendo las imperfecciones de la primera, tambi?n, como se observ? antes, califica la historia como un ?discurso cr?tico? que como tal deviene en la ant?tesis de la memoria espont?nea. Las explicaciones de Nora tambi?n aproximan la memoria al mito ya que la considera ?m?gica?. A pesar de las diferencias entre las explicaciones de Mayer y Nora, LaCapra opina que ambas neutralizan el problema del trauma y no proveen una base suficiente 32 Narrativizaci?n en el sentido de un re-recuerdo como una fuente de ?socially structured patterns of recall? (Schudson 347). Mientras que la memoria aporta conocimiento sobre el pasado, la narrativizaci?n describe el proceso de reescribir y manipular la memoria ideol?gicamente cargada a trav?s del proceso de transmisi?n y recuperaci?n narrativos. 46 para considerar otro problema: la transferencia. ?sta es la medida en que el estudioso se implica en el sujeto que analiza. Seg?n LaCapra, ?[t]ransference is inevitable to the extent that an issue is not dead, provokes an emotional and evaluative response, and entails the meeting of history with memory? (40). Para el psicoanalista, la memoria is a crucial source for history and has complicated relations to documentary sources. Even in its falsifications, repressions, displacements y denials, memory may nonetheless be informative?not in terms of an accurate empirical representation of its object but in terms of that object?s often anxiety-ridden reception and assimilation by both participants in events and those born later. (19) Estas represiones son precisamente lo que se observar?n en algunos momentos de la evoluci?n de la representaci?n literaria y f?lmica de la resistencia antifascista espa?ola. Otras ideas de LaCapra ayudan a explorar problemas del tratamiento del pasado relacionados con los cr?menes contra la humanidad. Analiza el problema que surge cuando nadie toma responsabilidad ante memorias traum?ticas y explica el impedimento que esto representa para el proceso de recuperarse de un trauma colectivo. La evasi?n de los problemas de reconocimiento p?blico, luto y el proceso de retrabajo33 invita la vuelta de lo reprimido. Como apunta el psicoanalista ?what is denied or repressed in a lapse of memory does not disappear; it returns in a transformed, at times disfigured and disguised manner? (History and Memory 10). Si en vez de reconocer atrocidades se las mitiga o evade, se cierra la posibilidad de participar en un proceso de luto precisamente porque se niega la necesidad de dicho proceso. Al bloquearlo, el sujeto probablemente llegar?a a estar atrapado en un estado de melancol?a, repetici?n compulsiva y la reactuaci?n del 33 Este proceso se explica abajo. 47 pasado. As? pues, LaCapra propone que ?a viable and legitimate democracy cannot be based on celebratory oblivion but requires a critical attempt to come to terms with the past? (Representing the Holocaust 74). Al explorar los procesos necesarios para que se asimile el pasado y, en lo posible, se supere el trauma, LaCapra define unos conceptos, como por ejemplo reactuar (?acting out?) y retrabajar (?working through?), que ser?n ?tiles tanto para considerar la actividad de los autores y directores como las acciones de los personajes. Reactuar es la tendencia a repetir algo. As?, las v?ctimas de un trauma suelen revivir sus acontecimientos l?mites (?limit experiences?). La persona est? pose?da por el pasado y atrapada en la repetici?n compulsiva de escenas traum?ticas. Con respecto a esta memoria, no puede distinguir entre presente y pasado, pues ?ste le resulta actual. No encuentra un renovado inter?s en la vida y, por ello, el futuro se encuentra bloqueado. Ya que las teor?as de LaCapra se formulan sobre la base que Freud construy?, es preciso incluir algunas ideas del padre del psicoan?lisis. Seg?n Freud, la tendencia a recordar algo traum?tico de manera compulsiva puede ocurrir en diferentes formas incluyendo sue?os, narraciones, o alucinaciones. A esta lista, LaCapra a?ade analepsis o flashbacks y ataques de ansiedad. La v?ctima de un acontecimiento l?mite vuelve a vivirla posteriormente pues la mente intenta superar el trauma que esa experiencia le provoc?. El nivel de ansiedad en el momento en que el suceso ocurri? es tal que como mecanismo de protecci?n la mente no permite que la persona la experimente completamente. Esta emoci?n queda sin resolverse y vuelve bajo las formas ya mencionadas que la v?ctima no puede controlar. 48 En el proceso de retrabajar la memoria, la v?ctima es capaz de distinguir entre el presente y el pasado; puede reconocer que algo le ocurri? antes, pero vive en el presente. La persona puede recordar intencionalmente una memoria y acercarse a ella desde una distancia cr?tica. Este proceso tambi?n le ayuda a encontrar un renovado inter?s en la vida y le permite reintegrarse socialmente como en el caso de Tomasa en La voz dormida. A pesar de la diferencia que establece entre estos dos t?rminos, LaCapra se?ala que est?n relacionados puesto que el proceso de retrabajar la memoria, aunque no trascienda su reactivaci?n, puede ayudar a mitigar la compulsi?n de repetir. Algunas formas de retrabajar una memoria traum?tica incluyen el luto (o ?aflicci?n? como Freud lo llama) y el pensamiento cr?tico. Estos procesos permiten que la v?ctima recuerde intencionadamente y se acerque a la memoria desde una distancia cr?tica. La melancol?a, en cambio, ?se caracteriza ps?quicamente?, seg?n Freud, por un estado de ?nimo profundamente doloroso, una cesaci?n del inter?s por el mundo exterior, la p?rdida de la capacidad de amar, la inhibici?n de todas las funciones y la disminuci?n del amor propio. Esta ?ltima se traduce en reproches y acusaciones de que el paciente se hace objeto a s? mismo, y puede llegar incluso a una delirante espera de castigo. (232) Estas caracter?sticas tambi?n pertenecen a la definici?n que Freud da a la aflicci?n con la excepci?n de la perturbaci?n del amor propio. Otro aspecto que diferencia el luto de la melancol?a es el hecho de que se espera que el primero llegue a un fin por s? solo que muestre que la persona ha superado, hasta cierto punto, un trauma. Conectados con los procesos de reactuar y retrabajar est?n los conceptos de p?rdida (?loss?) y ausencia (?absence?). En el caso de la p?rdida, el objeto amado ha 49 desaparecido de manera irrecuperable. Al aceptar una p?rdida como tal, el sujeto puede emprender procesos como el luto que le ayudan a mitigar el trauma provocado por la p?rdida. La ausencia, en cambio, significa un objeto que no est? presente pero s? es recuperable. Mientras un sujeto percibe un objeto como ausente y no perdido, no puede reconocer que el objeto sea irrecuperable. Esta percepci?n del objeto imposibilita el proceso de luto y la persona entra en un estado de melancol?a que no le permite reintegrarse socialmente.34 La diferencia entre estos t?rminos ayudar? a analizar los efectos de la muerte an?nima de muchos guerrilleros, huidos o enlaces: la inseguridad sobre su destino vital, la incapacidad de reclamar el cuerpo de un familiar y/o darle un entierro digno. ?ste y el luto son formas importantes de retrabajar la memoria. Cuando estos procesos se bloquean, una p?rdida se convierte en ausencia y la v?ctima queda atrapada en una melancol?a sin l?mite. El deseo de luchar contra el anonimato de la muerte o de reclamar el cuerpo del fallecido se observa en varias novelas, incluyendo Maquis. La esposa e hijo desentierran a un guerrillero para darle una nueva sepultura en una tumba marcada en el cementerio. Otros estudios sobre la memoria Partiendo de la teor?a de Halbwacks, se han realizado otras investigaciones sobre la formaci?n de la memoria. Una antolog?a de art?culos editada por James W. Pennebaker, Dario Paez y Bernard Rim?, Collective Memory of Political Events: Social Psychological Perspectives (1997), incluye estudios que consideran que los textos 34 No entro aqu? en el complejo debate del perd?n. Ver por ejemplo la postura no instrumentalizable del perd?n en Le pardon de Jank?l?vitch. 50 literarios y cinematogr?ficos son una representaci?n de la memoria colectiva. Seg?n Juanjo Igartua y Dario Paez, la memoria colectiva no s?lo existe en los individuos, sino tambi?n en los artefactos culturales. As? pues, para considerar la relaci?n entre la memoria y el desarrollo de las obras literarias y f?lmicas ?tema de los cap?tulos tres, cuatro, cinco y seis?, me servir? de sus ideas sobre los per?odos en la evoluci?n de las obras que retratan acontecimientos colectivos. Para proponer unos per?odos generales, Igartua y Paez analizan la evoluci?n de pel?culas sobre la guerra de Argelia y novelas sobre la Guerra Civil Espa?ola (aprovechando el estudio de Maryse Bertrand de Mu?oz). Sugieren que inicialmente predomina el silencio seguido por la versi?n oficial en que los ganadores se justifican y se alaban. A pesar de que proponen esta generalizaci?n, su an?lisis del cine franc?s muestra que la primera fase de este caso particular combina el silencio, la historia oficial y unas excepciones a ella. Asimismo, reconocen que Bertrand de Mu?oz opina que la primera etapa de las novelas sobre la contienda espa?ola corresponde con los a?os de la guerra cuando los textos est?n ?demasiado cercanos a los hechos contados para lograr un gran libro? (Bertrand de Mu?oz, ?Literatura de la guerra civil? 14) y que en el per?odo siguiente la historia oficial domina. Tras establecer la versi?n oficial, se suele observar un per?odo de amnesia durante el cual la producci?n de obras sobre el tema decae. Finalmente, se produce una reconstrucci?n positiva del pasado. En el caso de acontecimientos controvertidos que pudieran dividir a la colectividad, la memoria de los miembros del grupo que participaron en el acontecimiento se narra y su tragedia individual se acepta. Las causas socio- pol?ticas del trauma, en cambio, se olvidan. Si bien estas generalizaciones ayudan a forjar 51 una esquema global, se aprecian otras divergencias de estas normas en el caso de la narrativa espa?ola sobre la guerra civil pues entre los per?odos de amnesia y la memoria idealizada, Bertrand de Mu?oz incluye dos etapas que corresponden con la ?ltima d?cada del r?gimen y los primeros a?os de la democracia. En la primera, se aprecian los cambios en el tono y el argumento tras la Ley de Prensa de 1966 y, en la segunda, se observa ?el mismo af?n de autojustificaci?n, con el mismo tono reivindicador y despreciativo? que se vio en el segundo per?odo con la excepci?n de que esta vez viene del lado republicano (19). Est? claro que estas etapas son casos particulares de la narrativa espa?ola, pero conviene resaltar estas desviaciones de la tendencia general que Igartua y Paez proponen pues ayuda a entender que en este estudio tambi?n se observar?n excepciones. El ensayo de Igartua y Paez tambi?n ser? ?til en el s?ptimo cap?tulo cuando considero c?mo las obras afectan la memoria que el p?blico se forma del movimiento guerrillero. Su estudio resume otros factores que mediatizar?an el impacto que objetos semi?ticos (novelas, series televisivas y pel?culas) tienen en la formaci?n de la memoria sobre acontecimientos como la Guerra Civil Espa?ola. ?stos incluyen la experiencia previa y directa que el sujeto tiene con el tema, la reacci?n emocional que la obra produce, el realismo y credibilidad del mensaje, y el nivel de producci?n cognitiva de la obra (lo cual est? relacionado con la relevancia o el inter?s que la persona tiene en el tema). Igartua y Paez realizaron un experimento en 1994 con estudiantes universitarios que por su edad no ten?an una experiencia ?directa? sino ?mediatizada? de la guerra civil.35 Analizaron el efecto de pel?culas y series televisivas en la formaci?n de la 35 Seg?n la terminolog?a de Halbwachs, se puede afirmar que los estudiantes no tienen una memoria autobiogr?fica de la guerra, sino hist?rica. 52 memoria y la percepci?n de la contienda y encontraron que exist?a una relaci?n positiva entre la claridad de la memoria y la visi?n de pel?culas o series sobre la guerra. Seg?n el resumen de Igartua y Paez, las obras f?lmicas producidas de 1976 a 1991 suelen narrar la historia desde la perspectiva de los vencidos y enfatizar las causas de la guerra. El experimento mostr? que los estudiantes que vieron im?genes sobre la guerra, particularmente las series, estaban en desacuerdo con oraciones como ?it is better to forget what happened durning the war and the postwar years? (90). Asimismo, mostraron menos ambivalencia hacia los participantes de la guerra y tuvieron una imagen m?s positiva de los republicanos. Con respecto a las causas de la guerra, estuvieron m?s inclinados a pensar que ?sta empez? debido a que ?[the] Franquist military had no confidence in the Republic? (91). Puesto que en el ?ltimo estudio no se controlaron las obras que los sujetos vieron y es posible que se eligieran textos visuales que confirman su opini?n sobre un tema, Igartua y Paez apoyan sus ideas con otro experimento. ?ste tambi?n us? estudiantes universitarios pero esta vez fueron expuestos a una de tres pel?culas sobre la Guerra Civil Espa?ola. Una, La vaquilla (1985), retrata a los franquistas, los republicanos y la guerra de manera ambivalente. El punto de vista no muestra una clara toma de posici?n en uno de los dos bandos. Su peso afectivo, el ?nfasis dado a las causas (o el contexto socio- pol?tico) y el realismo percibido recibieron calificaciones bajas de los jueces que la analizaron. Seg?n Igartua y Paez, la comedia toma una posici?n ?de reconciliaci?n y ambivalencia? (95). Los jueces, en cambio, consideraron que la segunda y tercera pel?culas, Ay, Carmela (1990) y Las bicicletas son para el verano (1984), adoptan el punto de vista de los republicanos y ofrecen una imagen m?s positiva de ellos. En 53 contraste con La vaquilla, estas pel?culas recibieron puntuaciones m?s altas para los aspectos mencionados arriba. Incluso si ?stas dos comparten muchos aspectos, una diferencia primordial es su conclusi?n. Mientras que Ay, Carmela tiene un fin tr?gico, Las bicicletas son para el verano concluye de manera abierta y ambivalente. En relaci?n con el proceso de mediatizaci?n, Igartua y Paez observan que cuanto mayor sea el efecto emocional de la obra y el v?nculo que el espectador sienta con los personajes, mayor ser? su acuerdo con las creencias y actitudes expresadas en la pel?cula. Lo inverso tambi?n es cierto. En cuanto a la relaci?n entre las representaciones f?lmicas y las percepciones que los espectadores conforman de la guerra, los resultados de este experimento mostraron que los sujetos que vieron la comedia (y en menor grado los de Las bicicletas son para el verano) tend?an a estar de acuerdo con la idea de que la guerra civil era un acontecimiento distante e incomprensible. Los que visionaron Ay, Carmela, sin embargo, evidenciaron el mayor desacuerdo con esta proposici?n. Tambi?n mostraron mayor acuerdo con ideas como que la guerra fue un resultado de la desconfianza del ej?rcito con la Segunda Rep?blica, la contienda fue un desastre colectivo y el conflicto determin? la pol?tica actual. Su tendencia a sentir emociones negativas al reflexionar sobre la guerra fue la m?s alta de los tres grupos. Los estudiantes que vieron La vaquilla fueron los que menos apreciaron una conexi?n entre la guerra y la presente situaci?n pol?tica a la vez que evidenciaron la tendencia m?s baja a experimentar emociones negativas al pensar en la contienda. El grupo que vio Las bicicletas son para el verano acab? con una visi?n negativa de la guerra, no logr? una explicaci?n global de sus causas,36 y estuvo m?s a favor que los otros grupos de la propuesta de que es mejor 36 Aunque la pel?cula dio este resultado, es preciso se?alar que la obra hace menci?n del levantamiento de los militares. 54 olvidar lo que ocurri? durante la guerra y los a?os de la posguerra. Para explicar este resultado, Igartua y Paez apuntan a la opini?n del protagonista (que nadie va a ganar la guerra) y relacionan esta actitud ambivalente de que todos perdieron la guerra con el deseo de desconectarse del pasado.37 As? pues, la combinaci?n letal para narrativizaci?n de la memoria en favor del olvido parece ser cierto dramatismo, una representaci?n de la guerra que produzca emociones negativas y la evasi?n de sus causas a favor de una actitud ambivalente de los dos bandos. Por otro lado, las obras dram?ticas que extraen una reacci?n emocional en su p?blico, dibujan los acontecimientos como m?s cercanos y comprensibles y ofrecen explicaciones de sus causas son las que m?s promueven una actitud que favorece la preservaci?n de la memoria. Aunque el estudio de Igartua y Paez no proponga reglas exactas para determinar c?mo ciertas pel?culas influyen en la memoria de los espectadores, s? sirve como gu?a para contemplar c?mo el cine de la resistencia afecta la memoria colectiva. Mientras que Igartua y Paez hacen referencia a la idea del ciclo de la memoria de James W. Pennebaker y Becky L. Banasik, los cuales proponen que cada 20 o 30 a?os el inter?s en un acontecimiento se renueva, creo que su teor?a no es apropiada para este estudio. Mientras que algunas de sus ideas son ?tiles y, por tanto, las mencionar? abajo, 37 A pesar de esta interpretaci?n de Igartua y Paez, creo que la obra, en ciertos casos, sugiere la desigualdad de los vencedores y vencidos: Luisito no puede terminar su bachillerato ya que los ex?menes de recuperaci?n ser?n s?lo para los hijos de los que apoyaron a los sublevados; la familia de Luis sigue pasando hambre mientras que las familias del bando vencedor tienen an?s y galletas; Luis comenta su posible detenci?n. A?n as?, es cierto que estas representaciones no son muy dram?ticas y apenas llegan a sugerir las miserias que devendr?an m?s acuciantes para los vencidos. Por otro lado, hay indicaciones de igualdad entre los dos bandos. Despu?s de que la mujer de Luis denuncie las represalias de los revolucionarios, Luis le menciona las represiones que los vencedores est?n llevando a cabo y comenta que parece que todos son revolucionarios. As? pues, es cierto que la pel?cula a veces dibuja a los vencedores y vendidos de manera ambivalente. 55 la teor?a del ciclo de la memoria manifiesta ciertos problemas cuando se intenta combinar con el fen?meno de la resistencia antifascista espa?ola. Seg?n Pennebaker y Banasik, aproximadamente cada 20 o 30 a?os individuos y sociedades consideran su pasado y lo reconstruyen. Los factores que explican estos ciclos de memoria de 20 ? 30 a?os son los siguientes: el paso de este per?odo de tiempo (1) facilita la creaci?n de la distancia psicol?gica necesaria para que el individuo o el colectivo se enfrente con su pasado; (2) permite la acumulaci?n de recursos sociales necesarios para preparar actividades de conmemoraci?n. Los acontecimientos se recuerdan cuando la generaci?n que los sufri? tiene el dinero y el poder para realizar dichas conmemoraciones; (3) hace que la generaci?n m?s afectada por los acontecimientos sea m?s madura. Las personas que ten?an entre 12-25 a?os cuando el acontecimiento ocurri? necesitan tiempo para madurar hasta cierta edad en la que el individuo est? listo para recordar su pasado; (4) permite el fin de la represi?n socio- pol?tica. Los individuos responsables por la represi?n, guerra, etc., han desaparecido social y f?sicamente. En cuanto a los problemas, habr?a que destacar en primer lugar, ?de d?nde partir en el tiempo? En el estudio de Pennebaker y Banasik se empieza con el momento en que ocurri? el acontecimiento, pero en el caso de la resistencia estamos ante un fen?meno que empez? en 1936, vivi? su apogeo a mediados de los a?os cuarenta y vio un fuerte declive entre finales de esa d?cada y el principio de la siguiente aunque algunos resistentes continuaron luchando hasta su muerte en los sesenta. Si se mide desde el auge en la producci?n durante los a?os cincuenta, que es m?s evidente en las obras f?lmicas que en las literarias, se podr?a considerar que otro apogeo ocurre unos treinta o treinta y cinco 56 a?os despu?s. Como se observar? en los cap?tulos siguientes, despu?s de un per?odo de amnesia el inter?s en la resistencia antifascista se renueva entre 1985 y 1996. No obstante, la producci?n de cine y literatura es incluso m?s sustancial entre 1997-2006. As? pues, en vez de un ciclo de unos treinta o treinta y cinco a?os parece m?s bien uno de casi cincuenta. Otro problema con esta teor?a es que a?n es demasiado pronto para saber si a partir de 2006 la producci?n aumentar?, se mantendr? o decaer?. Incluso si las ideas de Pennebaker y Banasik tienen en cuenta varios factores como el tiempo necesario para lograr una distancia psicol?gica y obtener el dinero y poder precisos para realizar proyectos art?sticos, el hecho de que la represi?n socio-pol?tica de la dictadura franquista durara 36 a?os (m?s de los 20 a 30 a?os sugeridos) y otros factores como el pacto de silencio38 o el fracasado golpe de Tejero en 1981 junto con la larga duraci?n de la resistencia pueden explicar por qu? la producci?n art?stica sobre este tema no se acopla al esquema de Pennebaker y Banasik. Otro estudio ?til para considerar el efecto de las obras sobre la memoria colectiva es el de Bernard Rim? y V?ronique Christophe que analiza el proceso llamado acto social de compartir emociones (?the social sharing of emotions?) (133). Dicho proceso se sostiene en una teor?a que propone que cada experiencia emocional suele ser compartida socialmente. El proceso resulta en la transferencia de una experiencia emocional privada a la colectividad de manera que una experiencia individual entra en la memoria colectiva. Su an?lisis recoge los datos proporcionados en varios estudios que muestran que despu?s de una experiencia emocional, la gente suele compartirla con otras personas en repetidas 38 El an?lisis de Espinosa explica que el pacto de silencio se respet? durante casi veinte a?os. No fue hasta la llegada del Partido Popular al poder en 1996 que algunos miembros del PSOE cambiaron su actitud y empezaron a seguir el fen?meno de la recuperaci?n de la memoria que la sociedad ya hab?a empezado mediante organizaciones privadas. 57 ocasiones. Mientras que el porcentaje de gente que comentaba la experiencia el primer d?a variaba de 50% a 67%, el porcentaje aument? durante un per?odo m?s largo. En estos casos se dieron resultados de entre 90,0% y 96,3%. Mientras que algunos experimentos eval?an el acto social de compartir una experiencia emocional producida por un accidente (de tr?fico, trabajo, etc.) o por el proceso de parir, otros dos analizan el acto social despu?s de ver pel?culas que son de poca, moderada o mucha intensidad emocional. Tanto en este estudio como en otro, cuanto m?s intensa la experiencia personal, m?s frecuentes y extendidos fueron los actos de comunicaci?n social primaria. Adem?s de estos experimentos que analizan el proceso de comunicaci?n social primaria (?primary social sharing?), Rim? y Christophe eval?an estudios del proceso de comunicaci?n social secundaria (?secondary social sharing?). ?stos muestran que cuando una persona est? expuesta a la narraci?n de una experiencia emocional, experimenta una reacci?n emocional tambi?n. Rim? y Christophe realizaron un experimento para determinar si esta reacci?n emocional inducir?a a las personas a compartir la narraci?n escuchada con otras personas. Sus resultados mostraron que 66,4% de los sujetos participaron en un proceso de comunicaci?n social secundaria y 53% indicaron que hab?an narrado la experiencia emocional m?s de una vez y 54% la hab?an contado a m?s de una persona. La frecuencia con la que los sujetos participaron en un acto de comunicaci?n social secundaria y el n?mero de personas con las que compartieron la narraci?n escuchada aumentaron seg?n la intensidad emocional que sent?an al escuchar la experiencia emocional narrada por la persona a la que ?sta sucedi?. Otros estudios han mostrado que acontecimientos que producen una fuerte reacci?n emocional crean memorias m?s v?vidas. Marin A. Conway explica que estas 58 memorias se han llegado a llamar memorias de bombilla de flash (?flashbulb memories?) pues el detalle que preservan las asemeja a fotograf?as (35). El ensayo de Conway (y otro de James W. Pennebaker y Becky L. Banasik) tambi?n muestran la relaci?n entre la claridad de la memoria y la edad (o per?odo de la vida) m?s importante para la formaci?n de la identidad. Seg?n estos estudios, ?sta va desde los quince (o quiz?s los diez) a?os hasta los veinticinco a?os. Al estudiar a personas que sobrepasaban los cincuenta a?os, se descubri? que la mayor?a de los recuerdos v?vidos vienen de este per?odo. Este aspecto de la memoria ayuda a entender por qu? la guerra y la posguerra afectan tanto a los llamados ni?os de la guerra de las novelas de Juan Mars? y Alfons Cervera. Asimismo, facilita la comprensi?n de la importancia de la memoria en la construcci?n de la identidad y por qu? la destrucci?n de la primera, tanto para pensadores como Heidegger como para escritores como Cervera, significa la eliminaci?n de la segunda y, por tanto, de ese ser. Un ?ltimo estudio, el cap?tulo de Pennebaker y Banasik, ayuda a entender por qu? el pacto de silencio no fue una manera efectiva para resolver la memoria colectiva de los acontecimientos traum?ticos que ocurrieron durante la guerra y a lo largo de la dictadura de Franco. De la misma manera, facilita la comprensi?n de por qu? las obras que exploran el tema de la resistencia antifascista desde una perspectiva amn?sica, lo cual ser? frecuente en el tercer per?odo comentado en los cap?tulos cuatro y seis, tampoco sirven para retrabajar el pasado y, en la medida de lo posible, intentar superar los sucesos traum?ticos. Pennebaker y Banasik exploran la memoria colectiva de un acontecimiento silencioso. ?ste lo definen como un acontecimiento traum?tico que la gente activamente intenta evitar como tema de conversaci?n. El silencio puede ser impuesto por un gobierno 59 represivo u otra instituci?n autoritaria. En otros casos un acontecimiento puede producir tanta verg?enza o un sentimiento de culpabilidad tal que la gente se niega a comentarlo. Pennebaker y Banasik tambi?n apuntan a otros estudios que han mostrando que cuando a un grupo de personas se les orden? no pensar en un objeto, lo recordaron con una frecuencia parecida a otro grupo al que le dieron instrucciones espec?ficas para pensar en el objeto. Su conclusi?n sobre los acontecimientos silenciosos les lleva a teorizar que cuando la gente no puede o no quiere hablar de un suceso importante, el silencio impuesto suele llevarles a recordar m?s el trauma, pero sin resolverlo. Ir?nicamente, el intento de no pensar en un suceso traum?tico acaba por fijarlo m?s plenamente en la memoria.39 Por otro lado, el acto de hablar de un acontecimiento, una forma de ?ensayar? la memoria,40 puede contribuir a organizar y asimilarlo en la mente de una persona, lo cual le ayuda a superar el trauma. Ir?nicamente, una vez que el suceso se asimila cognitivamente, el individuo ya no necesita reflexionar sobre ello. Al pensar menos en el acontecimiento, puede llegar a olvidarlo. Un estudio de Crow y Pennebaker41 muestra que las personas que tuvieron la peor memoria hist?rica de la primera Guerra del Golfo fueron las que la comentaban con mayor frecuencia y sent?an las emociones m?s negativas. Estas ideas ayudar?n a mostrar que Soldados de Salamina produce una memoria hist?rica menos ecu?nime y encamina al lector o espectador virtual hacia el olvido. 39 Esta faceta de la formaci?n de la memoria es importante para analizar la reconstrucci?n de los recuerdos de un pueblo en la novela Maquis. El hecho de que la memoria haya sido reprimida ha contribuido a reforzar las historias del colectivo en la memoria del narrador. 40 ?Ensayo de la memoria? es una traducci?n literal del concepto de ?the rehearsal of memory?. Otra manera de ensayar la memoria es mediante los pensamientos. 41 Seg?n la bibliograf?a de Pennebaker y Banasik, el estudio de Crow y Pennebaker, The Persian Gulf War: The Forgetting of an Emotionally Important Event, es in?dito. 60 En cuanto al lector impl?cito, a diferencia del virtual, infra, me refiero a aqu?l inscrito en el texto, tanto en cuanto a sus rasgos discursivos, ret?ricos, ideol?gicos, culturales, memoriosos, etc., como a su menci?n espec?fica de ?lector?.42 Por virtual, aqu? se trata de aquel lector o espectador que a trav?s de las diferentes representaciones narrativas de la guerrilla, puede actualizar y detectar las contradicciones y estrategias discursivas e ideol?gicas dirigidas intratextualmente al lector o espectador impl?cito. Por ello, el lector virtual no depende s?lo de la inmanencia del texto, ?nico ?ngulo disponible para el lector impl?cito, sino de los sutiles rasgos discursivos, ret?ricos, ideol?gicos, culturales, memoriosos que contradicen la coherencia del imaginario que el texto construye para el lector impl?cito. Habr? momentos en que lector impl?cito y virtual no se distingan, en particular en aquellos textos maniqueamente estancos. Sin embargo, puede existir espacio para que se produzca un surco de iron?a y diferencia entre lo que se propone textualmente y lo que ocurre, entre lo que se lee impl?cita y virtualmente.43 Ejemplos posibles ser?n aqu?llos donde aparece la s?tira y la parodia44 o la metatextualidad (Suspenso en comunismo o Soldados de Salamina). Aunque estos textos busquen plasmar un cierto tipo de espectador impl?cito que o bien rechace las ideas resistentes o bien acepte la igualdad para los dos bandos de la culpabilidad y responsabilidad en la contienda civil, lo virtual se separa de lo impl?cito. En un caso, la exageraci?n en la parodia denigratoria de la resistencia termina por infantilizar al espectador impl?cito; en el otro, surge la imposibilidad de hacer equiparable la 42 Seg?n Edward Mo?ejko, el lector virtual o impl?cito ?is determined by the structure of the text [and] prompts the latter to be read in a particular way? (207). A diferencia del lector o espectador real (el que individualmente lee el texto o se sienta ante la pel?cula), el lector o espectador virtual es aqu?l que el autor o director tiene en mente al desarrollar su narraci?n (Selden y Widdowson 50). Por autor impl?cito, m?s abajo, se trata de la terminolog?a cl?sica de Wayne C. Booth. 43 A su vez, los horizontes de expectativa de los lectores o espectadores reales var?an en la diacron?a de la recepci?n respecto de su competencia textual, documental, ideol?gica, memoriosa, etc. 44 Ver Problemas literarios y est?ticos de Bakhtin. 61 magnanimidad an?nima de Miralles con S?nchez Mazas [?] ?que sutilmente apunta al colectivo millares? y el interesado itinerario de ?ste con los amigos del bosque.45 Pennebaker y Banasik tambi?n consideran la influencia del lenguaje en las memorias colectivas. Seg?n su estudio, la traducci?n de acontecimientos o im?genes a una forma verbal influye en la manera en que se consideran o se recuerdan. Asimismo, la manera en que se comenta un suceso afecta c?mo ?ste se graba en la memoria. Como la expresi?n oral suele incluir a otras personas, la percepci?n y comprensi?n del suceso tienden a ser modificadas por las personas que participan en la conversaci?n. As? pues, se aprecia por qu? la terminolog?a usada en las obras para describir a los resistentes y la lucha clandestina afecta la memoria colectiva de los lectores y espectadores. Debido a esta importancia, es preciso en este cap?tulo discutir los vocablos m?s comunes que se ver?n en los siguientes. Terminolog?a en las obras La batalla ling??stica entre los discursos afines al r?gimen de Franco y los que dieron voz a los vencidos ?que se aprecia tanto en los textos hist?ricos como en las obras literarias o cinematogr?ficas? ha afectado a la memoria colectiva y sigue influyendo en la representaci?n de la resistencia hoy en d?a. Algunos ejemplos de esta lidia incluyen las dualidades bandidos / resistentes, bandoleros / guerrilleros, grupos terroristas / guerrillas urbanas, c?mplices / enlaces (y puntos de apoyo), robos / golpes econ?micos, y 45 Como ha se?alado Naharro Calder?n en ?Prisiones hist?ricas y rebeliones textuales?, hasta en los textos de marco autoritario como La familia de Pascual Duarte, existen sutiles rasgos que rompen con el molde carcelario a pesar de las intenciones represivas del autor impl?cito por lo que aun en el silencio m?s forzado aparece la libertad de expresi?n. A su vez, en ?Entre v?ctimas y verdugos?, indica que no todos tienen la misma competencia y legitimidad para hablar y hacernos creer. 62 asesinatos / ejecuciones. Otros t?rminos como partida,46 maquis, topos y huidos son m?s ambiguos, usados tanto por miembros de las fuerzas represoras como de la resistencia. Un ?ltimo vocablo, pistolero, resulta ambiguo tambi?n pues apunta a otros discursos: novela y cine negros o del oeste. La preferencia por un t?rmino u otro depende del sujeto del discurso. Las fuerzas represoras consideraban a los resistentes bandoleros puesto que viv?an fuera de las leyes franquistas ya que al no entregarse, evitaban cumplir con la Ley de Responsabilidades Pol?ticas. Los vocablos ?bandidos?, ?bandoleros?, o ?terroristas? tipifican a miembros de la resistencia armada como criminales mientras que ?huidos? connota a personas que evitaban la represi?n de los golpistas y ?guerrilleros? o ?maquis? sugieren una resistencia ofensiva con mayor organizaci?n militar y determinaci?n pol?tica. El t?rmino ?pistolero?, que parece connotar a los resistentes que operaban en centros urbanos, aparece en algunas novelas incluyendo Si te dicen que ca?, Un d?a volver?, El embrujo de Shanghai y La hija del can?bal y los estudios hist?ricos de Serrano. Tambi?n resulta ser un vocablo ?til para calificar a los personajes ambiguos de las pel?culas favorables al r?gimen fascista que 46 Naharro Calder?n me se?ala que mientras que ?partida? procede de partir, existe tambi?n la palabra partisano, [del franc?s antiguo e italiano antiguo dialectal partisano, variante del italiano antiguo partigiano, de parte, part, del latin pars, part-], palabra utilizada en Italia durante il Risorgimento para identificar a los seguidores de Garibaldi. Se utiliz? posteriormente en Europa para los movimientos guerrilleros durante la Segunda Guerra Mundial desde la Uni?n Sovi?tica, Yugoeslavia, Grecia a Italia y Francia. En la Guerra Civil Espa?ola, lucharon voluntarios de la izquierda italianos en el Batall?n Garibaldi de las Brigadas Internacionales y la canci?n m?s importante de la resistencia italiana contra el nazismo y el fascismo, Bella Ciao dice: ?o partigiano, portami via, o bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao, ciao?. Sin embargo, la palabra no se utiliz? en Espa?a, prefiri?ndose maquis. Adem?s, uno de los m?s conocidos equipos de f?tbol y de baloncesto serbios, el Partizan de Belgrado, fundado el 4 de octubre de 1945, conmemora en su nombre la lucha guerrillera de Tito contra la invasi?n nazi, a su vez, uno de los dirigentes comunistas m?s implicados en la formaci?n de las Brigadas Internacionales en Espa?a. Leonard Cohen tambi?n escribi? y music? un poema titulado ?The Partisan? en homenaje a la resistencia francesa. Algunos de sus versos evocan las sensaciones l?ricas e ?ntimas de Ramiro en Luna de lobos: ?There were three of us this morning / I'm the only one this evening / but I must go on; / the frontiers are my prison?. Sin embargo en mi lectura de Hemingway en For Whom the Bell Tolls, se identifica err?neamente la etimolog?a de partizan: tras la pregunta de Golz ?How do you like partizan work??, el narrador explica que ?[i]t was the Russian term for guerrilla work behind the lines? (7, ?nfasis original). 63 obvian los motivos pol?ticos de la lucha armada. Finalmente, un t?rmino que uso con frecuencia es ?resistente? pues engloba a todos los miembros de la resistencia activa47 incluyendo a los huidos, guerrilleros, enlaces y puntos de apoyo. Con respecto al t?rmino ?guerrilla?, Gabriel H. Lovett se?ala el error con la teor?a de que entr? en la lengua espa?ola durante la Guerra de Independencia como traducci?n de petite guerre aduciendo ejemplos de su uso en textos del siglo XVI. ?Guerra peque?a? fue el significado del vocablo en los siglos XVI-XIX, pero se empez? a combinarlo con partida para formar la frase ?partida de guerrilla? a finales del siglo XIX. No obstante, la frase, que significaba un grupo que entabla escaramuzas con las fuerzas enemigas, se simplificaba muchas veces a ?guerrilla? incluso si manten?a el mismo significado. As? pues al emplear los t?rminos guerrilla o guerrillero, aparece un matiz m?s agresivo que implica la violencia y las t?cticas militares de la guerra irregular usadas para hostigar al r?gimen fascista mediante golpes econ?micos, ejecuciones de colaboradores franquistas, y confrontaciones armadas con las fuerzas represoras, aunque generalmente ?stas se evitasen no s?lo por la desventaja num?rica, sino tambi?n por la necesidad de conservar munici?n. Los escritores e historiadores afines a la dictadura, en cambio, obvian la importancia pol?tica de estas acciones dibuj?ndolas como cr?menes comunes: robos, asesinatos, etc. En cuanto al vocablo ?maquis?, t?rmino franc?s en su origen, lleg? a ser sin?nimo de guerrillero. A pesar de que en el pa?s vecino los grupos de resistencia que luchaban contra los nazis se llamaban ?maquis? y los resistentes ?maquisards?, la palabra maquis se difundi? por la pen?nsula cuando los espa?oles exiliados en Francia cruzaron la frontera espa?ola con armas y consignas. El hecho de que guerrillero y maquis llegaran a 47 La idea de una ?resistencia activa? excluye a personas como los topos. 64 tener el mismo significado se hace evidente en algunas novelas. Por ejemplo, en la de Alfons Cervera se refiere a los resistentes como maquis. No obstante, no hay ninguna indicaci?n de que estos hombres hayan estado en Francia. En Luna de lobos, en cambio, hay un personaje que ha vuelto de Francia con armas y consignas, ?El Franc?s?. No obstante, los dem?s personajes no lo llaman maquis. La diferencia l?xico-sem?ntica entre huido, guerrillero, maquis y quiz?s hasta soldado no es estable y tanto en la vida como en la ficci?n una persona pod?a pasar de una clasificaci?n a otra. La confusi?n sobre el significado de un t?rmino pod?a ocurrir por las semejanzas entre ciertos huidos y guerrilleros o por las diferencias que se destacar?n en Luna de lobos y Soldados de Salamina entre dos grupos de huidos. Los cuatro personajes de Luna de lobos son soldados republicanos que huyen del frente asturiano y llegan a los montes cercanos a sus pueblos.48 Su primera preocupaci?n parece ser su sobrevivencia, sin embargo, emprenden algunas acciones que les asemejan a una guerrilla. Por ejemplo, luchan contra las fuerzas del gobierno, realizan golpes econ?micos secuestrando a personas que apoyaban al r?gimen fascista, y ajustician a traidores. Aunque la novela no destaque la importancia de la selecci?n de un secuestrado, el rico due?o de una mina, para procurarse el dinero preciso para exiliarse, se trata claramente de una figura de opresi?n de los obreros (que conformaron fundamentalmente las filas del ej?rcito republicano) y probablemente representa a un individuo que apoyaba al bando franquista.49 En otro momento bajan al pueblo para realizar lo que se asemeja a los ajusticiamientos que ciertas partidas de huidos y las guerrillas llevaban a cabo. 48 Para Secundino Serrano, ser?an huidos porque no lograron una organizaci?n mayor. No deseo refutar esta clasificaci?n, sino matizarla para dejar claro que el t?rmino huido abarca a personas que act?an de manera muy distinta. 49 Designa un secuestro real contra un miembro destacado de la oligarqu?a leonesa profranquista. 65 Aunque no maten al cura que entreg? a Juan (uno de los huidos) a las autoridades, se vengan al meterle miedo. Le dicen que lo van a matar y le obligan a ir de noche a mostrarles donde est? enterrado el resistente. Adem?s de acciones como ?stas, intentan ponerse en contacto con ?El Franc?s?, un maquis que ha vuelto del pa?s vecino con consignas, pero los guardias impiden la reuni?n. Debido a que no lograron establecer esta relaci?n, la partida de Ramiro no podr?a, seg?n las ideas de Serrano, ser clasificada como una guerrilla.50 Es cierto que sin el contacto externo, no recibir?an ayuda militar (armamento y munici?n) y direcci?n pol?tica de una organizaci?n reconocida. Sin embargo, no han perdido completamente su organizaci?n militar y pol?tica. Haber luchado en el frente de Asturias contra las fueras rebeldes deja claro su intenci?n pol?tica de defender la ideolog?a democr?tica. El golpe econ?mico que realizan sugiere que contin?an esta lucha pues eligen a una persona que probablemente hab?a apoyado la sublevaci?n militar. Tampoco resulta plausible clasificarlos como civiles no militarizados. Es cierto que ya no est?n con su mando, pero respetan una jerarqu?a (Ramiro es el jefe de la partida en la versi?n original) y siguen enfrent?ndose con el mismo enemigo. Adem?s, hay que reconocer que muchas guerrillas que estuvieron vinculadas con organizaciones como la Uni?n Nacional se vieron obligadas a conseguir su propio armamento. A su vez, el ?nfasis que las partidas pon?an en la pol?tica podr?a depender de los esfuerzos propagand?sticos del grupo y de su potencia frente a las fuerzas represoras. En la novela de Manuel Villar Raso, la guerrilla de ?La Pastora? da discursos en los pueblos mientras 50 El t?rmino ?partida? suele ser empleado como sin?nimo de guerrilla, pero Serrano tambi?n lo usa para referirse a un grupo de huidos. 66 mantiene al r?gimen en jaque, pero cuando las fuerzas p?blicas aumentan su represi?n, la partida se ve obligada a romperse en grupos peque?os y esconderse. En contraste con los protagonistas de Luna de lobos, varios personajes de Soldados de Salamina parecen f?cilmente clasificables como huidos puesto que no realizan acciones t?picas de las guerrillas como sabotajes o golpes econ?micos. Incluso si los ?amigos del bosque? tambi?n empiezan como soldados republicanos, resulta m?s claro que son huidos y no guerrilleros ya que no parecen tener otra intenci?n que la de sobrevivir. No s?lo evitan cualquier acci?n ofensiva, sino que protegen a Rafael S?nchez Mazas, un jerifalte falangista huido, hasta la llegada de las tropas sublevadas. La importancia de esta consideraci?n de la terminolog?a se tornar? m?s evidente en los cap?tulos siguientes al analizar c?mo contribuye a caracterizar a los resistentes y su movimiento pues es un aspecto que refleja la memoria colectiva que los artistas captan en sus obras. Al tiempo, estas representaciones afectan la memoria que los lectores y espectadores forman de la lucha guerrillera y sus integrantes. Selecci?n de obras literarias y f?lmicas Al elegir las obras de este estudio, tuve en cuenta que los protagonistas ten?an que ser resistentes (huidos, guerrilleros, puntos de apoyo o enlaces) o miembros de las fuerzas franquistas que luchan contra ellos.51 En los cap?tulos que analizan la evoluci?n de las obras (tres, cuatro, cinco y seis), se incluyen tanto los textos literarios y f?lmicos que se centran plenamente en la resistencia como los que limitan este tema o lo aprovechan como un trasfondo de intriga. Es preciso incluir todas estas obras pues la atenci?n que la 51 Debido a la magnitud de este estudio, no es posible incluir un resumen detallado de cada obra considerada. No obstante, los cap?tulos tres, cuatro, cinco y seis ofrecer?n como parte de la introducci?n a los textos una breve sinopsis. 67 resistencia recibe muestra c?mo cambia la importancia que se le dada en la memoria colectiva. Asimismo, se incluyen en estos cap?tulos obras de ficci?n, documentales y autobiograf?as pues s?lo as? se puede apreciar que aunque el ?ltimo per?odo revela un aumento en el n?mero de pel?culas de ficci?n que muestran que los cineastas empiezan a abandonar la forma tradicional de acercarse a la resistencia ?una mirada formal y dram?tica que respeta una divisi?n entre ficci?n y realidad hist?rica?, el auge en las pel?culas de informaci?n sugiere lo contrario. A pesar de esta diversidad de obras, se omitir?n algunas representaciones literarias y f?lmicas del presente estudio. Debido a mi deseo de centrarme en obras que muestran una resistencia activa nacida durante la guerra civil hasta mediados de los sesenta, excluyo representaciones literarias y cinematogr?ficas sobre personas que resistieron el franquismo de manera pasiva. As? pues, las pel?culas de Fernando Fern?n G?mez, Mambr? se fue a la guerra (1986), sobre un topo que sale de la clandestinidad tras la muerte de Franco y El hombre oculto (1971) de Alfonso Ungr?a que retrata la vida de otro durante la guerra no se analizar?n en este estudio. Tampoco incluyo la pel?cula de Manuel Huerga, Salvador Puig Antich (2006). Si bien el joven anarquista para qui?n el filme fue nombrado emprend?a una lucha activa contra la dictadura, su grupo no se vincula con el fen?meno que se inici? durante la guerra civil y continu? en la posguerra puesto que dicho fen?meno generalmente se considera herido de muerte al principio de los a?os cincuenta y su conclusi?n definitiva se marca con la muerte de Jos? Castro Veiga ?El Piloto? en 1965. La inclusi?n de esta pel?cula podr?a cambiar la forma en que se considera la ?ltima etapa de la evoluci?n de las obras cinematogr?ficas. Como se ver? en el cap?tulo seis, este per?odo muestra una divisi?n entre los cineastas que se acercan a la resistencia con un 68 punto de vista formal y respetan la l?nea entre ficci?n y realidad y otros que la difuminan y exploran otras formas nuevas de tratar el tema como la fantas?a, la parodia y la metaficci?n. As? pues, la inclusi?n de Salvador Puig Antich podr?a hacer que el n?mero de directores de pel?culas de ficci?n que pertenecen al primer grupo fuera m?s grande de lo que realmente es. En algunos casos ha sido dif?cil decidir si incluir un texto o no. Para explicar c?mo tom? estas decisiones comentar? el ejemplo de la novela de Virgilio Botella Pastor, As? cayeron los dados (1959), y la de Anxo Angueira, Pensa nao (1999). Ambas captan la huida de la poblaci?n civil ante el avance de los sublevados, pero incluyo s?lo la segunda por una diferencia que observo entre las dos obras. La novela de Angueira retrata a los habitantes de un pueblo la mayor?a de los cuales apoyan la Rep?blica. El levantamiento militar, la ca?da de varias ciudades importantes incluyendo Vigo y La Coru?a, y las detenciones y fusilamientos que empiezan a ocurrir motivan a varios personajes a intentar pasar a otros pueblos todav?a bajo control republicano o a buscar refugio en los montes de Galicia. Incluso si la novela termina sin retratar la lucha clandestina, dibuja el proceso de su formaci?n y explaya sus causas. La novela de Botella Pastor, en cambio, se inicia con los protagonistas esperando cruzar la frontera francesa. Huyen ante el avance de las tropas sublevadas, pero son refugiados hacia el ?xodo y no resistentes pues no presentan las mismas calidades de las personas que buscaron refugio en los montes y luego se organizaron en partidas y agrupaciones. Aunque hubo casos en que no pude consultar ciertas obras, a?n aparecen en mi bibliograf?a pues espero analizarlas mientras sigo trabajando esta tesis como proyecto de libro. Asimismo, sirven para orientar a otros investigadores que quiz?s sean capaces de 69 ubicarlas. Si el cine de ficci?n goza de una distribuci?n superior a trav?s de salas, tiendas de v?deos, la venta al p?blico o su inclusi?n en fondos de centros de investigaci?n, buena parte de los documentales producidos sobre la resistencia no se distribuyen as? o participan de un circuito m?s limitado. As? pues, despu?s de su emisi?n en la televisi?n o en una conferencia desaparecen. En casos excepcionales, se pueden comprar de sus directores, pero esto supone conocerlos personalmente o poder obtener informaci?n sobre su contacto personal. En otros casos, se vuelve a editar un documental como parte de una colecci?n o por su cuenta, pero aun as?, la distribuci?n no alcanza el mismo nivel que en el cine de ficci?n y, por lo tanto, incluso carecen de copias los centros de investigaci?n.52 La reproducci?n o reemisi?n de documentales tambi?n crea confusi?n pues varias fuentes que consult?, incluyendo libros y p?ginas web, mencionan el documental de Guarner dos veces. Por ejemplo, la bibliograf?a en el libro de Vidal Casta?o incluye dos entradas que se refieren a esta obra. La primera es ?La guerrilla (1981), documental de la serie ?la Guerra Civil espa?ola? producido por RTVE, de una hora de duraci?n, con intervenciones cortas de protagonistas, historiadores y fragmentos de pel?culas? (265, ?nfasis original). Inmediatamente despu?s, se incluye la siguiente entrada: ?La guerrilla, Jos? Luis Guarner (1987), documental realizado por TVE? (Ib?d.). No obstante, al consultar los fondos de las bibliotecas p?blicas de Madrid, encontr? una colecci?n llamada Espa?a: Historia inmediata (1984) cuyo quinto volumen dirigido por Jos? Luis Guarner y distribuido por RTVE se titula La guerrilla: Un estado precario. Despu?s de ver el documental, pude confirmar que era el mismo que se menciona en las dos citas anteriores. As? pues, si bien estas bibliograf?as parciales me han ayudado a formar una 52 A pesar de haber consultado la Filmoteca Espa?ola, la Biblioteca Nacional y las bibliotecas p?blicas de Madrid, no encontr? ninguna copia de Guerrilleros o Quico Sabat?. Sin embargo, se puede visionar estos documentales en www.brightcove.com. 70 lista completa de las obras, tambi?n tienen ciertas limitaciones que se comentar?n en la siguiente secci?n. Estudios anteriores Aparte del texto de Vidal Casta?o, otros libros, como el estudio hist?rico Maquis de Secundino Serrano, y las p?ginas web de ?Marxa Homenatge als Maquis?, la Gavilla Verde, Jos? Mar?a Izquierdo o una dedicada al guerrillero ?Juan?n?, incluyen bibliograf?as de la literatura y cine de la resistencia antifascista.53 Un problema con estas listas es que no abarcan todas las obras que tocan este tema. Tambi?n, suelen incluir una entrada bibliogr?fica parcial y, por lo tanto, aparecen incompletas en mi bibliograf?a cuando no he podido encontrar la informaci?n carente. En muchos casos no se indica la distribuidora y a veces falta el nombre del director o el a?o.54 Adem?s de la bibliograf?a de Vidal Casta?o, la p?gina dedicada a ?Juan?n? menciona el documental de Guarner dos veces. Mientras que la informaci?n sobre el director o el a?o ha sido m?s f?cil de completar, los datos sobre su distribuci?n presentan m?s problemas pues esta informaci?n no suele estar incluida en las bibliograf?as compiladas. Hay dos tesis que analizan algunas de las novelas que se considerar?n en el presente estudio. Incluso si estas dos se acercan a las obras desde la memoria, los enfoques son muy diferentes del m?o. La tesis de Balbina Samaniego sobre tres novelas de Juan Mars?, La muchacha de las bragas de oro (1978), Si te dicen que ca? (1973) y Un d?a volver? (1982), estudia el criterio de narratolog?a que se aplica al tiempo y la 53 Las direcciones de estas p?ginas est?n incluidas en la bibliograf?a secundaria. Aunque incluyen una lista de obras literarias y cinematogr?ficas, no aportan estudios sobre el tema salvo el caso de la p?gina de la Gavilla Verde y la de J. M. Izquierdo. 54 Como he indicado m?s arriba, la falta de informaci?n parece confundir a los propios editores de las listas pues dos de ellas mencionan el mismo documental dos veces. 71 memoria. Samaniego considera el papel de la memoria colectiva y colaborativa en las ?aventis? de Mars?, una especie de pastiche narrativo formado por diferentes textos (mitos, patra?as, comics, cine, historias orales, etc). ?stos, seg?n los define la estudiosa, son historias reales que han sido trasmitidas oralmente aunque el autor ha a?adido una considerable cantidad de ficci?n. La otra tesis que trata el tema de la memoria en los libros de Mars? es la de Meriwynn Ford Grothe. Su estudio tambi?n incluye la narrativa de Eduardo Mendoza, pero no elige la misma novela que voy a incluir en mi estudio. Para plantear un estudio de c?mo la historia de Barcelona se inscribe en la memoria colectiva e imaginaci?n de sus habitantes, Grothe se enfoca en las siguientes novelas: Si te dicen que ca?, Un d?a volver? y La verdad sobre el caso Savolta (1975). Usando la teor?a de Benedict Anderson sobre el nacionalismo como una comunidad imaginada y las teor?as de Maurice Halbwach y Pierre Nora sobre la memoria colectiva, Grothe analiza c?mo estos autores crean comunidades de memoria que escriben su propia versi?n de la historia de su comunidad. Otro estudio tambi?n explora algunas novelas que se incluir?n en este proyecto. La tesis doctoral de Concepci?n Grande-Gonz?lez analiza algunas novelas publicadas despu?s de comenzar el per?odo de la democracia: La Pastora: el maquis hermafrodita (1978) de Manuel Villar Raso, La enredadera (1980) de Eduardo Alonso, La noche espa?ola55 (1981) de Leopoldo Azancot y Luna de lobos (1985) de Julio Llamazares. Aunque tres de estas novelas tratan el tema de la guerrilla antifascista, Grande-Gonz?lez dedica poca atenci?n a los maquis (154-56). Su enfoque, el nuevo historicismo, podr?a haberle permitido considerar c?mo el pasado condiciona la visi?n del presente y c?mo el 55 Aunque la obra de Azancot relata la vuelta a Espa?a de un hombre cuya intenci?n es asesinar a Franco, no parece que el contenido de la novela sea pertinente al presente estudio. As? pues, no se la incluir?. 72 presente afecta la manera en que se acerca al pasado. No obstante, se limita a un an?lisis del realismo y simbolismo en las novelas de Azancot y Villar Raso y al lirismo y subjectivismo en Luna de lobos y La enredadera. Un art?culo que merece menci?n es el de Jo Labanyi que considera c?mo varios novelistas y directores de cine tratan el pasado. Una posibilidad es la negaci?n de la memoria popular, lo cual representa c?mo el Estado suele tratar todo lo que no es la versi?n oficial. Otra opci?n es la de vivir estos recuerdos de manera obsesiva. En este caso el pasado se apodera del presente y se produce una par?lisis. La tercera posibilidad es la de pasar por un per?odo de luto. Esta ?ltima opci?n permite reconocer a los fantasmas como parte del pasado y as?, dejar que descansen en paz. Labanyi, bas?ndose en las ideas de Pierre Nora sobre los lugares de memoria, plantea la importancia de tener un espacio com?n para que la memoria colectiva pueda existir. Se?ala que en Luna de lobos la imagen de la nieve borra las distinciones en el paisaje, lo cual representa una atenuaci?n de la memoria (67). Labanyi tambi?n se apoya en la teor?a de Walter Benjam?n, One-Way Street (1974-1976), de que el historiador rescata trozos de las ruinas del pasado para juntarlos y formar una nueva ?constelaci?n?, la cual permite el discurso de lo que hasta este momento no ha tenido voz. Labanyi conecta esta idea con la narrativa de Mars? explicando que ?the historian?s task is thus, not to put the uprooted fragments of the past back into their context, but to decontextualize even that which has not been reduced to ruins and rubble, allowing new relationships to be created. This, one may note, is exactly what the boys do with their aventis in Mars??s Si te dicen que ca?? (70). Siguiendo la misma l?nea, Labanyi opina que es el estilo discontinuo de ciertas novelas como Si te dicen que ca? lo que permite que los 73 fantasmas del pasado (los ?desaparecidos? Marcos y Aurora) penetren en la narraci?n (68). Los ensayos en Lugares de memoria de la guerra civil y el franquismo: representaciones literarias y visuales tambi?n aprovechan las ideas de Nora para analizar varias obras de la resistencia antifascista. En el estudio de Claudia J?nke, por ejemplo, se se?ala c?mo la guerra civil se despolitiza en las novelas El l?piz del carpintero (2003) y Soldados de Salamina (2001). Seg?n J?nke, el hecho de que en la primera el periodista Sousa comente que no le interesa la pol?tica sino la persona ?marca as? el momento en que nace una memoria despolitizada, netamente cultural de la Guerra Civil? (118). Sus comentarios me servir?n para apoyar mi observaci?n de que tanto en la literatura como en el cine una de las tendencias en el per?odo m?s reciente evidencia un distanciamiento psicol?gico hacia la contienda y el movimiento guerrillero, lo que representa una idealizaci?n de la memoria. Otros estudios menores que tocan la memoria en relaci?n con algunas de las novelas que considerar? en el presente proyecto incluyen el art?culo de Antonio G?mez L?pez-Qui?ones. En su estudio, resalta que al tiempo que la novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina, rescata del olvido al miliciano que salva a S?nchez Mazas, apunta como una condena injusta el olvido en que ?ste ?como escritor? ha ca?do. ?Soldados de Salamina afronta y representa la guerra civil como un pasado traum?tico al que se debe volver, no para reabrir heridas innecesariamente, sino para analizar y pensar sin ning?n tipo de cortapisas? (124). Aprovechando la teor?a de LaCapra, propone que la novela vuelve su mirada hacia el pasado para retrabajar los acontecimientos traum?ticos. A diferencia de G?mez L?pez-Qui?ones, considero que esta obra, tanto en su versi?n 74 novelesca como en la adaptaci?n cinematogr?fica, muestra un distanciamiento psicol?gico y la reactuaci?n del pasado a trav?s de las repetidas descripciones de los acontecimientos narrados. Expondr? argumentos en el s?ptimo cap?tulo. En el estudio ?Maquis? sobre seis novelas de Julio Llamazares, Alfons Cervera, Andr?s Trapiello y C?sar Gavela, Jos? Mar?a Izquierdo considera que estas obras muestran una ?clara intencionalidad ?tica o pol?tica de recuperar para la memoria colectiva la figura ?olvidada? de los guerrilleros antifranquistas? (110). A su ver, ?una caracter?stica de la novela del maquis [es] la metaforizaci?n de su grito, el expresar a trav?s de la literatura la necesidad de no ser olvidados, de no ser manipulados por los vencedores? (114). Algunas citas de las novelas de Cervera y Llamazares muestran la conexi?n entre la memoria y la identidad y la manera en que el olvido funciona como una muerte doble y definitiva. El art?culo de Bertrand Verine analiza Si te dicen que ca?, pero no aporta mucho a mi estudio pues aunque su t?tulo incluye la palabra memoria, el an?lisis no avanza hacia las novelas de la guerrilla. Por su poca utilidad, no recibir? m?s que una menci?n brev?sima. Seg?n Verine, ?la m?moire s?exprime principalment ? travers deux cat?gories d?objets, le type miroir et le type rideau [. . .] tous deux ?voquent [. . .] l?existence de quelque chose de latent, ? dire ou ? taire, dans la conscience troubl?e de tous les personnages? (178). A su vez, los ejemplos que propone no me parecen ni muy convincentes ni muy ?tiles. Algunos textos que no usan teor?as de la memoria pero s? exploran la influencia autobiogr?fica de ciertos autores en sus novelas ser?n importantes para apreciar c?mo las obras captan la memoria del individuo y de su colectivo, un aspecto que explorar? en el 75 s?ptimo cap?tulo. Un art?culo de Shirley Mangini refiere el siguiente comentario que Juan Mars? le hizo en una carta explicando el aspecto autobiogr?fico de Si te dicen que ca?: ?es la historia de mi infancia y mi infancia no fue muy divertida? (citado en ?Infancia? 34). De manera similar, la entrevista que Jos? Mar?a Marco hizo a Julio Llamazares, un art?culo que el mismo novelista escribi? y el estudio de Agust?n Otero se?alan la influencia de historias orales en Luna de lobos. Fuera del campo de la memoria, algunas cr?ticas sobre el maquis en el cine espa?ol dan los pasos previos para el an?lisis de la representaci?n f?lmica del guerrillero antifranquista. En su libro sobre el ?cainismo? en el cine espa?ol, Cain on Screen (1999), Thomas Deveny analiza pel?culas de 1965 a 1986 dirigidas s?lo por espa?oles y producidas en Espa?a o en colaboraci?n con otro pa?s. En su consideraci?n del antagonismo fratricida antes, durante y despu?s de la guerra civil, Deveny dedica un cap?tulo a los maquis. Su exploraci?n de ocho pel?culas ayuda a apreciar la filmograf?a, la banda sonora, y la simbolog?a de las obras. Aunque a veces considera c?mo se representa la lucha clandestina y sus protagonistas, es, sin embargo, un aspecto que no recibe mucha atenci?n. El art?culo de Carlos F. Heredero analiza siete pel?culas favorables a la dictadura y seis que reivindican el combate guerrillero. Su estudio empieza con Dos caminos, pero deja de lado algunas obras que considero fundamentales para comprender la filmograf?a af?n al r?gimen. El estudio m?s amplio que har? en los cap?tulos cinco y seis permitir? que se aprecien algunos aspectos importantes del cine favorable al r?gimen como la divisi?n de los combatientes clandestinos en dos grupos: los arrepentidos y los obstinados. Mientras que los que se obstinan en su ?error? ideol?gico mueren, los 76 resistentes que se arrepienten empiezan una nueva vida dibujada como feliz ahora que se han liberado de unas teor?as que les hab?an enga?ado. Aunque los estudios de Heredero y Deveny terminan con Huidos (1992) y Si te dicen que ca? (1989) respectivamente, el art?culo reciente de Carmen Moreno-Nu?o actualiza la cr?tica de las representaciones cinematogr?ficas hasta 2000. Mientras que ciertas aportaciones de Moreno-Nu?o son acertadas, tal como la comparaci?n entre Torrepartida y la propaganda fascista sobre el Alc?zar de Toledo, otras yerran por obviar pel?culas que muestran lo contrario a sus proposiciones. As? es el caso de su opini?n sobre que las obras f?lmicas y literarias no tratan la figura del maquis que vuelve de Francia: ?Los guerrilleros son siempre republicanos que han huido a los montes escapando de la persecuci?n de las fuerzas franquistas, nunca los soldados mercenarios entrenados en Francia que cruzaron nuestras fronteras en 1944 en las invasiones del Valle de Ar?n? (365). A pesar de que la cr?tica reconoce que la carta de Antonio a su novia Juana, la protagonista de Los d?as del pasado, menciona ?su salida del campo de concentraci?n argelino de Djelfa? y ?sugiere su pertenencia al maquis?, no parece tener en cuenta al desarrollar su proposici?n el ejemplo de un espa?ol que vuelve a su pa?s para reemprender la lucha contra Franco. Otras pel?culas que resaltan la vuelta de resistentes a Espa?a o sus peripecias en Francia intentando orquestar la resistencia antifranquista desde el pa?s vecino incluyen La guerre est finie (1966), Catorce estaciones (1991), Beltenebros (1991) y Terra de canons (1999). En los cap?tulos cinco y seis se se?alar?n otras obras que mencionan impl?cita o expl?citamente la conexi?n con Francia y la situaci?n internacional en general y la vuelta de espa?oles para engrosar las filas de la resistencia del interior. 77 Si bien estos textos avanzan la cr?tica de la representaci?n de la resistencia, tambi?n ponen en evidencia la necesidad de un an?lisis m?s profundo del tema. Mientras que estos estudios suelen dividir las obras en dos per?odos (durante y despu?s de la dictadura de Franco), se observar? en los cap?tulos tres, cuatro, cinco y seis una divisi?n en cinco per?odos. ?stos mostrar?n la evoluci?n de la memoria colectiva a trav?s de las im?genes que autores y cineastas han captado en sus obras. El estudio detallado de las obras literarias y cinematogr?ficas y la consideraci?n de documentales, autobiograf?as y obras de ficci?n permitir?n una visi?n m?s completa de esta evoluci?n y ayudar? a evitar la tendencia a caer en clasificaciones esquematizadas. Aunque los textos escritos o filmados no cambian y, por tanto, para Plat?n estar?an muertos, ?stos ?como se observar? en el cap?tulo siete? parad?jicamente son, precisamente, los que ayudan a mantener viva la memoria colectiva. Antes de llegar al an?lisis del cine y la literatura, sin embargo, conviene ofrecer primero una introducci?n a la resistencia antifascista espa?ola. As? pues, el cap?tulo siguiente explorar? la formaci?n, desarrollo y declive de la lucha guerrillera. 78 Cap?tulo 2. Historia de la resistencia antifranquista Si bien los hechos que habitan entre los pliegues del pasado no cambian, las interpretaciones que se hacen de ellos s?. El caso de la resistencia antifascista no es una excepci?n. Aunque la historia de los maquis se empez? a escribir en 1956 y se contin?a publicando hoy, las voces representativas favorables al r?gimen de Franco se han visto superadas por el n?mero de los textos inclinados a divulgar el punto de vista de los guerrilleros. A modo de introducci?n para facilitar la comprensi?n del contexto hist?rico que forma el trasfondo de las obras de este estudio, se esbozar? la historia de la resistencia que se desarroll? en los montes de Espa?a y en algunas de sus ciudades m?s importantes. Lejos de ser exhaustivo, se limitar?n los comentarios a la explicaci?n de preguntas fundamentales: por ejemplo, c?mo y por qu? surgieron grupos de resistencia, c?mo evolucionaron, qu? objetivos ten?an, y cu?les eran las t?cticas que el gobierno antidemocr?tico us? para luchar contra ellos. Mientras que estos aspectos se relacionar?n con los acontecimientos internacionales, los detalles o casos particulares de la historia de la resistencia se incluir?n en los cap?tulos posteriores cuando sean pertinentes para el an?lisis de una obra. Poco despu?s del levantamiento militar el 17 de julio de 1936, empezaron a surgir en todo el pa?s elementos (huidos, enlaces y, m?s tarde, guerrilleros) de la resistencia antifascista.56 Seg?n Secundino Serrano, ?entre el 50 y el 70 por ciento de los asesinados en la guerra y posguerra lo fueron entre julio y septiembre de 1936? (Maquis 28-29). Este alto ?ndice deja claro el peligro de permanecer en su pueblo o ciudad si exist?a la m?s m?nima sospecha de que aquella persona no apoyaba el ?Glorioso Alzamiento?. Se pod?a 56 Anteriormente, parte de la izquierda y el nacionalismo catal?n hab?an fomentado en octubre de 1934 otro golpe. En aquella ocasi?n, el ej?rcito fue fiel a las instituciones republicanas. 79 ser ajusticiado meramente por ser un desafecto al ?Movimiento?.57 Tambi?n la ?justicia? se imparti? retroactivamente y, por lo tanto, se pod?a juzgar y condenar a los que tuvieron alg?n v?nculo con el levantamiento de 1934. Para evitar represalias que inclu?an la tortura o la muerte, muchas personas se escondieron en el monte. Se suele denominar a estos individuos como ?huidos?. Para Serrano, este t?rmino designa a aqu?llos ?que se acantonaron en las monta?as y que no consiguieron organizarse pol?tica y militarmente durante la guerra y la primera posguerra? (34).58 Bajo esta clasificaci?n habr?a que incluir no s?lo a los civiles que hab?an ocupado cargos en el gobierno de la Rep?blica, sino tambi?n a los soldados que se quedaron atrapados tras el avance de las tropas rebeldes. Por ejemplo, cuando cay? el frente de Asturias en 1937, grupos de combatientes se quedaron aislados en las monta?as. Serrano indica que ciertos testimonios hablan de 9.000 hombres vagando por las monta?as. 57 Para crear una atm?sfera de terror y una impresi?n de dominio, el general Mola incitaba al asesinato de cualquier persona abierta o secretamente af?n al Frente Popular (Thomas 249). Los rebeldes no s?lo actuaban duramente con el enemigo, sino adem?s abiertamente, exponiendo los cad?veres de los asesinados (248). 58 Aunque el tema que interesa aqu? es la represi?n franquista y su efecto en la creaci?n del movimiento guerrillero, tambi?n hay que se?alar los hechos violentos que ocurrieron en la retaguardia republicana. En ciertos cuarteles y varios buques de guerra, soldados y marineros mataron a los oficiales que hab?an anunciado su apoyo a la sublevaci?n. Entre los civiles, miembros de la Iglesia, de las clases medias y altas o de la derecha en general fueron asesinados por grupos que actuaban al margen del gobierno como ciertos afiliados a la CNT en partes de Andaluc?a. En otros casos, los grupos popularmente llamados ?checos?, que indicaron sentencias de muerte con la letra ?L? de libertad seguida de un punto final, tuvieron acceso a archivos del ministro de la Gobernaci?n y algunos de los l?deres de dichos grupos consiguieron puestos de responsabilidad en la polic?a republicana despu?s de restaurarse el orden (Thomas 263-65). Aunque Hugh Thomas indica que cuando no se celebraba consejo de guerra en el bando fascista, no hab?a registro de ejecuciones (253), Gabriel Jackson se atreve a ofrecer cifras de las v?ctimas en cada retaguardia. Cita el n?mero de nacionalistas paseados en el bando republicano en 20.000, cantidad que a Thomas le parece optimista pues el Santuario Nacional en Valladolid indica 54.594 y otras cifras que contrasta van de 65.000 a 85.940 (259). Esta ?ltima cifra se corresponde con el informe de la Causa General, iniciado por el r?gimen franquista en 1940 para documentar las represalias en zona republicana y justificar la represi?n simult?nea y posterior. No obstante, este n?mero se aument? para no causarle a Franco un disgusto mayor (Espinosa 155). Los sublevados, seg?n Jackson, ejecutaron a 200.000 republicanos durante la guerra y otros 200.000 o murieron de enfermedades entre 1939-1943 (539). Hoy se barajan todav?a cifras incompletas a falta de la apertura de m?ltiples archivos. Entre 20.000 y 40.000 en la zona republicana, 100.000 a 150.000 en la zona franquista y de 50.000 a 100.000 despu?s de la guerra. Para una visi?n m?s reciente ver Montse Armengou y Ricard Belis, Antony Beevor, Juli?n Casanova, Santos Juli?, y Emilio Silva y Santiago Mac?as. 80 Aunque reconoce que las cifras parecen exageradas, resalta que muestran la importancia del contingente de huidos que exist?a en Galicia, Asturias y Le?n (41). Muchos fueron detenidos o asesinados en el monte, pero otros, tal como los cuatro personajes de Luna de lobos, se esforzaron en volver a territorio familiar donde pod?an defenderse mejor. As? muchos huidos intentaron permanecer cerca de parientes y amigos que les facilitaban alimentos e informaci?n sobre los movimientos de las fuerzas represoras. Sin embargo, hab?a resistencia por parte de los partidos pol?ticos a formar guerrillas.59 El primer esfuerzo por organizar a los huidos sali? de un brillante estratega del ej?rcito republicano, el Jefe de Estado Mayor, coronel Rojo. A finales de 1936, solicit? la organizaci?n de guerrillas en Extremadura vinculadas al Ej?rcito Popular de la Rep?blica (XII Brigada Internacional y al 5? Regimiento). En septiembre de 1937 Juan Negr?n, Jefe del Gobierno y Ministro de Defensa en aquel momento, cre? el XIV Cuerpo de Ej?rcito Guerrillero, cuyo n?mero se tom? del desaparecido ej?rcito republicano vasco. Tras un curso de instrucci?n en t?cticas guerrilleras de ocho semanas realizado en Benim?met (Valencia), este Cuerpo empez? a actuar en cuatro zonas: Andaluc?a, Arag?n, Centro y Extremadura. A corto plazo, las metas del grupo consist?an en dificultar los movimientos del enemigo y, a largo plazo, se consider? que podr?a encabezar una guerra de guerrillas si los republicanos perd?an la contienda. Efectivamente, la entrevista que Jos? Antonio Vidal Casta?o60 le hace a Adelino P?rez Salv? muestra la importancia que esta escuela tuvo en la preparaci?n de los 59 ?Puede afirmarse rotundamente que exist?a una manifiesta hostilidad del PCE y una parte del Partido Socialista Obrero Espa?ol (PSOE) hacia la hipot?tica formaci?n de unidades guerrilleras y, mucho m?s, a otorgar carta de naturaleza administrativa a esos soldados sin ej?rcito desperdigados por todo el pa?s? (Serrano, Maquis 44). 60 Aunque en la primera parte del libro el autor da algunos detalles hist?ricos y discurre brevemente sobre teor?as de la memoria, considero, como principal valor de su obra, las entrevistas que el autor incluye en la segunda parte. Por eso, el texto aparece como fuente primaria en la bibliograf?a. 81 resistentes antifascistas. Despu?s de estudiar en la escuela y luchar en el XIV Cuerpo de Ej?rcito Guerrillero, Adelino P?rez particip? en el maquis franc?s, la invasi?n del Valle de Ar?n y fue miembro de la Agrupaci?n de Levante y Arag?n (AGLA). Otros guerrilleros destacados, como Cristino Garc?a y Pelegr?n P?rez, quienes mandaron por un tiempo la guerrilla madrile?a y la AGLA, respectivamente, tambi?n empezaron su formaci?n guerrillera en esta escuela. Asimismo, su existencia se recoge en obras de ficci?n como La voz dormida de Dulce Chac?n. Al principio, la primera preocupaci?n de los que subieron al monte era su supervivencia. Los huidos, a veces llamados ?los del monte?, se dedicaban a defenderse o a organizar redes de evasi?n. Seg?n Serrano, la pluralidad de los grupos y la falta de una organizaci?n pol?tica cortaron la posibilidad de cualquier pretensi?n de acci?n ideol?gica. A pesar ello, el historiador se?ala actuaciones pol?ticas como la toma de Lago de Carucedo, un pueblo cerca de Ponferrada, o San Telmo, una barriada del pueblo de Cortejada. Durante la ocupaci?n de Lago de Carucedo, la cual coincidi? con el octavo aniversario de la proclamaci?n de la Segunda Rep?blica, los huidos mataron a ocho vecinos.61 Condenaban a muerte a las autoridades locales y a las personas que colaboraban con ellos (23). Este ejemplo muestra que los emboscados respond?an con la muerte a la violencia hacia ellos y las represalias contra sus amigos o parientes. Frente a la agresividad de estos grupos galaico-leoneses, otros huidos, como los de Asturias, fueron m?s pasivos pues apenas ten?an proyecto pol?tico ni llevaban a cabo acciones de estilo guerrillero. Los socialistas del monte generalmente optaban por una tenue resistencia debido a la influencia de sus dirigentes en el exilio, contrarios a la realizaci?n 61 Durante la guerra y posguerra, la realizaci?n de acciones en aniversarios significativos minaba el intento de Franco de consolidar su poder y recordaba al pueblo espa?ol que hab?a gente que se negaba a someterse. 82 de acciones armadas por el temor a que ?stas pudieran legitimar al franquismo ante las democracias. Tras un segundo intento de llegar a Portugal iniciado en mayo de 1940, huidos de Asturias, Le?n y Galicia se concienciaron de la necesidad de acabar con la provisionalidad. Hasta aquel momento se hab?an formado partidas ocasionales que se disolv?an una vez que se cumpl?an los peque?os objetivos. Marcelino Fern?ndez Villanueva y Manuel Gir?n Baz?n, l?deres de Asturias y Le?n, respectivamente, dirigieron y organizaron la actividad de los colectivos en el noroeste de la pen?nsula. Los resistentes de esta zona dieron se?ales de organizaci?n antes que los grupos del resto del pa?s. Al comienzo del verano de 1941, se aprobaron las primeras reglas que inclu?an la obligaci?n de presentar cuentas de los gastos para evitar dispendios y as? reducir los golpes econ?micos. La Direcci?n Ambulante, integrada por estos dos hombres, ten?a como meta la coordinaci?n de la organizaci?n guerrillera y el establecimiento de contactos entre los huidos aislados y los diferentes grupos que operaban por El Bierzo, la Cabrera y el este de Orense. Tambi?n organizaron una red de enlaces cuyo objetivo era infiltrarse en las fuerzas represivas. La organizaci?n de este grupo aument? hasta bautizarse en la primavera siguiente como Federaci?n de Guerrillas de Le?n-Galicia. Fundada por individuos de diversas ideolog?as izquierdistas, este colectivo result? ser la primera organizaci?n estrictamente guerrillera-resistente de la posguerra. En el Congreso fundacional aprobaron unos estatutos que inclu?an la b?squeda incansable del apoyo del pueblo puesto que era preciso explicarle cu?l era el prop?sito de la lucha. La Federaci?n intent? ponerse en contacto con huidos asturianos para dar paso a la anticipada Federaci?n de Guerrillas del Noroeste 83 de Espa?a. Aunque el esfuerzo fracas?, se entabl? un di?logo con Sir Alexander Easton, quien figura como personaje en El a?o del Wolfram, aunque su identidad no se revela hasta el final y a?n as? de forma ambigua.62 Easton, probablemente un agente del espionaje brit?nico, adem?s de servir en sus viajes a Madrid como enlace de la Federaci?n y los partidos pol?ticos, entre ellos el PCE, proporcion? a ?sta una radio y una multicopista. As?, el 1 de abril de 1943 empez? a publicarse El Guerrillero. Aunque hab?a grupos de huidos en muchas partes del pa?s, a esta altura de la posguerra s?lo exist?a una organizaci?n guerrillera m?s en toda Espa?a: El Comit? de Milicias Antifascistas de Asturias, que se fund? en agosto de 1943. No obstante, fuera del pa?s se empezaron a formar otros grupos. En Francia, se apreciaron los primeros atisbos de una actividad clandestina por parte de los espa?oles en septiembre de 1940 y el verano siguiente, aflor? una m?nima oposici?n en varios departamentos franceses. No obstante, los comunistas que participaban en esta fase inicial lo hac?an a nivel individual pues la ruptura del pacto germano-sovi?tico63 no se hab?a producido a?n. Esta situaci?n cambi? el 24 de junio de 1941, cuando dos d?as despu?s de la invasi?n nazi de la Uni?n Sovi?tica, el PCE, PSUC y JSU hicieron un primer ?llamamiento a la Uni?n Nacional?.64 El ?Manifiesto de la Uni?n Nacional?, escrito en septiembre del a?o siguiente, abr?a el abanico a mon?rquicos y carlistas y exclu?a s?lo a franquistas y falangistas. En la asamblea fundacional los miembros eran de diversos partidos y sindicatos, pero salvo los del PCE y el PSUC, s?lo militantes poco destacados de otros grupos participaron en la nueva organizaci?n a t?tulo individual. 62 Asimismo, aparece como personaje en El puente de hierro. 63 El pacto de ?no agresi?n? germano-sov?tico del 23 de agosto de 1939 facilit? la conquista de Polonia por ambas potencia y la anexi?n de los estados b?lticos (Estonia, Latvia, Lituania) junto a la invasi?n de Finlandia por parte de la U.R.S.S. 64 Algunos autores usan el nombre completo de Uni?n Nacional Espa?ola (UNE). 84 La importancia que la presencia espa?ola en la Resistencia francesa tendr?a en el desarrollo de la lucha clandestina en Espa?a se aprecia en varios aspectos que incluyen la adquisici?n de armamento, la formaci?n en escuelas guerrilleras y mediante la experiencia real, el desarrollo de l?deres curtidos y la renovaci?n del esp?ritu de lucha. Mientras que unos republicanos perec?an en c?rceles o campos de concentraci?n franquistas, otros mantuvieron viva la llama de la resistencia. Tras la creaci?n de un Estado Mayor, Jes?s R?os Garc?a, que asumi? el cargo, denomin? a su unidad la 234? Brigada, que era el nombre del grupo que mandaba en Espa?a, de manera que simb?licamente la lucha en Francia contra los nazis fue una continuaci?n de la guerra civil. Asimismo, el XIV Cuerpo de Guerrilleros Espa?oles tom? su nombre en homenaje al XIV Cuerpo de Ej?rcito Guerrillero. Aunque hubo claras diferencias entre la lucha en Francia y la que luego se desarrollar?a en Espa?a, la oportunidad de ensayar t?cticas guerrilleras fue una gran ventaja a la hora de traspasar la frontera. Los espa?oles, aprovechando la libertad que sus trabajos en las explotaciones forestales (chantiers) y los pantanos (barrages) les permit?an, realizaban sabotajes, golpes econ?micos y otros atentados que interrump?an la producci?n y frustraban la dominaci?n nazi. Se crearon algunos centros de formaci?n guerrilleros como la Escuela Central de la Monta?a Negra en el Aude y Forcat en el Ari?ge donde se adiestraba a espa?oles y franceses. Aunque desde 1944, los guerrilleros empezaron a recibir armamento lanzado de los aviones ingleses, los comentarios de Jos? Antonio Alonso resaltan la desconfianza de los Aliados hacia los guerrilleros espa?oles y atribuyen el hecho de que recibieran armas a una confusi?n producida por su nombre de 85 guerra franc?s, ?Comandante Robert?.65 As? pues, la colaboraci?n entre franceses y espa?oles y el papel que ?stos tuvieron en la liberaci?n de Francia animaron a los espa?oles a pensar que la ayuda prestada a sus vecinos ser?a rec?proca y que otro triunfo sobre el fascismo ser?a posible en Espa?a. La planificaci?n de la invasi?n del Valle de Ar?n, llevada a cabo por la UNE en octubre de 1944, se basaba, en parte, en la err?nea creencia de que los Aliados, una vez derrotada la amenaza nazi, entrar?an en Espa?a para acabar con el ?ltimo l?der fascista.66 Los objetivos de dicha invasi?n inclu?an la toma de varios pueblos de esta parte del pa?s, aislados por la nieve invernal, para establecer un gobierno republicano provisional y una emisora de radio que inspirase a las democracias para intervenir en la liberaci?n de Espa?a. Por su parte, el pueblo espa?ol se levantar?a contra el dictador. No obstante, Jes?s Monz?n, el jefe comunista de la operaci?n no pudo o no supo apreciar la situaci?n dentro del pa?s ni a nivel internacional. Aunque los guerrilleros lograron tomar varios pueblos, no se hicieron con ciertos puntos estrat?gicos, lo cual puso en peligro su conexi?n con Francia y oblig? a una retirada r?pida. A los diez d?as, el 28 de octubre, la incursi?n termin? en un rotundo fracaso.67 Aunque varios aspectos de la invasi?n se criticaron posteriormente, el hecho de que ocurriera en octubre de 1944 no es azaroso, sino que tiene mucho sentido al ver que la operaci?n se empez? a planificar tras la invasi?n de Normand?a fund?ndose en la 65 V?ase la entrevista en el Ap?ndice E. Alonso, el jefe del Estado Mayor de la 3? Brigada que liber? Foix, tambi?n particip? en la invasi?n del Valle de Ar?n comentada abajo. Otros h?roes de la Resistencia francesa incluyen a Cristino Garc?a Granda y Jos? Vitini Flores, cuyos nombres volver?n a aparecer al comentar sus papeles respectivos en la guerrilla madrile?a. 66 Se pone de manifiesto en muchas novelas, como Maquis, y estudios, como el de Andr?s Sorel. No obstante, la realidad dentro de Espa?a era diferente de esperada y poco a poco se hizo evidente que los Aliados prefer?an antes a Franco que la posibilidad de que Espa?a se convirtiera en una naci?n comunista. 67 ?La frustrada ocupaci?n del Valle de Ar?n [. . .] proporcion? una inesperada victoria propagandista al franquismo, justific? el desarme de los espa?oles por las autoridades francesas y el cambio del liderazgo del PCE en Francia? (Naharro Calder?n y Garc?a 102). 86 esperanza de que los Aliados les ayudar?an. Asimismo, fue un momento en el que se pudo aprovechar la presencia en el sur de Francia de muchos espa?oles con experiencia guerrillera y la moral alta por la liberaci?n de Francia. Seg?n Pedro Galindo, el jefe de una guerrilla entrevistado en Las ilusiones perdidas de Eugenio Monesma, a los 18.000 guerrilleros que hab?an conseguido la liberaci?n de Francia se hab?an unido tres veces m?s de espa?oles. Serrano, ofreciendo una cifra m?s moderada, considera que en agosto de 1944 hab?a unos 10.000 guerrilleros espa?oles en toda Francia (La ?ltima gesta 398). Seg?n se indica en Las ilusiones perdidas, Roosevelt barajaba la invasi?n de la pen?nsula, pero temiendo que el comunismo se implantase en ?sta, desisti?.68 El r?gimen divulg? el ataque como una sorpresa, pero en realidad el gobierno franc?s avis? a Franco y los guerrilleros no escondieron sus planes. Actuando como enlace de informaci?n entre los guerrilleros espa?oles y las fuerzas aliadas, Milton Wolff, quien hab?a sido el ?ltimo comandante de la Brigada Lincoln en la Guerra Civil Espa?ola, inform? a los mandos aliados con la esperanza de que les ayudaran a acabar con la dictadura de Franco (S?nchez Cervell? 66-67). Esta nueva traici?n fue la primera se?al de que las democracias occidentales no estaban dispuestas a intervenir en el llamado ?problema espa?ol?. Aunque durante los dos a?os siguientes los resistentes creyeron tener apoyo internacional, a finales de 1946 estaba claro que no recibir?an ayuda. El fracaso tambi?n esclareci? otros problemas graves ignorados por los dirigentes de la UNE que redundar?an negativamente en el fomento de una resistencia armada. En Espa?a no exist?an en aquel momento las organizaciones pol?ticas y sindicales necesarias 68 John P. Parry, uno de los entrevistados en este documental, opina que el Ej?rcito estadounidense prefiri? no abrir un frente en su retaguardia. Asimismo, afirma que los americanos estaban m?s interesados en ser los primeros en llegar a Berl?n que en ayudar a los espa?oles a derrocar a Franco. El documental tambi?n se?ala c?mo tampoco se cumpli? la palabra ambigua de De Gaulle. Galindo menciona su promesa de liberar Espa?a porque ellos hab?an ayudado a los franceses a retomar su pa?s. 87 para organizar a las masas. El pueblo, diezmado por la guerra civil, tampoco hab?a escuchado nada sobre los planes de enfrentarse al dictador y reaccion? con reticencia a las sugerencias de adhesi?n a la insurrecci?n. Aunque la mayor?a de los guerrilleros (6.000-7.000)69 que participaron en la operaci?n volvieron a Francia, unos doscientos evitaron la muerte y la detenci?n, logrando contactar con los huidos de diferentes partes de Espa?a. Habr?a que sumar a este n?mero, los peque?os grupos de guerrilleros que penetraron en el pa?s desde 1941-1942, a veces de manera espont?nea, aunque en general como consecuencias de las primeras infiltraciones organizadas por los comunistas (Serrano, Maquis 76).70 Tambi?n, el ?goteo? de maquis se hizo masivo despu?s del fracaso de la invasi?n del Valle de Ar?n.71 Adem?s de organizar los territorios de huidos, ?quellos tambi?n crearon agrupaciones guerrilleras en lugares donde apenas hab?a emboscados. El ejemplo m?s pertinente ser?a en Levante. A pesar de que la Uni?n Nacional Espa?ola fue, seg?n Rafael G?mez Parra, la primera organizaci?n que plante? la formaci?n de un Ej?rcito guerrillero (22), otros grupos nacieron con la intenci?n de detentar el poder. Las mismas luchas que exist?an antes de estallar la guerra continuaron en la posguerra. Aunque la UNE era, en teor?a, un grupo plural, sus l?deres (Jes?s Monz?n, Jos? Vitini, Cristino Garc?a) eran principalmente comunistas. Incluso despu?s del fracaso del Valle de Ar?n, la hegemon?a sigui? en manos 69 Serrano explica que adem?s de los 3.000 o 4.000 que entraron en el Valle de Ar?n, otros 3.000 guerrilleros pasaron a Espa?a en otro punto de la frontera (Maquis 135). Aparte de la invasi?n principal y las dos de apoyo (que entraron a principios de septiembre para proteger los flancos de lo que ser?a la incursi?n primordial), hubo otros avances y retiradas a lo largo de la frontera en fechas diferentes para confundir a las tropas franquistas. El texto de S?nchez Cervell? se?ala que s?lo durante la noche del 18 al 19 de octubre unos 3.500 hombres penetraron en el pa?s (66). 70 Frente a los a?os que propone Serrano, S?nchez Cervell? considera que el PCE introduc?a guerrilleros al interior desde 1939 (62). 71 Con el contacto entre los que hab?an luchado como maquisards y los resistentes dentro de Espa?a, el vocablo maquis entr? en la pen?nsula y lleg? a ser sin?nimo de guerrillero. 88 del PCE. Aunque la orden de invadir sali? de Jes?s Monz?n, la de retirada parti? de Santiago Carrillo, el cual se apropi? del liderazgo comunista entrando en el Valle de Ar?n para hacer la orden efectiva.72 La reafirmaci?n del PCE en la UNE en septiembre de 1943 fue contestada con la formaci?n por la mayor?a de la oposici?n antifranquista de la Junta Espa?ola de Liberaci?n (fundada primero en M?xico en noviembre de 1943 y refrendada despu?s en Toulouse en agosto de 1944) y posteriormente con la Alianza Nacional de las Fuerzas Democr?ticas.73 La ANFD fue un grupo formado por el PSOE, la UGT, la CNT y varios partidos republicanos burgueses en septiembre de 1944. No obstante, sus miembros no hicieron nada y fiaban todo a los Aliados (Serrano, La ?ltima gesta 352). Las aguas volvieron a un cauce unitario cuando el PCE opt? por disolver la UNE en junio de 1945 e incorporarse a la ANFD en febrero del a?o siguiente. No obstante, hacia mediados de 1947 las siglas de la ANFD desaparecen de las reivindicaciones de las acciones de la AGLA y, seg?n S?nchez Cervell?, la organizaci?n vive su agon?a en 1948 (60). A mediados de los a?os cuarenta, la lucha clandestina vive su apogeo.74 Los l?deres comunistas enviados por la UNE tras el fracaso del Valle de Ar?n empiezan a llegar a diferentes partes de la pen?nsula, incluyendo la zona levantina, donde organizan a los huidos que actuaban desde la guerra pero sin una estructura estable. La presi?n para adherirse a la Agrupaci?n se hace manifiesta en el caso de ?Petrol?, el jefe de una de las 72 Monz?n, uno de ?los pocos dirigentes que continu? en Espa?a cuando los dem?s huyeron a ponerse a salvo, fue relevado de su cargo en el partido y se le comunic? adem?s que deb?a regresar a Francia para justificar sus acciones? (Serrano, Maquis 141). Temiendo represalias, el ex l?der intent? retrasar su vuelta. Despu?s de su detenci?n en Barcelona, fue condenado a treinta a?os en 1948, pero s?lo sirvi? diez. 73 Otra creaci?n que form? parte de esta disputa por la hegemon?a fue la fundaci?n de la Junta Suprema de Uni?n Nacional por parte de los comunistas. 74 Seg?n S?nchez Cervell?, los maquis fueron perseguidos con amplia brutalidad desde 1939 a 1943 y de marzo de 1947, fecha de la Doctrina Truman, hasta la evacuaci?n de la AGLA (1951-1952). En cambio, entre 1943 y principios de 1947 la persecuci?n fue moderada (405). 89 partidas aut?ctonas de la regi?n. Este militante de la CNT se neg? a someterse a la jerarqu?a comunista y fue eliminado el 24 de diciembre de 1946. Su muerte se present? como un accidente en El Guerrillero, pero posteriormente la c?pula guerrillera decidi? destruir estos ejemplares del ?rgano propagand?stico y asumi? su muerte, aunque sigui? present?ndolo como un delincuente com?n. A pesar de que los comunistas desconfiaban de la CNT como organizaci?n, muchos guerrilleros provenientes del sindicato anarcosindicalista llegaron a ocupar puestos de importancia en la Agrupaci?n como Jes?s Caelles, jefe del 23 sector y no menos de 61 miembros de la CNT se encuadraron en la Agrupaci?n Guerrillera de Levante (AGL) (S?nchez Cervell? 115). Tambi?n hubo casos que muestran la colaboraci?n de la Agrupaci?n con el sindicato pues en febrero de 1946, el jefe de la Agrupaci?n env?a a ?Delicado? a comprar armas a la CNT. En la primavera de 1945, se lanz? un manifiesto anunciando la creaci?n de la AGL. Esta organizaci?n, que llegar?a a ser la m?s numerosa y eficaz, naci? con unos 90 guerrilleros y estaba constituida en tres sectores que fueron el 5, 11 y 17.75 En 1947, cuando la Agrupaci?n contaba con 215 hombres, el 17 sector se dividi? en dos dando luz al 23 sector y un cambio de nombre. A partir de entonces, la organizaci?n se conoci? como la Agrupaci?n Guerrillera de Levante y Arag?n (AGLA). El momento de mayor actividad de la AGLA fue la ?Ofensiva de Primavera? de 1947. Para hostigar al r?gimen fascista, se realizaron sabotajes, ocupaciones de pueblos, golpes econ?micos, ejecuciones de colaboradores franquistas, y se sostuvieron numerosos enfrentamientos con las fuerzas p?blicas. 75 Los sectores o brigadas se divid?an en batallones, luego en compa??as y finalmente en secciones. Los l?deres fueron casi exclusivamente hombres fieles al Partido Comunista. No obstante, muchos guerrilleros pertenec?an a la CNT o no ten?an partido. 90 En abril de 1945 se cre? la Agrupaci?n Guerrillera de Alto Arag?n (AGAA) cuyo objetivo fue proteger la zona fronteriza de manera que los enlaces pudieran pasar de Francia a varios puntos en el interior de la pen?nsula. La necesidad de facilitar el tr?nsito explica por qu? los maquis manten?an un bajo perfil en esta zona pues la realizaci?n de sabotajes, golpes econ?micos, etc., habr?a atra?do a las fuerzas p?blicas. Aunque se intent? crear una guerrilla alrededor de la capital aragonesa, detenciones masivas (258 personas), debido a un infiltrado, impidieron su creaci?n. Al tiempo, la influencia del Partido Comunista afloraba en otras agrupaciones de la pen?nsula. Jos? Mar?a Urquiola Iglesia lleg? a los montes en junio de 1943 con la misi?n de reestablecer el Partido en Asturias y ponerse en contacto con los resistentes en el noroeste de Espa?a. Aunque hasta 1944 no hab?a relaciones estables entre la Federaci?n de Guerrillas de Le?n-Galicia y el Partido Comunista, estos contactos, parad?jicamente, produjeron las fisuras iniciales en la Federaci?n. La incompatibilidad de los prop?sitos de los socialistas y comunistas se vio tambi?n en el Comit? de Milicias Antifascistas de Asturias. Unos cuatro meses despu?s de formar esta organizaci?n conjuntamente, los socialistas se retiraron de ella debido al intento de varios comunistas de intregrar al Comit? en la Junta Suprema de Uni?n Nacional. Mientras que los comunistas ten?an pretensiones ofensivas de una insurrecci?n nacional, los socialistas asturianos y los dirigentes del PSOE en el exilio favorec?an una posici?n pasiva y fundamentalmente pol?tica. Ante la pasividad de los socialistas, la hegemon?a de la resistencia asturiana pas? a los comunistas que en 1944 crearon un Comit? Regional con jurisdicci?n sobre Asturias, Santander y Le?n. Una de las guerrillas que actu? en esta zona fue la Brigada 91 Machado compuesta por unos cuarenta resistentes incluyendo a Jes?s de Cos Borbolla, Felipe Matarranz Gonz?lez, Juan Fern?ndez Ayala ?Juan?n? y Francisco Bedoya. Los ?ltimos dos, que llegaron a tener una fama legendaria por haber sobrevivido en los montes hasta una fecha muy tard?a (1957), aparecen como personajes en En un viejo pa?s. Felipe Matarranz, por su parte, public? los recuerdos de su participaci?n en la guerra civil y su experiencia como enlace y guerrillero de esta brigada en 2005.76 Mientras tanto la Federaci?n de Guerrillas de Le?n-Galicia celebr? el Tercer Congreso en el mes de septiembre de 1943 con el prop?sito de solucionar la cuesti?n de la adhesi?n a la UNE. Tras haber rechazado una invitaci?n inicial, los guerrilleros aceptaron la incorporaci?n al ver pruebas de que en la UNE participaban PSOE, UGT y CNT aunque esto fuera una verdad a medias. A partir de 1943 se dieron los primeros pasos para afiliar a las partidas de La Coru?a y Lugo a la Federaci?n. No obstante, los comunistas aumentaron en n?mero a partir de 1944 y se inici? una lucha por el poder entre la Federaci?n y el reci?n constituido Ej?rcito Guerrillero de Galicia (creado bajo la tutela del Partido Comunista). En marzo de 1945, se incorpor? un l?der comunista, Francisco Elvira Cuadrado, al Estado Mayor de la Federaci?n para evitar la fractura de ?sta. Aunque representantes de los diferentes destacamentos de la zona se reunieron en julio de 1946 y aprobaron la adhesi?n a la ANFD, la escisi?n de los comunistas pareci? definitiva cuando al mes siguiente crearon en Orense, donde operaba la 2? Agrupaci?n de la Federaci?n, su propio grupo con el mismo nombre. En el resto de la pen?nsula se produjo el mismo fen?meno de huidos que luego se organizaron en agrupaciones. Puesto que los ejemplos del noroeste de la pen?nsula y la zona levantina sirven para dar una idea del desarrollo de las guerrillas, no se aportar?n 76 V?ase la entrevista en el Ap?ndice E. 92 m?s que unas pinceladas sobre la resistencia en el resto de Espa?a. En Extremadura, La Mancha y Andaluc?a, huidos de la guerra, soldados del derrotado ej?rcito republicano, evadidos y liberados de los centros penitenciaros contribuyeron a formar grupos de resistencia. El n?mero de militantes comunistas procedentes de Francia, sin embargo, fue menor en el centro de la pen?nsula que en el noroeste y el Levante. Uno de los l?deres m?s importantes del centro fue Joaqu?n Ventas Cita ?Chaquetalarga?, cuya partida actuaba en las provincias de Badajoz, C?ceres, Ciudad Real y Toledo. Otros l?deres en esta zona incluyen a Jes?s G?mez Recio ?Quincoces?, Eugenio S?nchez ?Rubio de Navahermosa?, Jos? M?ndez Jaramago ?Manco de Agudo?, y Pedro D?az Monje ?Franc?s?. La formaci?n de la 1? Agrupaci?n (C?ceres-Toledo) del Ej?rcito Guerrillero de la Zona Centro se acord? entre ?Franc?s?, ?Quincoces? y dos m?s el 14 de noviembre de 1944. Sus tres divisiones, un total de 120 hombres, fueron encabezadas por estos dos y ?Chaquetalarga?. De las cinco agrupaciones del Ej?rcito, la 4? Agrupaci?n de Gredos (?vila-Madrid) dej? de existir en el verano de 1947 y las otras fueron desarticuladas casi definitivamente al final de este a?o debido al acoso de las fuerzas represoras, el mayor n?mero de delatores y confidentes (en comparaci?n con otras zonas) y las fricciones entre jefes. En Andaluc?a, C?rdoba fue la provincia m?s activa, pero tambi?n hab?a grupos que operaban en Granada, el noreste de M?laga y desde el suroeste de la misma provincia hasta el sureste de C?diz. A pesar de su ubicaci?n en la comunidad andaluza, la provincia de C?rdoba formaba parte del Ej?rcito Guerrillero de la Zona Centro. Incluso cuando se form? el Ej?rcito de Andaluc?a, los resistentes cordobeses se relacionaron m?s con Ciudad Real y Badajoz que las provincias andaluzas. Los maquis de esta zona 93 normalmente estaban huidos desde la guerra, pero algunos de los dirigentes de la zona de Granada-M?laga ?siguiendo un plan del Partido Comunista? proven?an del norte de ?frica, donde estuvo durante un tiempo el secretario general del PCE, Santiago Carrillo. La vida de la 3? Agrupaci?n (C?rdoba) del Ej?rcito Guerrillero de la Zona Centro fue ef?mera, naciendo en mayo de 1946 y extingui?ndose a partir de 1947.77 Asimismo, la Agrupaci?n Granada-M?laga se organiz? a comienzos de 1946, pero ces? de tener l?deres de relieve para dirigir la resistencia en ambas provincias en enero de 1947.78 Aunque la guerrilla antifranquista fue principalmente una resistencia rural favorecida por zonas despobladas con libertad de movimiento y la mejor protecci?n de la geograf?a abrupta, la necesidad de cumplir uno de los principales objetivos ?hacer que los espa?oles conocieran la lucha y sus razones? motiv? el desarrollo de guerrillas urbanas en centros como Barcelona, Madrid y Valencia.79 Mientras que los comunistas probaron su suerte en Levante y el centro, los anarquistas se centraron en Catalu?a.80 Algunos de los libertarios m?s destacados de la guerrilla urbana, como Francisco Sabater ?Quico? y Jos? Lluis Facer?as, empezaron su lucha contra el fascismo durante la guerra civil.81 Tras su internamiento en un campo franc?s, ?Quico? trabaj? como fontanero y lleg? a conocer 77 El asalto de uno de los campamentos de esta Agrupaci?n en junio de 1947 se sald? con la casi total aniquilaci?n de la partida. A partir de este ataque, las dem?s partidas empezaron a perder el contacto entre s? y, seg?n Secundino Serrano, volvieron a convertirse en huidos (Maquis 275). Un sobreviviente de esta Agrupaci?n, Jos? Murillo ?Comandante R?os?, aparece en varios documentales sobre la resistencia. 78 Para m?s sobre el movimiento guerrillero en el centro y sur del pa?s, v?ase el libro de Francisco Moreno G?mez. 79 El intento de crear una guerrilla urbana en Valencia fracas? r?pidamente. 80 El texto de S?nchez Cervell? se?ala algunas tentativas de establecer una agrupaci?n libertaria en la zona de la AGLA. No obstante, ?stas no tuvieron ?xito. As?mismo, T?llez Sol? comenta la entrada de un grupo libertario en Arag?n que tuvo que regresar al poco tiempo por las bajas que hab?a sostenido. 81 Los dos hermanos de Francisco Sabater, Jos? y Manuel, tambi?n participaron en la resistencia, aunque parece que Manuel no lleg? a actuar pues fue capturado poco despu?s de cruzar la frontera y fusilado en febrero de 1950. Jos?, en cambio, particip? en la resistencia urbana hasta que muri? en una emboscada en octubre de 1949. 94 los Pirineos Orientales. Luego se familiariz? con los cruces fronterizos durante una breve incorporaci?n a grupos que pasaban fugitivos de los nazis a Espa?a.82 A partir de julio de 1944 el grupo de Sabater empez? a actuar en Espa?a. Durante m?s de un a?o, realiza sus primeros robos obteniendo 90.000 pesetas que le permitir?an consolidar su grupo.83 El hecho de que la organizaci?n anarquista84 no pudiera proporcionar a los grupos fondos econ?micos les oblig? a autoabastecerse; por eso, hubo grupos que no pasaron de esta fase preliminar. A comienzos de 1946, ?Quico? alquila una casa en Francia a dos kil?metros de Prats-de-Moll?, la cual le sirve como punto de partida de sus incursiones en Espa?a. Algunos de los primeros objetivos de los anarquistas fueron la eliminaci?n de Eliseo Melis, un infiltrado, y Eduardo Quintela, el jefe de la brigada Pol?tico social. Durante a?os, Melis impidi? la constituci?n de una organizaci?n clandestina eficaz pues Quintela, seg?n Antonio T?llez Sol?, siempre prefiri? conservar un embri?n organizado de la CNT, con la condici?n de estar perfectamente informado, pues ello le permit?a conocer a los nuevos elementos y, sobre todo, estar al corriente de las intenciones de sus miembros, ya que lo ?nico que preocupaba seriamente al jefe de la brigada Pol?tico social era la formaci?n de grupos de acci?n que escaparan, como en el caso de Sabat?, al control directo org?nico. (74) 82 Aunque Sabater y Facer?as actuaban principalmente en Barcelona, las acciones de otros anarquistas se desarrollaban fuera de la gran urbe. Ram?n Vila Capdevila ?Caraquemada?, que tambi?n serv?a a los libertarios urbanos como gu?a, y Marcelino Massana Bancells ?Pancho? actuaban en las comarcas de Bages y Bergued?. Los dos resistentes aparecen como personajes en la novela Habla mi conciencia. 83 ?Quico? atrac? a uno de los jefes principales de Falange, de su mismo pueblo (l?Hospitalet). Aparte de correr con los gastos del grupo, el dinero sacado de los golpes se entregaba a los necesitados y se usaba para pagar a los abogados que defend?an a los libertarios. 84 El Consejo general del Movimiento Libertario se reorganiz? en Francia el 25 de marzo de 1939 poco despu?s de la ca?da de Barcelona. A partir del 18 de junio de 1939, Germinal Esgleas fue el secretario de dicho consejo y entre sus miembros se encontraban Federica Montseny y Juan Garc?a Oliver. 95 Tras la creaci?n de un nuevo organismo conspiratorio, el Movimiento Ib?rico de Resistencia (MIR), se nombra como Secretario general a Jos? Lluis Facer?as, pero es detenido en agosto de 1946. Liberto Sarrau Royes asume el liderazgo y se cambia el nombre a Movimiento Libertario de Resistencia (MLR) para resaltar su v?nculo con la organizaci?n anarcosindicalista. Seg?n T?llez Sol?, ?la misi?n primordial del MLR ser?a la de infligir golpes sensibles a la econom?a del Estado, en vez de perder el tiempo en ?simples acciones callejeras que no conduc?an a nada?? (93). Asimismo, se decidi? que ?todas las acciones realizadas contra el r?gimen franquista deber?an ser reivindicadas p?blicamente? (Ib?d.). En julio de 1947, miembros del MLR matan a Melis y la organizaci?n propone acabar con Quintela. A pesar de que hubo varios intentos, ninguno tuvo ?xito. Aunque los l?deres en Francia desautorizan al MLR en octubre de 1947, la organizaci?n no deja de existir hasta febrero del a?o siguiente cuando se decide a favor de la autodisoluci?n. A finales de febrero de 1949, Francisco y Jos? Sabater entran en contacto con el reci?n constituido grupo ?Los Ma?os? que hab?a empezado a actuar en Barcelona y cuyo l?der era Wenceslao Jim?nez. Despu?s de escarmentar a Antonio Sebas, otro infiltrado, ?Los Ma?os? decidieron matar a Eduardo Quintela. Puesto que el grupo de Sabater preparaba la misma misi?n, acordaron hacerlo juntos. No obstante, cuando tirotearon el coche del comisario, Quintela no viajaba en ?l. El ch?fer y un jerarca de Falange murieron y se hiri? a otro jefe falangista. Aunque el paso de la frontera fuera un asunto peligroso, la cercan?a de Francia tambi?n represent? una ventaja para los resistentes anarquistas pues les permiti? descansar y reorganizarse con mayor tranquilidad y seguridad. La guerrilla madrile?a, en 96 cambio, no tuvo tan f?cil acceso al pa?s vecino y su duraci?n fue m?s corta que la de Barcelona. Mientras que algunos resistentes provenientes de Francia llegaron a la capital tras el fracaso en el Valle de Ar?n, la incorporaci?n de Jos? Vitini en enero de 1945 dio mayor direcci?n a la guerrilla.85 Vitini, que pasar?a a ser el jefe de la Agrupaci?n Guerrillera de Madrid, organiz? los llamados ?Cazadores de Madrid?. No obstante, no realizaron tantas acciones como sus compa?eros anarquistas pues seg?n apunta Serrano, la principal intenci?n o encargo de la guerrilla madrile?a fue ?canalizar la actividad revolucionaria hacia la propaganda y el proselitismo? (Maquis 344). Aun as?, se llevaron a cabo algunos atentados muy sonados entre los que figura el ataque a la subdelegaci?n de Falange en Cuatro Caminos retratado en La noche de los Cuatro Caminos: una historia del maquis. Madrid, 1945 de Andr?s Trapiello. Apenas se hab?a establecido la incipiente guerrilla comunista cuando tuvieron lugar una cadena de detenciones. El 28 de abril de 1945, unos dos meses despu?s del asalto a la subdelegaci?n, el r?gimen ejecut? a ocho personas incluyendo a Vitini y los cinco hombres que participaron en esta acci?n. Tras su llegada a Madrid, Cristino Garc?a se hizo cargo de la guerrilla, pero fue detenido junto con varios compa?eros suyos el 20 de octubre del mismo a?o. En total quince militantes fueron juzgados y nueve de ellos, incluyendo al jefe guerrillero, recibieron la pena de muerte en febrero de 1946. Antes de terminar el verano del a?o siguiente, el r?gimen sofoc? lo que restaba del fervor resistente en la capital. El apogeo que la lucha guerrillera experiment? durante estos a?os se debe a varios factores. En julio de 1945 y febrero de 1946, la ONU reprueba al r?gimen franquista. 85 El jefe guerrillero hab?a luchado contra los nazis en Francia y ascendi? a teniente coronel en las FFI, cuerpo que reun?a al conjunto de las organizaciones de la Resistencia francesa. 97 Asimismo, en diciembre de 1946, la organizaci?n recomienda la ruptura de relaciones diplom?ticas con Espa?a y un bloqueo econ?mico. El mismo a?o, como protesta por la ejecuci?n de Cristino Garc?a, h?roe de la Resistencia francesa, y otros guerrilleros, Francia cierra su frontera con Espa?a durante un a?o. Durante estos a?os, la persecuci?n de los maquis es menor debido a la preocupaci?n de que una represi?n sangrienta podr?a inspirar una intervenci?n de los Aliados. No obstante, el citado acuerdo de la ONU de diciembre de 1946 puso de manifiesto que Francia, Inglaterra y Estados Unidos no ten?an intenci?n de intervenir en los asuntos de Espa?a. Viendo que las democracias no pasaban a la acci?n, Franco reanud? hacia 1947 la represi?n contra los guerrilleros. En abril de este a?o se dict? el Decreto-ley de Bandidaje y Terrorismo que castigaba con la pena de muerte cualquier acci?n guerrillera (descarrilamiento, secuestro, etc.) que provocase alguna muerte. En caso de no producirse fatalidades, se penalizaba a los resistentes con castigos que iban desde la reclusi?n mayor hasta la muerte. Para los jefes de las partidas, tambi?n se ped?a la pena capital. El hecho de que la Guardia Civil llevara el grueso de la lucha contra los resistentes se deb?a a que, seg?n el r?gimen franquista, el pa?s estaba en paz, por lo que s?lo eran disturbios del orden p?blico llevados a cabo por bandoleros.86 No obstante, se emple? el ej?rcito y maquinaria pesada como fuego de mortero para atacar a los maquis. Otros grupos que participaron en la contraofensiva fueron los falangistas87 y los somatenistas. En el siglo XIX, este ?ltimo grupo hab?a existido s?lo en Catalu?a, pero Franco lo extendi? a toda Espa?a. El r?gimen, sin embargo, se vio obligado a desarmarlos puesto que los maquis les robaban sus armas cuando iban desprotegidos. 86 Este cuerpo vio aumentar sus filas de 56.000 en 1946 a m?s de 90.000 a mediados de la d?cada de los 50 (S?nchez Cervell? 194). 87 As? lo muestra la reciente pel?cula El laberinto del fauno (M?xico-Espa?a 2006) de Guillermo del Toro. 98 En 1945 la Benem?rita cambia una de las t?cticas fundamentales en la lucha contra los maquis: su forma de representarlos. En una orden fechada el 31 de marzo de 1945, se refiere a los resistentes como maquis, huidos y malhechores, pero en mayo del mismo a?o, una orden del Estado Mayor de la Guardia Civil indica que a partir de aquel momento queda prohibido usar los t?rminos ?huidos?, ?maquis?, ?guerrilleros?, ?rebeldes?, etc., para nombrar a los grupos de atracadores que act?an dentro de Espa?a pues los resistentes desean ostentar estos nombres para dar un aspecto pol?tico y militar a sus acciones. La orden espec?fica se?ala que a partir de ese momento se usar?n los t?rminos ?bandoleros? o ?atracadores? que corresponden a los delitos comunes que realizan. Como la gente conoc?a a los resistentes como maquis y ?ste era el t?rmino coloquialmente empleado por la Guardia Civil, el Ministro del Ej?rcito se vio obligado a reiterar la orden dos a?os m?s tarde: Se recuerda a todos los mandos de las Unidades del Cuerpo el cumplimiento de la Orden de esta Direcci?n General de 22 de Mayo de 1945, en la que se prohib?a el empleo de las denominaciones de huidos, maquis, guerrilleros y en general de cualquier que d? car?cter pol?tico o militar a la actuaci?n de las partidas de atracadores, debiendo ?stos ser calificados en todos los escritos, incluso los atestados, como atracadores, bandoleros, malhechores, forajidos, es decir, como delincuentes comunes. (citado en S?nchez Cervell? 75)88 As? pues, el prop?sito de destruir el aspecto pol?tico y militar de la lucha guerrillera para poder representar sus acciones como meros actos de delincuencia com?n resulta 88 El texto de S?nchez Cervell? ofrece la siguiente informaci?n sobre este documento: ?Ministerio del Ej?rcito. Direcci?n General de la Guardia Civil. Estado Mayor. 3.? Secci?n, n?m. 279? (75). Es de una p?gina mecanografiada y est? fechado el 23 de abril de 1947. 99 clar?simo. Esta t?ctica no s?lo era importante para desacreditar a los resistentes ante el pueblo espa?ol y disminuir su apoyo popular, sino que ser?a fundamental en la batalla por establecer la imagen que permanecer?a en la memoria colectiva.89 El l?der m?s importante en la lucha contra los maquis, el general Manuel Pizarro Censor, se enfrent? con ellos en todo el pa?s incluyendo Galicia, Asturias, M?laga, C?rdoba y toda la zona cubierta por la Agrupaci?n Guerrillera de Levante y Arag?n (AGLA). Las contribuciones m?s significativas que aport? a la lucha fueron ?la potenciaci?n de las contrapartidas,90 la centralizaci?n de toda la informaci?n y los servicios, y la presi?n sobre la poblaci?n civil que acabar?a derivando en una pol?tica de tierra quemada? (S?nchez Cervell? 190-91). Esta ?ltima t?ctica fue una estrategia para privar a los maquis de sus puntos de apoyo. En muchos pueblos se oblig? a la gente a evacuar su mas?a amenazando quemarla si los campesinos se negaban.91 En otras ocasiones se exigi? que los masoveros entregaran sus llaves a diario a las autoridades.92 Y, finalmente, a veces se obligaba a los parientes de los guerrilleros a mudarse a otra parte del pa?s. 89 La motivaci?n ideol?gica y la organizaci?n militar de la guerrilla antifranquista se ha seguido obviando hasta recientemente. Aunque Izquierda Unida present? al Congreso en marzo de 2001 una Proposici?n no de Ley que ped?a la revisi?n de los expedientes de los guerrilleros para eliminar su calificativo de bandoleros o malhechores y el reconocimiento del car?cter militar de las guerrillas para que los resistentes tuvieran derecho a pensiones, la proposici?n no fue aprobada hasta que IU acept? la enmienda del PSOE y retir? su segunda exigencia. Sin embargo, la ?Ley de Memoria Hist?rica? aprobada el 10 de diciembre de 2007 declara ileg?timos los juicios celebrados durante el franquismo. 90 En 1942 estos grupos empezaron a actuar en la provincia de Le?n. El oficialmente llamado Grupo de Fuerzas del Servicio Especial de la Guardia Civil fue al principio integrado por guardias civiles y falangistas, aunque predominaban los elementos civiles. A partir de 1945, los grupos estaban compuestos por civiles, principalmente falangistas y somatenistas, aunque hab?a tambi?n ex guerrilleros y delincuentes comunes. Las contrapartidas viv?an en el monte e intentaban aprovechar la falta de comunicaci?n entre grupos para infiltrarse y aniquilar a los huidos y, m?s tarde, a los guerrilleros. 91 Para una lista de pueblos que estaban dentro de la zona de la AGLA, v?ase la p?gina 203 del texto de S?nchez Cervell?. 92 Esta obligaci?n se retrata en el cuento ?El mas del r?o? recogido en el libro de Jos? Gim?nez Corbat?n, El fragor del agua. La necesidad de entregar sus llaves cada noche forzaba a los masoveros a caminar mucho m?s cada d?a. No obstante, el efecto sobre su orgullo era hasta m?s fuerte pues les privaba de poder considerarse los verdaderos due?os de sus propiedades. 100 Otras formas de represi?n inclu?an torturas, encarcelamiento, y ejecuciones. Aunque las fuerzas p?blicas no reconoc?an oficialmente el uso de la tortura, ??h?bil interrogatorio?? seg?n el texto de S?nchez Cervell?, es un ?eufemismo que habitualmente se estampa en la documentaci?n oficial y que revela torturas? (306). El uso de la represi?n y el miedo a ella fue lo que provoc? que muchos detenidos (guerrilleros, enlaces, parientes, etc.) revelaran todo lo que sab?an.93 As? la Guardia Civil fue capaz de deshacer las redes de enlaces y puntos de apoyo dejando a los maquis aislados en los montes o, en el caso de las guerrillas urbanas, atrapadas en la ciudad. La informaci?n sacada de los detenidos tambi?n les permiti? localizar los campamentos y estafetas, aprender los c?digos, y conocer su forma de operar. Aunque cierto n?mero de personas fallecieron a causa de las torturas, m?s encontraron su muerte por la espalda. La aplicaci?n sistem?tica de la ley de fugas lleg? a ser habitual cuando el general Pizarro asumi? el poder. Las fuerzas represoras ten?an permiso para disparar contra personas que echaban a correr y no obedec?an el alto. Se aprovechaba esta autorizaci?n para acabar con los guerrilleros, enlaces y otras personas sospechosas de colaborar con los maquis puesto que fue una forma eficaz de llevar a cabo ejecuciones sumarias en lugares despoblados e intimidar a la poblaci?n para que no ayudara a la guerrilla. Al enterrar a estas v?ctimas sin reconocimiento p?blico94 y prohibir a sus parientes asistir al funeral o guardar luto, se consigui? que cayeran en el anonimato y desaparecieran de la memoria colectiva. 93 Muchas personas se echaron al monte debido al miedo de que un detenido pudiera mencionar su nombrar durante el interrogatorio. Este peligro fue aun m?s acuciante debido a que no exist?a el ?habeas corpus? para las detenciones. 94 En el mejor de los casos recib?an sepultura en fosas comunes en el cementerio civil. En el peor, se desconoc?a el paradero del familiar. 101 El miedo a las represalias junto con la destrucci?n de la resistencia mediante actos impunes obstruy? la ayuda que el pueblo prestaba a los maquis. Entre los m?todos efectivos para destruir el apoyo popular a la guerrilla figuran los desmanes cometidos por las contrapartidas. Como se?ala Emencia Alcal? Ruiz, las fuerzas represoras vestidas de maquis comet?an robos y amenazaban a la gente. Aunque ciertos casos narrados muestran que algunas personas lograron distinguir entre los guerrilleros y las contrapartidas, muchos los confund?an y fueron detenidos tras prestar ayuda a las contrapartidas o meramente por no denunciar su presencia a la Guardia Civil.95 Distinguir entre los maquis y las contrapartidas lleg? a ser m?s dif?cil cuando ?stas empezaron a usar a ex guerrilleros. As? los puntos de apoyo colaboraron cada vez menos con los maquis y pasaron a delatar sus acciones.96 Comprendiendo la situaci?n de los puntos de apoyo, un l?der guerrillero, Flori?n Garc?a, les inst? a denunciar a cualquier grupo en el que no hubiera resistentes que conocieran. Hacia finales de 1947 la balanza cambi? a favor de las fuerzas represoras. La Guardia Civil, que inicialmente actuaba con miedo,97 ahora atacaba sin piedad a la guerrilla. El 18 de diciembre de 1947 asalt? el campamento m?s importante del 17 sector de la AGLA. Dos d?as m?s tarde atac? la base principal del 11 sector, donde se editaba El Guerrillero y se situaba la sede del Estado Mayor de la AGLA y la Escuela de 95 ?ngel Monteagudo me cont? la historia de su padre que se neg? a ayudar a un hombre que se le acerc? una vez pues vio parte del cuello de su uniforme debajo de la ropa ra?da. V?ase la entrevista en Ap?ndice E. 96 El apoyo de los campesinos fue masivo entre 1944 y 1947 cuando la guerrilla apareci? como hipot?tica vencedora en determinadas zonas. 97 La posibilidad de que el r?gimen de Franco no durara, hizo que el cuerpo atacara con menos entusiasmo. Tem?an encontrarse en el lado perdedor si los Aliados ayudaban a los maquis. Seg?n S?nchez Cervell?, para evitar enfrentamientos los guardias civiles a veces disparaban al aire antes de salir a patrullar para avisar a los maquis que ir?an por aquel camino. Su miedo o, a veces, respeto a los guerrilleros se vio inspirado por la llegada de ?notas an?nimas a algunos destacamentos de pueblos peque?os, donde se dec?a que ?tal guardia civil hab?a estado en tal fuente, se hab?a fumado un cigarrillo, y los maquis estaban detr?s suyo, pudiendo dispararle, pero lo hab?an dejado marchar sin hacerle nada?? (S?nchez Cervell? 182). Un caso parecido se retrata en La voz dormida. 102 Capacitaci?n Guerrillera. En el primer asalto no hubo enfrentamiento y en el segundo la gran mayor?a de los maquis lograron huir, pero se perdi? mucho material de guerra y de imprenta. Al ponerse dif?cil la lucha, Santiago Carrillo viaja a Yugoslavia en febrero de 1948 para solicitar la ayuda de Tito. Quer?a fortalecer la lucha y comenzar con la zona de la AGLA. Aspiraba conseguir aviones que pudieran lanzar guerrilleros en la zona del Levante, pero Tito le inform? que los suyos no pod?an llevar a cabo estas misiones. No obstante, le facilit? ayuda econ?mica. Esta visita al pa?s balc?nico, al margen de la U.R.S.S., hizo que los espa?oles comunistas parecieran sospechosos a los ojos de Stalin, quien ?tras la derrota de la guerrilla comunista en Grecia? decide abandonar el apoyo del movimiento guerrillero. Les pide a los dirigentes espa?oles que abandonen paulatinamente la primac?a de la actividad b?lica y la sustituyan por una mayor actividad pol?tica especificando que trabajen dentro de los sindicatos verticales y las otras organizaciones de masa del r?gimen. Mientras tanto dentro del pa?s la situaci?n es cada vez peor. A partir de diciembre de 1947, la comida que hasta entonces los guerrilleros de la AGLA hab?an pagado la mayor?a de las veces a precios m?s altos que los del mercado ahora se obten?a a cambio de unos pagar?s incobrables. Otra se?al de que la Agrupaci?n estaba en declive fue el hecho de que a partir de mayo de 1947 la deserci?n con armas se penalizaba con la pena de muerte.98 Las desafecciones se consideraban un gran peligro para la guerrilla no s?lo porque aumentaban el des?nimo de los dem?s guerrilleros, sino tambi?n porque los desertores pod?an ser detenidos y torturados hasta revelar todo lo que sab?an sobre la 98 Seg?n un informe de Doroteo Ib??ez, el enlace principal entre la AGLA y el PCE en Francia, se les le?an los estatutos a los guerrilleros al incorporarse a la Agrupaci?n y el jefe de la compa??a los rele?a cada semana tambi?n (S?nchez Cervell? 133-34). 103 resistencia. Despu?s de las bajas y deserciones de la primavera de 1948, el 23 sector de la AGLA qued? muy maltrecho. S?lo en el mes de mayo los 23 y 17 sectores perdieron noventa enlaces y a causa de la falta de puntos de apoyo los guerrilleros se vieron obligados a robar entre abril y mayo de 1948. Las deserciones que hab?an sido puntuales antes de la llegada del general Pizarro se volvieron habituales. Incluso jefes de batall?n como ?Cinctorr?? se marcharon y con ?l el ?Conill de Cinctorres?, el enlace de m?xima confianza de ?ngel Fuertes ?Antonio?, el jefe de la AGLA. Asimismo, la mayor?a del batall?n de ?Cinctorr?? se march? y la misma tendencia se produjo en las otras compa??as del 23 sector. Para cortar de ra?z el des?nimo e imponer orden en la Agrupaci?n, se lleg? a ejecutar a guerrilleros acusados de difundir ideas derrotistas. Un total de veinti?n guerrilleros de la AGLA murieron en estas purgas (S?nchez Cervell? 429). A comienzos de 1949, los sectores 17 y 23 de la AGLA, los m?s importantes en cuanto a n?mero de guerrilleros y enlaces, apenas ten?an colaboradores: el 23 ocho guerrilleros y el 17 veintisiete. Aunque la Agrupaci?n a?n contaba con noventa y nueve hombres, era el comienzo del fin de la AGLA pues las incorporaciones de personas aut?ctonas o venidas de Francia ya no pod?an cubrir las bajas producidas por deserciones o enfrentamientos con las fuerzas p?blicas. Al hacerse evidente el fracaso, el PCE culpa a los guerrilleros por no apoyarse en la poblaci?n, pero realmente el Partido hab?a favorecido la acci?n militar sobre la pol?tica. Esto empieza a cambiar, por lo menos superficialmente, a partir de febrero de 1949. Carrillo se?al? su deseo de fomentar la v?a pol?tica sobre la militar. No obstante, aunque hubo un cambio de nomenclatura, ?en la 104 pr?ctica el funcionamiento de la Agrupaci?n no sufri? variaciones? (S?nchez Cervell? 333).99 La nueva t?ctica hizo que algunos guerrilleros buscaran el camino del exilio, pero otros, o no quisieron dejar las armas considerando esta opci?n una traici?n a sus compa?eros ca?dos y la ideolog?a que hab?an compartido o, consideraban la opci?n de seguir actuando como menos peligrosa que la marcha a Francia. Los grupos de dos jefes de batall?n del 17 sector, Manuel P?rez ?Rubio? y Francisco Serrano ?Francisco?, desobedecieron las ?rdenes y volvieron a actuar, al igual que algunas partidas de los sectores 11 y 23. La negativa de parte del 23 sector fue casi un?nime. En este momento quedaban siete guerrilleros en el sector y todos salvo ?La Pastora?100 llevaban mucho tiempo en la monta?a y no quer?an traicionar la lucha que se inici? en 1936. A partir de la primavera de 1951, cuando la AGLA ten?a 57 miembros, el PCE reconoce que la Agrupaci?n ya no era viable y que estaba perdiendo el control de la misma. A mediados de este a?o se empez? a evacuar a los guerrilleros en grupos peque?os. Remedios Montero ?Celia?, quien inicialmente abastec?a la guerrilla y luego se vio obligada a incorporarse a ella, volvi? de Francia para evacuar a sus compa?eros. Con el primer grupo no hubo problemas, pero el segundo tuvo varios contratiempos incluyendo la traici?n del gu?a de Esperanza Mart?nez ?Sole?, otra guerrillera. ?ste la entreg? a la polic?a y revel? la ruta del grupo de Remedios. Todos fueron detenidos. La otra evacuaci?n en la primavera de 1952 tambi?n tuvo complicaciones. Al final veintisiete hombres, incluyendo a Flori?n Garc?a ?Grande? (jefe del 11 sector), Manuel P. 99 El Estado Mayor de la AGLA pas? a llamarse el Comit? Regional del PCE de Levante y Arag?n y los sectores se llegaron a nombrar Comit?s de Grupo con un secretario general, uno de organizaci?n y otro de agitaci?n y propaganda. 100 Esta figura ha alcanzado el estatus de leyenda a trav?s de la novela de Villar Raso, La pastora: el maqui hermafrodita (1978). 105 P?rez ?Rubio? (jefe del 17 sector) y Jos? Mar?a Gal?n ?Jos? Mar?a? (jefe del Comit? Regional), emprendieron una marcha sin comida, sin dinero y sin gu?as que dur? 35 noches (S?nchez Cervell? 384-85).101 La lucha armada en otras zonas rurales tambi?n escrib?a sus ?ltimas p?ginas. Tras un ?ltimo intento de solucionar las diferencias con los comunistas en enero de 1947, Fern?ndez Villanueva y sus compa?eros cambiaron de objetivos y exploraron la posibilidad de marchar al extranjero, un plan que encontr? apoyo entre los socialistas del exilio y los asturianos y fech? la disoluci?n de la Federaci?n de Guerrillas de Le?n- Galicia. Mientras los socialistas y anarquistas se encaminaban al exilio o planificaban su salida a finales de 1948, Gir?n y sus hombres decidieron integrarse al Ej?rcito Guerrillero de Galicia aunque se mantuvieron en Le?n, y en particular, en la zona conocida como La Cabrera que aparece retratada en Donde las Hurdes se llaman Cabrera. No obstante, en abril de 1949, la 2? Agrupaci?n (a la que Gir?n y sus seguidores se hab?an integrado) fue aniquilada y las agrupaciones de Orense y Pontevedra fueron desarticuladas ese mismo a?o tambi?n. As? s?lo quedaban las de Lugo y La Coru?a, aunque la primera fue seriamente debilitada en junio de 1949 y no volvi? a recuperarse. Igualmente, los guerrilleros de La Coru?a, tras un golpe asestado a finales de octubre del mismo a?o, continuaron en su empe?o, pero sin el mismo protagonismo en la lucha antifranquista. Una excepci?n a esta tendencia disolutoria fue la resistencia en ciertas partes de Andaluc?a. Cuando Jos? Mu?oz Lozano ?Roberto? se puso al frente de la Agrupaci?n Granada-M?laga, la resistencia de esta zona vivi? su apogeo en un momento que significaba la muerte para otras organizaciones. Aunque el carisma de este l?der le ayud? 101 Seg?n un informe de Doroteo Ib??ez, normalmente hac?a falta diez d?as de marcha para llegar desde Francia hasta la Agrupaci?n (S?nchez Cervell? 216-17). 106 a reavivar la Agrupaci?n haciendo que pasara de unos veinticinco resistentes a casi ciento cincuenta, Serrano se?ala varios aspectos cuestionables de la misma que incluyen la p?rdida de contacto con Francia (325) y el problema de la disciplina puesto que ?no todos los hombres del monte pod?an considerarse convencidos militantes antifranquistas? (278). En diciembre de 1951 una emboscada tendida por el mismo jefe convertido en confidente, a cambio de su vida no respetada, acab? con la Agrupaci?n. Asimismo, en la provincia de C?diz y la frontera de M?laga, la Agrupaci?n de Guerrilleros Ferm?n Gal?n naci? en febrero de 1949. No obstante, la ?nica agrupaci?n encabezada por un libertario, Bernab? L?pez Calle ?Comandante Abril?, perdi? a su jefe el 30 de diciembre del mismo a?o y a finales de 1950 los ?ltimos integrantes de la resistencia armada gaditana y ronde?a encontraron la muerte. El ?nico foco urbano activo, Barcelona, tambi?n empieza a decaer a partir de 1949. Aunque el gobierno desencadena una ola de represi?n tras cada acci?n deteniendo a l?deres y miembros de las diferentes organizaciones del Movimiento Libertario, el mes de octubre de este a?o se mostr? particularmente da?ino para la resistencia anarquista. En ese mes varios resistentes mueren acribillados en las calles y otras decenas fueron detenidos.102 Otra indicaci?n de que la llama resistente se apagaba era el hecho de que algunos guerrilleros urbanos actuaban cada vez m?s ajenos a la organizaci?n libertaria e incluso contra la voluntad de los comit?s. Cuando Facer?as volvi? a entrar en Espa?a a comienzos de septiembre de 1951, actuaba completamente al margen de la organizaci?n del exilio. En febrero de 1952, algunos de los resistentes detenidos en 1949 fueron 102 El hecho de que los resistentes actuaran con otros ?grupos?, denominaci?n m?s te?rica que real seg?n T?llez Sol?, y que ?stos compartieran enlaces y puntos de apoyo tuvo la mala consecuencia de desencadenar una serie de amplias redadas y ca?das cuando se produc?a una detenci?n. 107 juzgados. De las nueve condenas a muerte, cinco fueron ejecutadas.103 La dificultad de mantener la lucha clandestina se hace cada vez m?s evidente pues en junio de 1953, el decimonoveno Comit? Nacional de la CNT cae y los resistentes m?s conocidos poco a poco desaparecen. Facer?as muere en agosto de 1957 seguido por ?Quico? en marzo de 1960 y Ram?n Vila ?Caraquemada? en agosto de 1963. Un ?ltimo aspecto de la guerrilla que precisa atenci?n es la tergiversaci?n del papel de la mujer en la resistencia. A pesar de la importancia de sus contribuciones como puntos de apoyos, enlaces y guerrilleras, los historiadores franquistas y los escritores y directores que se hacen eco de la versi?n oficial han dibujado a las mujeres antifascistas como prostitutas, lascivas o meros objetos sexuales.104 En un caso, dos familias que hab?an servido a los guerrilleros como puntos de apoyo se vieron en la necesidad de unirse a sus camaradas en el monte tras ser descubiertos por la Guardia Civil. Nicol?s Mart?nez se incorpor? a la guerrilla junto con sus tres hijas Esperanza, Amadora y Angelita y Eustaquio Montero con sus hijos Remedios y Fernando. Seg?n uno de los primeros historiadores de los maquis, el teniente coronel de la Guardia Civil Francisco Aguado S?nchez, la presencia de las mujeres en el monte hizo que ?[e]l hambre sexual se desat[ara] con toda su violencia. El desgraciado ?Enrique? [Nicol?s Mart?nez] vio c?mo sus hijas, una vez tras otra, eran tratadas sin el menor miramiento para saciar a los forajidos? (El maquis en Espa?a: su historia 390). Aunque algunas obras, incluyendo Juan Caballero, La voz dormida y El laberinto del fauno, defienden el papel de la mujer en la lucha clandestina, las voces de las protagonistas del episodio que se acaba de citar tendr?an que esperar muchos a?os para 103 Varios de los fusilados, incluyendo a Jos? P?rez Pedrero ?Tragapanes?, Pedro Adrover Font ?El Yayo?, y posiblemente a Jorge Pons Argil?s, aparecen como personajes en Habla mi conciencia. 104 La caracterizaci?n de la sexualidad de los hombres es igualmente denigrante. 108 escucharse. En su autobiograf?a publicada en 2004, la guerrillera Remedios Montero niega que hubiera relaciones amorosas entre los camaradas en el monte. Es m?s, su testimonio en otro texto muestra c?mo las fuerzas del r?gimen intentaban obligarles a confesar su estado de pe?n sexual de los maquis: ?Nos hemos llevado palos, en la c?rcel, a diestro y siniestro, porque quer?an hacernos ver que hab?amos ido all? solamente para ser el juguete de ellos y para entretenimiento de ellos? Por m?s palos que nos han dado, jam?s, jam?s han conseguido que en los expedientes conste eso? (Vidal Casta?o 104). Para terminar este resumen de la historia de la resistencia y dar pie a los siguientes cap?tulos, se ofrecer?n algunas cifras que dibujan la envergadura de la lucha clandestina. Seg?n fuentes oficiales, la resistencia antifascista ?produjo 953 asesinatos, 5.963 atracos, 8.269 actos delictivos. Murieron 2.173 bandoleros [. . .]; fueron capturados 467, se entregaron 546 y fueron detenidos 2.374. Se registraron entre los bandoleros y la Guardia Civil 1.826 choques armados; y las fuerzas del orden detuvieron a 19.444 c?mplices? (Aguado S?nchez 13). A partir de esta cita cuyos t?rminos muestran la perspectiva de la dictadura y su historia oficial, se aprecia c?mo los textos manifiestan la impresi?n que sus escritores tienen de los resistentes y, a su vez, influyen en la memoria colectiva que los lectores se forman a partir de estas im?genes. La representaci?n de resistentes y fuerzas del r?gimen constituir? un aspecto de inter?s primordial en los cap?tulos tres, cuatro, cinco y seis. Por lo tanto, esta introducci?n hist?rica provee un punto de comparaci?n para considerar las obras que dibujan una visi?n sesgada de la lucha. Tambi?n sirve para apreciar el momento de la lucha retratado en las obras y el efecto que tiene en la caracterizaci?n de la resistencia. Finalmente, facilita el 109 reconocimiento en la literatura y el cine de algunos casos en que guerrilleros reales se convierten en personajes. 110 Cap?tulo 3. La memoria y la literatura de la guerrilla (1936-1975) Si bien Plat?n dec?a que el texto escrito es el olvido,105 es precisamente lo que permite apreciar en este cap?tulo sobre la literatura y en el siguiente sobre el cine la evoluci?n de la memoria colectiva respecto al tema de la resistencia.106 Seg?n Juanjo Igartua y Dario Paez, la memoria colectiva no s?lo existe en los individuos, sino tambi?n en los artefactos culturales (81).107 Aprovechando su an?lisis de los per?odos t?picos en la producci?n art?stica en torno a los acontecimientos colectivos, se intentar? mostrar que existen varias etapas en el desarrollo de las obras literarias y cinematogr?ficas. ?stas reflejan diferentes memorias y sujetos con el poder de su transmisi?n. Las desviaciones de las ya comentadas pautas de Igartua y Paez se deben a la historia particular de la resistencia antifascista espa?ola. La evoluci?n de esta narrativa se inicia con un per?odo de evidente empat?a militante. No obstante, entre 1936 y 1950 salen a la luz escasas obras ya que poco despu?s del t?rmino de la guerra en 1939 emerge un silencio en el interior ante el desarrollo de las organizaciones guerrilleras, el apogeo del movimiento armado entre 1944 y 1947 y la incomodidad del tema para los autores adictos al nuevo r?gimen. Los escritores afines a la Rep?blica, por su parte, no pod?an publicar dentro de la pen?nsula textos favorables a los grupos contrarios al fascismo.108 Cuando la actividad guerrillera decae, varias novelas aparecen para establecer la versi?n oficial. Tambi?n dentro de esta segunda etapa (1951-1975) surgen las voces republicanas desde el exilio. Aunque la transici?n a la democracia pone fin a la ?poca franquista, los 105 Ver el mito de Theuth en Fedro 275a. 106 En los cap?tulos cinco y seis se comentar?n las obras cinematogr?ficas que retratan la lucha clandestina. Aunque el an?lisis del cine est? separado de la cr?tica de la literatura, se resaltar?n las conexiones y las diferencias entre los g?neros. 107 Asimismo, la concepci?n de Nora de los lugares de memoria tambi?n incluye obras art?sticas como novelas. 108 Debido a la falta de material para analizar durante este silencio, incluyo en la primera etapa estos a?os junto a los de la guerra. 111 autores no aprovechan su libertad. La producci?n en la primera d?cada tras la muerte del dictador muestra que la recuperaci?n del silencio impuesto durante tantos a?os no puede ocurrir en un abrir y cerrar de ojos. Tras esta fase amn?sica (1976-1984), la producci?n aumenta en el cuarto per?odo (1985-1996) y muchas de las narraciones vuelven a centrarse plenamente en la resistencia en vez de limitarla a apariencias o usarla como un trasfondo que produzca intriga. Finalmente, el per?odo m?s reciente (1997-2006) muestra dos vertientes principales entre los artistas (tanto los cineastas como los escritores): los que se acercan a la resistencia siguiendo el estilo com?n hasta este momento y otros que buscan nuevas v?as, como la metaficci?n, la fantas?a o la parodia, para representar esta historia antes retratada. En cada per?odo, se analizar? el estilo de las obras y c?mo caracterizan a las fuerzas represoras, a los resistentes y la lucha guerrillera. La manera en que los personajes son dibujados incluye el uso de determinados t?rminos comentados en el primer cap?tulo, descripciones de los aspectos f?sicos de los personajes y de sus modos de comportamiento y la sugerencia de una inspiraci?n pol?tica o de la falta de ella. Los ap?ndices A (Cronolog?a de obras literarias) y C (Clasificaci?n de obras literarias) ayudan a visualizar estas etapas de forma m?s escueta al considerar el an?lisis de ellas. Primera etapa: los a?os de la guerra y el silencio de la primera posguerra La sublevaci?n del ej?rcito el 17 de julio de 1936 acarre? una contienda fratricida que dur? tres a?os. Antes del final de guerra se publicaron unas cincuenta novelas sobre la contienda (Bertrand de Mu?oz 14). Una de ellas, Cumbres de Extremadura: novela de guerrilleros (1938) de Jos? Herrera Petere, retrata la primera etapa del desarrollo de la 112 resistencia antifascista.109 El estilo narrativo de Petere contribuye a comunicar la urgencia de la situaci?n de Bohemundo, el cual escapa de su pueblo y anda huido hasta lograr incorporarse al ej?rcito republicano. El lector avanza r?pidamente sobre los p?rrafos breves y capta una idea del protagonista y su entorno mediante oraciones que lo bombardean con im?genes pespunteadas de gerundios: ?Un hombre, tropezando y babeando, corriendo, gateando, cay?ndose y levant?ndose, con las rodillas sangrantes, la cabeza alta? (Petere 29).110 Los guerrilleros de Extremadura (1937) tambi?n retrata los inicios de la resistencia. El autor, que se escuda tras un probable seud?nimo, L?zaro, explica en el pr?logo que ?[h]an sido escritas estas narraciones para los soldados del Ej?rcito del Pueblo. M?s concretamente: para ser recitadas en los teatrillos de los campamentos con el gru?ido de las ametralladoras y el silbar de los obuses como tel?n de fondo? (3). Su comentario no s?lo revela que la guerra sigue en marcha, sino que tambi?n apunta a su deseo de que el texto sirva para mantener inhiesta la bandera de los combatientes. Asimismo, la brevedad del relato (55 p?ginas), los dibujos y el estilo sencillo y realista subrayan su pertenencia a la literatura popular. Otra novela sobre la guerra irregular, For Whom the Bell Tolls (1940), naci? de la imaginaci?n de Ernest Hemingway que en 1937 viaj? a Espa?a para cubrir la lucha fratricida para la North American Newspaper Alliance (NANA). El ritmo de esta novela difiere bastante de las obras de Petere y L?zaro pues la narraci?n se desv?a de la acci?n principal mediante flashbacks y el mon?logo interior del protagonista, Robert Jordan, un norteamericano que con la ayuda de unos resistentes realiza un sabotaje para el ej?rcito 109 Aunque Bertrand de Mu?oz no incluye Cumbres de Extremadura en su art?culo ?Literatura de la guerra civil?, s? aparece en la bibliograf?a al final de Suplementos Anthropos. 110 Cito de la primera edici?n. 113 republicano. Aunque el texto es quiz?s el m?s largo de las obras literarias analizadas en este estudio, el tiempo de la narraci?n s?lo capta tres d?as. A pesar de que el autor se hab?a implicado en la causa republicana, la obra no resulta manique?sta pues, como se ver? abajo, narra atrocidades en ambas retaguardias. No obstante, es preciso se?alar que las historias de represi?n llevadas a cabo por descontrolados en la zona republicana, a semejanza del sangriento episodio de la novela, serv?an al r?gimen como propaganda para justificar la sublevaci?n militar.111 Sin embargo, la novela de Petere, que fue publicada en el Madrid republicano, resulta muy tendenciosa por varias razones incluyendo los dibujos que aparecen en la primera edici?n. ?stos contienen s?mbolos que se pueden identificar f?cilmente con la ideolog?a comunista como la estrella, la hoz y el montillo. De manera similar, los dos prefacios que aparecen en la edici?n de 1938 tambi?n resaltan que la novela es favorable al bando republicano.112 El primero, ??La Virgen!?, describe un ?tren militar, de campesinos voluntarios? de muchos lugares que van deseosos113 de defender la libertad que han conocido desde 1931 (Petere 6). Esta secci?n parece una arenga que servir?a para animar a m?s personas a alistarse para defender la Rep?blica. El segundo prefacio se llama ?Del lugar? y ensalza a las personas que luchan contra el fascismo sugiriendo que los ?h?roes vestidos de pana, con gorras grises? son nuevas encarnaciones de los h?roes medievales, Amad?s, Lanzarote y Trist?n (12). Asimismo, ante ?stas se resalta la superioridad de la conducta de una madre espa?ola al enfrentarse con los aviones 111 Como se?ala Francisco Espinosa, en julio de 1938 Franco estim? la ?represi?n roja? en 470.000 asesinados (143). Esta cifra se vio dr?sticamente reducida en la Causa General, ?el gran proceso abierto en abril de 1940 contra la Rep?blica y su supuesta rebeli?n militar? (142). Aunque ?sta dio el resultado de 85.940 v?ctimas, ?este n?mero hab?a sido hinchado para no dar un disgusto excesivo al Caudillo? (155). Seg?n Espinosa, ciertas v?ctimas fueron contadas dos veces: en su lugar de nacimiento y el lugar de su muerte. 112 En la versi?n de 1986 se eliminan el primer prefacio y los dibujos. 113 Esta descripci?n del ?nimo de los soldados se basa en las canciones entonadas por ellos. 114 italianos que realizan su ?gran bombardeo nocturno? (11). La imagen de una madre desarmada protegiendo a su familia contra unos aviones inalcanzables inspira al lector virtual a considerarla como muy valiente. Las descripciones de los personajes tambi?n dejan claro desde qu? bando escribe el autor. La fuerza f?sica de Bohemundo, un huido que logra burlar el control de los sublevados, pasar a territorio republicano, e incorporarse al Batall?n de Servicios Especiales, aparece como sobrehumana, casi animalizada. Al narrador no le basta con describir de manera insistente el tama?o y la potencia del cuerpo de Bohemundo,114 sino que dibuja su fuerza como desbordante con la imagen de sus venas que apenas pueden contener la sangre: ?sus venas parecia [sic] que iban a reventar como acequias subterr?neas en tiempo de tormenta? (20). No obstante, la fuerza f?sica se contrasta con la dulzura e inocencia de su persona: ?aparentemente ten?a el alma azul p?lida, como un ni?o incapaz de meterse con nadie? (33). Pero esa bondad no resta de sus cualidades heroicas como las de un animal pues el narrador omnisciente lo considera ?valiente y listo como un oso viejo? (28). Con respecto a la representaci?n de los militares sublevados y personas afines, ?sta es muy limitada. Sus cortas intervenciones parecen servir para mostrar la astucia de Bohemundo o mencionar las cualidades negativas de los fascistas o falangistas y sus ideolog?as. Al describir a un terrateniente llamado ?El Chupador?, por ejemplo, el narrador explica que ?es habitual tambi?n en ?l la explotaci?n, la usura y la delaci?n? (222). En cuanto a la astucia de Bohemundo, ?ste escapa varias veces en la primera 114 Algunos ejemplos de las descripciones del tama?o y fuerza de Bohemundo incluyen los siguientes: ?labios gordos? (24), ?enorme membrudo cuerpo? (33), ?ten?a las manos enormes, tostadas y cubiertas de vello cobrizo? (33). El adjetivo ?tostadas? es indicativo del tiempo que Bohemundo pasaba trabajando bajo el sol, y por lo tanto, evocar?a la fuerza adquirida al realizar estos trabajos f?sicos. De manera similar, el pelo en las manos del protagonista resalta su masculinidad. 115 cumbre del control de los sublevados.115 Mientras huye hacia la zona republicana, encuentra a un telegrafista fascista que demanda saber qu? hace all?. Bohemundo lo distrae y lo mata. En otro momento vuelve a escapar tras enga?ar a los criados de un arist?crata af?n a la sublevaci?n. Debido a que estas apariciones son insuficientes para retratar a las personas que apoyaban el ?Movimiento?, su caracterizaci?n surge m?s bien a trav?s de lo que otros personajes comentan sobre ellas. En la primera cumbre hay varias observaciones sobre las represalias que ocurr?an durante la guerra. Al andar huido, Bohemundo se topa con un hombre que hace referencia a los paseos o asesinatos clandestinos. ?ste le explica que cuando un sargento fascista viene a su pueblo, se lleva a cinco o seis personas. Su propio hijo fue v?ctima de esta violencia de la retaguardia. La vida de Bohemundo tambi?n corre peligro pues sabe que si cae en manos de las tropas rebeldes, lo matar?n. Al tiempo que estas represalias facilitan una caracterizaci?n negativa de las personas afines al ?Alzamiento?, dibujan una imagen relativamente favorable de los resistentes pues apuntan a su necesidad de huir al monte para sobrevivir, lo cual desmiente la imagen que los novelistas profascistas creaban de ellos y que se comentar? en la siguiente secci?n. La correspondencia directa entre el avance de los militares sublevados y la formaci?n de grupos de resistencia se aprecia cuando Bohemundo se encuentra con unos guerrilleros de Extremadura pues uno menciona que cuando cay? Badajoz, unas doscientas personas se juntaron en partidas en la sierra. Otros aspectos que retratan a los resistentes positivamente incluyen indicaciones sobre su organizaci?n y conducta. Cuando Bohemundo llega a la zona republicana, ingresa en el Batall?n de Servicios Especiales y se compromete a someterse a su 115 La novela est? divida en cuatro ?cumbres? o partes. 116 disciplina. El vocabulario usado para describirlos, como ?guerrilleros?,116 resalta su aspecto militar, mientras que la descripci?n de Bohemundo como ?huido? al pasar de la zona fascista a territorio republicano subraya su necesidad de evitar represalias. Los miembros de este grupo hostigan a las tropas fascistas atacando objetivos militares como f?bricas de explosivos y trenes que transportan a soldados italianos. Un ?ltimo aspecto que crea una imagen favorable de la guerrilla es el esfuerzo que algunos de sus miembros pon?an para ense?ar a sus compa?eros a leer y escribir. En Los guerrilleros de Extremadura los resistentes son retratados favorablemente, pero no se llega al extremo visto en la novela de Petere. Su imagen es la del David b?blico que se enfrenta a Goliat, en este caso, los sublevados con su ventaja num?rica y armament?stica. Su persecuci?n por razones socio-pol?ticas se resalta varias veces y se menciona su organizaci?n militar y su ?disciplina de hierro? (L?zaro 46). Su oposici?n al levantamiento militar tambi?n se deja claro ya que sabotean un tren lleno de hombres y de material de guerra italiano, eligen a fascistas ricos para sus requisas y fusilan a uno que cae en sus manos. Los fascistas, en cambio, aparecen bajo una luz muy negativa. Aunque antes de la llegada de las tropas sublevadas un tribunal popular dict? sentencias de muerte para los terratenientes que hab?an colaborado en la rebeli?n fascista, estas muertes ?se cobraron el ciento por uno: m?s de seiscientos campesinos y campesinas fueron fusilados sin formaci?n de causa a la entrada de los facciosos? en Talavera la Real (11). El general 116 En Cumbres de Extremadura, hasta el terrateniente ?El Chupador?, una persona af?n al levantamiento militar, usa el t?rmino ?guerrillero? para referirse a los resistentes. Esta forma en el habla de las personas favorables al levantamiento militar y la dictadura de Franco contrasta con las obras posteriores donde se usan palabras como ?bandoleros?. Al excluir los vocablos que dibujan a los resistentes como criminales, los guerrilleros s?lo son retratados de manera favorable, lo cual tendr?a un efecto correspondiente en la memoria que el lector virtual se forma de la resistencia. 117 Queipo de Llano se dibuja como borracho y Agust?n Ramos, un sargento de la Guardia Civil de Albuquerque, como un lobo salvaje. Hay muchas referencias al fusilamiento de ?rojos? y las humillaciones a sus hijos. Algunos casos destacan la crueldad de Ramos. En una ocasi?n no permite que se entierre a una mujer fusilada y, en otro, manda pasear la cabeza de un huido muerto por el pueblo de ?ste. Otras visiones de los fascistas los dibujan como s?dicos pues el hombre que los republicanos fusilan disfrutaba viendo ?los cr?neos agujereados, las pecheras de las camisas te?idas de rojo de los corazones, las caras morenas retorcidas con una mueca suprema de dolor? (25). De manera similar, se alude a la cobard?a de los sublevados. Tras un enfrentamiento, la gente comenta c?mo ?los requet?s han huido como liebres; los falangistas han tirao117 las armas para correr m?s ligeros; los del tricornio aullaban de rabia y de dolor? (24). La caracterizaci?n de la sexualidad de ambos bandos es otro factor que influye sobre su imagen. Seg?n el narrador, Ramos est? casado con hijos, pero ?se acostaba con una loba sucia y desgre?ada que odiaba a los trabajadores. ?De qu? burdel la sacar?a? (29). En otro instante se vuelve a retratar a los militares sublevados negativamente ya que ?stos amenazan violar a algunas mujeres y las llaman ?golfas? y ?putas?. La descripci?n de los resistentes, en cambio, los dibuja como respetuosos con las mujeres. En un momento se menciona la ?mirada fraternal? de los guerrilleros y, en otro, uno de ellos resalta la necesidad de ?cuidarlas como el espejo en que hemos de mirarnos? (22). A diferencia de Cumbres de Extremadura, los personajes de Los guerrilleros de Extremadura muestran una preferencia por unos vocablos u otros seg?n su bando. Mientras que los sublevados utilizan ?bandidos?, ?bandoleros? o ?salteadores marxistas? para referirse a los que huyen ante su avance, los resistentes y las personas afines a su 117 En varios instantes se imita el habla extreme?o. 118 lucha emplean voces m?s favorables como ?guerrilleros? o ?guerrilleros ?rojos??.118 Para referirse a los sublevados, los resistentes usan insultos como ?cabrones?, ?cobardes?, ?cochinos?. El narrador, por su parte, usa ?guerrilleros?, ?guerrilla? y ?fugitivo?, lo cual destaca nuevamente que el tono de la novela es favorable a la resistencia. En For Whom the Bell Tolls el papel de los sublevados es igualmente limitado y su caracterizaci?n tambi?n surge a trav?s de los comentarios de otros personajes. Las historias de represalias que varios guerrilleros cuentan crean una imagen desfavorable de las personas afines al levantamiento, pero la obra no resulta tendenciosa pues incluye otra que muestra a los fascistas como v?ctimas de la violencia en la retaguardia republicana. Pilar, una guerrillera, explica la sangrienta reacci?n al levantamiento militar en su pueblo. Despu?s de atacar el cuartel de la Guardia Civil, Pablo, el l?der de la partida que ayuda a Robert, ejecuta a los cuatro guardias que se rinden. Luego, meten a todos los fascistas en el ayuntamiento y les obligan a salir uno por uno. Los matan a palos y los arrojan por un precipicio. A pesar de que Pilar promete contarle a Robert lo que ocurri? cuando los fascistas tomaron el pueblo, esta parte nunca se llega a narrar. No obstante, las historias de algunos guerrilleros retratan la otra cara de la moneda y plasman la huida al monte como una necesidad y, en muchos casos, como la ?nica forma de evitar las represalias. Esta representaci?n del inicio de la resistencia dibuja a los huidos y guerrilleros m?s favorablemente pues contrarresta la idea facilitada en las novelas favorables al r?gimen de que los emboscados eran unos delincuentes en busca de riqueza. Joaqu?n, un miembro de la partida de ?El Sordo?, menciona que los 118 Tras explicar en el pr?logo que ?todo el pueblo espa?ol en armas contra el fascismo fu? motejado desde?osamente con un color: ?rojo!?, el autor revindica este color como s?mbolo positivo al se?alar que rojas ?eran las cruces de los Comuneros de Castilla; rojos los pendones de los agermanados de Valencia? (3). 119 fascistas fusilaron a sus padres y otros parientes. Tambi?n a su hermana por no decirles el paradero de su esposo que hab?a huido al monte. Asimismo, el pelo corto de Mar?a, una chica que los guerrilleros rescatan de un tren saboteado, facilita su relato a Robert de c?mo los fascistas le raparon al cero y la violaron en la oficina de su padre, un alcalde af?n a la Rep?blica, despu?s de matar a sus padres. Otro aspecto que crea una imagen relativamente positiva de los luchadores clandestinos es la indicaci?n de que las partidas hostigan militarmente a las fuerzas enemigas, volando trenes, puentes y atacando destacamentos fascistas. Las partidas de Pablo y ?el Sordo? colaboran con Robert Jordan que recibe sus ?rdenes del Servicio de Inteligencia Militar, pero mantienen su independencia del ej?rcito republicano. Aparte de esta ayuda, el uso de t?rminos como guerrilleros para calificar a los resistentes resalta su participaci?n en la contienda mediante t?cticas de guerra irregular. En varios instantes los guerrilleros comentan expl?citamente su apoyo a la Rep?blica, aunque Pablo no est? a favor de sabotear el puente pues se da cuenta de que si realizan una acci?n tan cerca de donde viven, los fascistas los cazar?n a muerte. Su oposici?n al sabotaje le lleva a abandonar al grupo y tirar algunos de los materiales de Robert al r?o, pero regresa con varios hombres para atacar a los destacamentos fascistas mientras el norteamericano se encarga del puente. No obstante, su car?cter traicionero se vuelve a apreciar cuando mata a estos hombres para tener suficientes caballos para que su gente huya despu?s del sabotaje. En la novela Pablo comenta que habr? muchos caballos incluso para los bultos, pero en la pel?cula se indica que los caballos no hac?an falta, lo cual agrava su acci?n y lo degrada a?n m?s moralmente ante la inutilidad de esas muertes y su falta de remordimiento. 120 Con respecto a Robert, ciertas acciones suyas, como la eliminaci?n de su compa?ero Kaskin, parecen arrojar una sombra sobre su moral incluso si ?ste deseaba morir para no caer en manos de sus enemigos. Asimismo, si bien es cierto que desde el principio de la novela se se?ala la valent?a y abnegaci?n del americano, tambi?n es preciso apreciar que Robert no se destaca tanto como el h?roe de la versi?n cinematogr?fica. A pesar de que al final de la novela se vuelve a subrayar la abnegaci?n de Robert pues debido a una herida no puede huir y mientras espera su muerte, cubre la retirada de la partida de Pablo ?sacrificio final para el ?xito de la operaci?n?, se desarrollan m?s las dif?ciles y peligrosas acciones que otros guerrilleros tambi?n emprenden para que el sabotaje sea un ?xito.119 La novela tambi?n pone a los miembros de las partidas al par de Robert dibuj?ndolos m?s como guerrilleros que huidos mediante el vocabulario y la menci?n de sus sabotajes anteriores que hostigan a las tropas rebeldes. Asimismo, en la obra de Hemingway no existen algunos de los comentarios que caracterizan a los resistentes como ladrones en la pel?cula. El tratamiento de la sexualidad de los personajes es otro aspecto que los autores usan ?en ciertos casos, como en las novelas afines al r?gimen, es m?s obvio que otros? para crear una imagen desfavorable de un bando o de otro. En el caso de For Whom the Bell Tolls, la violaci?n de Mar?a refleja negativamente a los fascistas. La relaci?n entre Robert y Mar?a, en cambio, sugiere amor y respeto. Despu?s de su primera noche con Mar?a, Robert piensa que ahora no le quedan m?s que ?two nights to love, honor and cherish [her]? (Hemingway 168). Aunque Robert s?lo pasa tres d?as con la partida de Pablo, la pareja a veces usa las palabras ?esposo? o ?mujer? para referirse al otro. La 119 En un caso, un guerrillero tiene que atravesar territorio enemigo para llevar un mensaje a los mandos republicanos. En otro, la partida de ?el Sordo? roba caballos para que ellos y el grupo de Pablo tengan suficientes durante la huida, pero las huellas de los caballos delatan su ubicaci?n y el grupo es eliminado. 121 disposici?n de Mar?a de dejar que la relaci?n se desarrolle tan r?pidamente se debe en gran parte al hecho de que Pilar la ha convencido de que su uni?n con Robert ser?a una forma de deshacer el mal que otros le hicieron. Si bien Robert admite que ha estado con otras mujeres, su seriedad frente a sus misiones no parece cuestionable pues cuando el general Golz le pregunta al principio de la novela si tiene mujeres en las zonas donde act?a, Robert responde que no tiene tiempo para ellas. A pesar de que empieza una relaci?n amorosa con Mar?a, aqu?lla no interfiere con su misi?n ni se ve como negativa. Despu?s de For Whom the Bell Tolls, la resistencia se convierte en un tema demasiado controvertido como para ser el sujeto de un discurso durante m?s de una d?cada. Un a?o despu?s de la publicaci?n de Cumbres de Extremadura Franco da por concluida la contienda, pero los resistentes al nuevo r?gimen permanecen escondidos en los montes y las ciudades. Al tiempo, Franco consolida su poder aunque su dictadura no sea muy estable ante la posibilidad de que los Aliados pudieran derrocarlo tras acabar con los otros dictadores fascistas de Europa, por lo que la persecuci?n de los resistentes es m?s d?bil en los primeros a?os de la posguerra. A su vez, la retirada de los embajadores y el cierre de la frontera franco-espa?ola entre 1946 y 1948 marcaron un momento muy inestable. Estos a?os se corresponden con el apogeo de la resistencia. As? que, incluso si los escritores adictos al r?gimen ten?an el poder para publicar sobre la resistencia, ninguno se atrev?a a hacerlo ya que no se sab?a c?mo terminar?a la situaci?n. En cuanto a los escritores que apoyaban a la Rep?blica, ?stos, a partir de 1939, se vieron obligados a callarse o exiliarse. 122 Segunda etapa: la versi?n oficial y las visiones del exilio Durante los a?os de la segunda etapa (1951-1975), el Estado franquista consolid? su poder y pas? de establecer su legitimidad en la victoria a sustentarla en la lucha internacional contra el Comunismo.120 A este efecto, Franco firm? un tratado con los Estados Unidos en 1953. Si bien la mayor?a de la represi?n hab?a terminado, no hay que olvidar que muchos espa?oles segu?an en la c?rcel o en el exilio. La imposici?n de la censura y la depuraci?n laboral de las personas no adictas al r?gimen explican el continuado silencio de los republicanos dentro de la pen?nsula. Aunque algunas obras parecen tener un punto de vista ambiguo, a partir de la Ley de Prensa de 1966, una de ?stas se vuelve a publicar con una voz m?s favorable a los guerrilleros antifranquistas. En la presente etapa se considerar?n las novelas que nacieron de la pluma de escritores afines al nuevo r?gimen y las obras que desde el exilio ofrecieron una versi?n contraria a ?sta. Para apreciar mejor las caracter?sticas de cada tendencia, las obras ser?n analizadas en tres grupos diferentes. Adem?s de los dos ya mencionados, hay un tercer grupo cuyas obras soslayan una clara preferencia por uno de los dos bandos. Seg?n Carmen Moreno-Nu?o, la representaci?n literaria de los maquis durante el r?gimen franquista mostraba dos paradigmas: los bandoleros y los ?valerosos ?h?roes? 120 As? pues, no es de sorprender que esta ideolog?a se convierta en blanco principal de la propaganda del r?gimen. Como se?ala Ricoeur, la ideolog?a advient pr?cis?ment dans la br?che entre la requ?te de l?gitimit? qui ?mane d?un syst?me d?autorit? et notre r?ponse en termes de croyance. L?id?ologie ajouterait une sorte de plus-value ? notre croyance spontan?e, gr?ce ? quoi celle-ci pourrait satisfaire aux requ?tes de l?autorit?. ? ce stade, la fonction de l?id?ologie serait de combler le foss? de cr?dibilit? que creusent tous les syst?mes d?autorit?. (La m?moire, l?histoire, l?oubli 101, ?nfasis original) Ricoeur tambi?n apunta a la relaci?n entre narrativa e ideolog?a: ?C?est plus pr?cis?ment la fonction s?lective du r?cit qui offre ? la manipulation l?occasion et les moyens d?une strat?gie rus?e qui consiste d?embl?e en une strat?gie de l?oubli autant que la rem?moration? (103). ?Mais?, sigue Ricoeur, ?c?est au niveau o? l?id?ologie op?re comme discours justificatif du pouvoir, de la domination, que se trouvent mobilis?es les ressources de manipulation qu?offre le r?cit. La domination, on l?a compris, ne se limite pas ? la contrainte physique. M?me le tyran a besoin d?un rh?teur, d?un sophiste, pour donner un relais de parole ? son entreprise de s?duction et d?intimidation? (103-04). 123 altruistas?, seg?n si el escritor favorec?a el r?gimen franquista o pertenec?a a ?una oposici?n militante y exaltada? que escrib?a desde el exilio (355). Si bien es cierto que la primera clasificaci?n es acertada debido al manique?smo y aspecto propagand?stico de las obras profascistas, la segunda no est? tan bien fundamentada. De las tres novelas que menciona para apoyar esta clasificaci?n, una es anterior al establecimiento de la dictadura. Cumbres de Extremadura, como ya se ha dicho, fue publicada en una Madrid que llevaba dos a?os repeliendo el avance fascista y, por lo tanto, no es sorprendente que la obra exalte el valor y el hero?smo de los guerrilleros republicanos. Aunque las otras dos s? son de la ?poca franquista, el car?cter heroico otorgado a algunos de los resistentes en Juan Caballero, como se observar? al analizar el tercer grupo de este per?odo, es una excepci?n a la imagen que se suele dar del resistente en las obras ajenas a la historia oficial. En cuanto a la ?ltima novela que menciona, en mi opini?n, Este tiempo amargo no convierte a sus personajes en h?roes. Narraciones de la versi?n oficial Al decaer la actividad guerrillera a unos niveles casi inapreciables, los escritores fascistas se sienten c?modos representando lo que para ellos fue el triunfo del r?gimen franquista sobre los ?bandoleros?. La primera novela que da voz a la memoria de los vencedores es La ciudad perdida (1951) de Mercedes F?rmica. Esta obra que relata el secuestro de una mujer rica en Madrid es adaptada al cine cuatro a?os m?s tarde. La novela siguiente, La sierra en llamas (1953) de ?ngel Ruiz Ay?car, retrata a un guardia civil que se infiltra en una partida y se inmola para que el Cuerpo pueda acabar con ella. El mismo a?o se edita la novela de Dar?o Fern?ndez Fl?rez, Frontera (1953), que dibuja 124 la vida decadente de los espa?oles que viven exiliados en Francia. Aunque algunos de los protagonistas participaron en el maquis, la menci?n de la resistencia es apenas apreciable. En 1955, Manuel Arce publica Testamento en la monta?a que narra en primera persona el secuestro de un indiano. Poco despu?s, sale la novela de Emilio Romero, La paz empieza nunca (1957), que en lo que toca a la resistencia repite la trama de La sierra en llamas.121 Otra obra del mismo escritor, Todos mor?an en ?Casa Manchada? (1969), trasmite la historia de una serie de muertes violentas que sufren varias generaciones de amos de una casa en Cuenca. La apariencia ef?mera de los guerrilleros en esta novela se?ala que la resistencia deja a ser un tema que interesa a los escritores afines a la dictadura. El mundo de Juan Lob?n (1967) de Luis Berenguer tambi?n limita el papel de los resistentes a una apariencia fugaz pues el hilo principal de la novela es la vida de un cazador furtivo. La ?ltima novela que claramente sale de la pluma de un adicto al r?gimen es la de Oscar Mu?iz, El ladrido (1969), que retrata a dos ?bandoleros?, Mauro y ?el Valiente?, cuyo ?nico prop?sito es sobrevivir. Estas novelas tienen varios aspectos en com?n que incluyen su estilo realista. Igual que las obras del per?odo anterior, estos relatos, salvo La paz empieza nunca y Testamento en la monta?a, son presentados por un narrador omnisciente en tercera persona. Con la excepci?n de La ciudad perdida, no se observan los flashbacks que se vieron en For Whom the Bell Tolls y que ser?n muy frecuentes en R?quiem por un campesino espa?ol. Incluso en las obras de 1969, no se aprecia el estilo m?s barroco que empez? a ser com?n en las narrativas que criticaban al r?gimen fascista a partir de la publicaci?n de Tiempo de silencio (1961). Frente al realismo social asociado con los 121 Seg?n Naharro Calder?n, Emilio Romero (1917-2003) se distingui? como periodista y director del diario official Pueblo. 125 escritores vencidos que durante los a?os cincuenta deseaban que sus obras ayudaran a cambiar la sociedad, el realismo de los novelistas fascistas sirve para justificar y mantener el status quo. Sus relatos se hacen eco de la versi?n oficial de la guerra, caracterizada como un mal necesario e inevitable para salvar la naci?n y del conflicto entre los resistentes y los defensores del nuevo r?gimen, dibujando a los primeros como criminales comunes y a los ?ltimos como h?roes sacrificados. Aunque todas las narraciones de este grupo retratan un fragmento de la historia de Espa?a, la resistencia, la obra que m?s parece una novela hist?rica seg?n las ideas de Gy?rgy Luk?cs122 es La paz empieza nunca pues se inicia con la llegada del protagonista, L?pez, a Madrid en la aurora de la Rep?blica. Los acontecimientos reales, como la quema de iglesias, son entretejidos con los hilos de ficci?n que corresponden con la vida personal de L?pez. Tras sus peripecias en la guerra civil y como miembro de la Divisi?n Azul, prosigue la lucha nuevamente en Espa?a. Su ?ltima misi?n lo lleva a infiltrarse en una partida para desarticular a los grupos en el norte de la pen?nsula. Esta parte del relato tambi?n est? basada en hechos reales que ser?n comentadas con m?s detalle abajo. Otros aspectos que estas novelas tienen en com?n incluyen una divisi?n manique?sta entre la caracterizaci?n heroica de las fuerzas p?blicas y la representaci?n de los resistentes como criminales comunes y personas lascivas, traicioneras o crueles. Este tratamiento de la guerrilla la dibuja como carente de inspiraci?n ideol?gica y justifica su exterminaci?n y los m?todos usados para realizarla aunque se evite cualquier referencia a pr?cticas como la tortura o se represente de manera favorable la represi?n. Estos ejemplos muestran c?mo los escritores afines al r?gimen se hacen eco de la propaganda franquista, 122 V?ase La novela hist?rica de Gy?rgy Luk?cs. 126 y sus obras ayudan a reforzar la versi?n oficial sobre la historia de los maquis en la memoria de los lectores. Aparte del claro seguimiento de la versi?n oficial, estas novelas parecen tendenciosas por otra raz?n. La adhesi?n de los autores al r?gimen fascista es incuestionable pues no s?lo no ocultan su preferencia por el bando vencedor, sino que en muchos casos la resaltan. El ejemplo m?s obvio es el de La paz empieza nunca que se abre con un comentario sin t?tulo de ?ngel Ganivet: la historia de un hombre en el Polo Norte que tir? a uno de sus hijos a los lobos para poder escapar con los dem?s.123 Ganivet propone que ?Espa?a debe hacer como aquel padre salvaje y amant?simo? y declara que ?en presencia de la ruina espiritual de Espa?a, [. . .] hay que arrojar aunque sean un mill?n de espa?oles a los lobos, si no queremos arrojarnos todos a los puercos? (Romero s. p?g.). Esta propuesta se trata como una acci?n que a?n no ha ocurrido, pero la cifra intenta justificar la lucha fratricida como un mal necesario pues coincide con la cifra de muertos de la guerra civil manejadas por los historiadores franquistas.124 La conexi?n entre el n?mero de muertos y la guerra civil resulta m?s claro en el pr?logo de Romero que retoma la proposici?n de sacrificar una parte en aras del bien del todo: ?M?s de un mill?n de muertos caben en esta historia. Exactamente, el mill?n de espa?oles echados a los lobos? (13).125 Como su historia retrata la ?poca de la Rep?blica hasta el declive de la guerrilla, la referencia al mill?n de muertos parece incluir no s?lo a las bajas ocurridas 123 Procede de Idearium espa?ol: el porvenir de Espa?a (1897). Otras novelas que muestran la indudable adhesi?n de sus autores al r?gimen franquista incluyen La sierra en llamas y Frontera. Al principio de su obra, Ruiz Ay?car coloca una ?advertencia? que subraya su deseo de captar ?el esp?ritu de hero?smo y sacrificio que caracteriza a la Guardia Civil espa?ola? (s. p?g.). 124 En 1961, Jos? Mar?a Gironella publicaba Un mill?n de muertos, segunda parte de su controvertida trilog?a que se completaba con Los cipreses creen en Dios (1953) y Ha estallado la paz (1966). 125 Estos comentarios recuerdan tambi?n las ideas del mismo dictador. Como se?ala Espinosa, cuando Jay Allen le insinu? a Franco que ?para llevar a cabo sus objetivos tendr?a que matar a medio Espa?a, Franco no dud[?] en afirmar: ?S? perfectamente el costo?? (212). 127 durante la guerra, sino tambi?n a las v?ctimas de las represalias fascistas de la posguerra. Por lo tanto, la inclusi?n de estos comentarios permite reconocer que el autor apoya al r?gimen dictatorial puesto que se hace eco del discurso fascista de que la guerra civil fue un mal necesario para salvar la naci?n del caos enfermizo que las tendencias izquierdistas sembraban y propagaban. As? pues, la contienda y la represi?n de posguerra son justificadas como una sangr?a imprescindible para curar a Espa?a de su ?ruina espiritual?. Adem?s de las advertencias y los otros comentarios tendenciosos, casi todas las obras ponen mucho ?nfasis en la destrucci?n masiva y definitiva de la resistencia. Los autores que apoyan la dictadura narran el conflicto de la guerra irregular como un enfrentamiento armado entre las fuerzas represoras (principalmente la Guardia Civil) y los ?bandoleros? y dibujan el fin de la resistencia como la victoria absoluta del r?gimen franquista. El desenlace de la novela de Ruiz Ay?car retrata la inmolaci?n de Manolo Carmena para que sus compa?eros de la Guardia Civil puedan acabar con la partida en la que se infiltr?. De esta manera, la versi?n oficial que los escritores fascistas ayudan a establecer con sus relatos atribuye el declive de los resistentes exclusivamente a las operaciones de las fuerzas represivas y deja de lado los otros factores imprescindibles para entender su desmoronamiento como la represi?n ejercida sobre los resistentes y sus parientes y la decisi?n del PCE en 1948 de poner fin a la actividad armada. Un ejemplo de c?mo estas obras obvian el uso de m?todos violentos para acabar con las guerrillas se observa en La sierra en llamas. Manolo Carmena, un guardia civil, convence a Perico, un republicano conocido suyo, que le ayude a infiltrarse en una partida apuntando a que las actividades de los ?bandoleros? son ajenas a cualquier ideolog?a pol?tica y, por lo tanto, no constituyen m?s que actos criminales. En vez de 128 mencionar el uso de tortura para hacer que los guerrilleros confiesen detalles sobre sus camaradas, Carmena dibuja a los resistentes como gente traicionera que siempre est? dispuesta a vender a sus compa?eros para salvar su propia piel. Le dice a Perico que si fueran unos idealistas sabr?an morir como tales antes que traicionar a sus compa?eros. Sin embargo, a esta gente, despu?s de a?os en la sierra, se les consigue apresar, se les propone trabajar a nuestro servicio, y ni uno, f?jate bien, ni uno dice que no [. . .] la mayor?a, con el deseo de hacer m?ritos que mitiguen su futura condena, se dedican como sabuesos a la caza del antiguo camarada. (Ruiz Ay?car 41) Este comentario es una grosera tergiversaci?n de la historia pues no s?lo soslaya el uso de la tortura y la ley de fugas para eliminar a resistentes e intimidar a otros para que colaborasen, sino que tambi?n niega que los resistentes y hasta sus parientes murieran torturados antes de delatar a sus compa?eros. En otros casos se menciona la represi?n disminuy?ndola o defendi?ndola.126 En Todos mor?an en ?Casa Manchada? el narrador explica que ?la guerra civil estaba muy reciente, [y] la represi?n a cargo de los vencedores hab?a sido importante en funci?n de las grandes matanzas de la guerra? (Romero 125). Aunque el comentario sugiere que las represalias de posguerra hab?an sido abundantes, destaca su necesidad como respuesta a las acciones llevadas a cabo en la retaguardia republicana. Se vuelve a justificar dichas 126 En La paz empieza nunca la represi?n se dibuja como m?nima y se evitan los acontecimientos violentos: ?Las c?rceles en aquella fecha ya hab?an recibido, y ya hab?an lanzado a la calle, a casi toda la masa de reclusos promovida por la guerra civil. [. . .] Realmente, la represi?n con internamiento hab?a durado poco m?s de cinco a?os. En 1945 ya estaban saliendo a la calle los condenados a perpetua, incluyendo a los masones y a los comunistas, que era con quienes se extremaba la severidad; los de condenas inferiores hac?a ya tiempo que hab?an salido? (Romero 336). La descripci?n distorsiona las condiciones en la posguerra sugiriendo que se redujeron todas las sentencias de cadena perpetua. Es m?s, el pasaje obvia toda menci?n de tortura, de las ejecuciones oficiales y las no oficiales (los ?paseos?), y de otros m?todos de represi?n que la dictadura usaba para acabar son sus enemigos. 129 represalias al decir que ?si el general Franco se entregaba, la carnicer?a rebasar?a en n?mero y en espect?culo a todo lo imaginable desde los or?genes de la Humanidad? (125). Al dejar de lado el uso de estas t?cticas violentas, las novelas de este grupo crean una imagen favorable de las fuerzas franquistas y hacen que su triunfo parezca exclusivamente el fruto del sacrificio de los defensores del r?gimen durante un conflicto relativamente ?limpio?127 entre dos grupos armados. En La sierra en llamas la inmolaci?n de Carmena permite que sus compa?eros de la Guardia Civil acaben con la partida. De manera similar, la infiltraci?n de L?pez en una partida en La paz empieza nunca permite eliminar a varias guerrillas. Incluso si esta obra s?lo toca el tema de los maquis en el ?ltimo tercio de la novela, sigue siendo importante para solidificar la versi?n oficial de la historia de los maquis pues repite (aunque de manera m?s escueta y sin la inmolaci?n del protagonista) la trama de La sierra en llamas. Esta repetici?n reforzar?a la versi?n oficial en la memoria del lector virtual. El tratamiento de las fuerzas franquistas resalta su car?cter heroico y dibuja su triunfo como definitivo y dr?stico (en vez de paulatino). Aunque la parte de La paz empieza nunca que trata la resistencia antifascista espa?ola se basa en hechos reales,128 el 127 Incluso cuando Carmena tiene la posibilidad de matar a un miembro de su partida, no lo hace porque habr?a sido a sangre fr?a. Esta decisi?n subraya el honor de los guardias civiles y caracteriza la lucha entre la Benem?rita y los guerrilleros como una que s?lo produc?a muertes en el campo de batalla. 128 Tanto en la versi?n novelada como en la relaci?n que Secundino Serrano ofrece de este acontecimiento, los agentes infiltrados fueron cuatro. El infiltrado principal (L?pez en la novela) logra hacer entrar tres m?s con el pretexto de conseguir tres emisoras para los maquis. ?Los infiltrados conocieron durante m?s de un a?o la infraestructura de la guerrilla, incluida la red de enlaces, y adem?s les permitieron estar en contacto permanente con los centros policiales? (Serrano, Maquis 266). El infiltrado principal, tal como L?pez, se hace pasar por maquis franc?s y el cebo tendido es la promesa de armas. A diferencia de la novela, que indica que en s?lo un lugar falla la trampa, Serrano explica que en dos lugares los guerrilleros no acudieron a la cita. Seg?n el historiador, tres maquis fueron asesinados en la playa de Francia, de donde sal?a el supuesto cargamento de armas, y en dos puntos de la costa cant?brica murieron trece m?s. En la obra de Romero se indica que es el a?o 1949 (322, 344), pero seg?n Serrano, este acontecimiento ocurri? el 27 y 28 de enero de 1948. 130 autor excluye los acontecimientos que ocurrieron debido a la eliminaci?n de diecis?is maquis. Seg?n la novela de Romero, L?pez coordina siete lugares con los maquis de Asturias para entregarles armas. En cada lugar, salvo una excepci?n en que los resistentes no acuden a la cita, las fuerzas represoras matan a toda o casi toda la partida. No obstante, Serrano se?ala que a causa de la muerte de sus compa?eros, dos docenas de hombres se echaron al monte para que no los detuvieran (Maquis 269). Estas adiciones a la resistencia habr?an compensado la p?rdida de los diecis?is guerrilleros.129 Aunque el golpe que esta infiltraci?n asest? a los maquis asturianos fue significativo, esta regi?n, a diferencia de otras zonas de Espa?a, todav?a mantuvo una resistencia importante y parte de los guerrilleros se rebelaron contra la orden del PCE dada en octubre de 1948 de cesar las actividades armadas y convertirse en agentes pol?ticos. La omisi?n de estos acontecimientos en la novela refuerza la versi?n oficial de que la muerte del movimiento guerrillero se debi? ?nicamente a una victoria policial. La representaci?n de las fuerzas gubernamentales como ganadores permite que los novelistas de este grupo atribuyan la gloria de la victoria a dichas fuerzas y dibujen a estos personajes como h?roes. No obstante, esta representaci?n sin matices resulta manique?sta pues estos hombres se retratan de manera incuestionable como los buenos de la historia. Asimismo, el desarrollo de los personajes que se opusieron al bando vencedor es igual de tendencioso. El reconocimiento de una divisi?n entre el bien y el mal y la necesidad de sacar un mensaje de las narraciones se resalta en el pr?logo de Frontera, ya 129 Era com?n que los enlaces y puntos de apoyo ?temiendo que toda la red hubiera sido descubierta? se echaran al monte cuando un maquis ?u otro miembro de la resistencia que podr?a delatarlo? ca?a preso o muerto. Sinti?ndose comprometidos por su v?nculo con la resistencia, ve?an su incorporaci?n a los maquis como la ?nica forma de evitar la represi?n. 131 que Fern?ndez Fl?rez hace un juicio moral sobre el comportamiento de sus personajes y apunta a la existencia de un fin moralizante: L?breme Dios de meterme en juicios que no me corresponden sobre la conducta de mis personajes, aunque la de algunos de ellos deje mucho que desear. Pero creo que esta aut?ntica ilustraci?n de unas formas de vida que entrego a mis lectores, resulta siempre moralizadora, porque la verdad moraliza siempre por s? sola. (10) Desde la ?advertencia? al principio de la novela de Ruiz Ay?car, el ?esp?ritu de hero?smo y sacrificio? de la Guardia Civil queda se?alado y la inmolaci?n del protagonista subraya estas caracter?sticas (s. p?g.). En La paz empieza nunca, sin embargo, la heroicidad del protagonista no es tan dram?tica. L?pez se expone a varias situaciones peligrosas, pero no pierde su vida. Aunque sea uno de cuatro infiltrados en la red de los resistentes asturianos, se intenta minimizar el papel de los otros tres para que el protagonista resulte m?s heroico. L?pez comenta la actividad de estos tres de manera que no parezcan muy activos: ?Est?n en Madrid. [. . .] me consta que ellos no estar?n inactivos. Si pueden, har?n algo? (Romero 349). De este comentario se entender?a que de momento los otros infiltrados no est?n realizando ninguna actividad significativa y en cuanto al futuro, cualquier acci?n de su parte parece una mera posibilidad. Es m?s, la referencia a que har?n ?algo? parece tenue en comparaci?n con las acciones que L?pez realiza: escapa de la c?rcel con un maquis, llega hasta Asturias con ?ste, y convive con la partida durante un a?o. Durante todo este tiempo, L?pez podr?a ser eliminado por los guerrilleros si descubren que es esp?a o morir en un enfrentamiento con las fuerzas del r?gimen. Adem?s de estos riesgos, L?pez podr?a caer antes las balas de los maquis si 132 alguna de las emboscadas (las trampas tendidas mediante la promesa de la entrega de armas) produjera un tiroteo. El relato de Romero tambi?n acent?a el car?cter heroico del protagonista pues L?pez y un compa?ero suyo, Perico Menc?a, son los ?nicos que disparan contra los guerrilleros durante las emboscadas. Aunque un conductor y otro hombre los acompa?an, ?stos permanecen inactivos y son eliminados en la versi?n cinematogr?fica. No obstante, el texto de Felipe Matarranz, un guerrillero y enlace de Asturias, dibuja la situaci?n al rev?s, dando la ventaja num?rica a los guardias civiles: ?Salieron aquellos heroicos guerrilleros en fila india, pero el cami?n y los alrededores del lugar estaban llenos de asesinos y, apenas se acercaron al cami?n, cayeron ametrallados? (283). Tras esta comparaci?n de las dos representaciones, se aprecia mejor que la novela aumenta la valent?a y el car?cter heroico de las fuerzas del r?gimen pues dibuja la situaci?n de L?pez como m?s arriesgada. El car?cter heroico de L?pez tambi?n se desarrolla volviendo a las concepciones cl?sicas pues el protagonista est? marcado con un signo. Seg?n le explica Menc?a, ?t? y yo, y doscientos mil m?s, hemos nacido con este signo en nuestra frente, y as? nos estaremos hasta el final? (330). De manera similar, L?pez se describe como un h?roe ?pico fiel al destino ya ha escrito. Al comentar su sacrificio, el personaje se compara con don Quijote, s?mbolo de un h?roe que se enfrenta con obst?culos imposibles y enmienda el mal hecho por otros: ?Luchaba conmigo mismo, contra el Quijote que llevaba dentro, contra la inexorabilidad de un destino que me obligaba permanentemente a entregar mi vida a las causas de mi Patria, sin ninguna obligaci?n, pero con una fuerza rara, extra?a, que me seduc?a y dominaba? (333). El protagonista, cansado tras siete a?os de lucha y 133 deseoso de volver con su familia, se resiste contra su naturaleza quijotesca, pero su instinto gana y acepta la proposici?n de infiltrarse en una partida.130 En fuerte contraste con la supuestamente ejemplar ofensiva llevada a cabo por las fuerzas represoras bondadosas, la lucha guerrillera se dibuja como carente de inspiraci?n ideol?gica caracterizando a sus integrantes como criminales comunes que violan y atracan. Se observa esta imagen denigrante en la descripci?n que L?pez ofrece de las partidas en La paz empieza nunca: ?[?stas] eran reinos de taifas, y ni uno solo se preocupaba de estar en regla con la teor?a? (Romero 380). De manera similar, la imagen negativa de la resistencia es obvia desde el principio de El ladrido. Seg?n el narrador, los ?lobos?, s?mbolo de los guerrilleros,131 ?bajar?n de los abruptos puertos para saciar el hambre devorando cuanto en las caser?as del valle puedan hallar como bot?n de sus correr?as? (Mu?iz 7). El t?rmino bot?n evoca la imagen de pillaje y se asocia con la satisfacci?n de los placeres bajos: ?Luego, en Francia, su refugio, los inviernos transcurrieron placenteros, teniendo Mauro a su alcance cuanto pod?a desear: mujeres, juego, licores? todo lo que sus elementales necesidades demandaban, proporcionado por el bot?n conseguido en est?o? (35). En los pocos casos en que se menciona la influencia de ideolog?a izquierdista en la resistencia, ?sta es desvirtuada inmediatamente. L?pez, por ejemplo, asocia a los comunistas con personas que son criminales desde su nacimiento: ?Algunos individuos eran criminales natos, y cualquier tipo de sociedad, incluyendo la sociedad comunista? 130 En El ladrido y Todos mor?an en ?Casa Manchada? el papel insignificante de las fuerzas del r?gimen probablemente se debe a las dos d?cadas que separan estos relatos del fin de la guerrilla. La necesidad de proclamar la victoria del r?gimen y de caracterizar a las fuerzas franquistas de manera heroica ya no est? tan fuerte. 131 En Donde las Hurdes se llaman Cabrera (1964) se compara a los maquis con lobos. Pero este animal se establecer? como s?mbolo preferido de los resistentes en la novela de Julio Llamazares, Luna de lobos (1985). Para m?s sobre el simbolismo de esta novela, v?ase la tesis de Grande-Gonz?lez. 134 (Romero, La paz empieza nunca 395-96). Otra descripci?n reitera varias de estas mismas concepciones de los resistentes: Los que estaban en el monte, huidos desde la guerra, hab?an perdido toda norma y toda orientaci?n pol?tica, y operaban como fieras acorraladas, sin otro norte que robar, vengarse y defender su piel. Posteriormente, fueron incrementadas estas partidas por gentes, que, en general, no acud?an por motivos idealistas, sino porque eran perseguidos por delitos comunes o ten?an dificultades para vivir, hasta en ocasiones eran ciudadanos neutros y hasta individuos de las fuerzas de orden p?blico que quer?an prosperar econ?micamente, y se echaban al robo disfrazados de comunistas. (358) Seg?n expresa L?pez, ni en sus albores ni posteriormente pod?a la lucha guerrillera pretender inspirarse en una ideolog?a pol?tica.132 En otro momento se rebaja a un ajuste de cuentas, mientras que las fuerzas represoras aparecen como agentes conciliadores. Seg?n L?pez, ?a esa gente hay que integrarla en la vida espa?ola quitando de sus conciencias el ajuste de cuentas? (399). La idea de integrar a los maquis en la vida espa?ola contrasta con la necesidad de eliminar la enfermedad causada por los ?rojos? y sanar o salvar la naci?n que se subraya en otras partes de La paz empieza nunca. En una conversaci?n entre L?pez y Menc?a, el protagonista intuye que ?ste quiere que ?liquide? a los guerrilleros. Menc?a le explica que ?quieren que te pongas al frente de un grupo que va a llevar a cabo una operaci?n de 132 A su vez, su comentario obvia por qu? estas personas se convirtieron en huidos. As? pues, se aprecia nuevamente c?mo se evita un reconocimiento de las represalias que las fuerzas fascistas llevaron a cabo contra las personas que no apoyaban la sublevaci?n. 135 limpieza de maquis en Asturias? (329, ?nfasis m?o).133 Pensando c?mo se podr?a acabar con los resistentes, L?pez opina que ?la ?nica manera de exterminar a aquella gente era urdiendo una treta superior? (381, ?nfasis m?o). Hablar de matar a un grupo de personas como de una ?operaci?n de limpieza?, sit?a a los guerrilleros como gente enfermiza, sugiere que es imposible una cura, y que su eliminaci?n total es la ?nica opci?n. Estos t?rminos tambi?n sugieren que la trampa tendida implic? la muerte definitiva de los maquis. La tendencia a representar a los ?rojos? como indeseables otros que contaminan y rompen la unidad de la sociedad espa?ola se entiende mejor al considerar las ideas de Ricoeur y LaCapra. Seg?n Ricoeur, la segunda causa de la fragilidad de la identidad se debe a ?la confrontation avec autrui, ressentie comme un menace? (La m?moire, l?histoire, l?oubli 99). La confrontaci?n entre la Espa?a ?nacional? y los ?rojos? produce para aqu?lla una ansiedad basada en su percepci?n de la destrucci?n de uno de los pilares de su identidad: la unidad nacional. Una manera clave para despejar esta ansiedad es to locate a particular or specific thing that could be feared and thus enable one to find ways of eliminating or mastering that fear. The conversion of absence into loss gives anxiety an identifiable object ? the lost object ? and generates the hope that anxiety may be eliminated or overcome. By contrast, the anxiety attendant upon absence may never be entirely eliminated or overcome but must be lived with in various ways. It allows for only limited control that is never absolutely assured; any cure would be deceptive. Avoidance of this anxiety is one basis for the typical projection 133 La novela de Romero usa it?licas para el t?rmino maquis. He representado esta palabra con letra normal en todas las citas de este texto puesto que las it?licas podr?an confundir al lector sobre los ejemplos que estoy intentando ofrecer. 136 of blame for a putative loss onto identifiable others, thereby inviting the generation of scapegoating or sacrificial scenarios. In converting absence into loss, one assumes that there was (or at least could be) some original unity, wholeness, security, or identity that others have ruined, polluted, or contaminated and thus made ?us? lose. Therefore, to regain it one must somehow get rid of or eliminate those others ? or perhaps that sinful other in oneself (LaCapra, Writing History, Writing Trauma 57-58). As? pues, el bando franquista convierte la ausencia percibida de la unidad nacional en una p?rdida. Al inculpar a los republicanos de esta p?rdida y exterminarlos, intentan eliminar esta amenaza a su identidad y recuperar el objeto perdido. Otra caracterizaci?n de la resistencia que se hace eco de la historia oficial es que aqu?lla nunca represent? una amenaza significativa. El poder que los maquis asturianos encarnaban queda reducido con el siguiente comentario de L?pez tras la realizaci?n del golpe: ?Atr?s quedaba la ingente pesadilla del maquis, rota en pedazos, deshecha a tiros durante una hora larga, en una operaci?n . . .? (408, ?nfasis m?o). Esta descripci?n de los hechos hace que la eliminaci?n de los guerrilleros parezca una sola operaci?n que dur? nada m?s que una hora, y por lo tanto, la imagen que el lector virtual se forma en su memoria es la de una resistencia insignificante que nunca podr?a haber derrocado al dictador.134 134 En El ladrido se repite esta imagen de la resistencia, pero de manera m?s convincente pues ahora se pone en boca de los resistentes. Mauro luch? en el bando republicano durante la guerra y luego, form? parte de una partida que particip? en la invasi?n del Valle de Ar?n. En ?sta hab?a cerca de cien hombres, pero seg?n ?l, ?la mayor?a carec?a de la necesaria experiencia montaraz, aunque muchos alardeaban de sus presuntas haza?as en la Resistencia francesa. ?Pero una cosa fue la Resistencia?, pensaba despectivamente Mauro, ?y otra lo ?nuestro?, en las monta?as de Asturias?? (Mu?iz 32). El hecho de que Mauro menosprecie y sospeche de la experiencia de estos hombres ?como indica la frase ?presuntas haza?as?? y les tache luego como ?estos mierdas? hace que el lector virtual concluya que los propios resistentes, y en particular los mejor entrenados, nunca pensaban que su lucha tendr?a ?xito. 137 Vinculada con la idea de que la resistencia fue una amenaza insignificante est? la imagen de la lucha como un esfuerzo perdido de antemano. Refiri?ndose a Mauro y ?el Valiente?, el narrador comenta que ?en Espa?a los ca?ones quedaron mudos tiempo atr?s. ?nicamente en el monte, ellos, y otros pocos como ellos, prosegu?an por su cuenta una campa?a perdida? (85). En otro momento se reitera esta idea de la resistencia como ?una guerra que ya hab?an perdido? (Mu?iz 59). Cuando la continuaci?n de la lucha no se denigra mediante la sugerencia del enriquecimiento de unos delincuentes, se difama por la alusi?n a que sirve para satisfacer el ego de los guerrilleros, su obsesi?n personal, o para preservar sus vidas. Esta representaci?n vuelve a caracterizar a la resistencia como una lucha apol?tica y apunta a que se trata de un esfuerzo individualizado. En Todos mor?an en ?Casa Manchada?, los pensamientos de ?lvaro, el amo de ?Casa Manchada?, sugieren que el famoso guerrillero ?el Campesino? sigue luchando para satisfacer su orgullo personal pues ya no cree que la victoria sea posible. La caracterizaci?n de la resistencia como una caduca pugna individual se aprecia nuevamente en La paz empieza nunca pues Carazo, el l?der de la partida donde L?pez se infiltra, ?defend?a solamente su vida. Esperaba las armas exclusivamente para prolongar aqu?lla? (Romero 383). El hecho de que el jefe de la partida no piense en la sobrevivencia de sus hombres sino en proteger su propia vida hace que la resistencia parezca una lucha individualizada. Adem?s, la sugerencia de que Carazo quiere prolongar su vida alude a la cercan?a irremediable de la muerte. Al expresar que Carazo s?lo se preocupa por su vida, se induce al lector virtual a pensar que el jefe de la partida tampoco defiende una ideolog?a ni incluso con armas. As? pues, la lucha parece apol?tica, individual e in?til. 138 Aunque en las obras de per?odos posteriores la indicaci?n de que un guerrillero tambi?n luch? en la guerra civil o en la Resistencia francesa suele causar una impresi?n favorable de los resistentes que se opon?an al fascismo en Espa?a, parece lo contrario en el caso de El ladrido. A pesar de que la determinaci?n de Mauro de luchar primero en el bando republicano y luego como part?cipe en la invasi?n del Valle de Ar?n parece motivado por creencias ideol?gicas, se intenta disminuir la importancia de la motivaci?n pol?tica y destacar la obsesi?n del individuo dibujando as? la resistencia como un esfuerzo individualizado y apol?tico. Numerosas referencias sugieren que Mauro participa en la lucha antifascista debido a una obsesi?n personal: ?La Guardia Civil? Es una lucha casi personal empe?ada desde muchos a?os atr?s. Comenz? en el treinta y seis, cuando ?l lleg? a Gij?n con la columna de Carrocera, el jefe anarquista? (12, puntos suspensivos originales; ?nfasis m?o). En otra ocasi?n el narrador indica que ?han trascurrido a?os, muchos a?os, pero durante todos ellos, la Guardia Civil ha continuado siendo su personal enemigo? (13, ?nfasis m?o). Anteriormente se se?alaron algunos casos en los que se menciona la inspiraci?n ideol?gica de los resistentes aunque casi de inmediato se les desacredita caracteriz?ndolos como criminales. En otras ocasiones, se evoca la influencia pol?tica, pero s?lo para mostrar la divisi?n o para presentar sus objetivos de manera ambigua. En Todos mor?an en ?Casa Manchada?, esta divisi?n desprestigia la lucha armada y la vuelve a retratar como una amenaza poco significativa. ?El Campesino? le dice a ?lvaro que mientras luchaba de frente contra los fascistas, ten?a que proteger su espalda de otros comunistas. El jefe intenta hacerle callar pidi?ndole que no cuente ?a estos fascistas nuestros trapos sucios?, pero el guerrillero insiste en que todos los espa?oles tienen que 139 saberlo (214). La divisi?n interna y, por lo tanto, la ineficacia de la lucha tambi?n se plasman describiendo los prop?sitos de la resistencia de la manera m?s confusa pues se indica que ?el Campesino? ha vuelto a Espa?a para ?acabar con Franco, con Liste,135 con Modesto y la Pasionaria? (219). La indicaci?n de que el guerrillero lucha contra el dictador y destacados l?deres izquierdistas confunde la motivaci?n pol?tica de la resistencia y sugiere que la lucha es ineficaz y, por lo tanto, incapaz de producir la victoria. En algunos otros casos, las novelas de este grupo reconocen la motivaci?n pol?tica de los resistentes, pero ?sta se atribuye a la ingenuidad de los personajes. En La sierra en llamas, el ?nico maquis que muestra fundamento ideol?gico cambia de bando al final de la novela. Esta modificaci?n se representa como la salvaci?n de un joven que ten?a buenas intenciones proyectadas sobre el camino equivocado. Se vuelve a observar en La paz empieza nunca que los miembros de la resistencia se dibujan en dos extremos: o criminales comunes que s?lo buscan prosperar econ?micamente o personas ingenuas que luchan por un ideal pero cuya inocencia les ha impedido reconocer cu?l es el ?buen camino?: ?Ver?s; t? sabes de sobra lo del maquis? Menc?a le dice a L?pez (Romero 328). ?Est?n entrando por Francia a manadas y los de aqu? se animan. Unos, ingenuos o grandiosos, est?n en ellas por su ideal, pero la mayor?a son los rivales de siempre que ven en la simp?tica vestidura de guerrilleros o partisanos, una buena ocasi?n, aunque arriesgada, de hacer una operaci?n econ?mica?? (Ib?d., puntos suspensivos originales; ?nfasis m?o). As? pues, en estos ejemplos se aprecia otra manera en que cualquier imagen positiva de los guerrilleros se suplanta por otra que les resta el favor del lector virtual de manera que ?ste se forma una idea negativa de la resistencia en su memoria. 135 La novela imita el acento extreme?o. Se refiere a Enrique L?ster, un destacado militar comunista. 140 Cuando los resistentes no se caracterizan como ingenuos idealistas, suelen ser representados como gente traicionera. Anteriormente se coment? un caso de La sierra en llamas en el que Carmena subraya en su conversaci?n con Perico que los resistentes no son m?s que delincuentes que se delatan entre s?. Seg?n el guardia civil, todos los maquis que su Cuerpo ha apresado colaboran con las fuerzas del r?gimen y ayudan a detener a sus ex compa?eros. Si estos argumentos no son suficientes para convencer a Perico, la oferta de ayuda, por parte de Carmena, para exiliarse le resulta irresistible. Perico traiciona a sus compa?eros en el monte y ayuda a Carmena a infiltrarse en una partida. As? pues, este personaje subraya que los ?rojos? s?lo pueden ser gente traicionera.136 Otra manera en que se desacredita la resistencia es la representaci?n de los maquis como hombres lascivos o, peor incluso, como violadores. En El ladrido, ?el Valiente? y Mauro roban durante el verano para emborracharse y acostarse con prostitutas en Francia o Andorra en el invierno. En las m?ltiples descripciones de Francia, la vida de ambos se retrata como una org?a continua: ?En Francia [Mauro] no trabaja, vive de las rentas, entregado a los placeres proporcionados por el bot?n de la campa?a. Francia, la de las noches despreocupadas, noches de embriaguez y de lujuria, prostitutas, licores?? (25). Tras sugerir que Mauro y ?el Valiente? son hombres lascivos, el relato los presenta como violadores pues aqu?l fuerza a Luz, la hija de la familia a la que obliga a hospedarles mientras ?el Valiente? se recupera. 136 En El ladrido toda la lucha asociada con la izquierda desde la guerra civil hasta la resistencia es dibujada como contaminada por la traici?n. El narrador describe el abandono sufrido por los soldados republicanos por parte de sus mandos a la ca?da del frente asturiano de la siguiente manera: ?los ?mandamases? tan s?lo pensaron en huir, dejando atr?s a sus hombres; [. . .] Para facilitar la fuga, los muy traidores hicieron sonar las sirenas difundiendo la alarma de un supuesto ataque a?reo? (59). La lucha de los maquis tambi?n se dibuja infectada por la traici?n pues los gu?as que ayudan a la partida de Mauro a invadir el Valle de Ar?n entregan a los resistentes a la Guardia Civil. 141 La probabilidad de que la representaci?n negativa de la sexualidad de los maquis sirva al fin de desacreditar a la resistencia parece m?s obvia en La sierra en llamas. En el primer cap?tulo, la partida de ?el Tuerto? atraca una casa y da una arenga indicando que lo confiscado sirve para ayudar al ?Ej?rcito de la Rep?blica?. No obstante, su deseo de gozar de la hija del due?o parece superar su motivaci?n pol?tica.137 Tras decirle al padre de la familia que queda encargado de repartir la propaganda que le ha dado, ?el Tuerto? le insta a procurar que su hija est? en casa la pr?xima vez. Aunque la novela de Ruiz Ay?car se abre con este intento de violaci?n fracasado, esta partida abusa de una mujer en el segundo cap?tulo. Resulta interesante observar que el correlato de los varones lascivos y resistentes son mujeres a las que en aquella ?poca se habr?a tachado como poco morales. Las asociadas a los movimientos izquierdistas o las hijas de familias cuya fidelidad al r?gimen es cuestionable son representadas como prostitutas o mujeres f?ciles en las obras escritas por autores afines al r?gimen de Franco. En El ladrido Luz mantiene relaciones sexuales con su novio.138 Mauro se entera y decide aprovecharse de la joven. Aunque la violaci?n le provoca repugnancia, poco despu?s Luz seduce a ?el Valiente?. El narrador indica que Luz est? acostumbrada a ?sentir sobre su piel la ardiente comez?n de las miradas codiciosas de los hombres? (Mu?iz 124). Es precisamente el desinter?s que ?el 137 El discurso de ?el Tuerto? tambi?n hace referencia a la Uni?n Nacional y califica a los hombres como guerrilleros. Aunque ciertas novelas de este grupo permiten que los resistentes mencionen sus v?nculos pol?tico-militares y se refieran a s? mismos con t?rminos favorables, la imagen negativa que sus acciones crean de ellos suplanta cualquier indicio positivo. 138 Juan, el padre de Luz, empez? luchando para la Rep?blica en el frente de Asturias. Ca?do ?ste, vuelve a casa y luego lucha del lado de las fuerzas rebeldes. Seg?n el narrador, a ?Juan, combatiente forzoso llamado a filas por la quinta, le daba un higo el ideal del Frente Popular y la causa de la Rep?blica? (Mu?iz 67). Aunque no parece estar afiliado a ning?n partido de izquierdas, su adhesi?n al nuevo r?gimen tambi?n resulta cuestionable. Si bien es cierto que los ?bandidos? amenazan con matar a toda la familia si les entrega a la Guardia Civil, tambi?n la codicia de Juan aumenta a lo largo de la novela. Su deseo de obtener m?s dinero de Mauro y ?el Valiente? le convierte en su c?mplice. As? pues, se desarrolla una duda en la mente del lector virtual sobre la fidelidad de Juan y su familia al r?gimen. Esta sospecha permite que se mezcle el papel de v?ctima con el de c?mplice. 142 Valiente? le ha mostrado lo que despierta las ganas de la joven: ?La excepci?n a esta norma sirve de acicate en ella a la avidez de hembra en celo, estimulada por la inusitada frialdad que demuestra el macho? (Ib?d.). Luz deja que su bata se abra exponiendo su cuerpo desnudo. Cuando esto da el resultado deseado, su triunfo muestra ?[s]u vanidad de hembra: ah? lo tiene, ante ella, encelado, al macho que parec?a resistirse? (125). La representaci?n de las relaciones sexuales entre Luz y ?el Valiente? parece m?s bien la descripci?n de un acoplamiento entre animales, lo cual muestra la perspectiva del narrador. ?ste considera la escena desde de una perspectiva de superioridad moral y, por lo tanto, relata con menosprecio la actividad lasciva de la pareja. Para comprender el efecto que esta representaci?n de la mujer izquierdista tendr?a sobre el lector virtual, es preciso resaltar la importancia que se otorgaba al hecho de que la mujer fuera virgen al casarse durante la ?poca franquista.139 El fuerte contraste entre la representaci?n de la mujer vigente en aquella ?poca y las acciones de Luz, quien ha tenido relaciones extramatrimoniales con tres hombres, deja claro que el autor pretende desarrollar el car?cter de esta mujer de manera que sea menospreciada por sus lectores. Cualquier empat?a que la violaci?n pudiera haber inspirado al lector virtual queda anulada cuando la joven seduce a ?el Valiente?. Aunque la relaci?n entre ambos empieza como una conquista de la joven, acaba convirti?ndose en una obligaci?n de la cual ni la objeci?n de sus padres la pueden proteger. Incluso, al final de la novela, Ramona, la madre de Luz, le manda seducir a Mauro. No le explica que es para que su padre pueda matar a ?el Valiente?. La hija protesta, pero Ramona, refiri?ndose a lo que son repetidas violaciones, ?Luz nunca accedi? voluntariamente a las 139 Juan Eslava Gal?n se?ala en Coitus interruptus la publicaci?n de libros que se daban a las j?venes para convencerles de que la ?nica forma de asegurarse de que su novio se casara con ellas era llegar virgen a la boda. 143 demandas de Mauro?, dice ??Acaso no s? yo que os acost?is juntos? ?No os he visto salir para hacer vuestras marranadas? No me vengas ahora con remilgos, porque t? no eres mas que una asquerosa puta? (204). As? pues, el narrador envuelve a Luz en un velo de ambig?edad en el que se la representa simult?neamente como v?ctima y c?mplice. En La paz empieza nunca, la caracterizaci?n de Paula, la ex novia de L?pez, tambi?n es una mezcla de v?ctima y c?mplice. A lo largo de la novela, el lector virtual probablemente su pondr?a que Paula ejerce la profesi?n m?s vieja del mundo por necesidad econ?mica. Ciertas descripciones de Paula, en boca de L?pez, podr?an despertar la empat?a del lector virtual: ?Paula ten?a en la cara la imagen conocida de la prostituta, una mezcla rara y horrible de la crueldad, el sufrimiento, la sensibler?a y el comercio en un solo gesto? (Romero 391). No obstante, L?pez destruye cualquier posibilidad de empat?a por parte del lector virtual en la pen?ltima p?gina de la novela al observar que ?Perico me dijo que Mary Paz140 no cobraba? (410). De este comentario, habr?a que entender que Paula se prostitu?a por gusto y parece culpable de su abominable situaci?n. En fuerte contraste con la imagen de las personas asociadas con la resistencia se encuentra la caracterizaci?n de la sexualidad de los adictos al r?gimen como inocente y feliz. Al principio de La paz empieza nunca, Paula y L?pez son novios. Seg?n Paula le explica a Concha, L?pez ?no hizo otra cosa conmigo que besarme en la boca, y esto era como un atrevimiento muy grande. Los dos tembl?bamos, y ?ramos muy felices? (352). Paula comenta su propia rectitud moral y la clara divisi?n en su vida tras hacerse comunista de la siguiente manera: 140 Paula, al adoptar la doctrina comunista, cambia su nombre a Mary Paz. 144 Paula era una persona y Mary Paz otra. Paula era una muchacha decente, que [?] ten?a muchas amigas, y despu?s tuvo un novio, con quien seguramente se habr?a casado, y habr?a tenido hijos, y vivir?a, como se dec?a antes, en paz y en gracia de Dios? Mary Paz es una golfa, que asesin? a Paula [?] Es una asquerosa, una puerca, una golfa, que lo ?nico que no sabe es portarse bien. Se acuesta con el que puede, ?te enteras? Y, adem?s, no tiene ning?n inconveniente en entregar unos hombres a otros para que los encierren o los maten?. (353)141 Al darse cuenta del contraste entre estas dos vidas, la prostituta no puede hacer m?s que llorar, acci?n que sirve para subrayar su desgracia y su descontento.142 Las narraciones de este grupo casi nunca cuestionan las causas de la Guerra Civil ni de la lucha de los maquis. En El ladrido formar parte del bando vencido se considera ?mala suerte? (Mu?iz 31). Se lamenta la violencia y sufrimiento que la guerra ocasion?, pero sin indagar en sus causas u otorgar responsabilidades (21). En cuanto a la resistencia armada, se menciona en La paz empieza nunca, que ?los que estaban en el monte, huidos desde la guerra? necesitaban ?defender su piel? (Romero 358). No obstante, no se indica expl?citamente contra qu? o qui?n tienen que defenderse. Hay, sin embargo, muchas referencias a la necesidad de eliminar a los maquis. Esta separaci?n de ideas permite 141 La ?ltima parte de esta ?ltima cita vuelve a caracterizar a la gente de izquierdas como personas traicioneras. Aunque Paula ha adoptado la doctrina comunista, est? dispuesta a colaborar con las fuerzas represivas y entregar a los suyos que est?n en el monte. 142 El comentario de Paula ejemplifica nuevamente la tendencia de los novelistas afines al r?gimen a poner en boca de los guerrilleros o de las personas que les ayudan una representaci?n negativa de la izquierda como manera eficaz de hacer que el lector virtual se forme una idea negativa de la lucha clandestina puesto que hasta los propios resistentes tienen una mala imagen de s? mismos. S?lo un adicto al r?gimen llega a usar t?rminos despectivos para describir a Paula. No obstante, la palabra furcia que sale de boca de Menc?a es mucho m?s suave que los insultos que la prostituta usa para describirse a s? misma. 145 dibujar el esfuerzo de las fuerzas franquistas por exterminar a los guerrilleros como deseable, mientras que la necesidad de defenderse, por parte de ?stos, queda olvidada. Una excepci?n a la tendencia de obviar las causas aparece en Todos mor?an en ?Casa Manchada?. Esta obra sugiere que Manuel Aza?a fue responsable por la lucha fratricida pues ?encabez? la excitaci?n republicana frente a la Espa?a conservadora, mon?rquica y tradicional, y luego se llen? de n?useas por la guerra civil? (Romero 182). Este comentario retrata a Aza?a como instigador de masas que luego, sent?a repugnancia por las consecuencias de sus ideas. Franco, en cambio, es exculpado. A ?ste ?le hab?an condenado por haber sido protegido por Hitler y por Mussolini? (224, ?nfasis m?o). Este adjetivo sugiere que Franco se limitaba a defenderse, lo cual tergiversa la realidad hist?rica del levantamiento militar, un acto de agresi?n realizado por ?l y otros generales.143 El cerco pol?tico internacional se caracteriza como injusto144 y se llega a sugerir que esta situaci?n favoreci? la entrada de los guerrilleros en el pa?s. Como no se menciona la existencia de grupos de resistencia que nunca salieron de Espa?a ni las incorporaciones a las guerrillas desde dentro de la pen?nsula y se resalta que estos espa?oles lucharon en el Ej?rcito franc?s, la llegada del maquis parece una invasi?n de semi-extranjeros.145 143 Estos comentarios coinciden con la versi?n oficial. Para justificar la sublevaci?n militar, el Estado franquista criminalizaba el Frente Popular y juzg? a las personas que lucharon en defensa de la Rep?blica por rebeli?n militar. 144 Soslayando la responsabilidad del dictador, no se refiere directamente a la pol?tica b?lica extranjera de Franco, sino a Espa?a y ?sta se considera inocente de las acusaciones y no merecedora de la oposici?n mundial, pues seg?n el narrador, no ayud? a Italia ni Alemania, lo cual arroja una sombra sobre la participaci?n espa?ola en la Segunda Guerra Mundial en forma de la Divisi?n Azul o la ayuda en materias primas como el wolframio o el abastecimiento a los submarinos nazis. 145 Esta imagen de la resistencia parece una continuaci?n de la propaganda fascista que caracterizaba a los republicanos como la ?anti-Espa?a?. El hecho de que la palabra maquis viniera del franc?s ayuda a dibujar a los guerrilleros como ajenos a la patria y explica por qu? el r?gimen permiti? su uso en la literatura y no insisti? que se usara otros t?rminos como ?bandoleros?. 146 La explicaci?n del encargado de ?Casa Manchada? reconoce la influencia pol?tica146 en la resistencia, pero ?sta queda menguada al desarrollar el episodio en que intervienen los guerrilleros. Rosa decide que su esposo muere por la maldici?n de la Casa Manchada, lo cual subvierte la importancia de la elecci?n de ?lvaro como secuestrado.147 Frente a las ?puerilidades? de su madre, que cre?a que la casa era un ser vivo que asesinaba a sus due?os, Mar?a subraya la asociaci?n entre la pol?tica y la muerte de sus antepasados: ?Todo lo que hab?a ocurrido en ?Casa Manchada? ?se repet?a? era obra de la casualidad, de las circunstancias espec?ficas de Espa?a, un pa?s inestable, convulso, en discordia y en guerra permanentes desde el final del reinado de don Carlos IV? (237). No obstante, su opini?n considera la guerra civil como un eslab?n m?s en la cadena de acontecimientos violentos que manten?a al pa?s en un estado ca?tico desde hace un siglo y medio. Esta reflexi?n sobre el pasado, que se hace eco de la propaganda fascista, seg?n la cual la guerra civil era inevitable, resta importancia a la sublevaci?n militar. De esta forma, la novela contribuye a hacer m?s s?lida la versi?n oficial que niega cualquier sentido de responsabilidad respecto a las causas de la lucha fratricida. La pr?ctica de censurar el material informativo era una manera eficaz de mantener al pueblo ignorante de la existencia de la guerrilla y, en las ocasiones en que se comentaban sus acciones, el uso de t?rminos apol?ticos como ?bandoleros? o ?terroristas?, ten?a el efecto de tergiversar sus objetivos. Aunque se llega a admitir que la censura silenciaba esta guerra, se explica por el bien del pueblo espa?ol, al cual se trata 146 Cuando el amo del cortijo le pregunta a Moriones, el encargado, ??Qu? es eso de los ?maquis???, ?ste responde que ?son los comunistas que vuelven al haber ganado Rusia la guerra? (124). 147 Cuando el jefe de la partida llega a ?Casa Manchada?, le pregunta a ?lvaro si no le da verg?enza sus posesiones. El amo responde que todos est?n felices. El guerrillero le dice que los labradores ?sabiendo que los maquis se ir?n? no pueden decir otra cosa. Le ponen una multa de un mill?n de pesetas ?por explotaci?n indebida del pueblo? (206). 147 como a un ni?o que necesita ser protegido de una informaci?n que podr?a perjudicarle moral o psicol?gicamente. No conven?a reconocer la existencia de una oposici?n pol?tica que recordara a los espa?oles su existencia al margen de la democracia. El ?ltimo aspecto por analizar de estas novelas es el uso de los t?rminos que describen a los resistentes. En El ladrido, la voz del narrador omnisciente es la ?nica que clasifica a Mauro y a ?el Valiente? como ?huidos? ya que ellos no se autodenominan de ninguna manera y las fuerzas represoras, cuya voz casi no se escucha, y los miembros de la familia, tampoco los clasifican. Seg?n el narrador, Mauro es ?un ?huido?, un guerrillero, un bandido, que de cualquiera de estos modos puede llam?rsele? (Mu?iz 31). Esta caracterizaci?n indica que no hay distinci?n entre estos t?rminos. Ser guerrillero, que para los propios maquis espa?oles indica una persona que lucha contra un r?gimen ileg?timo, es sin?nimo de criminal com?n o bandido de manera que el t?rmino pierde sus connotaciones pol?tica o militar. La misma equiparaci?n tiene lugar al calificar al compa?ero de Mauro. Se explica que Luz no conoce la historia de ?el Valiente?. ?S?lo sabe de ?l lo que su apariencia revela: que es un ?huido?, un bandolero? (47). La posibilidad de entender huido como una persona que se evade de la represi?n y la tortura que un gobierno totalitario emplea para subyugar a sus enemigos queda suplantada por la connotaci?n que tambi?n define bandolero: uno que vive fuera de la ley. Mientras que la primera acepci?n infundir?a piedad en el lector virtual pues el personaje le parecer?a una persona perseguida injustamente, la segunda le inclinar?a a pensar que el individuo merece ser buscado, capturado y ajusticiado. La confusi?n entre los t?rminos llega a ser mayor pues se usa el t?rmino guerrillero para referirse a ?el Valiente? a pesar de que no se ech? al monte por motivos pol?ticos. Equiparar guerrillero con bandido o bandolero y 148 llamar guerrillero a una persona que no ten?a pretensiones ideol?gicas es otra forma de desprestigiar y ocultar los motivos de la lucha clandestina. En las otras novelas, no se observa esta equiparaci?n de t?rminos favorables y desfavorables a la resistencia sino una preferencia seg?n la adhesi?n del hablante a un bando u otro. Los narradores de La sierra en llamas y Frontera usan t?rminos que ofrecen una imagen negativa de los resistentes como ?bandoleros? o ?criminales?. De manera similar, los guardias civiles de La sierra en llamas y Todos mor?an en ?Casa Manchada? tampoco usan palabras que sugieran una connotaci?n pol?tica o militar. En La paz empieza nunca, en cambio, tanto el narrador, L?pez, como los otros adictos al r?gimen usan el vocablo ?maquis?. Aunque el referente es relativamente favorable a los guerrilleros, la descripci?n convierte el mencionado t?rmino en sin?nimo de delincuentes. Lo mismo ocurre en los casos en que los resistentes se autodenominan como guerrilleros o hacen referencia a su organizaci?n (por ejemplo, las agrupaciones o la Uni?n Nacional) pues la imagen favorable que estas palabras podr?an crear, queda destruida casi inmediatamente por una representaci?n que desacredita a la resistencia como una lucha pol?tica.148 Para los espa?oles que no sab?an pr?cticamente nada sobre la guerrilla antifascista debido a la censura, la lectura de estas novelas debi? resultar lo bastante elocuente como para convencerles de que la resistencia era una lucha sin sentido pues se representa como perdida de antemano y carente de motivaci?n pol?tica.149 Las pocas veces que se menciona una organizaci?n, la ideolog?a de la misma se mengua con los actos violentos y 148 Anteriormente, se coment? el caso de La sierra en llamas en el que los guerrilleros parecen m?s interesados en violar a la hija del due?o de un cortijo que en repartir propaganda y recaudar fondos para el ?Ej?rcito de la Rep?blica?. 149 Nuevamente se aprecia, como ha se?alado Ricoeur, que hasta los tiranos necesitan a un ret?rico para seducir y convencer al pueblo. 149 lascivos de sus miembros. Cualquier objetivo pol?tico resulta insincero o indeseable pues se asocia con criminales comunes. La divisi?n interna y la representaci?n de la resistencia como una lucha individualizada convierten las acciones realizadas en revanchas personales. Debido a esta representaci?n de la guerrilla, es dif?cil que el lector virtual que s?lo conoce la versi?n oficial no apoye los esfuerzos del gobierno por erradicar a los ?bandoleros?, unos criminales comunes que destruyen la paz del pueblo espa?ol para obtener su bot?n. As? pues, se puede apreciar el efecto que estas obras ten?an en la formaci?n de la memoria colectiva que los lectores constru?an de los resistentes y su lucha durante la ?poca franquista. Narraciones de voz cuestionable Dos novelas publicadas dentro de la Espa?a de Franco que tratan el tema de la resistencia se diferencian de las novelas que se acaban de analizar, y por lo tanto, es mejor considerarlas en su propio grupo dentro de esta etapa de la evoluci?n de la literatura. En Donde las Hurdes se llaman Cabrera (1964) de Ram?n Carnicer, el protagonista viaja por La Cabrera, la zona suroeste de la provincia de Le?n. El nombre del narrador, Ram?n, que se revela hacia el final de la novela, parece vincular el narrador al autor. Este aspecto de la novela, junto con el estilo realista de la narraci?n y las fotograf?as de las personas y lugares mencionados en la obra, aumenta la verosimilitud del relato. Aunque la novela fue publicada en un momento en que la novela espa?ola mostraba cierta experimentaci?n, el estilo de esta obra la acerca m?s al realismo social. Las pinceladas que describen los pueblos sin luz o agua corriente podr?an haberse trazado con la esperanza m?nima de que el lector virtual se despertase y tomase conciencia de las 150 condiciones atrasadas que a?n exist?an en muchas partes de Espa?a. El texto tambi?n podr?a compararse a libros de viaje como Camino de perfecci?n de P?o Baroja. La otra, Habla mi conciencia (1956), publicada bajo el seud?nimo de Jos? Francisco, se presenta como una autobiograf?a, lo cual podr?a aumentar la disposici?n del lector virtual a creer lo que el narrador le cuenta.150 En contraste con la obra anterior, que apenas toca el asunto de la resistencia, ?sta se centra plenamente en la lucha guerrillera. No obstante, ambos relatos se distinguen de casi todas las novelas del grupo anterior (y de las de la primera etapa) pues en vez de usar un narrador omnisciente introducen la subjetividad de una persona. Adem?s de este cambio, la narraci?n de la resistencia parece haber abandonado el mundo de la ficci?n. Otro aspecto que diferencia estas novelas de las de los autores afines a Franco es la ambig?edad de la relaci?n del autor frente al r?gimen y la lucha clandestina. En el caso de Donde las Hurdes se llaman Cabrera, la duda se debe en parte a la poca atenci?n que la resistencia recibe en el relato. No obstante, el texto no parece favorable al r?gimen pues muestra, en general, la pobreza de la gente en este ambiente rural, la falta de trabajo y recursos b?sicos como luz y agua, y la cicatriz que les ha quedado en la memoria debido a la violencia de los a?os de la guerra y posguerra. Al comparar esta novela con la pel?cula Suspenso en Comunismo (1955), queda evidente que la representaci?n que Carnicer hace de Espa?a se encuentra muy lejos de la imagen que el r?gimen y sus adl?teres quer?an. La novela se acerca al tema resistente tres veces y cada referencia es muy breve. La primera vez que sale el tema Ram?n est? en la fonda de Antonio Armesto. En un 150 Cuando se reedita la novela en 1966, ciertos aspectos de su estilo y contenido cambian. ?stos ser?n comentados abajo. 151 momento los dos se quedan solos y el due?o de la fonda ?vuelve a emprenderla con sus historias, ahora m?s misteriosas que nunca pues se refieren a los ?huidos?, los guerrilleros que a partir de 1936 anduvieron dieciocho a?os a la defensiva por los montes de la Cabrera? (Carnicer 25). La caracterizaci?n de su actividad como ?defensiva? se diferencia de la imagen de los maquis como agentes activos (violadores y ladrones) que producen los textos favorables al Estado franquista. La indicaci?n de que se defend?an tambi?n evoca la idea de que sufren las agresiones de otros. Si la descripci?n de Ram?n apenas representa una defensa tibia de los guerrilleros, hay que recordar el contexto hist?rico en que se public? esta novela y apreciar que mayor demostraci?n de apoyo de los maquis no habr?a sido posible. Como apunta Foucault, ?[o]n sait bien qu?on n?a pas le droit de tout dire, qu?on ne peut pas parler de tout dans n?importe quelle circonstance, que n?importe qui, enfin, ne peut pas parler de n?importe quoi. [. . .] Le discours, en apparence, a beau ?tre bien peu de chose, les interdits qui le frappent r?v?lent tr?s t?t, tr?s vite, son lien avec le d?sir et avec le pouvoir? (L?ordre du discours 11-12). As? pues, lo que esta novela calla revela tanto o m?s de lo que dice sobre la resistencia. El narrador no repite al lector virtual ninguna de las ?aventuras de entonces? que su anfitri?n le cuenta, pero se?ala que la tensi?n llega a ser enorme y Armesto prescinde de palabras. ?Hace gestos indicadores de disparos, deg?ellos, prisiones, fugas y ahorcamientos que se duplican fantasmalmente en la pared frontera, porque la luz el?ctrica se ha estropeado y nos alumbra, puesto a mi lado una l?mpara de aceite? (Carnicer 26). Este pasaje muestra la memoria traum?tica que el due?o de la fonda tiene de los actos violentos. El horror inefable se comunica precisamente indicando que el lenguaje deja de ser medio para expresar la realidad. Aunque no queda claro si Armesto 152 estaba a favor o en contra de la resistencia, si se empieza con dos de los gestos, se puede intentar una interpretaci?n. Los que representan prisiones y fugas s?lo podr?an referirse a los huidos. Si se analizan dentro de la serie, parece que ?disparos? y ?deg?ellos? son la agresi?n que sufrieron los que no apoyaban el levantamiento. Los republicanos que no murieron de estas formas habr?an acabado en ?prisiones? o fug?ndose. El ?ltimo gesto, ahorcamientos, probablemente indica una forma de matar a los huidos que fueron capturados puesto que para ahorcar a una persona, se necesita m?s tiempo del que exist?a en las escaramuzas entre los resistentes y los elementos del r?gimen.151 As? pues, esta manera de matar corresponder?a con un momento en que habr?a mayor control sobre la poblaci?n fiel a la Rep?blica. Puesto que un ahorcamiento suele constituir un acto p?blico indicativo del castigo que un criminal recibe y cuyo cuerpo sirve como escarmiento, las personas que ejecutan a alguien as? necesitan pensar que son dignos de impartir una justicia p?blica. En los consejos de guerra, se acusaba a los resistentes de rebeli?n militar. As? pues, esta interpretaci?n sugiere que la mayor?a de la violencia representada por los gestos de Armesto la habr?a realizado el nuevo r?gimen y, por lo tanto, ?stos son una censura de las represalias franquistas. La segunda vez que se refiere a los resistentes Ram?n est? hablando con un cura al que se ?llegaron a acusar de entenderse con los guerrilleros? (54). Don Manuel le explica que pas? tiempo escondido en los montes tras el asesinato de su padre. Sobre los huidos cuenta lo siguiente: 151 Tambi?n existe la posibilidad de que los ahorcamientos correspondan a los ajusticiamientos que los huidos y guerrilleros hac?an al castigar a una persona considerada traidora a la Rep?blica tal como ocurre en Juan Caballero (1956) de Luisa Carn?s. 153 Lo que ocurr?a es que si bajaban a los pueblos hab?a que aguantarse y darles lo que necesitaban. ?Qu? iba a hacer la gente, sin armas ni tropa que la defendiera? Adem?s, ?qu? extra?o era que muchos sintieran compasi?n de ellos? ?Como los lobos andaban por estas sierras! ?Mire, todav?a se ve la nieve all? arriba! Ya puede suponer lo que ser? esto de invierno. Y as?, dieciocho a?os. (54) Este pasaje termina resaltando el sufrimiento de los huidos que aguantaron la vida monta?osa en la intemperie. Don Manuel no parece opinar negativamente de los huidos ni de la gente del pueblo que les daba lo que necesitaban. En vez de sugerir robos como las novelas del grupo anterior, este verbo resalta lo humano que son los resistentes y permite entrever que sus acciones se deben a un intento de sobrevivir y no al deseo de regocijarse con un bot?n. El comentario de don Manuel que indica su sorpresa ante la compasi?n que otras personas sent?an por los huidos parece contradecir lo que las ?ltimas oraciones sugieren: la l?stima del mismo cura. Tambi?n resultar?a parad?jico que uno que andaba huido durante un tiempo juzgara negativamente a otros que se encontraban en la misma situaci?n. No obstante, si los comentarios de don Manuel y Ram?n apenas parecen levemente a favor de los que continuaban la lucha antifascista, es preciso recordar que este libro se public? dentro de la Espa?a franquista y dos a?os antes de la aprobaci?n de la Ley de Prensa. No era posible escribir una novela desde la perspectiva de los vencidos ni mostrar abiertamente una simpat?a por este bando. La existencia de la censura podr?a explicar tambi?n la mezcla de mensajes en la historia del cura. Exponer que fue un huido y que su padre fue asesinado alude a que ?l y su familia no estaban del 154 lado de los sublevados. As? pues, la frase que cuestiona la simpat?a del pueblo hacia los huidos podr?a tener la intenci?n de tranquilizar a los censores. A pesar de que la primera referencia a los maquis podr?a sugerir una visi?n negativa de las fuerzas fascistas pues parece aludir a los actos violentos que emprend?an para acabar con los resistentes, realmente es demasiado imprecisa para deducir una clara caracterizaci?n de los elementos del r?gimen. De manera similar, no se ofrece una imagen definida de la lucha o de los maquis. El libro tampoco considera las causas de la guerra y apenas apunta a los or?genes de la resistencia al hacer referencia a la necesidad de los huidos de defenderse escondi?ndose en tierra de nadie. La carencia de estas consideraciones no sorprende si se baraja la posibilidad de que el autor impl?cito parezca favorable a la Rep?blica, sin poder manifestar sus opiniones debido a la censura. La otra novela que inspira duda sobre la relaci?n del autor impl?cito frente al r?gimen y la lucha clandestina es Habla mi conciencia (1956). En contraste con las novelas del grupo anterior que resaltan su adhesi?n a Franco, este texto, que se presenta como una autobiograf?a de un arrepentido guerrillero anarquista, no se muestra a favor de la represi?n franquista ejercida contra los resistentes y, a pesar del contexto en que fue publicado, logra dibujar algunos aspectos de la lucha guerrillera que la retratan m?s favorablemente que las narraciones profascistas. Aunque el autor podr?a ser un adicto al r?gimen que se aprovecha del t?pico (mucho m?s com?n en el cine que en la literatura) de una persona de izquierdas que se desenga?a con la resistencia, varios argumentos apoyan la idea de que el autor impl?cito muestra rasgo de la lucha que si no est? completamente conforme con la manera de actuar de los resistentes, por lo menos tiene cierta simpat?a por su ideolog?a y lucha y cuyo relato ?aunque el contexto hist?rico le 155 obligue a usar descripciones desfavorables a la resistencia152? despista a los censores franquistas sin dejar que el recuerdo de los luchadores se deslice hasta el umbral de la desmemoria.153 Los factores que ayudan a averiguar qui?n podr?a ser el autor real de Habla mi conciencia incluyen el conocimiento de la resistencia que el relato evidencia y la diferencia entre las dos ediciones del texto. ?ste parece conocer bien la lucha armada pues usa los nombres de resistentes reales. Algunos de ellos son famosos como los hermanos Sabater (Manuel, Jos? y Francisco ?Quico?), Marcelino Massana, Ram?n Vila Capdevila ?Caraquemada?, y Jos? Luis Facer?as, pero otros, como Pons, ?Tragapanes?, ?El Catal?n?, o ?El Yayo?, no son muy conocidos.154 Por lo tanto, el autor real podr?a ser un miembro de las fuerzas represoras (como un guardia civil o un polic?a) que conoce los nombres de los resistentes por haber luchado contra ellos o, por lo menos, por haber tenido acceso a archivos con estos datos. Si as? es, no he encontrado indicios de qui?n podr?a ser el escritor. Otra posibilidad es que Habla mi conciencia hubiera sido escrito por una persona que simpatizaba con el anarquismo y hubiera estado cerca de la lucha, pero no 152 Aunque se usa la frase ?golpe econ?mico?, los t?rminos que dibujan la resistencia negativamente, como ?robo?, ?atraco? o ?crimen?, son mucho m?s comunes particularmente en la primera edici?n. De manera similar, se indican los nombres de los grupos clandestinos que incluyen vocablos como resistencia o guerrilleros, pero la apariencia de palabras como ?bandoleros?, ?atracadores? o ?criminales? es muy frecuente. 153 Como ya se indic?, los comentarios de Colmeiro sobre la diferencia entre olvido y desmemoria proponen que el acto de olvidar sugiere un proceso accidentado, pero desmemoria ?implica una falta de memoria hist?rica voluntaria, un desconocimiento e incluso un desinter?s por los a?os oscuros del pasado? (35). 154 Seg?n el estudio de Antonio T?llez Sol?, los guerrilleros urbanos Pedro Adrover Font ?El Yayo?, Jos? P?rez Pedrero ?Tragapanes?, y Jorge Pons Argil?s fueron pasados por las armas el 14 de marzo de 1952 en el Campo de la Bota de Barcelona (217-20), donde luego, como se?al? Naharro Calder?n en ?Los trenes de la memoria?, se levant? ir?nicamente el Forum de las culturas en 2004. Francisco Den?s D?ez, ?Catal??, (Francisco Donis, ?El Catal?n?, en la novela) era un gu?a que ayud? a Francisco Sabater y a Jos? Luis Facer?as a cruzar la frontera muchas veces. Tras ser detenido cerca de Gironella el 3 de junio de 1949, se suicid? absorbiendo una c?psula de cianuro (138-39). 156 necesariamente de acuerdo con la forma en que ?sta se realizaba. En este caso, es posible que Antonio T?llez Sol? y Fernando G?mez Pel?ez fueran los co-autores del texto. La actitud de T?llez Sol? ante la resistencia, el hecho de que los dos intentaron publicar un texto que ten?a un ?car?cter novelesco? con pr?cticamente el mismo pseud?nimo que la novela, y la semejanza entre el entorno (la lucha anarquista en Barcelona y sus alrededores) y las personas que ambos textos (el estudio hist?rico de T?llez Sol?155 y la novela) retratan, apuntan a la posibilidad de que Habla mi conciencia surgi? del trabajo colectivo de ambos autores. Adem?s, la novela se publica en casi el mismo momento en que est?n preparando su texto pues seg?n explica T?llez Sol?, ?fue en los primeros a?os del decenio 50 cuando, con toda ingenuidad, emprendimos la tarea de escribir la HISTORIA GENERAL de esta lucha desesperada contra el franquismo? (5). En preparaci?n de su proyecto com?n, T?llez Sol? iba recogiendo material y escribiendo episodios que entregaba a su amigo Fernando G?mez Pel?ez que daba cohesi?n a la redacci?n. No obstante, T?llez Sol? quer?a un libro de historia mientras que su amigo ?fue partidario de darle un car?cter novelesco? (9). Efectivamente, el pr?logo de la primera edici?n de Habla mi conciencia presenta el texto de Jos? Francisco como una autobiograf?a, pero si se obvia esta presentaci?n ?muchas veces falsa en la literatura? el texto parece m?s fidedigno. Aunque T?llez Sol? qued? ?desagradablemente sorprendido? cuando ley? el texto, consideraba que el trabajo estaba terminado y que era 155 El estudio hist?rico de T?llez Sol?, publicado por primera vez en 1972, fue el fruto de la reelaboraci?n del texto con ?car?cter novelesco?. Fue precisamente este estudio sobre la guerrilla urbana lo que me descubri? que los nombres de los resistentes no bien conocidos, como ?Tragapanes?, que aparecen en Habla mi conciencia, se basan en personas reales. Aunque el parecido entre los nombres que figuran en la novela y el estudio hist?rico, que tuvo como origen el texto elaborado por T?llez Sol? y G?mez Pel?ez, sugiere que ?stos podr?an ser los autores de la obra de ficci?n, su estudio fecha la detenci?n y ejecuci?n de estas personas, convertidas en personajes, antes de la publicaci?n de la primera edici?n de la novela, lo cual indica que la novela podr?a tener como autor un miembro de las fuerzas represoras pues personas que defend?an el r?gimen dictatorial conoc?an la identidad de estos resistentes. 157 cuesti?n de editarlo. Firm? un contrato con un editor ingl?s en 1960, pero tres a?os m?s tarde ?ste lo cancel? pues la traductora a?n no hab?a terminado su trabajo. Incluso si esta informaci?n sugiere que a la altura de 1963 todav?a no hab?a logrado publicar su libro y, por lo tanto, que Habla mi conciencia no es su obra, no creo que se pueda asumir que esto sea cierto pues es dif?cil que las razones mencionadas anteriormente sean meras coincidencias. En cuanto al pseud?nimo con el que se publica la autobiograf?a ap?crifa, Jos? Francisco, es casi igual al que T?llez Sol? propon?a para el texto elaborado con G?mez Pel?ez: ?El libro, obra colectiva como ninguna, deb?a ser editado con el pseud?nimo bien anodino de Jos? Francisco Mart?nez o algo parecido, y con el t?tulo Espa?a insumisa? (10). Tras este fracaso con el editor ingl?s, T?llez Sol? comenz? una nueva redacci?n que public? en Par?s en 1972. No obstante, el estudio hist?rico fue un fracaso comercial (pues s?lo se vendi? 350 de los 2.000 ejemplares) y no fue bien recibido ya que ?en el exilio exist?a la opini?n, bastante generalizada, de que era improcedente divulgar lo que denominaban trapos sucios, cuando no eran ni sucios ni limpios, sino simplemente una actuaci?n org?nica equivocada? (11, negrita original). La actitud cr?tica de T?llez Sol? ante la resistencia se evidencia en varios comentarios que ?ste hace en la introducci?n a su estudio sobre la guerrilla urbana. En la cita anterior, el autor describe la lucha como un error. M?s arriba, al citar su decisi?n de escribir una historia general, se observ? que T?llez Sol? califica la resistencia como ?desesperada? pues la lucha ya se hab?a perdido cuando el pueblo espa?ol combat?a con Divisiones, Artiller?a, Aviaci?n y Marina; los vencidos la hab?an reanudado con 158 pistolas, escopetas, metralletas y algunos explosivos, pero esta vez s?lo eran unas decenas de miles de irreductibles, dispersos en peque?as partidas o grupos sin ninguna asistencia log?stica, aislados en territorio totalmente controlado por el enemigo. (6) Aunque su evaluaci?n de la resistencia como una lucha equivocada y perdida de antemano resulta bastante cr?tica y parecida a la representaci?n de los autores fascistas, es preciso recordar que muchos participantes de la lucha clandestina tambi?n la criticaban. Mientras que la representaci?n negativa de la resistencia en la novela podr?a deberse, en parte, a las verdaderas opiniones de T?llez Sol? y G?mez Pel?ez, otra posibilidad es que los autores se vieran obligados a exagerar sus diatribas para que Habla mi conciencia recibiera el visto bueno de los censores. Aun sabiendo que la novela har?a que el lector virtual se formara una imagen hasta cierto punto negativa de la guerrilla anarquista, podr?a ser que prefirieron este alternativo a dejar la memoria de estos luchadores en el olvido. Este deseo se evidencia en el estudio de T?llez Sol? y la novela. En su estudio, ?ste se?ala que su inspiraci?n para escribir se debe al hecho de que en los diecis?is a?os despu?s de la muerte de Franco ?no se ha modificado en lo m?s m?nimo la estrategia del silencio, del olvido? (5, negrita original). Seg?n el autor, los resistentes ??equivocados o no? no deseaban ninguna publicidad? ni ?pretend?a[n] al calificativo de h?roe?, pero tampoco ?aspiraba[n] a que su acci?n quedara sumida en el olvido? (5). De manera similar, el narrador de Habla mi conciencia explica que habla por los que murieron. Algunas diferencias entre las dos ediciones tambi?n sugieren que el autor o autores no eran adictos al r?gimen franquista pues la caracterizaci?n de la resistencia y de 159 los republicanos en general es m?s positiva en la versi?n que sali? el mismo a?o que la permitida por la Ley de Prensa de 1966, la cual suaviz? las restricciones sobre las publicaciones.156 Si el autor o autores fueran afines a la dictadura, no habr?an aprovechado las nuevas libertades para dibujar una imagen m?s favorable de los que lucharon en contra de la sublevaci?n militar y del r?gimen franquista. La representaci?n de las acciones de los guerrilleros tambi?n resulta menos desfavorable en la segunda versi?n. Frente a esta edici?n que indica llanamente que en el ataque de una mas?a, dos guerrilleros abren fuego sobre los due?os y un sacerdote que los acompa?a acabando as? con sus vidas, la primera versi?n lo dibuja de manera mucho m?s sangrienta y s?dica. En ?sta, los mismos guerrilleros llevan al due?o a un lado y lo matan a culatazos con ?s?dica furia? (170).157 Luego ametrallan primero a su mujer y despu?s al cura. En la versi?n de 1966, desaparecen la risa de Masana158 al dirigirse a la mujer y la descripci?n del guerrillero como ?borracho de sangre? (171). Asimismo, se elimina la 156 Un ejemplo de estos cambios es la manera en que los republicanos y en particular los anarquistas son representados en las dos ediciones. En la versi?n de 1956 el bando vencido y su influencia sobre el pa?s vecino se retratan muy negativamente: La delincuencia de la naci?n se vi? aumentada por un n?mero considerable de refugiados; no en balde las c?rceles espa?olas de zona roja hab?an sido desalojadas durante la guerra, criminales y ladrones se incorporaban a las milicias o quedaban de patrulleros, al lado de ellos se habituaba uno con m?s facilidad al crimen; con un sedimento de venganza, una idea err?nea de que solamente con crueldad afirmar?amos nuestra fuerza revolucionara, y con ese sadismo innato en algunos y adquirido en otros, las huestes libertarias conservaron m?s all? del Pirineo, enhiesta la bandera de terror y el crimen. (17) En la versi?n de 1966 se eliminan los comentarios sobre la delincuencia en el bando republicano y el sadismo entre los anarquistas y se evoca, en cambio, una imagen m?s positiva de los espa?oles exiliados: En ese duro per?odo, algunos, mas no tantos como se pretendi? demostrar, convirti?ronse en maleantes. Pero puedo asegurar que no hubo tantos delincuentes como se ha propalado. Ni tampoco fuimos peores que otros hombres colocados en circunstancias similares. [. . .] Fuimos incluidos en ese amplio grupo de ?exiliados espa?oles?, bien dispuestos para admitir calladamente, como expiaci?n de culpas que no cometimos, todos los errores que, con raz?n o sin ella, cargaron sobre nuestras espaldas. (11) 157 Las citas vienen de la edici?n que se est? comentando en cada caso. 158 En la novela se deletrea el apellido de Marcelino con una s. 160 indicaci?n de que Pons contempla al hombre muerto ?con delectaci?n; aquello para ?l era un banquete? (170-71). En la edici?n de 1956, esta acci?n provoca la deserci?n de Jos?, el narrador-autor. Pocos d?as despu?s de volver a Francia con su familia, parece intentar distanciarse de los dirigentes de la resistencia pues se muda a un pueblo peque?o. En la versi?n posterior, en cambio, la separaci?n de Jos? del grupo no se dibuja como una deserci?n ya que ?ste le indica a Masana que vuelve a Francia. Aunque le comenta a su jefe que no entiende por qu? hizo ?tal barbaridad?, le explica que ?no me marcho en contra tuya? (141). Otros cambios en el comportamiento del narrador o en los comentarios sobre sus actuaciones sugieren una menos ingenua y coaccionada en el texto de 1966. En la segunda edici?n desaparece el pr?logo de Antonio Pau incluido en la versi?n de 1956 que indica que el autor, quien ?modestamente se escuda en un seud?nimo?, sigui? ?una senda equ?voca y dif?cil? que lo llev? a luchar por ?un err?neo ideal?, pues ?avizor? un camino que crey? era el bueno, y falto de la preparaci?n adecuada cay? en lo que era m?s f?cil a su inteligencia? (s. p?g.). En varios casos en la primera edici?n Jos? contin?a su participaci?n en la guerrilla en contra de su voluntad.159 En la versi?n de 1956 el narrador entrev? una ?no definida amenaza? en las palabras de los dirigentes y decide volver a Espa?a y participar esta vez en la guerrilla urbana pues considera la seguridad de su familia m?s importante que su propio bienestar. En la segunda edici?n esta amenaza se reemplaza por una queja que resulta d?bil en comparaci?n. Jos? parece atribuir su vuelta a la ceguera que los discursos de los dirigentes causaban en ?l mismo y sus compa?eros: ?hab?amos perdido 159 Justo antes de la acci?n que acaba con la vida del cura y la pareja Jos? se niega a colaborar pero cede para evitar un conflicto entre Masana y ?El Ma?o? que han llegado a las armas. En la segunda versi?n la negaci?n de Jos? no existe y, por lo tanto, el conflicto entre los guerrilleros no se llega a plasmar tampoco. 161 la libertad de pensar, haci?ndolo tan s?lo por cuenta de quienes se hab?an erigido en due?os de nuestra ansiada libertad? (144). No obstante, el ejemplo culminante es la manera en que terminan los dos textos. La primera edici?n concluye tajantemente cuando el guerrillero arrepentido cae arrodillado ante un sacerdote y empieza a confesar sus pecados. La versi?n de 1966, en cambio, no incluye una confesi?n y termina contando el tr?gico final de varios famosos guerrilleros de manera que parece un intento de recordar sobre papel una lucha que el r?gimen intentaba extirpar de la memoria colectiva mediante ?en las palabras de T?llez Sol?? ?la estrategia del silencio?. Uno de los ?ltimos comentarios del narrador se?ala que ?son los hombres el objeto de mi renuncia y de mi censura, pero nunca las ideas? (286). As? pues, la segunda versi?n termina con una imagen que est? lejos de retratar al guerrillero como desenga?ado con la ideolog?a izquierdista, caracterizaci?n que se observ? en La sierra en llamas y que devendr? un t?pico en el cine profranquista. Aunque la visi?n de la resistencia y sus protagonistas en Habla mi conciencia resulta negativa al compararla con aqu?lla que se evoca en las novelas contempor?neas a la autobiograf?a ap?crifa publicadas en el exilio u obras narrativas que emergieron en etapas posteriores, es m?s importante apreciar los cambios entre las dos ediciones y los aspectos de la lucha armada que la caracterizan m?s positivamente que los autores profascistas. Dichos aspectos se plasmaron a pesar de las limitaciones que la censura franquista impon?a: mientras que la acci?n de Pons y Masana comentada anteriormente retrata la resistencia anarquista y sus participantes negativamente, es preciso se?alar que esta actuaci?n era una excepci?n a la tendencia general y que varios aspectos de la 162 representaci?n de la lucha armada la dibujan m?s favorablemente que la imagen ofrecida por los novelistas afines al r?gimen. La mayor?a de sus acciones consisten en robar a los due?os de mas?as o secuestrar a un miembro de la familia y soltarlo tras la entrega de un rescate. En ambas ediciones estas acciones son calificadas como atracos, golpes o golpes econ?micos y en muchos casos se comenta expl?citamente o se sugiere el v?nculo entre las v?ctimas elegidas y su apoyo al r?gimen franquista. Los guerrilleros tambi?n hostigan la dictadura realizando sabotajes en l?neas de alta tensi?n y poniendo bombas en las embajadas de los pa?ses que apoyan el ingreso de Espa?a a la ONU. Aparte de estas referencias, el aspecto pol?tico de la lucha clandestina es evidente pues destacados anarquistas como Federica Montseny dirigen ?la Organizaci?n? desde Francia. Frente a las novelas profascistas, Habla mi conciencia indica en varios casos que el dinero obtenido de los atracos no se queda en manos de los guerrilleros sino que se entrega al Comit? en Toulouse. Aunque el narrador se queja de que la Organizaci?n es insaciable, otros pasajes muestran los gastos con los que los dirigentes tienen que hacer frente incluyendo la propaganda, la ayuda econ?mica a las familias de los compa?eros encarcelados, y las necesidades de los maquis como ropa, armamento y, cuando est?n en Barcelona, comida y vivienda. As? pues, si bien algunos aspectos dibujan una imagen desfavorable de la resistencia, estas caracterizaciones se?alan que la organizaci?n, envergadura y direcci?n pol?tica de la lucha sirven para contradecir la representaci?n facilitada en las obras favorables a la dictadura: una lucha apol?tica e individualizada sin mayor fin que el lucro personal. 163 Con respecto a las fuerzas franquistas, ?stas no reciben mucha atenci?n, pero en la primera edici?n hay algunos comentarios expl?citos que las caracterizan positivamente, como por ejemplo el jefe de polic?a de Barcelona ?un objetivo real de la guerrilla anarquista? que se dibuja como valiente pues incluso despu?s del fracasado intento contra su vida pasea sin su escolta con ?el reposado aspecto de quien a nada ni a nadie teme? (258). Asimismo, se resalta el honor, sacrificio y disciplina de unos guardias civiles que sostienen un tiroteo con los guerrilleros en el monte. Estas representaciones, sin embargo, desaparecen en la segunda edici?n. Aunque ambos textos obvian aspectos desagradables de la ofensiva de la dictadura para acabar con la resistencia como la tortura, es preciso recordar que en la Espa?a franquista no se podr?a haber manifestado una visi?n tan negativa del r?gimen y sus fuerzas. No obstante, si bien algunas caracterizaciones no llegan a dibujar una imagen desfavorable de las fuerzas del r?gimen, por lo menos plasman a ?stas en ciertos casos como los agresores y a los guerrilleros con derecho a protegerse, lo cual contribuye a caracterizar a los maquis m?s positivamente. Tras considerar los cambios entre las dos ediciones de la novela y los paralelismos entre Habla mi conciencia y el trabajo colectivo de T?llez Sol? y G?mez Pel?ez, parece muy posible que el autor o los autores de la novela probablemente hayan tenido un v?nculo con la resistencia anarquista y si no estaban de acuerdo con todo lo que ocurr?a, por lo menos ten?an simpat?as con su ideolog?a y los guerrilleros. La indagaci?n sobre la autor?a de la novela adquiere peso al considerar que los motivos del escritor y la capacidad del lector virtual de detectarlos influir?an en su disposici?n a creerse lo narrado y, por lo tanto, afectar?an la memoria que se forma de la lucha clandestina. Al observar los cambios entre las dos versiones de la novela y apreciar que fueron publicadas dentro 164 de la Espa?a franquista y bajo su censura, el lector virtual podr?a considerar que algunas de las representaciones negativas son exageraciones para tranquilizar a los censores. Esto parece especialmente posible si se destacan adem?s algunas incongruencias que incluyen los comentarios de la insaciabilidad del Comit? frente a los gastos que cubre, o la indicaci?n en la primera edici?n de que Jos? vuelve a luchar en Espa?a debido a la ?no definida amenaza? pues en otro momento el narrador manifiesta que est? en Barcelona por voluntad propia. Un ?ltimo aspecto de la novela que merece considerarse es la manera en que fue alterada para que no pareciera una obra de ficci?n. Algunos aspectos para volver el relato m?s convincente incluyen la eliminaci?n de la divisi?n de la obra en cap?tulos y el cambio en el estilo de la expresi?n que deviene m?s llana. En la primera versi?n, el narrador se expresa con elocuencia al calificar los t?rminos que emplea. ?Mi l?xico de delincuente, ser? voz hecha realidad para quien me lea? (11). Esta misma idea se comunica con menos ornamentaci?n en la versi?n de 1966 pues Jos? explica que ?emplea el l?xico de los delincuentes, porque as? fue mi vida de hombre libre? (6). El lenguaje sencillo hace que el autor no parezca un escritor profesional sino una persona que desde una edad temprana luch? en la guerra y despu?s, en la resistencia. Otro cambio importante es la eliminaci?n del pr?logo en la segunda versi?n, lo cual podr?a inducirle al lector virtual a pensar que el texto presentado es ficticio pues este comienzo despertar?a el recuerdo de otros libros, como El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha o La familia de Pascual Duarte, que presentan un manuscrito ap?crifo como si fuera aut?ntico.160 Si as? lo considerara, su memoria probablemente estar?a 160 Evidentemente, Cervantes es el primer escritor que problematiza modernamente la relaci?n entre historia y ficci?n. 165 menos influida por la representaci?n que ?ste da de la lucha clandestina pues no tomar?a al pie de la letra las caracterizaciones de los guerrilleros. As? pues, la eliminaci?n del pr?logo sirve para convencer al lector virtual de que est? ante una autobiograf?a aut?ntica y, por lo tanto, para que ?sta tenga mayor efecto sobre su memoria. Finalmente, con respecto a los t?rminos usados y la representaci?n de la sexualidad de los personajes, estas novelas no llegan a sugerir la violencia sexual o el car?cter lascivo visto en otras obras. El aspecto de la sexualidad es pr?cticamente inexistente aunque en Habla mi conciencia Jos? es casado y tiene un hijo. La terminolog?a de estas dos novelas tambi?n muestra el respeto de los autores frente a la resistencia. Cuando se usan las palabras huidos o guerrilleros en Donde las Hurdes se llaman Cabrera, se conserva su connotaci?n favorable puesto que los t?rminos se refieren a personas que se defienden o toman lo que necesitan. Incluso si en Habla mi conciencia se alterna ?guerrilleros? con ?criminales? y ?atraco? con ?golpe econ?mico?, la caracterizaci?n de los maquis sigue siendo relativamente positiva pues se se?ala repetidas veces que el dinero no se queda en sus manos sino que sirve para financiar la resistencia. Narraciones ajenas a la historia oficial Despu?s del silencio de los primeros a?os de la posguerra, los autores cercanos a los vencidos vuelven a escribir casi al mismo tiempo que los novelistas fascistas utilizan sus plumas. En 1953, Ram?n J. Sender publica Mos?n Mill?n en M?xico y Pablo de la Fuente Este tiempo amargo en Chile. La novela de Sender sobre un huido al que, a pesar de hab?rsele prometido la vida si se entrega, conoce la misma muerte que muchos otros 166 espa?oles delante de una tapia del cementerio, se conoce mejor por el t?tulo que tiene a partir de 1960, R?quiem por un campesino espa?ol.161 Es preciso recordar, sin embargo, que esta obra y las dem?s editadas en el exilio habr?an tenido un efecto escaso sobre la memoria colectiva en aquel momento de los espa?oles del interior sobre la guerrilla antifascista. De manera similar, la imposibilidad de publicar estos relatos en Espa?a ayuda a definir las etapas de la evoluci?n de esta literatura respecto de las diferentes memorias presentadas y de su poder de divulgaci?n.162 A la obra de Sender, le sigue la de la segunda mujer que escribi? sobre la resistencia antifascista espa?ola. En 1956, Luisa Carn?s publica en M?xico Juan Caballero, una novela sobre un combatiente republicano del mismo nombre que contin?a la lucha contra Franco ahora como jefe de una guerrilla. Durante su ausencia, Nati, su amada, se ha visto obligada a casarse con Pedro Fuentes, el jefe local de la Falange, para proteger a su padre, el m?dico don Rafael, de las acusaciones de que era un desafecto del levantamiento y que manten?a amistades con el ?rojo? Miguel Caballero, el padre del jefe guerrillero, que muere a manos del padre de Pedro. La voz de los estadounidenses se vuelve a escuchar cuando Emeric Pressburger publica Killing a Mouse on Sunday (1961) que retrata a un pistolero exiliado, Manuel Artiguez, que vuelve a Pamplona aunque sabe que el jefe de la polic?a, Miguel Vi?olas, le ha tendido una trampa. Casi una d?cada despu?s en Par?s, se publica con el nombre de Francisco P?rez L?pez El mexicano (1970), un relato sobre un brigadista que tras escapar de sus captores fascistas lucha con t?cticas guerrilleras hasta volver a Francia. Aunque esta obra parece ser otra autobiograf?a ap?crifa, la siguiente s? es de un aut?ntico 161 Las referencias posteriores a esta novela utilizar?n la abreviaci?n R?quiem. 162 De las novelas de este grupo, s?lo la de Luciano Casta??n, Los huidos (1973), se public? dentro de la pen?nsula. 167 guerrillero.163 En Abriendo camino: relatos de un guerrillero comunista (1971) Jos? Gros narra desde su origen social y experiencias en la guerra civil hasta su internamiento en los campos franceses y su participaci?n en la lucha clandestina en Espa?a.164 Las ?ltimas dos novelas editadas antes de la muerte de Franco se publican en Bilbao, Los huidos (1973) de Luciano Casta??n, y M?xico, Si te dicen que ca? (1973) de Juan Mars?. La primera narraci?n de Mars? sobre la lucha clandestina es un relato contado a partir de los a?os setenta por ?ito al reconocer el cad?ver de su amigo Daniel Javaloyes (Java), que ?seg?n una de las versiones presentadas? delat? a su hermano Marcos, un maquis, para congraciarse con las nuevas autoridades y salir de la pobreza. La presencia del muerto le inspira a recordar su adolescencia en los a?os cuarenta y las investigaciones que, por orden del alf?rez Conrado, Java realiza para encontrar a Aurora Nin, la cual se hace llamar Ramona para ocultar su pasado.165 Los paralelismos con el g?nero detectivesco, los saltos temporales, la confusi?n entre di?logo, mon?logo interior y descripci?n del narrador, y el punto de partida de la narraci?n en un momento posterior a la conclusi?n de la lucha de los maquis son aspectos de Si te dicen que son m?s t?picos en la narrativa de la resistencia posterior a la muerte del dictador.166 Mientras que el primer nivel de la narraci?n evoca la omnisciencia, la representaci?n del pasado surge a trav?s del filtro de la memoria de una persona, ?ito 163 Mis investigaciones apuntan a que las acciones narradas en El Mexicano carecen de una correspondencia con la realidad. Si P?rez L?pez hubiera sido capturado por las fuerzas fascistas, deber?a haber una ficha de ?l en el Archivo de la Guerra Civil. Como no encontr? ninguna, me inclino a pensar que el relato es ficticio. En el libro editado por Joseph S?nchez Cervell?, se menciona que el relato de P?rez L?pez es ficci?n aunque no se indica c?mo se lleg? a esa conclusi?n (22). 164 Ciertas ediciones posteriores invierten el orden del t?tulo. 165 Futuras referencias a esta obra de Mars? usar?n la abreviaci?n Si te dicen. 166 Varios cr?ticos, incluyendo a Samuel Amell, sit?an a Mars? dentro de la tendencia realista aunque el escritor catal?n subordine la historia a los recursos formales. Ver La narrativa de Juan Mars? de Amell. Aparte del g?nero detectivesco, Robin W. Fiddian y Peter W. Evans han se?alado la influencia del cine de g?ngsteres y el thriller de esp?as en Si te dicen (56). 168 (Sarnita).167 El estilo narrativo permite abordar las historias de los maquis y de Sarnita y sus amigos que en la triste pobreza de la posguerra tienen poco m?s que la realidad y la ficci?n para entretenerse. Estos dos mundos se mezclan en las aventis, unas reelaboraciones de las historias que traen los peri?dicos, los rumores del barrio o las sobremesas de los padres de los j?venes, los recuerdos de la guerra civil, a las que se a?aden historias de los comics, pel?culas de g?ngsters y otras y la imaginaci?n y contaminaci?n de los narradores y lo narrado. Aunque Si te dicen anticipa tendencias que se ver?n en etapas posteriores, merece estar en este apartado pues el autor la edit? en el exilio, lo cual subraya la imposibilidad de que esta memoria se escuchara dentro de la Espa?a de aquel momento. La novela de Mars?, sin embargo, difiere de las novelas de este grupo pues la mayor?a pone su enfoque en los resistentes, no tiene m?ltiples narradores y sit?a el tiempo de la narraci?n en un momento contempor?neo a la lucha clandestina. No obstante, estos textos tambi?n muestran algunas diferencias de estilo frente al realismo m?s convencional de las novelas anteriores. R?quiem, tal como Si te dicen, contiene muchos saltos temporales y Killing a Mouse on Sunday cambia de narrador con cada cap?tulo. Los dibujos en esta novela contribuyen cierto aire desenfadado al relato que hace que el tono resulte menos serio que las dem?s obras y la adaptaci?n cinematogr?fica que se hizo de la novela, Behold a Pale Horse (1964). En cuanto a la representaci?n de los guerrilleros y las fuerzas del r?gimen, estas obras no muestran el manique?smo de las novelas afines a la dictadura fascista. En 167 Sobre el juego entre las diferentes voces narrativas, Jos? Mar?a Naharro Calder?n ha dicho que ?parece como si el narrador omnisciente hubiera desaparecido y cedido la palabra a un narrador-personaje que intradieg?ticamente se presenta como Sarnita y extradieg?ticamente como ?ito. Pero debido al paso de tiempo y la particular caracter?stica de las aventis ?contadas? ninguno de estos dos narradores tiene la clave del relato? (?De prisiones hist?ricas? 32). 169 R?quiem, la mayor?a del relato est? basada en los recuerdos de un sujeto, el cura Mos?n Mill?n, que tiene amistades con gente de los dos bandos de manera que sus reflexiones sobre la vida de Pablo, un l?der social, y los acontecimientos violentos que acabaron con su vida no parecen igual de susceptibles a las pasiones que llevan a otras personas a formar percepciones tendenciosas. Adem?s, el relato memorioso antes de la misa de r?quiem por el fusilado Paco, nace de la culpabilidad del p?rroco que le prometi? la vida salva. Mientras la novela de Carn?s parece elevar a algunos guerrilleros al estatus de h?roe por su sacrificio final que recuerda la conclusi?n de la novela de Hemingway ?aunque esta vez el l?der de la partida fallece en los brazos de Nati que se ha quedado con su amado herido y dar? su vida por proteger la retirada de la partida?, los que Mars? crea son menos heroicos y se critican entre s?. Cuando viene el primer grupo de resistencia autorizado por el Comit? en Toulouse, los que nunca se exiliaron les explican a los reci?n llegados que ?algunos est?n cambiando, y no para bien? pues Palau est? ?demasiado suelto? (Mars?, Si te dicen 85). Los maquis se burlan tambi?n de la cobard?a de Marcos que permanece emparedado y s?lo espor?dicamente muestra su voluntad de colaborar con los maquis. Durante discusiones entre los guerrilleros, los que son m?s moderados insultan a los de la FAI llam?ndoles ?comecuras?, lo cual recuerda la violencia de ciertos grupos hacia la Iglesia.168 Si bien los adictos al r?gimen, como se mostrar? abajo, tampoco salen de manera favorable, se aprecian cr?ticas tanto de un bando como del otro en Si te dicen.169 168 Otra alusi?n a esta violencia es el recuerdo ef?mero de Sarnita de lo que le dijeron era ?el cr?neo de un obispo asesinado? que algunos milicianos estaban usando para jugar al f?tbol (77). 169 Con respecto a la visi?n de los adictos al r?gimen en la narrativa de Mars?, Samuel Amell ha se?alado que ?al contarnos Mars? una historia recreada sobre im?genes de su ni?ez y adolescencia, que transcurrieron en una de las ?pocas m?s represivas del anterior r?gimen espa?ol, y contarla apegado a la realidad espacial y temporal, la situaci?n presente en el mundo en el que sus novelas se desarrollan no puede por menos que aflorar en las mismas, con todas los caracteres negativos que dicho mundo posee. Son 170 Aunque ninguna de las obras indaga en las causas de la guerra civil, algunas ofrecen im?genes que explican por qu? se inicia la lucha clandestina. La formaci?n del grupo de maquis en Si te dicen corresponde con la imposibilidad de aceptar el nuevo r?gimen y la creencia de que Franco no durar?a en el poder. Los j?venes sienten la necesidad de resistir c?mo sea y conf?an en que los Aliados vendr?n a ayudarles. En la novela de Carn?s, Juan Caballero, un oficial del ej?rcito republicano, huye de ?los campos de concentraci?n de Franco, antesala de la c?rcel o de la muerte? y forma una guerrilla. Asimismo, la conversi?n de Paco en huido en R?quiem es motivada por las represalias que empezaron cuando las fuerzas sublevadas toman el pueblo. As?, su transformaci?n de concejal de la Rep?blica a resistente se dibuja como una necesidad para sobrevivir. La representaci?n de la represi?n de los republicanos es uno de los factores m?s influyentes a la hora de caracterizar a las fuerzas fascistas y a otros adictos al r?gimen en estas obras. For Whom the Bell Tolls, por ejemplo, menciona las represalias que los sublevados efectuaban al hacerse con el control de un lugar. Sin embargo, la atenci?n dedicada a la violaci?n y otras humillaciones que Mar?a sufri? a manos de los fascistas es relativamente poca en comparaci?n con la atenci?n otorgada a los abusos en la retaguardia republicana. As? pues, las obras de este grupo son las primeras que dan un testimonio significativo a la represi?n de los republicanos. Mientras que algunas de las represalias recuerdan t?cticas que los debilitaban econ?micamente, como la incautaci?n de bienes y la imposibilidad de volver a ejercer ciertas profesiones por no ser adictos al r?gimen, otras representan la represi?n f?sica. las razones antes expuestas las que hacen que las novelas de Mars? poseen un fuerte ingrediente cr?tico, sin ser ?ste el intento b?sico de su autor? (La narrativa de Juan Mars? 15). 171 En una de las aventis en Si te dicen, los chicos simulan interrogatorios y actos de tortura dici?ndole a Juanita ?habla, maldita, canta de plano o probar?s el Hierro Candente? (Mars? 38).170 Aunque amenazan con mayores torturas sexuales, el l?mite al que llegan es sorprendente particularmente por la edad de los j?venes. A pesar de que la aventi es un juego para el grupo, tambi?n alude a la existencia de detenciones y torturas reales puesto que ?ito revela que las aventis se nutr?an de los ?sucesos que tra?an los peri?dicos y hasta los misteriosos rumores que circulaban en el barrio sobre denuncias y registros, detenidos y desaparecidos y fusilados? (Mars? 34). La violencia real a la que los j?venes estaban acostumbrados tambi?n se manifiesta a trav?s de la pregunta que Java le hace a Juanita: ??Tampoco t? tienes padre?? (45). Adem?s de sugerir que el padre de Java est? muerto, la pregunta evoca la respuesta de que ella, como todas las chicas del orfanato, no tiene padre. Juanita explica que los fascistas lo fusilaron. Sarnita le pregunta si es cierto que un moro la viol? delante de su padre, pero Java le manda callar. Incluso si la violaci?n no se confirma, es suficiente para recordar los abusos sexuales asociados a las tropas moras.171 En otras novelas, como Juan Caballero y Killing a Mouse on Sunday, el uso de la tortura es m?s expl?cito. En ?sta, por ejemplo, Pablo, un joven que se hace amigo de Manuel Artiguez, piensa en las torturas que acabaron con la vida de su padre al cruzar la frontera. Califica a Vi?olas como ?the butcher? (?el carnicero?) y espera que el pistolero lo mate. La envergadura de la represi?n contra los republicanos aumenta en la novela de Carn?s pues en referencia a ellas el narrador indica que ?se fusilaba en la plaza del pueblo 170 La complicidad de Juanita deviene evidente cuando dice ?con una urgencia fingida? que hablar? (39). Seg?n William Sherzer, ?[t]odos los personajes de esta novela son resultados de la brutalizaci?n de la posguerra inmediata [. . .] y todos reaccionan contra la opresi?n de esa realidad total con una energ?a que se convierte constantemente en perversi?n sexual? (169). 171 Otra obra que recuerda la violencia sexual de este Cuerpo es la pel?cula El portero (2000). 172 y en las calles cercanas al campo. Dejaban los cad?veres pudrirse al sol, sin permitir que los rescataran los deudos? (42). En la posguerra, las represalias se manifiestan con la detenci?n, tortura y ejecuci?n de un m?dico que ayud? a los guerrilleros. Aunque no es muy com?n, las acciones de algunos adictos al r?gimen les caracterizan como s?dicos, perversos o avaros.172 Las represalias muestran su lado personal y sanguinario cuando Justo Fuentes, quien luego ser? el alcalde fascista, mata a palos al padre de Juan Caballero y le roba los dientes de oro. Cuando Justo habla con una sirvienta, se destaca su ?risa siniestra? y sus dientes de oro que seg?n ella, le hacen parecer ?el propio Satan?s cuando se r?e? (26). Para ?l, son su ?trofeo de guerra?, pero para ella, son ?dientes de muerto?. Adem?s de dibujarle como s?dico, el asesinato y robo aluden a la perversi?n del alcalde pues reutiliza los postizos del muerto en su propia boca. Su acci?n tambi?n sugiere que este adicto est? obsesionado con el dinero. De manera similar, el trigo acumulado en un almac?n apunta a la avaricia de las autoridades fascistas y sirve como contraste con las novelas afines al r?gimen que sol?an mostrar a los resistentes como obsesionados con su bot?n. Estas representaciones crean una visi?n desfavorable de los franquistas y sus t?cticas represoras, pero otras sugieren una idea m?s positiva. En Killing a Mouse on Sunday, por ejemplo, Vi?olas se describe como un hombre recto. De la misma manera, el alcalde fascista en Juan Caballero alude a s? mismo como una persona honrada y los fascistas, en general, consideran su labor como patri?tica. Estas descripciones del bando contrario difieren de las im?genes manique?stas de las novelas franquistas que en muchos casos dibujaban a los resistentes refiri?ndose a s? mismos de manera negativa. 172 Los comentarios de la perversi?n de Conrado en Si te dicen ser?n reservados para la secci?n dedicada a la representaci?n sexual de los personajes. 173 Con respecto a la visi?n de los maquis, ?stos defienden la legitimidad de sus acciones173 y varias obras muestran el movimiento guerrillero como organizado y pol?ticamente inspirado. El hecho de que los protagonistas de Juan Caballero y R?quiem sean perseguidos por razones pol?ticas resalta que los inicios de la resistencia se deben a la represi?n ideol?gica. La inspiraci?n pol?tica de los guerrilleros tambi?n se aprecia en sus palabras y acciones. En estas obras, los objetivos pol?ticos de los resistentes consisten en hostigar al r?gimen y derrocar a Franco, si pueden. Los guerrilleros anarquistas de Si te dicen verbalizan su deseo de que la dictadura acabe mediante comentarios de que ?este r?gimen ha de caer? y que ?hay que resistir? (56).174 Ponen bombas en oficinas de Falange y monumentos a unidades fascistas y matan a falangistas y polic?as.175 La conexi?n entre las partidas y las organizaciones en Francia muestra la estructura, envergadura, e motivaci?n ideol?gica de la resistencia. Los jefes guerrilleros que se re?nen en Juan Caballero, consideran ?la necesidad de formar una fuerte organizaci?n para toda la regi?n andaluza. Se empezar?a con la formaci?n de guerrillas provinciales, para constituir m?s tarde la Federaci?n Nacional de Guerrillas de Espa?a? 173 En Juan Caballero, el jefe de la guerrilla le explica al m?dico don Rafael que ?somos del monte. Pero no somos asesinos? (Carn?s 9). Cuando ?ste se refiere al maquis herido como un atracador, Juan le responde que no son atracadores. Aunque el m?dico expone que los que asaltan a la autoridad en despoblado no merecen otro nombre, el l?der de la partida defiende sus acciones explic?ndole que ?para nosotros, los de Franco no son autoridad, son? perros rabiosos, con los que hay que acabar? (12). 174 La menci?n de la esperanza de que los Aliados les ayuden apunta a que los maquis no cre?an que pod?an poner fin a la dictadura sin intervenci?n extranjera. La inclusi?n de ?sta contribuye a dibujar a la resistencia m?s favorablemente y contrarrestar la imagen de una lucha descabellada. 175 Otras narraciones tambi?n exhiben actos de disidencia pol?tica. En Juan Caballero, Si te dicen y el texto de Jos? Gros se menciona el uso de propaganda para promover la oposici?n al Estado franquista. Asimismo, en Juan Caballero los guerrilleros atacan un convoy del ej?rcito y unos guardias civiles mencionan asaltos de puestos y cuarteles de la Guardia Civil y de locales de Falange. De manera similar, las acciones de P?rez L?pez muestran su af?n de hostigar al r?gimen y castigar a sus adictos. Cuando su partida mata a cinco guardias civiles que trabajan en una estaci?n de trenes, el l?der de la guerrilla explica a dos personas espantadas que no atacan a la poblaci?n civil, s?lo a los enemigos de la Rep?blica. Estas representaciones contrarrestan la idea que las novelas pro fascistas creaban de los guerrilleros al comentar que sus ?v?ctimas son, en su mayor?a, personas corrientes, pertenecientes a la masa neutra, votante en tiempos de la Rep?blica de los partidos moderados? (Ruiz Ay?car 40). 174 (Carn?s 125). En Si te dicen, el contacto con el comit? Central de los anarcosindicalistas se menciona varias veces y esta organizaci?n manda a un grupo de Toulouse a Espa?a para colaborar con los resistentes que se han quedado en el interior. De manera similar, Jos? Gros comenta su presencia en m?ltiples reuniones de diferentes ?rganos de la organizaci?n guerrillera y del PCE en su texto. Otros aspectos de estos relatos que dibujan una imagen favorable de la resistencia incluyen la conexi?n sugerida entre la guerra civil, la lucha guerrillera y las razones comentadas anteriormente sobre la formaci?n de los grupos de resistencia. El hecho de que varios de los maquis empezaran a luchar contra el fascismo durante la guerra civil sugiere que su participaci?n en la guerrilla corresponde a su misma motivaci?n ideol?gica. En Killing a Mouse on Sunday, por ejemplo, Pedro le muestra a Pablo fotos de ?l mismo, el padre de Pablo y Manuel Artiguez en la guerra. La lucha no parece haber terminado para Manuel con la declaraci?n oficial de paz pues ha pasado a Espa?a tres o cuatro veces cada a?o desde 1939. Como el momento de la narraci?n est? situado cerca de 1960, la oposici?n de Manuel y Pedro a la dictadura ha durado unos veinte a?os.176 En Juan Caballero y Si te dicen, la lucha guerrillera tambi?n se dibuja como una continuaci?n de la guerra civil. En la novela de Carn?s, Juan arranca sus galones de oficial del ej?rcito republicano y reanuda el combate ahora como maquis mientras que los 176 Aunque los protagonistas de El Mexicano y Killing a Mouse on Sunday combatieron en la guerra civil, su caracterizaci?n sugiere una lucha m?s individualiza pues parecen operar al margen de otros grupos, partidos pol?ticos u organizaciones como la Uni?n Nacional. En la novela de Pressburger la inspiraci?n pol?tica queda d?bilmente dibujada. Artiguez opera con un grupo muy limitado que incluye a Pedro y algunos m?s. Poco indica que sus incursiones en Espa?a respondan al fervor ideol?gico, pero se aprecia una alusi?n cuando Manuel le pregunta al cura, que intenta prevenirle de la trampa que Vi?olas ha preparado, si cree que sus acciones sirvieron para enriquecerle. El pistolero comenta lo poco que obtuvo del robo de correos y admite que se qued? con algo del dinero explicando que tiene que vivir, pero se?ala su piso como ejemplo de vida modesta. Artiguez resalta, en cambio, que sus acciones sirven para mostrarles a los poderosos que no son tan fuertes, que los que han sufrido por sus manos no lo han olvidado, y que un d?a les llegar? lo suyo. De manera indirecta, Manuel sugiere que ?l y muchos que est?n encarcelados en Espa?a no son criminales, lo cual vuelve a implicar que sus acciones tienen una motivaci?n pol?tica no delictiva. 175 resistentes en la novela de Mars? forman su grupo el d?a que las tropas fascistas entran en Barcelona. Adem?s de estos ejemplos de la ficci?n, la vida de Gros ofrece un caso real de un guerrillero que luch? en la guerra civil tambi?n. Es m?s, buena parte de la contienda la pas? luchando como guerrillero en el XIV Cuerpo de Ej?rcito Guerrilleros. Un comentario suyo sobre una orden que este Cuerpo recibi? revela los planes que hab?a para reanudar la lucha guerrillera: ?Camino de la emigraci?n despu?s de la p?rdida de Barcelona [. . .] recibimos instrucciones del Partido de dejar dep?sitos de armamento, comida, ropa, zapatos y medicamentos, a fin de proseguir la lucha de guerrillas? (13).177 En las novelas de este grupo se aprecia la importancia de la terminolog?a usada para describir a los guerrilleros pues uno de los aspectos que contribuye a poner en duda la motivaci?n ideol?gica de Artiguez es el uso del t?rmino bandolero (?bandit?) para describirlo. Todos los personajes usan esta palabra incluyendo al jefe de polic?a de Pamplona, el joven Pablo para qui?n el pistolero es casi un h?roe, y el resistente mismo. En Juan Caballero se oponen los t?rminos que el r?gimen usaba para describir a los guerrilleros y sus acciones con la imagen que el narrador facilita de ellos. Frente a la 177 En ciertos casos, las caracterizaciones divergentes que obras como Si te dicen plantean de los maquis no se han apreciado completamente. Seg?n Shirley Mangini, los maquis de esta novela ?are portrayed as courageous guerrillas, yet they are suddenly converted into vulgar thieves and even assassins? (?Si te dicen? 94). Mangini considera que el conflicto entre las visiones se debe al intento de Mars? de crear la impresi?n de la ambig?edad y confusi?n que, seg?n el autor indica en su entrevista con Tununa Mercado, eran la realidad de Espa?a en aquel momento (citado en Mangini, ?Si te dicen? 94). Aunque la novela expone diferentes caracterizaciones de muchos personajes y versiones conflictivas de algunos acontecimientos, en el caso de los maquis es preciso reconocer que las representaciones negativas reflejan el declive de la guerrilla urbana debido al acoso de las fuerzas represoras. Tras sugerir el apogeo de la resistencia mediante la preparaci?n de m?s grupos guerrilleros y una serie de atentados, la novela capta la muerte de varios maquis incluyendo a Sendra, el ?Taylor?, y Jos? Sabater ?Pepe?. La eliminaci?n de Sendra, el contacto con el comit? anarquista en Toulouse, significa para los maquis el alejamiento de sus inspiraciones pol?ticas. Pero incluso cuando la guerrilla est? maltrecha, se comenta ?haciendo referencia a Francisco Sabater? la creencia de los resistentes de que ?el grupo podr?a recuperar su antigua moral pol?tica gracias a la influencia del nuevo jefe [. . .] que por fin lleg? so?ando con vengar a su hermano Pepe? (Mars? 285). No obstante, la novela capta incluso la muerte de ?Quico?. Los maquis que sobreviven a la destrucci?n de la organizaci?n, como Palau, pasan a emprender acciones que no sugieren ning?n fin pol?tico. 176 prensa franquista que calificaba ?los asaltos a los puestos de la Guardia Civil y a los cuarteles falangistas? como ?hechos ?criminales?? y tachaba a los maquis como ?malhechores? que ?ca?an sobre los cortijos, robaban y secuestraban, y ped?an fuertes cantidades por los rescates? (Carn?s 121), la voz del narrador defiende las acciones guerrilleras se?alando su fin pol?tico y explicando que los maquis obten?an los nombres de los jefes de Falange y de la Guardia Civil que se destacaban por su crueldad para con el pueblo y los ejecutaban. Otro factor que contribuye a caracterizar a los adictos al r?gimen y a los resistentes es su sexualidad. Las acciones de Vi?olas y Artiguez en Killing a Mouse on Sunday ejemplifican c?mo varias de las obras de este ?ltimo apartado no hacen una divisi?n manique?sta entre los resistentes y las fuerzas del r?gimen. Poco antes de pasar a Espa?a, Manuel entra en la casa de Pedro buscando a su amigo. ?ste no est?, pero su mujer se encuentra a punto de ba?arse. El encuentro entre los dos queda ambiguamente representado como una violaci?n a pesar de que otras caracterizaciones sugieren que hubo mutuo acuerdo. El jefe de polic?a, por su parte, mantiene una querida, pero promete volver a ser fiel a su mujer si Dios le ayuda a acabar con Artiguez. Aunque los hombres de Vi?olas matan al pistolero, el polic?a abandona sus promesas y parece interesado, adem?s, en una tercera mujer. As? pues, ni uno ni el otro se proyectan totalmente positiva o negativamente. Algunas representaciones de la sexualidad de los maquis reconocen la naturalidad del deseo carnal, pero otras sugieren sus valores morales. ?Eran frecuentes las alusiones a la mujer en la partida. La vida asc?tica no atemperaba por completo el impulso sexual de los hombres, la mayor?a de ellos j?venes y llenos de salud? (Carn?s 128). No obstante, 177 cuando la conversaci?n se dirige por ese camino, uno de los guerrilleros manda callar a los dem?s preguntando ??es esto una partida de guerrilleros o de cochinos rijosos?? (128). Asimismo, el recato de las mujeres es apreciable incluso cuando est?n haciendo algo tan natural y necesario como amamantar a su hijo pues una mujer se cubre el pecho con un pa?uelo. Cuando las obras muestran la decadencia sexual de los republicanos, suele ser debido al control que los adictos al r?gimen tienen sobre ellos de manera que los actos sexuales dibujan una imagen que desfavorece m?s a ?stos que a aqu?llos. En Si te dicen la miseria y el hambre que motivan a Java y Ramona a realizar actos sexuales para el placer de Conrado, un fascista, antiguo alf?rez provisional, condenado a una silla de ruedas, se manifiestan mediante los sonidos del est?mago de Java, las descripciones de c?mo los dos engullen los bocadillos que les dan despu?s del coito, y los comentarios del joven que recuerdan a la chica que no pare si quiere comer hoy. Los golpes del bast?n de Conrado indican ?lo que conviene hacer, gemir en ciertos momentos y en otros gritar, blasfemar, morder, insultar? (24). La escena que realizan para el voyeur que incluyen actos s?dicos y fetiches como la lluvia dorada sugiere la perversidad sexual del adicto al r?gimen. Frente a su placer, se deja claro que Ramona y Java no disfrutan del acto mediante las l?grimas de ella y el dolor f?sico y la falta de deseo de ?l. El hecho de que no son los ?nicos que sufren la explotaci?n sexual debido a la pobreza rampante entre los vencidos se expresa a trav?s del recuerdo que Ramona trae a la cabeza de Java de ?aquellas viudas de guerra que la miseria y el hambre de los hijos peque?os lanzaba cada d?a a la calle? (22). 178 Aunque estos pasajes podr?an inspirar al lector virtual a sentir l?stima por los vencidos, otras partes confunden a Marcos con Conrado sugiriendo as? que el maquis no es mejor que el fascista. Asimismo, mientras que algunas versiones de la historia consideran que Ramona y Marcos son novios, otras indican que Java trae a la prostituta al escondite de su hermano para que goce de ella. As? pues, se observa nuevamente que estas obras no hacen una clara divisi?n entre buenos y malos. De las dos primeras etapas comentadas, se ha visto que las narraciones publicadas durante la guerra difieren bastante. La rapidez del estilo de Petere y la clara preferencia por el bando republicano en su novela y Los guerrilleros de Extremadura contrastan con las visiones de violencia en ambas retaguardias y las digresiones en For Whom the Bell Tolls. Al entrar en declive la lucha guerrillera, se termina una d?cada de silencio. Los autores profascistas vuelven a publicar en 1951, dos a?os antes de los prorepublicanos. Mientras aqu?llos esperaban el declive del maquis y la estabilizaci?n del Estado franquista, ?stos precisaban del tiempo necesario para establecerse en el exilio. Adem?s, por la longevidad de la lucha clandestina, posiblemente era poco coherente escribir y dar detalles que pod?an volverse en contra de los guerrilleros. Las ocho novelas afines al r?gimen dibujan una clara divisi?n entre las fuerzas franquistas honradas y sacrificadas y unos ladrones y violadores que realizan una in?til lucha apol?tica e individualizada. De las otras cuatro obras publicadas dentro de la pen?nsula, tres tienen una voz ambigua, pero ciertos aspectos de estos relatos sugieren que los autores apoyaban a los guerrilleros antifranquistas. Aunque Los huidos es relativamente favorable a los resistentes, esta imagen se explica por la fecha tard?a de su publicaci?n. Mientras que deja claro la represi?n del bando vencido y la necesidad de 179 refugiarse en el monte, los ataques a adictos al r?gimen cuyas delaciones resultaron en la muerte de alg?n huido se retratan como venganzas personales. Los siete relatos publicados en el exilio tampoco dibujan una representaci?n maniquea de los guerrilleros. La mayor?a muestra a los maquis hostigando al r?gimen e incluso aspirando a derrocar al dictador en los buenos momentos y, en su declive, intentando sobrevivir de la manera que puedan a?n si esto les lleva a realizar actos delictivos ajenos a cualquier objetivo pol?tico o ideol?gico. 180 Cap?tulo 4. La memoria y la literatura de la guerrilla (1976-2006) La producci?n literaria sigue evolucionando tras la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975. Durante la transici?n a un gobierno democr?tico, los pol?ticos concuerdan un pacto de silencio: deciden no usar el pasado como arma arrojadiza. No obstante, este acuerdo acaba corriendo un tupido velo sobre la guerra y la resistencia de manera que se fomenta una actitud que conduce a la desmemoria oficial. As? pues, no sorprende que la primera etapa de la evoluci?n de la narrativa sobre la guerrilla en la democracia se caracterice por la amnesia. Aparte del silencio oficial sobre el pasado, la amenaza de otro golpe durante varios a?os178 seguido por el fracasado golpe de Tejero en febrero de 1981 explica el olvido en que cay? la resistencia. A lo largo del cuarto per?odo (1985-1996) aumentaron las publicaciones literarias sobre la guerrilla antifranquista ya que el miedo se disipaba y los autores empezaron a romper con el silencio acordado. Durante estos a?os se forman grupos para la recuperaci?n de la memoria hist?rica, pero no es hasta que el PSOE abandona la Moncloa en 1996 que los pol?ticos de este partido ?instrumentales en la imposici?n del t?cito pacto de la transici?n? deciden romper el silencio, como respuesta a la recuperaci?n de figuras de la izquierda por parte del Presidente Aza?a.179 Esta nueva concienciaci?n hist?rica tiene como respuesta la enorme producci?n narrativa durante la quinta etapa (1997-2006). 178 Seg?n Espinosa, ?[t]ratar el pacto de olvido como un esfuerzo mutuo en pro del bien com?n es una falacia que presenta como logro de dos lo que no fue sino beneficio para uno. Despu?s de cuatro d?cadas de dictadura, ?a qui?n pod?a interesar m?s que prevaleciera el olvido? En segundo lugar esta teor?a elude que la verdadera amenaza del quinquenio 1976-1981 no fue una nueva guerra civil de todo punto imposible, sino precisamente una constante amenaza golpista? (128, ?nfasis original). 179 La ausencia del Presidente Gonz?lez en el pionero simposio sobre el exilio de 1939 celebrado en College Park en 1989 marc? simb?licamente esta pol?tica de silencio. Ver Naharro Calder?n ?Deslindes de exilio? (16-17) en El exilio de las Espa?as de 1939 en las Am?ricas. Para la manipulaci?n del pasado ver Naharro Calder?n ?Cuando Espa?a iba mal? y ?Los trenes de la memoria?. 181 Tercera etapa: primeras visiones en libertad Despu?s de la publicaci?n de Si te dicen y Los huidos, el tema de la resistencia antifascista cae en una etapa de amnesia. No se vuelve a publicar sobre el tema hasta despu?s de la muerte de Franco y las obras que salen entre 1976 y 1984 generalmente limitan la resistencia a un papel secundario. Aunque elijo 1976 como inicio de esta etapa por las incipientes libertades que este a?o representa, es preciso reconocer que ?stas no llegaron inmediatamente. Si te dicen, por ejemplo, fue publicada en Espa?a en septiembre de 1976, pero fue secuestrada y no pudo ser distribuida hasta principios del a?o siguiente (Amell, La narrativa 109). No obstante, 1976 parece ser el a?o apropiado para comenzar un per?odo nuevo pues el intento de distribuir esta novela muestra que los editores consideraban que las limitaciones sobre la libertad de expresi?n estaban seriamente debilitadas y en v?as de desaparecer. Asimismo, Jes?s Torbado publica en 1976 En el d?a de hoy, cuyo argumento, que plantea qu? habr?a pasado si en 1939 la Rep?blica hubiera salido victoriosa, no parece ser un tema que habr?a recibido el visto bueno de los censores franquistas. Se trata de una visi?n muy de su ?poca en l?nea de consensuar la transici?n tras la muerte del dictador. Del esfuerzo por proteger la memoria colectiva del franquismo nace esta obra que alude a la igualdad entre los bandos enfrentados al dibujar una imaginada victoria republicana como el inverso casi id?ntico de la victoria franquista real. La amnesia de esta etapa se puede reconocer no s?lo por las escasas publicaciones sino tambi?n por la manera en que abordan la resistencia. Durante este per?odo s?lo se editan ocho obras literarias sobre este tema, un n?mero exiguo comparado con la cuarta y quinta etapas. Casi todas las novelas y cuentos del tercer per?odo limitan la lucha 182 guerrillera a apariencias o a un trasfondo.180 En muchos casos esta presencia latente se logra al incluir personajes que participaron en la lucha clandestina, aunque esta ?poca forme parte de su pasado. As? ocurre con representaciones ya comentadas como la de Albert y su t?o Daniel en Frontera, o nuevas como Juan?n en La enredadera (1980) de Manuel Alonso, o Jan en Un d?a volver? (1982) de Juan Mars?. La segunda novela de Mars? sobre la lucha guerrillera retrata la vuelta de Jan Julivert, un maquis, a su barrio tras casi trece a?os en la c?rcel. Igual que en Si te dicen, la obra expone versiones conflictivas de los hechos. La novela de Alonso, en cambio, revela paulatinamente los recuerdos que Juan?n preferir?a olvidar mediante su mon?logo interior que hace del texto una verdadera enredadera mental. Incluso en la novela de Manuel Villar Raso, La pastora: el maquis hermafrodita (1978), que m?s atenci?n dedica al tema, s?lo se retrata a ?La Pastora?, Teresa (o Florencio) Pla Messeguer, y la lucha guerrillera, a trav?s de las conversaciones que el narrador tiene con personas que conoc?an a este guerrillero real o conoc?an su leyenda.181 En las dem?s obras de esta etapa, los resistentes no tienen mayor protagonismo que unas apariencias. El relato de Xos? Neira Vilas, O ciclo do neno (1978), se divide en tres partes que corresponden a las narraciones de unos ni?os. No obstante, la representaci?n de los resistentes es tan ef?mera que no logra m?s que retratar la curiosidad que los ni?os sienten por un huido y la astucia de ?ste que le permite llegar a Francia.182 La novela de Virgilio Botella Pastor, El camino de la victoria: los exiliados en la Resistencia (1979), muestra la diversidad del exilio espa?ol. Varios personajes son 180 Por trasfondo se entiende una presencia que supera unas intervenciones ef?meras. 181 Las futuras referencias a este texto utilizar?n la abreviaci?n La pastora. 182 Puesto que la lucha guerrillera no recibe mayor atenci?n, no ser? posible facilitar mayor comentario de este texto. 183 presos en Mauthausen, pero otros est?n en los campos franceses o repartidos por el pa?s galo y algunos de ellos participan en la Resistencia francesa. Puesto que la acci?n ocurre fuera de Espa?a no se caracteriza a las fuerzas del r?gimen o sus t?cticas para acabar con la guerrilla espa?ola. En La monta?a herida (1981) de Jos? Mar?a Castroviejo los maquis aparecen en varios cuentos. Aunque hay una conexi?n entre los relatos, no es suficiente para comentar su hilo narrativo. Finalmente, Ra?l Guerra Garrido publica El a?o del wolfram (1984) que retrata el intento de evitar que el wolfram, un mineral valioso, cayera en manos de los nazis. La primera novela despu?s de la muerte de Franco, En el d?a de hoy, merece ser considerada aparte de las otras obras pues invierte los papeles dibujando c?mo ser?a Espa?a si la Rep?blica hubiera ganado la guerra. En algunos casos la novela dibuja la guerra civil como inevitable. Cuando el ministro de Estado, Juli?n Zugazagoita, le dice al presidente Prieto que ?parece que nuestro destino es matarnos mutuamente?, ?ste responde que ?siempre ha sido as?. [. . .] Desde el tiempo de los moros. Desde los iberos [sic]. ?Qu? podemos hacer nosotros para evitarlo?? (Torbado 187). En varias ocasiones se retrata la prostituci?n, la miseria y el hambre y algunos personajes comentan que los perdedores siempre sufren un castigo no merecido mientras que sus l?deres se ponen a salvo. No obstante, en otro instante, el fot?grafo que acompa?a a Hemingway opina que el hambre es la culpa de ?todo ese reba?o de militares y falangistas que prepararon la guerra? (228-29). 184 En algunas ocasiones se refiere a la existencia de partidas en los montes. No obstante, ?stas est?n compuestas por personas que hab?an apoyado la rebeli?n militar.183 El nombre del l?der de los maquis fascistas, Jos? Antonio Gir?n, sugiere tanto al fundador de Falange, Jos? Antonio Primo de Rivera, a su seguidor y ministro franquista Juan Antonio Gir?n, como al legendario guerrillero Manuel Gir?n. Tal vez la yuxtaposici?n de estos nombres sirva para plasmar la misma idea mencionada m?s arriba: que daba igual quien ganaba la guerra, las mismas personas ?los perdedores? siempre sufren las secuelas de la contienda. En algunos instantes se reconoce la ideolog?a pol?tica que los maquis tienen pues se indica que su l?der es falangista y en otros se establece la conexi?n entre el haber luchado en el bando vencido (fascista en este caso), y la necesidad de huir al monte o al exilio. Un hombre que luch? en el bando republicano tiene un hijo que la sublevaci?n cogi? en Valladolid. ?ste ?tuvo que irse con los falangistas y ahora no sabemos si est? muerto o est? en el maquis de Gir?n o fugado en Portugal? (165). No obstante, en otras ocasiones la lucha se dibuja como apol?tica y desorganizada y los resistentes fascistas son calificados como delincuentes comunes. Los campesinos tienen miedo de las partidas porque ?pod?a[n] caer sobre ellos en cualquier momento, apoderarse de lo poco que ten?an, violar a sus hijas y asesinarlos si daban la alarma. La leyenda, que multiplicaba los datos de la realidad, aumentaba su p?nico? (173). Cuando se le propone al ministro del Ej?rcito, Jos? Miaja, el uso de formaciones regulares para acabar con los maquis, ?ste ?hab?a respondido que para eso estaban los asaltos y los antiguos guardias civiles. La misi?n del ej?rcito no consist?an en perseguir por los campos a ?vulgares bandoleros?? 183 El su texto sobre los maquis en el Maestrazgo, Mercedes Yusta menciona la existencia de huidos afines a la sublevaci?n, que se escondieron en una cueva en el municipio de Ladru??n hasta poder pasar a territorio rebelde (45-46). Tambi?n hab?a huidos guardias civiles en Andaluc?a (Thom?s 294). 185 (132).184 Como la resistencia no recibe mucha atenci?n, no es posible ofrecer mayor an?lisis de la visi?n de los maquis fascistas o de la represi?n de parte del gobierno republicano. En las otras obras, las causas de la guerra y de la formaci?n de la resistencia antifascista apenas se consideran. La sublevaci?n militar no se menciona, mientras que la guerra y la divisi?n del pa?s en dos bandos se atribuyen a razones ambiguas o absurdas. En ciertos casos, la incorporaci?n de los personajes a las guerrillas no corresponde a inspiraciones pol?ticas o a la necesidad de sobrevivir. Los or?genes de la guerra no se comentan en La enredadera, pero se propone que la divisi?n de los espa?oles en dos bandos ?fue caprichosa, o al menos se ignoraba las causas de agrupamiento en uno u otro bloque? (Alonso 182).185 La necesidad de Juan?n y Josel?n de huir al monte se debe al asesinato que cometen, el cual parece ambiguamente pol?tico. Aunque no se entiende del todo la muerte de M?genes Caste??n, parece ser el ?ltimo escal?n en los actos de Juan?n y sus amigos que se vuelven m?s violentos con cada paso. El d?a que la noticia de la sublevaci?n llega al pueblo, Juan?n y sus amigos gritan mueras a los fascistas y curas y destruyen la iglesia del pueblo sugiriendo as? el odio o la frustraci?n de los j?venes. En La pastora, el ?nico caso que describe la formaci?n de los maquis o la adhesi?n al mismo es el ejemplo de Teresa/Florencio Pla que se une a los guerrilleros debido al ?examen arbitrario? que los guardias civiles hacen de sus genitales y, por lo tanto, no muestra un fin pol?tico sino el deseo de ?La Pastora? de escapar de la sociedad que no aceptaba su 184 Sin embargo, Naharro Calder?n me se?ala que es evidente que el calificativo de bandoleros por parte de Miaja esperimente cuando se tiene en cuenta de que representan al bando rebelde e ileg?timo. 185 Asimismo, en El a?o del wolfram una de las voces narrativas describe la contienda como ?la guerra m?s tonta del mundo? y explica que la geograf?a era lo determinaba en qu? bando se luch? (Guerra 19). Aunque la novela alterna entre un narrador omnisciente y la primera persona de Jos? Exp?sito (o Ausencio), en este caso la voz es la de Jos?. 186 anomal?a sexual. En La monta?a herida se aprecia un leve intento de sugerir que la subida al monte corresponde a la necesidad de sobrevivir. Cuando el Capit?n le reprocha al cura el no haberle informado del robo que unos resistentes hicieron, ?ste se?ala que ?habr?a que analizar los motivos por los que se echaron al monte? y a?ade que ?yo no pod?a traicionar a aquellos hombres lanzados al monte por culpas que no eran s?lo de ellos? (86, 88). Algunas obras dibujan a las fuerzas represoras de forma mixta. La monta?a herida, por ejemplo, resalta el sufrimiento de los guardias civiles a trav?s de sus quejas de la poca ayuda que los paisanos les prestan y de la escasa paga que reciben a cambio de poner su vida en peligro. Otro caso que podr?a producir una visi?n favorable a la Benem?rita es el hecho de que los feriantes atacados por una partida reprochan la falta de protecci?n de la Guardia Civil. Aunque el comentario es una queja contra este Cuerpo, a su vez, lo retrata como una entidad protectora. No obstante, los comentarios de los campesinos muestran que se sienten asidos por las partidas y por los guardias civiles pues les requisan sus mejores corderos. La imagen de los miembros de la Benem?rita empeora cuando torturan a una chica porque es hermana de uno de los huidos. Esperan sacarle informaci?n sobre los resistentes, pero sus actos violentos no dan fruto. En otro momento, los guardias se enteran de que los maquis est?n en la parte superior de una taberna. Matan al tabernero y eliminan a los resistentes disparando contra el techo. Otras obras sugieren una visi?n m?s estrictamente negativa de las fuerzas del r?gimen. En Un d?a volver?, las represiones de los republicanos son f?sicas y econ?micas. El Servicio de Recuperaci?n expropia varios muebles a la familia de Jan que van a parar a la casa del procurador, el se?or Folch, un pariente del agente de esta organizaci?n. 187 Cuando la polic?a est? buscando a Jan, su cu?ada, Balbina, es interrogada y torturada. Se alude al maltrato mediante el comentario de que su labio estaba partido y sus mu?ecas despellejadas sangraron durante una semana. Aunque las ?lceras de Polo, el ex polic?a que particip? en la detenci?n de Jan, su preocupaci?n ante las amenazas an?nimas y su necesidad de ganarse la vida paseando perros de mujeres adineradas sugieren una vida m?s bien pat?tica, es poco probable que el lector virtual sienta l?stima por ?l sabiendo que quemaba la cara de Balbina con cigarrillos. Es m?s, el comentario siguiente alude a que su declive f?sico es merecido: ?Por fin el c?ncer hab?a puesto sordina a su intolerancia y a sus famosas brutalidades? (Mars? 25). El uso de la tortura por parte de las fuerzas del r?gimen tambi?n se retrata en El a?o del wolfram. En este caso el maltrato es m?s violento y sanguinario y los guardias civiles son dibujados como hip?critas porque tiran el cuerpo destrozado de Manuel, el hermano de un huido, fuera del cuartelillo diciendo a los que est?n all? que ?son testigos de que no se le ha tocado un pelo. Cualquiera puede despe?arse por estos andurriales? (Guerra 164). En otro momento usan la excusa de que buscan un alijo de armas para destrozar las paredes de una casa y sacar el wolfram. La representaci?n de los maquis y su lucha tambi?n es variada en estos relatos. En Un d?a volver?, una voz narradora que corresponde con un amigo de N?stor, quien se cree el hijo y no el sobrino de Jan Julivert, sugiere que el guerrillero ten?a ideales pol?ticos (Mars? 18). Para N?stor y sus amigos, Jan ha llegado a la altura de un h?roe o una leyenda. ?Antes de saber que era un peligroso forajido, un hombre con varios muertos en la conciencia, ya sab?amos que era zurdo? (18). La combinaci?n de ex boxeador y ex pistolero hace de Jan un hombre ?invencible y fascinante? y los j?venes 188 mantienen su leyenda viva mediante sus aventis (17). Aunque N?stor idealiza a Jan y espera que se vengue de varias personas y que salve a su madre del humillante oficio que parece haber aceptado, la prostituci?n, muchas de las acciones de su t?o sugieren que el luchador ha colgado los guantes. Otros acontecimientos, sin embargo, muestran a Jan ajustando viejas cuentas186 o aluden a que planifica una venganza, lo cual proporciona a la novela buena parte de la intriga y suspense.187 No obstante, nunca se escucha la voz de los maquis con respecto a la lucha guerrillera. Los comentarios de Polo y Suau, su amigo que durante un tiempo falsific? documentos para los maquis, tambi?n exponen im?genes divergentes de los resistentes y su lucha. En boca de las personas del r?gimen, los maquis son delincuentes sin aspiraciones pol?ticas que se enga?an entre s?. Incluso si Polo reconoce que el guerrillero ?siempre anduvo a la gre?a contra el r?gimen?, pone mayor ?nfasis en que ?hab?a empezado a tirar los ideales a la cuneta y se dedicaba simple y llanamente al robo y a la extorsi?n, a parar coches [. . .] y a limpiarles la cartera a sus due?os, honrados trabajadores que volv?an de la f?brica . . .? (21, 21-22). Suau interrumpe su caracterizaci?n de los hechos con un comentario sarc?stico que permite entrever las incongruencias del comentario de Polo: ?Claro. Honrados trabajadores al volante de sus Mercedes? (22). Aunque Jan hab?a dicho al polic?a que el dinero era para las viudas y los 186 En un caso, Jan recupera los muebles requisados y los entrega al fuego que los j?venes han hecho para celebrar la noche de San Juan. 187 La novela de Villar Raso tambi?n presenta versiones divergentes de los guerrilleros. Seg?n algunas personas, ?La Pastora? era un guerrillero sanguinario, pero otras visiones lo dibujan como una persona pac?fica. El hombre de Cat? atribuye las siguientes palabras a Florencio: ?Yo no usar? nunca mi rev?lver? (Villar 99). De manera similar, el rifle que obtiene luego es pr?cticamente in?til. El texto tambi?n presenta versiones opuestas sobre la inspiraci?n pol?tica de las acciones de ?La Pastora?. El hecho de que su incorporaci?n a la guerrilla suceda despu?s del maltrato que sufre a manos de la Guardia Civil apunta a que ?sta no se debe a razones pol?ticas. No obstante, seg?n el narrador extradieg?tico, ?en la ficha que la guardia civil conserva en el cuartel de Vallibona, se dice que sus m?viles guerrilleros eran pol?ticos? (15- 16). Asimismo, se indica que fue ?quien mejor dirigi? la palabra al pueblo? cuando toman una localidad (124). 189 hijos de compa?eros muertos, Polo dice que Jan enga?? a Dios y a su madre y traicion? al ?Mandalay?, un compa?ero suyo que particip? en el ?ltimo robo que Jan organiz?, qued?ndose con todo el bot?n.188 Seg?n el ex polic?a, el hermano de Jan, Luis, ?s?lo quer?a mangonear desde el exilio? y el ?Mandalay? ?se hab?a convertido en un chulo de putas y no quer?a ni o?r hablar de la causa? (21, 23). Aparte de estos comentarios que describen a los resistentes como simples delincuentes cuyas acciones son apol?ticas, Polo retrata a Luis como un usurpador traicionero pues ?enviaba a los dem?s a morir aqu?, ?l no se mojaba el culo? (21). Frente a la caracterizaci?n que Polo hace de Jan y la resistencia, los comentarios de Suau sugieren la inspiraci?n pol?tica de sus acciones.189 Menciona que particip? en las revueltas de 1934, luch? en la guerra civil en la Columna Durruti y ayud? a organizar la resistencia en el Rosell?n. Con respecto a sus intentos de hostigar al r?gimen, Suau explica que Jan y otros pusieron ?una bomba en no s? qu? consulado y otro d?a mataron a un inspector de polic?a? (97).190 Las opiniones de Suau sobre la resistencia tambi?n aluden a su organizaci?n y, por lo tanto, apuntan a su envergadura pues mencionan las reuniones de los comit?s regionales.191 Esta visi?n contrasta con la caracterizaci?n divulgada en las novelas afines a la dictadura que dibujaban la lucha guerrillera como insignificante y apol?tica. 188 La novela sugiere otras versiones del paradero de las 100.000 pesetas. Seg?n Suau, Jan s? entreg? el dinero a su hermano, pero los comentarios de Balbina a su cu?ado Jan revelan que el dinero se agot? pagando al m?dico durante la enfermedad de la madre de Jan. Se sugiere que ella empieza a prostituirse con el m?dico para pagar el tratamiento y entierro de su suegra. 189 Incluso cuando Polo menciona un acto pol?tico que Jan realiza, lo dibuja como carente de valor para el resistente y sugiere que lo hace para enga?ar a otros militantes y seguir en lo suyo. Seg?n Polo, Jan colg? ?una bandera separatista en la monta?a del Tibidabo, para contentar a los tontos de culo que a?n creen en estas cosas? (22). 190 Otras voces narrativas mencionan el atraco de bancos, meubl?s y f?bricas, lugares que sugieren que los maquis eleg?an objetivos frecuentados o pertenecientes a los acomodados adictos al r?gimen. 191 Polo, por su parte, hace referencia al comit? Central en Francia. 190 El camino de la victoria192 y La pastora resaltan la organizaci?n, envergadura y motivaci?n pol?tica de la resistencia, pero la limitada atenci?n que estos aspectos reciben en El a?o del wolfram y la necesidad de poseer un conocimiento bastante profundo de la resistencia para reconocerlos esconde estas referencias breves al lector.193 Al principio de la novela, se indica que la partida de ?Charot? est? explotando el wolfram. No obstante, la novela nunca sugiere una conexi?n entre esta referencia y el hecho de que William White ?El Ingl?s? intenta comprar todo el wolfram posible para que no caiga en manos de los alemanes. Al final de la obra, se revela que White realmente era Alexander Easton, un esp?a escoc?s que colabora con la corona inglesa. Esta revelaci?n, sin embargo, probablemente no habr?a inducido al lector virtual a darse cuenta de que se est? hablando de una persona real.194 Seg?n Secundino Serrano, Easton, conocido en la resistencia espa?ola como ?Ingl?s?, llevaba varios consulados brit?nicos de Galicia y posiblemente era un esp?a ingl?s. Hac?a de enlace entre la Federaci?n de Guerrillas de Le?n-Galicia y los partidos pol?ticos en Madrid y proporcion? a los maquis una multicopista que les serv?a para imprimir la revista El Guerrillero. A cambio, Easton ped?a la ayuda de los 192 En esta obra la lucha guerrillera en Espa?a se menciona a trav?s de un comentario que indica que don Luis mantiene contactos con los guerrilleros del interior, ?cada d?a m?s acosados? (Botella 186). A la vez que ayuda a ?stos a escapar, facilita el paso de la frontera para los espa?oles que se cansan de la pasividad en Francia y vuelven a Espa?a para luchar. Los resistentes espa?oles que luchan en Francia hostigan a los alemanes haciendo atentados contra ellos, sus oficinas, f?bricas, y materiales de guerra y ejecutando a los franceses que colaboran con ellos. Algunos de los espa?oles comentan su frustraci?n con la organizaci?n de la Resistencia francesa y de paso mencionan un ?rgano espa?ol importante tanto en la lucha en Francia como en Espa?a: ?De habernos ido con los de la Uni?n Nacional ahora tendr?amos armas, mandos y organizaci?n militar? Y adem?s no depender?amos de los franceses?? (352). La conexi?n entre la Resistencia francesa y la guerrilla espa?ola, junto con la similitud entre sus t?cticas para hostigar a su enemigo, crea una idea favorable de la resistencia antifranquista. 193 Otros relatos, como La monta?a herida, apenas sugieren la envergadura de la lucha clandestina mediante las apariencias breves de varias partidas. Los cuentos en este libro no sugieren la existencia de una conexi?n entre las guerrillas ni apuntan a su contacto con otras organizaciones. Las torturas que una partida efect?a para que un avaro indique d?nde esconde su dinero dibuja una idea negativa de la resistencia. Tan s?lo el comentario del cura ya mencionado podr?a ser una alusi?n a la necesidad de echarse al monte por razones pol?ticas. 194 Un giro que parece invenci?n del autor es que G?nter Weiss mata a Easton el d?a que recibe la carta pidiendo su colaboraci?n con el gobierno de su madre patria. Aunque nunca se explica qui?n es Weiss, queda evidente que colabora con la corona inglesa comprando el wolfram. 191 resistentes en las redes de evasi?n que evacuaban a aviadores aliados derribados en Francia y perseguidos por los nazis y los franceses afines a ellos (Maquis 98). Si el lector virtual supiera que Easton era una persona real que colaboraba en la lucha guerrillera y pudiera conectar el hecho de que la partida de ?Charot? trafica con wolfram con las compras que White realizaba para debilitar a las fuerzas del Eje, podr?a apreciar que la envergadura de los maquis llegaba hasta mantener conexiones con representantes del gobierno ingl?s. No obstante, parece m?s probable que el lector no conecte estos detalles. Es m?s, las descripciones le llevar?an a pensar que la organizaci?n, importancia y motivaci?n pol?tica de la resistencia son muy bajas. La primera vez que se observa a la partida del ?Charot? actuar atracan a unos campesinos que acaban de cobrar. Su segunda aparici?n, en cambio, s? llama la atenci?n a que sus v?ctimas son adictos al r?gimen. Matan a un cura que denunci? a un colaborador de la partida y ejecutan a los cuatro hombres que firmaron su testimonio. No obstante, esta acci?n se dibuja m?s bien como un ajuste de cuentas que un ataque al r?gimen fascista pues la narraci?n la describe como una ?venganza? y explica que el ?Charot? hab?a prometido ?responder diente por diente a cualquier delaci?n? (Guerra 152). Las representaciones contradictorias de los resistentes y de las fuerzas fascistas a veces abarcan hasta su sexualidad. En el relato de Villar Raso, una versi?n alude a que ?La Pastora? dejaba gozar a los guerrilleros, pero otra lo retrata reprobando a los resistentes que han ido con sus mujeres o con prostitutas. Con respeto a las fuerzas fascistas, ya se coment? la imagen desfavorable creada de la Benem?rita debido a los abusos sexuales que los guardias civiles perpetran. Asimismo, ?La Pastora? y su cu?ada sufren el acoso de los regulares durante la guerra. Las primeras referencias a estos 192 encuentros usan t?rminos ambiguos, pero un comentario posterior sobre los incidentes con la Guardia Civil los califica de ?violaciones?. En La enredadera, la libertad sexual de los j?venes antifascistas se retrata mediante las profanaciones que hacen en la iglesia, incluyendo la relaci?n sexual que los cuatro amigos tienen con Otilia en la cama del cura. Aunque este acto es de mutuo acuerdo, Juan?n participa en una violaci?n en alg?n momento anterior. Si bien estos sucesos podr?an causarle al lector virtual una impresi?n negativa del protagonista, es importante reconocer tambi?n que retratan la conciencia torturada de Juan?n, lo cual podr?a mitigar dicha impresi?n negativa. Su memoria parece distorsionada pues en muchos casos refiere los hechos en tercera persona de manera que soslaya su participaci?n en ellos. Finalmente, el oficio de Balbina en Un d?a volver? no crea tanto una imagen desfavorable de ella como de las personas que se aprovecharon de su necesidad econ?mica y la empujaron hacia la prostituci?n. Con respecto al uso de la terminolog?a, ?sta retrata el momento de la lucha guerrillera y la perspectiva del hablante. En algunas narraciones, como La monta?a herida y El a?o del wolfram, se sugiere que la resistencia est? en una fase inicial mediante el predominio de palabras como ?huidos? o ?partidas?. En La Pastora, las voces m?s favorables a los resistentes los llaman ?guerrilleros?. Una excepci?n se observa cuando el hombre de Cati narra las acciones y los comentarios del teniente de la Guardia Civil. En estos casos emplea el vocablo ?bandoleros?. En Un d?a volver?, en cambio, las personas que colaboran con los guerrilleros anarquistas y los j?venes que los admiran usan tanto ?maquis? como ?forajido? y ?pistolero?. El ex polic?a, por su parte, llama a Jan ?pistolero?, ?criminal? y ?maleante?. Aunque Polo tambi?n menciona los t?rminos preferidos por los guerrilleros, como ?golpe econ?mico? y ?impuesto 193 revolucionario?, estas palabras s?lo sirven para mostrar el desd?n que siente hacia los maquis. Cuarta etapa: visiones en plena libertad A partir de mediados de los ochenta, se aprecia un aumento en la producci?n art?stica, lo cual muestra que la resistencia antifascista espa?ola vuele a ocupar un lugar preeminente en la memoria colectiva. Asimismo, buena parte de los relatos del cuarto per?odo (1985-1996) se centran en la lucha clandestina de manera que se pone en evidencia que lo reprimido sin resolver ni clausurar, vuelve. El retorno de este tema al primer plano revela la necesidad que los autores sienten por retrabajar esta parte del pasado silenciada y tergiversada y preservarla en la memoria colectiva. Al mismo tiempo, la lectura de estos relatos puede llevar a los lectores a hacer lo mismo. Las novelas de este per?odo, empezando con Luna de lobos (1985) de Julio Llamazares, vuelven a otorgar a los resistentes un papel m?s central en los relatos. Los protagonistas de esta obra, cuatro soldados republicanos, huyen del frente asturiano y se enfrentan con el acoso de las fuerzas represoras y los elementos de la naturaleza. Otras novelas editadas en 1985 incluyen Muerte y pasi?n de un maquis. Sebastian Eustaquio Moya Moya ?El Chichango? de Juan Jos? Gonz?lez Sevillano y El pianista de Manuel V?zquez Montalb?n.195 Dos a?os despu?s, Jes?s Sevilla Lozano publica Alhambra y los Tuchas (Una historia del maquis) (1987). Frente a la elevaci?n del maquis al estatus de h?roe en Muerte y pasi?n, este texto retrata a los resistentes en una luz negativa y en varios casos se llega a hacer eco de ciertas im?genes comunes en las novelas favorables al r?gimen. Las ?ltimas novelas de los ochenta son Operaci?n Carlomagno: novela de la 195 Las futuras referencias al texto de Gonz?lez Sevillano usar?n la abreviaci?n Muerte y pasi?n. 194 resistencia vasca, 1940 (1988) de Mario de Salegi y Beltenebros (1989) de Antonio Mu?oz Molina. La obra de Mu?oz Molina que ser? adaptada al cine en 1991 por Pilar Mir? retrata la vuelta de un antiguo brigadista internacional y resistente para eliminar a un traidor de la guerrilla madrile?a. La primera novela de los noventa, Cambio de bandera (1991) de F?lix de Az?a, dibuja la complicada situaci?n de los vascos ante la sublevaci?n militar y la incipiente formaci?n de la resistencia.196 En 1992, Eduardo Mendoza capta la historia de una monja que se enamora de un cacique en El a?o del diluvio. La ayuda que la monja presta a unos resistentes figura en un plano secundario, pero a?n ocupa una parte significativa de la historia. El mismo a?o, Joaqu?n Leguina publica la novela negra Tu nombre envenena mis sue?os (1992) que retrata el asesinato de algunos adictos al r?gimen. Aunque durante las investigaciones de estos homicidios se menciona a la posibilidad de que ?los rojos est?n vivos y actuando? (Leguina 60), una alusi?n a la lucha clandestina, los asesinatos no son acciones llevadas a cabo por la resistencia antifranquista. La trama de una nueva novela que surge de la pluma de Mars?, El embrujo de Shanghai (1993), tal como Un d?a volver?, capta m?s bien el ?post-maquis?, es decir, la vida de los guerrilleros cuando la resistencia ha terminado o los luchadores han colgado los guantes. En estos casos, la lucha clandestina, que forma parte del pasado de los protagonistas, sirve m?s como un trasfondo que provee la intriga del relato que el tema principal. En 1994, un historiador de la guerrilla extreme?a, Justo Vila, edita La agon?a del b?ho chico. Al a?o siguiente, Alfons Cervera comienza a publicar una serie de novelas que captan diferentes perspectivas de la memoria colectiva y traum?tica de un pueblo, Los Yesares. En El color 196 Para una exploraci?n de esta situaci?n, v?ase el art?culo de Paloma Aguilar, ?Institutional Legacies and Collective Memories: The Case of the Spanish Transition to Democracy?. 195 del crep?sculo (1995), el punto de vista corresponde a Sunta. Si bien es cierto que los maquis apenas se mencionan en esta novela, tambi?n este silencio es un fuerte indicador de c?mo la resistencia es barrida de la memoria colectiva. Las preguntas de Sunta y los otros ni?os, que sienten curiosidad por los maquis, chocan contra una pared de silencio que sus padres erigen o bien con el castigo de las fuerzas represoras. Durante el ?ltimo a?o de este per?odo, C?sar Rodr?guez-Gavela L?pez publica una novela corta, La raya seca (1996), que relata el hallazgo asombroso de negros en un bosque de Galicia. Las obras de este per?odo tambi?n incluyen varias colecciones de cuentos y una autobiograf?a. En 1985 Pilar Cibreiro edita El cintur?n tra?do de Cuba. Tras la tercera obra de Mars? sobre la resistencia, Teniente Bravo (1986), llega la primera versi?n de la autobiograf?a de Felipe Matarranz Gonz?lez, Manuscrito de un superviviente (1987).197 En 1994, Luis Mart?nez Terr?n publica La ?partida del alba? y otras historias del maquis que capta las historias orales que el autor escuch? principalmente de otros miembros de la Guardia Civil. Una primera colecci?n de cuentos de Ant?n Castro que retrata la lucha clandestina, El testamento de amor de Patricio Julve, se publica en 1995.198 Al a?o siguiente, se dan a conocer unos cuentos de Jos? Gim?nez Corbat?n, El fragor del agua. Casi todas las obras de este per?odo siguen la tendencia dram?tica y realista vista en las etapas anteriores. No obstante, dos obras publicadas en los ?ltimos dos a?os de este per?odo sirven como vaticinio de una tendencia que se observar? en el quinto: el intento de buscar nuevas v?as para retratar la lucha guerrillera. La raya seca y El testamento de amor rayan en lo fant?stico o caen de pleno en ello. Seg?n un guardia en La raya seca, 197 Este texto, que fue reeditado bajo otro t?tulo en 2005, ser? comentado en el quinto per?odo pues no pude consultar la primera versi?n. 198 Las futuras referencias a este texto usar?n la abreviaci?n El testamento de amor. 196 ?las fronteras, cuando eran atravesadas por bosques grandes ?y ninguno en toda Galicia como el de Hosanna?se convert?an en lugares misteriosos que, en realidad, no pertenec?an a ninguno de los pa?ses lim?trofes? (Rodr?guez-Gavela 22-23). Es, precisamente, en el bosque de Hosanna donde el ganadero, Santos Lence, tiene una experiencia tan singular que prefiere mentir inicialmente a los guardias civiles. Les explica que ha visto a tres brujas en el bosque. Escuch? ?[v]oces de cuando las mujeres est?n con los hombres? y se acerc? para averiguar qu? ocurr?a (20). Vio a tres mujeres negras completamente desnudas y una ten?a el pubis dorado. Eliminando lo fant?stico de la relaci?n de Santos Lence, el cabo Ad?n le pregunta ?si eran negras denudas lo que viste, ?a qu? viene hablar de brujas?? (20). El ganadero reconoce que ten?a medio de contar la verdad por si le tomaban por loco. Un cuento en El testamento de amor, ?Celigarda en el Cuarto Pelado?, narra la historia de Clara Isabel que entretiene a sus hijos con sus invenciones sobre un ?bandolero benefactor?, Juan Bautista Billoro. Al sentirse cerca de la muerte, Clara Isabel confiesa a sus hijos que Billoro no existe. Sus hijos niegan su revelaci?n. Uno comenta que el bandido ha tra?do frambuesas y liebres y otro afirma haberlo visto esa ma?ana. Cuando Clara Isabel vuelve a insistir que Billoro es invenci?n suya, un ?hombre envejecido y montaraz [. . .] penetr? en la habitaci?n y se acerc? a la moribunda? para decirle: ?Se?ora. Yo soy Juan Bautista Billoro? (Castro 180). Curiosamente, este uso de la fantas?a sugiere la transgresi?n de la barrera entre la ficci?n y la realidad pues un ente ficticio parece volverse un hombre de carne y hueso. Aunque Clara Isabel deja de respirar ?sin llegar a saber si aquel gigante destrazado era el aut?ntico Juan Bautista Billoro o una ilusi?n fugaz, inventada por sus hijos en el umbral de la muerte para evitarle cualquier 197 remordimiento? (Ib?d.), varias obras literarias y f?lmicas del quinto per?odo no dejan lugar a duda sobre su car?cter fant?stico. As? pues, estos dos ejemplos proyectan una tendencia que se desarrollar? m?s plenamente en el ?ltimo per?odo. Los relatos publicados entre 1985 y 1996, al contrario de ciertos relatos del quinto per?odo, no intentan difuminar la l?nea entre hechos hist?ricos e invenci?n art?stica. Al rev?s, varios novelistas muestran su deseo de afirmar esta l?nea. En la introducci?n a Alhambra y los Tuchas, Sevilla Lozano explica que ?aunque los hechos que aqu? narro fueron hist?ricos en un 75 por 100, tienen un 25, o quiz? m?s, de fantas?a, de imaginaci?n m?as? (11). En el caso de Muerte y pasi?n, Gonz?lez Sevillano reconoce haber entrevistado a personas que conoc?an al protagonista de su relato, pero subraya que esta informaci?n sobre hechos hist?ricos se integr? en su ficci?n: ?Fundamentalmente esta obra y a pesar de todo, es puramente de imaginaci?n? (5). As? pues, ambas novelas preservan unos hechos reales en la memoria colectiva, pero lo hacen subrayando que parte de su narrativa es ficticia.199 A parte de la divisi?n que se mantiene entre los hechos reales y la ficci?n, la caracterizaci?n de las fuerzas represoras y los adictos al r?gimen, por un lado, y los resistentes y su lucha, por otro, tambi?n perfila la diferencia entre los textos del cuarto momento y aqu?llos del tercero y quinto. Mientras que en la etapa anterior hab?a muy pocas representaciones de tortura y represi?n, las im?genes de estos abusos son m?s numerosas y m?s violentas en el presente per?odo, pero no llegan hasta el sadismo visto en el ?ltimo per?odo. La inclusi?n de estas visiones muestra que una parte del pasado que la versi?n oficial obviaba o tergiversaba se recupera para la memoria colectiva. El hecho 199 Otros escritores que resaltan que sus novelas entretejen hechos hist?ricos con ficci?n incluyen Mendoza y Mart?nez Terr?n. 198 de que en el cuarto apartado sea la primera vez que se publican dentro de Espa?a narraciones con abundantes representaciones fuertes de la represi?n franquista se?ala la libertad plena de la que los autores gozaban tras la desaparici?n de la censura y la creaci?n de un gobierno democr?tico. Mientras se avanza por este cuarto per?odo, el fracasado golpe de estado de Tejero se aleja cada vez m?s de manera que la estabilidad socio-pol?tica del pa?s parece definitiva. Esta situaci?n provee un entorno en el que los autores se sienten c?modos expresando la memoria de otro colectivo largamente callada y, por lo tanto, aumentan las publicaciones cuya voz es generalmente favorable a los maquis. Como se ha visto en las divisiones anteriores, las representaciones de la represi?n franquista son un factor muy importante en la caracterizaci?n negativa de las fuerzas fascistas y de los adictos al r?gimen.200 Algunas obras, como Luna de lobos, retratan desde las humillaciones, como el rapar al cero a las mujeres izquierdistas, hasta los paseos de los soldados republicanos que han huido del frente asturiano. Otras narrativas, incluyendo El cintur?n tra?do de Cuba, tambi?n ejemplifican estas eliminaciones f?sicas extrajudiciales. Al tiempo que la narradora resalta que el olvido y el silencio han oscurecido la memoria de los vencidos, su referencia a ?[m]e cuentan? sugiere c?mo las historias orales contribuyen a preservar la memoria colectiva: Me cuentan tambi?n, entre otras cosas que yo ignoraba o que el olvido borr? y luego la imaginaci?n transform?, que una pariente [de Santalla], socorredora de un grupo de escapados de la parte de Loira, fue torturada 200 La representaci?n de la Guardia Civil en Alhambra y los Tuchas es una excepci?n a la tendencia general de este per?odo. En esta novela, los guardias son dibujados como los defensores del pueblo agredido por los resistentes sedientos de venganza. 199 por la Guardia Civil. Su cad?ver apareci? tirado en la curva de un camino, ten?a los pechos cortados. (Cibreiro 36)201 La hermana de Santalla tambi?n ?pag? con su propia vida la complicidad urdida con el hermano y muri? reventada por las palizas de la Pareja [. . .] ten?a la columna rota por varios sitios y los huesos blandos como pan de trigo? (37). Estos comentarios ponen en evidencia que las represiones segaban hasta la vida de las personas que prestaban cualquier forma de ayuda a los huidos. Otro cuento en El cintur?n tra?do de Cuba muestra c?mo la historia de Cheda cambia para siempre la memoria que la narradora tiene del Arenal de Cedeira. En esta playa, las tropas rebeldes mataron a ?adolescentes asturianos? con extrema violencia y crueldad llev?ndolos mar adentro y arroj?ndolos al agua. Cuando ?se agarraban desesperadamente a los maderos de las embarcaciones [. . .] les cortaban las manos? con hachas (40). Aunque estas im?genes violentas caracterizan a los represores como crueles y sanguinarios, no llegan a sugerir como as? se hace en varias obras literarias y f?lmicas del quinto per?odo que los represores disfrutan de sus actos. Con respecto a la representaci?n sexual de las fuerzas represoras, en el cuarto apartado se las dibuja de manera m?s desfavorable que en el tercero, pero no tan denigrante como el ?ltimo. Mientras que varias obras del quinto per?odo las caracterizan como llenas de violadores u hombres lascivos, pocos relatos de la presente etapa usan la sexualidad de las fuerzas fascistas o de los adictos al r?gimen para desprestigiarlos. En Beltenebros, el polic?a franquista infiltrado, Valdivia, coacciona a Rebeca (hija) para que se acueste con ?l. Le dice que es el ?nico que puede salvar a su pareja, Andrade, a quien Darman, el protagonista, busca para matar pues su superior, Bernal, piensa que ?ste y no 201 La novela de Andr?s Trapiello, D?as y noches, y el manuscrito in?dito de un alcalde republicano, Memorias de Santiago Rodr?guez D?ez, tambi?n mencionan actos similares de violencia contra el cuerpo de la mujer. 200 Valdivia es el traidor. En El a?o del diluvio, un adicto al r?gimen, Augusto Aixel?, tambi?n aprovecha el enga?o para conseguir los favores sexuales de una mujer. Seduce a una monja haci?ndole pensar que comparte sus aspiraciones (la construcci?n de un asilo de ancianos) y que si deja el h?bito, tendr?n una vida juntos.202 Las obras del cuarto per?odo tienden a evitar la divisi?n manique?sta de los dos bandos vista en las obras de la segunda etapa que se hacen eco de la versi?n oficial. Aunque el tratamiento de los maquis es generalmente favorable, no suele convertir a los luchadores en h?roes.203 Con respecto a las novelas de Julio Llamazares, Alfons Cervera, Andr?s Trapiello y C?sar Gavela, Jos? Mar?a Izquierdo propone que ?abandonan el manique?smo ideol?gico del esquema de la Guerra fr?a? (?Maquis? 114). ?Se reivindica al guerrilleros desde su dimensi?n de maldito, derrotado y olvidado sin conferirle ninguna dimensi?n heroica fundamentada en un discurso pol?tico hoy en d?a inaceptable? (Ib?d.). Asimismo, Ana Luengo refuta la proposici?n de Gonzalo Navajas de que el protagonista de Luna de lobos aparece en una ?dimensi?n heroica? (Navajas 25), se?alando que ?ngel ?no tiene los rasgos necesarios para ser un h?roe: la valent?a, la virtud sin tacha, el altruismo y sobre todo la naturaleza sobrenatural? (Luengo 133). Seg?n Luengo, ?la construcci?n del personaje de ?ngel conlleva en s? misma un gran n?mero de caracter?sticas puramente humanas en tensi?n por vivir en un medio absolutamente infrahumano, lo que lo arrastra a una dolorosa des-heroizaci?n? (Ib?d.). 202 En Muerte y pasi?n, en cambio, la v?ctima de una burla amorosa es un alto jefe militar fascista. ?ste baja su guardia al intentar seducir a una marquesa, que realmente es Sebasti?n, el l?der de una partida, vestido de mujer. Cuando entran en un cuatro para consumar su amor, el resistente aprovecha la oscuridad para robar la cartera del fascista. La burla deja al militar en rid?culo y lo dibuja como un hombre lascivo. 203 Una posible excepci?n es Muerte y pasi?n. En este relato, Sebasti?n se muestra altruista repartiendo el dinero robado con los pobres y dejando que sus hombres coman antes que ?l. Asimismo, hay varios pasajes de la novela que comparan al jefe de la partida con Cristo, sugiriendo as? su alto sacrificio. 201 Algunas caracter?sticas que dibujan a los guerrilleros favorablemente incluyen la generosidad, bondad y astucia. Aparte de los ejemplos ya se?alados de Muerte y pasi?n, otras narrativas, incluyendo El a?o del diluvio y un cuento de El testamento de amor (?Celigarda en el Cuarto Pelado?), tambi?n retratan a los resistentes como generosos y bondadosos. En ?ste, Clara Isabel explica a sus hijos que ?Juan Bautista Billoro ha robado melocotones, calabazas y las joyas sagradas del convento de Mirambel, aunque todo el mundo sabe que no son para ?l, sino para repartir con los pobres? (Castro 176). En su opini?n, ?Billoro era un bandolero benefactor, un alma caritativa que nunca se hab?a visto envuelto en cr?menes de sangre, aunque hab?a secuestrado a abogados, jueces, arist?cratas y sacerdotes avariciosos? (Ib?d.). En El a?o del diluvio, el jefe de una partida, Balaguer, dona el dinero robado de manera an?nima para que la protagonista, Sor Consuelo, pueda llevar adelante su proyecto de construir una residencia de ancianos. Su generosidad contrasta con la avaricia y el car?cter traicionero del cacique que enamora a la monja s?lo para luego abandonarla. No obstante, el acto de caridad de Balaguer no lo convierte en h?roe pues todos, salvo la monja, piensan que la donaci?n es del cacique y, d?cadas m?s tarde, Sor Consuelo sigue enamorada de ?ste. Asimismo, ambas narrativas, a diferencia de Muerte y pasi?n, no sugieren que los resistentes tengan una superioridad moral. Ninguna de estas tres obras indica una afiliaci?n pol?tica de los resistentes de manera que ?stos parecen una especie de Robin Hood. Otra caracterizaci?n que los asemeja a este h?roe popular es su astucia. Sebasti?n, por ejemplo, burla la vigilancia de las fuerzas represoras en varias ocasiones. Similarmente, los huidos en Luna de lobos ?aprende[n] a subvertir el r?gimen pan?ptico de la posguerra al adoptar por su propia cuenta las artes de la vigilancia? (Martin-M?rquez 379). 202 Otros relatos, sin embargo, caracterizan a los guerrilleros negativamente retrat?ndolos como traicioneros, vengativos y sanguinarios. En ?Demetrio Dolz?, otro cuento de El testamento de amor, un estraperlista, cuyo nombre proporciona el t?tulo del relato, suministra v?veres a los maquis. A pesar de esta ayuda, los guerrilleros le traicionan. Lo atan a un ?rbol y lo dejan para la Guardia Civil ganando as? tiempo para escapar. En Alhambra y los Tuchas, el car?cter vengativo de los resistentes se resalta cuando un joven mata a uno de ellos.204 Intentan eliminar a toda su familia quemando la casa, pero abandonan su objetivo amenazando una venganza futura al enterarse de que la Guardia Civil est? de camino. Su car?cter sanguinario se retrata al explicar la necesidad de ciertos miembros de la partida de huir al monte al final de la guerra. Aunque tres fueron simples ladrones, los otros cinco estaban acusados de delitos de sangre por su participaci?n en el fusilamiento unos frailes. La narraci?n de las peripecias de los religiosos se dilata poniendo hincapi? en el car?cter cruel y sanguinario de los futuros resistentes. A pesar de la visi?n de la lucha clandestina en Alhambra y los Tuchas, es preciso recordar que esta obra dista bastante de la representaci?n generalmente favorable a los resistentes en este per?odo. Como se ha observado en per?odos anteriores, uno de los factores que dibuja una visi?n favorable de la lucha clandestina es la conexi?n que se traza entre la necesidad de huir de las represalias fascistas y el origen de la resistencia. Varias obras, incluyendo El cintur?n tra?do de Cuba, Muerte y pasi?n y Luna de lobos, retratan esta conexi?n. En la primera, los miembros de un comit? republicano que organiza un plan de defensa contra el avance de las tropas sublevadas son perseguidos y represaliados. ?Todos escaparon al 204 Esta novela tambi?n alude a que los resistentes son gente traicionera al indicar que uno de los miembros de la partida est? celoso del jefe y desea arrebatarle su liderazgo. 203 monte. Unos fueron cogidos a los pocos d?as, otros, como Santalla, resistieron y se unieron a grupos a?n mayores procedentes de distintos lugares? (Cibreiro 37). Aparte de mostrar el inicio de la resistencia, este comentario de la narradora se?ala c?mo las partidas empiezan a organizarse estableciendo contacto entre s?.205 En Alhambra y los Tuchas, se tergiversa el origen de la guerra206 y se indica que el ?bandolerismo?207 fue fruto de la huida de personas al final de la contienda (Sevilla Lozano 78). Asimismo, el tratamiento de la represi?n fascista es casi inexistente y los pocos comentarios que hay ofrecen una representaci?n que palidece en la luz de aqu?lla sobre los abusos cometidos contra los frailes. Seg?n el narrador, los primeros d?as despu?s del final de la guerra ?[s]on d?as de venganzas, de buscar responsables, de saldar cuentas atrasadas. Hay casos de injusticias, lamentabil?simas, o de mala suerte para ambos bandos, que tristemente conducen a la muerte? (138). Frente al fusilamiento de los religiosos que se dibuj? como una atrocidad cruel e inexcusable, la violencia fascista en la posguerra parece quedar excusada mediante la indicaci?n al azar y al lamento. De manera similar, cuando un miembro de la partida es detenido, el narrador se?ala que ?los guardias y los polic?as [. . .] le hicieron ?cantar? adecuadamente. Facilit? toda clase de datos y detalles? (175). Aunque la indicaci?n de que ?le hicieron? sugiere el uso de violencia f?sica para obligar al detenido a delatar a sus compa?eros, la oraci?n 205 En Luna de lobos, en cambio, los cuatro soldados republicanos huyen del ca?do frente norte, pero no logran establecer contacto con otros resistentes. Su necesidad de permanecer escondidos se resalta en el comentario del padre de ?ngel: ?Pase lo que pase, no os entregu?is, ?me oyes? Os matar?an al d?a siguiente en cualquier cuneta como han hecho con tantos? (Llamazares 29). 206 Las causas de la guerra se atribuyen a las ?ideas extra?as? de los republicanos. Tras el fusilamiento de los frailes, Higinio, el principal instigador de dicho fusilamiento, ?[e]mpezaba a darse cuenta de que todos los espa?oles, y en particular ellos, los de menos cultura, hab?an sido manipulados, o lo que es peor, envenenados con ideas extra?as que s?lo condujeron al odio, el enfrentamiento y al desastre de una contienda, la peor de todas: la Guerra Civil? (134). As?, se evita mencionar la sublevaci?n militar y se culpa a los republicanos de comenzar la guerra. La imagen de los resistentes como gente enga?ada y envenenada por las ideas de sus mandos que los manipulan deviene m?s com?n en el cine franquista. 207 El comentario pertinente a esta visi?n se comentar? abajo al considerar la terminolog?a usada en estas obras. 204 oculta si la tortura se us? o no. Es m?s, el adverbio ?adecuadamente? sugiere que el narrador aprueba la acci?n de las fuerzas represoras. Al suavizar la imagen de la represi?n, la necesidad de huir al monte para sobrevivir queda menos justificada. Adem?s, como los ?nicos huidos que aparecen en la novela son calificados como ladrones comunes o culpables de delitos de sangre, parecen merecer la ?justicia? del nuevo r?gimen. Otros aspectos del tratamiento de la lucha clandestina que la dibujan positivamente son el ?nfasis que se da a su aspecto pol?tico o ideol?gico y su organizaci?n. En El cintur?n tra?do de Cuba se indica que ?los escapados [. . .] no robaron a nadie, aunque mataron y ajusticiaron por ideas pol?ticas (Cibreiro 109). El mismo cuento tambi?n diferencia a los huidos de los ladrones comunes y menciona la organizaci?n de los resistentes: ?Los escapados se hac?an llamar el Frente Revolucionario de Norte y a su sombra, amparados bajo ese nombre, otros cometieron robos y rapi?as que no tuvieron castigo. Aprovecharon los malos tiempos, el miedo y el desorden. Cuando cay? Santalla y cayeron los escapados se acabaron tambi?n los ladrones? (109). En ?Semblanza de un guerrillero?, un cuento en La ?partida del alba?, el protagonista, Juan, huye al monte alentado por sus mandos del ej?rcito republicano que le dan permiso para volver a su pueblo. Llega demasiado tarde para prevenir el paseo de su padre y la humillaci?n y enloquecimiento de su madre y, por lo tanto, decide subir al monte en busca de los ?grupos de hombres convertidos en guerrilleros que renunciaban al exilio y prefer?an luchar a cuerpo limpio en la sierra, en defensa de la Rep?blica? (Mart?nez Terr?n 41). As? pues, aparte de la indicaci?n de que Juan tiene ?firmes ideales republicanos? y se considera socialista (37, 38), se se?ala que los guerrilleros luchan por 205 la Rep?blica. Su prop?sito se subraya cuando ocupan un pueblo para explicar a los vecinos el prop?sito de su lucha. Aparte del ?nfasis puesto en la motivaci?n ideol?gica de la resistencia, este cuento dibuja la lucha clandestina positivamente a trav?s de alusiones a su disciplina, organizaci?n y la conexi?n con el ej?rcito republicano. La conversi?n de soldado republicano a guerrillero antifascista se evidencia no s?lo en el caso particular de Juan, sino tambi?n en el siguiente comentario sobre los otros resistentes que desmiente la imagen promovida en las obras profascistas de que ?stos eran principalmente delincuentes comunes que se echaba al monte para enriquecerse: ?Eran combatientes desgajados de sus propias unidades [del ej?rcito republicano] y peleaban en retaguardia enemiga? (41). La conexi?n que se establece entre soldado republicano y resistente antifascista sugiere que los motivos de estas personas no han cambiado y as?, se insin?a que un guerrillero es digno del mismo respeto que se tendr?a a un soldado republicano. Al unirse a los guerrilleros, Juan tiene que jurar ?acatar la disciplina, cumplir fielmente las ?rdenes de los jefes dentro del Ej?rcito Irregular de Guerrilleros, que es el brazo armado de la Uni?n Nacional? (43). Si bien la menci?n de la Uni?n Nacional es un anacronismo,208 no deja de subrayar la organizaci?n y la disciplina de los guerrilleros, dos factores que retratan a la resistencia favorablemente. En otras obras, los resistentes no muestran inclinaci?n de adherirse a un programa pol?tico. Aunque los huidos en Luna de lobos intentan establecer contacto con ?El Franc?s?, un resistente que ?ha regresado trayendo consignas y armas? (Llamazares 121), Ramiro, como bien ha mostrado Jos? Mar?a Naharro Calder?n, 208 La adhesi?n de Juan a los guerrilleros se produce antes del final de la guerra civil. La Uni?n Nacional, sin embargo, no fue fundada hasta 1942. 206 recela convencido de que su resistencia tiene mucho m?s de hero?smo temporal que de pragmatismo b?lico. Bien sabe que su lucha est? m?s motivada por la imposibilidad de huir que por cualquier creencia ideol?gica, rompiendo posmodernamente con una visi?n idealista del papel de la resistencia antifranquista. (40) La desconfianza de Ramiro se observa cuando comenta que ?[e]sa m?sica es la que siempre nos han tocado los partidos desde fuera para que sigamos aguantando los cuatro desgraciados que no pudimos escapar a tiempo? (Llamazares 121). Aunque la partida de Ramiro hace poco m?s que intentar sobrevivir, su conversaci?n con un enlace destaca que otros huidos s? toman la ofensiva. La partida de Acevedo, por ejemplo, vol? una l?nea el?ctrica. El intento de desestabilizar la dictadura mediante sabotajes muestra por lo menos una pol?tica antifranquista incluso si no llega a deberse a una ideolog?a particular (comunismo, anarquismo, etc.). Incluso en las obras en las que no se menciona ninguna afiliaci?n pol?tica espec?fica, como aqu?llas en las que los resistentes parecen ser una especie de Robin Hood, a?n se sugiere que la lucha clandestina parte de la oposici?n a Franco y a los adictos a su r?gimen. En El a?o del diluvio se aprecia la tensi?n entre Balaguer y el cacique con conexiones en el gobierno fascista. Similarmente, el protagonista de Muerte y pasi?n, Sebasti?n, inicialmente se niega a hacer el servicio militar pues no quiere servir a las autoridades que cegaron la vida de su padre. A pesar de que acaba por presentarse, escapa del batall?n disciplinario al que es destinado por ser considerado una persona no adicta al r?gimen y emprende una vida de resistencia. As? pues, hasta los resistentes menos politizados a?n perfilan la ideolog?a antifascista de la lucha guerrillera. 207 Con respecto al tratamiento de la sexualidad de los resistentes, varias narraciones no la usan para retratarlos negativamente y a veces su vida amorosa llega hasta dibujarlos favorablemente, resaltando que son hombres de familia o novios respetuosos. En Muerte y pasi?n, por ejemplo, la partida se separa temporalmente y varios de los resistentes vuelven con sus familias. El jefe de la cuadrilla, Sebasti?n, es caracterizado como un ?adorado, gallardo y bien plantado novio? (Gonz?lez Sevillano 24). En Luna de lobos, el hecho de que Guido est? casado y tenga hijo le hace poco favorable a la proposici?n de exiliarse pues no quiere alejarse de su familia. Aunque esta novela tambi?n retrata a los huidos teniendo relaciones extramatrimoniales (tanto ?ngel como Ramiro), ?stas no se aprovechan para caracterizarlos negativamente. En otros casos, sin embargo, la sexualidad de los maquis sugiere una visi?n menos favorable. Uno de los miembros de la partida de Sebasti?n (Muerte y pasi?n), besa a una chica durante un atraco. No obstante, su indiscreci?n provoca la ira del jefe y se dibuja como una excepci?n al car?cter respetuoso de los maquis. En El embrujo de Shanghai, ?el Denis? desmiente las fabulaciones de Forcat y revela que ?el Kim? ha abandonado a su mujer e hija para vivir escondido con su propia mujer e hijo. ?ste tambi?n parece carente de morales pues regenta un bar de fulanas y, quiz?s para vengarse de ?el Kim?, convierte a su hija en su amante.209 En Alhambra y los Tuchas, se dibuja a los resistentes como hombres lascivos a pesar de que varios miembros de la partida est?n casados: ?Pasados los primeros meses, tienen que fijar turnos rotatorios para que, primero de uno en uno y luego de dos en dos, marchan cada noche para saciar sus instintos 209 Similarmente, el car?cter de Darman, el militante que vuelve a Madrid para eliminar a un traidor en Beltenebros, resulta cuestionable. Llama la ?bo?te Tab?? para que env?en a Rebeca (hija) a su hotel. El acto sexual entre los dos resulta dif?cil de calificar pues Darman explica, por un lado, que ella le desafiaba y repet?a ?una palabra sucia, una invitaci?n?, pero, por otro, dice que ?la abr? y la obligu? a agitarse en r?pidas palpitaciones que contra?an su boca con un gesto de dolor? (Mu?oz Molina 170). 208 sexuales? (Sevilla Lozano 188). Las palabras ?saciar? e ?instintos? animalizan su sexualidad y se hacen eco de la representaci?n observada en El ladrido. Dos resistentes frecuentan a ?fulanas? y uno se contagia de s?filis. Para curarse, el enfermo tiene que acudir muchas veces a un m?dico para hacer los tratamientos. Estas visitas son descubiertas y la Guardia Civil mata al enfermo y al jefe de la partida en una emboscada. As? pues, en este caso la sexualidad de los resistentes se dibuja como una distracci?n de la lucha clandestina y, por lo tanto, sirve para denigrarla. Otro factor que influye en la visi?n de la resistencia es el momento retratado de la lucha. La mayor?a de los relatos de este per?odo dibujan la clandestinidad como un esfuerzo herido de muerte o completamente terminado. Esta imagen deja claro que la resistencia no logra derrocar a Franco, pero no llega a sugerir que sea una lucha sin sentido, perdida de antemano. El acoso de las fuerzas represoras es el principal factor que determina el fin de la resistencia. En Luna de lobos, por ejemplo, se sugiere el constante declive de la resistencia pues en cada secci?n de la novela muere uno de los huidos. Asimismo, el molinero que intenta poner a ?ngel y Ramiro en contacto con ?El Franc?s? comenta que ?[p]or aqu?, cada vez van resistiendo menos? (Llamazares 120). El ?ltimo resistente, ?ngel, acepta abandonar la tierra que ?est? maldita? para ?l cuando su hermana ya no puede aguantar las represalias.210 La terminolog?a es un ?ltimo aspecto de estas obras que muestra la memoria del autor y, a su vez, influye sobre la percepci?n que los lectores conformar?n de los 210 Una excepci?n a esta tendencia es La raya seca. En esta novela el cabo Manuel Ad?n comenta el desenlace de la lucha guerrillera diciendo que ?muchas veces he pensado que si tuvi?ramos que ser nosotros lo que arrojaran de la sierra al maquis, a?n hoy andar?amos por estas monta?as pegando balazos a la vida y al viento. No se pudo con ellos y eso hay que aceptarlo. Ganamos porque se fueron? (Rodr?guez- Gavela 19). En contraste con la imagen de un extermino total visto en muchas obras pro fascistas, incluyendo La paz empieza nunca y El ladrido, el comentario de este guardia civil reconoce que la decisi?n de los guerrilleros de abandonar la lucha y exiliarse fue significativa en el triunfo de las fuerzas p?blicas. 209 resistentes y de la lucha clandestina. Las obras de este per?odo generalmente usan t?rminos neutros (?los del monte? y ?huidos?) o favorables (?guerrilla?, ?maquis?, etc.) a la resistencia cuando el sujeto del discurso no est? en contra de la lucha clandestina. El discurso de los miembros de las fuerzas represoras y de los adictos al r?gimen, en cambio, refleja la preferencia de estas personas por vocablos como ?bandoleros? o ?bandidos? que caracterizan a los resistentes como delincuentes sin ninguna influencia ideol?gica o pol?tica o por el t?rmino ?maquis? que debido a su origen franc?s podr?a sugerir que los resistentes son extranjeros que perturban la paz en Espa?a. Un caso particular que requiere mayor atenci?n ocurre en Alhambra y los Tuchas. En el siguiente intercambio entre el jefe de la polic?a secreta de Ciudad Real y el gobernador se aprecia que el t?rmino huidos viene a ser el equivalente de bandoleros. Esto muestra otro ejemplo de c?mo esta novela se hace eco de las obras favorables al r?gimen. El gobernador comenta que est?n organizando un plan para ?acabar con esos bandoleros o ?huidos? que tantos delitos y cr?menes est?n cometiendo entre la poblaci?n civil? (Sevilla Lozano 78). El polic?a le pregunta ??[p]or qu? les llaman a esos bandoleros ?huidos??? (Ib?d.). El gobernador responde que ?les llaman as? a todos los que huyeron, se escondieron o no se entregaron en su d?a a las autoridades al terminar la guerra. Y entre ellos est?n todos los componentes de esta partida, que poco a poco han evolucionado a un peligroso bandolerismo? (Ib?d.).211 La manera en que se equipara ?bandoleros? con vocablos mejores para los maquis hace que ?stos dejen de tener una connotaci?n tan positiva y los luchadores clandestinos se iluminen con luz desfavorable. 211 En otro momento, la novela vuelve a igualar ?bandoleros? con t?rminos m?s favorables a la resistencia. Seg?n el narrador, el sargento Pose organiza la ?persecuci?n de bandoleros, guerrilleros o ?huidos?? (175). 210 Quinta etapa: visiones m?s recientes El per?odo m?s reciente en la evoluci?n de las obras de la resistencia se distingue de la cuarta por varias razones. A partir de 1997, los textos literarios y cinematogr?ficos comienzan a mostrar dos tendencias divergentes en su acercamiento a la historia de la resistencia.212 La primera busca nuevas v?as, como la parodia, la fantas?a y la metaficci?n, para abordar un tema que a esta altura tiene casi sesenta a?os de antig?edad. El primer ejemplo abandona el dramatismo com?n hasta ahora y los ?ltimos dos difuminan la divisi?n convencional entre los hechos hist?ricos y la ficci?n que hasta este per?odo no se hab?a cuestionado y, como se se?al? arriba, se hab?a subrayado en varios textos del cuarto per?odo. Mientras que la parodia s?lo se ha visto en la pel?cula de Gonzalo Su?rez, El portero (2000), la fantas?a, como v?a de expresi?n, se ha manifestado tanto en la literatura (Los seres imposibles (1998) de Ant?n Castro) como en el cine (El laberinto del fauno (2006) de Guillermo del Toro).213 Con respecto a las obras de metaficci?n, ?stas difuminan la l?nea entre la realidad hist?rica y la ficci?n y, a veces, presentan hechos ficticios como si fueran reales. Esto ha dado casos de confusi?n, como por ejemplo, la que observ? en la biblioteca municipal de Madrid, donde la novela de Andr?s Trapiello, La noche de los Cuatro Caminos: una historia del maquis. Madrid, 1945 (2001), se ubica entre los estudios hist?ricos. De manera similar, Samuel Amago ha se?alado un art?culo publicado en El Mundo que obvia el hecho de que la novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina (2001), aunque relate en parte una investigaci?n hist?rica real, es una 212 Aunque el comentario de las pel?culas (como El laberinto del fauno, El portero y Soldados de Salamina) se reservar? para el cap?tulo seis, no quiero dejar de resaltar los puntos comunes entre la literatura y el cine. 213 A pesar de que la pel?cula de Gonzalo Su?rez toma como punto de partida un cuento de Manuel Hidalgo del mismo t?tulo, este texto, a mi ver, no llega a parodiar a los guerrilleros ni a los guardias civiles. Tampoco se burla de las obras que tratan el tema de la resistencia. 211 ficci?n.214 El autor mismo reconoce en Di?logos de Salamina que muchos de sus lectores no se han dado cuenta de que su texto tiene una fuerte dosis de invenci?n art?stica. En la segunda tendencia los artistas siguen respetando la separaci?n convencional entre la realidad hist?rica y la ficci?n. Es m?s, resaltan su compromiso con la representaci?n hist?rica desarrollada en su obra se?alando la consulta de estudios hist?ricos o fuentes orales en p?ginas de agradecimientos. Si bien estas p?ginas resaltan que hechos reales han influido sus relatos, tambi?n sirven para se?alar que dichos hechos se incorporan dentro de una ficci?n. As? pues, no sorprende que estas obras sigan la l?nea tradicional de un tono dram?tico. Aunque el a?o 1997 podr?a parecer como una selecci?n arbitraria, es precisamente en ?l que aparecen dos novelas en las que se destacan la preparaci?n que los autores hicieron para escribirlas: Maquis de Alfons Cervera y En un viejo pa?s de Santiago Tranc?n. En un viejo pa?s y La hija del can?bal (1997) de Rosa Montero son los ?nicos textos de metaficci?n que no intentan difuminar la divisi?n entre ficci?n y realidad hist?rica. En una nota introductoria, Montero se?ala lo que es fiel a la historia de la resistencia y lo que es invenci?n suya. Estas novelas tempranas prefiguran el juego de la metaficci?n que se har? m?s pleno en las obras de Trapiello y Cercas. En las novelas de Tranc?n y Montero, la metaficci?n ejerce un papel ef?mero y los pasajes que recuerdan al lector real su propia existencia como tal y dibujan el texto que tiene entre sus manos como una creaci?n del autor sirven para subrayar que el relato es una ficci?n. En las novelas de Trapiello y Cercas, en cambio, la metaficci?n hace que lo inventado parezca m?s real. Si estos autores hicieran una declaraci?n semejante a la de Montero, estropear?a el juego que el texto mismo se empe?a en fomentar. 214 El art?culo es ?Soldados de Salamina? de Juan Bonilla. 212 Asimismo, 1997 resulta el a?o apropiado para sentar un nuevo per?odo pues la producci?n art?stica aumenta de manera significativa. Como se explic? antes, algunos miembros del PSOE cambiaron su actitud tras la p?rdida del gobierno en 1996 y la ofensiva recuperadora del Partido Popular.215 Comenzaron a romper con el pacto de silencio ?respetado durante casi veinte a?os? y empezaron a seguir el fen?meno de la recuperaci?n de las memorias sobre la guerra y sus consecuencias que la sociedad civil ya hab?a empezado mediante organizaciones privadas. El renovado inter?s que los pol?ticos mostraron entonces y que el gobierno de Jos? Luis Rodr?guez Zapatero refrend? en 2004. por la recuperaci?n de la memoria hist?rica sirvi? para animar a?n m?s la producci?n de obras literarias y cinematogr?ficas. Otro factor que explica el aumento de la producci?n literaria y f?lmica a partir de 1997 es la desaparici?n paulatina de los ?ltimos combatientes y el declive que esto representa para cualquier memoria colectiva. Como se se?al? anteriormente, [l]e sentiment d?un ?vanouissement rapide et d?finitif se combine avec l?inqui?tude de l?exact signification du pr?sent et l?incertitude de l?avenir pour donner au plus modeste des vestiges, au plus humble des t?moignages la dignit? virtuelle du m?morable. [. . .] ? mesure m?me que dispara?t la m?moire traditionnelle, nous nous sentons tenus d?accumuler religieusement vestiges, t?moignages, documents, images, discours, signes visibles de ce qui fut, comme si ce dossier de plus en plus prolif?rant devait devenir on ne sait quelle preuve ? l?on ne sait quel tribunal de l?histoire. (Nora I: xxvi, I: xxvii) 215 Ver nota 178 supra a?adida p. 180. 213 As? pues, la creaci?n de textos literarios y f?lmicos sobre la resistencia antifascista espa?ola significa el deseo de estos artistas de proteger esta identidad y memoria. En los a?os m?s recientes se aprecia un aumento en el n?mero de autobiograf?as y otros textos de non-fiction que tratan la resistencia antifascista. De 2002 a 2006, s?lo cuatro de los once libros publicados son de ficci?n.216 Los protagonistas de la lucha guerrillera toman la palabra y sus versiones de los sucesos han salido en forma de autobiograf?as y entrevistas.217 Entre los libros publicados por los sobrevivientes se encuentran Memorias de un guerrillero. El maquis en la Sierra de Cuenca (2002) de Emencio Alcal? Ruiz ?Germ?n? que retrata su papel en la Agrupaci?n de Guerrilleros de Levante y Arag?n (AGLA). El mismo a?o un ex guardia civil, Gabriel Ferreras Estrada, explaya su participaci?n en la lucha contra la guerrilla antifranquista en Memorias del Sargento Ferreras. Tambi?n de 2002 es el libro de Francisco Mart?nez L?pez, Guerrillero contra Franco. En 2004, una enlace y guerrillera de la AGLA, Remedios Montero, publica Historia de Celia. Recuerdos de una guerrillera antifascista. Otro enlace y guerrillero, Felipe Matarranz Gonz?lez, retrata su participaci?n en la guerra civil, sus experiencias en las c?rceles franquistas, y sus actuaciones como miembro de la Brigada Machado en Camaradas, ?Viva la Rep?blica! (2005).218 Finalmente, Antonio Esteban Garv?, tambi?n de la AGLA, publica en 2006 Lucha por la libertad.219 216 En el campo del cine el dominio de los documentales sobre las pel?culas de ficci?n caracteriza toda la quinta etapa. 217 Estos textos suelen relatar la juventud de personas de ambos bandos, su incorporaci?n a una organizaci?n af?n y su vida posb?lica. 218 Esta versi?n de las memorias del resistente asturiano es m?s completa, seg?n el propio autor, que el texto de 1987 publicado en Cuba. 219 En los libros de Emencio Alcal? y Felipe Matarranz hay, adem?s del texto escrito por sus autores, entrevistas de ellos. En el caso de Felipe Matarranz, la entrevista est? grabada en un dvd y en el libro de Emencio Alcal?, el editor, Salvador F. Cava, transcribi? la que le hizo al guerrillero. 214 Aparte de las autobiograf?as se han publicado varias entrevistas que comentan la resistencia antifascista incluyendo Hijos de la guerra: testimonios y recuerdos (2001) de Jorge Mart?nez Reverte y Socorro Thom?s. Tambi?n hay una entrevista hecha a Flori?n Garc?a, Remedios Montero y Francisco Molina en la primavera de 2002 disponible en la p?gina web de La Gavilla Verde en el documento titulado ?IV Jornadas el maquis en Santa Cruz de Moya?. Otras entrevistas incluyen las que Jos? Antonio Vidal Casta?o public? en La memoria reprimida. Historias orales del maquis (2004).220 Un aspecto de las autobiograf?as que merece atenci?n pues servir? como punto de comparaci?n con los documentales es la distribuci?n. El alcance de estas obras es m?nimo para la memoria colectiva ya que son de dif?cil y escasa distribuci?n y venta.221 No obstante, las autobiograf?as comparten otro elemento en com?n con los documentales: el hecho de que sus autores no esperan lucrarse con sus libros. Muchas de las obras fueron publicadas con la ayuda econ?mica de alg?n gobierno local. Antonio Esteban Garv?, por ejemplo, me dijo que tuvo que ceder los derechos de autor debido a la subvenci?n que recibi? de la Diputaci?n de Albacete. Una situaci?n parecida podr?a ser el caso de las autobiograf?as de Ferreras y Mart?nez-L?pez pues ambas fueron editadas por la Diputaci?n Provincial de Le?n y el Instituto Leon?s de Cultura. De manera similar, Felipe Matarranz don? sus derechos de autor de la primera versi?n de su autobiograf?a, Manuscrito de un superviviente, a los cederistas (Comit?s de Defensa de la Revoluci?n) de Cuba. El ex combatiente comenta esta donaci?n y reitera en ?Camaradas, Viva la 220 Futuras referencias a este texto utilizar?n la abreviaci?n La memoria reprimida. 221 Felipe Matarranz, por ejemplo, me llev? a la ?nica librer?a que distribu?a su libro, seg?n ?l conoc?a. Lo compr? y me lo regal?. En otros casos, compr? el texto directamente del autor (as? ocurri? con el libro de Antonio Esteban Garv?) o lo compr? a trav?s de librer?as que se especializaban en temas particulares. Esto fue el caso de las autobiograf?as de Ferreras, Mart?nez-L?pez y Montero. Estos ejemplos muestran la poca distribuci?n que estas obras reciben y, por lo tanto, el efecto m?nimo que tienen sobre la memoria colectiva de las generaciones presentes y futuras. 215 Rep?blica! ?que no crea alg?n malpensado que lo hice con fines lucrativos? (34). La segunda versi?n sali? gracias a un grupo de personas que se organiz? con el fin de publicarla.222 Aunque estos textos se centran principalmente en la resistencia, casi la mitad de las obras de ficci?n de esta etapa le otorga un papel secundario. Estas narraciones incluyen La hija del can?bal (1997) de Rosa Montero que retrata las investigaciones que la protagonista, Luc?a Romero, realiza para encontrar a su esposo, supuesto v?ctima de un secuestro. La ayuda que dos vecinos suyos le prestan da pie a que uno de ellos, F?lix, cuente su breve intervenci?n en la resistencia anarquista en Catalu?a. En esta etapa tambi?n se editan varias colecciones de cuentos, incluyendo la de Jos? Gim?nez Corbat?n, Tampoco esta vez dir?an nada (1997), y otra de Ant?n Castro, Los seres imposibles (1998). En 2000, Juan Mars? publica Rabos de lagartija, un relato que capta la ausencia del padre de David, la cual marca la vida del protagonista. El mismo a?o salen Lucio l'irr?ductible (2000) de Bernard Thomas y Isabelle Villemont sobre un resistente imaginario que comienza sus peripecias en la clandestinidad al lado del famoso guerrillero ?Quico? Sabater y D?as y noches (2000) de Andr?s Trapiello que aprovecha la falacia de un diario encontrado en la Fundaci?n Pablo Iglesias para narrar la historia de un soldado republicano que lucha en la guerra, anda huido hasta pasar la frontera francesa, y embarca para M?xico en el Sinaia. ?El portero?, un cuento de Manuel Hidalgo sobre un jugador de f?tbol que se gana la vida haciendo apuestas, no es editado hasta 2003 a pesar de que sirvi? como punto de partida para la pel?cula de Gonzalo Su?rez del mismo t?tulo producida tres a?os antes. En 2004, Carme Riera publica La mitad del alma que dibuja la investigaci?n de la narradora sobre la desaparici?n de su 222 Seg?n se indica en el texto, cualquier ganancia servir? para pagar otra edici?n. 216 madre. El mismo a?o, El l?piz del carpintero (2004) de Manuel Rivas capta los recuerdos que un ex carcelario, Herbal, le narra a una prostituta. Finalmente, tres novelas de Alfons Cervera, La noche inm?vil (1999), La sombra del cielo (2003) y Aquel invierno (2005), retratan las diferentes perspectivas de la memoria de los vecinos de Los Yesares. En todas estas obras el tratamiento de la lucha guerrillera no pasa de unas apariencias o se limita al trasfondo. En el caso de D?as y noches, un fragmento del relato capta la conversi?n del soldado republicano en huido. En otros casos, como estas tres novelas de Cervera, el tiempo de la narraci?n se sit?a en un momento posterior a la muerte de Franco y la resistencia surge ocasionalmente en los pensamientos, comentarios y recuerdos de los personajes. Otras narraciones, sin embargo, se centran en la resistencia o, por lo menos, dedican considerable atenci?n a ella. En este grupo incluyo Pensa nao (1999) de Anxo Angueira. Aunque la sublevaci?n y la huida al monte o a otras zonas leales a la Rep?blica no se retrata hasta casi el final del libro, este relato, tal como la novela de Sender, merece su posici?n entre las obras literarias cuyo tema principal es la resistencia pues la representaci?n de los acontecimientos anteriores al levantamiento militar facilita la compresi?n del origen de la lucha guerrillera. Varios de los personajes incluyendo a Roiz, su hijo Amaro y la novia de ?ste, Mar?a, tienen que huir ante el avance de los fascistas por su papel en actividades pol?ticas o sociales, como la fundaci?n de una cooperativa de leche. Otros relatos centrados en la lucha guerrillera incluyen Maquis (1997) de Alfons Cervera que retrata la lucha entre las nuevas autoridades y la partida de ?Ojos Azules? a trav?s de los ojos de ?ngel, el hijo del guerrillero Sebasti?n. El mismo a?o Santiago 217 Tranc?n publica En un viejo pa?s que retrata la vida de Ramiro. Antes de iniciarse la acci?n, ?ste es soldado republicano, preso, huido, guerrillero y exiliado. Cuando vuelve de Francia, tiene que vivir como topo en la quinta de Ram?n, el t?o de su novia Beatriz. Antes de pasar a Portugal y luego a M?xico, donde permanece unos treinta a?os, lo visitan dos famosos guerrilleros reales, Juan?n y Bedoya (Chano en la novela).223 En 1998 C?sar Gavela edita El puente de hierro que entreteje las historias de muchas personas que lucharon en, colaboraron con o se opusieron a la resistencia en Ponferrada y sus alrededores. Al a?o siguiente, sale una colecci?n de cuentos de varios autores, Historias de maquis en el Pirineo aragon?s (1999). Algunos de los cuentos son escritos por figuras importantes en la lucha guerrillera (?Yo fui testigo? de Sixto Agudo) y otros convierten a guerrilleros reales en personajes (?El maestro? de Jorge Cort?s). ?ltima p?gina (2000) de Juan Jos? Fern?ndez Delgado narra la historia de un grupo de personas que huyeron al monte al terminar la guerra civil. Este relato tambi?n menciona a guerrilleros reales como ?Chaquetalarga? y ?El Manco de Agudo?. En 2001 salen dos novelas que borran la l?nea entre la ficci?n y los hechos hist?ricos. La noche de los Cuatro Caminos de Andr?s Trapiello relata el asalto que varios miembros de la guerrilla madrile?a realizaron a un centro de Falange. La otra obra, Soldados de Salamina de Javier Cercas, retrata las investigaciones que este escritor convertido en personaje lleva a cabo sobre el fusilamiento de Rafael S?nchez Mazas. Finalmente, Dulce Chac?n publica La voz dormida (2002) que se centra en el papel de la mujer en la resistencia. Aunque esta obra menciona a personas reales, reproduce documentos hist?ricos y capta acontecimientos verdaderos, no deja de dibujar estos factores como fragmentos insertados en un relato de ficci?n. 223 V?ase los comentarios sobre Juan Fern?ndez Ayala ?Juan?n? y Francisco Bedoya en el cap?tulo dos. 218 La literatura de la quinta etapa, si bien tiene diferencias en la manera en que los autores se aproximan al tema de la resistencia, tambi?n posee varios aspectos en com?n. ?stos incluyen la preocupaci?n por la memoria colectiva. A pesar de esta mutua preocupaci?n, los textos manifiestan distintas maneras para preservarla. En etapas anteriores muy pocas autobiograf?as o entrevistas fueron publicadas, pero en este per?odo ?stas aumentan. Las historias de guerrilleros reales se vuelven ficciones en esta etapa y las autobiograf?as y entrevistas narran los sucesos desde la perspectiva de los resistentes o las fuerzas represoras sin otro filtro o interpretaci?n. Los autores revindican su versi?n de los acontecimientos. Si bien estos textos son una cuarta parte de la literatura publicada en este ?ltimo per?odo, su distribuci?n es muy limitada y, por lo tanto, tienen poco efecto en la memoria que hoy d?a se forma de los resistentes y su lucha contra el r?gimen franquista. La preocupaci?n por la memoria colectiva se aprecia, por ejemplo, en la entrevista de Esperanza Mart?nez en La memoria reprimida. Adem?s de evidenciar la motivaci?n pol?tica de la lucha y la necesidad de un entierro digno, las palabras de la guerrillera muestran su deseo de que la memoria de su padre no se borre. Cincuenta a?os despu?s de su muerte, Esperanza Mart?nez obtuvo permiso para poner una placa en el cementerio donde est? su fosa. Aunque reconoce que su padre, quien tambi?n fue guerrillero, probablemente ya no est? all?, se?ala el valor que este monumento tiene para ella y su familia: ?la placa es muy importante para m? y para mis hermanas. Es una manera de recordar y de decir, de denunciar, que all? hab?a un luchador por la libertad, por la democracia y por la Rep?blica. [. . .] queremos que quede testimonio de que all? hab?a sido muerto, no decimos ?asesinado?? (Vidal Casta?o 172). La colocaci?n de la placa y su 219 testimonio sobre la importancia de la misma muestran su lucha para grabar en la memoria colectiva el recuerdo de su padre que hasta ahora hab?a permanecido en el desconocimiento.224 En el libro de Felipe Matarranz tambi?n hay muchas referencias a la memoria. En el pr?logo, Jes?s de Cos, otro guerrillero, se?ala el deseo de que el texto ?sirva para reflexionar y mantener alerta la memoria? (Matarranz, ?Camaradas! 11). La importancia que el autor mismo otorga al papel de la memoria es evidente en los siguientes comentarios: ?Quiero que el nombre de estos heroicos luchadores que dieron su vida por la gran causa obrera queden inmortalizados para que el d?a de ma?ana sepan las nuevas generaciones el esfuerzo y sacrificio que hicieron por conseguir la libertad de los despose?dos? (34). El guerrillero expone su deseo de que quien ma?ana, cuando ?l no est?, lea sus memorias, ?sepa comprender y valorar el gran esfuerzo y sacrificio [del] pueblo espa?ol? y que esto no quede en el anonimato (37). Esta transmisi?n, seg?n las ideas de Halbwachs, representa c?mo la memoria colectiva del grupo que vivi? los acontecimientos recordados pasa a las generaciones siguientes que no tienen recuerdos directos de estos acontecimientos como memoria hist?rica. En la ficci?n, hay una divisi?n entre las obras que siguen un corte realista y dram?tico que se ha visto en la literatura hasta ahora y las que buscan nuevos estilos para representar la historia de la resistencia. Entre las obras el primer grupo, se observa que los autores convierten a guerrilleros reales en personajes y aprovechan historias orales o escritas para crear su relato.225 Esto no es nuevo a este momento pues obras del segundo, 224 Esperanza Mart?nez y Remedios Montero (en su entrevista y autobiograf?a) tambi?n reivindican ante la memoria colectiva la representaci?n de las resistentes. ?sta se considerar? m?s abajo al comentar la caracterizaci?n de su sexualidad. 225 En el cap?tulo siete se explorar?n las influencias autobiogr?ficas y biogr?ficas en la literatura y el cine. 220 tercer y cuarto per?odo, por ejemplo, La paz empieza nunca, Luna de lobos, Alhambra y los Tuchas y El a?o del wolfram tambi?n traspasan sucesos hist?ricos y/o guerrilleros reales al mundo de la ficci?n. No obstante, la frecuencia con que este fen?meno se da en la quinta etapa es mayor. Los relatos que encuentran su punto de partida en personas o sucesos reales incluyen las novelas La voz dormida, Maquis y Puente de hierro y varios cuentos en Historias de maquis en el Pirineo aragon?s.226 Algunos de los cuentos en Historias de maquis en el Pirineo aragon?s se basan en las vidas de guerrilleros reales. ?El maestro? de Jorge Cort?s narra la vida de ?ngel Fuertes Vidosa ?Antonio?, jefe de la AGLA desde principios de 1946 hasta su muerte el 26 de mayo de 1948. Esperanza Mart?nez y Remedios Montero tambi?n son mencionadas en este relato, pero ?Dos mujeres, dos historias? de Irene Abad Buil les dedica mayor atenci?n. La elecci?n de tomar como punto de partida resistentes reales parece indicar que los autores desean rescatarlos del olvido preserv?ndolos en sus relatos. Otro relato, ?Yo fui testigo?, de Sixto Agudo retrata la formaci?n de los maquis espa?oles en Francia. El detalle con que se dan los nombres de los l?deres de la resistencia, las fechas y los lugares de reuniones, las detenciones y otros contratiempos, etc., ejemplifican por qu? varias de las narraciones de este per?odo se distinguen de otras concepciones de la novela hist?rica pues el momento hist?rico ya no es un trasfondo sobre el cual la trama se desarrolla, sino que los hechos hist?ricos en estos relatos aparecen en el primer plano.227 226 Aunque la incorporaci?n de guerrilleros y/o hechos reales a la ficci?n no es particular a las obras de corte tradicional, los ejemplos que vienen de las narraciones experimentales se comentar?n m?s abajo. 227 Seg?n Bertrand, la novela hist?rica ?toma prestado a la historia los personajes y los hechos que le sirven de tel?n de fondo a unas aventuras; y alrededor de esta base dada hist?ricamente, la fantas?a del autor crea tramas a su gusto? (?Novela hist?rica? 19, ?nfasis m?o). Para un an?lisis m?s completo de la evoluci?n de la novela hist?rica, v?ase el estudio de Gy?rgy Luk?cs, La novela hist?rica. 221 La preocupaci?n que las novelas de Chac?n y Cervera muestran ante la memoria colectiva se puede se?alar a trav?s de fragmentos de las obras y al considerar los textos enteros. En Maquis se observa la ansiedad que los protagonistas sienten al considerar la memoria que los ni?os del pueblo se formar?n del bando vencido. Esta inquietud lleva a los maquis a matar al maestro fascista porque s?lo dec?a comentarios negativos sobre los republicanos. En el s?ptimo cap?tulo, se comentar?n algunos ejemplos de c?mo Cervera rescata del olvido historias orales de parientes suyos y otras personas incorpor?ndolas a su novela. La manera en que el texto entero, el cual carece de un orden cronol?gico, fortalece la memoria de los lectores tambi?n se analizar? en el s?ptimo cap?tulo. Con respecto a La voz dormida, la evaluaci?n de la novela como unidad sugiere que la obra reivindica ante la memoria colectiva el papel de la mujer en la resistencia. Puesto que el relato se centra en personajes femeninos que participaron en la resistencia la novela preserva para las siguientes generaciones la importancia que su colaboraci?n signific? para la lucha clandestina. Asimismo, buena parte del relato capta la vida en las c?rceles franquistas. De esta forma tambi?n, la obra sirve para transcribir en la memoria colectiva el sufrimiento silenciado de las mujeres que se opusieron a la sublevaci?n militar y a la dictadura de Franco. Al enfocar episodios particulares del relato, se aprecia que la autora traspas? a su ficci?n historias orales y escritas. As? pues, estos fragmentos parecen se?alar que la autora intenta rescatarlos para que no caigan en el olvido. Uno de estos episodios viene de la vida de Remedios Montero, a quien la autora conoci? seg?n la misma guerrillera, cuando escrib?a su novela.228 Montero cuenta en el documental El siglo XX en femenino y en su entrevista en La memoria reprimida que obligaban a las presas a ir a misa. Una 228 Ve?se Historia de Celia p?gina 84. 222 nochebuena varias personas vinieron para presenciar la misa de las presas incluyendo al Director y otros curas. Despu?s de ?sta, hac?an a las mujeres salir por donde estaba el cura con el ni?o Jes?s en la mano. Las presas lo iban besando y pasaban a otro patio. Seg?n explica Montero, ?cuando me toc? pasar a m?, ven?a detr?s de m? una funcionaria que era mal?sima y yo pas? [y] lo mir? . . . y pasaba sin besarlo. Entonces me coge as?, de la cabeza, y me dijo: ?B?salo! Y, en ese momento, tuve tanta, tanta rabia que en vez de besarlo, le mord?? (Vidal Casta?o 115). Despu?s de su acto de rebeld?a, Montero fue encerrada en una celda de castigo durante un mes. Esta historia personal que la autora probablemente escuch? directamente de Montero es incorporada a la novela mediante el personaje Tomasa. La representaci?n ficticia es bastante fiel al hecho real salvo, quiz?s, un detalle. En la novela, el mordisco de Tomasa rompe un dedo de pie del ni?o Jes?s.229 Tal vez este detalle sea un ejemplo de la libertad art?stica que Chac?n se permite al integrar sucesos aut?nticos en su ficci?n pues dicho detalle no se menciona en los dos textos que recogen la narraci?n de la guerrillera.230 En otros casos, parecen ser datos de la vida de los guerrilleros que Chac?n conoci? lo que influye su texto. Uno de los maquis en la novela se llama ?El Peque?, precisamente el primer nombre de guerra que Flori?n Garc?a ten?a dentro de la 229 En otro caso, es la historia (en un sentido m?s universal) la que deviene la historia personal de Tomasa. Este ejemplo se explorar? en el s?ptimo cap?tulo. 230 El matrimonio en la novela entre Pepita y Paulino parece ser otro caso en que la autora incorpor? un acontecimiento real de la vida de los guerrilleros a su relato. Aunque Paulino sigue encarcelado por su participaci?n en la resistencia, las autoridades fascistas permiten que Pepita entre en la prisi?n de Burgos para la celebraci?n de la boda. Terminada la ceremonia, la nueva esposa sale del recinto carcelario y espera hasta que su marido salga en libertad condicional. Este episodio se parece mucho a la vida de Esperanza Mart?nez que se incorpor? a las guerrillas junto con su padre y sus hermanas y la familia de Remedios Montero. Seg?n narra Montero en su autobiograf?a, Esperanza Mart?nez, tras salir de la c?rcel, ?se escrib?a con un camarada preso en Burgos. Se enamoraron y se casaron en la misma prisi?n. Ella arregl? toda la documentaci?n, le permitieron entrar dentro y los casaron all?. Despu?s de la ceremonia ?l se qued? y ella se march? de nuevo? (57-58). Este acontecimiento parece ser excepcional pues Montero opina que fue la primera boda que celebraron en esa c?rcel. 223 resistencia.231 A partir de su traslado a Valencia para organizar la AGLA, se le conoci? por ?Grande?. La descripci?n de ?El Peque? en la novela incluye el detalle de que llevaba sombrero. ?ste es precisamente el elemento que permite a Remedios Montero reconocer que su contacto en Praga era su antiguo camarada.232 No obstante, Chac?n cambia algunos pues Flori?n Garc?a lleg? a Valencia de Madrid, pero en la novela se indica que ?El Peque? vino de Toledo. Otras ficciones rompen con la tradicional manera de acercarse a la lucha guerrillera. Para retratarla, buscan nuevas v?as expresivas incluyendo la fantas?a, la parodia y la metaficci?n. La parodia, como se dijo m?s arriba, s?lo se observa en el cine y, por lo tanto, se esperar? hasta el cap?tulo seis para analizarlo. La fantas?a, en cambio, se aprecia en la colecci?n de cuentos de Ant?n Castro, Los seres imposibles. No obstante, tanto en esta colecci?n, como en aqu?lla que se vio en el cuarto per?odo, El testamento de amor, los ?bandoleros? reciben muy poca atenci?n y no hay ninguna indicaci?n de que el autor est? intentando recuperar para la memoria hist?rica hechos o personas reales. Varios de los textos de metaficci?n, sin embargo, que en muchos casos intentan difuminar la l?nea entre la ficci?n y los sucesos reales s? captan hechos hist?ricos inscribi?ndolos en la memoria colectiva. Estos incluyen En un viejo pa?s, D?as y noches, Soldados de Salamina y La noche de los Cuatro Caminos. Las novelas de Andr?s Trapiello aprovechan como punto de partida un supuesto manuscrito encontrado. En el pr?logo de D?as y noches, el Trapiello personaje le indica al lector virtual que encontr? el manuscrito presentado, el diario de Justo Garc?a, en la Fundaci?n Pablo Iglesias. Aunque la presentaci?n de un diario ap?crifo no es original en 231 Flori?n Garc?a fue uno de los fundadores de la AGLA. Asimismo, sirvi? como el jefe del 11? sector. 232 V?ase Historia de Celia (67). Flori?n Garc?a y Remedios Montero se casaron en Praga en 1966. 224 la literatura espa?ola, el texto de Trapiello muestra un car?cter novedoso. Aumenta la conexi?n entre la ficci?n y la realidad haciendo referencias a algunos datos contrastables que hacen que el diario resulte m?s veros?mil. Estos incluyen la menci?n de dicha Fundaci?n ?centro que realmente existe? y las referencias a personas y archivos reales. El archivo ARD 271-2 y las bibliotecarias mencionados en el pr?logo son aut?nticos, pero lo mismo no se puede decir del diario.233 En contraste con D?as y noches, que se desarrolla sobre un tel?n de fondo hist?rico (la guerra civil, la huida a Francia, los campos de concentraci?n franceses y los barcos que transportaban a varios miles de espa?oles a Am?rica Latina), La noche de los Cuatro Caminos se centra en un fragmento de la historia de la resistencia: el ataque que varios guerrilleros realizan contra una subdelegaci?n de Falange en Madrid que resulta en la muerte de dos falangistas. El detalle con que se retratan personas y sucesos reales sugiere la necesidad de considerar este relato, tal como los cuentos en Historias de maquis en el Pirineo aragon?s, como un nuevo tipo de novela hist?rica, una que tal vez sugiera el deseo del autor de mantener vivo el recuerdo de unos hechos que de otra forma caer?an en el olvido. La noche de los Cuatro Caminos tambi?n se diferencia de D?as y noches pues parece inspirarse en un manuscrito real. En un art?culo publicado en El Pa?s Semanal, Trapiello explica que ?[e]l dossier ha aparecido ahora, con toda su miseria, en un rinc?n de una librer?a? (citado en Mart?n Galv?n 113).234 En el primer cap?tulo de la novela, 233 Soldados de Salamina tambi?n aumenta su verosimilitud mediante las muchas referencias a las investigaciones de Cercas personaje y a la aparici?n de esta versi?n literaria del autor dentro de su novela. Para un detallado an?lisis de c?mo el simulacro aumenta la verosimilitud del relato, v?ase la tesis de Juan Carlos Mart?n Galv?n. Mis comentarios sobre esta novela se reservar?n para el s?ptimo cap?tulo pues all? considerar? c?mo esta obra afectar?a la memoria que los lectores se forman de la resistencia. 234 Seg?n Mart?n Galv?n, ?[l]a falta de credibilidad que se le atribu?a a lo inusitado del hallazgo ?a la construcci?n tan novelesca del mismo, como reconoce el propio intra-autor? se contrarresta con la 225 Trapiello ?convertido nuevamente en personaje? explica c?mo encontr? el dossier de la Direcci?n General de Seguridad titulado ?Informaci?n Especial N.? 48? en una caseta de libros viejos en la cuesta de Moyano. Las reproducciones de las fotograf?as de los resistentes y sus v?ctimas, el sumario del consejo de guerra contra Jos? Vitini y los maquis bajo su mando y otros documentos dan al texto un aire de tratado hist?rico.235 Pero otros detalles muestran los adornos que Trapiello ha a?adido a los hechos reales y que convierten el texto en una novela. Algunos ejemplos de los datos no hist?ricos incluyen la indicaci?n de que F?lix Plaza sufre de culpabilidad por comprarse un ?traje tan burgu?s? (201). Otra invenci?n probable es el detalle que da justo antes de que los guerrilleros interrumpieran en la subdelegaci?n: ?Hab?a empezado a lloviznar. Se iban mojando, pero nadie pens? en la lluvia ni en el fr?o. F?lix se subi? el cuello de la chaqueta y hundi? la cabeza entre los hombres, y Domingo, por imitarle, hizo lo mismo, se subi? el cuello de la chaqueta, pero no ten?a fr?o? (169). El hecho de que sintieran fr?o o no y los pensamientos y movimientos detallados de los guerrilleros son datos que dif?cilmente estar?an recogidos en el dossier. No obstante, es, precisamente, estas licencias art?sticas lo que permite la diferencia entre un informe, como el dossier ?Informaci?n Especial N.? 48?, con renglones abruptos y lenguaje seco y la fluidez del relato de Trapiello. Aunque el autor haya quitado o a?adido detalles a la historia del ataque a la subdelegaci?n de Falange, la novela en s? sirve para mantener vivo en la memoria colectiva este acontecimiento. convincente documentaci?n que aparece publicada por primera vez en El Pa?s Semanal en 1999? (113). En su an?lisis sobre el juego de la simulaci?n en La noche de los Cuatro Caminos, Mart?n Galv?n se?ala que ?la simulaci?n se pone en movimiento una vez que el intra-autor comienza esta reconstrucci?n razonable, es decir, veros?mil, de los hechos partiendo de un referente real que no es otro [que] el dossier ?Informaci?n Especial n? 48?? (112). 235 Este aire es precisamente lo que ha provocado confusiones, como aqu?lla que mencion? antes: la colocaci?n de La noche de los Cuatro Caminos entre los estudios hist?ricos sobre la guerrilla en una biblioteca p?blica de Madrid en vez de entre la literatura de ficci?n. 226 En un viejo pa?s tambi?n resalta la necesidad de preservar la memoria. Chano, uno de los guerrilleros, plantea las siguientes preguntas: ??Pero se acordar? alguien de nosotros dentro de cincuenta a?os? ?Y de cien? ?Qu? quedar? entonces de esta guerra? Dos p?ginas en los libros de Historia? (Tranc?n 52). Sus preguntas evidencian su disgusto al pensar que ?l y los dem?s resistentes probablemente caer?n en el olvido.236 La inclusi?n de dos guerrilleros reales, Juan Fern?ndez Alaya ?Juan?n? y Francisco Bedoya (Chano en la novela), tal como en otros casos, parece sugerir el deseo del autor de transmitir su memoria a las siguientes generaciones. La influencia de testimonios de guerrilleros y otras personas se reconoce cuando Tranc?n se?ala su agradecimiento ?a Secundino Serrano, [. . .] Juan?n, Bedoya y un largo n?mero de guerrilleros y exiliados, sin cuya informaci?n y valioso testimonio no habr?a podido imaginar esta historia? (s. p?g.). Aunque En un viejo pa?s resalta la importancia de recordar el pasado, tambi?n subraya la l?nea convencional entre la realidad y la ficci?n al hacer varias referencias a s? misma, el autor y el lector virtual. Estas interrupciones del realismo, sin embargo, son pocas y breves. Cuando Ramiro lleva a Julia a ver la quinta de don Ram?n, por ejemplo, la historiadora le dice que est? ?dispuesta a comprobar que la Lagarteira no existe o que, al menos, no existe tal y como t? te la has inventado. ?A lo mejor la has inventado t?. ??Yo? ?ri? Julia?. No, yo no. En todo caso el autor de esta novella . . . ??Y si fuera el lector?? (Tranc?n 141). 236 El disgusto de Chano contrasta con la actitud que Miralles muestra en Soldados de Salamina ante la desmemoria en que la historia del bando vencido ha ca?do. ?ste es uno de los aspectos de la novela de Cercas que se explorar?n en el cap?tulo siete. 227 Otro caso se presenta cuando Julia saca un bulto del escondite donde Ramiro pas? meses como un topo. Tiene miedo de abrirlo pues ?puede salirme una culebra o ser una bomba y saltar los dos por el aire . . . ?No, no, eso ser?a imposible; una cosa as? s?lo podr?a ocurrir en una mala novela, y esto es historia, no lo olvides. ??Por qu? no? ?No has dicho que la historia es ficci?n y que la verdad es s?lo una elecci?n? ?La historia es ficci?n, pero una ficci?n verdadera. [. . .] Lo ?nico que trato de hacerte ver es que tu verdad237 tambi?n es ficci?n, es fruto de una elecci?n que previamente has hecho a favor de los que han sufrido o de los que crees han realizado actos m?s nobles y heroicos? Pero es una elecci?n, al fin, que no debes confundir con la objetividad de los hechos. (150) Estos comentarios cuestionan la dicotom?a entre la ficci?n literaria y la historia.238 Asimismo, el di?logo entre Ramiro y Julia, que muestra que el texto es consciente de s? mismo, revela que esta novela es un ejemplo de metaficci?n historiogr?fica.239 237 Ramiro contrapone la ?ficci?n verdadera? de Julia, sus investigaciones hist?ricas, con la ?fabulaci?n falsa? de la historia oficial, ?la historia de todos los viejos franquistas y falangistas de ?ltima hora, travestidos de dem?cratas, historiadores, periodistas chaqueteros . . .? (Tranc?n 150). 238 Los comentarios evocan en particular los conceptos de Michel de Certeau y Hayden White. Seg?n se explic? en el primer cap?tulo, Certeau concibe el acto de escribir la historia como un proceso que inevitablemente requiere una selecci?n y reinterpretaci?n del pasado y, por lo tanto, siempre habr? una separaci?n entre discurso y realidad. White, por su parte, reconoce la diferencia entre el discurso literario y el discurso hist?rico, pues el primero tiene como referente principal lo imaginario no los hechos reales. No obstante, se?ala que ambos discursos tienen m?s similitudes que diferencias puesto que los dos usan lenguaje de manera que cualquier diferenciaci?n entre su forma discursiva y su contendido interpretativo es imposible. Naharro Calder?n ha destacado esta dicotom?a en ?De prisiones hist?ricas y rebeliones textuales?. 239 Para m?s sobre la literatura de metaficci?n, se puede consultar los estudios de Linda Hutcheon, A Poetics of Postmodernism: History, Theory, Fiction, y de Robert Spires, Beyond the Metafictional Mode: Directions in the Modern Spanish Novel. 228 A pesar de las diferentes tendencias de esta etapa, las obras tienen mucho en com?n con respecto a su tratamiento de la lucha guerrillera, los resistentes y las fuerzas fascistas. En las obras de este per?odo, la caracterizaci?n de las fuerzas represoras y los adictos al r?gimen es hasta m?s negativa que aqu?lla de los per?odos anteriores por varias razones.240 Las im?genes de la represi?n fascista, adem?s de abundantes, ya no son exclusivamente personalizadas (evocando s?lo aqu?llas ejercidas contra los protagonistas), sino que pasan a sugerir una violencia de mayor envergadura. De manera similar, se muestran las diferentes maneras en que las represalias afectaron a los republicanos. Asimismo, abundan las caracterizaciones que retratan a las fuerzas fascistas como muy violentas y hasta s?dicas. Las m?ltiples representaciones en que realizan actos violentos y/o sexuales dibujan una idea contraria a aqu?lla promovida en las obras afines al r?gimen. En varios relatos, se les dibuja como hombres lascivos e incluso violadores. Tanto el comandante Ald?n y el mayor De la Marina (El puente de hierro) como el cabo Bigarda (En un viejo pa?s) abusan de su poder, lo cual arroja una sombra sobre su vocaci?n y dedicaci?n al r?gimen que su uniforme indica que protegen. En la novela de Santiago Tranc?n, el cabo Bigarda y dos falangistas violan a Beatriz, la novia de Ramiro. Para callar su crimen, mienten a Beatriz diciendo que tienen a Ramiro preso y amenazan con matarlo si ella dice algo.241 En El puente de hierro, las acciones del mayor De la Marina, el encargado de la lucha contra los maquis en Le?n y Galicia, lo retratan como una persona muy violenta y 240 Una excepci?n es Soldados de Salamina, pero se reservar? buena parte del an?lisis de ?sta para m?s adelante en la ?ltima parte del cap?tulo siete. 241 La agresi?n sexual la deja en estado, pero madre e hijo mueren durante el parto. A pesar de representar a Beatriz como v?ctima, no se intenta retratarla de una rectitud inmaculada pues anterior a la agresi?n tuvo una hija por Ramiro. 229 hasta perversa.242 De una manera que recuerda las evocaciones de Si te dicen que ca?, el narrador de El puente de hierro dibuja una idea negativa del mayor a trav?s de unos comentarios expuestos de manera que se niega la autenticidad de los mismos: ?De ah? poco tardar?an en sugerir rumores [. . .] y hasta hubo quien se atrevi? a divulgar el infundio de que era pederasta y que hab?a matado en el campo de tiro a muchas adolescentes de Marruecos despu?s de disfrutar de sus favores violentados? (Gavela 130). Aunque el narrador niegue la veracidad de los rumores, a?n ha evocado la idea de que el mayor es un violador y pederasta.243 La representaci?n ficticia del abuso sexual en La voz dormida tiene su correlato real en una autobiograf?a. Cuando Paulino, un guerrillero vestido de falangista, sugiere que se va a llevar a una de las presas, Elvira (su hermana), para disfrutar de ella y que la devolver? a la c?rcel al d?a siguiente, la guardiana le permite hacerlo y pone s?lo una tibia objeci?n: ?La ?ltima que se llevaron as? me la devolvieron hecha una pena? (Chac?n 250). Aunque el pretexto de gozar de la joven es una excusa para ayudarla a fugarse en la novela, el texto de Felipe Matarranz refiere casos reales de falangistas que sacaban a chicas con el permiso de las guardianas. Su hermana, que estuvo encarcelada en 242 El mayor se forma militarmente en Marruecos donde golpea ?hasta la muerte en Alcazarquivir a un moro que hab?a penetrado en el recinto cuartelario para robar una partida de tocino? (Gavela 129). 243 Otro ejemplo se aprecia cuando Albina, una prostituta en El puente de hierro, va al cuartel para quejarse de la obligaci?n de invitar a los guardias civiles a vino y pastas cada vez que pasan por su local. En respuesta a su objeci?n, el comandante Ald?n ?cerr? la puerta con el pestillo y me oblig? a que me desnudara delante de ?l. Cuando lo hice, me puso la punta de la pistola en el co?o y me dijo que yo era Albina Lobo y no Agustina de Arag?n? y que su gente era muy buena y ?quien se juega la vida tiene derecho a ir con mujeres, y adem?s gratis. Que ese [sic] es el patriotismo de las putas, que tambi?n ellas deb?an tenerlo. Luego me dio un billete de cien y me dijo que le tocara, que se estaba excitando? (Gavela 23). De la misma forma que cuesta tomar en serio la motivaci?n pol?tica de los guerrilleros dibujados como hombres lascivos en las novelas favorables al r?gimen, es dif?cil pensar que el comandante honestamente siente el patriotismo que usa como excusa para obtener favores sexuales gratis. 230 Torrelavega, conoc?a a una chica de diecisiete a?os que fue sacada y maltratada por cinco hombres.244 Antes de seguir con el an?lisis de la visi?n de las fuerzas p?blicas, conviene hacer un inciso para comentar c?mo estas novelas retratan la sexualidad de los guerrilleros y las dem?s personas relacionadas con la lucha clandestina. Algunos tienen relaciones extramaritales, pero no se les dibujan como seres lascivos. Los lazos nacen de sentimientos amorosos y son retratados con una naturalidad que muestra que los autores no los miran negativamente ni intentan hacer que sus lectores los vean as? tampoco. Un buen ejemplo es el protagonista de En un viejo pa?s que tiene tres amores. Del primero, nace una ni?a, pero la relaci?n entre Ramiro y Julia, la joven historiadora, parece un amor plat?nico. En El puente de hierro, Delio, el hijo de un maquis que ayuda a los compa?eros de su difunto padre que a?n sobreviven en el monte, se acuesta con Olvido que tambi?n sostuvo encuentros ?ntimos con su padre. Cuando ella le echa en cara que s?lo vino a verla cuatro veces, Delio responde que ella no le permiti? venir m?s a menudo, pero Olvido le explica que fue por temor a ser denunciada. Los hombres que tienen mujeres gordas o blandas y no tienen suficiente dinero para ir a la casa de Albina Lobo ?le explica? obtienen placer denunciando a quien vive por libre. En referencia a su sexualidad revela que ?yo vivo as?, lo aprend? en la Rep?blica, y no hay quien me quite 244 En El l?piz del carpintero no se retrata a Herbal como un hombre lascivo, pero el entorno en que reside lo aleja mucho de la rectitud intachable de los miembros de las fuerzas represoras vistos en las obras afines al fascismo espa?ol. El ex guardia civil cuenta sus recuerdos a una prostituta en un burdel, un local en que se encuentra porque su pareja es la hermana del due?o. No obstante, Herbal parece humano y hasta pat?tico pues pasa gran parte de su vida protegiendo a Daniel s?lo para estar cerca de su novia Marisa, una mujer guapa que jam?s se fijar?a en un hombre inculto y ordinario como ?l. Aunque Claudia J?nke contrapone a Herbal con el preso republicano que ?ste vigila, Daniel Da Barca, y considera que Herbal es su ?adversario brutal?, creo que ?sta no es la ?nica visi?n que se ofrece del ex carcelario. Como acabo de se?alar, hay elementos que podr?an inspirar la l?stima del lector virtual. 231 de este punto. El que prob? lo bueno no se acostumbra a lo malo? (Gavela 25). Olvido es, pues, una mujer segura de s? misma que no se arrepiente de las relaciones sexuales que ha tenido.245 En otros casos, los resistentes est?n casados y tienen hijos o solteros y c?libes. Sebasti?n, por ejemplo, un guerrillero que aparece en Maquis, pero tambi?n es mencionado en otras novelas de Cervera, ha contra?do matrimonio con Guadalupe y tiene un hijo ?ngel. A veces baja de noche para dormir con su mujer. Estos momentos ?ntimos, sin embargo, no se dibujan como una distracci?n de la lucha. Con respecto a los resistentes c?libes, sus amores s?lo se consuman despu?s de la celebraci?n de una boda. As? ocurre en la relaci?n entre Daniel y Marisa en El l?piz del carpintero y Paulino y Pepita en La voz dormida. Volviendo al tratamiento de las fuerzas represoras y los adictos al r?gimen, otras caracter?sticas que se les otorgan son la fanfarroner?a y la cobard?a. En La noche inm?vil, F?lix explica que durante la guerra los falangistas se escond?an, pero cuando ya no hab?a peligro vest?an sus camisas azules y correajes haciendo alarde de su adhesi?n al r?gimen.246 El protagonista vuelve a sugerir la cobard?a de las fuerzas p?blicas al observar que los guardias civiles sudaban cuando le preguntaron si hab?a escuchado a los ?bandoleros comunistas? por la noche (Cervera 41). Seg?n F?lix, los guardias ?sudaban del miedo, del miedo que ten?an a Sebasti?n y a Nicasio el de la Negra, del miedo que les 245 Conviene recordar que en las novelas afines al r?gimen de Franco, la representaci?n de las ?rojas? pon?a las descripciones despectivas hasta en la misma boca de estas mujeres. 246 Otro ejemplo de un miembro de las fuerzas represoras que se califica como fanfarr?n es el teniente Nacianceno en El puente de hierro. Amelia Lor comenta que lleg? al pueblo ?muy farruco. Tra?a heridas de guerra? (Gavela 32). Le dijo a Amelia, la due?a de una fonda, que ten?a que ser su novia y la novia de un teniente no pod?a tener a hu?spedes en casa. Le daba dinero para mantenerse, pero cada vez era menos. Al darle 300 pesetas, Amelia le dijo que de eso no se pod?a vivir. Nacianceno la peg? y desde entonces se esconde de ?l cuando lo ve en la calle. El orgullo del teniente se resalta no s?lo con el adjetivo ?farruco?, sino tambi?n al sugerir que piensa que su puesto le permite presumir de cierto estado social. Para establecer esto, abusa de su poder incuestionable mandando a otras personas a que hagan su voluntad. 232 ten?an a los gatos que por las noches confund?an con maquis armados con pistolas hasta los dientes? (44). La descripci?n de actos de represi?n es otro factor que crea una imagen negativa de las fuerzas fascistas. La historia de Tomasa en La voz dormida muestra la manera en que los sublevados mataban cruelmente a personas que se opusieron al levantamiento militar. Las tiraban del Puente de Almaraz al r?o Tajo y disparaban contra ellas cuando intentaban llegar a una ribera.247 Tomasa es la ?nica de su familia que sobrevivi? esta atrocidad.248 Pensa nao ofrece otro ejemplo de extrema violencia y crueldad. Unos falangistas golpean a Camoiras, un miembro de la Cooperativa, y lo atropellan decapit?ndolo. Tras representar este asesinato, el autor comunica lo com?n de estos asesinatos, se?alando que al huir, Amaro, otro republicano, ve los fogonazos y pasa ?[c]unetas e cunetas e cunetas? (Angueira 189). As? pues, frente a las obras literarias de otras etapas que suelen limitarse a mostrar las represalias ejercidas contra los protagonistas, muchas de la narrativa de este per?odo resalta la envergadura de la represi?n. En algunos casos, la violencia y crueldad llegan al sadismo pues los represores disfrutan de sus acciones. En El puente de hierro, dos de ellos son representados como plenamente s?dicos o necesitados de la violencia para liberar frustraciones ajenas a la actividad b?lica. Felisindo Moro, un afilador y amigo de caf?s del teniente, le comenta a los civiles ?las repugnantes atrocidades? que algunos del matadero hac?an con los 247 El hecho de que la autora de esta novela incluya en su p?gina de agradecimiento a Secundino Serrano, cuyo estudio sobre los maquis comenta este acontecimiento real, sugiere la posibilidad de que la autora desea preservar para la memoria colectiva hechos reales. 248 En Maquis las v?ctimas de la represi?n son ni?os, quintaesencia de la inocencia y de los seres indefensos. Al no poder detener al guerrillero Sebasti?n, los guardias civiles se ensa?an con su hijo. Le queman los dedos dej?ndole a ?ngel un recuerdo constante de este acontecimiento traum?tico, unas u?as azules. Otro un ni?o es maltratado por no levantar suficiente su brazo al saludar la bandera. Adem?s de dibujar a las fuerzas franquistas como crueles, el abuso de personas indefensas las retrata como cobardes. 233 animales que iban a ser sacrificados y, ?medio en serio medio en broma, se propone como torturador? (Gavela 48). Se sugiere que disfruta de su nuevo puesto pues aporta al mismo una capacidad de inventar con la violencia. ?Con agujas de tejer que separaban las u?as de los dedos, con cuchillos de cocina que mondaban orejas y test?culos, con planchas de la ropa humeantes que quemaban las espaldas. Cada vez que le llamaban al cuartel [. . .] aparec?a con un truco nuevo? (47).249 En la misma novela, Leonardo Rib?n, un empresario del r?gimen se aprovecha de la violencia que la represi?n franquista le permite ejercer para liberar frustraciones que sus negocios le provocan, lo cual contrasta con la imagen fomentada en las novelas favorables al r?gimen de hombres motivados a luchar y aguantar una violencia que les resulta desagradable aunque necesaria para que triunfara lo que consideraban una causa justa.250 Se explica que al terminar la guerra Leonardo Rib?n logr? prebendas y crueldades, lo que persegu?a secretamente cuando se alist? en el ej?rcito tras haber fracasado con varias explotaciones mineras. A partir del oto?o de 1939 Rib?n era el jefe de los grupos de civiles aut?nomos que durante la primera postguerra mataban por la noche a los republicanos de la comarca en los barrancos del monte Arenas. (Gavela 38) 249 Otra representaci?n s?dica de un miembro de las fuerzas represoras se observa en la pel?cula de Guillermo del Toro, El laberinto del fauno (2006). Seg?n explica Naharro Calder?n en Sangr?as espa?olas y terapias de Vichy, la presencia de tipos desviados, s?dicos, perversos, procedentes algunos del mundo criminal es una caracter?stica general que rodea al mundo de la tortura, de los paseos de las ejecuciones arbitrarias, de los estados de excepci?n, de los per?odos revolucionarios y de violencia, de toda situaci?n en la que se vulneran los derechos humanos y tuvo su equivalencia en el lado republicano durante la guerra civil. Ver Vidal (Checas de Madrid y Paracuellos-Katyn) y Combal?a para la utilizaci?n del arte de vanguardia en las torturas en las checas. 250 Un ejemplo particularmente bueno es la escena en la adaptaci?n cinematogr?fica de La paz termina nunca (1960) en que L?pez vacila al tener que disparar contra un guardia civil. No lo quiere hacer, pero sabe que los guerrilleros se dar?n cuenta de que es un infiltrado si no lo hace. Mientras titubea, se vuelven a escuchar las palabras de su jefe que le recuerdan al personaje y al espectador de su obligaci?n de tirar incluso si est? frente a otros miembros de las fuerzas del r?gimen. 234 Aunque se reemplazaron estas matanzas con juicios militares, ?Leonardo Rib?n pudo recobrar su alegr?a natural cuando supo que los montes al sur de la regi?n se hab?an poblado de partisanos comunistas? (Ib?d.). Viendo una nueva oportunidad, le comenta al comandante Ald?n ?su entera disposici?n para luchar contra los bandoleros de la sierra? (Ib?d.). Adem?s de dibujarlo como s?dico, pues la violencia le provoca felicidad, su verdadera raz?n por incorporarse a las fuerzas fascistas lo aleja de la visi?n fomentada durante la ?poca franquista del hombre sacrificado a una causa mayor puesto que realmente desea obtener los beneficios que su nuevo puesto le ofrecer?.251 El uso de la tortura era una forma de reprimir e instaurar el miedo en el pueblo espa?ol y fue un factor que ayud? al r?gimen a dominarlo. Otras t?cticas de represi?n inclu?an medidas econ?micas y jur?dicas. En un viejo pa?s, se comenta la represi?n que las nuevas leyes fomentaron con toda la poblaci?n, y en particular, con los maestros y profesores. El padre de Ramiro fue ?acusado de ?grave pasividad?, de acuerdo con aquella incre?ble ?Ley de responsabilidades pol?ticas? de 1939, por la que pod?an castigar ?delitos? que se retrotra?an a 1934? (Tranc?n 182). Asimismo, se se?ala que unos 50.000 maestros y ense?antes fueron fusilados, encarcelados, exiliados o expulsados de sus puestos, poniendo as? de relieve el efecto que esto tuvo en la formaci?n de los j?venes espa?oles.252 251 En un viejo pa?s tambi?n representa a varios miembros de las fuerzas represoras como motivados por razones que disminuyen la imagen creada en Espa?a durante el franquismo del hombre recto y dispuesto a sacrificarse en la lucha contra la resistencia. Las palabras de un somatenista retratan al cabo Bigarda como codicioso de poder y dinero pues quiere matar a Juan?n y Chano para ascender de rango y obtener la recompensa. Seg?n un somatenista, ?el cabo Bigarda busca los galones de sargento y quiere la recompensa para el solito? (Tranc?n 56). El premio econ?mico tambi?n inspira al somatenista a acabar con los guerrilleros. ?ste le ofrece a Luciano su pistola para que adelante a los civiles, mate a los maquis y comparta el dinero con ?l. 252 Adem?s, el narrador le insta al lector impl?cito a pensar en el efecto que estas represiones tuvieron sobre la ense?anza: ?Trate de imaginar el lector c?mo improvis? el R?gimen un ?ej?rcito de suplentes? y qu? tipo de ense?anza e ideas inculcaron a ese otro pobre ej?rcito de ni?os desnutridos? (Tranc?n 182). El efecto 235 Aunque la expulsi?n de un trabajo y la dificultad de obtener otro por ser considerado ?rojo? era de por s? una manera para represaliar al bando vencido, hab?a otras formas para perjudicar econ?micamente a estas personas. Algunos ejemplos se observan en El puente de hierro. La detenci?n y condena a muerte de los hermanos Lui?a conlleva la incautaci?n de su empresa que fue adjudicada a Leonardo Rib?n, un empresario del r?gimen. Ramiro es v?ctima de otro caso en la novela de Tranc?n: ?La quinta del Indiano hab?a sido confiscada por el Estado a la muerte de su due?o, don Ram?n de Balboa y Pe?a, al hab?rsela dejado ?ste en herencia a quien figuraba en los archivos policiales como ?sujeto de gran peligrosidad, autor de m?ltiples asesinatos e infinidad de hechos delictivos?? (145). Fuera de la expropiaci?n de tierra o negocios por la v?a jur?dica, muchas personas del bando vencido se sent?an obligadas a abandonar la propiedad que ten?an y mudarse a otro lugar por el acoso constante de las fuerzas represoras u otras personas afines al r?gimen. En su autobiograf?a, Felipe Matarranz explica que unas amenazas obligaron a su padre a abandonar sus terrenos en Torrelavega (179).253 Si bien hasta aqu? se han se?alado muchos ejemplos de c?mo se caracteriza desfavorablemente a las fuerzas franquistas y a los adictos al r?gimen, es preciso se?alar que varias de las obras de esta etapa crean unas im?genes m?s positivas de ciertos de sus miembros o de su lucha contra los maquis. En la autobiograf?a de Gabriel Ferreras, el que esta ense?anza tiene sobre los ni?os se comenta en varios textos incluyendo La noche inm?vil de Alfons Cervera y la autobiograf?a de Remedios Montero. Asimismo, en Maquis, otra novela de Cervera, un maestro sufre la represi?n franquista ya que, debido a su afinidad a la Rep?blica, es destituido de su puesto y reemplazado con uno que est? a favor de la dictadura. 253 Seg?n explica Naharro Calder?n en Sangr?as espa?olas y terapias de Vichy, se desconoce y es casi imposible establecer las relaciones entre emigraci?n econ?mica, expropiaciones forzosas e ilegales, y exilio, particularmente en los pueblos donde se ejerci? una represi?n implacable contra ?los rojos? y sus familiares. Por ello, el exilio disfrazado de emigraci?n, a ciudades, donde la represi?n era m?s difusa o fuera del pa?s, representaba la ?nica alternativa para estas v?ctimas. V?ase la entrevista de Eugenio Coronado en el Ap?ndice E y, entre otros, G?nter Schwaiger, Santa Cruz, por ejemplo (2005). 236 guardia civil defiende su rectitud se?alando que los guerrilleros ?hab?an llegado a tenerme incluso cierta consideraci?n, en atenci?n a que no tomaba represalias con sus familiares y a que incluso hab?a hecho favores a personas de su entorno, que los ocultaban y suministraban, libr?ndolas de la c?rcel y de otros males mucho peores? (135). Con respecto a la lucha contra los maquis, Ferreras hace referencia a ?la nobleza de la causa que persegu?a? (100). Asimismo, describe al comandante Arricivita como ?buen patriota, deseoso de gloria, con don de gentes y esp?ritu de sacrificio? (121). En varias obras de ficci?n se aprecia que el tratamiento de las fuerzas represoras no se dibuja de un mismo color. En Maquis, se sugiere el humanismo y la valent?a de Noberto P?rez, pues el n?mero de la Benem?rita se niega a fusilar a Sebasti?n y se coloca entre el guerrillero y las fuerzas represoras que lo torturan. La novela tambi?n muestra que algunos ingresaban en el Cuerpo por necesidad econ?mica: ?P?rez Exp?sito [. . .] se meti? a guardia porque si no se met?a a guardia no sab?a d?nde se iba a meter para poder casarse con Mercedes y no morirse de hambre? (Cervera 145). Aquel invierno tambi?n ofrece im?genes favorables a los guardias. Aparte de la repetici?n de la historia de Noberto P?rez, esta obra indica que otro miembro de la Benem?rita, Samuel, se niega a disparar a un maquis por la espalda, decisi?n que testimonia su sentido del honor.254 La narrativa de esta etapa muestra la conexi?n entre la represi?n de los personajes y su decisi?n de echarse al monte. Esto crea una idea relativamente positiva de los resistentes pues se les retrata como v?ctimas de represalias violentas y no como criminales comunes deseosos de regocijarse con un bot?n. El narrador omnisciente de En 254 Abajo se observar?n algunos ejemplos de En un viejo pa?s que muestran que no se retrata a todos los miembros de las fuerzas represoras bajo el mismo prisma. Asimismo, como se mencion? antes, la visi?n favorable de ciertos miembros del bando franquista en Soldados de Salamina se comentar? en el cap?tulo siete. 237 un viejo pa?s atribuye la incorporaci?n de Chano y sus tres hermanos a la resistencia, directamente a las represalias que sus padres sufrieron. La novela explica que soldados del Tercio los torturaron para que les dijeran d?nde se hab?an escondido unos guerrilleros heridos. Al no lograr respuesta, los mataron, quemaron la casa y confiscaron todos sus bienes acus?ndolos de colaborar con la guerrilla. Tras este acontecimiento, Chano y sus tres hermanos se unen al maquis.255 Otro factor que favorece una visi?n positiva de la lucha guerrillera es la indicaci?n de que sus ideales son la raz?n por la cual son perseguidos. En Pensa nao, por ejemplo, varios personajes discuten la necesidad de ayudar a los l?deres sociales, como Roiz, a escapar del pueblo. La esposa de Roiz no entiende esta necesidad y se?ala que su marido no ha hecho mal a nadie, pero Lampaio menciona las ideas, la escuela, la uni?n y la f?brica y explica que todo eso es terrible para los sublevados. Algunos relatos retratan a los resistentes como personas sacrificadas, generosas y fieles entre s?.256 En la novela En un viejo pa?s, Juan?n y Chano vuelven y le entregan unos billetes a Luciano, el guarda forestal que les salv? la vida casi a costa de la suya. En contraste con las obras favorables al r?gimen, las cuales obvian el uso de la tortura y otras t?cticas de represi?n, prefiriendo sugerir que la colaboraci?n de los resistentes con las fuerzas p?blicas se deb?a al car?cter traicionero de aqu?llos, los textos m?s recientes los representan como personas tan fieles que arriesgan su vida, aguantan torturas e incluso mueren de ?stas para proteger a sus compa?eros. Otras obras que ofrecen ejemplos de 255 ?ltima p?gina y Pensa nao tambi?n se?alan el v?nculo entre la represi?n y la necesidad de refugiarse en los montes. En la primera, los huidos se organizan poco a poco y empiezan a realizar propaganda, tomar pueblos, y tener mayor contacto entre las partidas. Pensa nao, en cambio, apenas retrata el inicio de la resistencia, pero s? pone mucho ?nfasis en la sublevaci?n y las ejecuciones que obligan a varios personajes a huir ante el avance de los fascistas. 256 La generosidad se vio tambi?n en la etapa anterior en El a?o del diluvio y El testamento de amor. 238 guerrilleros que realizan estos actos incluyen La noche de los Cuatro Caminos y los textos de Remedios Montero y Felipe Matarranz.257 Tanto en la ficci?n como en las autobiograf?as se observan visiones que contrarrestan la caracterizaci?n fomentada por el r?gimen. Don Ram?n (En un viejo pa?s), por ejemplo, desmiente la traici?n de Bedoya que supuestamente acab? con Juan?n, muerto en Potes (Cantabria) en 1957. El libro de Felipe Matarranz tambi?n intenta clarificar lo que considera como una concepci?n falsa se?alando que el hecho de que Bedoya huy? y no intent? salvar a Juan?n se debe a la t?ctica guerrillera y no a la traici?n. Cuando se representan casos de infidelidad, ?stos se deben a la infiltraci?n de personas afines a la dictadura. Un ejemplo de En un viejo pa?s es el gu?a, un somatenista infiltrado, que delata a Ramiro. Luciano arriesga su vida para salvar a Ramiro de una emboscada que sin duda habr?a acabado con su vida. El sacrificio de Luciano se vuelve a observar cuando cae en manos del cabo Bigarda tras avisar a Ramiro, Juan?n y Chano de que los civiles se acercan. Aunque el civil golpea a Luciano varias veces con su fusil y amenaza matarlo, ?ste se niega a decirle la verdad sobre el paradero de los guerrilleros. La descripci?n de la tortura de Luciano a manos del cabo resalta su sacrificio pues se lo compara a Cristo.258 Felipe Matarranz usa la misma comparaci?n al referirse al sacrificio de su madre y otras personas en su texto.259 De hecho, este resistente quiso que su libro se titulara Hay muchos cristos para recordar el sufrimiento de todos los que se opusieron al fascismo.260 257 Se preciso recordar que, en realidad, tambi?n se produjeron delaciones interesadas entre los guerrilleros y las partidas. 258 Luciano se arriesga una tercera vez al servir a Ramiro de gu?a en su huida a Portugal. 259 Resulta interesante recordar que en obras de la primera etapa, espec?ficamente la novela de Herrera Petere, tambi?n se observ? la tendencia de incluir a personas que nunca empu?aron armas, como madres que protegen a sus hijos durante los bombardeos fascistas, entre los que se sacrificaron y lucharon contra el 239 Otros aspectos positivos de los maquis son su valent?a y car?cter heroico. En un viejo pa?s ofrece un ejemplo de ambas cualidades. La ?ltima carta de don Ram?n a Ramiro describe a Juan?n como valiente y a Chano y otros como h?roes. En referencia al ?ltimo, don Ram?n explica que pag? ??como hice con Juan?n? su ata?d para que no fuera enterrado como un perro, sino como un h?roe, que es lo que fue, como tantos otros ya olvidados para siempre (Tranc?n 161). Otra referencia a su valent?a se observa en El puente de hierro. Amelia explica que admira a los del monte porque son ?bravos?. Aunque la representaci?n de los resistentes es principalmente favorable y la de las fuerzas p?blicas desfavorable, la narrativa de esta etapa suele evitar el manique?smo visto en las obras afines al r?gimen de Franco.261 A pesar de que Juan?n y Chano visitan a Luciano (En un viejo pa?s) y le indican su deseo de ?hacer justicia? a quien le maltrat?, le reprochan su disposici?n a matar a cualquier guardia civil que se le acerca. Luciano, tras indicarles que Bigarda, quien le hab?a torturado, ya est? muerto, les comenta que ?cuando fascismo. M?s abajo, se volver? a comentar la pr?ctica en la presente etapa de tratar estancias en la c?rcel o en el exilio, etc. como actos de resistencia. 260 Curioso t?tulo de un autor que es ateo y vive jubilado en una residencia de la tercera edad regida por monjas en Colombres (Asturias). ?Las monjas no hacen proselitismo conmigo y as? nos toleramos? (referido por Naharro Calder?n). 261 Una posible excepci?n ser?a El l?piz de carpintero pues seg?n la lectura de Claudia J?nke la obra es una met?fora de la lucha entre el bien y el mal y trata los temas de la culpa, conciencia y expiaci?n (116). J?nke contrasta la imagen que se ofrece de Herbal como un carcelario brutal que participa en los paseos nocturnos de los presos republicanos, con aqu?lla de Da Barca. Se le dibuja como un h?roe sin tacha, como una persona que s?lo tiene caracter?sticas positivas: es atractivo, inteligente, elocuente y valiente y destacan su intelectualidad, compasi?n, altruismo y humanidad. Lucha incansablemente por sus convicciones pol?ticas, sobre todo por sus ideales de justicia y libertad. La falta de toda ambivalencia en su car?cter lo mitifica y lo convierte, por decirlo as? en una especie de santo. (115) Para apoyar estas ideas, J?nke aporta algunos ejemplos de la novela que incluyen el hecho de que el pintor dibuja a Da Barca como el profeta Daniel y el narrador lo compara con el h?roe ?pico Ulises. Su interpretaci?n de la obra tambi?n se sostiene en las voces que el carcelario escucha: ?En la cabeza de Herbal luchan [. . .] la voz ?buena? del pintor [a quien asesin?], incit?ndolo a una actitud moralmente ejemplar y humana y la voz ?mala? del ?hombre de hierro?, induci?ndolo a proceder contra los prisioneros sin piedad? (116). Como se apreciar? en el cap?tulo siguiente, la divisi?n entre buenos y malos se hace m?s patente en el cine favorable al franquismo. La pel?cula de Montxo Armend?riz, en cambio, Silencio roto, es otro buen ejemplo de c?mo las obras de la quinta etapa evitan representaciones manique?stas. 240 venga una pareja por aqu?, hago como con los conejos . . . ?Pam y pam!, dos de un solo viaje. Basta con apuntar al tricornio, es muy f?cil. Y luego, al acantilado, a que se los coman los peces? (Tranc?n 66-67). Los guerrilleros se?alan su desacuerdo con esta idea: ?No son ellos los que tienen la culpa, Luciano ?intervino Juan?n?, sino los que mandan. Es a ellos y a los falangistas a los que hay que eliminar. Aunque te parezca raro, tenemos algunos amigos entre los guardias y m?s de una vez hemos salvado el pellejo gracias a ellos. Hay muchos que se han metido en la Benem?rita por no morirse de hambre? (67). El ?ltimo comentario del guerrillero, que muestra su reconocimiento de la necesidad econ?mica que empujaba a muchos a meterse en la Guardia Civil, revela que la obra no intenta retratar a todas las fuerzas represoras en la misma luz.262 El texto de Gabriel Ferreras y la entrevista de Adelino P?rez ?Teo? en La memoria reprimida tambi?n se?alan la carencia econ?mica que empuj? a personas a ingresar en el Benem?rita cuerpo.263 Adelino P?rez comenta su conmiseraci?n con la esposa de un guardia civil por la p?sima situaci?n econ?mica y el hambre que pasaban. Su capacidad de compartir experiencias comunes muestra que comprende a quienes eran en otra ?poca sus enemigos por lo que se matiza la visi?n de las fuerzas represoras. Los comentarios de Dolores y Gabriel (En un viejo pa?s) muestran que los personajes nacidos en la ?ltima d?cada tampoco hacen generalizaciones de las personas que comparten su ideolog?a. Este aspecto de las obras de esta etapa tambi?n contrasta con las novelas afines al franquismo que caracterizan a las fuerzas represoras de una rectitud 262 Ramiro tambi?n parece distinguir entre hombre y uniforme pues antes de matar a Bigarda, le obliga a quitarse su uniforme, el que ?otros han sabido llevar con la dignidad y el honor que t? nunca has tenido? (62). Ramiro nombra a dos civiles que murieron por ser fieles a la Rep?blica y le recuerda al cabo que ?l hizo el mismo juramento. 263 En el cine la pobreza y el hambre se retratan en Silencio roto y Las ilusiones perdidas. Gabriel ?lvarez, un guardia civil que interviene en el noveno cap?tulo de Las ilusiones perdidas, explica que su sueldo no le llegaba y, por lo tanto, ?l y su mujer pasaban hambre. 241 intachable mientras que se retratan a los ?rojos? como seres despreciables. Gabriel, un anarquista, reconoce que ?entre nosotros hubo de todo, y tambi?n criminales, gente de mala entra?a y muchos abusos y muertes est?pidas. Nunca lo hemos negado, no como los fascistas, que ellos lo niegan y lo justifican todo? (Tranc?n 119).264 Aunque critica a los de su propio bando, matiza entre la violencia cometida por cada lado.265 Como ejemplo de los abusos cometidos en el bando republicano,266 Gabriel cuenta c?mo salv? a un cura y a un capit?n de ejecuciones sumar?simas y casi encuentra el mismo fin cuando gente de su bando piensa que es fascista.267 La cr?tica de los republicanos y de la lucha clandestina observable en las obras de esta etapa, sin embargo, se diferencia de las obras afines a Franco en otro aspecto significativo. Los personajes muestran su desacuerdo con ideolog?as que compon?an el Frente Popular y con las actuaciones de personas motivadas por ellas, pero sin ridiculizar a las personas o sus ideas.268 Un buen ejemplo es el caso de Dolores (En un viejo pa?s), quien atribuye el hecho de que su esposo la dej? para casarse con otra a la separaci?n estrat?gica que les impuso el Partido Comunista. Se considera comunista, pero explica 264 Dolores, quien pertenec?a al Comit? Central del Partido Comunista, tambi?n critica a personas de la misma ideolog?a al se?alar que ?hubo tambi?n comunistas muy da?inos? (124). Seg?n se?ala Beevor, algunos anarquistas mantuvieron un discurso cr?tico, fundamentalmente, contra los abusos estalinistas de los comunistas. 265 ?La diferencia est? en que, en nuestro bando eso ocurri? al principio de la guerra, cuando unos pocos se tomaron la justicia por su mano, aunque hicieron mucho da?o, perjudic? mucho a la Rep?blica y a nuestra causa. [. . .] As? que mientras en la zona roja todo eso se cort? pronto, en la zona fascista eso creci? y dur? hasta bastantes a?os despu?s de acabada la guerra y sin que nadie se atreviera a levantar la voz en contra de tantos asesinatos. Los cr?menes de nuestra zona se cometieron, adem?s, por gente que ten?a mucho odio acumulado, que hab?a sufrido represalias y humillaciones, y tambi?n por gente inculta, digamos de lo m?s bajo . . . No se trata de justificar nada, pero quien no vea la diferencia es porque no quiere verla? (119). 266 La violencia contra personas a favor de la sublevaci?n tambi?n se observa en La noche inm?vil, pues los de la FAI salvan al cura don Rufino cuando vienen de fuera para llev?rselo del pueblo. 267 El miedo al peligro real de morir ejecutado err?neamente por gente del mismo bando se evidencia en obras de ficci?n, como D?as y noches, y las autobiograf?as, como el manuscrito Memorias de Santiago Rodr?guez D?ez y el libro de Felipe Matarranz. 268 El ejemplo m?s claro de c?mo las obras favorables al franquismo desprestigian a los republicanos, principalmente a los comunistas y sus teor?as, se comentar? al analizar la comedia Suspenso en Comunismo, en el cap?tulo siguiente. 242 que ha dejado esta organizaci?n ?por muchas razones, sobre todo despu?s de lo que hizo mi marido [. . .] para el Partido no exist?a la persona. A mi marido el Partido lo separ? de m? y as? acabamos? (Tranc?n 123). Aunque atribuye el fracaso de la relaci?n a las pr?cticas de los comunistas y critica la tendencia de sacrificar al individuo en aras del bien del Partido, no ridiculiza esta ideolog?a que motivaba a personas a hacer grandes sacrificios ni desprestigia la lucha dibuj?ndola como un esfuerzo sin sentido.269 Otro ejemplo de la misma novela muestra a Ramiro calificando a sus compa?eros de lucha de manera que inicialmente parece una censura. Al beber un caf? y disfrutar de un sabor que no hab?a probado en tanto tiempo, Ramiro record? a aquellos compa?eros anarquistas, ut?picos y radicales, que hab?an llegado a rechazar el tabaco, el alcohol y hasta el caf? llevados por un idealismo asc?tico con el que quer?an combatir los vicios de los ricos y alcanzar una perfecci?n moral en muchos casos ?parad?jicamente? muy semejante a la de aquellos santos cuyas im?genes quemaban o decapitaban. (Tranc?n 43-44) Este pasaje describe a los anarquistas como ?radicales?, pero esta palabra no parece una calificaci?n destinada a difamarlos, sino una observaci?n sobre sus ideas y comportamiento que los distingu?an de la mayor?a de la poblaci?n. En vez de ridiculizar las costumbres de las personas afines a ideolog?as izquierdistas, como las pel?culas profascistas, se comentan ofreciendo una explicaci?n de los ideales que las inspiraban. Otros aspectos que distinguen la representaci?n de la lucha clandestina vista en la presente etapa de la que se dibuj? en las novelas afines al r?gimen incluyen la conexi?n entre las acciones de los guerrilleros y su motivaci?n pol?tica. Adem?s, ?stas se suelen 269 En su entrevista recogida en La memoria reprimida, Carmen Casas expresa la misma censura del PCE. 243 representar como justas y no viles ajustes de cuentas o intentos de saqueo. Otra diferencia apreciable es el hecho de que los guerrilleros mantienen un ?nimo positivo respecto a su lucha incluso cuando ?sta se retrata en su decadencia. Es m?s, hasta en estos momentos no se dibuja a la resistencia como un esfuerzo sin sentido. En la novela de Santiago Tranc?n, Juan?n, refiri?ndose a s? mismo y a Chano, comenta que ?por aqu? ya s?lo quedamos nosotros [. . .] Ofrecen medio mill?n por nuestra cabeza [. . .] pero ni con mil millones van a acabar con nosotros? (51). En otro momento, el narrador omnisciente los describe como hombres ?a los que ni la amargura ni el dolor hab?an logrado hundir en la desesperaci?n, aunque ya en su coraz?n hubieran muerto casi todos los sue?os e ilusiones juveniles? (52).270 Incluso cuando s?lo quedan los dos guerrilleros, ?stos no han perdido su motivaci?n pol?tica: hostigar al r?gimen franquista. Chano se?ala que ?mientras quede un solo guerrillero en armas no habr? acabado la guerra para ?l [Franco]? (53).271 Las obras retratan a las guerrillas realizando acciones contra personas afines a la dictadura. En Maquis, por ejemplo, Sebasti?n, un guerrillero, mata a don Abelardo, el maestro fascista que sustituy? al depurado maestro republicano. La eliminaci?n de don Abelardo es un ataque contra el r?gimen, pues cuestiona su autoridad y desestabiliza su poder. Asimismo, la acci?n muestra su ra?z ideol?gica ya que el maestro fascista s?lo dec?a cosas negativas sobre los republicanos. Por lo tanto, su eliminaci?n es, tambi?n, un intento por parte de los maquis de no permitir que el r?gimen controle la memoria que los ni?os del pueblo, incluyendo a sus propios hijos, se forman de ellos. 270 En la misma novela se ofrece tambi?n la perspectiva de personas que no se sometieron al fascismo treinta a?os despu?s de los hechos. Julia, una joven investigadora que acompa?a a Ramiro y dos otros exiliados en su regreso a Espa?a, les pregunta si lo que hicieron mereci? la pena. Gabriel, un asturiano que anduvo huido para evitar un consejo de guerra por su participaci?n en ?la Revoluci?n del 34?, le contesta con entusiasmo: ??Claro que mereci? la pena! [. . .] No nos arrepentimos de nada? (108). 271 En las autobiograf?as y entrevistas, los maquis suelen comentar la motivaci?n ideol?gica del movimiento guerrillero. Esperanza Mart?nez, por ejemplo, explica que la resistencia ?era un ej?rcito pol?tico de lucha armada contra el franquismo, contra la dictadura? (Vidal Casta?o 172). 244 Adem?s de debilitar la dictadura, las acciones de los guerrilleros responden a deseos de impartir justicia contra aqu?llos que colaboran con el r?gimen y en ciertos casos torturan o matan. En la novela de Tranc?n se aprecian descripciones que resaltan la honorabilidad de las acciones de los guerrilleros. Un buen ejemplo se observa cuando Juan?n y Chano visitan a Luciano y le preguntan qui?n le maltrat? pues quieren ?hacer justicia? (Tranc?n 66). Esto resulta imposible ya que Bigarda ya est? muerto. El hecho de que no busquen vengarse en cualquier persona se resalta en la respuesta de los guerrilleros a la propuesta de Luciano de matar a los guardias civiles de manera indiscriminada, la cual se coment? m?s arriba. Otro ejemplo es el comentario por el que Chano se?ala que ?tenemos suficiente odio y dolor acumulados como para hacer saltar el mundo en pedazos y sin embargo seguimos pensando en el honor y la justicia? (52).272 Si bien el tratamiento de la justicia guerrillera suele ser positiva, hay casos que muestran que no se intentan mostrar a los resistentes como h?roes de una rectitud intachable. Cuando la necesidad de salvar la vida de Luciano le obliga a Ramiro a enfrentarse con el violador de su novia, el resistente sucumbe al deseo de verlo sufrir ?incluso si es s?lo moment?neamente? antes de acabar con su vida. Cuando el cabo Bigarda est? a punto de rematar a Luciano, Ramiro sale de su escondite. A punto de pistola, le obliga a quitarse el uniforme y le dispara a los test?culos y luego le llena de balas el resto del cuerpo. Su intenci?n parece principalmente salvar a Luciano, pero el hecho de que dispara contra los genitales del cabo est? claramente vinculado a la agresi?n sexual que ?ste cometi? contra su novia. Aunque anteriormente Ramiro se da cuenta de que su vuelta a la quinta de Ram?n se debe al ?deseo de una oscura venganza?, no se 272 Las acciones de las fuerzas represoras, en cambio, se retratan como cr?menes. As? es el caso cuando don Ram?n relata a Ramiro la muerte de Juan?n y Chano. 245 representa el ajuste de cuentas personales como la principal motivaci?n de los guerrilleros (50). Tampoco se intenta justificar la acci?n de Ramiro. ?ste, al referirse a la muerte del cabo Bigarda, comenta que la muerte de Beatriz fue un motivo ?pero no una raz?n, y menos una justificaci?n? (153). En El puente de hierro, se muestra el sufrimiento de las personas afectadas por las acciones guerrilleras, lo cual es otra indicaci?n clara de que las novelas de esta etapa evitan una representaci?n maniquea de los maquis.273 Dora de Ley, una prostituta, cuenta que muri? y volvi? a nacer a los veinte a?os. A esa edad, los del monte fusilaron a su padre por denunciar sus otras visitas a los guardias. Mataron a su madre tambi?n cuando ?sta empez? a gritar al ver a su esposo muerto. En contraste con las novelas favorables al r?gimen franquista que caracterizan la resistencia armada como una lucha individual y una amenaza insignificante, las obras de esta etapa ponen hincapi? en el papel de todas las personas que participaron en el movimiento clandestino.274 As? se reconoce la ayuda de mujeres, campesinos, y otras personas que sirvieron a los guerrilleros como enlaces o puntos de apoyo. Adem?s de dar a estas personas, muchas veces olvidadas, su debido reconocimiento, la menci?n de su participaci?n presenta la lucha como m?s numerosa y con mayor apoyo popular de lo que la versi?n oficial le otorgaba. Varias obras, como En un viejo pa?s, ofrecen ejemplos de personas que resistieron contra el fascismo sin empu?ar ?en algunos casos? ning?n arma. Tal es el caso de 273 Como se observar? en el quinto per?odo del cine, Silencio roto tambi?n muestra el sufrimiento de los hijos del maquis ajusticiados por sus compa?eros y sugiere la de la esposa del cabo tras la muerte de su marido. 274 Este reconocimiento se aprecia hasta m?s en los documentales, las autobiograf?as, y los comentarios que los guerrilleros hacen en entrevistas o actos de homenaje celebrados en su memoria. Felipe Matarranz, por ejemplo, comenta repetidamente el sacrificio y hero?smo de su madre. 246 Luciano cuya dedicaci?n y sacrificio ya se ha comentado. Otro buen ejemplo el de Dolores. Sus comentarios resaltan el papel de las mujeres durante la guerra y posguerra. A pesar del peligro al que estaban expuestas, nunca recibieron medalla ni pagas. Con su marido en el frente, Dolores tuvo que parir durante bombardeos y huir desangrada y casi muerta. Los argumentos que plantea y los ejemplos que ofrece muestran que personas como ella no son menos dignas de ser consideradas como resistentes. Un ejemplo m?s de la misma novela es el caso de Gabriel. Su representaci?n de las p?simas condiciones en los campos franceses dibuja el exilio como otra forma de resistencia. Aparte de En un viejo pa?s, otras obras, como La voz dormida, revindican el papel de la mujer en la resistencia antifranquista. De manera similar, las guerrilleras Remedios Montero y Esperanza Mart?nez refutan aspectos de la versi?n oficial en sus entrevistas en La memoria reprimida. Mart?nez desmiente que la presencia de las mujeres en la Agrupaci?n Guerrillera de Levante y Arag?n fuera para la satisfacci?n sexual de los hombres. Esta versi?n la han sostenido historiadores fascistas como Francisco Aguado.275 Remedios Montero explica que las fuerzas represoras les pegaban para que confesaran que estaban en la guerrilla a fin de satisfacer los deseos sexuales de los guerrilleros: ?Nos hemos llevado palizas para dar y vender y nunca jam?s nos han sacado que est?bamos para eso. Entonces a ellos es que les interesaba para desprestigiarnos, formaba parte de su propaganda, de que est?bamos all? pues por un capricho de ellos para acostarnos con ellos? (Vidal Casta?o 113, ?nfasis original). El comentario de la guerrillera muestra no s?lo que se da cuenta de que las fuerzas p?blicas pretend?an desprestigiar la lucha 275 V?ase las entrevistas de Esperanza Mart?nez (171) y Remedios Montero (104, 108 y 113) en el libro de Vidal Casta?o y el texto de Francisco Aguado (390). 247 guerrillera con estas acusaciones sino tambi?n manifiesta su deseo de rectificar la imagen que la historia oficial creaba de las resistentes. Un ?ltimo aspecto del tratamiento de las fuerzas represoras y los resistentes antifascistas que afecta su representaci?n es la terminolog?a usada para nombrar y describir a ambos grupos. Generalmente, las alusiones a los miembros de las diferentes divisiones de las fuerzas represoras reflejan neutralidad puesto que se suele usar las palabras derivadas del nombre del grupo como los guardias civiles, los falangistas o los somatenistas.276 La manera de referirse a los guerrilleros, en cambio, suele depender del sujeto y su opini?n de la lucha clandestina. Los miembros de las fuerzas p?blicas y otras personas que colaboran con el r?gimen fascista, por ejemplo, suelen usar t?rminos como ?bandoleros? que retratan a los maquis desfavorablemente y disminuyen la importancia de la pol?tica en su lucha. Los narradores, guerrilleros y otras personas, en cambio, suelen usar vocablos m?s neutros, como ?los del monte? o ?huidos?, que apuntan a su necesidad de esconderse de la represi?n franquista, o palabras, como ?maquis? o ?guerrilleros?, que resaltan las t?cticas militares usadas por estos grupos y, por lo tanto, sugieren mayor organizaci?n y direcci?n. En su autobiograf?a, Remedios Montero usa ?guerrilla?, ?guerrilleros?, ?puntos de apoyo?, etc., salvo cuando relata comentarios de personas afines al r?gimen. En estos casos imita su forma de calificar a los guerrilleros usando el t?rmino ?bandoleros?. En las Memorias del Sargento Ferreras, el ex guardia civil se refiere varias veces al bando contrario como ?rojos?. Frente a este t?rmino despectivo que fomenta una imagen del 276 Una excepci?n a esta tendencia es el libro de Felipe Matarranz que usa t?rminos como ?esbirros (del dictador)?, ?asesinos? o, en algunos casos, insultos como ?canallas?. En la ficci?n, algunos miembros de las fuerzas represoras usan insultos para referirse a los maquis. El cabo Bigarda (En un viejo pa?s) los llama ?canallas? y el somatenista ?perros?. 248 bando republicano como plagado por una enfermedad y sugiere que la izquierda estaba bajo una sola bandera, la comunista, dibuja a las fuerzas sublevadas en Oviedo de manera positiva calific?ndolos como ?defensores? y habla de sus ?esperanzas de ser liberados? (70). Aunque Ferreras usa casi exclusivamente el vocablo ?bandoleros? para referirse a los resistentes, a veces emplea t?rminos menos denigrantes como ?huidos?, ?escapados?, ?guerrillas?, o ?resistencia?. En la ficci?n, se sigue viendo la preferencia de unos t?rminos u otros dependiendo de la percepci?n que el personaje o narrador tiene de los resistentes. En El puente de hierro, Leonardo Rib?n, quien lider? los grupos de civiles que mataban a republicanos tras el t?rmino de la contienda, habla de ?los bandoleros de la sierra? (Gavela 38). Tanto los personajes que apoyan a los guerrilleros como aqu?llos que est?n en su contra usan los vocablos ?maquis? y ?huidos?. Los que son favorables a los resistentes tambi?n se refieren a ellos como ?los del monte?. El narrador, por su parte, usa las voces ?guerrilla? y ?maquis?. As? pues, se puede decir que el tono de la novela es, en general, favorable a la lucha clandestina. ?sta suele ser la tendencia general de la narrativa de esta etapa. Hay casos de guerrilleros y personas favorables a su lucha que emplean vocablos que retratan una imagen negativa de los resistentes, pero estas representaciones suelen ser matizadas u obligadas. En La noche inm?vil, F?lix responde a las preguntas de los civiles, las cuales usan frases como los ?bandoleros del monte? y los ?bandoleros comunistas?, que sugieren una percepci?n negativa de los resistentes: ?Yo no s? c?mo van por el monte los bandoleros que usted dice? (Cervera 41). Aunque F?lix est? a favor de la guerrilla, parece sentirse obligado a usar este t?rmino que le resta a la misma su motivaci?n pol?tica delante de los guardias. De manera similar, Chano (En un viejo pa?s) 249 comenta las diferentes fases de su lucha en defensa de la misma ideolog?a durante la guerra y posguerra: ?Empezamos siendo anarquistas revolucionarios, nos convertimos luego en guerrilleros de la Rep?blica y ahora nos vemos obligados a actuar como salteadores y bandoleros? (Tranc?n 52). A pesar de que los ?ltimos dos t?rminos sugieren una visi?n negativa de la lucha, no son necesariamente un intento de difamar, sino una indicaci?n de la capacidad del guerrillero de reconocer la precariedad de su situaci?n y el hecho de que la primac?a de su supervivencia no les permite hacer las actividades pol?ticas que anteriores.277 La importancia de esta reflexi?n sobre la terminolog?a se aprecia al recordar las ideas de Pennebaker y Banasik que mostraron que el vocabulario usado para comentar un suceso influye en c?mo ?ste se graba en la memoria. As? pues, el hecho de que se usen vocablos representativos de ambos bandos en la quinta etapa aumenta la probabilidad de que los lectores de estos textos se formen im?genes m?s diversas que aqu?llos que leyeron alguna obra favorable al r?gimen editada en la segunda etapa. De esta manera, la divisi?n de las obras literarias en cinco etapas que reflejan las memorias forjadas en diferentes momentos ayuda a comprender no s?lo c?mo las obras han evolucionado, sino tambi?n c?mo afectan la memoria colectiva. La imagen de la evoluci?n de las obras art?sticas y su influencia sobre el recuerdo com?n, sin embargo, se har? m?s completa en los cap?tulos siguientes. 277 Otro ejemplo de En un viejo pa?s es la imagen que Julia tiene de Ramiro. Al sacar del bulto el arma de ?ste, le surge a la historiadora la idea de que Ramiro es un asesino. ?l le adivina su pensamiento y le explica que ?soy un homicida, pero un homicida de guerra? (153) y pone su acci?n en el contexto de la contienda que crea ?la posibilidad de que te maten en cualquier momento y, por lo tanto, la necesidad que tienes de matar? (152-53). 250 Cap?tulo 5. La memoria y el cine de la guerrilla (1936-1975) Tal como los textos literarios, los visuales, como documentales y pel?culas de ficci?n, tambi?n tienen su relaci?n con la memoria. Las im?genes ofrecidas en las obras cinematogr?ficas captan un fragmento de la memoria colectiva del grupo al que el director y otros (guionista, actores, protagonistas, etc.) pertenecen. De manera similar, la evoluci?n de estas obras muestra quien ten?a el poder para dar su perspectiva sobre este tema. Debido a que la producci?n f?lmica est? influida por el mismo contexto socio- pol?tico que afecta la producci?n literaria, no es sorprendente que la evoluci?n del cine sobre la resistencia siga en general las tendencias vistas en la narrativa.278 Durante el primer per?odo (1936-1950) pocas obras retratan la resistencia antifascista puesto que despu?s del t?rmino de la contienda se produce un per?odo de silencio en el que los directores favorables al nuevo r?gimen no se atreven a acercarse al tema ya que estos a?os corresponden con el apogeo de la resistencia. Los directores favorables a la Rep?blica, por su parte, no pudieron producir pel?culas dentro de Espa?a y pocas se estrenaron en el extranjero. El segundo per?odo (1951-1975) comienza cuando los cineastas profascistas recobran su voz el mismo a?o que sus correlatos en el mundo literario. La primera d?cada de esta fase muestra el dominio en la producci?n art?stica por parte de los directores adictos al r?gimen, lo cual contrasta con lo que se observ? en la narrativa del mismo per?odo. Una voz espa?ola favorable a la Rep?blica y a los luchadores clandestinos no se escucha hasta 1966, treces a?os despu?s de la novela de Sender. Aunque en la segunda etapa de las obras literarias muchos espa?oles publicaron novelas en el exilio, esta pel?cula, La guerre est finie, con gui?n de Jorge Sempr?n es la 278 Los ap?ndices B (Cronolog?a de obras cinematogr?ficas) y D (Clasificaci?n de obras cinematogr?ficas) ayudan a visualizar las etapas de forma m?s escueta al considerar el an?lisis de ellas. 251 ?nica que se estren? en el extranjero con direcci?n o gui?n de un espa?ol. S?lo dos directores espa?oles producen filmes en Espa?a sobre la resistencia antes del t?rmino de la ?poca franquista. Durante la transici?n democr?tica y los primeros a?os de libertad se observa un declive en la producci?n f?lmica que se?ala un per?odo de amnesia. En la cuarta etapa, el tema surge de nuevo en la memoria colectiva pues desde 1985 hasta 1996 se producen veintid?s obras f?lmicas sobre la resistencia. Este n?mero se superar? en el ?ltimo per?odo (1997-2006) cuando se estrenan trece pel?culas y treinta y ocho documentales. Primera etapa: los a?os de la guerra y el silencio de la primera posguerra Durante los a?os de la guerra, s?lo un filme fue producido cuyo t?tulo parece relevante para el tema en cuesti?n, Resistencia en Levante (1938?) dirigido por Rafael Gil.279 Aunque no pude consultarlo, es posible comentar algunas caracter?sticas de la obra. Debido a su producci?n durante la guerra, es probable que se parezca a las dem?s obras de esta ?poca. Se pueden tomar como punto de referencia la novela de Herrera Petere o las obras cinematogr?ficas como las que se incluyen en la serie La guerra filmada (2006).280 Tanto los textos escritos como los visuales producidos durante la contienda muestran una clara preferencia por un bando y, por la cercan?a a los hechos, algunos resultan no s?lo tendenciosos sino hasta propagand?sticos. Rafael Gil rod? varios documentales propagand?sticos para el gobierno republicano: Soldados campesinos (1938), con Antonio del Amo, Ametralladoras 279 Aunque este documental de diecis?is minutos aparece en la base de datos del Ministerio de Cultura, no se encuentra en los principales centros de investigaci?n incluyendo la Filmoteca Espa?ola, la Biblioteca Nacional, y las bibliotecas p?blicas de Madrid. A pesar de que el t?tulo sugiere que trata la guerra irregular, no es ninguna garant?a de que el filme no retrate la lucha convencional. 280 Esta serie de documentales muestra grabaciones hechas por ambos bandos durante la guerra. 252 (1939?)281 y Resistencia en Levante. Sin embargo, su director produjo otra pel?cula, Muri? hace 15 a?os (1955), que no deja la menor duda de su adhesi?n al r?gimen fascista y al final de la guerra produjo otros cortometrajes para los vencedores: La corrida de la victoria (1939), Flechas (1939) o Luz de Levante (1941?) ?donde reconstruy? con la c?mara el punto de vista de Jos? Antonio desde la ventana de su celda en la c?rcel de Alicante? (Borau 411). No obstante, el t?tulo de Resistencia en Levante alude a la oposici?n levantina ante el avance de las tropas rebeldes.282 Despu?s de esta posible producci?n sobre la lucha guerrillera, ?sta recibe poca atenci?n hasta principios de los a?os cincuenta. Igual que sus equivalentes literarios, el silencio casi total de los cineastas republicanos se debe a la imposibilidad de dirigir en Espa?a un filme favorable a este bando.283 Los directores afines al r?gimen fascista, por su parte, mantienen sus c?maras apagadas pues, debido al apogeo de la resistencia, hay dudas sobre la estabilidad de la dictadura. S?lo tres obras producidas en el extranjero trascienden el tupido velo que se corre sobre el tema de la lucha guerrillera. La pel?cula que Andr? Malraux grab? durante la guerra, Espoir, Sierra de Teruel (1945) no se distribuy?, seg?n Crowther, hasta terminada la Segunda Guerra Mundial.284 Basada en su novela, L?espoir, la pel?cula alterna entre un grupo de aviadores y unos 281 Seg?n la base de datos del Ministerio de Cultura la pel?cula es de 1939, pero Borau la fecha en 1938. 282 El autor de la entrada sobre Gil, Jos? Luis Garc?a de Due?as, (Borau 411-12) fecha Resistencia en Levante en 1939, por lo que tambi?n podr?a aludir a la resistencia pol?tica de la Rep?blica tras la ca?da de Catalu?a. Aunque podr?a parecer sorprendente que un director cambiara de bando, es preciso tener en cuenta que eso es precisamente lo que ocurre con otro. Como se?ala, Carlos F. Heredero, Arturo Ruiz Castillo particip? en La Barraca de Lorca y en las Misiones Pedag?gicas de la Rep?blica. Asimismo, film? varios cortometrajes de propaganda para el gobierno republicano durante la guerra. No obstante, Dos caminos (1953) es claramente una pel?cula que se decanta hacia el bando vencedor. 283 Los que se exiliaron (principalmente en Francia), encontraron las mismas dificultades que limitaron la producci?n literaria: el internamiento en campos de concentraci?n, la barrera ling??stica y las dificultades socio-econ?micas exacerbadas al encontrarse en medio de otra guerra (la Segunda Guerra Mundial). Los medios necesarios para producir una pel?cula, sin embargo, vuelve la realizaci?n de una obra cinematogr?fica m?s dif?cil que una literaria. 284 Ver Naharro Calder?n en Aub. 253 resistentes en la ciudad que planifican volar un puente en Teruel. Casi lo ?nico que se aprecia de los guerrilleros, aparte de ser gente sencilla opuesta al levantamiento militar, es sus pocos medios (cuentan con algunas armas y veinte balas) y la precariedad de su misi?n. Cuando dos se estrellan contra un ca??n para que los dem?s puedan seguir adelante, no se produce ning?n alarde de su sacrificio.285 Los fascistas, por su parte, s?lo aparecen a lo lejos y, por ello, tampoco es posible ofrecer un an?lisis de su caracterizaci?n. For Whom the Bell Tolls (1943), una adaptaci?n f?lmica que Sam Wood dirige basada en la novela de Hemingway, muestra la Espa?a de 1937, pero no se estren? en la pen?nsula hasta el 18 de julio de 1978. Robert, quien colabora con el ej?rcito republicano haciendo sabotajes de trenes y puentes que el Servicio de Inteligencia Militar le encarga, busca la ayuda de varias partidas de huidos para llevar a cabo el segundo atentado. Aunque se grab? poco despu?s de terminar la contienda, un momento en el que era com?n que las obras mostraran una clara preferencia por uno de los dos bandos, la pel?cula de Wood no hace una clara divisi?n de buenos y malos entre los resistentes y las tropas rebeldes.286 La representaci?n de Robert en general es positiva pues la intriga amorosa, que ocupa gran parte de la pel?cula, sirve para resaltar el sacrificio y hero?smo del protagonista. Cuando la partida huye despu?s de volar el puente, Robert es herido. Le dice a Pilar, el l?der287 de la partida con la que Robert convive durante tres d?as, que 285 Lo mismo no se puede decir sobre los aviadores que bombardean el puente. La ?ltima escena de la pel?cula que escenifica el rescate real que Malraux organiz? para recuperar a los aviadores que se estrellaron en el monte muestra un desfile y entierro digno de un h?roe. 286 Ver Vernon. 287 Pilar sustituye a Pablo tras una discusi?n en la que ?ste se opone al sabotaje del puente ya que la mayor?a de la partida no est? de acuerdo con ?l. 254 quiere hablar con Mar?a, pero que la arranque de sus brazos cuando ?l se lo diga porque no va a querer irse de su lado. As? lo hace y le deja con un arma para proteger la retirada de los huidos. El sacrificio del h?roe se comenta en otros momentos tambi?n. Brevemente se indica que dej? su puesto como profesor en una universidad en los Estados Unidos para venir a Espa?a y combatir del lado de la Rep?blica.288 S?lo una acci?n podr?a manchar la imagen del h?roe. Robert mata a su compa?ero cuando ?ste es herido en un tiroteo tras realizar el primer sabotaje. Aunque su compa?ero se lo pidi?, el h?roe tacha el acto de asesinato y le molesta haber cumplido su promesa. Los del monte, por su parte, est?n lejos de ser los buenos de la pel?cula pues son capaces de matar a sangre fr?a y sus propias palabras y las del h?roe los dibujan como ladrones. Cuando Robert mata a un soldado fascista, el protagonista le dice a uno de los huidos que deje en paz los bolsillos del muerto. Asimismo, un comentario de ?El Sordo?, el l?der de otra partida, sugiere que ?l y sus amigos son ladrones.289 Otro caso que dibuja a los huidos desfavorablemente es la traici?n de Pablo. Los dem?s miembros de la partida votan por matarlo, pero no lo hacen. Luego, Pablo mata a sangre fr?a a tres hombres que ayudan a realizar el sabotaje para quedarse con sus caballos de forma que la gente de su grupo pueda huir despu?s de volar el puente. Como ellos no pertenecen a su partida, 288 Seg?n me refiere Naharro Calder?n, tras el personaje de Robert Jordan, se puede dibujar Robert H. Meniman, profesor de la Universidad de Nevada, Reno, el primer comandante de la Brigada Lincoln, desaparecido en la batalla de Belchite. Ver American Commander in Spain de Marion Meniman y Warren Lenude. 289 Por un lado, la representaci?n de los huidos es m?s negativa en la pel?cula que en la novela pues estos comentarios no existen en la obra de Hemingway. En la obra literaria el huido que desvalija los bolsillos del fascista parece hacerlo para obtener su documentaci?n y el hecho de que ?El Sordo? robe caballos se atribuye a su colaboraci?n en el sabotaje del puente y la necesidad de m?s monturas para huir tras su destrucci?n. Por otro lado, la eliminaci?n en la pel?cula de la historia de Pilar sobre el sangriento asesinato de fascistas en su pueblo durante los primeros d?as de la guerra dibuja m?s favorablemente a las personas que luchaban en contra de la sublevaci?n. Otra diferencia entre las dos versiones es la manera en que se caracteriza a la partida. En la novela se usan los t?rminos ?guerrilleros? y ?guerrilla? varias veces para referirse a las partidas y sus miembros y hay referencias a otras acciones que han llevado a cabo para hostigar a los fascistas. La carencia de estos aspectos retratan a los resistentes m?s como huidos en la versi?n cinematogr?fica. 255 Pablo no siente remordimientos elimin?ndolos incluso cuando se da cuenta de que los asesinatos no sirvieron para nada pues los dem?s ya hab?an encontrado suficientes caballos. Las fuerzas fascistas, por su parte, nunca se observan de cerca y su caracterizaci?n es muy limitada. Durante los enfrentamientos aparecen como enemigos, pero no son calificados ni descritos a parte de c?mo los retrata la narraci?n de Mar?a. Aunque For Whom the Bell Tolls no plantea las causas de la guerra civil, s? expone por qu? los huidos est?n refugiados en el monte. La raz?n de ser del grupo se representa a trav?s de la historia de Mar?a que, debido a su pelo corto, siente la necesidad de contarle a Robert c?mo los sublevados se lo raparon al cero tras fusilar a sus padres. Tambi?n fue violada y hecha prisionera, pero los huidos la rescatan de un tren saboteado en el cual iba presa. La represi?n fascista tambi?n se comenta cuando Pablo intenta convencer a Robert de que no vuele el puente. Teme que esta acci?n atraiga la atenci?n de los rebeldes y que ?stos persigan a las partidas a muerte. As? pues, a trav?s de las descripciones de las represalias contra personas opuestas a los militares sublevados se proyecta su imagen negativa. Igual que se observ? en la narrativa, la representaci?n de la sexualidad de ambos bandos en el cine, como se acaba de apreciar por la violaci?n de Mar?a, crea a veces im?genes desfavorables de un lado o del otro. El amor en esta pel?cula no es er?tico y los personajes no se presentan sexualmente. Las preguntas que Pilar le hace a Robert sugieren que es un gal?n, pero la relaci?n que tiene con Mar?a resulta bastante inocente pues no parecen hacer m?s que acurrucarse bajo las estrellas. La castidad y el pudor de Mar?a se resaltan cuando le confiesa a Robert que es el primer hombre al que ha besado y 256 despu?s de contarle que fue violada, expresa su temor a que ?l ya no la quiera. As? pues, si la representaci?n de la sexualidad de los resistentes provocara alguna reacci?n en el espectador, probablemente ?sta ser?a la de sentir m?s l?stima por la joven agredida debido a su inocencia. El ?ltimo filme de esta etapa, Un h?roe del pueblo espa?ol: Jos? G?mez Gayoso (1948), fue producido por Cuba Sono Films, pero no se conoce director. El Partido Comunista cre? Cuba Sono Films en 1938 y la entidad existi? hasta 1948. Aunque no he podido localizar una copia de la obra, el documental parece centrarse en la vida de Jos? G?mez Gayoso, el secretario general del PCE en Galicia que fue ejecutado junto a Antonio Seoane S?nchez. Ambos eran los m?ximos responsables de la resistencia gallega. Segunda etapa: la versi?n oficial y las visiones de oposici?n 290 La historia oficial y el cine af?n al r?gimen fascista Cuando el inter?s en el tema se renueva a principios de los a?os cincuenta hasta mediados de los sesentas, las pel?culas favorables al r?gimen tienen un claro predominio sobre las que se narran desde la perspectiva de los republicanos. Durante las mismas d?cadas en que vieron la luz las novelas afines al gobierno de Franco, varios cineastas dirigieron pel?culas sobre la resistencia antifascista que tambi?n tendr?an su influencia en el desarrollo de la memoria de la lucha clandestina. Una de las primeras pel?culas que retrata la resistencia es Rostro al mar (1951) del director Carlos Serrano de Osma.291 En esta obra, un soldado republicano, Alberto, huye 290 Para facilitar la comprensi?n de las obras de este per?odo, est?n dividas en dos grupos seg?n su acercamiento al tema. 257 a Francia para no caer en manos de los sublevados, pero en el pa?s vecino su situaci?n no parece mejorar pues sus camaradas intentan eliminarlo cuando decide dejar la lucha clandestina y volver a Espa?a. En 1953, Arturo Ruiz Castillo dirige una cinta en la que hasta el t?tulo mismo, Dos caminos, subraya la divisi?n entre buenos y malos. Miguel y Antonio, antiguos camaradas del bando vencido, vuelven a encontrarse a?os despu?s de haber escogido dos rutas diferentes al t?rmino de la guerra civil. Antonio acept? la pax franquista, pero su ex camarada contin?a la lucha como maquis. Al a?o siguiente, otra historia de car?cter maniqueo llega a la gran pantalla, Lo que nunca muere de Julio Salvador. Esta vez los hombres que se enfrentan, Carlos y Enrique, son hermanos. En Muri? hace 15 a?os (1955) de Rafael Gil, un ni?o de la guerra, Diego, vuelve de la U.R.S.S. para espiar y luego acabar con un agente del r?gimen franquista, su padre. El mismo a?o, Margarita Alexandre y Rafael Torrecilla dirigen La ciudad perdida, una adaptaci?n de la novela de Mercedes F?rmica. Tras una refriega con la polic?a, el ?nico superviviente de un grupo clandestino del PCE secuestra a una joven viuda rica. Otra pel?cula de 1955, Suspenso en Comunismo de Eduardo Manzanos, toma una nueva direcci?n presentando de forma burlesca a tres comunistas espa?oles que preparan un sabotaje. Al a?o siguiente, las pel?culas vuelven a tener un tono dram?tico pues Torrepartida (1956) de Pedro Lazaga muestra a dos hermanos enfrentados. En 1960, Le?n Klimovsky realiza La paz empieza nunca, una versi?n cinematogr?fica de la novela de Emilio Romero, y Antonio Isasi Isasmendi produce Sentencia contra una mujer, una adaptaci?n de la novela de Manuel Arce. Un a?o despu?s, Miguel Iglesias dirige Carta a una mujer, la cual narra la historia de un resistente que trae una misiva a la mujer de su 291 Una pel?cula que precede Rostro al mar, En un rinc?n de Espa?a (1948) de Jer?nimo Mihura, trata de la guerrilla antifascista aunque no pude consultarla. 258 compa?ero de cautiverio.292 Despu?s de la producci?n de A tiro limpio (1963) de Francisco P?rez-Dolz, que narra las actividades de unos pistoleros en Barcelona, los directores afines al r?gimen franquista pierden inter?s en la resistencia y s?lo producen algunas pel?culas m?s sobre este tema.293 Once a?os m?s tarde Jos? Antonio de la Loma dirige Metralleta Stein (1974) que traza la caza y eliminaci?n de la partida de Mariano Beltr?n.294 En 1975 Jos? Antonio Nieves Conde realiza Casa Manchada, una adaptaci?n de la otra novela de Emilio Romero.295 Finalmente, Pedro Lazaga dirige El ladrido (1977), una adaptaci?n de la novela de Mu?iz.296 En cuanto al estilo y enfoque de las obras de este grupo, la mayor?a se ocupan principalmente de la resistencia. Hay algunas excepciones tales como Carta a una mujer y Casa Manchada, lo cual no sorprende pues las obras en las que se basan estas pel?culas dedican poca o ninguna atenci?n a la guerrilla antifranquista. Casi todos los filmes son dramas salvo la ya mencionada excepci?n Suspenso en Comunismo. Mientras que muchas de las pel?culas tienen un desarrollo m?s pausado, algunas, como Metralleta Stein y A tiro limpio, tienen escenas de acci?n como atracos, huidas y tiroteos. 292 Esta pel?cula est? basada en una obra de teatro de Jaime Salom, El mensaje (1963), que se estren? en el Teatro Arriaga de Bilbao el 14 de mayo de 1955. Aunque en el drama la presentaci?n de la ficha de Germ?n ?El Asturias? indica que fue ?afiliado a partidos extremistas, agitador, con cargos pol?ticos durante la guerra y nuevos delitos . . . Huye al extranjero, [y] es juzgado en rebeld?a?, sus ?delitos? parecen terminar cuando la guerra se acaba (Salom 31). As? pues, en contraste con la versi?n cinematogr?fica, el drama no asocia la vuelta de Germ?n a Espa?a con la resistencia armada. 293 Otra pel?cula que trata parcialmente de la resistencia antifranquista es Un puente sobre el tiempo (1964) de Jos? Luis Merino. No obstante, tampoco he podido ver esta obra. 294 A pesar de las semejanzas entre este personaje y el guerrillero real ?Quico? Sabater, las actividades de Beltr?n parecen desprovistas de cualquier indicio de una inspiraci?n pol?tica. Esta manera de dibujar la lucha armada ser? uno de los aspectos que se analizar?n m?s adelante. 295 Aunque durante estos a?os se empiezan a producir algunas pel?culas que se narran desde la perspectiva de los vencidos, estas obras se comentar?n en la secci?n dedicada al cine que se opone a la versi?n oficial. Tambi?n requieren una breve menci?n dos pel?culas que se produjeron sobre la resistencia contra Napole?n durante esta etapa, Los guerrilleros (1962) de Pedro L. Ram?rez y La guerrilla (1972) de Rafael Gil, pues sirven como contraste interesante con las pel?culas sobre la resistencia antifranquista de la misma ?poca ya que dibujan mucho m?s favorablemente a los resistentes. No obstante, no recibir?n mayor comentario por ser ajenas al tema de este estudio. 296 Aunque esta obra se produjo tras la muerte de Franco, la menciono en esta secci?n para no repetir las caracter?sticas del cine af?n al r?gimen en el an?lisis del tercer per?odo. 259 Carlos F. Heredero ha sugerido el tinte polic?aco de estas dos pel?culas. El papel de la polic?a es muy limitado en A tiro limpio y Carta a una mujer, pero Metralleta ?Stein? otorga mayor protagonismo al comisario. Esta pel?cula y A tiro limpio tambi?n recuerdan algunos aspectos del cine negro como el tono melanc?lico. El polic?a que persigue a Mariano Beltr?n en Metralleta Stein y el guerrillero mismo parecen proyectar la misma desilusi?n, enajenaci?n y obsesi?n para acabar con el otro. No obstante, otros aspectos de la pel?cula, como el uso de la luz, se acercan m?s a un estilo realista pues muchas escenas ocurren de d?a bajo un sol que ilumina todo. En Rostro al mar, en cambio, la extrema oscuridad en las escenas relacionadas con los campos franceses resalta la miseria de la situaci?n de Alberto. En general las pel?culas siguen un estilo realista, pero se observan algunas divergencias que incluyen los planos fijos en Metralleta Stein que resaltan la muerte de Mariano Beltr?n y los flashbacks en Dos caminos. Antes de centrarse en el an?lisis detallado de los filmes, es preciso considerar algunas diferencias entre la literatura y el cine como por ejemplo el dominio de sus respectivos mercados durante la ?poca franquista. Como se observ? en el cap?tulo anterior, algunos exiliados favorables a los resistentes publicaron obras narrativas desde 1953 hasta la muerte de Franco. En el campo del cine, sin embargo, el silencio es total desde 1948 hasta 1964. As? pues, aunque algunos lectores podr?an haber encontrado una copia clandestina de una novela publicada en el exilio, habr?a sido imposible ver en la Espa?a franquista una pel?cula que representara la voz de los resistentes. En el caso de una novela, no era tan dif?cil ?debido a su tama?o? pasarla clandestinamente por la frontera y hacerla circular entre grupos de conocidos. Las pel?culas, en cambio, eran 260 voluminosas y pesadas pues en esa ?poca el ?nico formato disponible era el celuloide.297 No s?lo habr?a sido dif?cil esconderlas en la frontera y hacerlas circular, sino exhibirlas tambi?n puesto que har?a falta el equipo necesario para proyectarlas. Aunque durante la dictadura de Franco se produjeron tres pel?culas en el exilio desde la perspectiva de los vencidos, ninguna se estren? en Espa?a hasta que regres? la democracia. Seg?n la ficha en la base de datos del Ministerio de Cultura, For Whom the Bell Tolls (1943) no se puso en cartelera hasta 1978. Behold a Pale Horse (1964) no s?lo fue prohibida en Espa?a, sino que tambi?n le cost? a Columbia el derecho de distribuir otras pel?culas en la pen?nsula.298 En cuanto a la ?ltima pel?cula, La guerre est finie (1966), no hay ficha para ella en la base de datos del Ministerio de Cultura. No obstante, la p?gina web de The Internet Movie Database indica fechas y pa?ses de estreno hasta 1976 para el filme franc?s, pero ninguno de ellos incluye Espa?a.299 As? pues, con respecto al cine af?n al r?gimen, se puede considerar que no s?lo ayudaba a establecer la versi?n oficial, sino que ?sta fue la ?nica difundida por los cines espa?oles hasta casi el final de la ?poca franquista ya que no se pudo ver una pel?cula narrada desde la perspectiva de los vencidos hasta que se estren? en Madrid El esp?ritu de la colmena 297 Sin mi experiencia en la Filmoteca Espa?ola, dudo que hubiera llegado a apreciar este hecho. Aunque muchas de las pel?culas las han adaptado a formatos modernos como VHS o dvd, vi Torrepartida (1956) en su formato original en celuloide. Cuando me dieron el rollo gigantesco, me qued? impresionada. Mi asombro s?lo aument? cuando me trajeron el resto de la pel?cula, cuatro rollos m?s. Hasta pel?culas tan tard?as como Casa Manchada (1975) tambi?n se conservan s?lo en rollos de 35mm. 298 Seg?n Neal Moses Rosendorf, Zinnemann entreg? una copia del gui?n, basado en una historia verdadera, al Ministerio de Informaci?n y Turismo ?in an attempt to get permission to film part of the movie on location in the Basque region. When Fraga read the script, he became apoplectic and immediately issued an ultimatum to Columbia: if Behold a Pale Horse was made ?anywhere?it would be banned in Spain, all Columbia pictures would be refused a Spanish release, and Columbia?s Spanish subsidiary would be permanently shut down. However, to its credit, Columbia did not capitulate. Zinnemann made his movie in France, and Fraga duly followed through on his threat to kick the studio out of Spain. Columbia sacrificed millions in lost revenue as a result over the next several years. Ironically, Behold a Pale Horse was a box-office failure that was quickly withdrawn from release? (95). 299 En la bibliograf?a secundaria se indica la direcci?n de estas p?ginas web. 261 (1973) el 8 de octubre de 1973.300 Estos factores junto con otros como los altos ?ndices de analfabetismo (que limitar?an el alcance de la literatura), la popularidad del cine y su forma de difusi?n masiva ayudan a entender el dominio que el cine profranquista tendr?a sobre la formaci?n de la memoria colectiva durante esta ?poca. Otras diferencias entre las representaciones literarias y sus correlatos cinematogr?ficos incluyen la manera en que se desprestigia la resistencia. La conversi?n de un personaje al desenga?arse con la ideolog?a izquierdista que era poco com?n en las novelas deviene un t?pico en las pel?culas. Buena parte de los protagonistas ya no son retratados como criminales comunes, sino como personas equivocadas que en ciertos casos vuelven al redil despu?s de desenga?arse. Como premio por redimirse, estos personajes conservan y recomienzan su vida felices y libres del enga?o comunista. Para los resistentes que no se desilusionan con la teor?a izquierdista, s?lo existen dos posibilidades en el cine af?n al r?gimen. Si se trata de un personaje principal, la ?nica soluci?n viable es la muerte ya que al no arrepentirse de sus ?errores? no puede haber un final feliz: un galard?n no merecido. En estos casos, los resistentes son caracterizados como obstinados en su error e irredimibles hasta el mismo instante de su muerte. Si el personaje que no pierde la fe en su ideolog?a desempe?a un papel secundario, su estado vital no parece tan importante pues en algunos casos estos personajes no mueren. Esta diferencia probablemente se debe a que su muerte no habr?a producido un efecto tan dram?tico. Otro contraste apreciable es la caracterizaci?n de la resistencia. Los cineastas que apoyan la dictadura cambian la imagen de una lucha apol?tica e individualizada por una 300 Dos a?os despu?s lleg? un filme m?s cr?tico con el r?gimen, Pim, pam, pum . . . ?Fuego! (1975) de Pedro Olea. Esta pel?cula se estren? poco antes de la muerte de Franco, el 5 de septiembre de 1975. 262 que reconoce una ideolog?a y organizaci?n. No obstante, ?stas se asocian casi exclusivamente con el Partido Comunista, el cual se erige como una fuerza siniestra y manipuladora controlando a sus marionetas desde el extranjero. El proceso de adoctrinamiento de la teor?a comunista parece m?s bien un lavado de cerebro y los militantes act?an como m?quinas programadas, o peor, cumplen sus misiones coaccionados u obligados por los mandos. De manera similar, los dirigentes son retratados como personas mentirosas, severas y crueles, y las mujeres, cuando se desv?an de estas caracter?sticas, como lascivas y seductoras que en ciertos casos utilizan sus dotes para enga?ar y manejar a los hombres como marionetas. Estos aspectos de las pel?culas favorables a la dictadura de Franco siguen la misma l?nea de la propaganda fascista, como el caso del oro de Mosc?, que muestran el deseo del r?gimen de infundir en el pueblo espa?ol un odio hacia este pa?s comunista.301 Tambi?n es importante recordar que la dictadura de Franco se hizo m?s aceptable a los ojos de las democracias occidentales a medida que se acentuaba la Guerra Fr?a. Tras firmar un tratado con el gobierno estadounidense en 1953, Espa?a estuvo del lado de los EE.UU. en contra de la U.R.S.S. La capacidad de dibujar a los otros ?los comunistas? como el mal, facilitaba la caracterizaci?n de los vencedores como el bien. La representaci?n heroica de las fuerzas represoras es un aspecto com?n a las obras cinematogr?ficas y literarias. Aqu?llas son representadas como personas de car?cter bondadoso y honorable, y al igual que los h?roes de las novelas profascistas, los 301 El mito del oro de Mosc? se refiere al env?o de las reservas de oro del Banco de Espa?a a la U.R.S.S.. Aunque el gobierno republicano ten?a que pagar con estos fondos el material de guerra que recib?a de su aliado, la propaganda fascista trat? este asunto como una traici?n comunista. Ver Beevor y Vi?as. En el Archivo General Militar de ?vila, un noventa por ciento de las referencias a personas que se opon?an a la sublevaci?n (durante la guerra) o a la dictadura (en la posguerra) que consult? usan el t?rmino ?rojo?. Las pocas excepciones emplean el vocablo enemigo. La confusi?n de todas las teor?as de izquierdas concentradas en el comunismo se deb?a, en parte, al poder del estalinismo sovi?tico y a la obsesi?n particular del propio Franco que no dudar?a en enviar la Divisi?n Azul a Rusia en 1941. 263 protagonistas de estas pel?culas est?n dispuestos a inmolarse por una causa que consideran noble y justa. La pel?cula de Pedro Lazaga, Torrepartida, ejemplifica la caracterizaci?n de las fuerzas p?blicas y las personas afines al r?gimen como valientes, sacrificadas y bondadosas. Antonio, un capit?n de la Guardia Civil, se re?ne con Ram?n, el alcalde, y le indica que ya no tiene dudas de que Manuel, el hermano de Ram?n, colabora con la partida de Rafael. Acuerdan que su detenci?n es la mejor soluci?n pues as? ?l no podr? meterse en una situaci?n m?s grave. De este modo, se destaca la bondad de los elementos del r?gimen pues su intenci?n es ayudar a Manuel salv?ndolo de s? mismo. No obstante, ?ste huye del pueblo y se une a la partida. El secuestro del hijo de Antonio permite resaltar el sacrificio y la rectitud del capit?n compar?ndolo con la debilidad de su mujer que intenta convencerle de que entregue el dinero a la partida insisti?ndole en que tiene la obligaci?n de salvar a su hijo. Antonio, sin embargo, se niega a pagar el rescate y responde que ?ellos cuentan sobre todo con la cobard?a de la gente. Con los que como t? prefieren claudicar y pactar con el crimen?. As? pues, se sugiere la valent?a del guardia civil al indicar que no elige la opci?n que la mayor?a de la gente escoge inspirada por el miedo. Cuando Antonio resalta su obligaci?n de cumplir la ley, Mercedes expone que quiere a su hijo y est? dispuesta a luchar contra ?l pues no quiere saber nada sobre c?digos. Aunque Antonio le promete que salvar? a su hijo sin darles un c?ntimo, la decisi?n de cumplir con su deber hacia la ley antes que con su deber como padre le cuesta la vida del hijo. 302 302 De esta manera, la pel?cula utiliza el paradigma de Guzm?n el Bueno y de la falsa detenci?n y muerte del hijo del Coronel Moscard? durante el asedio al Alc?zar de Toledo en 1936. 264 La rectitud del capit?n parece intachable pues, a pesar del asesinato de su hijo, trata bien a Manuel cuando est? detenido. Le pide cordialmente que colabore para acabar con la partida razonando que su ca?da es cuesti?n de d?as o semanas pues ya est? deshecha y as? se acabar? antes con los cr?menes y el sufrimiento de todos. Cuando Manuel contesta negativamente, su hermano se impacienta y le grita, pero el civil le trata amablemente d?ndole unas palmadas en la espalda y dici?ndole que se lo piense. La pel?cula del director Rafael Gil, Muri? hace 15 a?os (1955), tambi?n caracteriza a las fuerzas represoras como valientes y sacrificadas. Despu?s de pasar su adolescencia en la U.R.S.S., Diego vuelve a Espa?a para seguir los pasos de un elemento del r?gimen.303 Guetti, su jefe comunista, le entrega una foto del hombre en cuesti?n y al observar que no lo recuerda, le explica que es su padre. El parentesco, sin embargo, no parece plantear ning?n problema para el joven militante. Cuando desciende del avi?n, Diego recibe a su padre y a su prima fr?amente, pero los dos atribuyen su reacci?n a los a?os que han estado separados. Despu?s de vivir un tiempo con su familia, Guetti coacciona a Diego para que siga un plan y acabe son su padre. El hijo llama a su progenitor y le dice que si no acude al lugar que le indica, Guetti lo matar?. Mientras se va acercando la hora indicada, Diego recela cada vez m?s y acaba por volver a su casa, pero su padre ya ha salido. Aunque Diego le alcanza y confiesa el enga?o, el sacrificio de este miembro de la fuerza p?blica, piensa acudir a la cita trampa para mostrar a su hijo su abnegaci?n ideol?gica frente a la comunista. Aunque en este caso, el sacrificio no llega a cumplirse, la disposici?n del padre a cambiar su vida por la de su hijo subraya su valent?a y entrega. 303 Coincide con el a?o de retorno desde Rusia a Espa?a de los primeros ?ni?os de la guerra? evacuados en 1937 a la U.R.S.S. y otros pa?ses (Naharro Calder?n, Hacia el exilio 39). Ver tambi?n Alted. 265 En contraste con esta actitud ?generosa?, el Partido Comunista y sus mandos son representados como deshumanizados y hasta crueles pues manipulan, coaccionan o enga?an a sus adeptos.304 El atropello de la voluntad del individuo se resalta desde la primera escena de Muri? hace 15 a?os pues Diego es obligado a abordar un barco que lo llevar? a la U.R.S.S. cuando ni?o.305 Grita que no quiere ir e intenta escapar, pero un hombre lo agarra y lo sube abordo. Despu?s de pasar dos d?as incomunicado, lo llevan a hablar con Guetti. ?ste le da un bollo de pan que el ni?o engulle. Por la joven edad del protagonista, el castigo resulta demasiado severo, casi cruel. Guetti da comienzo al proceso de someter la voluntad del individuo a la del Partido y destruir los lazos de parentesco en pro de los v?nculos que el Comunismo propone. Le arranca un medall?n del cuello y le quita los dem?s objetos personales que incluyen una foto de ?l con su prima. En la U.R.S.S., le adoctrinan para pensar que est?n en guerra con los burgueses y que la familia y la religi?n son sentimientos enfermizos. Se proyecta escena tras escena de Diego recibiendo clases sobre la ideolog?a comunista. A?os despu?s parece un robot, pues responde maquinalmente a las preguntas que le hacen sobre la doctrina. As? pues, la educaci?n marxista es representada como un lavado de celebro que deshumaniza a las personas. Despu?s de completar el proceso de cambiar el cari?o y la memoria de la familia por la severidad y la obediencia al Partido, Guetti env?a a Diego a Espa?a para espiar a su propio padre que est? intentando acabar con la organizaci?n clandestina. Los l?deres comunistas parecen unos desalmados no s?lo porque destruyen los lazos de la familia, sino tambi?n porque tratan a sus adeptos como seres desechables. Para ganar la confianza 304 M?s abajo se comentar? la representaci?n de los militantes de menor rango. 305 Nuevamente se aprecia la propaganda franquista sobre los ni?os de la guerra. 266 de los jefes de su padre, Guetti le indica a Diego que entregue a un enlace y, si lo necesita, puede eliminar a otro comunista que el mando trata como un indeseable porque ha fracasado en otras misiones. Despu?s de que Diego denuncia al primero y mata al segundo, Guetti se re?ne con Diego y le comenta el plan para eliminar a su padre. Cuando el militante recela, el mando le amenaza con darle informes a su padre para que sepa la verdad sobre su hijo. La compa?era de Diego tambi?n intenta convencerle aduciendo que Guetti est? intentando salvarlo y que no s?lo est? en peligro la vida de Diego, sino la suya propia. Guetti le dice a su compa?era que si Diego se queda en Espa?a, morir?. As? pues, queda claro que Diego s?lo sigue colaborando con los comunistas porque est? coaccionado.306 Otro buen ejemplo que dibuja a los comunistas como unos l?deres que intentan enga?ar a sus adeptos y eliminar a los militantes incontrolables o fracasados es Rostro al mar de Carlos Serrano De Osama. Esta pel?cula tambi?n ejemplifica c?mo el cine af?n al r?gimen divide a los resistentes en dos grupos opuestos seg?n si se desenga?an de las ideolog?as y luchas izquierdistas o no. En enero de 1939, Alberto, un soldado republicano, e Isabel, huyen hacia la frontera francesa, pero su mujer est? a punto de dar a luz y no puede continuar. Alberto la lleva a una casa y la deja en manos de dos ancianas. Huye a Francia porque las tropas fascistas est?n a punto de llegar, pero all? no tiene toda la libertad que esperaba. El Partido Comunista intenta controlarlo y su temor a ser enga?ado es evidente. En un bar de Marsella, Alberto firma un contrato con un comunista y le pide una copia, pero el hombre le responde que no hace falta y le asegura 306 Como explica Naharro Calder?n en Sangr?as, entre la exageraci?n de la propaganda franquista y del esp?ritu anticomunista de la U.R.S.S., no es posible olvidar la monstruosa realidad del estalinismo sovi?tico, su gulag, sus purgas, su represi?n y adoctrinamiento. Ver tambi?n Furet. 267 que todo est? en regla. ?ste habla con otro y deciden vigilar a Alberto para asegurarse de que coge el tren y va al norte del pa?s para cumplir con la misi?n encargada.307 Despu?s de sufrir el cautiverio de detenciones y campos de concentraci?n, Alberto vuelve al bar de Marsella donde los l?deres comunistas le dicen que ha vuelto muy enfadado, y que debe aprender a callarse. Estos comentarios retratan a los mandos como excesivamente crueles e insensibles pues no les importa el sufrimiento o la muerte de los de menor rango. Asimismo, su comportamiento los dibuja como gente traicionera ya que intentan matar a Alberto cuando sospechan que piensa dejar de colaborar con ellos para volver a Espa?a. Cuando sale del bar, varios comunistas lo persiguen y le disparan, pero Alberto sobrevive al ataque y se re?ne con Isabel. A pesar de los a?os de separaci?n y la infidelidad de Alberto, la reuni?n de la pareja es feliz. Este final no se desv?a de la imagen que las obras afines a la dictadura proporcionaban a los que luchaban contra el ?Alzamiento? o el nuevo r?gimen pues el protagonista muestra su deseo de volver al buen camino. Incluso, sabiendo que arriesga su vida, huye del control de los comunistas y vuelve a Espa?a. As? pues, la resoluci?n de la trama resulta aceptable para los censores del r?gimen franquista pues Alberto est? completamente desenga?ado de cualquier ideolog?a izquierdista cuando se re?ne con Isabel de manera que, para ellos, se ha redimido de sus errores pasados y merece comenzar una nueva vida feliz al lado de su mujer. El desencanto que el protagonista sufre con las causas izquierdistas tambi?n incluye su participaci?n en la guerra civil. Cuando Manuel, un capit?n de la marina 307 Aunque Alberto no llega a realizar acciones en Espa?a, no se pueden separar las actividades clandestinas en Francia de la lucha guerrillera en Espa?a. Algunos historiadores, incluyendo a Mercedes Yusta, han criticado la elisi?n del aspecto internacional de la resistencia antifascista espa?ola en los estudios de este tema, y otros, como Secundino Serrano, le han dedicado un libro entero. 268 fascista y el hijo de una de las ancianas que inicialmente cuidan de Isabel, le pregunta a ?sta sobre el papel de su marido en la guerra, ella le dice que ?no fue mala persona. Estaba enga?ado y se convenci? tarde? (?nfasis m?o). La calificaci?n de su elecci?n del bando republicano como un error tambi?n se aprecia al principio de la pel?cula. De nuevo, es su mujer quien se?ala el yerro de Alberto. Ella intenta convencerle de que no huya, pero Alberto le dice que no cree en el perd?n. Isabel, aludiendo a los fascistas, rectifica que son ellos los que tendr?n que perdonarle a ?l. Otro caso m?s dram?tico que ejemplifica el t?pico del protagonista que colabora en la lucha clandestina y, despu?s de desenga?arse con la ideolog?a comunista, vuelve al buen camino es Muri? hace 15 a?os. Aunque Diego inicialmente colabora con el plan de Guetti para matar a su padre, m?s tarde se arrepiente y le confiesa el enga?o. Cuando su padre insiste en acudir a la reuni?n, Diego, viendo que la fuerza es la ?nica manera de detenerle, le da un golpe que lo deja inconsciente y acude a la cita con Guetti. ?ste piensa que es el padre y le dispara, pero Diego le devuelve el fuego y lo mata. Su padre corre a su lado y Diego le pide perd?n. En la ?ltima escena se resalta el arrepentimiento del desenga?ado pues Diego les dice con tristeza ?cu?nto os he hecho sufrir? a su prima, M?nica, y su padre. ?ste resta importancia a lo ocurrido, pero Diego insiste: ?No lo merezco padre. No os merezco. Yo he pagado vuestro cari?o con la peor deslealtad?. Cuando M?nica le dice que no tiene la culpa, Diego insiste que s?. La vuelta de este hijo pr?digo al redil se simboliza con el abrazo que Diego no le dio a su padre al bajarse del avi?n. Cuando un protagonista enga?ado o adoctrinado no se arrepiente de la ideolog?a comunista y de su participaci?n en la lucha clandestina, el ?nico fin posible en las 269 pel?culas afines al r?gimen franquista es la muerte. As? ocurre en Lo que nunca muere y Torrepartida. En ambas pel?culas hay un hermano que ocupa un puesto de importancia en el r?gimen y otro que colabora con la resistencia contra la dictadura. En Lo que nunca muere, Carlos, el hermano mayor, lucha en el bando vencedor durante la guerra y despu?s de la conclusi?n de ?sta, combate contra la resistencia. Desde el comienzo de la pel?cula se subraya el car?cter heroico de Carlos puesto que recibe una medalla por prevenir un sabotaje planificado por su hermano, Enrique, y otros. Poco antes de comenzar la guerra, el protagonista visita a su familia, pero la polarizaci?n entre Carlos, vestido de militar, y la gente del pueblo es evidente cuando los ni?os del pueblo le tiran piedras y su hermano se niega a acercarse a ?l. Cuando vuelve a coger el tren, se indica que la guerra comienza, pero no se menciona la sublevaci?n militar y se representa la contienda como necesaria o, por lo menos inevitable, debido a los ?continuos cambios de pol?tica y gobiernos irresponsables [que] llevaban la naci?n al caos?. De esta forma, la muerte de sus padres a causa de la guerra hace que el odio de Enrique parezca una condici?n lastimosa que le ciega el buen juicio y le encamina hacia el Partido Comunista. Aunque se le retrate como v?ctima al principio por su tierna edad, su obstinaci?n en seguir el camino errado del comunismo hace que el ?nico desenlace posible sea la muerte. Mientras agoniza en los brazos de su hermano, sus ?ltimas palabras muestran que no se arrepiente de sus acciones pues est? lleno de odio y s?lo le desea mal a ?ste aunque Carlos hab?a intentado ayudarle. Este odio, nacido de su entorno republicano y fomentado por el Partido Comunista, parece incurable salvo con la muerte. As? pues, se observa nuevamente que la representaci?n maniquea determina un final tr?gico para los guerrilleros obstinados y la vida feliz para los que se arrepienten. 270 La clara divisi?n entre buenos y malos (o, si no malos, por lo menos equivocados y/o enga?ados) se subraya en el mismo t?tulo de la pel?cula de Arturo Ruiz-Castillo, Dos caminos (1953). Al principio de la obra, la voz en off indica que hab?a dos caminos tan diferentes como la verdad y la mentira. La pel?cula se hace eco de dos elementos de la propaganda franquista: la paz y la responsabilidad de los que lucharon en contra del ?Movimiento?. Antonio, un soldado republicano y m?dico, ha logrado la paz con la decisi?n honrada y preferible de no huir a Francia, sino volver a su pueblo y apechugar con sus responsabilidades. Mientras Antonio se casa y reconstruye su vida, su ex camarada de la guerra civil, Miguel, sufre las peripecias de los campos franceses y la Resistencia contra los nazis, volviendo finalmente a Espa?a como maquis. ?ste nunca se arrepiente de sus acciones y parece saber que la muerte le espera cuando sale de su escondite. Aunque la representaci?n de los luchadores como obstinados o arrepentidos dibuja la resistencia como un error, a veces se llega a comentar este yerro m?s expl?citamente. Aparte del ejemplo anterior de Isabel en Rostro al mar, Dos caminos subraya la culpabilidad y la equivocaci?n de los que lucharon contra la ?Cruzada? y la dictadura. El alcalde, casi el ?nico que apoya y ayuda a Antonio, apunta que ?la justicia ha dicho que eres inocente, pero tan inocente??. Mueve la cabeza para indicar su desacuerdo. Incluso si el gobierno lo ha perdonado, se sigue representando a Antonio como culpable de sus errores pasados. Adem?s de reiterar la caracterizaci?n de la lucha contra los sublevados y contra la dictadura como una equivocaci?n, se la retrata como carente de sentido e individualizada cuando Miguel manda que los hombres de su partida suban a Antonio al monte para 271 curarle. ?ste le reprocha el atropello de su voluntad: ?Nunca comprender?s lo que vale la paz que me has robado?. Le dice a Miguel que se equivocaba entonces y se equivoca ahora. En su opini?n, no s?lo era un error luchar contra el ?Alzamiento?, sino un esfuerzo sin sentido: ?La gente mor?a est?pidamente? le comenta a su ex camarada. Mientras se proyectan im?genes de soldados republicanos huyendo hacia la frontera francesa, los comentarios negativos de Antonio arrojan una sombra de verg?enza y deshumanizaci?n sobre los de su bando: ?Est?bamos derrotados, ya no ?ramos un ej?rcito. Ni siquiera personas?. Este arrepentido converso resalta la falta de uni?n entre los soldados y la individualizaci?n de la lucha diciendo que todos pensaban en sus propios problemas. Las palabras que el director pone en boca de Antonio, fruto de su deseo de difamar a los que luchaban en contra de los militares sublevados, resultan m?s eficaces para convencer al espectador de que era un error defender la Rep?blica pues muestran que hasta los mismos republicanos pensaban que su causa no ten?a sentido.308 Otras escenas de Dos caminos reiteran que la resistencia es una lucha sin sentido o resaltan la divisi?n interna de los grupos de tendencia izquierdista, una manera eficaz para representar la pugna contra el r?gimen como una amenaza poco seria. Un ejemplo de divisi?n interna se observa cuando Miguel tiene una disputa con el jefe de su partida y ?ste le dispara.309 Luego, cuando la Guardia Civil sube al monte en busca de la partida, un guerrillero, agente infiltrado, le dice a Miguel que sus hombres han huido.310 Aunque sus ?ltimas palabras sugieren su desilusi?n con la resistencia y no quiere volver a huir ni 308 El director tambi?n pone en boca de Miguel descripciones que califican la guerrilla como ?esta locura?. Esta manera de desacreditar la lucha tambi?n se observ? en las novelas profascistas como La paz empieza nunca. 309 La acci?n dr?stica del mando tambi?n vuelve a retratar a los l?deres afines a las ideolog?as izquierdistas como gente traicionera que trata a sus seguidores como marionetas desechables. 310 Adem?s de sugerir la facilidad con la que se produc?an fisuras en las guerrillas, la fuga de los maquis alude a su cobard?a. 272 luchar, Miguel tampoco pretende redimirse. Sale de la cueva y una r?faga de balas acaba con su vida. Las ?ltimas palabras de Antonio subrayan el sinsentido de la lucha antifranquista. Mirando el cad?ver de Miguel, observa: ?Ha sido una locura?. Otra forma de desacreditar la lucha antifranquista incluye la exageraci?n de estereotipos comunistas y la representaci?n de los militantes como severos, hip?critas o imb?ciles incompetentes cuyos ideales son rid?culos o indeseables. En Lo que nunca muere y Suspenso en Comunismo, por ejemplo, los marxistas poco a poco pierden sus ideales y se aburguesan. En la segunda obra, se atribuye el abandono del Partido Comunista y la vida asc?tica en favor de los goces de la clase media al desenga?o de los protagonistas con las ense?anzas marxistas. Desde el principio de la pel?cula, se exageran los estereotipos comunistas pues en un sal?n de clase donde se imparte el curso sobre el comunismo se exhiben retratos muy grandes de Lenin y Stalin acompa?ados por una enorme bandera comunista.311 Cuando la maestra le pide a Bobi que la lleve al cine y la bese, el estudiante responde que no cree ?ni en el amor, ni en la familia, ni en la amistad?. A pesar de la seriedad de este personaje, la pel?cula es claramente una parodia y su adhesi?n a los principios asc?ticos es una burla de los valores comunistas. Poco despu?s de entrar en Espa?a para realizar un sabotaje, se vuelve a poner en rid?culo el ascetismo de Bobi. Sus compa?eros, Jos? y Demetrio, proponen ir al partido Madrid-Barcelona, pero aqu?l responde secamente que no han venido a Espa?a a ?presenciar espect?culos fascistas?. Sus compa?eros se enteraron del partido hablando con un guardia civil que sospechan es su enlace. Aunque se comenta que ?ste ronca y 311 Algunas representaciones de las escuelas franquistas se observan en Los d?as del pasado (1977) de Mario Camus y la novela de Cervera, La noche inm?vil. 273 s?lo habla de botas y f?tbol, los comunistas siguen siendo el blanco de la s?tira pues Bobi dice que el Partido ha elegido a un loco. Como no reconocen que el guardia civil no es del Partido, los tres comunistas aparecen como demasiado tontos para realizar la ?Operaci?n Apag?n?. Asimismo, Jos?, el ?experto? en bombas, les dice a varias personas que el paquete que lleva es un artefacto, pero nadie le hace caso porque lo comenta tan abiertamente que no lo toman en serio. As? pues, la representaci?n de los marxistas como est?pidos desacredita la resistencia sugiriendo que no era una amenaza seria para la dictadura franquista. La ideolog?a comunista es ridiculizada nuevamente cuando Demetrio le muestra a Bobi que una mujer le ha prestado una bicicleta. ?ste, que tambi?n recibi? una de la familia de Jos?, observa que simpat?as y antipat?as son cosas de burgueses y, por lo tanto, esta gente querr? explotarles. No obstante, su contacto con estas mujeres es lo que acaba por convencerles de que todo lo que han aprendido de los comunistas es falso. Jos?, Bobi y Demetrio llegan a Espa?a listos para luchar por los obreros subyugados por sus patrones crueles que les pagan un sueldo de hambre, pero las personas que conocen, sobretodo mujeres ?y por ende m?s impactante?, son peque?as empresarias o due?as de una finca.312 Una de ellas es la hija de Jos?. Bobi y Demetrio visitan su tienda y explican que vienen de parte de su padre. Cuando ?sta propone cerrar la tienda y llevarles a su casa, le preguntan si se enfadar? el patr?n. Ella se r?e ligeramente ya que es la patrona. En el camino les explica que todo lo que su madre y ella producen en la granja lo venden en la tienda, pero apunta que su padre probablemente 312 En Muri? hace 15 a?os, tambi?n se resalta la felicidad de los obreros. Diego le pregunta a la criada de su familia si nunca se ha cansado de servir. C?ndida responde que s? pues una vez se enfad? con la madre de Diego y volvi? a su casa, pero all? se sent?a extra?a y echaba de menos a la familia y la casa. Para subrayar que est? contenta con su vida, le explica que nunca ha pensado que lo que hace sea servilismo. 274 piensa que est?n muertas de hambre.313 Los dos comunistas intentan ocultar su sorpresa y verg?enza pues tambi?n pensaban que la gente viv?a mal en Espa?a. La ?nica queja de madre e hija es el abandono de Jos?, lo cual les obliga a hacer todo el trabajo solas, debido al discurso antifamilia de los comunistas que ha enga?ado a Jos?. As? pues, el Partido Comunista se representa de nuevo como una influencia destructiva puesto que rompe la familia enviando a los hombres lejos del hogar para emprender una lucha sin sentido y dejar a las mujeres con el peso del trabajo. Se sugiere que la lucha de clases carece de sentido porque hasta las mujeres tienen sus propios negocios y viven bien. De este modo, el contraste entre la imagen que los comunistas difunden entre sus militantes de una Espa?a cuya situaci?n es desesperada y la que aparece en la obra hace que el Partido parezca una organizaci?n que enga?a a sus adeptos y que s?lo es capaz de hacerles creer su indeseable ideolog?a mediante la mentira.314 Despu?s de desenga?arse de las ense?anzas comunistas, los hombres empiezan a vivir como burgueses. Beben alcohol y van a partidos de f?tbol. No s?lo se arrepienten de sus creencias marxistas sino que tambi?n asocian a los comunistas con el mal pues Jos? insulta a un ?rbitro llam?ndolo rojo porque no est? de acuerdo con una falta que pit?. De 313 Aunque la miseria y el hambre de los a?os cuarenta se superaron poco a poco en la d?cada posterior, es preciso recordar que esta obra es de 1955, cuando el r?gimen apenas empieza a abrirse al exterior. Ya no se usaban cartillas de racionamiento y la ayuda econ?mica proporcionada al pa?s tras la firma del tratado con los Estados Unidos se hab?a empezado a notar poco a poco. As? pues, el contraste entre la ficci?n y la realidad hist?rica subraya nuevamente el intento por parte del r?gimen dictatorial de crear una imagen favorable de s? mismo entre la opini?n p?blica y la memoria colectiva. 314 Otro caso que sugiere que toda la informaci?n que los comunistas dan a sus seguidores es mentira es el episodio en el que los hombres escuchan Radio Mosc?. La emisora empieza anunciando que en EE.UU. se espera una huelga porque en las f?bricas de armas se ha suprimido el uso del color rojo. Aunque estas noticias parecen absurdas, Jos? reacciona con ?nimo diciendo ?muy bien?. Los siguientes comentarios, que dibujan la situaci?n en Espa?a, exponen que los obreros hambrientos resisten en las calles de Madrid. ?Trabajadores e intelectuales de toda Espa?a se desmayan por malos tratos preferentemente en la Gran V?a. La polic?a es impotente para contener a los bravos luchadores espa?oles. Las calles est?n abarrotadas de cad?veres?. Mientras escucha estas noticias, Jos? intenta contener la risa pues la falsedad de la informaci?n le parece rid?cula. La imagen siguiente muestra la Gran V?a de noche con los coches pasando tranquilamente. De este modo, se subraya que la informaci?n dada en esta emisora es falsa y los comunistas intentan enga?ar a sus adeptos. 275 esta manera, la conversi?n de los militantes en unos aburguesados subraya la caracterizaci?n de las ideolog?as comunistas como rid?culas. Enrique, sin embargo, no abandona el Partido en Lo que nunca muere, pero su lucha de clases deviene vac?a y parece conservar su puesto en la organizaci?n porque le proporciona una vida de lujos. Su desliz hacia la hipocres?a sugiere que la vida austera del marxismo es tan desagradable que una vez que los militantes conocen los placeres burgueses no est?n dispuestos a continuar la vida asc?tica. Asimismo, se denigra el Partido represent?ndolo como corrupto pues sus miembros son hip?critas y aspiran a subir de rango por ambici?n personal. Pierre, un comunista aburguesado desde el principio del filme, le ofrece a Enrique informaci?n precisa para cumplir su misi?n a cambio de que ?ste le desv?e dinero del Partido.315 Puesto que Pierre le convence explic?ndole que su ?xito en esta misi?n le ayudar? a ascender en la organizaci?n, Enrique no parece motivado por unos principios izquierdistas, sino por el deseo de poder. Cuando los resistentes no son retratados como hip?critas, la caracterizaci?n que se hace de ellos les desprestigia yendo al otro extremo. En estos casos, los marxistas son dibujados como severos o hasta crueles pues su dedicaci?n al Partido est? por encima de todo. Su fidelidad a la organizaci?n les deshumaniza oblig?ndoles a traicionar v?nculos de parentesco, amistad o amor. Cuando el mando comunista le pregunta a Nita, la compa?era (o novia) de Enrique, qu? elegir?a entre Enrique y el Partido, ella responde lo segundo.316 315 Adem?s de dibujar a los resistentes como hip?critas, las acciones de Pierre caracterizan a los marxistas como traidores. No s?lo estafa al Partido sino que tambi?n traiciona a Enrique pues lo mata para que no pueda denunciarlo por haberle coaccionado. 316 Anteriormente, se coment? el papel de Diego con el plan de matar a su padre en Muri? hace 15 a?os. 276 Otro aspecto que ilumina la lucha y sus protagonistas en tonos negativos es la caracterizaci?n de los resistentes como amargados y rencorosos. Puesto que la visi?n de los comunistas como podridos de odio y enemistados con su propia familia sirve el prop?sito de desprestigiar las teor?as marxistas no es casual que los t?tulos de dos de las pel?culas que retratan a los comunistas como devorados por el odio (Lo que nunca muere y Muri? hace quince a?os) contengan una referencia a la muerte. En la primera obra se explica que un beb? es lo que nunca muere puesto que representa el amor y la ternura de sus padres, incluso cuando ?stos han expirado. Las pel?culas favorables al r?gimen contrastan el cari?o de la familia (otro tema privilegiado por la dictadura) con la severidad y disciplina del Partido Comunista que se caracteriza como una influencia que deshumaniza a sus adeptos lav?ndoles el cerebro para que piensen que la familia y la amistad son sentimientos enfermizos. Muerta la parte humana, los militantes se convierten en m?quinas que profesan la doctrina marxista y obedecen a sus l?deres ciegamente. Asimismo, el otro t?tulo sugiere que Diego muri? hace quince a?os cuando embarc? para la U.R.S.S., ya que en el camino, los comunistas le quitaron los objetos personales que le recordaban a su familia y le ense?aron a odiar esta instituci?n. As? pues, la muerte en vida equivale a militar en el Partido Comunista. De este modo, la eliminaci?n de comunistas empedernidos parece por lo menos aceptable si no completamente deseable. As? pues, estas pel?culas, que apuntan a la necesidad de eliminar la enfermedad ?roja? de la sociedad espa?ola, eran ?tiles para persuadir a los espectadores de que aceptaran la aniquilaci?n de los resistentes como imprescindible, pues todo espa?ol sabe que muerto el perro, se acab? la rabia. 277 Manuel, en Torrepartida, es un ejemplo de personaje que muere podrido de odio puesto que no se arrepiente de su participaci?n en una partida. ?ste siente el mismo odio hacia Ram?n, su hermano fascista, que Enrique hacia Carlos en Lo que nunca muere. Le dice a su novia, Mar?a, que se va con la partida con la que ha estado colaborando pues ya no aguanta m?s la convivencia con su hermano y sabe que la Guardia Civil lo va a detener. Ella intenta convencerle de que le pida a Ram?n que le ayude, record?ndole que ?l le salv? la vida. Manuel responde con enfado que est? ?harto de escuchar siempre esa canci?n. Si ?l hubiese perdido la guerra, yo habr?a hecho lo mismo por ?l. No quiero deberle nada m?s?. Incluso despu?s de que Rafael y sus hombres rapten a Mar?a, Manuel se niega a decirle al capit?n d?nde se esconde la partida. Se sugiere que su negativa a colaborar se debe al odio que guarda al bando vencedor pues cuando Antonio le pregunta si tanto miedo le tiene a los guerrilleros, Manuel lo niega con ojos rencorosos. Generalmente las obras caracterizan a los resistentes como militantes del Partido Comunista, pero hay algunos casos que sugieren que la lucha es apol?tica.317 Tal es el caso de Torrepartida, A tiro limpio y Metralleta ?Stein?. Aunque un espectador instruido en la historia de la guerrilla reconocer?a numerosos paralelismos entre Mariano Beltr?n, el l?der de la partida en Metralleta ?Stein?, y el famoso guerrillero anarquista ?Quico? Sabater, el hecho de que no haya ninguna indicaci?n de inspiraci?n ideol?gica para las acciones de Beltr?n har?a menos probable que el espectador virtual conectara la representaci?n ficticia con el contexto hist?rico de la resistencia antifranquista. As? pues, este aspecto de Metralleta ?Stein? ilumina la importancia de considerar estas pel?culas dentro de su contexto hist?rico pues la escisi?n del aspecto pol?tico de la lucha 317 Una pel?cula que reconoce otro grupo que influy? en la resistencia antifascista es Casa Manchada. En esta obra, los maquis son anarquistas. 278 clandestina era precisamente una de las maneras en que las obras afines a la dictadura de Franco desprestigiaban la resistencia. En estos filmes, el tratamiento de los pistoleros los dibuja como toscos, traicioneros y criminales comunes. En Torrepartida, se aprecia el car?cter dictatorial y bruto de Rafael, el jefe de la partida, cuando le pega a Manuel por subir al monte sin que ?l lo ordenara. Cuando los otros hombres se han ido, su excusa no llega a m?s que el comentario que ?estas bestias? no entienden otro idioma.318 Asimismo, su car?cter traicionero se evidencia cuando reitera que est? dispuesto a huir a Francia con Manuel pues esta fuga implica el abandono de los dem?s hombres. Su trato con Manuel, sin embargo, tampoco es honrado puesto que le utiliza para sus propios fines. Aunque le dice que suba a su novia al monte para que se vaya con ellos a Francia, su verdadero motivo es usar a la chica como cebo para atraer al alcalde y al capit?n. Cuando Mar?a se niega a irse con la partida, Rafael la arroja al suelo, lo cual provoca el enfado de Manuel que se lanza contra Rafael y le pega, pero el jefe detiene su agresi?n dispar?ndole. Al tiempo, la Guardia Civil se acerca y Rafael abandona a Manuel huyendo con sus hombres. Finalmente, se estimula el menosprecio del espectador caracterizando a Rafael como un criminal com?n pues su presencia en el monte no parece deberse a ninguna ideolog?a pol?tica y se refiere a las acciones que planifica como un ?negocio?.319 De manera similar, la inspiraci?n del grupo en A tiro limpio es cuestionable. Cuando Ram?n le pregunta a Mart?n qui?n es el ?gabacho?, ?ste le responde aludiendo a 318 La tendencia a insultar a la gente tambi?n caracteriza a estos hombres como toscos y desagradables. En un atraco en Metralleta ?Stein?, Mariano Beltr?n se refiere a los empleados del banco como ?nena? y ?gordo?. 319 En Metralleta ?Stein?, se sugiere que el dinero sacado de los atracos beneficia s?lo a los pistoleros pues el comisario le dice a su jefe que si no hace que Mariano vuelva, ?ste pasar? el resto de su vida con sus millones en el extranjero. Asimismo, Carlos, otro miembro de la partida, acaricia su parte del bot?n y le pregunta a su novia si ser? suficiente para pagar la entrada de un piso. 279 Toulouse (ciudad que frecuentemente serv?a de sede a las organizaciones de la resistencia) y comentando que el franc?s es un buen elemento entrenado con m?todos modernos. Aunque la menci?n de Toulouse impulsa a Rom?n a comentar que hace a?os que no se dedica a la pol?tica, lo cual podr?a sugerir que los dem?s s? responden a una inspiraci?n ideol?gica, no hay indicaci?n de que esto sea cierto. Mart?n le convence para colaborar proponiendo que despu?s de un par de golpes, podr?n veranear al otro lado de la frontera.320 A pesar de que se sugiere una conexi?n entre Antoine y los resistentes en Toulouse, la caracterizaci?n del franc?s como un borracho predomina en la escena ya que aparece tumbado intentando recuperarse de una resaca. Los dem?s hombres tambi?n son retratados como bebedores muy bruscos que se gritan mucho entre s?. En otro momento, Rom?n le quita la botella a ?El Picas? ?otro miembro de la partida?, le mete la cabeza bajo el grifo y lo acuesta. Cuando su pareja, Marisa, llega, se queja diciendo que le va a vomitar toda la casa. Asimismo, los hombres son caracterizados como criminales comunes porque se traicionan entre s?. Cuando Mart?n habla con Antoine, queda claro que ?stos dos piensan enga?ar a ?El Picas? y Ram?n qued?ndose con la mayor parte del dinero. El deseo de estafar a sus compa?eros les lleva al asesinato. Durante un tiroteo con la polic?a, ?El Picas? es herido. Los hombres salen corriendo y cuando ?ste pide auxilio, Mart?n lo mata. Para vengar la muerte de su amigo, Ram?n mata a Antoine y Mart?n, cayendo abatido a su vez por las balas de la fuerza p?blica poco despu?s. Cuando no se neutraliza a los resistentes mediante la conversi?n, se resalta la victoria del r?gimen mediante su eliminaci?n como ocurre en Lo que nunca muere, Torrepartida, A tiro limpio y Metralleta ?Stein?. La aniquilaci?n de grupos que viv?an 320 Los comentarios de otros personajes tambi?n sugieren que estos hombres son criminales comunes pues un viejo le dice a Rom?n que Mart?n s?lo sabe matar y robar. Rom?n, por su parte, se?ala nuevamente que lo ?nico que le interesa es enriquecerse ya que apunta que lo mejor del mundo es el dinero. 280 fuera de la ley franquista se destaca al principio y al final de Torrepartida. Al comienzo de la obra, aparece un texto indicando que lo retratado es un ?pedazo de nuestra historia, a?n no lejana, aunque afortunadamente superada?. Esta calificaci?n de la lucha caracteriza la eliminaci?n de estos grupos como algo positivo, un desaf?o contra el cual el r?gimen triunf?. Para reiterar la victoria de las fuerzas p?blicas, la ?ltima imagen filma desde un contrapicado a cinco guardias civiles encima del pe?asco donde viv?a la partida resaltando as? su grandeza y poder. Asimismo, se ensalza la victoria del r?gimen contrast?ndola con la representaci?n de la resistencia rural en su per?odo de crisis y desmoronamiento. El capit?n intenta persuadir a Manuel de que le ayude a acabar con la partida pues est? deshecha y su ca?da es cuesti?n de d?as o semanas. Hasta el mismo jefe de ?sta declara que est?n en un tiempo de crisis y, por eso, quiere huir a Francia. Adem?s de sugerir que estos grupos eran ineficaces y nunca fueron una amenaza seria, la representaci?n de la lucha en su declive subraya el triunfo de las fuerzas franquistas como el ?nico fin posible. El vocabulario que describe a estos hombres como criminales comunes fue otra manera eficaz de denigrar la resistencia antifranquista. Cuando la partida de Mart?n humilla a varios hombres ricos en A tiro limpio, el polic?a califica esta acci?n como ?gamberrismo delictivo?. Asimismo, Rom?n pasa un cartel que les caracteriza como delincuentes: ?La criminal agresi?n de unos bandoleros, cuesta la vida a dos inspectores de la B.I.C.?. En Torrepartida, Ram?n llama a su hermano asesino, la madre de Mar?a califica a los hombres de la partida como bandidos y el capit?n se refiere a sus acciones como cr?menes. Asimismo, el texto ya mencionado sugiere que son bandoleros pues se indica que ?todas las guerras dejan tras s?, como sedimento amargo, la lepra del 281 bandolerismo?.321 Una excepci?n a esta tendencia es Casa Manchada. En esta obra se suele usar el vocablo maquis. En las representaciones cinematogr?ficas, se eliminan casi totalmente las palabras gruesas usadas en las obras literarias para calificar a las mujeres resistentes o personajes femeninos que se asocian con los luchadores clandestinos. No obstante, la representaci?n de ?stas como prostitutas o mujeres seductoras y de los resistentes como hombres lascivos vulgariza la lucha armada y hace dif?cil pensar que sus acciones se inspiraban en una ideolog?a pol?tica y serv?an para debilitar al r?gimen de Franco. Cuando estos personajes no se caracterizan como gente lasciva, se va al otro extremo sugiriendo que son excesivamente fr?os.322 En estos casos se desacredita la resistencia ridiculizando las ideolog?as que sosten?an sus participantes. En la adaptaci?n cinematogr?fica de La paz empieza nunca, el jefe de L?pez le se?ala qui?n es D?riga sin hacer menci?n de la prostituta que le acompa?a, Paula, la primera novia de L?pez. Como aqu?l no se refiere a ella, el comentario de que es una furcia se elimina. Desaparecen tambi?n los insultos puestos en boca de Paula en la novela para referirse a s? misma. Se conservan, sin embargo, algunos de los comentarios menos crudos de D?riga que sugieren que se ha acostado con ella, pues sirven para dibujar al guerrillero como un hombre lascivo.323 321 Este comentario esquiva todo reconocimiento de la represi?n franquista que oblig? a muchas personas a buscar refugio en las miserables condiciones de las monta?as. As? pues, estas pel?culas desfavorables a la resistencia armada no s?lo evitan que los resistentes se defiendan o se expliquen sino que muchas veces ponen en sus bocas las mismas cr?ticas expuestas en la versi?n oficial y tergiversan la realidad para que el r?gimen franquista aparezca sin m?cula. De esta forma, se aprecia el intento de controlar la opini?n p?blica y as? estas obras influyen en la formaci?n de una memoria colectiva favorable a la dictadura de Franco. 322 Claramente, la censura cinematogr?fica era m?s estricta respecto de cuestiones sexuales que la literaria. 323 La pareja de Carlos en Metralleta ?Stein? y la novia de Ram?n en A tiro limpio tambi?n parecen ejercer la prostituci?n. Aunque Ram?n empieza a insultar a Marisa, se corta: ?Eres una ??. A pesar de que no llega a pronunciar el insulto, ?ste se sobreentiende. 282 Metralleta ?Stein? y A tiro limpio tambi?n sugieren la promiscuidad de los pistoleros y sus parejas. En Metralleta ?Stein? la novia de Mariano Beltr?n es retratada como una mujer lasciva que a su vez sirve para aliviar los nervios del pistolero. En un momento de intimidad, ella le pregunta ?refiri?ndose al atraco que planifican? si tiene miedo. Esta cuesti?n parece ofenderle pues se retira, pero Ana le anima diciendo ?tonto. No te enfades. ?No ves que me necesitas? Quiero que te vayas tranquilo. Anda, dame tus nervios, todo lo que te preocupa. D?selo a tu peque?a como t? solo sabes?. En A tiro limpio Antoine acaricia a Marisa (vestida con un camis?n de tirantes) y los dos flirtean. El car?cter lascivo del franc?s se sugiere en otro momento pues mira a unas mujeres con sus prism?ticos. Se sugiere que su deseo sexual pone la operaci?n que planifican en peligro puesto que Mart?n se enfrenta con ?l dici?ndole que no vaya a echar todo a perder. El car?cter lujurioso de Carlos en Metralleta ?Stein? tambi?n sugiere que los deseos sexuales de estos hombres les distraen de los objetivos del grupo. Justo antes de robar un coche para realizar el atraco, Carlos le dice a una chica que pasa por su lado con una falda muy corta ??Me echas una mano o te la echo yo a ti?? e intenta agarrarla arriba por la pierna. Luego, esta chica lo identifica en las fotos que el comisario le muestra y la polic?a le tiende una emboscada que acaba con su vida. Cuando la sexualidad de la mujer antifascista no se dibuja como desbordante, se las representa como extremadamente fr?as.324 Como sus compa?eros varoniles, estas mujeres son retratadas como carentes de sentimientos humanos pues declaran su fidelidad 324 Una excepci?n a esta tendencia es Isabel en Rostro al mar. Aunque su estado civil (est? casada por las milicias) y el abandono de su marido le hace ganarse el escarnio del pueblo, su representaci?n dista mucho de la imagen desfavorable de la mujer asociada a la resistencia en otras pel?culas. En contraste con estas mujeres dictatoriales y excesivamente fr?as o lascivas, es una madre abnegada y esposa fiel. Tambi?n se aprecia que es recatada y no le gusta que la gente piense mal de ella pues los chismes le impiden salir de casa. No obstante, su caracterizaci?n relativamente positiva probablemente se debe al hecho de que reconoce como error la decisi?n de su esposo de luchar en el bando republicano. 283 al Partido por encima de su compa?ero, es decir, su novio. ?ste es el caso de Nita en Lo que nunca muere que se coment? m?s arriba. La compa?era de Diego en Muri? hace 15 a?os tambi?n parece un instrumento para asegurar la colaboraci?n del resistente. Aunque la caracterizaci?n inicial de Tatiana, la maestra marxista en Suspenso en Comunismo, la retrata como exageradamente fea y severa, poco despu?s aparece sin sus gafas espesas y vestida con ropa menos estricta. Mientras trabaja como camarera, intenta seducir a Bobi, pero ?ste la rechaza. Cuando Tatiana ve que sus esfuerzos fracasan, intenta coaccionarlo para que la bese y la lleve al cine apuntando que podr?a hacer que ?l fuera uno de los elegidos para realizar el sabotaje. El repentino cambio de actitud hace que su seriedad delante de la clase y su compromiso con el Partido parezcan una falacia pues su verdadero car?cter indica que est? dispuesta a abusar de su poder para satisfacer sus caprichos. As? pues, esta imagen desprestigia a los comunistas sugiriendo que no toman en serio las teor?as del Partido puesto que Tatiana es dibujada como una hip?crita cuyas dobleces muestran lo peor de ambos estereotipos de las mujeres comunistas. Es m?s, como la caracterizaci?n de la maestra mezcla estas dos representaciones extremas, se sugiere que no hay intermedio. De esta forma, la cr?tica a la mujer de ideolog?a izquierdista es doble en Suspenso en Comunismo. La parodia de las ideolog?as comunistas tambi?n sirve para retratar a los hombres como excesivamente fr?os. Cuando Bobi da una vuelta con la hija de Jos?, le explica que el amor no le interesa porque es de burgueses y que si ella quisiera darle un beso no lo har?a por los prejuicios que esta clase le ha ense?ado. Enseguida ella le besa, lo cual provoca el tormento de Bobi pues le dice a Demetrio que es una traici?n a su causa. As?, 284 se aprecia que la burla es un arma tan eficaz como la denigraci?n para fomentar una caracterizaci?n negativa de la resistencia en la opini?n p?blica y la memoria colectiva. Cine ajeno a la versi?n oficial Despu?s de la producci?n cubana Un h?roe del pueblo espa?ol: Jos? G?mez Gayoso, no se vuelve a producir una pel?cula ajena a la versi?n oficial hasta que Fred Zinneman dirige Behold a Pale Horse (1964) sobre un resistente, Manuel Art?guez, que tiene que decidir si vuelve o no a Espa?a aun sabiendo que la polic?a franquista le ha tendido una trampa.325 Dos a?os m?s tarde, Alain Resnais dirige La guerre est finie (1966) que narra la vida de un espa?ol, Carlos, que se mueve entre Espa?a y Francia realizando actividades clandestinas. Aunque esta pel?cula tambi?n fue producida en el extranjero, se puede considerar como espa?ola debido a su guionista: Jorge Sempr?n, antiguo miembro expulsado en 1967 del comit? central del PCE.326 Despu?s de estas producciones extranjeras, dos directores espa?oles se atrevieron a abordar el tema poco antes del t?rmino de la ?poca franquista. V?ctor Erice expresa su cr?tica del r?gimen fascista con el silencio y la inocencia de una ni?a, Ana, que descubre a un pr?fugo en El esp?ritu de la colmena (1973).327 Asimismo, Pedro Olea lanza una diatriba contra la dictadura mostrando los atropellos que la falta de libertad ocasionaba en Pim, pam, pum? ?Fuego! (1975). Julio, un poderoso estraperlista con conexiones en el r?gimen, coacciona a Paca, una actriz, para que sea su amante, pero descubre que tiene un 325 Esta pel?cula es una adaptaci?n de la novela de Emeric Pressburger Killing a Mouse on Sunday. 326 Sempr?n contar? este episodio de separaci?n del Partido en Autobiograf?a de Federico S?nchez. 327 Una pel?cula que probablemente sea favorable a la resistencia es Tirarse al monte (1971) de Alfonso Ungr?a. No he podido visionarla, pero espero consultar el gui?n en el futuro. 285 rival y que ?ste es un maquis que intenta pasar a Francia. Luis, el guerrillero, consigue su documentaci?n falsa y un billete de tren, pero es una trampa que le cuesta la vida. Aunque los vencidos comienzan a recuperar la mirada, estas obras de desarrollo pausado y estilo realista no llegan a crear una imagen tan positiva de la resistencia como la que se observar? en per?odos posteriores puesto que no se explican ciertos aspectos de la lucha, como sus causas, las cuales ayudan a retratarla m?s favorablemente. La necesidad de formar grupos de resistencia para sobrevivir, por ejemplo, no se plantea en ninguna obra y las motivaciones sociales o pol?ticas tan s?lo se plasman sustancialmente en La guerre est finie pues en Behold a Pale Horse la alusi?n a ellas es muy d?bil. La exclusi?n de estos aspectos se debe en parte a la situaci?n socio-pol?tica espa?ola en el caso de las pel?culas de Erice y Olea y al momento de la lucha retratado en todas. Las pel?culas producidas en Espa?a se limitan a sugerir el declive de la guerrilla, mientras que Behold a Pale Horse retrata un momento en el que el resistente ha dejado de luchar. Debido al contexto de las pel?culas espa?olas, la representaci?n de la supresi?n de la resistencia tambi?n soslaya escenificaciones que pudieran parecer desfavorables a las fuerzas franquistas. Asimismo, no se observa casi ninguna acci?n en la que los clandestinos hostiguen al r?gimen pues la pel?cula estadounidense s?lo alude a incursiones ya ocurridas y la francesa se limita a mostrar la planificaci?n de sabotajes y huelgas. Estas carencias explican por qu? estas obras no tienen casi nada de acci?n o suspense. Tan s?lo La guerre est finie comunica cierta urgencia cuando Carlos se preocupa de encontrar a Juan a tiempo. En comparaci?n con las pel?culas favorables al r?gimen y las obras de las etapas posteriores, estas cintas tampoco tienen mucha acci?n. 286 No hay escenas de huidas o sabotajes y Behold a Pale Horse es el ?nico filme en que se observa un tiroteo.328 En estas pel?culas se empieza a observar una nueva visi?n de las fuerzas franquistas y de las personas con lazos al r?gimen. Los representantes de las fuerzas p?blicas ya no son los h?roes de las obras como en el grupo anterior, y los adictos al r?gimen, cuando se les representa, abusan de su poder y asesinan a sangre fr?a. La mayor?a de las veces en que se dibujan represalias en estas cuatro pel?culas, creando una imagen desfavorable de las personas afines a la dictadura, se hace de manera no expl?cita y muy t?midamente en comparaci?n con las etapas posteriores. As? pues, la imagen de las personas profascistas no es tan negativa como ser? en etapas posteriores. En El esp?ritu de la colmena, se sugiere la represi?n de los resistentes mediante la luz y el sonido de una r?faga de balas que unas ametralladoras lanza en la noche. Al d?a siguiente, el padre de Ana acude al cuartel a declarar y recoger el reloj que ?sta hab?a dado al maquis an?nimo. Aunque no se observa a la Guardia Civil mat?ndolo, parece evidente que lo han asesinado. Los largos silencios en la pel?cula subrayan la imposibilidad tanto de los vencidos (la familia de Ana) como de los guionistas que la producen para manifestar una cr?tica expl?cita de la represi?n franquista. La eliminaci?n del maquis en Pim, pam, pum? ?Fuego! tampoco se escenifica. El espectador descubre que Luis cae en la trampa que Julio, el estraperlista, y la polic?a le tienden cuando Paca lee un art?culo en el peri?dico que Julio le da. Ella se da cuenta de la traici?n329 y le dice ?t? le enviaste la documentaci?n? a lo que ?l responde ?conmigo no 328 En El esp?ritu de la colmena se ve el fuego que las armas escupen en la noche, pero no se observa a ning?n personaje. 329 Julio le hab?a dicho que no lo denunciar?a pues para hacerlo tendr?a que admitir que sab?a que ella lo estaba escondiendo. 287 se juega y t? has jugado o has querido jugar?. Mientras Paca llora, Julio saca una pistola, la mata y la echa del coche. Su colaboraci?n con la polic?a y su bigotillo parecen sugerir que es un adicto al r?gimen y sus lazos con la dictadura le permiten acumular riqueza mientras que otros, como Paca, viven en la miseria. Su dinero e impunidad le permiten controlar a muchas personas incluyendo a la actriz a qui?n obliga a ceder ante sus deseos sexuales amenaz?ndole con que har? que la echen de su trabajo y del apartamento donde vive con su padre inv?lido. Cuando le explica a Paca por qu? desea que sea su querida, le indica ?tras aludir a su esposa? que las mujeres ?envejec?is mal?. Su capacidad para esquivar las estrictas normas sexuales de la ?poca y sus comentarios despectivos sobre las mujeres forman una imagen negativa del estraperlista. As? pues, la representaci?n de su sexualidad y el hecho de que asesine a Paca a sangre fr?a dibuja negativamente a las personas que favorec?an y fueron favorecidas por la dictadura de Franco.330 En La guerre est finie tampoco se observan actos de represi?n, pero en este caso la exclusi?n se debe al hecho de que la obra se limita a captar la vida de los clandestinos exiliados en el pa?s vecino, y aunque los miembros de las fuerzas franquistas no son representados en la obra, hay alusiones a la represi?n de la oposici?n pol?tica. Un resistente comenta que si son detenidos con propaganda en Francia, les ponen una multa y los destierran. Como comparaci?n, empieza a decir ?en Espa?a?? pero no termina la frase. Aunque no se indica el castigo, el silencio vuelve a ser la mejor forma de transmitir un doble horror. Por un lado, permite que el espectador imagine lo peor y, por otro, comunica la imposibilidad de hablar de atrocidades como la tortura o las desapariciones f?sicas. 330 Ver Los a?os del miedo de Eslava Gal?n. 288 En otros momentos de la pel?cula hay referencias directas a la represi?n. Carlos, el protagonista, comenta las detenciones en Madrid y reconoce que las autoridades tambi?n descubrieron la imprenta. Su preocupaci?n por no arriesgar la seguridad de los compa?eros en el interior se observa cuando otro resistente le mete prisa sobre la planificaci?n para una huelga general. Carlos le dice que cada a?o hay un primero de mayo, pero si Juan es detenido, le costar? veinte a?os. Debido al contexto socio-pol?tico de las pel?culas filmadas en Espa?a antes de la muerte de Franco, el tratamiento de la resistencia y sus protagonistas es limitado. En El esp?ritu de la colmena y Pim, pam, pum? ?Fuego! no se observa a los guerrilleros planificando o realizando actividades para hostigar al r?gimen ni se sugieren las inspiraciones ideol?gicas o los objetivos pol?ticos de la lucha. La situaci?n de los maquis es precaria y aparecen aislados del colectivo guerrillero. El resistente de El esp?ritu de la colmena, que carece de nombre y nunca llega a decir palabra, llega herido a una peque?a casa abandonada cerca del pueblo. Ana le trae comida, ropa y el reloj de su padre. Aunque 1940 ?el momento retratado en la historia? es anterior al apogeo y declive de la resistencia, el espectador medio probablemente lo ignora y s?lo capta el aislamiento y eliminaci?n del maquis que sugiere el declive de la resistencia. En Pim, pam, pum? ?Fuego! el derrumbe de la lucha clandestina queda m?s claro. Se hace referencia a otros guerrilleros, pero Luis es el ?nico que aparece delante del espectador. Ha dejado su partida pues los cazaban ?como conejos? y llega a Madrid solo y sin documentaci?n. Depende de Paca mientras espera sus papeles falsos. Aun cuando la polic?a detiene a las personas que llevaban la imprenta, Luis espera recibir su documentaci?n de otros resistentes. As? pues, la llegada de sus papeles y un billete de 289 tren no despiertan sospechas. Seg?n el art?culo ?Captura y muerte de un ?maqui?? que Paca lee en el Abc, Luis cae ante las balas de la polic?a.331 De esta manera, su muerte resalta tambi?n el declive de la resistencia y muestra las dificultades para llegar al exilio. La poca atenci?n que estos directores pod?an dar a la lucha clandestina debido al contexto en que se produjeron afecta el estilo de las pel?culas. El desarrollo pausado y el estilo realista de las pel?culas de Erice y Olea llegar?n a ser la norma en las pel?culas espa?olas hasta mediados de la cuarta etapa. En vez de pel?culas de acci?n con escenas de lucha estas obras plasman otros aspectos de la vida como por ejemplo la miseria de los vencidos en un espacio urbano en Pim, pam, pum? ?Fuego! Las pel?culas de Resnais y Zinneman, en cambio, captan historias con un tono de mayor urgencia. En Behold a Pale Horse, el resistente, Manuel Artiguez, que ahora vive pac?ficamente en Francia tiene que averiguar si habr? una trampa esper?ndolo en Espa?a. Su pasado como pistolero condiciona su presente, pero muy poco de la pel?cula es pertinente para caracterizar la lucha clandestina. No obstante, se llega a retratar en unos comentarios que Artiguez le hace al cura que ha secuestrado para averiguar la verdad sobre la posible trampa. El maquis supone que el religioso tambi?n piensa que es bandolero y le indica que mire la forma en que vive (un apartamento peque?o y humilde) para subrayar que muy poco de lo que robaba se lo quedaba. No obstante, no se retrata la lucha guerrillera m?s favorablemente al no explicar para qu? serv?a la mayor?a del dinero. El filme de Alain Resnais, que tambi?n muestra m?s acci?n y suspense que el cine de Erice y Olea, se centra en las peripecias de un espa?ol, Carlos, cuyo papel en las 331 El t?tulo del art?culo ofrece uno de los pocos ejemplos de t?rminos usados para calificar a los resistentes en esta etapa: ?maquis?, un vocablo m?s neutro que los normalmente preferidos por el r?gimen como ?bandolero? o ?terrorista?. No obstante, maquis, por su origen franc?s, a?n pod?a servir el fin de denigrar al movimiento guerrillero ya que sugiere que estos luchadores no son aut?ctonos a Espa?a y, por lo tanto, representan una amenaza a la unidad del pa?s. 290 organizaciones clandestinas le obliga a moverse entre Francia y Espa?a aunque s?lo se escenifiquen sus acciones en el exilio. Desde el principio de la pel?cula, Carlos manifiesta su preocupaci?n por Juan al cambiar sus planes. En vez de volver a Espa?a, decide ir a Perpignan para evitar que su compa?ero cruce solo la frontera y caiga en una trampa. La tensi?n se mantiene hasta la conclusi?n de la pel?cula pues la obra termina mostrando a la pareja de Carlos, Marienne, saliendo para Barcelona a fin de localizar a Juan y a Carlos para que anulen su viaje a Madrid y retornen a Francia por diferentes caminos para evitar su detenci?n a la vuelta.332 Al representar la lucha clandestina en Francia y sugerir las acciones de oposici?n pol?tica en Espa?a se plasma la envergadura de la resistencia al r?gimen, lo cual muestra la resistencia m?s positivamente pues sugiere la extensi?n y la organizaci?n de la oposici?n a la dictadura. El momento hist?rico retratado es posterior al per?odo normalmente asociado con el desarrollo y declive de las guerrillas antifranquistas, pero hay referencias a momentos anteriores y a grupos que siguen practicando la lucha armada.333 Aunque el grupo de Carlos parece dedicarse principalmente a producir propaganda y a organizar manifestaciones que muestran una oposici?n pol?tica a la dictadura de Franco, tienen contacto con otros grupos m?s belicosos. Carlos y su pareja dejan su maleta en una taquilla en una estaci?n de tren. Para recuperar la maleta, Carlos se re?ne con Nadine, la hija del hombre que le da su pasaporte franc?s para que pueda 332 Este nivel de tensi?n no se ver? en el cine espa?ol hasta obras como Catorce estaciones o Beltenebros. El gui?n hace referencia velada a la detenci?n del dirigente del PCE Juli?n Griman, ?ltimo ejecutado (el 20 de abril de 1963) por el r?gimen franquista debido a supuestos delitos ocurridos en la guerra civil. Ver Entre el exilio y el interior de Naharro Calder?n. 333 Se sugiere que la historia ocurre en torno a 1964 pues Carlos, molesto por la prisa de un compa?ero, responde que desde hace veinticinco a?os no se ha podido perder un momento. Carlos parece llevar mucho tiempo en la lucha clandestina ya que cuando otro resistente lo acerca a la frontera, le pregunta c?mo cruzaban antes cuando no hab?a tantos turistas. Carlos responde ?por las monta?as? y a?ade que a veces se encontraban con la Guardia Civil. 291 pasar legalmente entre Francia y Espa?a. Antes de recogerla, van a hablar con las personas que la prepararon, un grupo de j?venes leninistas. No se indican los contenidos de la maleta, pero Carlos no parece dispuesto a manejarla pues les tira la llave de la taquilla a los resistentes y les indica que la recojan. La escena con este grupo vuelve a tratar aspectos de la lucha que se mencionaron en las pel?culas favorables al r?gimen fascista, pero desde la perspectiva de los resistentes. En Suspenso en Comunismo la idea de acabar con el turismo en Espa?a presenta al Partido Comunista como una fuerza siniestra que desde el extranjero intenta, sin dar explicaciones, acabar con la reci?n recuperada paz. En La guerre est finie, en cambio, se permite a los resistentes exponer los objetivos de la violencia. Cuando Carlos habla con el grupo de j?venes, uno de ellos explica que el turismo da divisas al r?gimen y los turistas regresan a sus pa?ses con la idea de que Espa?a es un pa?s normal, es decir, no gobernado por un dictador. Al no apreciar la opresi?n durante sus visitas, la presi?n internacional para acabar con la dictadura disminuye. El hecho de que el filme franc?s no moralice sobre los sabotajes, sino que permite que el espectador decida si los fines justifican los medios ejemplifica c?mo estas obras evitan el manique?smo de las pel?culas favorables a la dictadura. Asimismo, varios ejemplos de La guerre est finie muestran que los resistentes son capaces de criticar a sus camaradas y la lucha clandestina en general aunque no llegan al extremo de retratar a la resistencia como una causa carente de sentido y perdida de antemano como las pel?culas profranquistas. Cuando Carlos y otros compa?eros est?n reunidos, un resistente opina que Carlos es demasiado prudente y que su vuelta prematura a Francia ha dejado a otro compa?ero sin contacto y, por lo tanto, desprotegido. En otra reuni?n, Carlos propone 292 que procedan con m?s cautela con la huelga general pues cada a?o hay un primero de mayo, pero si Juan es detenido, le costar? veinte a?os. El encargado de los viajes responde que no se puede perder un momento y los que est?n dentro de Espa?a exageran la situaci?n. Cuando Carlos le pregunta con sarcasmo si todo se ve mejor desde aqu? (Francia), el otro contesta que s?.334 Otro ejemplo que muestra que estas obras son menos tendenciosas que sus correlatos fascistas es el hecho de que generalmente, los resistentes no son representados como h?roes, sino como personas ordinarias que luchan contra un gobierno represivo o, en el caso de que sean incapaces de resistir, se les muestra a veces como v?ctimas de la opresi?n. En La guerre est finie, por ejemplo, Carlos hace lo posible para proteger a un compa?ero que ha pasado a Espa?a cuando se est?n produciendo una serie de detenciones. No obstante, no se inmola y la obra no le dota de cualidades t?picas de un h?roe. Incluso cuando los resistentes pierden la vida, no se glorifica su sacrificio ni se alaba su causa. En estas cuatro obras, la sexualidad de los resistentes no se usa para ofrecer una imagen negativa de la lucha clandestina. A pesar de que varias de las relaciones son extramatrimoniales, los personajes parecen considerar su situaci?n er?tica como normal y no se tachan con insultos ni se comparan las relaciones sexuales con el contacto entre dos animales como en ciertas novelas favorables al r?gimen franquista. Tampoco se intenta fomentar una imagen negativa de la resistencia mostrando los actos sexuales como una distracci?n de la lucha. Asimismo, no se suelen mostrar las relaciones amorosas de manera expl?cita ni se intenta dibujar a los resistentes como personas lascivas. Mientras 334 Seg?n explica Naharro Calder?n en Sangr?as, las discrepancias que se plasman en el gui?n, se refer?an a la visi?n de Sempr?n de que el exilio hab?a dejado de ser el centro de las operaciones antifranquistas que ahora deb?an ser orquestadas exclusivamente desde el interior. 293 que la relaci?n sexual entre Paca y Luis en Pim, pam, pum? ?Fuego! es m?s manifiesta, la de Carlos y Marienne en La guerre est finie es m?s impl?cita. Esta relaci?n se retrata como lo m?s normal salvo por el hecho de que tienen que mentir a sus amigos y a los colegas de Marienne sobre el trabajo de Carlos. Aunque existe cierta infidelidad, pues Carlos besa a Nadine, ni el amor?o ni la relaci?n estable se explotan para crear una imagen negativa del resistente o de su lucha. En Behold a Pale Horse desaparece la relaci?n entre Artiguez y la mujer de uno de sus compa?eros que en la novela se describe ambiguamente como una violaci?n. Si bien este corte dibuja al pistolero m?s favorablemente, los comentarios del cura que sugieren que Artiguez volvi? para salvarlo mediante su propia inmolaci?n se excluyen tambi?n de manera que parezca que el resistente retorna para vengarse de la traici?n de Carlos y/o acabar con Vi?olas, un capit?n de la guardia civil. La sexualidad de los adictos al r?gimen, sin embargo, ofrece una imagen negativa de estas personas. Anteriormente, se coment? el abuso del estraperlista en Pim, pam, pum? ?Fuego! En Behold a Pale Horse la infidelidad del capit?n Vi?olas sugiere que sus aventuras le distraen de su trabajo pues su esposa tiene que llamarlo a casa de la querida cuando recibe varias llamadas de la oficina intentando comunicarle un mensaje importante. El hecho de que su mujer sufra alguna enfermedad parece agravar su estado de abandono. Tras esta consideraci?n de las primeras dos etapas del cine sobre la resistencia antifascista espa?ola, parece evidente que la visi?n expuesta en una obra depende de la memoria e identidad pol?ticas del director y de qu? personas gozan del poder preciso para dar su versi?n de los hechos. La victoria de Franco y el deseo de este bando de fortalecer 294 su identidad y de proclamar su triunfo hicieron que la identidad de los espa?oles dentro de la pen?nsula se alimentara exclusivamente por las im?genes pertenecientes a la memoria de los vencedores durante m?s de dos d?cadas. Mientras que los adictos al r?gimen se retratan bajo una luz favorable destacando el sacrificio y la moral sin tacha de las fuerzas represoras, dibujan a los resistentes como criminales lascivos o excesivamente fr?os que llevan a cabo una lucha que deshumaniza y enga?a a sus militantes. Los directores favorables al movimiento guerrillero, en cambio, defienden a los maquis y sus acciones, pero no caen en el manique?smo. A trav?s de sus obras se aprecia que intentan fortalecer su identidad dibujando las represalias de un estado opresivo y retratando ?cuando posible? la motivaci?n pol?tica de la lucha. En el cap?tulo siguiente, se seguir? viendo c?mo evoluciona la imagen de las fuerzas represoras, los resistentes y su lucha mientras cambian las estructuras de poder en Espa?a y la actitud sobre la necesidad de recordar el pasado. 295 Cap?tulo 6. La memoria y el cine de la guerrilla (1976-2006) Tras la muerte de Franco en 1975, se observan tres etapas en la producci?n cinematogr?fica sobre la resistencia antifascista espa?ola. En contraste con el dominio de las voces afines al dictador visto en el segundo per?odo, las etapas en la democracia muestran una visi?n m?s favorable a los guerrilleros. Otro aspecto que apunta a la recuperaci?n de la libertad de expresi?n es el aumento en la producci?n f?lmica a partir del cuarto per?odo. Seg?n Carmen Moreno, la imagen de los guerrilleros posterior a la transici?n es la de ?tr?gicos supervivientes?. Para ella, El esp?ritu de la colmena lo anticipa (359), El coraz?n del bosque est? dentro del nuevo paradigma (360) y Huidos es un ejemplo pleno del mismo (363). Explica la transformaci?n de la imagen de la resistencia de la siguiente manera: Si bien la literatura ha articulado la representaci?n de la guerrilla antifranquista hasta la muerte del dictador bajo dos paradigmas contradictorios,335 la democracia ha transformado esta oposici?n irreconciliable en una nueva hermen?utica que muestra a los maquis como meros ?supervivientes? en unas crud?simas condiciones de existencia abocadas al fracaso y al sin sentido. Desde los a?os setenta el cine espa?ol ha contribuido significativamente al surgimiento de este nuevo paradigma, generando para la opini?n p?blica un nuevo referente que iguala a los combatientes con tr?gicos supervivientes de una lucha guerrillera ?pica. (355) 335 Anteriormente, coment? mi desacuerdo con la proposici?n de Moreno de la existencia de dos visiones extremas de la guerrilla antes de la muerte de Franco. Para Traverso, se ha pasado de la ?poca del h?roe a la de la v?ctima. 296 No obstante, la idea de ?tr?gicos supervivientes? deja de lado buena parte de la caracterizaci?n que se hace de la guerrilla durante la democracia. Como se observar? abajo, muchas obras no muestran la resistencia como una lucha sinsentido perdida de antemano, sino que apuntan a su envergadura, organizaci?n y posible triunfo. Varias pel?culas, como Huidos, muestran el momento de la lucha en que parec?a posible que el r?gimen pudiera caer. Tercera etapa: primeras visiones en libertad Desde 1976 hasta 1984 se observa un per?odo relativamente amn?sico ya s?lo se producen cuatro pel?culas336 y tres documentales sobre la resistencia antifascista. La escasa atenci?n que la lucha guerrillera recibe en esta etapa deviene m?s evidente al comparar estos n?meros con la producci?n cinematogr?fica en la cuarta y quinta etapa. De 1985 a 1996 se producen veintid?s obras (once pel?culas y once documentales) y de 1997 a 2006 se estrenan trece pel?culas y treinta y ocho documentales. Las obras de ficci?n que fueron producidas durante la transici?n democr?tica y los primeros a?os de libertad comparten algunos aspectos art?sticos como por ejemplo un desarrollo m?s pausado y realista que los filmes de las siguientes etapas los cuales tienen m?s acci?n o suspense y a veces abandonan el tono dram?tico y la tendencia realista para abrir nuevos caminos por el mundo de la fantas?a o la burla. Un ejemplo del estilo realista de estas pel?culas es el uso del entorno real para grabar la obra. En el ep?grafe de la pel?cula de Manuel Guti?rrez Arag?n, El coraz?n del bosque (1979), donde se capta la historia de un hombre enviado al noroeste de la pen?nsula para convencer a un resistente 336 Aunque El ladrido (1977) de Pedro Lazaga pertenece al tercer per?odo por su a?o, se mencion? esta pel?cula al comentar las afines al r?gimen para evitar repetir las principales pautas del cine profranquista. 297 solitario de que deje la lucha, se comenta el uso del espacio hist?rico y la inspiraci?n en hechos reales: ?Esta historia est? basada en diversos sucesos y personas que existieron en los mismos montes y bosques en que la pel?cula ha sido filmada?. Asimismo, en Los d?as del pasado (1977), se aprecia que Mario Camus tambi?n ha filmado su obra en el lugar retratado en la historia. Juana, la protagonista, toma un puesto como maestra en Barcena, un pueblo de Cantabria, para estar cerca del hombre que ama, Antonio, que tras el cautiverio en el exilio ha vuelto a Espa?a para luchar contra Franco. Entre los lugares indicados en los cr?ditos se incluye Barcena Mayor. Kargus (1980), de Juan Mi?on y Miguel ?ngel Trujillo, en cambio, incluye im?genes de la resistencia dentro de una mise en ab?me. El protagonista, Juan, vuelve a escribir inspirado por la visita de un catedr?tico de Historia. Los saltos entre la vida de Juan y las escenificaciones de su texto ?obra que por s? sola parece fragmentaria? rompe la fluidez narrativa vista en las pel?culas de Guti?rrez Arag?n y Camus. S?lo un segmento de lo que escribe trata sobre la resistencia. ?ste muestra a varios huidos acechando y matando a un soldado fascista. Luego pasan otra peripecia. Esta historia termina abruptamente cuando las fuerzas fascistas disparan contra su barco y las im?genes del tiroteo se confunden con las representaciones pict?ricas (el test de Rorschach) que el psic?logo de Juan le muestra. El papel casi inapreciable de la resistencia en Kargus hace que sea pr?cticamente imposible comentar el tratamiento de la lucha guerrillera, la ofensiva del r?gimen para acabar con ella o los protagonistas de ambos bandos. Como mucho, se plasma la precariedad de la vida de los huidos y su intento de sobrevivir. As? pues, esta pel?cula no recibir? mayor atenci?n. 298 En las pel?culas de Guti?rrez Arag?n y Camus, en cambio, la resistencia recibe mayor protagonismo, pero las fuerzas del r?gimen franquista apenas se representan. Cuando se les observa actuar, suele ser en el papel de personas que vigilan, reprimen o matan a la gente del pueblo y a los resistentes como el caso que se acaba de dar de Kargus. En El coraz?n del bosque, una pareja de la Guardia Civil persigue y dispara contra Juan, el enlace que intenta convencer a ?El Andar?n?, un maquis, de que deje la lucha. Otra escena muestra c?mo varios guardias civiles sacan a un hombre que conoce a ?El Andar?n? de su casa y lo matan. En Los d?as del pasado, el cabo le entrega una carta a Juana s?lo despu?s de hacerle varias preguntas personales y interrogarle sobre el origen de dicha carta. En otra escena, Angel?n, un estudiante de Juana que ayuda a los guerrilleros, comenta que los guardias civiles vigilan las tiendas porque saben que ellos,337 los maquis, tienen que aprovisionarse. Este personaje tambi?n vincula la escuela con la represi?n franquista pues le muestra a la maestra una antesala del edificio donde su padre estuvo encerrado antes de ser fusilado. Todav?a se entrev? la pintada que hizo: ?Vivan los compa?eros?. Adem?s del edificio, la educaci?n misma sugiere la represi?n franquista. En las paredes de la sobria sala, no hay m?s que un cuadro de Franco, un crucifijo y una pizarra. Aunque el control del r?gimen sobre la educaci?n se manifiesta mediante estas im?genes y los comentarios del inspector, Juana hace lo posible para que sus estudiantes puedan formarse una imagen favorable de los guerrilleros antifranquistas. La lecci?n que ense?a sobre la resistencia de los c?ntabros y los astures contra los romanos sugiere evidentes 337 En varias conversaciones como ?sta entre Juana y Angel?n, no se califica a los resistentes con ning?n t?rmino como huidos o maquis. En cambio, se usan pronombres como ellos u objetos directos como los. En otras escenas, algunas personas hablan de ?los del monte? y uno de los guerrilleros se queja de que la gente se refiera a ellos como ?huidos? y manifiesta su deseo de plantar cara a las fuerzas del r?gimen. 299 paralelismos con la lucha en las mismas monta?as durante y despu?s de la guerra civil. Juana explica que estos pueblos prefirieron morir antes que doblegarse. Se internaron en las monta?as y lucharon contra una fuerza que les superaba en muchos aspectos. El inspector, que llega durante la lecci?n, termina la historia se?alando que Agrippa dijo al emperador que los romanos luchaban por el poder, mientras que sus adversarios lo hac?an por la libertad. De esta manera, la maestra impregna la memoria de los j?venes con una imagen favorable a los grupos que resist?an y se defend?an en los montes circundantes y hace posible que ellos aprecien los paralelismos entre estos pueblos antiguos y los maquis, form?ndose as? una opini?n favorable de ?stos. Al considerar el posible efecto de la lecci?n, se comprende mejor la importancia de la educaci?n en la formaci?n de la memoria de los j?venes. Juana, sin embargo, es reemplazada por otra maestra. Cuando vuelve a la escuela un d?a, escucha a la nueva instructora impartiendo una lecci?n sobre los Reyes Cat?licos, tema que el inspector le dijo que le convendr?a ense?ar pues es lo ?nico que los inspectores de la Falange preguntan durante su revisi?n. De esta manera el director sugiere la pobreza de la educaci?n durante la ?poca franquista en cuanto a libertad de expresi?n y pensamiento. Con respeto al tratamiento de la lucha antifranquista y los resistentes, el enfrentamiento entre guerrilleros y fuerzas del r?gimen es claramente pol?tico aunque no se dibuje a los maquis c?mo h?roes. Algunos comentarios, sin embargo, resaltan su sacrificio y uno de ellos sirve de contraste interesante con la imagen de L?pez en La paz empieza nunca. Como el t?tulo, la trama y varios personajes destacan, el h?roe fascista sacrifica muchos a?os de su vida luchando por sus ideales. En Los d?as del pasado, en cambio, la referencia a la abnegaci?n del compa?ero de Juana es m?s sutil. No se intenta 300 elevar su estatus al de h?roe. En una carta, Antonio le pregunta a su pareja ??cu?ntas guerras m?s tengo que hacer para que podamos vivir con dignidad?? El resto de sus palabras dejan entrever que desde que se exili?, han pasado siete a?os. Se sugiere su activismo pol?tico, ya que acaba en Djelfa, un campo de castigo en Argelia.338 No obstante, los franceses llevan a los concentrados a Francia339 y seg?n Antonio, ?stos se vieron otra vez con el fusil en la mano, escondi?ndose en el bosque y haciendo la guerra contra los alemanes. Su carta termina apuntando que ?ahora que los soldados dejan las armas, nosotros volvemos a empezar?. Sus palabras subrayan los pasos que ciertos espa?oles siguieron ?la guerra civil, la Resistencia francesa, la guerrilla antifranquista? y, de este modo, se muestra la continuaci?n de los ideales a trav?s de estas fases de la lucha antifascista, lo cual ayuda a que se otorgue a un resistente espa?ol el mismo respeto que inspirar?a un resistente franc?s. La representaci?n de la lucha como pol?tica se manifiesta a trav?s de las acciones de los guerrilleros que pretenden hostigar a la dictadura. Se observa a los maquis poner cargadores y volar una torre de electricidad. Asimismo, sostienen enfrentamientos con la Guardia Civil y uno de los guerrilleros, Pepe, discute con el l?der de la partida pues quiere hacerles frente, pero el jefe dice que son muy pocos ahora y lo importante es que la gente sepa que est?n all?. Prefiere esperar a que haya m?s guerrilleros y expone que pronto tendr?n la ayuda de los Aliados. La esperanza de que las democracias occidentales les apoyen dibuja a la resistencia como parte de un plan maestro (en vez de un esfuerzo sin 338 Toda actividad pol?tica fue prohibida por las autoridades francesas dentro de los campos de concentraci?n. Los exiliados espa?oles que infring?an esta regla o los que se consideraban peligrosos (normalmente por sus ideas pol?ticas) fueron internados en campos de castigo como Vernet (Francia) o deportados a campos en el norte de ?frica como Djelfa. Ver Enero sin nombre de Max Aub. 339 Incongruencia del gui?n. 301 sentido) y subraya que los maquis deseaban derrocar a Franco. As? pues, se deja claro que la lucha es pol?tica y tiene objetivos concretos. En El coraz?n del bosque, en cambio, tanto el momento en que se sit?a casi toda la acci?n como la historia misma no dan pie a muchas alusiones a la inspiraci?n y las metas pol?ticas de la lucha. Tras una escena breve que corresponde a 1942 cuando seg?n un r?tulo, ?el Andar?n y su grupo de ?escondidos? mantienen una resistencia esperanzada en las monta?as del Norte?, el resto de la obra muestra la situaci?n precaria de los supervivientes del grupo diez a?os despu?s. A la altura de 1952, son incapaces de realizar cualquier acci?n pol?tica y otro r?tulo indica que ?la organizaci?n a la que pertenece el Andar?n ha decidido poner fin a la resistencia armada?.340 Dada la inactividad del grupo, estos textos cobran importancia pues llaman la atenci?n sobre el hecho de que los grupos se opon?an al r?gimen y pertenec?an a una organizaci?n m?s grande que la partida en s?. No obstante, tambi?n se reconoce la incapacidad de dicha organizaci?n para controlar a sus facciones pues el texto termina indicando que ?se env?an sin resultado un enlace tras otro?. A ?El Andar?n? le acompa?an dos resistentes, pero ?stos se separan de ?l y deciden dejar el monte. Uno muere en una escaramuza. As? pues, ?El Andar?n? se queda solo pero aun as? se niega a dejar la lucha. Cuando Juan le dice que tiene que dejar las armas, que es irremediable y que sus camaradas le quieren ayudar, el maquis s?lo repite ?traidores?. Su reacci?n recuerda lo que se coment? en el cap?tulo dos, cuando para algunos resistentes el abandono de la lucha era impensable pues resultaba una traici?n a sus ideales y sus camaradas ca?dos. As? pues, aunque esta pel?cula no muestra a los guerrilleros realizando acciones para hostigar al r?gimen de Franco, su caracterizaci?n 340 Seg?n Naharro Calder?n, se refiere a la in?til resistencia y tr?gico final de Juan?n y al abandono de la lucha armada y la guerrilla por parte del PCE. 302 a?n se distingue de la imagen presentada en las obras afines a la dictadura ya que retrata a los maquis como hombres y mujeres fieles a sus camaradas e ideales, sugiriendo adem?s que la lucha tiene una organizaci?n y envergadura superior a la partida y est? inspirada por ideales y metas pol?ticas. La representaci?n de la sexualidad de los resistentes y de los que les apoyan es casi inexistente en El coraz?n del bosque. No obstante, una breve escena no deja de resultar chocante. La primera vez que Juan encuentra a ?El Andar?n? en el monte ?ste est? manteniendo relaciones con su caballo. Esta actividad no es erotizada ni condenada, pero la enfermedad que le produce, una roncha que le destruye la cara y atormenta todo su cuerpo pues no deja de rascarse, sirve para comunicar el aislamiento del maquis, su penoso estado de su salud, y la fuerza negativa de la naturaleza en la que vive y que acaba con ?l. En Los d?as del pasado, la relaci?n entre Antonio y Juana tampoco resulta er?tica ni se refleja a trav?s de una ?ptica que indique ni la desaprobaci?n ni la condena del director. La pareja se quiere y no aguanta la separaci?n. Una noche Antonio entra en casa de Juana, pero la visita no parece repetirse pues el jefe de la guerrilla le reprocha su indiscreci?n porque bajar al pueblo pone a toda la partida en peligro. As? pues, en ambas pel?culas queda claro que los directores no intentan representar a los protagonistas como h?roes de una moral intachable. Tampoco parece que intenten aprovechar sus actividades sexuales para influir sobre la opini?n que los espectadores forman de los personajes.341 341 Otro ejemplo que ayuda a ilustrar estos comentarios es una comparaci?n de la protagonista de Los d?as del pasado con la de Carta a una mujer. En la pel?cula favorable a la dictadura de Franco, la mujer se arrepiente de su presente relaci?n cuando un maquis le convence de que su primer esposo est? vivo. Aunque el polic?a le explica que el resistente le ha mentido y le facilita un documento confirmando la muerte de Carlos, Flora se niega a volver con Augusto y espera la imposible vuelta de aqu?l. Juana, en cambio, ya no puede vivir con las peripecias de su pareja. Cada vez que escucha tiros, se angustia dudando de si Antonio ha muerto. Aunque lo sigue queriendo, decide volver a M?laga. As? pues, mientras que la 303 Esta etapa tampoco fue muy prol?fica con s?lo tres documentales. No obstante, todas se ocupan plenamente de las guerrillas antifranquistas. S?lo uno, Quico Sabat? (1980), una producci?n del Colectivo Penta, se centra en un aspecto espec?fico de la resistencia: la vida de este famoso guerrillero anarquista. Los otros dos, Guerrilleros (1978) de Bartomeu Vil? y Merc? Conesa y el documental de Jos? Luis Guarner, presentan de manera muy completa el desarrollo y declive de la guerrilla en sus ?mbitos rurales y urbanos. La obra de Guarner, La guerrilla: un estado precario, parece haber sido emitida en televisi?n en 1981 y otra vez en 1987 y figura como el quinto cap?tulo en la serie Espa?a: Historia inmediata (1984). Dos de los documentales de esta etapa muestran cierta tendencia a combinar representaciones ficticias con grabaciones de hechos reales. En la obra de Guarner, esta mezcla se ve limitada al uso de fragmentos de pel?culas y documentales que forman una parte m?nima de la obra.342 La mayor?a el filme del Colectivo Penta, en cambio, consiste en escenificaciones de momentos representativos de la vida de Francisco Sabater y de la lucha antifranquista en general.343 Estas actuaciones y otras im?genes (la guerra civil, el exilio, la prensa de la ?poca franquista, etc.) se acompa?an con la voz en off del narrador que las comenta. Este documental tambi?n incluye entrevistas pero ?stas son una m?nima parte en comparaci?n con los otros dos documentales. En la obra de Guarner los interpelados incluyen un general de la Guardia Civil (Manuel Prieto), varios historiadores caracterizaci?n de Juana sugiere su humanidad, la representaci?n de Flora tiende hacia la santidad pues parece que el director intenta mostrarla como una mujer abnegada que prefiere sufrir el martirio de la soledad y la tortura de una espera que se sabe carente de fin, antes que infringir la moral. El hecho de que la pel?cula af?n al r?gimen muestre a la protagonista martiriz?ndose incluso cuando no tiene sentido sirve para apoyar la idea de que se intenta retratar a estos personajes como h?roes de una rectitud intachable. 342 Esta tendencia poco com?n en los documentales se volver? a observar en una de las obras de Alfonso Arteseros que usa fragmentos de la pel?cula Huidos. 343 Se vuelve a encontrar el uso de actuaciones para retratar la vida de Sabater y otros anarquistas en El maquis a Catalunya 1939-1963, aunque en este documental su uso es menor. 304 (Hartmout Heine, Eduardo Pons Prades, etc.) y muchos guerrilleros. En el documental de Vil? y Conesa, en cambio, no se escucha una voz representativa del r?gimen pues las entrevistas son casi exclusivamente de guerrilleros. Al tiempo que estos documentales ofrecen al espectador una imagen generalmente m?s positiva de la lucha clandestina tambi?n aportan un reflejo m?s negativo sobre las fuerzas fascistas, pues explican que la formaci?n de los grupos resistentes se debe a las represalias que empezaron durante la guerra. El narrador en el filme de Guarner atribuye el nacimiento de grupos de resistencia al r?pido avance de las tropas nacionales y al temor a la represi?n. Enrique L?ster (calificado en el documental como ?instructor guerrillero?) narra el caso de su familia. Uno de sus hermanos fue paseado y otro condenado a muerte por un tribunal y fusilado. Sus ?ltimos dos hermanos se escaparon al monte. Adem?s, el narrador se?ala la envergadura de la Ley de Responsabilidades Pol?ticas de febrero de 1939 que era retroactiva y explica que los juicios de guerra aumentan al terminar la contienda. Esta ley y otras, que se comentan tambi?n en Guerrilleros, muestran que las represalias se deb?an a razones pol?ticas e ideol?gicas.344 Asimismo, esta obra indica el n?mero de ejecuciones que tuvieron lugar despu?s de la guerra y ofrece cifras sobre la cantidad de personas encarceladas o en libertad condicional a la altura de 1946.345 Estos comentarios dejan claro que la gente hu?a al monte durante y despu?s de la guerra para sobrevivir y no para lucrarse. 344 El documental hace menci?n de los diferentes tipos de represi?n que hab?a durante la dictadura de Franco incluyendo la prohibici?n de ?recibir en las empresas a los depurados como rojos? y la p?rdida de bienes a los que se hab?an manifestado en contra de la sublevaci?n o incluso a los que no se hab?an adherido a ella. 345 Un ?ltimo aspecto que subraya la represi?n de los resistentes es la indicaci?n de los a?os que cada guerrillero entrevistado pas? en prisi?n y, en los casos pertinentes, las condenas a muerte. 305 En Guerrilleros se otorga considerable atenci?n a las represalias que ocurr?an en la posguerra y se atribuyen las acciones de la resistencia a la violencia del Estado franquista. Un r?tulo apunta a que Franco era un terrorista y otros textos mecanografiados en papel346 defienden las acciones de los guerrilleros como el siguiente: ?Con mucha frecuencia, contra la violencia no existe otro medio de defensa que la violencia. Pero, incluso entonces, no es violento el que se defiende, sino el que obliga a otros a tenerse que defender. Malatesta?. El narrador comenta que Franco lleg? al poder mediante las armas y se mantuvo all? gracias a ellas. Seg?n esta voz en off, las guerrillas eran la respuesta a este terrorismo estatal.347 Cuando personas afines a la dictadura caracterizan el movimiento guerrillero y la ofensiva del gobierno franquista, sin embargo, se reiteran las ideas vistas en las obras favorables al r?gimen. En el documental de Guarner se escucha un discurso del general Moscard? que comenta la derrota del Valle de Ar?n dibujando a la resistencia como una amenaza intrascendente pues ?no pudo conseguir m?s ?xito que el que les proporcion? la sorpresa y el n?mero, por cierto, ef?mero e insignificante?. A continuaci?n, califica a la fuerza p?blica como ?varonil? y alega que el car?cter del enemigo es el opuesto. En su entrevista, Manuel Prieto, un general de la Guardia Civil, afirma que todas las muertes de guerrilleros se produjeron en enfrentamientos, lo cual ofrece una imagen favorable de la Benem?rita pues obvia el uso de la tortura o la ley de fugas para eliminar a los resistentes. 346 Estos textos, los mapas de papel, y las figuras de papel sobre la hierba que representan a los maquis y los guardias civiles muestran el bajo presupuesto del documental. 347 Otro aspecto del r?gimen que se critica incluye algunas de las t?cticas usadas para acabar con los maquis como las contrapartidas. Eduardo Pons Prades indica el uso de criminales con delitos de sangre en estos grupos que sembraban el terror entre la poblaci?n civil yendo a casa de los campesinos y demandando ayuda. Si no denunciaban al grupo a las autoridades, eran represaliados. Un entrevistado cuenta el caso en que un hombre fue condenado a treinta a?os despu?s de ser ?terriblemente apaleado? por no denunciar a una contrapartida. 306 Aunque, como se ha dicho anteriormente, la visi?n de los guerrilleros es en general positiva, no se les trata como a h?roes o personas de una rectitud intachable.348 En Quico Sabat? el guerrillero anarquista Marcelino Massana y el historiador Eduardo Pons Prades caracterizan a Sabater. Massana, que conoci? a ?Quico? en 1945, lo considera un excelente compa?ero igual que la mayor?a de los resistentes y se?ala que era respetado. Pons Prades, que ha conocido y estudiado a Sabater, apunta que fue un hombre consistente con sus ideas revolucionarias y lo califica como ?valiente y generoso?. Hay sin embargo un aspecto de este documental que resalta el sacrificio que los guerrilleros hac?an en aras de su ideolog?a y que podr?a pasar desapercibido, pues mientras que un actor interpreta a Sabater y envuelve unos objetos en un pa?o, el locutor de la radio francesa anuncia la siguiente canci?n que se escuchar?: ?Mourir pour des id?es?.349 Aparte de indicar que el movimiento guerrillero naci? de las represalias de los vencedores, estos documentales ofrecen una imagen m?s favorable de los maquis al mencionar su prop?sito, organizaci?n y envergadura. En Guerrilleros, Pons Prades considera cercano a los 50.000 el n?mero total de personas que participaron en la guerrilla durante un cuarto de siglo de actividad.350 El historiador desmiente la idea propagada por el r?gimen seg?n la cual los maquis nunca llegaron a ser una amenaza seria para la dictadura haciendo c?mputo de todas las fuerzas que se usaron para combatirlos. En el documental de Guarner, el historiador Helmut Heine explica el desarrollo de la Federaci?n de Guerrillas de Galicia-Le?n y su adopci?n de reglamentos y disciplina ?cuasi militar?. Asimismo, en el documental de Vil? y Conesa, la guerrillera 348 Una excepci?n a esta tendencia es el comentario de Enriqueta Otero en Guerrilleros que refiere al papel de la mujer en la resistencia como una actividad ?sacrificada y heroica?. 349 De Georges Brassens, cantautor de ideolog?a librepensadora. 350 Adem?s de guerrilleros, este n?mero incluir?a a puntos de apoyo y enlaces. 307 Enriqueta Otero comenta la organizaci?n en agrupaciones de los guerrilleros de Galicia y Marcelino Massana menciona un congreso de resistentes en Toulouse en Quico Sabat?. En este mismo documental los comentarios de Massana y Pons Prades que se?alan los prop?sitos de la lucha clandestina la dibujan m?s favorablemente a ojos del espectador que las obras afines al franquismo pues se?alan que la lucha era pol?tica porque hostigaba al r?gimen dictatorial y prove?a asistencia a los que sufr?an su represi?n. El guerrillero se?ala que su papel en la resistencia era realizar sabotajes en las l?neas de alta tensi?n y el historiador comenta que los ?atracos? eran muy importantes para cubrir los gastos de imprimir propaganda y ayudar a las familias de compa?eros muertos o encarcelados.351 En los tres documentales se establece la conexi?n entre ser soldado republicano y hacerse maquis, lo cual ayuda a convencer a un p?blico que pudiera dudar de la motivaci?n de los guerrilleros pues alude a que su inspiraci?n no ha cambiando. Resaltar este aspecto de la lucha clandestina ayuda a otorgar a los resistentes el mismo respeto que se tendr?a a los miembros del ej?rcito republicano. En Guerrilleros, Enriqueta Otero se?ala que ?no me march? a la guerrilla. Continu? mi trabajo contra el fascio?. La guerrillera explica que escap? de Madrid y fue a Lugo para seguir luchando como guerrillera. Sus comentarios subrayan varias veces que la guerrilla era una continuaci?n de la lucha empezada durante la guerra civil. Asimismo, el documental del Colectivo Penta comienza explicando la derrota del ej?rcito republicano y la huida a Francia en relaci?n con el desarrollo de la resistencia. Seg?n el narrador, ?fueron muchos los que no 351 En el documental de Guarner, Pedro Vicente G?mez explica que los guerrilleros deseaban restablecer la democracia en Espa?a y en Guerrilleros se explica que el fin ?ltimo de la invasi?n del Valle de Ar?n fue derrocar a Franco. Aunque se reconocen los errores de esta operaci?n, tambi?n se explica que la invasi?n formaba parte de un plan mayor que inclu?a el establecimiento de un enclave de guerrilleros con el fin de crear un gobierno republicano en territorio espa?ol (la cabeza de puente) y esperar la ayuda de unos Aliados que hab?an prometido limpiar Europa de dictadores fascistas. Explicaciones como ?sta contribuyen a ofrecer una visi?n de la lucha guerrillera m?s sensata, confrontando la caracterizaci?n que el fascismo hace de la misma como un esfuerzo sin sentido y perdido de antemano. 308 aceptaron el papel de vencidos y decidieron proseguir la lucha contra el r?gimen franquista?. Aunque el documental de Guarner crea una idea m?s favorable de la resistencia que las obras afines al franquismo, tambi?n se muestra cr?tico con otros aspectos de la lucha. Seg?n Heine, el Partido Comunista form? ?rganos como el Alto Mando de los Guerrilleros o Jefatura Nacional de los Guerrilleros para que pareciera que hab?a una organizaci?n central, pero el historiador observa que la realidad era justamente la contraria pues tardaban meses en comunicarles sus ?rdenes y los maquis a veces no pod?an o no estaban dispuestos a cumplirlas. Asimismo, el narrador cr?tica ciertos momentos de la lucha. ?[En las] zonas donde la disciplina es relajada o se han difuminado los m?viles pol?ticos, las actividades guerrilleras bordean la delincuencia o caen de lleno en ello?. A pesar de que esta caracterizaci?n de la lucha parece acercarse a aqu?lla que los directores afines al r?gimen fomentaban, se distingue de ella en varios aspectos cruciales pues limita esta representaci?n a zonas particulares y momentos determinados, principalmente durante el declive de la lucha. Al atribuir buena parte de los actos de delincuencia al acoso de las fuerzas represoras y el consecuente desenlace de la resistencia, se desmiente la idea promovida en las obras profascistas de que los forajidos se echaban al monte esperando lucrarse. Otro aspecto del tratamiento de la lucha clandestina que requiere an?lisis es la visi?n de la mujer resistente. Frente a la imagen hipersexualizada de la mujer antifascista que se observ? en las obras afines a la dictadura, Enriqueta Otero se?ala la importancia del papel de la mujer en la guerrilla y M?nica Redondo (calificada en la obra de Guarner 309 como ?colaboradora de la guerrilla?) explica lo que hac?a para ?sta.352 Aunque hubo casos de guerrilleras, generalmente, las mujeres actuaban como enlaces facilitando provisiones e informaci?n a los maquis. Asimismo, transportaban armas y documentaci?n. As? pues, las palabras de las protagonistas de los hechos contrarrestan la imagen de la antifascista lasciva vista en las obras favorables al r?gimen pues resaltan el papel serio y la influencia vital que estas mujeres tuvieron en la lucha clandestina. En cuanto a la terminolog?a usada para referirse a los resistentes, Manuel Prieto, un general de la Guardia Civil entrevistado en el filme de Guarner, comenta que ?guerrilleros, bandoleros, terroristas es una similitud? y explica que entre 1944-1952 ?hay algunas unidades armadas que tratan de invertir el orden pol?tico en Espa?a. La denominaci?n de ellos es maquis o guerrilleros y la denominaci?n oficial que se les da es la de bandoleros?. Resulta interesante observar que su primer comentario, que reduce guerrilleros y bandoleros al mismo significado, se hace eco de la descripci?n de los protagonistas de El ladrido. As? pues, parece que cuando no se pudieron cambiar los t?rminos que el pueblo usaba para denominar a los resistentes, se intent? otorgar a ?stos un significado menos favorable. Su segundo comentario reconoce la motivaci?n pol?tica de los guerrilleros y alude al intento del r?gimen de controlar la percepci?n que los espa?oles se formaban de los resistentes mediante la imposici?n de ciertos vocablos. Asimismo, el comentario del narrador sobre la propaganda y la censura muestra el esfuerzo del gobierno totalitario por controlar la opini?n p?blica. Seg?n ?ste, la prensa de la ?poca describ?a a los guerrilleros como ?bandoleros? (u otros t?rminos que los 352 Enriqueta Otero interviene en el documental de Vil? y Conesa y el filme de Guarner. 310 calificaban como delincuentes) e intentaba borrar cualquier indicio de una lucha antifranquista, o sea, de una oposici?n pol?tica.353 Aunque los narradores, resistentes e historiadores generalmente usan palabras que representan a los luchadores favorablemente, Pons Prades utiliza el t?rmino ?atraco? en Quico Sabat?. A pesar de que este vocablo normalmente se asocia con un criminal com?n, queda claro que el dinero recaudado serv?a a un objetivo pol?tico y que la intenci?n del historiador no es denigrar la lucha clandestina. El narrador, en cambio, llama las mismas acciones ?golpes econ?micos? y reitera su importancia se?alando que dichas acciones eran las que permit?an a los guerrilleros proseguir la lucha contra el franquismo. Un ?ltimo aspecto de estos documentales que merece atenci?n es su difusi?n. En Quico Sabat? se usa el catal?n en ciertas partes que no se acompa?an con subt?tulos en espa?ol. Durante varias escenificaciones, los actores conversan en catal?n y Massana habla este idioma durante su entrevista.354 El uso del catal?n sugiere que los directores no est?n muy preocupados por el beneficio divulgativo ni econ?mico de su proyecto pues las limitaciones que este idioma pone en la comprensi?n de la obra podr?a hacer que el filme resultara menos comercial. Asimismo, la disponibilidad gratuita de ?ste y de Guerrilleros en internet parece indicar que a los directores les importaba m?s distribuir su proyecto que lucrarse con ello. 353 Tambi?n en el documental sobre el guerrillero anarquista se aprecia la versi?n oficial de la historia a trav?s de la prensa censurada. Tras explicar c?mo ?Quico? muri?, se muestran art?culos de la ?poca que usan t?rminos como terrorista, atracador y bandolero, los cuales califican al guerrillero como un delincuente. 354 Aunque Massana habla en catal?n en los otros dos documentales, la corta duraci?n de Quico Sabat? ?unos veintisiete minutos? hace que proporcionalmente el uso de este idioma sea mayor. 311 Cuarta etapa: visiones en plena libertad A partir de 1985 la producci?n f?lmica aumenta considerablemente se?alando el fin del per?odo amn?sico. En esta fase que dura hasta 1996 se estrenan once documentales y once pel?culas que incluyen una obra de cinco cap?tulos, El mundo de Juan Lob?n (1987) de Enrique Bras?355 sobre un cazador furtivo cuyo nombre es reflejado en el t?tulo, y dos cortometrajes, Bajomonte (1993) de Ra?l Hern?ndez Garrido que trata las rencillas entre hermanos debido a la guerra y Os salteadores (1993) de Abi Feij?, cuya animaci?n retrata la ejecuci?n de espa?oles que huyen a Portugal, pero son devueltos a la Guardia Civil. Esta etapa tambi?n se distingue de la siguiente pues a?n no se ha llegado a borrar la l?nea entre la ficci?n y realidad hist?rica. Una obra que ejemplifica el deseo de los directores de mantener esta separaci?n es La guerra de los locos (1987) de Manolo Matji que retrata a los pacientes de un manicomio que escapan y se unen a una partida de guerrilleros. Al final de la pel?cula, se apunta a que la historia es ficticia mediante el texto siguiente: ?Cualquier parecido con personas vivas o difuntas, ser?a el resultado de una lamentable coincidencia?. Asimismo, estas pel?culas generalmente conservan la tendencia dram?tica y realista aunque algunas rompen levemente el realismo con saltos cronol?gicos, como R?quiem por un campesino espa?ol (1985) de Francisco Betriu, que a trav?s de los recuerdos de un cura retrata los acontecimientos que terminaron con la ejecuci?n de Paco, un concejal convertido en huido, o Si te dicen que ca? (1989) de Vicente Aranda que dibuja los a?os cuarenta a trav?s de los recuerdos de Sarnita. Estas pel?culas son adaptaciones de las novelas de Ram?n J. Sender y Juan Mars?, respectivamente. Otras adaptaciones incluyen Luna de lobos (1987) de Julio S?nchez Vald?s, una historia sobre cuatro soldados que intentan 355 La pel?cula est? basada en la novela de Luis Berenguer que lleva el mismo t?tulo. 312 sobrevivir tras la ca?da del frente norte, y Beltenebros (1991) de Pilar Mir? que retrata la vuelta de Darman a Madrid para eliminar a un traidor de la organizaci?n guerrillera.356 Algunas pel?culas, como Catorce estaciones (1991) de Antonio Rico Jim?nez, aumentan la importancia de elementos como el suspense, pero ?stos muchas veces alejan el desarrollo de la trama del tema de la resistencia. En este filme, la representaci?n de la resistencia est? limitada puesto que la historia explora las peripecias en el plan de asesinar a un resistente y las intrigas de amor entre el asesino y la esposa del opositor al r?gimen. En otros casos es la acci?n lo que le puede al tema. Las escenas de acci?n (huidas, explosiones o tiroteos), sexo y violencia en Huidos (1992) de F?lix Sancho Gracia, que muestra la fuga de un grupo de hombres al monte, el desarrollo de la guerrilla y su desenlace, parecen destinadas a aumentar la comerciabilidad de la obra, pero acaban distrayendo la atenci?n del tema de la resistencia. Aunque el fragmento de R?quiem por un campesino espa?ol que se ocupa de la huida de Paco y su ejecuci?n sumaria forma una peque?a parte de esta pel?cula, constituye la raz?n de ser de la obra pues si estos acontecimientos no hubieran ocurrido, el cura no habr?a tenido que celebrar un r?quiem que le obligara a recordar momentos claves de la vida de Paco, lo cual permite explayar las preocupaciones socio-pol?ticas del concejal desde que era ni?o. Estas preocupaciones y su cargo pol?tico durante la Rep?blica le obligan a huir ante el avance de las tropas sublevadas. La necesidad de huir al monte para sobrevivir tambi?n se plantea en Huidos, La guerra de los locos y Luna de lobos. Debido a que buena parte de las pel?culas de esta etapa retratan las causas de la 356 Otra adaptaci?n de Pilar Mir?, Tu nombre envenena mis sue?os (1996), retrata el asesinato de tres falangistas, el cual es un ajuste de cuentas personal contra la quinta columna falangista que operaba en Madrid durante la guerra. Aunque se alude a la posibilidad de que estos homicidios son actos pol?ticos de unos ?rojos?, la resistencia antifascista no es responsable de estas muertes ni aparece en la obra. Por ello, ?sta no recibir? m?s atenci?n. 313 formaci?n de la resistencia y no muestran un distanciamiento psicol?gico del tema, no se puede decir que este per?odo se caracterice por una memoria idealizada. La escenificaci?n de actos de represi?n de personas opuestas al levantamiento y la dictadura es un aspecto de la representaci?n de las fuerzas fascistas que las dibuja desfavorablemente. En Huidos y R?quiem se retrata la detenci?n, huida y asesinato de personas que ocupaban cargos pol?ticos en la Rep?blica o que abiertamente manifestaban sus ideales izquierdistas. Adem?s de su caracterizaci?n como violentos represores, a veces, como as? ocurre en R?quiem, se pintan a estas fuerzas como deshonestas pues a pesar de que el l?der de los falangistas le da a Mos?n Mill?n, el cura del pueblo, su palabra de honor que no ejecutar? a Paco si le indica su escondite, el concejal es fusilado ?cristianamente? con otros dos hombres de noche. Otros ejemplos de la violencia y represi?n en R?quiem incluyen varias mujeres con las cabezas rapadas, las sacas por las noches, y la matanza por dos falangistas de las presentes en el Carasol, una especie de proscenario de tragedia griega. El hecho de que los paseos ocurran de noche en R?quiem y Huidos resalta que estos grupos sab?an que operaban al margen de la legalidad y, por eso, intentaban ocultar sus actividades, lo cual, junto con la violencia, dibuja una imagen desfavorable de las fuerzas fascistas.357 En La guerra de los locos tambi?n se observa a personas afines al r?gimen obviando la justicia para acabar con un resistente. El militar fascista se da cuenta de que ?El Rubio? no podr?a haber hecho esta serie de matanzas y que el verdadero autor de estas barbaridades es un loco que tras escaparse del manicomio toma la identidad de este jefe guerrillero, pero el m?dico-cacique apunta que como hay dos hombres, s?lo se 357 En Os salteadores se observa la complicidad de las autoridades portuguesas en estas eliminaciones clandestinas. 314 puede ejecutar a uno. As? propone que tienen que fusilar al h?roe como asesino porque entre los rojos no puede haber s?mbolos positivos. Por ello, mientras que las obras afines al franquismo caracterizan a los resistentes como delincuentes, ciertas pel?culas de la presente etapa sugieren que las acciones de los adictos al r?gimen caen en la criminalidad. Aunque generalmente, no se muestra a las personas favorables a la dictadura disfrutando de sus actos violentos, se aprecia una excepci?n en Huidos. Antonio, que en alg?n momento llega a ser el alcalde del pueblo, apoya la sublevaci?n y parece gozar de impunidad debido a este apoyo.358 Atormenta a la familia de Marcial, un huido, amenazando echarles de su casa. Dispara contra la casa, pero Marcial lo enlaza con una cuerda y le arrastra hasta hacerle sangrar. Antonio promete no echarles de la casa, pero vuelve y viola a Mar?a. Su soberbia parece subrayar el poder e impunidad pues la llama ?puta? y dice que le va a echar de la casa. Efectivamente, Antonio y dos guardias civiles obligan a Mar?a y a su hija a abandonar la casa y, despu?s de una reuni?n con el jefe local de la Benem?rita, son desterradas a nada menos de 200 kil?metros del pueblo. As? pues, aparte de la agresi?n sexual, este caso ejemplifica la represi?n social y econ?mica de los resistentes y sus familias. Un ejemplo que muestra a las fuerzas del r?gimen sin abusar del poder al tratar a los guerrilleros y sus familias se observa en la misma pel?cula. El jefe de la Guardia Civil le dice a la esposa de Marcial que est? en su derecho de no decirle nada sobre el paradero de su marido, pero eso le obligar? al destierro. Por las diferentes representaciones de las 358 No se indica si Antonio es el alcalde cuando la sublevaci?n se produce, pero Marcial hace referencia a su cargo pol?tico cuando lo busca para vengar la violaci?n de su mujer. 315 personas afines al estado franquista que se observan en Huidos, no se puede decir que sea una obra tendenciosa.359 El tratamiento de la resistencia y sus protagonistas en estas pel?culas resulta m?s positivo que la caracterizaci?n ofrecida en las obras favorables a la dictadura debido en parte al hecho de que varias pel?culas dibujan la raz?n de ser de los resistentes como una necesidad de sobrevivir. Asimismo, algunas obras retratan el aspecto pol?tico de las represiones. Como se coment? anteriormente, Paco, un concejal de la Rep?blica, es ejecutado en R?quiem. De manera similar, Huidos empieza conectando el avance de la sublevaci?n y el fracasado intento de pasear a los comunistas con la necesidad de marchar al monte. Cuando Juan dispara contra el cami?n que lleva a los presos pol?ticos, casi todos escapan al bosque.360 As? pues, la representaci?n de c?mo y por qu? se formaron estos grupos de resistencia ayuda a dibujar una imagen que contrasta con la caracterizaci?n desarrollada en las obras favorables al fascismo. Al explicar que sus 359 Otras obras tambi?n matizan las complejidades de los personajes que luchan para acabar con la resistencia. En Luna de lobos, por ejemplo, la perspectiva omnisciente permite al espectador poner una cara a estos personajes ?completamente desconocidos en la novela? que persiguen a los huidos. Este cambio humaniza a los guardias civiles pues se contemplan escenas que sugieren que sus vidas tampoco son muy agradables. En la pel?cula, el capit?n le da al sargento una semana para capturar vivos o muertos a los huidos despu?s de que ellos matan a don Pedro en un robo que sali? mal. La imposici?n de una fecha l?mite facilita la suposici?n de que habr? alg?n castigo si el sargento no cumple la orden. ?ste intenta ahogar con la bebida la presi?n que la supuesta penalizaci?n le provoca y que se suma a los a?os de frustraci?n de cazar sin ?xito a los hombres escondidos en los riscos. Cada vez que sale a hacer una batida, arriesga su vida y sufre los mismos elementos de la naturaleza que los resistentes. Su vida personal tampoco le ofrece mucha alegr?a. Disfruta de la eventual compa??a de Mar?a, quien a la vez es amante del l?der de la partida, Ramiro, pero descubre que este aspecto de su vida tambi?n es un fracaso cuando ?ste interrumpe una noche de cama de Mar?a. Al dejarle vivo Ramiro, el sargento contrae una deuda con el guerrillero, que luego le repagar? cuando le busca en la cuadra de la hermana del maquis. Aunque la encarnaci?n de los guardias civiles en personajes podr?a suscitar la empat?a del espectador que aprecia las dificultades de su vida, tambi?n permite representar sus acciones violentas que la novela s?lo sugiere. En la pel?cula, por ejemplo, se les observan torturando a la hermana de Ramiro para sacarle informaci?n sobre la partida. As? pues, estas matizaciones ejemplifican c?mo esta obra no crea una representaci?n maniquea de las fuerzas del r?gimen. 360 Similarmente, La guerra de los locos comienza con la huida de la poblaci?n civil ante el anticipo de la llegada de las tropas sublevadas. Los hombres del m?dico-cacique entran en el ayuntamiento de un pueblo, tiran la bandera republicana y ejecutan a varias personas incluyendo a la mujer de ?El Rubio?, que poco antes le hab?a dicho a un miembro de la partida de su esposo que estaba demasiado d?bil para huir con ?l. Posteriormente, se sugiere la raz?n socio-pol?tica por la ejecuci?n de esta mujer. ?El Rubio? hab?a fundado una cooperativa agraria, una organizaci?n que no habr?a sentado bien a los ricos. 316 actuaciones pol?ticas o sociales durante la Rep?blica son la raz?n por la cual las personas afines al golpe militar buscan eliminarlos, se desmiente su anterior representaci?n como criminales comunes que s?lo se preocupaban de su lucro personal. Las pel?culas que retratan a los guerrilleros realizando sabotajes y golpes econ?micos o repartiendo propaganda tambi?n contribuyen a crear una imagen favorable de la lucha clandestina pues resalta su aspecto pol?tico. Los maquis en Bajomonte, por ejemplo, realizan un golpe econ?mico contra una persona que cambi? de bando cuando las tropas sublevadas llegaron a su pueblo y, desde entonces, se ha beneficiado econ?micamente de su apoyo al gobierno fascista.361 En Huidos Marcial les explica a sus compa?eros que su adhesi?n a la Uni?n Nacional ser?a una forma para organizarse como una ?fuerza pol?tica? de ?agitaci?n y propaganda?, pero apunta que eso requiere dinero. Acto seguido, se les observa llevando a cabo acciones que debilitan el r?gimen y fomentan la resistencia. Una serie de escenas cortas muestran a los guerrilleros atracando un banco, realizando un sabotaje, distribuyendo propaganda y matando a un alcalde favorable a la dictadura fascista. As? pues, estas acciones que hostigan al r?gimen de Franco subrayan que los maquis ten?an objetivos pol?ticos.362 Otro aspecto de la caracterizaci?n favorable de la lucha guerrillera es la envergadura de la misma pues sugiere la organizaci?n de la resistencia y la extensi?n de 361 Si te dicen que ca? y Luna de lobos tambi?n ofrecen ejemplos de los resistentes realizando golpes econ?micos contra personas que parecen ser adictos al r?gimen. En la adaptaci?n f?lmica de la novela de Mars?, Palau, uno de los guerrilleros urbanos, roba a la querida de un estraperlista importante. La versi?n cinematogr?fica de Luna de lobos, por su parte, conserva el secuestro de un rico due?o de las minas que se coment? en el cap?tulo anterior. 362 En ciertas pel?culas, la carencia de estas acciones se debe en parte a la incapacidad de los resistentes para realizarlas por su situaci?n precaria. En R?quiem, por ejemplo, Paco est? s?lo y no puede hacer m?s que esconderse y defenderse. Los resistentes en Catorce estaciones tampoco realizan acciones que hostigan al r?gimen franquista pues toda la acci?n ocurre dentro del tren y los resistentes necesitan pasar desapercibidos. No obstante, uno de ellos, el profesor, comenta su deseo de que Espa?a vuelva a ser una rep?blica, lo cual deja claro su motivaci?n pol?tica. 317 su apoyo.363 En Si te dicen que ca?, un hombre vestido de marinero entra en un bar donde hay varios guerrilleros urbanos reunidos. Disimuladamente, se para al lado de su mesa y les dice que en Toulouse demandan saber d?nde est? Marcos. Adem?s de mostrar la extensi?n de la lucha, la menci?n de esta ciudad francesa sugiere la organizaci?n de la resistencia pues buena parte de los dirigentes viv?an en este centro urbano. Otra obra que tambi?n sugiere la envergadura de la resistencia es Catorce estaciones pues la pel?cula comienza en Par?s y varias personas ayudan a un resistente que intenta pasar a Lisboa. El hecho de que el profesor se baje del tren en Burdeos sugiere que cruzar? la frontera a pie con la ayuda de las redes de infiltraci?n. Asimismo, se aprecia el apoyo que los l?deres de la oposici?n a Franco esperaban de otros grupos importantes, ya que el profesor le dice a su esposa que si los mon?rquicos se muestran razonables y los Aliados les ayudan, pronto estar?n en su casa en Segovia.364 As? pues, estos ejemplos que aluden a las organizaciones guerrilleras, los dirigentes en Francia, las redes de evasi?n, y las negociaciones con otros grupos caracterizan la resistencia como un esfuerzo organizado y de una envergadura suficiente como para amenazar la estabilidad del r?gimen. Algunas pel?culas muestran a los resistentes como gente valiente y preocupada por el sufrimiento de sus parientes y la memoria que se formar? de ellos. En La guerra de los locos, ?El Rubio? se entera de que las autoridades fascistas han capturado al loco y, como ?ste finge ser aqu?l, todos creen que el maquis ha cometido varias matanzas. Para que no se le recuerde como un asesino, ?El Rubio? se entrega para clarificar que ?l es el 363 Anteriormente, se coment? la menci?n de la organizaci?n guerrillera Uni?n Nacional en Huidos. ?sta alusi?n retrata la envergadura de la lucha pues conecta la resistencia espa?ola con los acontecimientos internacionales. Cuando los maquis llevan seis a?os en el monte, se re?nen con un hombre que, tras se?alarles que los nazis han empezado a retroceder y Franco se tambalea, les propone que se incorporen a la Uni?n Nacional. 364 Como se?ala Naharro Calder?n en ?Los trenes de la memoria?, ?sta es una posible referencia a las fracasadas negociaciones en 1947 de Indalecio Prieto con los mon?rquicos. 318 jefe de la partida y el otro, un hombre que se ha escapado de un manicomio. Su valent?a y preocupaci?n por la memoria popular, sin embargo, le cuestan la vida. Un cambio significativo en la adaptaci?n cinematogr?fica de Luna de lobos hace que el ?nico sobreviviente de la partida parezca m?s valiente y preocupado por el sufrimiento de su hermana. En la pel?cula, no sobrevive ?ngel sino Ramiro, el jefe de la partida, y los hermanos son Ramiro y Juana en vez de ?ngel y Juana. En la versi?n f?lmica, el director pone en boca de Ramiro las palabras que Juana le dice a ?ngel en la novela. As? pues, en vez de ?sta pedirle a ?ngel que se vaya, se muestra al jefe de la partida proponiendo abandonar la casa de su hermana para que ella y su esposo no sigan sufriendo represalias. Mientras que el ?ngel de la novela parece una v?ctima365 incapaz de voluntad propia al dejarse guiar por la decisi?n de Juana, el Ramiro de la pel?cula muestra su preocupaci?n por ?sta y su valent?a al decidir arriesgarse y huir al exilio. Al volver a tomar un papel activo en su vida, se disminuye la victimizaci?n de Ramiro y se hace posible que el espectador sienta m?s esperanza y menos empat?a. As? pues, el cambio de la novela al gui?n parece indicar que Llamazares quiso hacer un final m?s esperanzador. Ciertas visiones, sin embargo, no crean una imagen tan positiva de los resistentes y su lucha. En Huidos, por ejemplo, la eliminaci?n de Antonio parece una venganza personal. Cuando Marcial entra a la iglesia para buscar al hombre que viol? a su mujer, dice a los dem?s: ?quedaros aqu?. ?sa es cosa m?a?. Adem?s, la manera en que lo mata parece particularmente violenta y vengativa. Con una cuerda, se sube a Antonio por la 365 Al ser expulsado de casa por su hermana, su personaje parece ser una v?ctima que inspira la reacci?n m?s pat?tica en el lector impl?cito. Cuando parece que su situaci?n no puede ir a peor (ya ha perdido a todos sus compa?eros y ha pasado de vivir como un animal a vivir como un muerto pues sobrevive escondido bajo tierra), sufre el rechazo de su hermana. 319 fachada del campanario. Despu?s de elevarlo a cierta altura, Marcial lo acribilla con una r?faga de balas.366 En la misma pel?cula se escenifica la eliminaci?n de un desertor. Cuando Luis le dice a Marcial que no quiere seguir en la guerrilla, ?ste le indica que no se puede ir. El joven comenta que otros opinan lo mismo, pero no se atreven a decirlo. Le entrega su fusil y se marcha. Marcial, tras gritar su nombre, le dispara mat?ndolo. Por la joven edad del resistente y la carencia de una explicaci?n del peligro que un desertor significaba para el resto de la guerrilla, la acci?n de Marcial, que dispara a Luis por la espalda, parece m?s traicionera que la deserci?n del joven. En Beltenebros, en cambio, la eliminaci?n de Valdivia, el l?der de la guerrilla madrile?a, no crea una imagen desfavorable de la resistencia pues se le retrata como un ser despreciable por haber abusado de Rebeca Osorio (hija) y por haber entregado a muchos guerrilleros a la polic?a franquista. Su admisi?n de que la traici?n se deb?a a la rabia que sent?a por personas como Darman que se fueron de Espa?a y otros que segu?an dirigiendo el partido desde el exterior mientras ?l tuvo que seguir en Madrid probablemente no afecta mucho la caracterizaci?n de la resistencia.367 Similarmente, la eliminaci?n por error de dos otros guerrilleros madrile?os tampoco iguala la representaci?n negativa vista en Huidos pues la culpa de sus ejecuciones termina cayendo sobre Valdivia por haber sugerido que ellos fueron informantes de la polic?a franquista.368 366 ?sta es una de las escenas de acci?n que distrae la atenci?n del tema de la resistencia pues la violencia parece gratuita. 367 Esta admisi?n no existe en la novela. 368 El tratamiento de los maquis tambi?n es relativamente negativo en El mundo de Juan Lob?n. Un amigo de Juan le dice que ?los hombres de la sierra han hecho mucho mal?. ?ste comenta que no ve el sentido de sus acciones como la quema de la dehesa. Seg?n la gente en la taberna, los hombres se presentaron en la finca del marqu?s y rajaron al hijo del m?dico delante de la marquesa para que do?a Concha supiera lo que le podr?a pasar a su hijo. Cuando las amenazas de los guardias civiles obligan a Juan a hacerse miembro de este cuerpo y subir a la sierra, el encuentro que tiene con los resistentes les permite exponer su versi?n de los hechos. Seg?n ellos, llevaron al hijo del m?dico a la finca porque estaba herido y lo dejaron all? por si pod?an ayudar. La herida result? del intento de fuga del chico pues uno de los hombres lo apu?al? para 320 El momento de la lucha retratado en las pel?culas tambi?n influye en la imagen que se crea de la resistencia pues las obras que no retratan el apogeo de la lucha clandestina no pueden sugerir la envergadura de las organizaciones guerrilleras ni la amenaza que constitu?an para Franco debido a la posibilidad de una intervenci?n aliada. Asimismo, las pel?culas que terminan con la eliminaci?n de los maquis o con el declive de la lucha en general, dejan al espectador con una imagen de fracaso. ?ste es el caso de casi todas las obras de este per?odo.369 Luna de lobos, por ejemplo, capta el inicio de la resistencia (cuando surgen partidas de huidos), sugiere d?bilmente el apogeo (al retratar el fracasado intento de unirse con otros grupos) y retrata la eliminaci?n paulatina de los miembros de la partida. Si no se muestra una aniquilaci?n absoluta de los resistentes, se deja claro que la partida est? destrozada y la amenaza a la dictadura eliminada.370 R?quiem, Os salteadores, y La guerra de los locos, en cambio, no representan el apogeo del movimiento guerrillero. Sugieren su inicio, pero terminan con la aniquilaci?n total de los huidos. A diferencia de las dem?s obras, Beltenebros sugiere la paulatina destrucci?n de la guerrilla madrile?a desde adentro y termina con la eliminaci?n del traidor. Otro aspecto que caracteriza la resistencia y la ofensiva de parte del Estado franquista es la representaci?n de la sexualidad de ambos lados. Varias pel?culas retratan pararlo. Aunque esta versi?n dibuja una imagen m?s favorable de la resistencia, se vuelve a retratarla negativamente pues la partida mata al hijo del marqu?s y elimina a dos maquis que se opusieron a esta acci?n debido a la disposici?n del arist?crata a pagar el rescate. Estas bajas, sin embargo, tambi?n reflejan desfavorablemente a la Guardia Civil puesto que el tiroteo que sostienen contra un enemigo inexistente busca acreditarles la muerte de los dos resistentes. 369 Las dos excepciones, Catorce estaciones y Bajomonte, s?lo abarcan unos d?as y no hay cambios significativos en los grupos resistentes. Aunque en el cortometraje no se puede determinar en qu? etapa se encuentra la lucha guerrillera, Catorce estaciones parece sugerir ?mediante la indicaci?n del a?o, 1947, y de la esperanza de conseguir la ayuda de los Aliados y otros grupos? que la resistencia est? en su apogeo. 370 En Huidos la eliminaci?n f?sica tampoco es total, pero la supresi?n de la amenaza al r?gimen s? lo es pues el ?nico superviviente es juzgado y condenado a diez a?os de c?rcel. Aunque Huidos tambi?n muestra las tres fases de la lucha, el momento del apogeo retrata la resistencia como mucho m?s consistente que la mayor?a de las otras pel?culas. 321 a los adictos al r?gimen aprovechando el poder para abusar sexualmente de personas asociadas con la resistencia. Anteriormente, se expuso el ejemplo del alcalde fascista que viola a la esposa de uno de los guerrilleros en Huidos. En Si te dicen que ca? un se?orito paral?tico, Conrado Gal?n, paga para que Java y Ramona ?el hermano y la novia, respectivamente, de un maquis? realicen actos sexuales que ?l observa sin que ellos puedan verle. En Beltenebros la obsesi?n sexual de Valdivia, el jefe traidor que nunca pudo poseer a la esposa de Walter, el ex l?der de la organizaci?n madrile?a, le lleva a pagarse un palco privado en el club donde la hija de ?sta trabaja, la obliga a vestirse como su madre y se aprovecha de ella. En la misma pel?cula, Darman, intentando averiguar la identidad de la joven y apagar la chispa que tambi?n sent?a por la esposa de Walter, llama el club y les pide que le manden la joven a su hotel. La relaci?n sexual que tienen resulta desagradable para ella, pero luego, tras coger un tren para fugarse, ?l le besa la frente tiernamente. En Huidos Marcial abusa de la confianza de una familia que lo acoge tras la muerte de su mujer e hija. Cuando Juan, otro resistente, le dice que se vaya, Marcial le responde que Juan no es un juez y ?l no es un monje. Le explica que la mujer vino a ?l, que se acostar?a con cualquiera y la llama ?zorra?. Estas dos pel?culas, sin embargo, parecen ser una excepci?n a la tendencia a representar a los resistentes como esposos o parejas fieles y respetuosos con las mujeres. Gildo, por ejemplo, uno de los huidos en Luna de lobos, no quiere exiliarse pues esto le obligar?a a alejarse de su mujer e hijo. De manera similar, R?quiem evidencia la preocupaci?n de Paco por su familia pues mientras est? huido visita a Mos?n Mill?n queriendo saber si su mujer ha parido. Otras pel?culas que retratan a los 322 resistentes como hombres de familia incluyen La guerra de los locos y Catorce estaciones. Las mujeres o novias de los resistentes, en cambio, reciben poco o ning?n protagonismo en las pel?culas de esta etapa. Aparte de los ejemplos ya se?alados que muestran a las mujeres como v?ctimas de abusos sexuales mediante la fuerza o por necesidad econ?mica, algunas pel?culas representan a las parejas de los resistentes como infieles. No obstante, las relaciones amorosas parecen naturales en el sentido de que no se sexualizan ni parecen destinadas a causar una impresi?n negativa de los personajes. En Catorce estaciones, Luisa besa al hombre encargado de matar a su esposo, pero su enamoramiento le salva la vida y la de su marido. En Luna de lobos, en cambio, Mar?a, una amiga ?ntima de Ramiro, tiene una relaci?n con un guardia civil que no parece del todo consensuada. Tras ahogar su estr?s sobre la fecha l?mite que su jefe le ha impuesto para acabar con Ramiro, el civil le ordena que cierre el bar y suben al cuarto de Mar?a.371 Un ?ltimo aspecto que caracteriza la resistencia y la ofensiva gubernamental es la terminolog?a que cada lado usa para describir a los resistentes. En R?quiem, las nuevas autoridades anuncian que Paco es un ?fugitivo? y cualquier persona que sepa de su paradero y no lo diga tendr? el mismo castigo que ?l. El t?rmino que describe al concejal y la menci?n de un castigo retratan a Paco como un delincuente que merece ser castigado. En Huidos se vuelve a apreciar que los adictos al r?gimen prefieren usar los t?rminos que describen a los resistentes como criminales. Cuando la esposa de Marcial intenta defender a su marido diciendo que ?mi marido era un hombre bueno? La guerra . . .?, el jefe de la Guardia Civil le interrumpe: ?No s? lo que era su marido. S?lo s? lo que es 371 Como ya se mencion?, la relaci?n con el guardia civil salva la vida a Ramiro en la versi?n cinematogr?fica ya que en la novela Ramiro y su pareja mueren en un invernadero incendiado por los guardias civiles. 323 ahora: un delincuente, un atracador, un bandolero, un peligro social que hay que erradicar?. En la misma pel?cula, el juicio de Juan muestra vocablos parecidos, pero tambi?n permite que el guerrillero explique y justifique lo que ha hecho. ?ste apunta que ?no soy un bandido como se dijo en esta sala. Y tampoco un pobre incauto como les ha dicho mi abogado defensor. He estado huido y perseguido en el monte durante m?s de ocho a?os?. De esta forma, sus comentarios desmienten las im?genes extremas de criminales comunes o gente enga?ada que el gobierno franquista fomentaba de los maquis y ponen el ?nfasis en la persecuci?n de las fuerzas represoras que no le dieron otra opci?n para sobrevivir. Durante este mismo per?odo tambi?n se produjeron once documentales.372 Aunque algunos tienen una envergadura internacional, otros se centran en una regi?n de la pen?nsula o hasta en un caso particular. No obstante, casi todos se centran en la resistencia antifascista y ceden cierto protagonismo a personas afines al r?gimen de Franco. Un documental que se desv?a de estas dos tendencias es el de la historiadora Fernanda Romeu, Rescatadas del olvido: mujeres bajo el franquismo (1991), donde se incluye entrevistas con mujeres republicanas que comparten sus vivencias de la guerra y posguerra. Asimismo, el filme que Ignacio S?nchez realiza, Objetivo: matar a Franco (1993), tiene un tema m?s amplio e incluye explicaciones de protagonistas de complots para eliminar al general, comentarios de miembros del Estado franquista y de las fuerzas 372 No pude visionar Tres octubres (1986) de Jos? Luis Rodr?guez Puertolas, Xan de Xenaro: memoria de 32 a?os (1987) de Agust?n Fern?ndez Paz, y El maquis en el alto Arag?n (1994) de Eugenio Monesma. Aunque no pude consultar el filme de Monesma, el estilo y contenido de sus documentales recibir?n suficiente comentario en la siguiente etapa que incluye Las ilusiones perdidas (2005), una serie compuesta de doce cap?tulos, y otros documentales suyos. Asimismo, es posible que haya visto por lo menos partes del documental sobre el alto Arag?n puesto que Monesma aprovech? segmentos de sus otros documentales tempranos, como La invasi?n del Valle de Ar?n (1999) y Del exilio a la resistencia (1999), para Las ilusiones perdidas (2005). 324 que lo defend?an, e intervenciones de historiadores y periodistas.373 No obstante, a veces estas contribuciones son muy cortas y en varios casos se muestra a la persona hablando, pero el audio es la voz en off de la narradora. En contraste con el estilo de la mayor?a de los documentales de esta etapa y otras, Llucia Oliva, a quien se le atribuyen la investigaci?n y el gui?n, se presenta delante de la c?mara algunas veces y su voz parece ser la que narra casi todo el documental. El documental del director Jaume Serra i Fontelles, El maquis a Catalunya 1939- 1963 (1989),374 que se centra en la lucha clandestina en zonas rurales y urbanas de esta comunidad, usa muchas im?genes (grabaciones o fotos) de la ?poca de Franco, cosa que es com?n a los otros documentales pero en menor grado. Este filme, sin embargo, no tiene ninguna entrevista, lo cual determina que no se presenta m?s que la perspectiva del director en la obra. En su lugar, se usan im?genes actuales de lugares (como las casas donde ocurrieron enfrentamientos y las monta?as donde los maquis operaban) comentadas por una voz en off o actuaciones que plasman escenas de la vida de diferentes guerrilleros. El papel del narrador es bastante contundente pues cuando no se escuchan a los actores durante las dramatizaciones, ?ste explica sus acciones. El documental de Olga Mart?nez Ant?n, Militantes de la libertad (1990), se centra en la actividad guerrillera que ocurri? cerca de Santa Cruz de Moya (Cuenca). El limitado enfoque permite incluir detalles como listas de detenidos y muertos. Durante las 373 Objetivo: matar a Franco no es precisamente sobre la resistencia antifranquista en el sentido que se le ha dado a esta frase hasta ahora (el fen?meno de huidos, guerrilleros y colaboradores producido por la guerra civil y la represi?n franquista). No obstante, explora los diferentes complots que grupos tan diversos como los anarquistas y los falangistas y entidades extranjeras como el gobierno estadounidense y los nazis organizaron para matar a Franco desde mediados de la Rep?blica hasta casi el final de su vida. 374 Aunque la p?gina web dedicado a ?Juan?n? y la de Marxa Homenatge als Maquis considera que el t?tulo es un poco diferente (Els maquis a Catalunya) y que se emiti? en TV2 Catalunya en 1987, la primera se?ala que es un documental de 7 cap?tulos, pero la segunda los limita a 5. En la p?gina www.brightcove.com, sin embargo, la obra no est? divida en secciones y el t?tulo y el a?o ofrecidos en el filme corresponden con la informaci?n dada arriba. 325 entrevistas de los vecinos de este pueblo y de dos maquis que lucharon en esa zona se escucha la voz de la entrevistadora. Aunque ?stas ocupan una parte del documental, otra porci?n considerable se constituye de fotos y documentos comentados en off por la narradora. Durante estos comentarios y las entrevistas se escucha ruido de fondo. El uso de mapas de papel en este documental y otros tambi?n sugiere la limitaci?n de recursos para producir la obra pues esta manera de explicar la zona geogr?fica en cuesti?n es menos t?cnica que los gr?ficos informatizados que se observan en El maquis a Catalunya 1939-1963, Los ?ltimos guerrilleros: historia de la AGLA (2003), y Los ?ltimos milicianos: guerrilleros en los montes de Toledo (2006). En 1993, Alfonso Arteseros realiza dos documentales, El maquis: el movimiento guerrillero en Andaluc?a y El maquis: el movimiento guerrillero en Galicia.375 Las obras contienen escasas intervenciones del narrador cuya voz en off comenta im?genes de la ?poca franquista. Estas partes son iguales en los dos documentales. Al principio del segundo documental, cuyo idioma principal es el gallego, el director filma un mapa de papel mientras un investigador explica por d?nde hab?a ?fuxidos?. Otras im?genes incluyen recortes de prensa y escenas de la pel?cula Huidos. Aunque algunas personas hablan en sus casas, otros est?n en lugares pertinentes a las historias particulares que explican. En ambos documentales se entrevista tanto a miembros de la Guardia Civil (y sus mujeres) como guerrilleros y enlaces. Algunas divergencias del estilo realista incluyen el uso de la c?mara lenta y, luego, la imagen fija cuando un guardia civil y un guerrillero se dan la mano en el filme sobre Galicia y Le?n. Otro ejemplo son los textos superpuestos a las im?genes filmadas en el documental sobre Andaluc?a. 375 El t?tulo que aparece al principio del segundo documental es otro: O maquis en Galicia. Aunque ambos t?tulos sugieren que la obra s?lo trata de Galicia, tambi?n se incluye Le?n. 326 En 1996 Dominique Gautier realiza Guerrillero, un filme que traza los pasos de la lucha antifascista espa?ola desde el comienzo de la guerra civil hasta la vuelta a Espa?a de los guerrilleros que hab?an participado en la Resistencia francesa. Aunque se centra principalmente en la contribuci?n de los espa?oles a la liberaci?n de Francia, ciertos comentarios de los maquis entrevistados y de la voz en off del narrador conectan la lucha en el pa?s vecino con el esfuerzo por derrocar a Franco. Igual que los documentales de Arteseros, la obra de Gautier aprovecha im?genes grabadas y fotografiadas y muchos de los entrevistados hablan en un lugar pertinente a la historia, pero a diferencia de muchos documentales, el entrevistador permite que su voz se escuche algunas veces junto con las de los interpelados. Otro documental de 1996 es el de C. M. Hardt, Death in El Valle (Muerte en El Valle), cuyo estilo es parecido a Objetivo: matar a Franco pues la directora aparece delante de la c?mara y en otros momentos narra en off. No obstante, su presencia ante la c?mara es mucho mayor ya que para investigar sobre la muerte de su abuelo espa?ol, Hardt viaja a Espa?a para entrevistar a parientes, vecinos del pueblo de El Valle y el ?nico guardia civil vivo que estuvo presente cuando fue fusilado por haber cobijado a guerrilleros. En contraste con casi todos los documentales de este per?odo y los dem?s, se observa a Hardt durante muchas de las entrevistas y en todas se escucha su voz.376 Un aspecto de estas obras que precisa consideraci?n es el hecho de que los documentales producidos en esta etapa superan el n?mero de pel?culas de ficci?n. Este inter?s en recuperar la memoria hist?rica, que aumentar? en el per?odo siguiente, se comenta expl?citamente en varios documentales. Ambos filmes de Arteseros incluyen un 376 En el documental que se incluye en el libro de Felipe Matarranz los entrevistadores tambi?n aparecen ante la c?mara durante las entrevistas. 327 texto al final que indica la esperanza del director de que ?este documental audiovisual sirva para que nuestros j?venes y las generaciones que est?n por venir, tengan conocimiento y por lo tanto, que no puedan olvidar que estos hechos sucedieron realmente en Espa?a?. Similarmente, C. M. Hardt indica su deseo de restituir la historia pues su familia nunca habla de la muerte de su abuelo Francisco y no hay reconocimiento p?blico de que los guardias civiles le aplicaron la ley de fugas.377 A pesar del paralelismo entre sus deseos, sus documentales sugieren dos interpretaciones muy diferentes de la historia y c?mo los espa?oles ven este pasado. Mientras los de Arteseros apuntan a la superaci?n de enemistades entre los dos bandos al reunir a diferentes guerrilleros y guardias civiles que dialogan cordialmente, Hardt capta las tensiones que sus preguntas suscitan en sus parientes que prefieren olvidar la muerte violenta del abuelo de la directora y en el guardia civil que particip? en su eliminaci?n. Estas divergencias resaltan que los documentales tambi?n son una narraci?n, una versi?n de los hechos donde el director elige las im?genes para influir sobre sus espectadores. Aunque los documentales suelen ser realistas, este estilo puede enga?ar al espectador virtual pues sugiere la falta de manipulaci?n del material, sin que se pueda olvidar que estas obras tambi?n atienden a criterios de estilo y de selecci?n de informaci?n. Al reunir a un guerrillero y un guardia civil en cada uno de sus documentales, Arteseros parece sugerir que como estas personas son representativas de los dos lados enfrentados durante la guerra y posguerra, se han superado los problemas asociados con este conflicto. En el documental sobre Galicia y Le?n, el guardia civil y el maquis charlan amistosamente y cado uno habla de uno de sus compa?eros que fue asesinado por la organizaci?n del otro, lo cual tambi?n parece sugerir que todos fueron 377 La partida de defunci?n consta que Francisco muri? de una hemorragia pulmonar. 328 perdedores en el conflicto. Al elegir terminar su documental con esta reuni?n y grabar con c?mara lenta y luego, plano fijo el momento en que los hombres se dan la mano, se enfatiza la uni?n entre los dos, y por tanto, los grupos que cada uno representa. As? pues, este perd?n y cohesi?n universales vienen a representar la idealizaci?n de la memoria.378 Aunque seg?n Igartua y Paez, los per?odos posteriores tienden a mostrar una memoria idealizada, los documentales de la cuarta y quinta etapa no suelen manifestar dicha idealizaci?n. No obstante, las obras de ficci?n del ?ltimo per?odo, como se ver? m?s abajo, s? dan cuenta de un distanciamiento de los acontecimientos violentos. Los documentales de Arteseros sugieren que todos perdieron en esta contienda pues se dibuja el sufrimiento de los guerrilleros, las fuerzas franquistas y el pueblo que se encontraba en medio. Varios vecinos de diversos pueblos comentan la muerte de ni?os u otros parientes suyos que fallecieron en tiroteos entre los dos grupos enfrentados. Las intervenciones de los guardias civiles y sus esposas resaltan las malas condiciones en que viv?a la Benem?rita al llevar a cabo su trabajo y el sufrimiento de las mujeres debido al miedo que pasaban preocup?ndose de sus esposos. Un guardia civil comenta que pasaron ocho d?as durmiendo y comiendo mal en un destacamento y aun as?, pasaba dificultades econ?micas. La mujer de otro explica que viv?an en un corral y que la gente del pueblo no le quer?a vender comida porque era la esposa del teniente. Aunque un texto superpuesto a las entrevistas explica que las mujeres tuvieron que defenderse de las agresiones de vencedores y vencidos, no se indica qu? necesidad tuvo la mujer del 378 El final de este filme contrasta con la conclusi?n de otros documentales como Francisco Ponz?n: el resistent oblidat que termina comentando el olvido, abandono y desprecio en que cayeron Ponz?n y los resistentes de su red de evasi?n. Asimismo, Dos d?as con la guerrilla antifranquista resalta la falta de reconocimiento de los maquis y las calumnias que todav?a existen en sus fichas. 329 teniente de protegerse de los guerrilleros. La historia de una huida, en cambio, s? ejemplifica la necesidad de evitar las represalias fascistas.379 Aunque la representaci?n del sufrimiento de las fuerzas represoras podr?a evocar empat?a en el espectador virtual y, por lo tanto, una impresi?n m?s favorable hacia ellas, otros aspectos de la representaci?n de la ofensiva gubernamental dibujan las t?cticas violentas de la dictadura y as? crean una imagen negativa de las personas que participaron en estas actividades. Varios documentales retratan la represi?n del bando vencido y la tendencia de negar o querer olvidar estos acontecimientos violentos, lo cual evidencia las memorias traum?ticas que provocaron y la pol?tica del r?gimen de ocultar y callar lo que realmente pas?. En el documental de Arteseros sobre Galicia y Le?n, Santiago ?lvarez, autor de Memoria da guerrilla, explica que la gente hu?a al monte para evitar las represalias que se produjeron tras la sublevaci?n militar y un capit?n de la Guardia Civil comenta que ?tuvimos que presenciar hechos que mejor olvidarlos?. En Death in El Valle se explica la eliminaci?n clandestina de personas que colaboraron con la guerrilla. Aunque la Guardia Civil aplic? la ley de fugas380 al abuelo de la directora y dos m?s en un monte cercano a El Valle, su partida de defunci?n indica que muri? de una hemorragia pulmonar, lo cual sugiere causas naturales y obvia las diez balas que impactaron su cuerpo. A pesar de que la bisabuela tuvo que reconocer el cuerpo de su yerno, responde con evasivas a las preguntas de Hardt sobre c?mo muri?. Cuando la directora insiste, su bisabuela la pide que le deje, mira hacia abajo y se tapa la cara con la mano.381 Similarmente, la abuela de Hardt le dice que no se pod?a hablar de estas cosas y uno 379 La represi?n de los resistentes se comentar? en mayor detalle m?s abajo. 380 El maquis a Catalunya 1939-1963 tambi?n comenta el uso de la tortura y la aplicaci?n de la ley de fugas. 381 Clara ejemplificaci?n de estr?s postraum?tico. 330 acaba olvid?ndolas. Aunque su abuela le explica que un amigo de su esposo, otro de los ejecutados, estaba en tan malas condiciones por las torturas que no pod?a haber huido, el guardia civil que Hardt entrevista insiste en la versi?n recogida en el registro en un tribunal militar: que el abuelo de la directora lo empuj? y los tres hombres emprendieron la fuga y no pararon cuando se les dio el alto. Al mismo tiempo que la exploraci?n de la represi?n del bando vencido crea una imagen negativa de las fuerzas del r?gimen, aduce una caracterizaci?n m?s positiva de la resistencia y sus protagonistas frente a la versi?n oficial. Al contestar las preguntas de c?mo y por qu? surgi? la resistencia, se explica la necesidad de los resistentes para defenderse de las represalias. En El maquis a Catalunya 1939-1963 se indica que las guerrillas urbanas y rurales de esta comunidad se forman en 1939 debido a la represi?n de la dictadura. Anteriormente, se mencion? el comentario de Santiago ?lvarez en El maquis: el movimiento guerrillero en Galicia que se?al? que la gente hu?a de las represalias iniciadas despu?s del levantamiento militar. ?lvarez tambi?n explica que estos huidos luego se agruparon y formaron guerrillas. Al se?alar la represi?n como una de las causas principales de la resistencia, se desmiente la idea fomentada en los relatos profascistas de que estas personas eran delincuentes apol?ticos que se dedicaban a robar y matar por lucro personal. Otro aspecto del tratamiento de la lucha clandestina que refuta esta imagen es la indicaci?n de los motivos ideol?gicos de los luchadores. En el documental sobre Andaluc?a, Bartolom? Torralbo ?El Rat?n?, un guerrillero de la Serran?a de C?rdoba, apunta que las personas que se incorporaban a las partidas estaban all? por sus ideales. Asimismo, un maquis en el documental sobre Galicia y Le?n comenta que los 331 guerrilleros luchaban por la libertad y la democracia. Similarmente, en Objetivo: matar a Franco se comenta que el piloto del avi?n que intent? bombardear su barco en San Sebasti?n, Primitivo P?rez G?mez, dijo antes de morir que particip? en esta acci?n para defender la libertad de su pa?s contra el dictador. Este atentado tambi?n aduce ejemplos de la conexi?n entre la guerra civil, la participaci?n de los espa?oles en el maquis franc?s y su posterior lucha contra el r?gimen franquista en l?nea continuista con su vinculaci?n con la legitimidad francesa o republicana. Adem?s de ser el copiloto del atentado en San Sebasti?n, Antonio Ortiz fue guerrillero durante la guerra civil y condecorado por el gobierno franc?s por su participaci?n en la resistencia contra los nazis.382 En El maquis a Catalunya 1939-1963, varios comentarios subrayan que las acciones de los guerrilleros serv?an para hostigar a la dictadura y obtener fondos que abastec?an la resistencia. Al comentar las dramatizaciones de la vida de Facer?as y Massana, el narrador explica que los atracos de bancos, joyer?as y meubl?s (casa de citas de lujo) serv?an para recaudar dinero usado, pagar gastos de la resistencia como la prensa clandestina (se muestra una copia de Ruta y las m?quinas usadas), ayudar a los compa?eros presos o a las familias necesitadas. Otras explicaciones que contrarrestan la imagen de los maquis como criminales comunes fomentada en las obras afines a la dictadura incluyen la especificaci?n de que se atracaban a empresas afines al r?gimen. Otras facetas favorables de la descripci?n de la lucha guerrillera incluyen la fuerza de la resistencia, su organizaci?n y envergadura. En el documental sobre 382 El maquis a Catalunya 1939-1963 y Guerrillero tambi?n conectan la formaci?n de la resistencia con la derrota del ej?rcito republicano, el exilio, y la participaci?n de los espa?oles en el maquis franc?s. En el documental de Gautier, un guerrillero espa?ol indica que la liberaci?n de Francia era un primer paso para luego liberar Espa?a. Asimismo, varios maquis comentan su deseo de volver a Espa?a y derrocar a Franco y explican que volv?an con mucho entusiasmo tras la victoria en el pa?s vecino pensando que la ayuda prestada les ser?a devuelta, pero nadie les ayud?. 332 Andaluc?a, el historiador Francisco Moreno sit?a el total de guerrilleros en toda Espa?a entre 5.500 y 6.000 y apunta que otras 60.000 personas tuvieron alg?n papel de apoyo en la resistencia. Aunque la mayor?a de estos documentales no comentan el apogeo de la resistencia, El maquis a Catalunya 1939-1963 hace menci?n de ello al comentar cronol?gicamente el desarrollo de la lucha.383 En los documentales de Arterseros y Hardt se mencionan las organizaciones y agrupaciones como la Federaci?n de Guerrilleros de Le?n-Galicia. En Objetivo: matar a Franco se apunta a la envergadura de la resistencia detallando las relaciones entre organizaciones francesas y espa?olas que colaboraron en el atentado a?reo. El documental de Arteseros sobre Andaluc?a tambi?n capta el aspecto internacional de la lucha clandestina pues un historiador explica que los guerrilleros de Granada y M?laga proced?an del norte de ?frica y un coronel de la Guardia Civil que los cabecillas eran gente preparada de Francia. Asimismo, ?ste indica que ?la organizaci?n [de las guerrillas] era perfecta. Ten?an hasta estado mayor?. Estos aspectos de la resistencia la dibujan favorablemente, pero otros comentarios de los entrevistados plantean ciertos problemas de la lucha antifranquista que aportan una visi?n menos positiva. ?stos incluyen el del General Eduardo Blanco en Objetivo: matar a Franco que se?ala la infiltraci?n de los grupos resistentes por el r?gimen, lo cual sugiere que estos grupos eran inefectivos. Esta imagen tambi?n es resaltada en las palabras de Enrique Breta?os, ex comisario de polic?a, que opina que los anarquistas eran f?ciles de controlar porque eran ?descuidados y francos?. Otros comentarios sugieren que los l?deres izquierdistas enga?aban a sus seguidores y que la resistencia era un ambiente en el que la traici?n dominaba. El mismo coronel anterior de la Guardia Civil tambi?n 383 La carencia de esta informaci?n en este per?odo quiz?s se debe al hecho de que la mayor?a de las obras se ocupan de regiones o casos espec?ficos y no ofrecen una visi?n global de la resistencia. Cuando se comenta el apogeo de la lucha guerrillera, se aprecia que la victoria del r?gimen no siempre era tan certera. 333 opina que entre los dem?s resistentes, el noventa por ciento estuvo en las guerrillas por miedo y ?era gente enga?ada? y que nadie se fiaba de nadie. Aunque estos ejemplos vienen de personas afines a la dictadura, Militantes de la libertad ofrece un caso de un colaborador de los guerrilleros que comparte una opini?n parecida pues considera que ?stos volvieron a Espa?a enga?ados porque sus mandos les dieron una ilusi?n. Mientras que las pel?culas afines al Estado fascista ponen el ?nfasis en la victoria y en la superioridad de sus fuerzas (que en muchos casos son representadas con desventaja num?rica), muchos documentales, incluyendo algunos de este per?odo, atribuyen el desenlace de la resistencia a la fuerte represi?n del gobierno franquista y la desigualdad de fuerzas. En el de Arteseros sobre Andaluc?a, por ejemplo, un historiador y varios guerrilleros comentan el combate que se produjo durante una reuni?n de m?s de ciento cincuenta guerrilleros. Se indica que unos mil quinientas fuerzas del r?gimen, incluyendo regulares y guardias civiles, intervinieron en el enfrentamiento. Al retratar lo masivo que era la ofensiva gubernamental, se desmiente la idea de que individuos o peque?os grupos desarticularon las partidas como as? se sugiere en La paz empieza nunca y otras obras favorables a la dictadura de Franco. Respecto de la sexualidad negativa de los resistentes y el papel de la mujer en la lucha clandestina, en el documental sobre Andaluc?a, el general de la Guardia Civil Manuel Prieto cuenta c?mo un ?bandolero? que se presenta y colabora con la Guardia Civil pide ?echarse un polvo a su mujer?. Al contar c?mo trajeron a la mujer a una reuni?n con su marido, usa otros t?rminos despectivos para referirse al acto carnal entre ellos como ?cepill?rsela? y ?tir?rsela?. 334 Aunque las personas m?s favorables a las guerrillas no tratan la sexualidad de los resistentes expl?citamente, se aprecian varios ejemplos que dibujan a los resistentes como gente de familia y se?alan el importante papel que las mujeres ejerc?an en la lucha. Los abuelos de la directora de Death in El Valle, por ejemplo, estaban casados y ten?an cuatro hijos. Asimismo, en el documental sobre Galicia y Le?n la hija de ?Foucellas? habla del sufrimiento de su familia debido al acoso de la Guardia Civil. En Rescatadas del olvido: mujeres bajo el franquismo, las mujeres entrevistadas resaltan el peligro al que estaban expuestas por su colaboraci?n con la resistencia. Una interpelada destaca que luchaban codo a codo con los hombres y corrieron la misma suerte que ellos. De esta manera, la lucha clandestina se representa como un esfuerzo que ped?a sacrificios de otras personas sin armas.384 Otros aspectos que requieren un breve comentario incluyen la distribuci?n de las obras y el vocabulario que emplean. Generalmente, se observa una divisi?n entre el uso de t?rminos como guerrillero y bandolero seg?n la perspectiva del hablante. Los guardias civiles y personas favorables al r?gimen, incluyendo a sus esposas, usan casi exclusivamente el t?rmino ?bandolero? salvo unas pocas referencias a los ?huidos? o ?los que estaban huidos?. Los maquis, historiadores y otras personas que tienen una imagen m?s favorable de la lucha clandestina suelen emplear vocablos que resaltan las t?cticas de guerra irregular usadas por los resistentes. En el documental sobre Andaluc?a, por ejemplo, el historiador Francisco Moreno usa los t?rminos ?guerrilleros?, ?guerrillas? y ?golpe econ?mico?.385 384 Muchas de estas mujeres preparaban comida para los maquis. Tambi?n les facilitaban informaci?n sobre la presencia de las fuerzas represoras mediante el uso de se?as. 385 Aunque en el documental sobre Catalu?a se usan palabras como ?atraco? en vez de ?golpe econ?mico?, la motivaci?n pol?tica de los guerrilleros queda clara. 335 Con respecto a la distribuci?n de las obras, algunas tendr?an un p?blico m?s limitado por el idioma del documental. El filme sobre Catalu?a es en catal?n y el documental sobre Galicia y Le?n usa el gallego, lo cual sugiere que el ?xito comercial de estas obras no es una preocupaci?n primordial de los equipos que las produjeron pues el idioma limita su difusi?n. Asimismo, el hecho de que El maquis a Catalunya 1939-1963 est? disponible gratis a trav?s del internet386 parece indicar que sus artistas no esperan que la distribuci?n del filme resulte en un beneficio econ?mico. Esto parece repetir la tendencia que se observ? en muchos de los libros publicados por los protagonistas de los hechos.387 Quinta etapa: visiones m?s recientes La producci?n cinematogr?fica de la quinta etapa (1997-2006), supera considerablemente aqu?lla del per?odo anterior. Un cambio social que ayuda a entender este aumento es el hecho de que ciertos miembros de la izquierda empiezan a romper el pacto de silencio para replicar a la apropiaci?n ideol?gica del pasado por parte del PP cuando ocupa la presidencia en 1996.388 Asimismo, la desaparici?n de los ?ltimos guerrilleros resulta ser un ataque contra la memoria. Del intento de fortalecerla nacen nuevos lieux de m?moire. El cine de esta etapa se puede dividir en dos grupos seg?n su forma de acercarse a la resistencia. En el primer grupo, se observan muchas nuevas tendencias que incluyen la fantas?a, parodia y metaficci?n. La llegada de El portero del director Gonzalo Su?rez en 386 Se puede visionar el documental en la p?gina web www.brightcove.com. 387 Francisco Ponz?n: el resistent oblidat, un documental en catal?n del quinto per?odo, tambi?n se pueden ver en www.brightcove.com. 388 Ver ?Cuando Espa?a iba mal? y ?Los trenes de la memoria? de Naharro Calder?n y Contra el olvido de Espinosa. 336 2000 marca el paso a un per?odo en que los cineastas rompen con la tendencia de abordar el tema de la resistencia desde una mirada seria y dram?tica y empiezan a confundir los l?mites entre la ficci?n y la realidad hist?rica. No obstante, esta obra, que retrata c?mo un ex portero del Real Madrid se gana la vida despu?s de la guerra, se distingue de la parodia que se produjo en la ?poca franquista, Suspenso en Comunismo, pues en el filme de Su?rez, ning?n bando se libra de la burla. El humor negro con que se tratan los aspectos m?s dolorosos de la guerra y posguerra muestra la distancia psicol?gica del director y su p?blico de los acontecimientos violentos. En la adaptaci?n f?lmica de Soldados de Salamina (2003) de David Trueba, la presentaci?n de las investigaciones de la protagonista389 sobre el fusilamiento fracasado de Rafael S?nchez Mazas muestra una tendencia a borrar la l?nea convencional entre la ficci?n y la realidad hist?rica. En la pel?cula m?s reciente que toca la guerrilla, El laberinto del fauno (2006) de Guillermo del Toro, la crueldad del mundo real en el que el padrastro de Orfelia, un falangista, lucha contra los maquis parece abrumar a la joven que encuentra escapatoria en un mundo fant?stico. Las versiones cinematogr?ficas de El embrujo de Shanghai (2002) de Fernando Trueba390 sobre las aventuras inventadas de un maquis y El a?o del diluvio (2004) de Jaime Ch?varri, que retrata a una monja que se enamora de un rico terrateniente, en cambio, mantienen el tono dram?tico tradicionalmente visto en las obras sobre la resistencia.391 You?re the one (Una historia de entonces) (2000) de Jos? Luis Garci sobre una mujer que intenta superar la depresi?n por la muerte de su marido, 389 Trueba reemplaza al protagonista Javier Cercas por Lola Cercas para dar ?m?s conflicto y tensi?n a la trama? (Jambrina 30) y, seg?n me refiere Naharro Calder?n, para dar un papel protagonista a su mujer, Ariadna Gil. Para m?s sobre los cambios a los personajes, tiempo y estructura del relato, v?ase ?De la novela al cine? de Luis Garc?a Jambrina. 390 Aunque V?ctor Erice escribe su propia adaptaci?n de la novela de Mars?, La primesa de Shanghai, no se lleg? a producir como pel?cula. Para m?s sobre esta obra, v?ase ?La g?nesis de una adaptaci?n? de Samuel Amell sobre la g?nesis de la adaptaci?n f?lmica de El embrujo de Shanghai. 391 Estas pel?culas son adaptaciones de las novelas de Juan Mars? y Eduardo Mendoza, respectivamente. 337 respeta el mismo tono. No obstante, el tema de los maquis s?lo se aborda durante una conversaci?n de la protagonista con su sirvienta.392 A pesar de las diferencias de g?nero, estas pel?culas tienen un aspecto en com?n, relacionado con el declive de la seriedad, el dramatismo y la ruptura de la l?nea convencional entre la realidad hist?rica y la ficci?n. Las seis muestran que el inter?s en la lucha clandestina ha disminuido. Aunque los maquis ocupan un papel significativo en El embrujo de Shanghai, la resistencia en s? es de inter?s secundario pues s?lo figura en el pasado de los personajes proveyendo parte de la intriga de la trama. Las otras cinco obras otorgan un papel secundario a los resistentes y su lucha. En el caso de la adaptaci?n f?lmica que Ant?n Reix? dirige de El l?piz del carpintero (2003), la menci?n de la resistencia desaparece completamente, y por lo tanto, el filme no recibir? mayor comentario en este estudio. El declive en el inter?s en la resistencia, la falta de consideraci?n de las causas de su formaci?n y el aumento en la distancia psicol?gica contribuyen a se?alar que esta parte de las obras del presente per?odo muestran una memoria idealizada pues obvian los actos violentos que dieron lugar a la resistencia y acabaron con ella o suavizan la imagen que ?stos producen al limitar su uso o al representarlos mezclados con el humor. En contraste con estos filmes, habr?a que ubicar la producci?n de muchos documentales y las pel?culas de Montxo Armend?riz, Silencio roto (2001), y Antoni Ribas, Terra de canons (1999), y el cortometraje, Aida (2003) de Pablo de Mar?a D?az y Pablo A. Quiroga Prendes, los cuales prestan m?s atenci?n a la resistencia, mantienen el 392 Como sus comentarios s?lo esclarecen que el marido de ?sta est? en el monte, no es posible analizar la representaci?n de estos grupos. Un cortometraje que no pude visionar, Los macuteiros (2003) de Oscar P?rez, parece tocar el tema de la resistencia s?lo tangencialmente pues la trama se centra en el interrogatorio de unos contrabandistas. 338 dramatismo tradicional y no representan hechos ficticios como si fueran verdades hist?ricas.393 Luc?a, la protagonista de Silencio roto, vuelve a su pueblo despu?s de muchos a?os y se enamora de Manuel. Tras ser denunciado a la Guardia Civil, Manuel se une a la partida de su padre y Luc?a empieza a colaborar con la resistencia. La protagonista de Terra de canons, Conchita, tambi?n se enamora de hombres que se oponen a la sublevaci?n militar y la dictadura franquista. Sus padres, en cambio, colaboran con alguna organizaci?n clandestina durante la guerra (quiz?s la Quinta Columna) y, en la posguerra, viven favorecidos por el estraperlo. En contraste con estas obras que sit?an la narraci?n en el momento de la acci?n, Aida capta una historia de los maquis que un hombre mayor cuenta a un periodista. Casi todo el corto es un flashback que presenta la vida de Aida, una joven ejecutada por la Guardia Civil tras su captura e interrogatorio. Cuando el anciano comenta que su memoria no es como antes y que no es agradable acordarse de aquello, el periodista le insta a contar la historia dici?ndole que los j?venes necesitan saber la verdad para no repetir la misma historia. Su comentario se parece a los de los documentales del cuarto per?odo y, por tanto, muestra que estos directores tienen el mismo inter?s en acercarse de manera seria a la historia de la resistencia. En Silencio roto, la caracterizaci?n de las fuerzas franquistas, los guerrilleros y las personas de un pueblo que luchan en su contra o colaboran con ellos est? lejos de cualquier manique?smo. Para explayar los matices de estos personajes y representar los odios que la guerra y la resistencia han cultivado, se permite que cada lado defienda sus 393 Dos otros cortometrajes que no pude visionar, 1939, un berro no silencio (2004) de Alicia Conchas Rebullido y Tierra de guerrilleros (2004) de Amanda Castro, tambi?n parecen centrarse en la resistencia antifascista espa?ola. 339 acciones, lo cual deja que el espectador forme su propio juicio.394 Asimismo, varios casos retratan la compleja situaci?n de estos personajes y el odio que les destruye de manera que resulta dif?cil o imposible juzgar a una persona sin tener presente las causas de su comportamiento. Antes de la guerra, Hilario y Teresa, la t?a de Luc?a, eran una pareja, pero al terminar ?sta, ella se casa con Cosme, el hermano triunfador. No obstante, cuando las autoridades buscan a Hilario por su colaboraci?n con la guerrilla, Teresa lo esconde. La falta de cari?o entre el matrimonio se subraya cuando una delaci?n provoca la detenci?n de los dos y Cosme le dice al guardia civil que haga lo que tiene que hacer con ella y sin miramientos. La ayuda que Teresa le presta a Hilario le parecer?a una traici?n que sugiere la posibilidad de que nunca dej? de querer a su ex novio y probablemente s?lo se cas? con ?l para evitar en lo posible las miserias de la posguerra. No se sabe qui?n les delat?, pero Luc?a le dice a Lola, la hermana de Manuel, que siempre se quedar? con la duda de que fue ella. Su amiga le responde que aunque le dijera que no lo hizo, ?qu? cambiar?a? La traici?n resultar?a grande, pero lo que Lola ha sufrido durante a?os la mantiene caracterizada como v?ctima a pesar de la posible delaci?n. Los maquis mataron al hombre que quer?a, Sebas, cuando la Guardia Civil lo usaba como escudo humano para acercarse a su campamento. Su hermano Manuel tuvo que juntarse con su padre en el monte para que no lo detuvieran y su hermano peque?o ha tenido que cavar la tumba de aqu?l aunque ?ste, al final, parece haber muerto a manos de 394 Un buen ejemplo es el di?logo entre Sole, la mujer de un guardia civil, y Luc?a. La esposa del cabo le dice que su marido s?lo obedece ?rdenes y que ella tambi?n est? harta de esperar angustiada que vuelva de patrullar o que se lo traigan muerto. Luc?a le recuerda que ?otros no pueden esperar ni esto? y sugiere que vuelvan a su pueblo. ??Y de qu? vamos a vivir?? Sole le demanda. ?De lo que vive la gente decente. De su trabajo. No de perseguir y matar a otros? le responde Luc?a. ?Porque ellos se lo buscan? le replica Sole. ?No se puede andar por all? como las alima?as. Hay que respetar las leyes?. ??Las leyes de qui?n?? Luc?a le pregunta. ??De los fascistas, de los se?ores?? 340 sus compa?eros por no acatar ?rdenes.395 Su madre, incapaz de aguantar m?s torturas a manos de la Guardia Civil, se suicida. A sus traumas personales, se suman las dem?s muertes y los gritos de angustia desde el calabozo del cuartel que ni Cosme es capaz de tolerar pues sube el volumen de la radio. Lola inicialmente apoyaba a los guerrilleros, pero ahora no quiere saber nada de ellos. A pesar de que su hermano Manuel sigue en la partida, dice que para ella, los del monte est?n muertos. Con cansancio y el ?nimo vac?o, le indica a Luc?a que s?lo quiere vivir. En Terra de canons, en cambio, la visi?n de los personajes a favor de la resistencia y los que est?n en contra de ella no ilumina tanto los matices de las personas y sus acciones aunque tampoco sea particularmente tendenciosa. Los padres de Conchita, quienes se muestran afines a la sublevaci?n y luego a la dictadura, resultan deshonestos y pretenciosos. Durante la guerra, su colaboraci?n con un grupo clandestino les lleva a matar a sangre fr?a a dos personas y enga?an a otro llev?ndole ad?nde un grupo de soldados lo mata. Luego, huyen con su hija a la zona nacional. El padre parece levemente cruel pues se r?e de los refugiados que huyen y dice que lo van a pasar mal en Francia. Tras un salto de seis a?os, se aprecia lo rica que la familia se ha hecho gracias al estraperlo. Dan fiestas extravagantes y contratan a una inglesa para cuidar de su hija pues est? de moda. A pesar de sus pretensiones, se entrev? su falta de cultura frente a las dem?s familias afluyentes afines al r?gimen. En un festejo, la madre muestra a sus amigas su nueva sortija y explica que es de cinco ?kilovatios?. La gente se r?e de su error, pero ella no parece entender el porqu? de su reacci?n. 395 Aunque el maquis que estuvo con su padre cuando muri? le dice a Manuel que se cay? por un barranco, ?ste sospecha que fue eliminado porque no cumpl?a las ?rdenes y se enfrentaba con los jefes. 341 Los hombres que participan en la resistencia, sin embargo, se dibujan en una luz m?s favorable, pero no son h?roes ni tienen una bondad sin par. Luis, el primer novio de Conchita y el padre de Flora, es incapaz de dispararle a Franco cuando descubre que su hija se encuentra al lado del dictador.396 Incluso con el blanco m?s deseado delante de ?l, el maquis se niega a poner la vida de su hija en peligro. Esta imagen de los guerrilleros contrasta con la que se foment? en Lo que nunca muere y Muri? hace 15 a?os, donde se los representa como asesinos sin coraz?n tan cegados por la lucha que est?n dispuestos a matar o dejar asesinar a miembros de su familia.397 La caracterizaci?n de la lucha clandestina y la ofensiva del r?gimen tambi?n evita una visi?n tendenciosa. Se plasman las complejidades de la resistencia antifranquista mediante la muerte de Sebas y del padre de Lola en Silencio roto. En el segundo caso, se reconoce la realidad hist?rica de la ejecuci?n de maquis por sus compa?eros, pero no se acerca en absoluto a las representaciones vistas en las obras afines a la dictadura que intentan retratar a los guerrilleros como gente traicionera. Al sugerir que fue ejecutado por no obedecer ?rdenes, se alude a que este comportamiento pon?a en peligro la vida de los dem?s guerrilleros y la causa que defend?an. La ejecuci?n tambi?n apunta a la seriedad de la lucha y la disciplina que se impon?a en las guerrillas mientras que el dolor de Manuel plasma el efecto de estas eliminaciones en sus camaradas y parientes. Asimismo, la muerte de Sebas, que tampoco se escenifica, inspira al p?blico a sentir el vac?o que se ahonda en el alma de Lola a la vez que le sugiere la dif?cil decisi?n de tener 396 Los padres de Conchita pagan a alguien para colocar a su nieta muy cerca de Franco durante el Congreso Eucar?stico en Barcelona. 397 De manera similar, el sacrificio personal y dedicaci?n de Eduard de Sicart, el esposo de Conchita, a la lucha contrastan con la caracterizaci?n de los resistentes como criminales avaros y hedonistas que se observ? en las obras afines al franquismo. Esta dedicaci?n casi le cuesta su matrimonio pues su puesto en la c?pula le exige que salga y entre a todas horas ante la ignorancia y cansancio de Conchita. Incluso cuando ella lo deja, no le indica el compromiso ideol?gico que tiene. 342 que disparar contra un amigo y colaborador para defenderse de la Guardia Civil. As? pues, los maquis no son dibujados maniqueamente. Algunos aspectos del tratamiento de la resistencia evocan una idea m?s favorable que aqu?lla divulgada en las obras afines al r?gimen. ?stos incluyen la potencia, envergadura y disciplina de la guerrilla, su conexi?n con la guerra civil y la caracterizaci?n de la lucha como una confrontaci?n pol?tica. Se alude a que la lucha guerrillera es una continuaci?n de la guerra civil cuando Luc?a le pregunta a Manuel al principio de Silencio roto (?Oto?o 1944?, seg?n un texto) si todav?a hay hombres en el monte. Cuando los guerrilleros toman el pueblo dos a?os despu?s, el padre de Manuel manifiesta su deseo de matar a muchos fascistas, pero el jefe de la partida, le dice que son un ej?rcito y tienen que obedecer los estatutos. Celebran juicios populares y ejecutan a dos personas claramente afines a Franco, el sargento de la Guardia Civil y otro hombre que denunci? a los puntos de apoyo luego ejecutados. Cuando Luc?a le pregunta a Manuel si los ajusticiamientos servir?n de algo, ?ste le explica que cada d?a m?s gente se une a la resistencia y est?n volviendo hasta de Francia para luchar. Esa noche los guerrilleros y los vecinos afines escuchan una emisi?n que parece ser Radio Espa?a Independiente. La locutora, cuyo acento franc?s tambi?n se?ala la conexi?n con el pa?s vecino, anuncia que ?los heroicos guerrilleros espa?oles han tomado el control en un mismo d?a de treinta pueblos en distintas zonas de territorio espa?ol. Franco y sus secuaces tienen los d?as contados?. Estos comentarios que muestran a la resistencia en su apogeo contrarrestan la imagen que las obras favorables al r?gimen proponen de una lucha sin sentido y perdida de antemano. 343 El tratamiento de la ofensiva del gobierno franquista que capta la dura represi?n de los vecinos del pueblo de Luc?a tampoco cae en el manique?smo. Aunque la Guardia Civil ejecuta y tortura a personas que colaboran con los maquis, los miembros de este cuerpo no resultan siniestros pues no disfrutan del sufrimiento del otro. Tienen un oficio y un objetivo y creen hacer lo correcto cuando castigan a los que consideran culpables de un yerro o delito. Por ejemplo, cuando el sargento de la Guardia Civil escucha a Sebas blasfemar, le dice que ?siempre andas cag?ndote donde no debes? y le obliga a beber una botella de aceite de ricino para arreglarle su problema de est?mago. El guardia act?a con seriedad y no parece disfrutar del castigo que impone ni resulta orgulloso del poder que posee. Despu?s de que los maquis ejecutan al sargento y el chivato de la Guardia Civil, las fuerzas represoras aumentan en n?mero y matan o detienen a los maquis escondidos en el pueblo y las personas que apoyan la resistencia. Para aqu?llas, la lucha es ojo por ojo y est?n dispuestos a torturar o ejecutar para acabar con la partida. En Terra de canons la representaci?n de la lucha clandestina no parece muy realista, a veces, y el an?lisis de la ofensiva de la dictadura tambi?n es difuso pues la fuerza p?blica apenas tiene protagonismo. En una escena, unos guardias civiles registran la casa de Eduard y destruyen todo. La carencia de respecto por su propiedad parece una forma de castigar e intimidar a una persona sospechosa de colaborar con la resistencia. En otra, la polic?a entra en un edificio donde varios maquis est?n reunidos y matan a todos. Cuando Lluis acude al d?a siguiente al local, unos polic?as vestidos de obreros lo tirotean en la calle. Nuevamente, las fuerzas del orden parecen m?s preocupadas de eliminar a los guerrilleros r?pidamente que interesados en usar las v?as jur?dicas. 344 Aparte de resultar la lucha clandestina poco realista en algunas escenas, se resaltan los pocos recursos que los resistentes ten?an. Al enterarse de que llegan refuerzos para acabar con ellos, los maquis planifican robar armas del r?gimen. Aunque hay pocos guardias en el arsenal, los resistentes est?n tan carentes de armas que no las pueden tomar a la fuerza. As? Eduard va a un burdel y, con todas las prostitutas y clientes circulando a su alrededor, le pide a la due?a que le sirvan de distracci?n. No obstante, el plan fracasa y las prostitutas y los guerrilleros que participaron en la operaci?n mueren. Otras escenas, en cambio, se?alan la envergadura de la resistencia antifascista pues Eduard viaja hasta Toulouse para reunirse con otros resistentes y Lluis, para realizar el atentado contra Franco, se coloca en una de las torres de la Sagrada Familia, lo cual resalta la planificaci?n y las conexiones necesarias para llevar a cabo dicha acci?n. Asimismo, este atentado muestra los objetivos pol?ticos de la resistencia e imposibilitan la consideraci?n de que estos grupos realizaban meros actos de delincuencia com?n.398 En cuanto a las relaciones amorosas entre los resistentes, ?stas se desarrollan con una naturalidad que no caracteriza a los personajes como lascivos. Cuando Luc?a se queda embarazada de Manuel, Hilario le sugiere que vuelva a la ciudad. Despu?s de casi dos a?os, regresa al pueblo y comenta que su madre recibi? la noticia con decepci?n, pero le ayud?. Aunque Luc?a encuentra a Manuel con otra mujer, lo sigue queriendo y ni esta infidelidad ni la reacci?n negativa de su madre se aprovechan para hacer que los espectadores tengan una opini?n negativa de los resistentes.399 398 En Aida, la obra es tan corta que realmente no se puede caracterizar a ninguno de los dos bandos. Aunque el saludo comunista de los maquis sugiere su ideolog?a y la ejecuci?n de Aida parece ocurrir fuera de un proceso jur?dico, estos ejemplos son demasiado escasos para analizar la representaci?n de los guardias civiles o los guerrilleros. 399 Conchita tambi?n tiene una hija fuera del matrimonio. Cuando se niega a dejar de ver a Eduard, sus padres amenazan con decirle el secreto, pero ella no se averg?enza de su pasado y le cuenta a Eduard la verdad. Conchita y la ni?a van a vivir con ?l y, luego, la pareja se casa. El l?der de la resistencia, por su 345 Las pel?culas que muestran una memoria idealizada de la resistencia caracterizan a las fuerzas fascistas y los adictos al r?gimen de diversas maneras. Aunque la representaci?n de la Guardia Civil en El a?o del diluvio es neutra, se plasma a Augusto Aixel?, un rico terrateniente y adicto al r?gimen, como un mentiroso que enga?a a una monja para seducirla. En El embrujo de Shanghai y You?re the one apenas hay menci?n, pero en Soldados de Salamina se ve a los fascistas de manera lastimera mientras que en El laberinto del fauno son crueles y s?dicos. En El portero, sin embargo, hay burla para ambos lados. En esta pel?cula se empieza a cambiar el rumbo de la representaci?n de la lucha clandestina y la guerrilla pierde protagonismo y dramatismo. La Guardia Civil tambi?n es objeto de la parodia pues se exagera su fervor patri?tico durante el partido que Forteza, ex portero del Real Madrid, organiza entre la Benem?rita y la gente del pueblo. El civil encargado de traer la pelota al partido llega tarde ya que la estaba pintando con los colores de la bandera nacional. Los guardias civiles juegan contra la gente del pueblo tomando turnos tirando penaltis contra la porter?a que Forteza defiende. Con toda seriedad, el sargento le dice a uno de sus hombres que el orgullo del cuerpo est? en sus manos. La mujer del mando le pregunta si quiso decir en sus pies. Cuando Nardo, un maquis, mete el ?ltimo penalti, el cura declara el empate. El sargento, molesto con este resultado, explica que no se puede terminar as?, pues tiene que haber un ganador. El cura permite que otro civil tire, pero ?ste no marca. Aunque el maquis tira otra vez, tampoco mete el bal?n. El cura vuelve a declarar el empate, pero los guardias, como ni?os inmaduros, insisten que sean los ?ltimos en tirar. Mientras un guardia se prepara, la gente parte, es un ex cliente del burdel. No obstante, no se le caracteriza como lascivo. El encuentro entre Eduard y la due?a del burdel parece cordial pero serio. 346 del pueblo arremolina ante de la porter?a y algunas personas se la llevan, mientras las persiguen los guardias. En El laberinto del fauno, los maquis y sus colaboradores no reciben una caracterizaci?n particularmente heroica, pero su principal enemigo, el padrastro de Orfelia, es sin duda el villano de la pel?cula. Se aprecia su car?cter siniestro y su obsesi?n con la perfecci?n marcial cuando se afeita y maneja el reloj de su padre. Aunque se muestra que el capit?n tiene convicciones pol?ticas que motivan su lucha contra la resistencia,400 las medidas que est? dispuesto a tomar para lograr sus objetivos son tan dr?sticas que su representaci?n no puede ser m?s que negativa. Su brutalidad y el poco aprecio que tiene por la vida se observan en varias escenas, por ejemplo, cuando sus hombres le llevan a ver a un hombre que encontraron en el monte. El capit?n encuentra en su pertinencia un libro cuyo t?tulo sugiere que es de ideas liberales, pero el hombre dice que es un almanaque y explica que ?l y su hijo son campesinos. El hijo intenta defender a su padre explicando que ?ste s?lo estaba cazando conejos. La rabia del capit?n estalla y le pega al hijo hasta aplastarle la nariz. Tras matar a los dos, busca en la bolsa del padre y descubre un conejo muerto, lo cual sugiere que el hijo dec?a la verdad. No obstante, el error no provoca mayor reacci?n en el capit?n que el comentar a sus hombres que la pr?xima vez registren a esa ?gentuza? antes de molestarle. En las escenas de tortura, su crueldad se convierte en sadismo pues parece un maestro del tormento que se enorgullece y disfruta de lo bien que ejerce su profesi?n. Antes de comenzar con un maquis, le muestra los instrumentos que usar? explic?ndole los pasos de la verdad. Al mostrarle el primero, un tipo de martillo, observa que con ?ste 400 Tras comentar que la guerra ha terminado y se?alar su disposici?n a matar a todos los maquis, alude m?s espec?ficamente a su adhesi?n a la ideolog?a del r?gimen pues indica su deseo de que su hijo nazca en una Espa?a libre y unida. 347 va a tener que dudar de lo que le dice, pero con ?sa ?le muestra una pinza?, van a tener una relaci?n muy cercana, como hermanos. Y con esto ?el capit?n levanta un pico?, va a creer todo lo que le dice. Su goce con el sufrimiento es hasta masoquista pues el capit?n cose la herida que Mercedes, una colaboradora de los maquis, le inflinge y, despu?s de tomar un trago de alcohol que le provoca dolor y le hace sangrar, se sirve otro vasito. En Soldados de Salamina los perseguidos son los fascistas. Rafael S?nchez Mazas y otros presos pol?ticos son custodiados por soldados republicanos cerca de la frontera francesa. Cuando la llegada de las tropas sublevadas es eminente, los soldados ejecutan los presos y pasan a Francia. S?nchez Mazas, sin embargo, escapa durante el caos del fusilamiento y se esconde en el bosque. Aunque un soldado lo encuentra, le salva la vida indicando a los dem?s que no hay nadie all?. La necesidad de S?nchez Mazas de aplastarse contra la tierra y esconderse como un animal cazado despierta l?stima. Con sus gafas rotas tiene que deambular casi ciego por un territorio desconocido y potencialmente hostil. La lluvia y el hambre que le azota hasta que encuentra a ?los amigos del bosque? tambi?n provocan la empat?a del espectador. Asimismo, su capacidad de fraternizar con estos tres soldados republicanos que andan huidos, sus supuestos enemigos, tambi?n retrata una imagen humanizada de S?nchez Mazas. Los soldados republicanos de Soldados de Salamina, por su parte, reciben demasiado poco atenci?n para poder caracterizar la primera fase de la resistencia: la de los huidos. En El a?o del diluvio el papel de los guerrilleros es muy limitado, pero su breve intervenci?n sirve para dibujarlos como bondadosos pues el dinero que Balaguer roba lo dona para que Sor Consuelo pueda empezar las obras del asilo de ancianos. Los maquis de El embrujo de Shanghai, en cambio, parecen embusteros y traidores. Las 348 mentiras de Nandu Forcat, un hombre que falsifica documentos para los guerrilleros, le permiten vivir en casa del ?Kim? a costa de la mujer de ?ste, Anita, fomentando la ilusi?n ficticia de su hija Susana de que su padre volver? por ella. Los hilos que teje se cortan cuando ?El Denis?, el lugarteniente del ?Kim?, llega y descubre al farsante. ?El Denis? alumbra otra imagen del resistente explicando que hace dos a?os le dio dinero al ?Kim? para que se lo entregara a sus padres y trajera a su mujer e hijo a Francia, pero ?El Kim? desapareci? con ellos y desde entonces vive escondido en alguna parte de Catalu?a o el sur de Francia. As? pues, ?El Kim? no s?lo es infiel a su mujer, abandon?ndole a ella y a su hija, sino que tambi?n traiciona a su compa?ero rob?ndole su familia. Aunque apenas se retrata la resistencia en El embrujo de Shanghai, se permite apreciar su motivaci?n pol?tica, envergadura y organizaci?n. Seg?n el capit?n Blay, un viejo con afinidad a la Rep?blica, ?El Kim? andaba con ?los libertarios: Forcat y su pandilla de so?adores de para?so queriendo cambiar el mundo?. Sobre Forcat, Blay comenta que trabajaba como camarero y vend?a libros anarquistas y folletos revolucionarios a los clientes. Varias referencias a Francia y a los dirigentes de las organizaciones clandestinas sugieren la envergadura y la estructura del movimiento guerrillero. Cuando Forcat llega a casa del ?Kim?, le dice a Anita que trae noticias de Toulouse. La alusi?n a los l?deres de la resistencia tambi?n se aprecia en las palabras de Forcat pues ?stas retratan al ?Kim? cruzando la frontera para comunicarles a otros guerrilleros la decisi?n de los dirigentes de abortar la misi?n. La caracterizaci?n de la lucha armada es un poco m?s sustancial en El laberinto del fauno y se abordan algunos aspectos de ella incluyendo c?mo y por qu? se crearon los grupos de resistencia. Durante una cena que el padrastro de Orfelia da para varios 349 invitados, se alude a que los grupos surgieron debido a la guerra civil. Cuando un convidado le dice que saben que el capit?n no est? all? por gusto, ?ste responde que lo contrario y declara que aunque la guerra ha acabado y hace falta matar a todos los guerrilleros. Sus comentarios tambi?n sugieren la inspiraci?n ideol?gica de los resistentes pues opina que los maquis parten de una idea equivocada: creen que todos son iguales.401 Otro aspecto importante en la representaci?n de la guerrilla antifranquista es el hecho de que se la dibuja entrando en su apogeo, lo cual crea una imagen favorable de la resistencia pues contrarresta la idea fomentada en las obras fascistas de una lucha sin sentido y perdida de antemano. Al principio de la pel?cula, se indica que es el a?o 1944 y un r?tulo explica que las fuerzas del r?gimen intentan sofocar a los ?ltimos grupos de resistencia que persisten en las monta?as. Inicialmente, la Guardia Civil domina el terreno pues ?stos comentan que los guerrilleros no pasan de una docena y uno est? herido. Esta situaci?n, sin embargo, cambia completamente. Mientras Mercedes y el m?dico est?n con los maquis, uno de ellos lee un peri?dico que anuncia el desembarco aliado de Normand?a, el acontecimiento que puso en marcha la planificaci?n de la invasi?n del Valle de Ar?n y aceler? la penetraci?n de guerrillas en la pen?nsula. Cuando Mercedes huye m?s tarde del molino, varios guardias civiles la persiguen y la rodean, pero los maquis les atacan. Los sobrevivientes huyen a su base y el capit?n se entera de que ahora hay por lo menos cincuenta guerrilleros. De los falangistas s?lo quedan unos 401 Otras escenas reiteran la motivaci?n pol?tica y aluden a la organizaci?n y envergadura de la resistencia. Por ejemplo, cuando Mercedes y el doctor Ferreiro, dos colaboradores de los maquis, suben a su campamento, el m?dico tiene que amputar la pierna de un maquis cuyo nombre de guerra, ?Franc?s?, sugiere la conexi?n con el pa?s vecino y las organizaciones que dirig?an la lucha clandestina desde el exilio. Al volver hacia el molino, el di?logo entre el m?dico y Pedro, el hermano de Mercedes, alude a los objetivos pol?ticos de la lucha. El doctor Ferreiro le dice que deber?an dejar la lucha pues ya no pueden hacer nada, pero el guerrillero responde que si no pueden ganar, por lo menos se lo pueden poner dif?cil a Franco. Los maquis hostigan a la dictadura saboteando un tren y robando la comida y medicina de la bodega del molino, donde el capit?n las hab?a almacenado para cortarles los suministros. 350 veinte y ya no hay respuesta en los puestos de vigilancia. La pel?cula termina con el triunfo de la guerrilla sobre el destacamento de las fuerzas represoras pues el capit?n parece ser el ?ltimo en caer. Estas alusiones permiten componer una idea vaga de la lucha, pero es casi imposible ofrecer mayor caracterizaci?n de la resistencia por la poca atenci?n que ?sta recibe. Igualmente, el papel secundario otorgado a los guerrilleros en El laberinto del fauno complica el an?lisis de su representaci?n. No obstante, los objetivos pol?ticos de la lucha comentados arriba imposibilitan que se consideren a los maquis delincuentes comunes. Quiz?s otras caracterizaciones que se sugieren son la valent?a, la fidelidad de los guerrilleros a sus compa?eros y el sacrificio que hacen en aras de sus ideas. Un maquis capturado despu?s de una escaramuza es torturado brutalmente, pero no revela ning?n detalle sobre los dem?s guerrilleros aunque s? confiesa que hay un confidente en el molino. No obstante, esta informaci?n parece escasa si se considera lo que pudo haber revelado y el tormento sufrido. El maquis muere sin dar el nombre del confidente y, por eso, el capit?n tiene que seguir buscando por su cuenta pistas que le ayuden a acabar con la partida. Su disposici?n a sufrir tortura, amputaciones de una pierna en medio de la monta?a, y sobretodo jugarse la vida por sus ideales sugiere que los resistentes son gente valiente incluso si no se haga alarde de sus sacrificios aun cuando ?stos incluyen la muerte. Varios personajes que ayudan a los guerrilleros reciben mayor desarrollo, pero a?n es limitado. El doctor Ferreiro, que ha estado facilit?ndoles medicinas, parece bondadoso, humano y sacrificado. Le duele ver el cuerpo destrozado del maquis torturado y cuando ?ste le pide que lo mate, cumple la petici?n aunque sepa que le costar? su 351 propia vida. No obstante, en este caso, tampoco se hace alarde del sacrificio del m?dico que muere a manos del capit?n. Mercedes tambi?n arriesga su vida al colaborar con la partida de su hermano. Se aprecia su coraje cuando el capit?n la ata al mismo palo donde tortur? a su primera v?ctima. Ella, en respuesta al comentario del capit?n de que todo este tiempo el traidor ha estado debajo de su nariz, le explica que precisamente por ser mujer ?l era incapaz de verla. Mientras ?ste juega con sus instrumentos de tortura, Mercedes se libera de la atadura, lo apu?ala y escapa. En El portero algunos aspectos de la lucha clandestina se convierten en blanco de la mofa. La manzana mordida, una se?a entre los maquis y sus colaboradores, es uno de ellos. Aunque los resistentes realmente usaban llamadas de animales o la colocaci?n de ciertos objetos en lugares determinados para comunicarse, una fruta mordisqueada es una imitaci?n grosera de estas se?as. Otro aspecto que se ridiculiza son los nombres de guerra de los maquis. El guerrillero que sube a la camioneta de Forteza y le da la manzana mordida se llama Nardo. Tambi?n se burla de la partida de resistentes pues parece un grupo cansado y deshecho incapaz de hacerle frente a nadie. Tras mostrar algunos hombres lastimosos, la c?mara muestra una mujer con la misma expresi?n de cansancio, pero su cabeza est? decorada con una guindilla chocante: un tricornio. La risa de estas representaciones absurdas corta de ra?z la gravedad del asunto y la confrontaci?n entre maquis y guardias civiles pierde la poca seriedad que conservaba cuando los guerrilleros se presentan en el partido que Forteza organiza y Nardo demanda su derecho a jugar por ser del pueblo. Aparte de estos aspectos, no hay mayor caracterizaci?n de la lucha antifascista ni de los resistentes. 352 El amor tampoco se libra de la mofa en El portero pues la mujer del sargento de la Guardia Civil le es infiel y sus acciones la caracterizan como lasciva. Durante las fiestas, se queja de que el tirante de su sost?n le hace da?o. El m?dico le dice que lo afloje, pero ella responde negativamente pues teme que le gente la vea. ?l le propone que pase por su despacho para afloj?rselo ?l. Aunque la queja inicial se plantea con seriedad, los dos acaban coqueteando. Cuando Forteza acude al despacho del m?dico, los sorprende sin querer. Ella se esconde, pero sus estornudos ?que subrayan lo absurdo que resulta la situaci?n? la denuncian. Con respecto a la sexualidad de los resistentes y las personas asociadas con la lucha guerrillera, se se?al? anteriormente la infidelidad del ?Kim? en El embrujo de Shanghai. El comportamiento sexual de su mujer tambi?n provoca comentarios de otros personajes ya que se intuye su relaci?n con Forcat. Una testigo sin importancia en la pel?cula comenta que no le gustan ?esos aires de fulana, sus faldas ce?idas y esa manera de andar?. ?El Denis? y la hija del ?Kim? tambi?n tienen una sexualidad abierta pues el maquis regenta un ?bar de fulanas? y Susana termina trabajando detr?s de la barra y vive con su amante, ?El Denis?. En cuanto al vocabulario, los t?rminos usados en El laberinto del fauno sirven para resaltar la confrontaci?n pol?tica y militar entre los maquis y las fuerzas franquistas puesto que nunca se emplean t?rminos, como bandoleros o bandidos, que califican a los resistentes como criminales comunes. En la primera referencia a los resistentes, el capit?n los llama ?guerrilleros?. No obstante, a partir de entonces usan palabrotas o el pronombre ellos para referirse a los maquis. Los guerrilleros tambi?n emplean insultos para referirse al capit?n. Orfelia, por su parte, llama a los resistentes ?los del monte?. En El embrujo de 353 Shanghai, Daniel, el protagonista, usa el t?rmino ?maquis?, pero un hombre en un bar dice que Forcat es ?un delincuente como todos?. El cabo y las monjas en El a?o del diluvio llaman a los resistentes ?asaltantes?, ?bandidos? y ?maquis?, pero Balaguer, aunque defiende sus acciones, no llega a calificarse como guerrillero o maquis. En contraste con las ?ltimas cuatro pel?culas, los documentales producidos en esta etapa muestran un inter?s primordial en la historia de la resistencia, lo cual se?ala nuevamente que el cine de esta etapa se puede dividir en dos grupos seg?n su forma de acercarse al pasado. A pesar de las nuevas directrices marcadas por las pel?culas de Trueba, Su?rez y del Toro, la cantidad asombrosa de documentales producidos en esta etapa muestra que muchos cineastas no han dejado de considerar que un acercamiento serio y centrado en la historia de la lucha clandestina es una opci?n posible y, m?s a?n, necesaria. Adem?s de las razones mencionadas al principio de esta etapa, tal vez esta actitud y el presente apogeo se deben al paso de tiempo necesario para que los directores m?s maduros se recuperasen de los efectos de la censura impuesta durante la ?poca franquista y la actitud amn?sica cultivada por el pacto de silencio del postfranquismo. En el caso de cineastas m?s j?venes, los factores necesarios habr?n sido la madurez profesional y/o el poder econ?mico para emprender sus proyectos. El director m?s prol?fico de esta etapa, Eugenio Monesma, tiene cinco documentales a su nombre. Gran parte del material de dos de ellos, Del exilio a la resistencia (1999) y La invasi?n del Valle de Ar?n (1999), se presenta nuevamente en Las ilusiones perdidas (2005), cuyos cap?tulos primero y sexto se titulan casi igual. La envergadura de este trabajo, compuesto por doce vol?menes, permite conectar el nacimiento de grupos de huidos y su maduraci?n en guerrilleros con su contexto 354 internacional que incluye la Resistencia francesa y la Segunda Guerra Mundial. La lista de entrevistados es impresionante pues Monesma incluye intervenciones de soldados y oficiales del ej?rcito republicano, franceses y estadounidenses con puestos de importancia en sus respectivos ej?rcitos o grupos de resistencia (comandantes de las FFI y John P. Parry, Comandante de Comunicaciones del Ej?rcito de EE.UU.), guerrilleros, enlaces y jefes de guerrillas y agrupaciones antifranquistas, campesinos y pastores, miembros de la Guardia Civil y la Brigada Pol?tico-Social, historiadores (Eduardo Pons Prades, Antonio T?llez Sol?) y responsables pol?ticos (Sixto Agudo, Santiago Carrillo, Abel Paz, etc.). Aunque a veces se usan grabaciones o fotograf?as de la guerra, la ?poca franquista y actual acompa?adas por la voz en off del narrador, la mayor?a de la obra se dedica a entrevistas personales. Igual que en la mayor?a de los documentales, el papel del entrevistador desaparece pues s?lo se ve y escucha al interpelado. Frente a lo extensa de la obra de Monesma, otros directores han elegido centrarse en una zona geogr?fica o una agrupaci?n espec?fica como por ejemplo Los ?ltimos guerrilleros: historia de la AGLA (2003) de Jos? Vicente Viadel o Los ?ltimos milicianos: guerrilleros en los montes de Toledo (2006) de Ana Bel?n Rodr?guez Pati?o.402 En otros casos, los cineastas se han ocupado de un resistente particular. As? ocurre en El hombre que muri? dos veces: Gir?n. El fin de la primera guerrilla antifranquista (2003) de Daniel ?lvarez y I?aki Pinedo, Francisco Ponz?n: el resistent oblidat (2000) y Un d?a para la historia: 10 de diciembre de 2005. Exhumaci?n, traslado de los restos y Jornada de Homenaje a Basilio Serrano Valero, El Manco de La Pesquera. 50 aniversario de su fusilamiento (2006) de ?scar Serrano Coronado. 402 Los documentales con t?tulos largos se abreviar?n despu?s de su primera menci?n. El filme de Viadel, por ejemplo, se llama Los ?ltimos guerrilleros. 355 Sin importar la envergadura de la representaci?n, los documentales de esta ?poca normalmente se centran plenamente en la resistencia antifascista403 y el estilo de las obras en general var?a poco pues ya no se observan las dramatizaciones que se empleaban en otras etapas. Aunque la mayor?a de los directores muestran una preferencia por un estilo realista, la obra de ?scar Serrano juega con la imagen al principio y al final de la obra. La grabaci?n parece imitar un sensor de calor pero en vez de verde y rojo los colores son blanco y negro. En algunas escenas, el director aprovecha la c?mara lenta o canciones de Enya y ?Huesos? de Pedro Guerra para dramatizar lo filmado. Otros documentales tambi?n aprovechan la m?sica como forma de expresi?n. Pedro Guerra escribi? ?Huesos? para el tercer cap?tulo de La memoria recobrada que lleva el mismo t?tulo que la canci?n y tiene a este cantante como su narrador/presentador. Otros aspectos de los documentales que muestran cierta elaboraci?n incluyen el uso de la inform?tica para crear mapas interactivos como los que aparecen en Los ?ltimos guerrilleros, Los ?ltimos milicianos y Los maquis de la imposible esperanza: los guerrilleros de los Picos de Europa (2003) de Dominique Gautier. En cuanto a su organizaci?n y otros contenidos, las obras tienden a seguir un orden cronol?gico como el cuarto volumen de La guerra civil en Extremadura (2001) de Eugenio Monesma que traza las etapas que el historiador y novelista Justo Vila propone respecto al desarrollo y declive del movimiento guerrillero. Otros documentales, en cambio, captan una conferencia (Dos d?as con la guerrilla antifranquista (2000) de Eugenio Monesma) u otro acontecimiento representativo de la resistencia. En el 403 Algunas excepciones incluyen dos trabajos de Monesma, la serie de Alfonso Domingo La memoria recobrada (2006) y el documental de Ana Aguado El siglo XX en femenino. Ellas piden la voz y la palabra (2000). Aparte de la colecci?n Las ilusiones perdidas, otra obra de Monesma, La guerra civil en Extremadura (2001), tambi?n se ocupa de temas relacionados con la guerrilla antifranquista. De los cuatro cap?tulos, s?lo el ?ltimo, La posguerra y la guerrilla, cede el protagonismo a la lucha clandestina. 356 documental de ?scar Serrano Coronado, el director filma un homenaje a Basiliso Serrano Valero ?El Manco de La Pesquera? en que se exhuman los restos del guerrillero fusilado, los trasladan a su pueblo natal para cumplir el deseo del anarcosindicalista, y se celebra un coloquio en su honor. Gran parte de esta obra incluye la grabaci?n de acontecimientos no desarrollados en un gui?n como las ponencias, pero otra parte significativa muestra im?genes actuales o de la ?poca de la lucha acompa?adas por las explicaciones de la voz en off de la narradora. No obstante, los dem?s documentales generalmente se componen de una mezcla de entrevistas e im?genes comentadas por una voz en off.404 Los entrevistados principalmente son historiadores y resistentes, pero en casos en que el guerrillero est? muerto, como el documental sobre Gir?n, se entrevista a parientes suyos. Aunque muchas de las entrevistas son realizadas en el hogar del interpelado, algunas, como varias de las que se realizan en La guerrilla de la memoria (2002) de Javier Corcuera, se llevan a cabo donde la lucha se desarroll?. En Los maquis de la imposible esperanza, casi todas las intervenciones de Jes?s de Cos y Felipe Matarranz ocurren en lugares pertinentes a las historias que estos dos guerrilleros cuentan. A diferencia de la mayor?a de los documentales, este filme permite que se escuche a veces la voz del entrevistador. Adem?s de sus aspectos art?sticos, los documentales ofrecen una representaci?n de la lucha clandestina, sus integrantes y las fuerzas represoras igual que sus correlatos ficticios. Generalmente, la caracterizaci?n de la resistencia antifascista es relativamente positiva pues se resalta que este movimiento surgi? de la necesidad de defenderse de la represi?n franquista y del deseo de derrocar a Franco para reestablecer la democracia. 404 Aunque el documental de Monesma, Dos d?as con la guerrilla antifranquista, tambi?n capta ponencias e intervenciones de miembros del p?blico, buena parte de esta obra se dedica a entrevistas con los conferenciantes que incluyen historiadores, guerrilleros, y archivistas. 357 Aunque se resalta la motivaci?n pol?tica de la guerrilla, no se retratan a sus miembros como h?roes de una rectitud intachable.405 Es m?s, en ciertas obras se critican aspectos de la lucha o por lo menos se iluminan facetas que podr?an dibujar una imagen no tan favorable de los resistentes. La visi?n de las fuerzas fascistas, en cambio, resulta menos positiva que aqu?lla de la versi?n oficial pues estas obras esclarecen ejemplos de las medidas violentas usadas para controlar a los desafectos del levantamiento militar y del nuevo r?gimen y eliminar a los miembros de la resistencia antifranquista. En varios documentales, incluyendo la mayor?a de los cap?tulos de La memoria recobrada, se retratan las represalias durante la guerra y posguerra que obligaron a la subida al monte como ?nica alternativa al pared?n o la c?rcel. En El hombre que muri? dos veces: Gir?n, el narrador comenta c?mo El Bierzo, de donde era el guerrillero legendario, cay? en manos de los rebeldes poco despu?s de la sublevaci?n y explica que era una zona muy castigada. Varios enlaces y guerrilleros cuentan c?mo la brigadilla y la Guardia Civil mataban a la gente. Manuel Zapico ?Asturiano? explica que tambi?n intentaban sobornar a los enlaces y si eso no funcionaba los torturaban. En La guerrilla de la memoria, se comenta el uso de la ley de fugas para acabar con los resistentes y Esperanza Mart?nez y Remedios Montero, dos guerrilleras de la AGLA, hablan de las torturas que padecieron y la vida en la c?rcel.406 Al final del documental, se ponen las fotos de las personas entrevistadas y se indica su nombre, apodo de guerra, a qu? agrupaci?n pertenecieron, cu?ntos a?os de c?rcel y/o exilio pasaron, o si sufrieron represiones f?sicas. De esta manera, estos tres momentos (la tortura, el exilio o la encarcelaci?n) son presentados como formas de castigo de los resistentes. Esta 405 En el documental de ?scar Serrano, algunas personas reconocen la caracterizaci?n de h?roe y mito que se le ha dado al guerrillero, pero tambi?n reiteran que era su vecino. 406 El uso de la tortura y la ley de fugas tambi?n se aborda en Los ?ltimos guerrilleros. 358 consideraci?n se asemeja a la que se observ? en la novela En un viejo pa?s que retrata el exilio y el mero acto de sufrir las agresiones del fascismo (bombardeos, etc.) como formas de resistencia. Algunos de los documentales comentan c?mo la represi?n ten?a un efecto que trascend?a la muerte. Mientras se muestran im?genes de fosas comunes en el filme sobre Gir?n, el narrador explica que echarse al monte fue la ?nica forma para evitar la represi?n y la muerte ya que para muchos que no huyeron a tiempo o fueron detenidos por colaborar con la resistencia, estas tumbas an?nimas se convirtieron en un lugar de descanso, paz y de olvido. El narrador explica que los restos de Gir?n no siempre reposaron en Ponferrada pues durante cuarenta y seis a?os estuvieron en una caja de madera en una fosa com?n en una bodega, lugar que califica como ?el ?ltimo castigo para quien tuvo la osad?a de enfrentarse durante quince a?os contra el r?gimen franquista?. El documental de ?scar Serrano y los comentarios de Esperanza Mart?nez en La guerrilla de la memoria sobre la b?squeda de su padre tambi?n muestran el olvido en que cayeron los maquis y la dificultad que sus parientes han tenido para encontrarlos y darles una sepultura digna. En el caso de Mart?nez, s?lo se enter? d?nde fue enterrado su padre el a?o anterior a la grabaci?n. Aunque las descripciones de la represi?n franquista tienden a facilitar una imagen negativa de las fuerzas del r?gimen, los documentales tambi?n evidencian un esfuerzo por evitar una representaci?n maniquea. En algunas obras, los guerrilleros muestran su capacidad de matizar y no considerar a todos los miembros de las fuerzas represoras bajo el mismo perfil. En Las ilusiones perdidas, Adelino P?rez ?Teo?, responsable pol?tico y miembro de la AGLA, resalta la pobreza de los guardias civiles y opina que muchos 359 habr?an preferido otro trabajo si les hubiera sido posible. No los ve?a tanto como enemigos como otras personas.407 En el mismo documental, Jos? Murillo y otro resistente tambi?n hablan de las penas de las mujeres e hijos de los civiles y cuentan historias que muestran que los guardias no quer?an hacer las batidas.408 Este documental tambi?n cede la voz a miembros de las fuerzas p?blicas que estaban en contra de la resistencia. Gabriel ?lvarez, un guardia civil, explica que el dinero no le llegaba y su mujer y ?l pasaban hambre. En otro caso, un somatenista manifiesta su deseo de defender a Franco, su jefe. La inclusi?n de este comentario muestra que no se intenta negar que muchos de los miembros de las fuerzas represoras cre?an en una causa e ideolog?a. Un guardia civil en El hombre que muri? dos veces: Gir?n, Constantino Raim?ndez, tambi?n se?ala su deseo de luchar contra los resistentes. En sus palabras, ?hab?a que acabar con el bandolerismo y se logr??. Aunque como en casi todos los documentales no se escucha la voz del entrevistador, se intuye que le pregunta sobre el uso de la violencia o la tortura pues el civil comenta que ?no s? si hab?a alg?n exceso. [. . .] No digo que todas las cosas eran perfectas. Si alguien denunciaba a un vecino, ?ste no iba a admitir que colaboraba con la guerrilla. Al lo mejor hab?a palabras raras, pero la Guardia Civil me cago en Deu no mat? a nadie?. Justo despu?s de su comentario, sin embargo, se muestra foto tras foto de guerrilleros muertos. As? pues, 407 En Los ?ltimos guerrilleros, Adelino P?rez tambi?n se?ala que los guardias civiles entraban en el Cuerpo por necesidad. Apunta a que hab?a guardias que iban silbando como evidencia de que no deseaban confrontaciones. 408 En ciertos documentales se escucha la voz de personas que por su pertenencia a cuerpos afines a Franco se supondr?a en contra de la resistencia. No obstante, en el caso de Felipe P?rez, calificado como ?soldado nacional? en el cuarto cap?tulo de La guerra civil en Extremadura, parece haberlo sido por obligaci?n pues tiene una bandera republicana detr?s de ?l. Aunque su voz no representa la oposici?n a la resistencia, ejemplifica que no todos los integrantes de estos cuerpos lo eran por gusto. El mismo documental tambi?n muestra c?mo varios guardias civiles llegaron a ser v?ctimas de la rabia de su mando. El padre de Pilar Salom?n fue uno de los tres guardias a quienes G?mez Canto, un teniente coronel de la Guardia Civil, dio orden de fusilar. Ella explica que su padre pidi? confesi?n, pero se la negaron. Los fusilaron y los enterraron en un hoyo ?sin caja ni nada?. As? pues, estos casos se?alan que los directores de estos documentales no buscan la ecuanimidad y reconocen el sufrimiento de en ambos bandos. 360 aunque se cede la voz a las fuerzas del r?gimen, el montaje ir?nico presenta la versi?n no oficial de la historia que desmiente para el espectador virtual las palabras del guardia. En otras escenas del mismo documental, se contrasta la caracterizaci?n que un guardia civil ofrece de las acciones de los resistentes con la que aporta un guerrillero. Aludiendo a los maquis, Fernando Ybarra, un guardia civil, dice que no ten?an ideas pol?ticas. ?Si sab?an que ten?as dinero, iban a tu casa de noche. Tu, el dinerito?. El diminutivo, su tono y la explicaci?n de que los robos no serv?an un fin pol?tico dibujan a los resistentes como soberbios delincuentes comunes. Esta relaci?n se contrapone a la de Pedro Juan M?ndez ?Jalisco?, un guerrillero, que refuta la clasificaci?n habitual de los maquis como bandoleros. En Los maquis de la imposible esperanza, Jes?s de Cos tambi?n objeta este t?rmino manifestando su deseo de que se le reconozca qui?n era y para qu? luch?. Quiere que se dignifiquen a los guerrilleros y su memoria. Cos explica que los guerrilleros hac?an ?golpes econ?micos? para comer y eleg?an a adictos al r?gimen. El t?rmino bandolero parece ser el vocablo preferido cuando los miembros de las fuerzas represoras hablan de los maquis. Refiri?ndose a los guerrilleros, Constantino Raim?ndez dice: ?no me digan ahora huidos o republicanos. Eran lo que verdaderamente eran: bandoleros?. Asimismo, uno de los guardias civiles en Las ilusiones perdidas, Gabriel ?lvarez, explica que un hombre, tras ser abofeteado por el cabo, ?acab? confesando que era maquis, o sea, bandolero?. Aparte de este vocablo que le resta a la lucha clandestina su motivaci?n pol?tica, se observa el uso de insultos que tambi?n se refieren a su ideolog?a. La hija del guardia civil fusilado en La guerra civil en Extremadura, Pilar Salom?n, comenta que hab?a muchos ?rojos? en los montes. Los 361 resistentes y los narradores, en cambio, usan t?rminos m?s favorables a la lucha clandestina como maquis, guerrilleros o huidos. Para contrarrestar la imagen que los t?rminos usados en la historia oficial han fomentado de los resistentes, Francisco Moreno, como parte de un grupo de historiadores comprometidos, organiz? una conferencia en que los guerrilleros fueron considerados como los ?ltimos republicanos que lucharon contra el franquismo.409 En el documental que capta fragmentos de la conferencia, Dos d?as con la guerrilla antifranquista, Moreno explica la incongruencia de que los guerrilleros que lucharon en Francia contra el nazismo son reconocidos como h?roes, pero los guerrilleros que combatieron en Espa?a son calificados como bandoleros y malhechores. Los maquis tambi?n toman la palabra para revindicar su lucha y expresar que no deben ser considerados como bandoleros, sino como guerrilleros. La comparaci?n que Moreno hace entre c?mo se han tratado a los espa?oles que participaron en la Resistencia francesa y a los guerrilleros antifascistas en Espa?a motiva al espectador a considerar la imagen fomentada por el r?gimen franquista como injusta.410 Asimismo, la continuidad que el historiador establece entre ser soldado republicano durante la guerra civil y luchar como guerrillero antifranquista en la posguerra ayuda a otorgarle al segundo grupo el mismo respeto que se le dar?a al primero. Esta conexi?n se estableci? en los documentales de otras etapas, como por ejemplo el de Guarner, y se 409 Esta conexi?n entre maquis y soldados republicanos tambi?n se sugiere en el t?tulo del documental de Ana Bel?n Rodr?guez Pati?o, Los ?ltimos milicianos: guerrilleros en los montes de Toledo. La misma consideraci?n tuvieron en el Curso de Verano de la Universidad de Alcal?-Llanes (agosto 2004) organizado por J. M. Naharro Calder?n, La memoria de la guerrilla y la guerrilla de la memoria. 410 Otros documentales tambi?n resaltan la diferencia entre c?mo los resistentes antifascistas son considerados en Francia y Espa?a. En Las ilusiones perdidas, Sixto Agudo explica que los espa?oles eran valorados como h?roes de la liberaci?n de Francia y ?ngel ?lvarez, que particip? en la Resistencia francesa y la invasi?n del Valle de Ar?n, sale vestido con sus medallas francesas que resaltan el reconocimiento p?blico que se les da a estos guerrilleros en el pa?s vecino. 362 vuelve a desarrollar en obras de la presente. En el documental sobre Gir?n, el narrador explica que el resistente legendario pasa a la zona republicana en el frente norte y se incorpora al ej?rcito. Dentro de este cuerpo se especializa en realizar sabotajes en las l?neas enemigas junto con otro futuro guerrillero e inseparable amigo Marcelino de la Parra. Otros aspectos de estos documentales que dibujan una imagen relativamente favorable de los resistentes incluyen la exposici?n de sus motivos y organizaci?n. En La guerrilla de la memoria, Jos? Murillo explica que los maquis luchaban para recuperar la Rep?blica y se?ala que ??ramos un colectivo de hombres organizado pol?tica y militarmente?. En muchos documentales los guerrilleros mencionan su pertenencia a agrupaciones espec?ficas. El filme sobre Gir?n comenta la formaci?n de la Federaci?n de Guerrillas de Le?n-Galicia y explica que tuvo una estructura militar que fue copiada por otras agrupaciones que luego se formaron.411 Para dar una idea de la potencia de este grupo, se indica que se celebraron siete congresos en sus cinco a?os de existencia y la Federaci?n lleg? a contar con m?s de cien hombres y edit? quince n?meros de Guerrillero.412 En otros documentales, como La guerra civil en Extremadura y Los maquis de la imposible esperanza, se nombran otras organizaciones locales e internaciones incluyendo la Uni?n Nacional. 411 Al trazar la vida del guerrillero, se menciona la disoluci?n de esta Federaci?n y la incorporaci?n de Gir?n al Ej?rcito Guerrillero Galicia-Le?n, organizaci?n que seg?n observ? en los textos hist?ricos no suele incluir la provincia leonesa en su nombre. 412 La importancia de la prensa tambi?n se aprecia en La guerra civil en Extremadura pues Gerardo Ant?n explica que los guerrilleros intentaban hacer p?blico su lucha a trav?s de periodistas extranjeros. La necesidad de difundir su versi?n de los hechos se comprende al considerar que la censura franquista controlaba los medios de comunicaci?n en Espa?a. En Los ?ltimos guerrilleros, se muestran im?genes de la prensa de la ?poca y el narrador comenta que ?sta se convert?a en propaganda del r?gimen pues ignoraba la actividad guerrillera o borraba toda huella de oposici?n pol?tica y describ?a las acciones guerrilleras como meros actos vand?licos. 363 La invasi?n del Valle de Ar?n, el sexto cap?tulo de Las ilusiones perdidas, y otros documentales explican la planificaci?n y objetivos de esta misi?n. La discusi?n de esta incursi?n destaca la capacidad de los l?deres de la resistencia espa?ola de organizar a miles de guerrilleros y atacar una zona propicia que servir?a de foco para continuar la liberaci?n de Espa?a, ya que entonces se quedaba aislada del resto de Espa?a por la nieve durante unos cinco o seis meses del a?o. Al proveer esta informaci?n e indicar que buena parte de la estrategia depend?a de la esperanza de que los Aliados les ayudasen a proseguir la lucha y derrocar a Franco, se retrata la resistencia como una amenaza seria, organizada y unida. El mismo documental, por otro lado, se?ala el fracaso de ciertos puntos de la estrategia como la esperanza de que el pueblo espa?ol se sublevara contra la dictadura. El pastor Donato S?nchez relata su encuentro con los guerrilleros que le dijeron que ven?an a echar a Franco, pero aqu?l les respondi? que no era posible y que no sab?a nada de sus planes. Aunque esta entrevista evidencia el error en la estrategia, deja claro que los guerrilleros ten?an un objetivo claro y pol?tico. Esta obra tambi?n ofrece otros ejemplos que resaltan el fin pol?tico de las acciones guerrilleras. El narrador explica que los sabotajes serv?an para debilitar el gobierno y la econom?a de Franco y ?ngel ?lvarez, un ?jefe de grupo especial de guerrilleros?, cuenta un caso concreto. En La guerra civil en Extremadura, Jos? Murillo explica que realizaban golpes contra personas que se hab?an enriquecida por su apoyo a Franco. Asimismo, dos guerrilleros entrevistados en Los ?ltimos guerrilleros, Flori?n Garc?a ?Grande? y Pedro Alcorisa ?Mat?as?, comentan que el ajusticiamiento de jefes de Falange u otras personas ocurr?an cuando la gente del pueblo le indicaba a la guerrilla 364 que ese individuo hab?a delatado a una persona y su denuncia hab?a resultado en la muerte de la misma. As?, explica Alcorisa, esperaban imponer respeto para que la gente no delatara a los maquis o sus colaboradores. En el mismo documental, el narrador comenta que el dinero de un asalto de tren, otros golpes y lo que llegaba desde Francia serv?a para mantener a la guerrilla. As? pues, aunque el espectador pueda estar en contra de los m?todos usados para obtener fondos, el ajusticiamiento de personas que colaboraban con el r?gimen, etc., es dif?cil que no acepte que estas acciones respond?an a un fin pol?tico y, por lo tanto, la imagen que estas obras producen de los resistentes es, por lo menos, relativamente favorable si se compara con aqu?lla que la versi?n oficial propagaba. Un aspecto de la representaci?n de la resistencia que podr?a resultar desfavorable es la existencia de depuraciones dentro de la guerrilla por sospecha o evidencia de traici?n. No obstante, en estos casos tambi?n se permite que los guerrilleros expliquen por qu? ocurr?an. Estas eliminaciones son comentadas en La guerra civil en Extremadura y Los ?ltimos guerrilleros. En este ?ltimo documental, el narrador explica que para cortar las deserciones, los jefes dictaban severas normas que inclu?an la eliminaci?n f?sica. Asimismo, se indica que ciertos grupos o individuos m?s d?bilmente vinculado con la AGLA se dedicaron a robar y a violentar a los campesinos para mantenerse, pero se tacha esta actuaci?n como una traici?n al esp?ritu de la lucha. En referencia al declive de la resistencia, Flori?n Garc?a admite que se cometieron atropellos y comenta que para los menos politizados era m?s dif?cil aceptar que los puntos de apoyo ya no quer?an colaborar. 365 Con respecto a los grupos que no quer?an dejar la lucha, la informaci?n proporcionada en algunos documentales ayuda a comprender el porqu? de esta negativa. En el caso de ?Juan?n?, que sigui? luchando hasta su muerte en 1957, Felipe Matarranz explica en Los maquis de la imposible esperanza que su compa?ero no quiso irse a Francia porque lo consideraba como un acto de deserci?n. As?, se sugiere que el rechazo a dejar las armas proviene de un deseo de no traicionar la lucha que muchos republicanos hab?an empezado el 18 de julio de 1936. En el filme que explora la vida de Gir?n, el narrador explica que este maquis est? presente en todas las etapas de la guerrilla. Como se mencion? anteriormente, empez? a luchar como guerrillero durante la contienda. En la posguerra, particip? en el maquis durante el desarrollo, apogeo y declive y continu? a luchar hasta su muerte en 1951, ignorando la orden del PCE de abandonar la lucha armada. El documental menciona que su afiliaci?n a la UGT le oblig? a subirse al monte, aunque no pertenec?a al PCE, lo cual indicar?a que no necesariamente se habr?a sentido obligado a acatar las ?rdenes de este partido. Seg?n uno de los entrevistados por Secundino Serrano, Gir?n no se exili? porque no quer?a dejar su tierra y una mujer interpelada apunta a que los guerrilleros ten?an sus mujeres y familia aqu?. As? pues, aunque era imposible reincorporarse a la vida normal, no clandestina, la idea de dejarlo todo y empezar de nuevo en otro pa?s ?si pod?an pasar la frontera? tampoco les parec?a a muchos guerrilleros una opci?n viable. Otros aspectos de la representaci?n m?s favorable de la lucha clandestina es la manera en que se presentan el papel de la mujer en la resistencia y la sexualidad de los clandestinos. Laudino Vidal, un enlace entrevistado en El hombre que muri? dos veces: Gir?n, dice que no abusaban de mujeres porque eso se castigaba con la pena de muerte. 366 En el mismo documental se indica que una vez se detuvo a 500 personas y se calcula que m?s de un tercio de los enlaces eran mujeres. En El siglo XX en femenino, Remedios Montero habla de atender a las estafetas, suministrar a los guerrilleros y darles informaci?n sobre el movimiento de la Guardia Civil. Seg?n esta resistente que luego tuvo que incorporarse a la guerrilla, fueron precisamente los prejuicios de la gente ?de que una mujer no pod?a hacer ciertas tareas? lo que le permit?a colaborar con la guerrilla. En conclusi?n, esta divisi?n de las obras cinematogr?ficas en cinco etapas que reflejan las memorias colectivas en diferentes momentos facilita la comprensi?n de c?mo estas obras han evolucionado. Si bien se han observado algunas diferencias entre el desarrollo de la memoria en el cine y la literatura, la consideraci?n de ambas representaciones art?sticas ha creado un imaginario m?s completa de la evoluci?n de las obras sobre la resistencia antifascista espa?ola. 367 ?Detr?s de toda la memoria individual est? una memoria colectiva, una memoria hist?rica que es la memoria de este pa?s?. Julio Llamazares (citado en Marco 24) Cap?tulo 7. En busca de la memoria colectiva En los cap?tulos anteriores el an?lisis de la evoluci?n de las obras permiti? la consideraci?n de la gestaci?n de imaginarios sobre la resistencia antifranquista desde la guerra civil a la democracia. Cada per?odo muestra, por un lado, c?mo los escritores y cineastas percib?an a los resistentes, y adem?s, estas etapas tambi?n evidencian qui?nes o qu? grupos de personas ten?an el poder para dar a conocer sus memorias. En este cap?tulo, se estudiar? c?mo se busca establecer una cierta memoria colectiva del tema empezando por el trasfondo que acarrea el autor o director. ?ste viene o de la memoria autobiogr?fica o/y la memoria hist?rica de cada uno. La representaci?n de los personajes tambi?n evidencia una memoria colectiva que a veces incluye memorias traum?ticas y esta representaci?n, a su vez, afecta a la memoria que los lectores y espectadores virtuales re/de-forman sobre la resistencia. En ciertos casos, algunos contin?an el espiral creando sus propias obras sobre la lucha guerrillera. Memoria colectiva en los relatos Aparte de la idea ya mencionada de Igartua y Paez seg?n la cual la memoria colectiva existe en los artefactos culturales, las obras sobre la resistencia antifascista espa?ola se pueden considerar como representativas de una memoria mucho m?s amplia de la que una persona posee, pues muchos autores y directores han aprovechado historias orales y escritas para componer su obra. Aunque se reconozca la influencia autobiogr?fica de varios autores en sus obras, es importante recordar las teor?as de 368 Halbwachs y reconocer que aunque una novela sea la creaci?n de una persona, el autor, y una pel?cula o documental el producto de un grupo limitado (director, guionista, etc.), ?stas muestran tambi?n la voz de un colectivo. En la medida en que estos artistas pertenecen a ?ste, sus propios recuerdos convertidos en relatos no pueden estar aislados de esta unidad. De manera similar, los textos de los autores que a su vez son los protagonistas reales de los hechos tambi?n representan una memoria colectiva. Ciertos artistas, incluyendo a los directores Montxo Armend?riz y ?scar Serrano y los novelistas Juan Mars?, Julio Llamazares, Alfons Cervera y Dulce Chac?n, han reconocido tanto en entrevistas como en sus p?ginas de agradecimiento la influencia de la memoria autobiogr?fica e hist?rica, seg?n las define Halbwachs, en sus obras. Estas se pueden apreciar en las obras cinematogr?ficas de ?scar Serrano y Montxo Armend?riz. Durante mi entrevista con ?scar Serrano (incluido en el ap?ndice E), el director del documental sobre ?El Manco de La Pesquera? me cont? que su padre empez? a hablarle de ?El Manco? y de los guerrilleros cuando ten?a unos diez a?os.413 Entre los libros de historia, ha le?do Maquis de Secundino Serrano y El ?Manco? de La Pesquera? O el mito del hombre de Ernesto Cuellar Toledo. De manera similar, las influencias sobre el director de Silencio roto, Montxo Armend?riz, incluyen novelas, historias orales y escritas. En una entrevista para Cine Club, Armend?riz reconoce que ten?a una idea bastante sesgada y bastante incompleta de lo que hab?an sido los maquis o la guerrilla antifranquista durante la posguerra. Fue Carmelo G?mez quien [. . .] me pas? un libro de Secundino Serrano. Despu?s un amigo de Valencia public? una nivela [sic] titulado 413 El abuelo de Serrano fue primo de Basiliso Serrano Valero ?El Manco de La Pesquera?. 369 ?Maquis?.414 Le? todo lo que encontr? tanto de Secundino como de Fernanda Romeo [sic], Justo Vilas [sic], los historiadores que se han ocupado un poco de esta ?poca.415 Conoc? a varios de los guerrilleros y habl? con ellos, les grab? buscando historias . . .416 Y de todo este c?mulo ha surgido lo que despu?s es el gui?n. (?Montxo Armend?riz? n. p?g.) La memoria autobiogr?fica e hist?rica han dejado su huella en varias obras literarias tambi?n. Dos novelistas que empezaron a escribir sobre los maquis en el segundo y cuarto per?odo son Juan Mars? y Julio Llamazares, respectivamente. Mars? comenta el aspecto autobiogr?fico de Si te dicen que ca? explicando que ?es la historia de mi infancia y mi infancia no fue muy divertida? (citado en Mangini, ?Infancia? 34). En Confidencias de un chorizo, el autor catal?n explica que contaba aventis desde que era adolescente: Se trata de una de esas aventis con la que intento ganarme el pan desde que ten?a trece a?os, cuando ya se las contaba a los chicos del barrio oculto tras una antifaz del ?Coyote?, historias inventadas que se nutren de la memoria colectiva y mezclan la verdad verdadera con la mentira mentidera. (171, ?nfasis original) Otro aspecto autobiogr?fico que los cr?ticos han reconocido en las obras de Mars? es la incorporaci?n de su propia experiencia como aprendiz en un taller de joyer?a. Samuel Amell menciona que esta experiencia aparece en Encerrados con un solo juguete, Si te dicen que ca? y Un d?a volver? (La narrativa 10). Tambi?n se aprecia en El embrujo de Shanghai. En Si te dicen que ca?, este aspecto autobiogr?fico se mezcla con la historia de 414 Armend?riz se refiere a la novela de Alfons Cervera. 415 Los apellidos de los historiadores son Romeu y Vila. 416 La memoria de la guerrilla. 370 los maquis pues Palau sigue a su hijo cuando hace encargos a domicilio y roba las joyas de los ricos. Otras inspiraciones de la novela se basan en la memoria autobiogr?fica que Mars? tiene de guerrilleros reales, como los hermanos Sabater, y las acciones reales que los resistentes anarquistas llevaban a cabo, como los atentados en los consulados de Brasil, Bolivia y Per?. En el caso de Llamazares, el autor comenta en una entrevista la influencia que las historias orales que escuchaba de ni?o tuvieron en su novela: ?Cuando a m? me contaban historias de maquis, en el pueblo, me las contaban con mejor castellano y con mucha m?s belleza y magia que yo en Luna de lobos? (citado en Marco 28; ?nfasis original).417 Asimismo, el art?culo que el autor escribi? con motivo de la muerte de Gregorio Garc?a D?az ?Gorete? revela que intercal? en su obra dos de los relatos que los hombres del monte le contaron en su infancia.418 En el pr?logo que escribe al texto hist?rico de Mercedes Yusta, La guerra de los vencidos: el maquis en el Maestrazgo turolense, 1940- 1950, Llamazares se?ala su conocimiento de otras fuentes de la memoria hist?rica. Explica que cuando estaba escribiendo Luna de lobos, investig? en la Biblioteca Nacional de Madrid con la intenci?n de documentarse pues lo que conoc?a hasta ese momento eran las historias orales y las leyendas sobre los del monte. Pero lo poco que encontraba le parec?a ?sesgado y tendencioso? (Yusta 5). Frente a estos novelistas m?s veteranos, la novela m?s importante de Alfons Cervera (con respecto a la guerrilla antifranquista), Maquis, y la obra de Dulce Chac?n, La voz dormida, fueron publicadas en el per?odo m?s reciente. Uno de los aspectos que 417 El art?culo de Agust?n Otero tambi?n menciona la influencia de estos relatos en la novela. La idea de Guy H. Wood de que Luna de lobos es ?una novela de corte autobiogr?fico? (80), sin embargo, parte del hecho de que la novela est? escrita en primera persona y no de las historias que el autor escuchaba de ni?o. 418 Como se ha visto, otro episodio que se basa en acontecimientos reales es el secuestro del due?o de la mina. 371 distingue las novelas de este per?odo de los anteriores es la apariencia de las p?ginas de agradecimiento. Tanto la obra de Chac?n como la de Cervera incluyen una hoja que reconoce la influencia de historias orales y escritas como fuentes de inspiraci?n en sus textos. Aparte del evidente objetivo de agradecer el trabajo de historiadores o las aportaciones de parientes o resistentes, Cervera y Chac?n podr?an estar intentando reforzar su credibilidad ante sus lectores o neutralizar cualquier duda que ?stos pudieran tener sobre su autoridad para hablar del tema. La credibilidad de escritores como Mars? y Llamazares no se habr?a cuestionado tanto pues empezaron a escribir sobre la resistencia en un momento mucho m?s cercano a los acontecimientos de manera que un lector supondr?a que sus vivencias tambi?n se acercan a los sucesos retratados. En el caso de Mars?, la informaci?n de las contraportadas de sus novelas evidencian que era un adolescente en los a?os cuarenta y dejan claro que la memoria colectiva de los ni?os de la guerra retratada en sus obras no se aleja de sus propias experiencias. Otra funci?n de las p?ginas de agradecimiento podr?a ser la necesidad de distinguirse de obras que difuminan la l?nea entre la ficci?n y la realidad hist?rica. Aunque reconocen que sus relatos son ficticios, las p?ginas de agradecimientos tambi?n recuerdan al lector que la obra no deja de sugerir una realidad hist?rica. Aparte de estas posibilidades, un efecto innegable de las p?ginas de agradecimiento es la puesta en evidencia de qu? historias orales y escritas influyeron en las novelas. Al final de Maquis, Alfons Cervera muestra su gratitud a sus parientes y otras personas cuyas historias se incorporaron al relato. Algunas, como la de un t?o suyo que fue guardia civil, han servido para dar detalles a su narraci?n mientras que otras le proporcionaron la idea para un episodio, como aqu?l en que Paco es obligado a beber 372 ricino por blasfemar. En otros casos, las historias tuvieron un efecto m?s amplio sobre su novela pues el jefe de la partida que aparece en varios episodios, ?Ojos Azules?, parece tener su origen en las narraciones de su padre, la ?ltima persona a la que Cervera agradece y ?el primero que me habl? de Ojos Azules? (Maquis 170). Los agradecimientos al final de La voz dormida reconocen, entre otros, al historiador Secundino Serrano y a la guerrillera Remedios Montero.419 Chac?n incorpora a su novela un fragmento de la historia personal de esta guerrillera a trav?s del personaje ficticio de Tomasa. Haci?ndose eco de la vida de Montero, Tomasa, que est? en la c?rcel, es obligada a ir a misa y a besar el pie del Ni?o Jes?s, pero la rabia que esta exigencia le provoca le lleva a morderle el pie. Como castigo, es encerrada en una celda de aislamiento durante un mes.420 En otro caso, parece que la historia (en un sentido m?s universal) deviene en la historia personal de Tomasa. En el estudio de Secundino Serrano, el historiador explica una forma cruel de eliminar a los republicanos en Extremadura llamado el ?mareo?. Los que no apoyaron la sublevaci?n militar fueron arrojados del Puente de Almaraz y tiroteados mientras intentaban llegar a tierra (Maquis 91). Mientras Tomasa est? en la celda de aislamiento, cuenta c?mo las fuerzas represoras la tiraron al r?o Tajo junto con su marido, sus cuatro hijos y su nuera y disparaban contra ellos cuando intentaban alcanzar una ribera. Tomasa es la ?nica de su familia que sobrevivi? a esta atrocidad.421 419 La dedicaci?n del libro de Montero tambi?n sugiere la cercan?a entre novelista y guerrillera: ?a Dulce Chac?n, mi Dulce, mi querida Dulce . . .? (5). 420 Montero cuenta esta historia en el documental El siglo XX en femenino de Ana Aguado. Tambi?n est? recogida en la entrevista ofrecida en el texto de Vidal Casta?o. No obstante, no est? incluida en su autobiograf?a. 421 Otros ejemplos de la incorporaci?n de la memoria hist?rica en La voz dormida se ofrecieron en el cap?tulo cuatro. 373 Aunque se podr?an se?alar otras obras literarias o f?lmicas que incorporan aspectos de la memoria autobiogr?fica o de la memoria hist?rica, estos ejemplos sirven para mostrar no s?lo c?mo las historias orales y escritas pasan de una generaci?n a otra y de los artistas a sus obras, sino c?mo las obras reflejan la memoria colectiva. Otra manera en que las obras muestran su relaci?n con la memoria colectiva es a trav?s de las acciones de los personajes y de sus comentarios que son una reflexi?n del concepto que sus artistas tienen de los resistentes y de las fuerzas fascistas. Estas acciones y observaciones tambi?n captan a veces la memoria traum?tica que los personajes tienen de los acontecimientos violentos. Puesto que los cap?tulos sobre la evoluci?n de las obras dedicaron su atenci?n principalmente a la memoria colectiva manifestada en las representaciones de los dos bandos enfrentados, conviene ahora centrarse en una obra que ejemplifica tanto la memoria colectiva como la traum?tica, para as? dedicar m?s atenci?n a esta ?ltima. Memoria colectiva y traum?tica Para examinar la memoria colectiva y traum?tica que los personajes exhiben, me centrar? en una obra para as? lograr un an?lisis m?s detallado. Varias obras, como Juan Caballero y La voz dormida, ofrecen ejemplos interesantes de personajes que tienen memorias dolorosas de la lucha entre las fuerzas fascistas y los resistentes. En la novela de Luisa Carn?s, Nati tiene pesadillas que muestran que no ha superado el trauma que la violencia le ha provocado. React?a, o revive de manera descontrolada, las visiones que le atormentan. Tomasa en la novela de Dulce Chac?n, en cambio, ofrece un ejemplo de un personaje que logra retrabajar sus memorias traum?ticas. Inicialmente no quiere acordarse del episodio de su vida que la convirti? en la ?nica sobreviviente de su familia 374 y empieza a dejarse morir en la celda de castigo pues rechaza comida, pero la ejecuci?n de Hortensia, de quien no pudo despedirse, la insta a recordar las ?ltimas palabras de su amiga: ?Nuestra ?nica obligaci?n es sobrevivir? (213). Aunque nadie la puede escuchar, Tomasa empieza a contar c?mo sus parientes murieron acribillados y ahogados. El acto de narrar deviene su manera de retrabajar su memoria traum?tica y as?, Tomasa apuesta por la vida pues este proceso le ayuda a encontrar un renovado inter?s en la vida y le permite reintegrarse socialmente. Otra novela, Si te dicen que ca?, ofrece un buen ejemplo de c?mo los recuerdos de un personaje sirven para plasmar la memoria colectiva de su grupo. Como se ha dicho anteriormente, Sarnita (o ?ito) transmite las historias de sus amigos y los adultos cuya realidad se mezcla con la ficci?n en las aventis de los kabile?os. Estas creaciones son una manifestaci?n de varias memorias pues reflejan la recopilaci?n que los j?venes hacen de las historias visuales (c?mics, cine), escritas (peri?dicos) y orales, los recuerdos de sus padres y de ?los misteriosos rumores que circulaban en el barrio sobre denuncias y registros, detenidos y desaparecidos y fusilados? (Mars? 34). A pesar de que estas novelas ofrecen ejemplos de los dos tipos de memoria que interesan en esta secci?n, la novela de Alfons Cervera, Maquis, es la obra que mejor exhibe tanto la memoria colectiva como la traum?tica de los personajes. Asimismo, esta narraci?n servir? como un interesante punto de comparaci?n al llegar a la siguiente secci?n: visi?n de las obras del ?ltimo per?odo sobre artistas y p?blico y c?mo afectan la memoria que los lectores y espectadores virtuales conforman de la resistencia. Puesto que esta tercera parte se centra en las obras que m?s han influido sobre la memoria, es preciso se?alar en la presente secci?n algunos ejemplos de c?mo Maquis ha afectado la memoria 375 colectiva. ?stos incluyen la actitud que la novela expone frente a la dicotom?a memoria/olvido, la consideraci?n de los origines de la resistencia, y la representaci?n de la lucha entre los maquis y las fuerzas represoras. Similar al estilo de Si te dicen que ca?, Maquis aprovecha los recuerdos de un individuo, ?ngel, para presentar una memoria colectiva que, en este caso, es la de los vecinos del pueblo Los Yesares. Tras presentarse, ?ngel cede el protagonismo a las voces que emergen de su memoria para narrar fragmentos sin orden cronol?gico de la historia de Los Yesares. Aunque ahora es 1982 y hace muchos a?os que la partida de ?Ojos Azules? manten?a en jaque a las autoridades fascistas de este pueblo, el hecho de que ?ngel react?a su memoria y, por tanto, no diferencia entre presente y pasado hace que los hechos presentados parezcan contempor?neos. La ruptura de esta divisi?n temporal transporta al lector virtual a la ?poca de la violenta posguerra. El marco de la novela se establece en el pr?logo. ?ngel, el narrador, se presenta y explica que cuando ten?a cinco a?os, su padre, Sebasti?n, se ech? al monte uni?ndose a la partida de ?Ojos Azules? porque mat? a un guardia civil que le peg? por trabajar en domingo. ?ngel refiere algunos incidentes de tortura y represi?n que ocurrieron en su pueblo antes de terminar su introducci?n. Uno de ellos es el tormento que ?l mismo sufri? de joven cuando la Guardia Civil ?incapaces de dar con su padre? se veng? del asesinato del maestro fascista en el que Sebasti?n particip?, quem?ndole las u?as con un soplete. Con respecto a la memoria, ?ngel comenta que ?cuando quiero recordar lo que pas? entonces y lo que pas? despu?s voy dando saltos y confundiendo las voces y los nombres, como dicen que sucede siempre que quieres contar lo que recuerdas? (15). 376 Esta idea de dar saltos o no seguir el orden cronol?gico de sucesos al narrar de memoria se acerca a la memoria proustiana y contradice la descripci?n que Agust?n de Hipona hace de este proceso. Seg?n el santo, las im?genes ?llegan juntas, en serie, bien ordenadas, a medida que las llamo; las primeras ceden la plaza a las siguientes, y al hacerlo se colocan aparte, para reaparecer cuando yo quiera. Esto es exactamente lo que ocurre cuando cuento algo de memoria? (204). El problema de la organizaci?n de la memoria fue usado en El cuarto de atr?s por Carmen Mart?n Gaite cuando retrat? la dificultad de reconstruir y organizar los recuerdos de la ?poca franquista. La novela de Cervera, sin embargo, deja la resoluci?n de estos obst?culos a su lector. Por tanto, la estructura de Maquis parece indicar un deseo de no permitir que la memoria de los resistentes caiga en el olvido. Esto es, precisamente, lo que Rosario, la esposa de uno de los maquis, sugiere que el nuevo r?gimen desea: ?no nos dejan ni recordar? (28). La carencia de un orden cronol?gico obliga al lector virtual a jugar un papel activo y conectar las piezas de este rompecabezas que es la memoria colectiva de los vecinos de Los Yesares. Para actualizar el relato, tiene que recordar los diferentes episodios e intentar ordenarlos.422 De esta manera, las historias contadas acaban grab?ndose en la memoria del lector virtual puesto que el acto de recordarlas es una manera de ?ensayar? la memoria, un proceso que seg?n Pennebaker y Banasik, ayuda a reforzarla. Al final del pr?logo, ?ngel comenta que ?no hay maestros de la memoria. [. . .] S?lo del miedo que impide recordar con exactitud la manera en que sucedieron los acontecimientos? (16). Con ?miedo?, se sugiere la represi?n impuesta por el r?gimen de 422 Para una explicaci?n del concepto de la actualizaci?n de una obra narrativa, v?ase el estudio de Humberto Eco, Obra abierta. 377 Franco. En el ep?logo, ?ngel se?ala que despu?s de que un guardia civil mat? a Rosario, se prohibi? la menci?n de su nombre tal como se impidi? que se nombrara a todos los maquis que murieron luchando. No obstante, como Pennebaker y Banasik mostraron en su estudio de los acontecimientos silenciosos, en los casos en que la gente no puede o no quiere hablar de un suceso importante, el silencio impuesto suele llevarles a recordarlo m?s, pero sin resolverlo. Ir?nicamente, el intento de no pensar en un suceso traum?tico acaba por fijarlo m?s plenamente en la memoria. El hecho de que la memoria haya sido reprimida ha contribuido a reforzar las historias del colectivo en la memoria de ?ngel. Cada noche cuando las recuerda, ?ngel reensaya su memoria. El lector virtual, al recordarlas e intentar ponerlas en un orden que les d? sentido, tambi?n reensaya ?sta. No obstante, hay una diferencia entre estos dos actos. Mientras que ?ngel react?a el pasado, el lector virtual lo retrabaja. Propongo que ?ste es capaz de dicho proceso virtual ya que seg?n LaCapra facilita la superaci?n de un trauma, pues posee, por lo menos, cierta distancia cr?tica ante los acontecimientos narrados. Al lector virtual no le quemaron los dedos con un soplete; tampoco entr? en un estado de melancol?a debido a la imposibilidad de darle a su padre una sepultura digna; y, en vez de vivir un silencio impuesto, participa en la epifan?a al leer sobre estos acontecimientos.423 La distancia cr?tica le permite ensayar la memoria de manera que organiza y asimila los acontecimientos traum?ticos presentados. El proceso de asimilaci?n le ayuda a superar el trauma colectivo de la guerra y posguerra 423 De manera similar, el acto de reescribir puede ser tambi?n, en el caso del autor, una manera para retrabajar un pasado colectivo traum?tico. Los autores de ficci?n, como Cervera, tambi?n poseer?an una distancia cr?tica de la representaci?n ficticia que elaboran. Incluso en el caso de las autobiograf?as, la escritura puede ser una manera de recordar el pasado a prop?sito y acercarse a ello con pensamiento cr?tico. 378 y el acto de ensayar la memoria contribuye a fijar estas historias en su memoria.424 Por estas razones, propongo que la novela de Cervera, al obligar al lector virtual a pensar m?s sobre los sucesos narrados para ponerlos en orden y darles sentido, logra crear en la mente de sus lectores una memoria m?s s?lida de los maquis, lo cual no garantiza tampoco su longevidad. La importancia de mantener viva la memoria de los resistentes es expresada por el maestro republicano de la manera siguiente: ?no somos nada, que s?lo somos lo que los dem?s, cuando nos morimos, recuerdan de nosotros? (70). As? pues, adem?s de la estructura de la novela, los comentarios de los personajes y del narrador resaltan la importancia de recordar y, en particular de no permitir que la versi?n oficial sea la un?voca. A lo largo de la obra, hay varias referencias directas a la memoria y el olvido. En uno de los ?ltimos ejemplos, la idea del poder de los fascistas para establecer su versi?n de la verdad exclusiva se combina con la imagen de la condenaci?n de la memoria de los vencidos al olvido: ?En la memoria de la gente s?lo quedan las guerras ganadas por los vencedores, las otras se olvidan porque las victorias oscurecen la indignidad de la derrota y al final siempre habr? una suplantaci?n de la verdad escrita por los cronistas del olvido? (152). As? pues, la novela de Cervera favorece una actitud 424 El proceso de reensayar la memoria tambi?n puede conducir al individuo a olvidar un suceso si ya no siente la necesidad de recordarlo puesto que lo ha retrabajado y asimilado. Incluso si la memoria de ciertos lectores se hiciera m?s d?bil, ser? porque han logrado resolver, por lo menos hasta cierto punto, sus memorias traum?ticas reales, si las hubiera, y virtuales si formales y, por lo tanto, habr?n logrado una paz que no est? basada en el silencio y la desmemoria o el desconocimiento. Seg?n LaCapra, al enterrar un trauma sin retrabajarlo, se escapan los fantasmas del pasado de las heridas no cicatrizadas y contin?an volviendo hasta que la persona retrabaje su memoria traum?tica y logre cierta resoluci?n. Para otros lectores, sin embargo, que han superado en lo posible estos traumas y desean mantener viva la memoria hist?rica, el texto les sirve como punto de partida pues representa una parte de la memoria colectiva de Espa?a. Es pues, en este sentido que las obras cumplen su papel funcional seg?n las ideas de Nora. Los lugares de memoria, como se explic? anteriormente, son lugares en tres sentidos: material, simb?lico y funcional. 379 positiva frente a la necesidad de mantener viva la memoria y denuncia no s?lo el olvido, sino la desmemoria que los vencedores han impuesto. Los fragmentos de la historia de Los Yesares que el lector virtual tiene que organizar son emitidos por diferentes voces narrativas. ?stas incluyen personas que se opusieron a la dictadura y otras que la apoyaron. Parece que hablan directamente al lector, pero es preciso recordar que emergen desde la memoria de ?ngel y, por tanto, han pasado por su filtro del recuerdo, ofreciendo as? su perspectiva de los sucesos. Es m?s, el hecho de que estas voces est?n en su cabeza muestra que la novela entera es la reactuaci?n que ?ngel hace de sus memorias traum?ticas. Por esta raz?n, conviene centrar el an?lisis en la memoria de ?ngel para explorar c?mo sirve de reflejo de la memoria colectiva que el autor ha captado en papel. La percepci?n que ?ngel tiene del pasado difiere de c?mo su madre, Guadalupe, lo recuerda. En el ep?logo, aqu?l se?ala que ?sta ha aprendido a recordar s?lo lo bueno y guapo que era su padre. Mientras que Guadalupe s?lo recuerda y habla del pasado de vez en cuando, ?ngel ha mirado sus u?as cada noche antes de acostarse durante casi cuarenta a?os. El soplete que los guardias civiles usaron para quemar sus dedos dejaron sus u?as con un color azul que le recuerda el d?a en que deseaba morir o huir al monte siguiendo los pasos de su padre debido a la intensidad del dolor. El hecho de que esta memoria traum?tica sea invocada cada noche muestra que ?ngel no ha logrado superarla.425 Repite el pasado de manera compulsiva y esto le bloquea el futuro haciendo imposible que encuentre un renovado inter?s en la vida. La madre, en cambio, ha logrado encontrar una esperanza en el futuro y ha vuelto a integrarse socialmente. El futuro es, precisamente, el 425 Se puede contrastar el trauma memorioso de las u?as con el placer evocado de la magdalena proustiana. 380 tema del que ?ngel se niega a hablar: ?no le hablo de ese futuro que a ella se le ha abierto como una brecha feliz a la esperanza? (168). La diferencia entre la manera en que la madre y el hijo se acuerdan del pasado es debido en parte a la diferencia entre sus edades cuando los sucesos traum?ticos ocurrieron. ?ngel, como ya se mencion?, ten?a cinco a?os cuando su padre se uni? a la guerrilla de ?Ojos Azules? y ocho o nueve cuando los guardias civiles le torturaron. Unos a?os despu?s, Sebasti?n es herido en el monte y bajado a la plaza, donde los civiles lo maltratan antes de fusilarlo.426 Puesto que todos estos acontecimientos traum?ticos ocurren cuando ?ngel tiene una edad cercana a la que varios estudios han considerado como el per?odo de la vida m?s importante para la formaci?n de la identidad (desde los diez o quince a?os hasta los veinticinco a?os), no es sorprendente que estos sucesos hayan afectado m?s a ?ngel que a su madre. La importancia que esta edad tiene para la formaci?n de la identidad hace que los recuerdos formados durante estos a?os sean m?s v?vidos y m?s duraderos. Puesto que no es muy obvio que ?ngel no haya logrado retrabajar estas memorias traum?ticas, sino que las react?a, es preciso compararlo brevemente con el personaje de otra obra. En Juan Caballero, por ejemplo, Nati tiene diecisiete a?os cuando la guerra comienza. Ella sufre pesadillas, una clara forma de reactuar un acontecimiento traum?tico. Se despierta por la noche despu?s de revivir en sus sue?os la experiencia de la interrupci?n de las tropas fascistas en su casa, la cual comienzan a destruir. M?s tarde, 426 La novela no indica la edad de ?ngel cuando presencia la tortura y fusilamiento de su padre, pero se puede deducir comparando su vida al per?odo en el que los maquis actuaban. Si ?ngel ten?a cinco a?os en 1941 cuando su padre se uni? a la partida de ?Ojos Azules?, har?a los doce en 1948 y diecis?is en 1952. Puesto que el primer a?o marca el comienzo del declive de la guerrilla y el segundo la fecha en que la resistencia rural lleg? a ser pr?cticamente inexistente, es probable que la muerte de Sebasti?n ocurriera entre estos a?os. Si as? es, ?ngel no habr?a tenido m?s de diecis?is a?os cuando presencia el fusilamiento de su padre. 381 tras ver a un hombre ahorcado, Nati tiene visiones del muerto. Estas alucinaciones son otro ejemplo de que ella react?a estos acontecimientos l?mites. No es capaz de recordarlos voluntariamente, sino que le saltan a la memoria sin control. Debido a que el narrador de la novela de Cervera permite que las voces en su conciencia hablen directamente al lector virtual de la lucha entre los maquis y las fuerzas del r?gimen, hay pocas referencias a las memorias traum?ticas de ?ngel. No obstante, es preciso captar las pistas ofrecidas en el pr?logo y el ep?logo, pues estas secciones son los ?nicos momentos en que se escucha la voz de ?ngel.427 El hecho de que mire sus u?as cada noche durante casi cuarenta a?os muestra que no ha logrado retrabajar estos traumas. El pasado surge constantemente sin que ?l lo evoque voluntariamente. No ha encontrado un renovado inter?s en la vida; el futuro est? bloqueado pues los demonios del pasado siguen volviendo para atormentarle. Aunque la novela no ofrece ejemplos claros de la reactuaci?n del pasado como alucinaciones y pesadillas, es preciso recordar que todas las voces que narran la historia de Los Yesares emergen de la memoria de ?ngel. As?, casi toda la novela es la reactuaci?n del pasado que ?ngel realiza cuando mira sus u?as. Sus memorias traum?ticas fueron causadas por los acontecimientos l?mites que vivi? de joven: su propia tortura, el maltrato y ejecuci?n de su padre, etc. Seg?n LaCapra, una persona no experimenta toda la angustia que un acontecimiento l?mite produce cuando acaece el suceso traum?tico. Se bloquea y ocurre un lapso o ruptura de la memoria. Pero, el psicoanalista se?ala que ?what is denied or repressed in a lapse of memory does not disappear; it returns in a transformed, at times disfigured and disguised 427 Aunque otros personajes refieren los sucesos violentos que ?ngel vivi? de joven, no es hasta Aquel invierno, la novela m?s reciente de Cervera que toca la resistencia, que se escucha al protagonista narrar los acontecimientos l?mites que tanto le afectaron (155-58). 382 manner? (History and Memory 10). La memoria traum?tica puede volver de muchas formas incluyendo alucinaciones, flashbacks y sue?os. Estas formas de reactuar el pasado son un esfuerzo por recrear la angustia no asimilada y traum?tica para as? intentar retrabajarla. Pero estos m?todos no ayudan al individuo a asimilar la angustia. S?lo sirven para inducirle a un ciclo de repetici?n compulsiva. Seg?n LaCapra, una persona s?lo puede lograr control parcial de sus memorias traum?ticas si participa en actos de retrabajo. ?stos requieren que uno recuerde el pasado de manera voluntaria para reflexionar de modo significativo sobre el trauma. Mientras las voces hablan desde la memoria de ?ngel, son presentadas tal cual. No hay indicaci?n de que ?l cuestione o analice sus memorias traum?ticas con distancia cr?tica. Otro factor que no permite que ?ngel retrabaje sus memorias traum?ticas es el hecho de que no pudo pasar por un per?odo de luto despu?s de la muerte de su padre. En el ep?logo, ?ngel explica que un d?a su madre y ?l trasladaron ?los restos de mi padre a un nicho como los dem?s. S?lo hab?a en el hoyo del cementerio civil donde le enterraron unos cuanto trapos y seis o siete pedazos de plomo mezclados con el polvo del tiempo y de sus huesos? (167). Los ?rojos? fueron enterrados en el cementerio civil junto con los que se suicidaron. Este lugar representa donde los marginados descansan en paz. Separados del cementerio cristiano, pasan a ser los olvidados, los miembros de la sociedad por quienes nadie llev? luto. El deseo de trasladar los restos de Sebasti?n y ponerlos en una tumba marcada muestra su necesidad de reconocer su vida. A pesar de que muchos a?os han pasado desde su fusilamiento, la necesidad de guardar luto no ha desaparecido. La tumba marcada sirve a ?ngel y a su madre como lugar donde pueden participar en este proceso. Aunque no se sabe cu?ndo ocurre el traslado, es probable que 383 no ocurriera hasta despu?s de la transici?n a un gobierno democr?tico. Las d?cadas que han pasado han convertido la ropa de Sebasti?n en trapos y su cuerpo en huesos, polvo y los seis o siete trozos de plomo que acabaron con su vida. El paso de tiempo tambi?n ha devastado a ?ngel. La imposibilidad de guardar luto por su padre bloque? un proceso importante que le habr?a permitido retrabajar su memoria herida. La novela termina sugiriendo que ?ngel nunca logra resolver los traumas que los acontecimientos l?mites le produjeron. Est? atrapado en un estado de melancol?a que le lleva a recordar el pasado de manera obsesiva cada vez que mira sus u?as azules. Resumiendo, se ha visto c?mo Maquis exhibe tanto la memoria colectiva como la traum?tica a trav?s de las voces que emergen de la mente de ?ngel. La representaci?n de la lucha entre los maquis y las fuerzas represoras contin?a la tradici?n de acercarse a este tema desde una mirada seria y dram?tica que respeta la l?nea convencional entre la ficci?n y los sucesos reales. El texto retrata los origines de la resistencia al mostrar que Sebasti?n tiene que unirse a los maquis tras rebelarse contra la represi?n franquista. Asimismo, el asesinato del maestro fascista se?ala la inspiraci?n pol?tica de la lucha y el esfuerzo de los maquis por no permitir que las nuevas autoridades controlen la memoria que sus hijos se formar?n de ellos. Estos dos aspectos de la representaci?n del movimiento guerrillero lo dibujan como un fen?meno comprensible. La novela tambi?n acerca el lector virtual al per?odo retratado de manera que ?ste siente mayor conexi?n sentimental con los personajes. Como se coment? arriba, el hecho de que ?ngel react?e sus memorias traum?ticas transporta al lector virtual a la posguerra. Asimismo, el hecho de que los acontecimientos l?mites que vivi? hace muchos a?os le siguen perturbando muestra c?mo el pasado afecta el presente. Finalmente, la actitud que la novela expone 384 frente a la dicotom?a entre memoria y olvido muestra una clara preferencia por la necesidad de recordar y de luchar contra el olvido y el silencio impuesto por el r?gimen. Como se vio en el primer cap?tulo, la combinaci?n de la imagen de la guerra y la posguerra como una ?poca comprensible y cercana, la explicaci?n de los origines de un conflicto (en este caso la lucha guerrillera), y la reacci?n emocional que la representaci?n dram?tica (del sufrimiento de ?ngel y otros) le produce al lector virtual contribuyen a favorecer una memoria m?s s?lida de este per?odo. Tambi?n se mostr? que cuanto mayor sea el efecto emocional de la obra y la conexi?n que el p?blico siente con los personajes, mayor ser? su acuerdo con las creencias y actitudes expresadas en la obra. As? pues, es probable que el lector virtual adopte una actitud favorable a la necesidad de recordar el pasado. De manera similar, la estructura de la obra (que obliga a ?ste a unir las voces fracturadas en un rompecabezas) tambi?n sirve para fortalecer la memoria colectiva. Es m?s, puesto que el lector virtual posee cierta distancia cr?tica, el acto de leer la novela y de organizar las historias le sirven como una manera para retrabajar como mediador en los acontecimientos traum?ticos que pertenecen a la memoria colectiva. La posibilidad de reflexionar de manera significativa sobre el pasado, de ordenar los acontecimientos le ayudar?a a canalizar (Spinoza) en la medida de lo posible estos traumas y cerrar heridas abiertas. Memoria colectiva actual Tras haber considerado c?mo la memoria autobiogr?fica e hist?rica se incorporan a las obras y la manera en que ?stas manifiestan la memoria colectiva y traum?tica de los personajes, hay que plantear dos preguntas: Primero, ?qu? indica la producci?n literaria y 385 f?lmica del per?odo m?s reciente de sus artistas y su p?blico? Segundo, ?c?mo va a afectar la memoria que se forma de la resistencia? Para contestarlas, ser? preciso volver a las teor?as de Bernard Rim? y V?ronique Christophe sobre la comunicaci?n social primaria y secundaria y las ideas de Juanjo Igartua y Dario Paez sobre c?mo el efecto emocional de una obra en relaci?n con otros factores afecta la percepci?n del pasado y la disposici?n del p?blico a pensar que es mejor recordar u olvidar un acontecimiento traum?tico. La producci?n art?stica que se observa recientemente no se puede comprender sin entender los per?odos anteriores puesto que las obras de generaciones previas afectan a los futuros escritores y directores. El dominio de la versi?n oficial durante el largo per?odo de la ?poca franquista es probablemente uno de los factores que m?s ha influido sobre el auge de voces generalmente favorables a la guerrilla desde mediados de los ochenta. Los escritores, directores y resistentes proyectan sus c?maras y mojan sus plumas a fin de dejar para la posteridad otra versi?n de los hechos. Este deseo ser?a a?n m?s acuciante para los protagonistas que se ven al final de su camino y con la preocupaci?n de que pudieran morir sin dar a conocer su parte de la historia no oficial. Aunque en el ?ltimo per?odo se aprecia un aumento en las autobiograf?as y los documentales superan enormemente a las pel?culas de ficci?n, es preciso recordar que las obras divulgativas influyen escasamente sobre la memoria colectiva debido a que su distribuci?n es menor junto al trabajo est?tico presente en las ficciones. Ya he mencionado la dificultad que tuve para obtener muchos de los documentales, incluso, los producidos recientemente. Las autobiograf?as tampoco est?n al alcance de la mano pues muchos de los libros de los guerrilleros los obtuve porque asist? a conferencias sobre la 386 resistencia.428 Estos detalles ayudan a apreciar que la literatura y el cine de ficci?n influyen m?s en la formaci?n de la memoria colectiva y, por lo tanto, esta secci?n se centrar? en estos textos. En las representaciones ficticias del per?odo m?s reciente, el inter?s en la resistencia decae. Anteriormente se coment? que el papel otorgado a los guerrilleros es limitado en muchos casos a apariencias o, como en la adaptaci?n f?lmica de la novela de Manuel Rivas, El l?piz del carpintero, desaparece completamente. En otros casos, por ejemplo El embrujo de Shanghai, la lucha guerrillera forma parte del pasado de los personajes de manera que realmente el tema s?lo sirve para proveer la intriga y el suspense de la obra. Estas obras no suelen considerar las causas de la guerra o de la formaci?n del movimiento guerrillero, lo cual muestra que se obvia una parte violenta de la historia de Espa?a y, por lo tanto, se idealiza la memoria.429 Aparte de estos aspectos que muestran c?mo la lucha guerrillera cae en el olvido, otras obras que parodian la historia o difuminan la l?nea entre los hechos hist?ricos y la ficci?n ejemplifican c?mo el distanciamiento psicol?gico contribuye a crear representaciones que idealizan la memoria en las obras m?s recientes. Debido a que ?stas afectan la reacci?n emocional de los lectores y espectadores, la distancia psicol?gica ser? uno de los factores de mayor inter?s en esta secci?n. Soldados de Salamina y El portero son, quiz?s, los dos ejemplos mejores de c?mo se idealiza la memoria. Adem?s de difuminar sus aspectos negativos pasando por alto la 428 ?stos s?lo se venden en muy pocas librer?as. Felipe Matarranz me llev? a una en Llanes que ten?a el suyo y los textos de Antonio Esteban Garv? y Remedios Montero los obtuve en la conferencia que La Gavilla Verde organiz? en Santa Cruz de Moya en 2006. Garv? present? su libro en las jornadas y el texto de Montero estaba disponible gracias a una librer?a peque?a. 429 Al volver al concepto de Igartua y Paez sobre la idealizaci?n de la memoria, es preciso recordar que no quiere decir una representaci?n completamente positiva del pasado, sino una que es menos negativa. Por otro lado, Mars? ya hab? mostrado crudamente ese pasado en Si te dicen, por lo que necesita renovarse. 387 represi?n violenta que dio origen al movimiento guerrillero y el uso de tortura y asesinatos para acabar con los resistentes, estas obras suavizan la memoria mediante otros aspectos de su representaci?n. En las versiones literarias y cinematogr?ficas de Soldados de Salamina430 ?stos incluyen el desinter?s que ciertos personajes muestran frente a la historia, la disminuci?n de la importancia de los discursos de S?nchez Mazas, las referencias ambiguas a la sublevaci?n militar y la guerra, y la imagen de que todos perdieron la guerra (mediante comentarios de los personajes y los paralelismos entre la victimizaci?n de vencedores y vencidos). En El portero el uso del humor negro, que mezcla comedia y seriedad, produce im?genes menos impactantes y negativas que una representaci?n m?s dram?tica de la violencia b?lica y las represalias de posguerra. Asimismo, el ef?mero papel de los resistentes y el final ambiguo contribuyen a la conformaci?n de una memoria idealizada. La parodia de Gonzalo Su?rez se burla de muchos aspectos relacionados con la lucha guerrillera. Comienza con un tono serio y no es hasta ver unas escenas rid?culas que el p?blico se da cuenta de que nada en la obra se librar? del seco humor negro del director. Se imitan hasta los textos que aparecen al principio de otras pel?culas y documentales y los comentarios de los narradores. Antes de comenzar la acci?n, se proyectan las siguientes oraciones: ?ESPA?A 1948. Mientras los maquis prosiguen desde las monta?as su lucha contra Franco, un hombre llega en su camioneta a un pueblo 430 A lo largo de esta discusi?n de Soldados de Salamina, intentar? mantener vivo un di?logo entre la novela y la adaptaci?n f?lmica por varias razones. En primer lugar, me har? falta referir en algunas partes a una de las dos versiones pues ejemplifica mejor el punto que estoy intentando esclarecer. Segundo, los cr?ticos muchas veces se centran en la versi?n f?lmica o literaria, pero sus comentarios son v?lidos para la otra. No obstante, la poca consideraci?n que la adaptaci?n teatral recibe en este estudio se debe a que no la he visto y desconozco cualquier cambio que la pudiera distinguir de las otras versiones. 388 asturiano?. Una voz en off lee el texto y a?ade dos oraciones al final: ?La historia se interrumpe. Comienza la leyenda?. Tras incitarle al espectador a pensar que est? ante la representaci?n de la historia de alg?n guerrillero legendario, la pel?cula comienza mostrando una camioneta que se acerca a un pueblo de noche. Nardo, un maquis, para el veh?culo de Ramiro Forteza, un exportero del Real Madrid, y sube en la parte de atr?s sin decirle nada. A poco, les para una pareja de la Guardia Civil. El sargento le trata bruscamente contestando sus ?buenas noches? con la demanda habitual: ?Documentaci?n?. El otro guardia revisa la camioneta, pero no denuncia la presencia del maquis puesto que ?ste le amenaza con su pistola. Al acercarse a un pueblo, el guerrillero le indica que quiere bajarse. Muerde una manzana y se la entrega a Forteza, explic?ndole que se la d? al due?o de la posada que le pondr? de comer, pero le avisa que no pida la sopa. As? lo hace y durante un tiempo hay una tensi?n enorme en el bar. No se sabe qu? significa la manzana ni c?mo va a reaccionar el due?o. Cuando le sirven sopa, Forteza intenta d?rsela al perro, pero ?ste gime y se aleja. La escena siguiente da la primera pista inconfundible de que la pel?cula es una parodia. El m?dico revisa una burra y explica que su falta de compa??a le ha provocado una pre?ez psicol?gica. La mofa ante la seriedad con la que otras pel?culas y documentales han tratado la historia de la guerrilla muestra la distancia psicol?gica del director pues su filme sugiere todo lo opuesto que las obras con tono formal. El texto al principio de Terra de canones, por ejemplo, revela el deseo del director de homenajear a los guerrilleros antifascistas.431 Tambi?n, como se coment? anteriormente, el documental de C. M. Hardt, Death in El 431 Se lee: ?Aquesta pel.l?cula ret homenatje al maquis, moviment de resist?ncia antifeixista com tants d?altres moviments hist?rics o actuals. A tots els maquis : als deles muntanyes, an?nims, que s?apelegaven en petits ex?rcits, i al urbans, solitaris, com en Faceries o el germans Sabater?. 389 Valle, responde a la voluntad de la directora de explayar verdades hist?ricas que se han ocultado o tergiversado y, en el caso de los documentales de Arteseros, ?ste espera contar la historia de los maquis para que las futuras generaciones no la olviden. Con respecto a las obras literarias, se podr?a ofrecer ejemplos similares pues antes se se?al? c?mo muchos novelistas incorporan la memoria autobiogr?fica e hist?rica en sus narraciones. Luna de lobos, por ejemplo, parece un homenaje a ?Gorete? o por lo menos una manera de no dejarle sufrir la segunda muerte, el olvido. As? pues, la burla de Su?rez sugiere que no s?lo no le inspira ninguna de estas motivaciones sino que tambi?n apunta al cansancio que los artistas sienten ante la forma tradicional de acercarse a la resistencia.432 La distancia psicol?gica que esta obra exhibe incluye su manera de tratar hasta los temas m?s sensibles. Se bromea sobre la violaci?n m?ltiple de Manuela, la hermana de Nardo, que ocurri? durante la guerra civil. La irreverencia con la que se trata este acontecimiento traum?tico se observa cuando la mujer del sargento de la Guardia Civil, le pregunta a Manuela, sobre el tama?o de ?los moros?.433 El hecho de que haya tenido relaciones con marroqu?es es innegable puesto que tiene un hijo de piel muy oscura.434 M?s tarde, Manuela le dice a Forteza que para algunos, ella es peor que una ?puta?. La gente dice que se acost? con un moro y que le gust?, pero dejando claro que fue violada, explica que fueron muchos y borrachos. Debido a este maltrato, no soporta que ning?n hombre la toque. A pesar de la seriedad del asunto, no se libra del acerbo humor negro de Su?rez. En este caso, deviene m?s evidente que el p?blico tiene que compartir el mismo 432 De manera similar, el uso de la fantas?a en El laberinto del fauno se?ala el intento de encontrar nuevas v?as para hablar de la misma historia. 433 La conversaci?n entre Manuela y la mujer del guardia es una mofa del car?cter recatado que se esperar?a de ?sta. La burla de la sexualidad de esta mujer se coment? en el cap?tulo seis. 434 La raza del hijo tambi?n es objeto de la risa pues la mofa de los chicos de su edad le lleva a ba?arse a la luz de la luna para intentar blanquearse. 390 distanciamiento psicol?gico que el director pues en el caso contrario no ver?a la obra o dejar?a de verla cuando el humor llegara a ser demasiado ofensivo para su gusto. Aunque detr?s del humor con el que se trata la violaci?n de Manuela hay un elemento de seriedad que sugiere la violencia de la guerra, esta representaci?n no es tan impactante como una imagen dram?tica de tortura o muerte. En la medida en que los aspectos violentos del pasado se difuminan, la memoria se idealiza. Mientras que este caso permite entrever la miseria detr?s del humor, no es as? en otros momentos. El conflicto real entre el r?gimen y los guerrilleros deviene un jocoso partido de penaltis en la pel?cula.435 La obra concluye de manera ambigua pues el pueblo se lleva la porter?a. Esto sugiere que nadie gana, lo cual recuerda la idea de que todos perdieron la guerra.436 Los espectadores que desconocen la historia de la resistencia no aprender?an nada de la pel?cula sobre las represiones que provocaron la formaci?n de guerrillas ni sobre los m?todos represivos que se emplearon para desarticularlas. As? pues, se aprecia nuevamente que la parodia y el humor negro producen un efecto menos dram?tico y 435 Seg?n me refiere Naharro Calder?n, ?sta es una met?fora de c?mo el f?tbol, muy admirado por Gonzalo Su?rez, su padrastro fue el famoso entrenador Helenio Herrera, representa en El Portero una escenificaci?n semi?tica, entonces, del conflicto civil, donde fuerzas represoras y pueblo guerrillero quieren triunfar ante el guardameta testigo del Real Madrid (ver infra) que salvaguarda el esp?ritu de la naci?n. En ?sta, tambi?n hoy, sometida a la fragmentaci?n de los localismos y regionalismos, este deporte y su torneo de Liga, por ejemplo, sustituyen a la desaparici?n de las instituciones que la representaban y permiten canalizar altos grados de violencia simb?lica (banderas, cantos, gestos) en donde ciertos equipos (Real Madrid) se asocian a estos delirantes imaginarios de tradici?n centralista y represora, y otros (Barcelona, Athletic Bilbao) a los de oposici?n y resistencia. Sin embargo pocos sospechan que el dictador era seguidor del Athletic Bilbao, cuyo esp?ritu de pura raza (recordemos su Raza de Jaime de Andrade) se remontaba a la vieja alcurnia vizcaina bajo cuyo palio se pod?an cobijar tanto los seguidores del etnocentrismo de Sabino Arana o del tradicionalismo carlista con los de la pureza de la patri?tica sangre del cristiano viejo. 436 Esta idea evita la necesidad de considerar las causas de la guerra (soslayando as? otorgar responsabilidades) y de reconocer la desigualdad que la contienda produjo: el desequilibrio entre las represalias fascistas y republicanas, la cantidad de espa?oles que a mediados de los cuarenta segu?an en el exilio, las c?rceles o los campos de concentraci?n franquistas, las ayudas econ?micas, laborales y escolares que se daban a los adictos al r?gimen frente a la expulsi?n de republicanos de sus puestos y la confiscaci?n de sus bienes. Pero el lector virtual tambi?n puede advertir que como pasa la memoria de la guerra, es el pueblo que impone ahora las pautas del final de la pugna. Si el franquismo gan? la guerra, sin embargo, perdi? la batalla de la historia. El mito termina por desbancar a la cruda realidad. Ver ?De prisiones hist?ricas? de Naharro Calder?n. 391 negativo que una representaci?n seria de la violencia y, por lo tanto, esta pel?cula idealiza, por lo menos hasta cierto punto, la memoria colectiva de la guerra y la resistencia. En la adaptaci?n f?lmica de Soldados de Salamina la mezcla de la realidad hist?rica y la ficci?n ejemplifica otra manera en que la distancia psicol?gica de los directores les ha llevado a optar por un acercamiento al tema ajeno al tradicional. Las entrevistas que la protagonista Lola Cercas (Ariadna Gil) realiza para investigar el fusilamiento de Rafael S?nchez Mazas son presentadas como aut?nticas. En varias ocasiones la pel?cula llama la atenci?n del espectador al hecho de que los interpelados, Chicho S?nchez Ferlosio,437 Daniel Angelats y Joaquim Figueras (dos de los tres ?amigos del bosque?, los huidos republicanos que ayudaron a S?nchez Mazas) y el sobrino de Joaquim, Jaume Figueras, no son actores sino ellos mismos. Entre los cr?ditos, al inicio del filme, se anuncia que la obra incluye ?los testimonios reales de Joaquim Figueras, Daniel Angelats, Jaume Figueras y Chicho S?nchez Ferlosio?. Asimismo, los cr?ditos finales indican el nombre del personaje en una columna y el nombre del actor en otra. La lista incluye a Pere Figueras438, Quim Figueras-20 a?os y Daniel Angelats-20 a?os, de manera que se reconoce qu? actores interpretan a los ?amigos del bosque? durante las escenas del final de la guerra. Luego, en una sola columna se ponen los nombres de Joaquim Figueras, Daniel Angelats, Jaume Figueras y Chicho S?nchez Ferlosio. Como no hay actores que correspondan con estos nombres, se resalta nuevamente que ellos mismos aparecen delante de la c?mara. 437 Aunque en la novela el narrador escucha la historia de S?nchez Mazas de su hijo Rafael S?nchez Ferlosio, es el hermano de ?ste, Jos? Antonio (Chicho), el que aparece en la pel?cula. 438 Puesto que Pere Figueras ha muerto y s?lo aparece en las escenas de la guerra, no hay distinci?n que indique su edad. 392 Algunos aspectos f?lmicos de las entrevistas tambi?n muestran un esfuerzo por subrayar que ?stas son reales. En estas escenas se aprecia el uso de una c?mara al hombro o, por lo menos, se simula el efecto visual que el uso de esta t?cnica producir?a. El cuadro a veces se mueve bruscamente simulando movimientos de c?mara decididos con urgencia o, en otros casos, la imposibilidad de que el c?mara se mantenga completamente firme en una posici?n. Asimismo, los cambios abruptos del zoom sugieren decisiones tomadas sobre la marcha para captar testimonios que, supuestamente, no se van a repetir delante de la c?mara. En algunos instantes, el personaje se mueve, pero la c?mara s?lo le sigue tras el medio segundo necesario para que el c?mara reaccione. As? se insin?a que ?ste no anticipaba su movimiento, lo cual habla sobre la inmediatez de lo filmado y le da al espectador la sensaci?n de estar ante una escena que no se ha ensayado. Aparte de los ?desperfectos? del cuadro, los zoom tambi?n sugieren que las entrevistas son aut?nticas.439 Otros aspectos de las entrevistas que subrayan para el espectador su realidad incluyen la candidez de los comentarios de los interpelados y el hecho de que algunos hablan en catal?n. El cambio del espa?ol al catal?n apunta a que estas personas se sienten m?s c?modas expres?ndose en este idioma. Esta parte del di?logo viene acompa?ada por subt?tulos en espa?ol para universalizar la comprensi?n. El cambio a un idioma m?s local parece subrayar que los entrevistados no son actores y que la autenticidad de sus 439 A cambio de una imagen menos perfecta, la c?mara de 16mm, que se puede sostener con la mano, ofrece la libertad necesaria para captar acontecimientos mientras ocurren y, por eso, se asocia con el periodismo y ciertas escuelas de documentales como el cin?ma v?rit?. Para muchos documentalistas, la perfecci?n de la imagen debe generar desconfianza pues sugiere la manipulaci?n del material por parte del director. Frente a la belleza de la imagen que los directores de ficci?n captaban, estos documentalistas consideraban que la belleza de sus obras radicaba en la autenticidad de los hechos que grababan (Giannetti 226). 393 testimonios es m?s importante que la barrera ling??stica presentada por su intervenci?n.440 Los efectos de una c?mara al hombro no se limitan a las escenas de las entrevistas. Otros momentos en que esta est?tica se aprecia incluyen la escena en que Lola est? sentada en el monumento a las v?ctimas del fusilamiento de Collell. Asimismo, inmediatamente despu?s de la entrevista con Joaquim Figueras, Lola y Miquel Aguirre encuentran la orden que pon?a a Pere Figueras en libertad. Esta escena tambi?n exhibe una imagen en que el cuadro se mueve seg?n las peque?as imperfecciones que produce una c?mara al hombro. Lo mismo ocurre en la escena que sigue la entrevista con Chicho S?nchez Ferlosio. Mientras Lola camina por las calles de Madrid, se puede observar la est?tica creada por una c?mara al hombro. La yuxtaposici?n de estas escenas difumina la l?nea convencional entre la realidad y la ficci?n puesto que la est?tica de este tipo de c?mara presta m?s realismo a las escenas en que s?lo salen actores. As? pues, se podr?a decir que Trueba lleva el concepto de Cercas de un ?relato real? no s?lo a la trama, sino tambi?n a la imagen. Seg?n algunos cr?ticos, como David F. Richter, la obra cuestiona los conceptos de historia y memoria.441 Aunque no estoy en desacuerdo con estas observaciones, propongo mostrar que la conclusi?n de Soldados de Salamina sugiere una preocupaci?n menor con la historia. La obra termina de manera abierta pues no se sabe si Miralles es el miliciano que salv? a S?nchez Mazas. Al irse, Lola se lo pregunta, pero Miralles no responde e insta al taxista a arrancar, de manera que no haya mayor discusi?n sobre el tema. Al 440 El uso del catal?n es un elemento de espontaneidad ling??stica normal para los hablantes gerundenses. En la novela, las entrevistas son en espa?ol. 441 Para Richter, el final abierto problematiza la reconciliaci?n de las muchas historias (?stories?) con la posibilidad de una sola y unificada historia (?history?) (291). 394 negarse a contar lo que sabe Miralles no quiere ser convertido en h?roe, y condena esta parte de la historia al olvido de manera que la actitud de este personaje sugiere su desinter?s en la recuperaci?n del pasado.442 Por otro lado, si Miralles no es el miliciano, esto no parece importarle a Lola o, en la novela, al narrador Javier Cercas. Como Claudia J?nke ha comentado, parece que a ?ste le interesa m?s lo literario pues cualquier h?roe republicano le basta para terminar su ?relato real?, incluso si no es el miliciano al que buscaba (120-21).443 En este caso, la importancia de la investigaci?n hist?rica llega a ser suplantada por el arte de escribir novelas. Esta actitud s?lo puede producirse cuando los fervores ideol?gicos y pol?ticos se han templado y la preocupaci?n por recuperar la veracidad hist?rica ha menguado.444 Al ser los responsables de las versiones que se han producido de la obra, Cercas y Trueba parecen indicar ?tal como sus personajes? que les interesa m?s un relato bien construido que un texto que se limita a los hechos verificables.445 De la misma manera en que esta preferencia apunta a la distancia 442 M?s abajo se retomar? la negaci?n de Miralles para comentar c?mo su actitud afecta la memoria colectiva. Naharro Calder?n se?ala en Sangr?as y ?Memorias y olvidos? la incongruencia de la humildad heroica de Miralles en 1983 cuando las ?Amicales? de antiguos combatientes republicanos en Francia viv?an su apogeo. La novela claramente sigue la trama del origen desconocido del ?rosebud? de Citizen Kane. 443 Como David F. Richter y Luis Garc?a Jambarina han se?alado, la segunda parte de la novela, ?Soldados de Salamina?, es el primer intento del narrador de escribir su ?relato real?. Esta parte, que parece un texto m?s puramente hist?rico pues el narrador no interviene en ella como personaje, deja al protagonista Cercas insatisfecho. (En la adaptaci?n cinematogr?fica, la presentaci?n de esta versi?n del ?relato real? es superficialmente transmitida al espectador mediante las escenas que muestran a Lola escribiendo el texto y otra en la que Conchi lee el borrador y las dos lo comentan.) En la novela, Javier Cercas sigue investigando para encontrar la pieza que le falta para completar su relato, el miliciano que salv? la vida de S?nchez Mazas. S?lo al terminar la tercera y ?ltima parte de la novela, puede darse cuenta el lector de que lo que tiene entre sus manos es el ?relato real? del narrador, un segundo intento m?s literario (incluso metaliterario) que s? le satisface. 444 J?nke se?ala esta despolitizaci?n con respecto al art?culo que aparece tanto en la versi?n literaria como en la f?lmica: ?El art?culo refleja claramente una despolitizaci?n de la guerra civil por parte del narrador: no atribuye a la muerte del poeta republicano Machado un sentido distinto del que atribuye a la salvaci?n del falangista S?nchez Mazas. A Cercas no le interesa la dimensi?n ideol?gico-pol?tica de estos sucesos sino que lo fascinan como materia para una historia bien narrada? (120). 445 Esto, por un lado, no debe de sorprender pues siguiendo la proposici?n de Arist?teles en la Po?tica, lo po?tico tradicionalmente se ha ocupado de lo que podr?a ocurrir mientras que la historia trataba lo que ha ocurrido. No obstante, la obra, sobre todo en la versi?n novelesca, le da a su p?blico a entender que lo que 395 psicol?gica que separa a estos artistas del momento hist?rico retratado, resalta ?debido a la popularidad de la obra? que los lectores y espectadores capaces de suponer que la obra es una mezcla de hechos hist?ricos y ficticios tambi?n sienten esta separaci?n mental. Otro aspecto de la novela que apunta hacia la falta de indagaci?n en el pasado para olvidarlo o idealizarlo son los comentarios del narrador sobre el l?der falangista cuando supone que ?en su fuero interno, nunca en su vida haya cre?do en nada; y, menos que nada, en aquello que defend?a o predicaba? (Cercas 138). Estos comentarios disminuyen la importancia de los discursos de S?nchez Mazas y el papel que esta ?llameante ret?rica de choque? jugaba para ?enardecer hasta la victoria al pelot?n de soldados encargados de salvar la civilizaci?n? (136). Incluso cuando dichos discursos son reconocidos como un catalizador del levantamiento militar, es de manera ambigua. Miralles, por ejemplo, se?ala que ?por su culpa y por la de cuatro o cinco tipos como ?l hab?a pasado lo que hab?a pasado? (190). Seg?n LaCapra, la evasi?n de los problemas de reconocimiento p?blico, luto y el proceso de retrabajo invita la vuelta de lo reprimido. Si en vez de reconocer atrocidades le interesa al narrador es la recuperaci?n de hechos hist?ricos olvidados o silenciados. Esto se vuelve a reiterar cuando Bola?o le propone inventar la entrevista con Miralles: ?yo no era un escritor de verdad, porque de haberlo sido me hubiera importado mucho menos poder hablar con Miralles que terminar el libro. Renunciando a recordarle de nuevo a Bola?o que mi libro no quer?a ser una novela, sino un relato real, y que inventarme la entrevista con Miralles equival?a a traicionar su naturaleza, suspir?? (Cercas 170). En la relaci?n certificablemente literaria con Bola?os se encuentra para Naharro Calder?n la trampa hist?rica de la novela. Ver ?Memoria ?qu? memorias?? A pesar de las reiteradas indicaciones del personaje Javier Cercas de que quiere escribir un ?relato real? y la explicaci?n de que ?ste es como una novela ?[s]?lo que, en vez de ser todo mentira, todo es verdad? (68), se abandona este prop?sito a favor de una versi?n m?s literaria. Aunque mucho de la novela se basa en hechos reales y el Miralles de Bola?o realmente existe (seg?n confiesa el autor en Di?logos de Salamina), la conexi?n entre ?el antiguo luchador comunista? y el miliciano que salv? la vida de S?nchez Mazas es puramente literaria. En su conversaci?n con David Trueba en Di?logos de Salamina, el autor explica que ?cuando ten?a la novela a medias, pens? que el miliciano que salva la vida de S?nchez Mazas pod?a haber tenido una biograf?a como la de Miralles? (Cercas y Trueba 117). La explicaci?n de Trueba confirma lo que este comentario sugiere: ?Es decir, el personaje real del que te habla Bola?o se convirti? para ti en la soluci?n literaria de tu novela? (Ib?d.). A pesar de la mucha insistencia en que Soldados de Salamina es un ?relato real?, es preciso recordar que ?there is no such thing as a real story. Stories are told or written, not found. And as for the notion of a true story, this is virtually a contradiction in terms. All stories are fictions? (White, Figural Realism 9). 396 se las mitiga o evade, se cierra la posibilidad de participar en un proceso de luto precisamente porque se niega la necesidad de dicho proceso. Al bloquearlo, el sujeto probablemente llegar?a a estar atrapado en un estado de melancol?a, repetici?n compulsiva y la reactuaci?n del pasado. As? pues, en vez de ayudar al lector/espectador virtual que pueda tener memorias traum?ticas a retrabajarlas, la disminuci?n de la importancia de S?nchez Mazas y sus ideas dificulta este proceso. Asimismo, esta representaci?n de la historia pasar?a a un p?blico que no tiene memoria autobiogr?fica de la guerra o posguerra una memoria hist?rica tergiversada. La elecci?n de una trama que sugiere que todos perdieron la guerra y que el perd?n bilateral se ha logrado tambi?n muestra el distanciamiento de Cercas y Trueba de los acontecimientos representados y la idealizaci?n de la memoria. De la misma manera en que los encuentros que Arteseros organiza en sus documentales entre un maquis y un guardia civil sugieren el perd?n entre estos dos bandos, el hecho de que el soldado republicano salve la vida de Rafael S?nchez Mazas apunta al perd?n entre los vencedores y los vencidos. Algunos cr?ticos han se?alado que Miralles es representativo del bando perdedor. Para Antonio G?mez L?pez-Qui?ones, ?Antonio Miralles encarna todas las reparaciones, disculpas, agradecimientos y deudas que las sucesivas generaciones de espa?oles nunca saldaron con sus antepasados en el exilio? (120). El car?cter universal de Miralles y los detalles446 que sugieren que se trata del miliciano an?nimo, hace que el perd?n individual que ?ste realiza frente a uno de los ideol?gicos m?s importantes del bando sublevado represente un acto m?s universal. 446 Tanto Miralles como el miliciano estuvieron en Collell y sienten afecto por el mismo pasodoble, ?Suspiros de Espa?a?. 397 La exposici?n de la actitud de que todos perdieron la guerra es otra forma de idealizar la memoria pues sugiere que no hay que considerar responsabilidades. Esta idea parece ser contraria a una consideraci?n seria sobre los or?genes de la guerra pues al indicar que al final siempre se da el mismo resultado, se disminuye la importancia de las causas. En la obra, el art?culo que compara a Antonio Machado con Rafael S?nchez Mazas convierte a Lola en portavoz de esta actitud.447 Otro caso que apunta a la igualdad entre los bandos se observa cuando Lola encuentra a Gast?n mirando fotos de la guerra civil. ?ste observa que ?parece cualquier guerra de ahora. Siempre pierden los mismos?. Tambi?n se hace manifiesto a trav?s de los paralelismos entre S?nchez Mazas y los huidos republicanos. Aunque la penosa situaci?n del falangista se retrata en la pel?cula mediante la lluvia que le azota, la necesidad de agacharse y esconderse como una alima?a, etc., los paralelismos entre la situaci?n de los ?amigos del bosque? y S?nchez Mazas son m?s evidentes en la novela pues en la versi?n cinematogr?fica el espectador es presentado con muchos detalles a la vez y no necesariamente va a captarlos todos. En el texto literario, en cambio, son presentados al lector uno por uno. Por tanto, me permitir? volver a la novela de Cercas parar esclarecer este punto. En mi opini?n, el autor establece, conscientemente o inconscientemente, varios puntos de igualdad entre Rafael S?nchez Mazas y los huidos republicanos (Daniel Angelats y los hermanos Figueras, Pere y Joaquim) a trav?s de descripciones paralelas. Los aspectos que tienen en com?n incluyen su estado de fugitivos y, en general, el hambre, miedo y sufrimiento que padecen y las malas condiciones en que se encuentran su vestimenta y su persona debido a este estado. Al considerar que todos (tanto S?nchez 447 Como se se?al? arriba, J?nke reconoce que en la novela el narrador Javier Cercas ?no atribuye a la muerte del poeta republicano Machado un sentido distinto del que atribuye a la salvaci?n del falangista S?nchez Mazas? (120). Lo mismo se podr?a decir de Lola en la versi?n cinematogr?fica. 398 Mazas como los tres soldados republicanos fugados) est?n en igualdad de condiciones, la comparaci?n que se hace entre ellos dibuja a los cuatro como v?ctimas. La descripci?n del sufrimiento de S?nchez Mazas se manifiesta mediante varios factores incluyendo el dolor f?sico que padece y la descripci?n de la situaci?n que lo deshumaniza. Al escapar, las ramas de los pinos le ara?an la cara y mientras corre, oye ?el tableteo sin compasi?n de las ametralladoras? (Cercas 102, ?nfasis m?o). Se cae y va rodando sobre el fango y las hojas mojadas hasta acabar ?sin dignidad? en una ?hoya encharcada? (103, 102). Se esconde cubri?ndose con barro, hojas y ramas de pino.448 ?Para taparse con barro, ara?a sin descanso la tierra hasta sangrar por las u?as? (102). La lluvia no cesa de caer y el l?der falangista, ?encogido, jadeante, [y] empapado [. . .] vuelve con una urgencia de alima?a acosado? cuando escucha ruido a su espalda (102-3). La deshumanizaci?n del l?der fascista inspirar?a una reacci?n pat?tica en el lector virtual y este sentimiento se intensificar?a cada vez que se vuelve a describir su lastimosa situaci?n. Despu?s de que se le pasa la sorpresa de que el miliciano no le entrega, camina de noche y duerme de d?a intentando llegar a la zona franquista. Su representaci?n como v?ctima contin?a pues pierde las gafas y deambula por tierra desconocida y hostil. Cuando ve por primera vez a los ?amigos del bosque?, el aspecto de los huidos republicanos inspira a S?nchez Mazas a hacer el siguiente juicio: ?su aire desharrapado [sic] de fugitivos y la disparidad sin disciplina de sus uniformes le hizo suponerlos desertores? (112). Incluso si no se describe expl?citamente la ropa de S?nchez Mazas, se puede suponer que tendr?a un aspecto igual de harapiento que los ?amigos del bosque?. 448 En la versi?n cinematogr?fica, la escena en que S?nchez Mazas se cubre es muy breve. El hecho de que el actor sea filmado desde cierta distancia y parcialmente tapado por el ramaje podr?a hacer que su acci?n pasara desapercibida para el espectador. 399 As? pues, se establecen los paralelismos de su estado de pr?fugos y de su mala condici?n f?sica manifestada a trav?s de su indumentaria. Otra similitud es el miedo experimentado por los tres republicanos y S?nchez Mazas. Mientras el falangista se tapa con hojas y barro, se se?ala que ?el coraz?n [est?] lati?ndole en la garganta? y, durante lo que podr?an ser sus ?ltimos segundos de vida, est? ?temblando de pavor? (102, 103). Tambi?n se indica que al ver al miliciano, piensa en la posibilidad de que podr?a ser ?l quien ?lo redima de la agon?a inacabable del miedo? (103). Daniel y los hermanos Figueras tambi?n conocen el miedo que se siente al estar acorralados y a punto de ser denunciados. Mientras est?n comiendo, escuchan el ruido de motores deteni?ndose. Su madre les alienta a subir al piso superior y esconderse all?. Unos soldados republicanos entran en la casa y empiezan a tomar turnos comiendo. Al quedarse solos, los huidos aprovechan su oportunidad: Los tres desertores tomaron casi sin palabras la ?nica decisi?n posible e, instintivamente persuadidos de que s?lo la rapidez pod?a contrarrestar la obligada temeridad de la maniobra, salieron de su escondrijo y, sin mirar a nadie y tratando de que la rigidez de sus movimientos no traicionara su prisa, bajaron la escalera, cruzaron la cocina y el patio y la carretera protegidos por el anonimato de sus uniformes, que los confund?an y los igualaban con soldados que en la casa o alrededor de la casa esperaban su turno para comer. (115, ?nfasis m?o) Igual que en el caso de S?nchez Mazas, si su presencia hubiera sido delatada, los desertores probablemente habr?an sido ejecutados. 400 Relacionado con el miedo est? la manera de actuar sin pensar de los desertores y el fugitivo falangista. En el pasaje que se acaba de citar, el hecho de que los soldados tomen la decisi?n de huir sin hablar parece indicar que actuaron sin pensar, es decir, se dejaron guiar por el instinto. Esta interpretaci?n resulta m?s probable al considerar las palabras ?instintivamente persuadidos?. S?nchez Maza tambi?n parece actuar guiado por el instinto cuando el autor lo describe como ?contagiado por el impulso irracional de huida? (102). La necesidad de sobrevivir y valerse de esta reacci?n primitiva los dibuja como animales y hace que su situaci?n parezca m?s penosa, lo cual inspira de nuevo al lector virtual a sentir l?stima por ellos. El v?nculo entre los cuatro hombres se hace m?s fuerte mediante varias descripciones que se?alan algunos de estos paralelismos expl?citamente. Al encontrarse con los ?amigos del bosque?, S?nchez Mazas advirti? ?que estaban tan nerviosos y asustados como ?l? (111-12). Tambi?n se explica que ?aunque la peripecia de los tres soldados no hab?a hecho m?s que empezar, el prop?sito que la animaba era id?ntico al de S?nchez Mazas? (112). Estas descripciones de su miedo y de su estado de fugitivos ayudan a dibujar tanto a los tres republicanos como al falangista como v?ctimas. Otro aspecto com?n a los cuatro perseguidos es el hambre que padecen. Aparte de la calificaci?n de los huidos republicanos como harapientos que sugiere que no comen bien, su hambre se retrata en la descripci?n de su comportamiento al llegar Daniel y Joaquim a la casa de los Figueras: ?Mientras acosados a preguntas por la familia saciaban su hambre atrasada en compa??a de Pere Figueras sin haberse siquiera despojado de sus uniformes de soldados? (115, ?nfasis m?o). Una situaci?n similar ocurre cuando S?nchez Mazas llega a la casa de los Ferr?. Cuando Mar?a ?le entreg? la comida le vio devorarla 401 con un hambre de d?as? (107, ?nfasis m?o). Tal es el hambre del falangista que incluso cuando llegan los padres de la chica, prefiere revelar su verdadera identidad y enfrentarse con ?el riesgo hipot?tico de una delaci?n que el riesgo real de una muerte de hambre y fr?o? (107). A parte de los paralelismos entre los huidos republicanos y el l?der fascista, las repetidas descripciones del soldado republicano en el momento de decidir la suerte de S?nchez Mazas tambi?n muestran algunos puntos en com?n con las representaciones de los ?amigos del bosque? y del ide?logo falangista. El hecho de que la lluvia lo azote tambi?n se indica al comentar que est? ?empapado? o que tiene ?el pelo pegado al cr?neo por la lluvia? (120, 103). De manera similar, se capta el mal estado de su indumentaria. S?nchez Mazas ?lo recuerda o cree recordarlo entre los soldados harapientos? (103). Tambi?n se indica que su uniforme est? ?ra?do de intemperie? (103). El hambre que acosa a los huidos republicanos y el evadido falangista acent?a las facciones de la cara del soldado pues tiene ?las mejillas chupadas y los p?mulos salientes? (103).449 Finalmente, ?ste y S?nchez Mazas se describen como ?jadeando? (120) y ?jadeante? (102), respectivamente, y en cierto modo el joven es perseguido tambi?n pues tiene que pasar a Francia antes de que lleguen las tropas fascistas. Los m?ltiples paralelismos entre estos hombres llevan al lector virtual a identificar al ide?logo fascista con los huidos republicanos (y quiz?s tambi?n con el soldado que perdona su vida) de manera que se dibuja tanto a ?stos como a aqu?l como v?ctimas. Al igualar a los dos bandos en cuanto a su victimizaci?n, se sugiere que todos perdieron la guerra. Esta interpretaci?n de la contienda corresponde con una visi?n m?s distante y fr?a de los hechos y es, a su vez, una que no intenta considerar las causas de la 449 Las frases que describen su uniforme y su cara se repiten en la p?gina 120. 402 guerra. As? pues, Soldados de Salamina parece continuar una tendencia que la transici?n y el pacto de silencio sancionaron: la de arrojar un tupido velo sobre la historia reciente. Esta forma de tratar el pasado, sin embargo, no avanza el proceso de recuperarse de un trauma pues el silencio impuesto suele llevar a la v?ctima de un acontecimiento l?mite a pensar m?s en un trauma, pero sin resolverlo (Pennebaker y Banasik 10-11). Lo mismo se podr?a decir del lector/espectador virtual que no tiene memorias traum?ticas debido a un acontecimiento l?mite que vivi? directamente, sino por la transferencia de una experiencia traum?tica.450 Para el p?blico que no tiene memoria autobiogr?fica de la guerra o posguerra y no tiene memorias traum?ticas de estas ?pocas, la obra deviene un fragmento de memoria hist?rica que le llevar?a a conformar una memoria idealizada del momento hist?rico retratado. La representaci?n de ambos lados como v?ctimas no ayuda a resolver una memoria traum?tica por otra raz?n. Como LaCapra explica que el acto de retrabajar tiene el objetivo de mover al sujeto del estado de v?ctima al de sobrerviviente o agente (History and Memory 136), se podr?a considerar que Soldados de Salamina representa el proceso de reactuar por el ?nfasis que pone en la victimizaci?n de S?nchez Mazas y los soldados republicanos. De hecho, las descripciones de su sufrimiento y mal estado, como se se?al? 450 LaCapra hace referencia al proceso de transferencia en varios estudios. En History and Memory propone que la transferencia ?involves personal relations among people in social contexts, such as the family, the school, and the nation? (53). Asimismo, en Writing History, Writing Trauma, parece referirse a la extensi?n de un trauma al grupo social que comparte una memoria colectiva: ?to the extent one works through trauma (as well as transferential relations in general), one is able to distinguish between past and present and to recall in memory that something happened to one (or one?s people) back then while realizing that one is living here and now with openings to the future? (21-22, ?nfasis m?o). En ciertos casos, LaCapra relaciona el proceso de transferencia con la relaci?n entre un historiador (u otro estudioso) y una v?ctima de un acontecimiento l?mite: ?Transference here implies the tendency to become emotionally implicated in the witness and his or her testimony with the inclination to act out an affective response to them? (11-12). 403 arriba, se repiten varias veces.451 As? pues, este aspecto de la obra explica otra raz?n por la cual Soldados de Salamina no ayudar?a a un lector o espectador con memorias traum?ticas a superarlas. Como LaCapra propone en Representing the Holocaust, ?a viable and legitimate democracy cannot be based on celebratory oblivion but requires a critical attempt to come to terms with the past? (74). A su vez, la idea de que un perd?n bilateral se ha logrado apunta a que no es necesario un proceso de luto. Al negar esta necesidad, se abre el camino para reactuar indefinidamente los aspectos que no se han resuelto del pasado en un esfuerzo por crear una identidad nacional positiva en el presente. Seg?n LaCapra, este esfuerzo obliga al fracaso pues lo que no se ha retrabajado vuelve para crear nuevas fuentes de desorientaci?n y acciones mal guiadas en el presente y futuro (History and Memory 59). Algunos cr?ticos, como Hans-J?rg Neusch?fer, han aplaudido el intento que la obra hace de remediar la divisi?n entre los espa?oles. Aunque Neusch?fer opina que Cercas no necesariamente quiere revisar la historia, s? considera que su libro expresa un anhelo ?de liberarse por fin de aquel double bind ancestral?: la de las dos Espa?as (152, ?nfasis original). El an?lisis que Claudia J?nke hace del uso de la canci?n ?Suspiros de Espa?a? en la pel?cula ?Ay Carmela!, que trata la Guerra Civil Espa?ola tambi?n, se presta igualmente para comprender por qu? la figura del miliciano sirve para representar el perd?n entre los dos bandos. Seg?n J?nke, cuando Carmela interpreta el pasodoble ?se puede observar la supresi?n moment?nea y pasajera de la crueldad del contexto hist?rico- 451 Ciertas ideas de LaCapra apuntan a que los textos literarios y f?lmicos tambi?n pueden ejemplificar la reactuaci?n del pasado: ?the memory lapses of trauma are conjoined with the tendency compulsively to repeat, relive, be possessed by, or act out traumatic scenes of the past, whether in more or less controlled artistic procedures or in uncontrolled existential experiences of hallucination, flashback, dream and traumatizing breakdown triggered by incidents that more or less obliquely recall the past? (History and Memory 10, ?nfasis m?o). Asimismo, se?ala que ?at least with respect to secondary witnesses in art and in historiography, there should be interrelated but differentiated attempts to supplement acting-out with modes of working-through? (110). 404 pol?tico a favor de un estado de comunidad apol?tico y emocional? (109). ?La canci?n patri?tica popular sobre el amor y el ansia de Espa?a, se convierte en el punto de referencia de una identificaci?n colectiva m?s all? de todos las diferencias pol?tico- ideol?gicas, en la evocaci?n ut?pica de una identidad nacional compartida? (110). En Soldados de Salamina la interpretaci?n de ?Suspiros de Espa?a? tambi?n conecta a los dos bandos pues tanto los militares republicanos como los presos fascistas est?n cautivados por el encanto del miliciano y la canci?n. Mientras canta y baila bajo la lluvia, se distraen moment?neamente de las durezas de la guerra y el hiato entre los dos grupos se vuelve a fusionar. Aparte del hecho de que Miralles reconoce haber estado en Collell,452 la canci?n ?Suspiros de Espa?a? es otro elemento que sugiere que el anciano es el miliciano que perdon? la vida de S?nchez Mazas.453 Este acto se interpreta como un perd?n masivo que salva la civilizaci?n, lo cual se podr?a entender en el contexto de la historia de Espa?a como la reunificaci?n de un pa?s dividido. Cito nuevamente del libro pues los pensamientos del protagonista desaparecen en la adaptaci?n cinematogr?fica. El narrador comenta que Miralles ?estaba salv?ndonos a todos? al perdonar la vida de S?nchez Mazas (196). ?[L]a civilizaci?n pend?a de ?l, estaba salv?ndola y salv?ndonos? (Ib?d.). Esta 452 Miralles reconoce haber estado en Collell (donde ocurri? el fusilamiento) y comenta que cruz? a Francia el 31 de enero. El fusilamiento fue el 30. 453 Seg?n el gui?n de Trueba, cuando Lola le pide a su clase que escriba sobre un h?roe, el estudiante mexicano, Gast?n Garc?a Diego, elige la vida de Antonio Miralles, un soldado republicano que despu?s de pasar a Francia, es internado en un campo de concentraci?n y se alista en la Legi?n Extranjera Francesa que le llev? a ?frica donde vivi? otras peripecias en la resistencia contra los nazis y el r?gimen de Vichy. Ciertos detalles de su vida captan la atenci?n de Lola y le incitan a pensar que Miralles es el miliciano sin nombre que le salv? la vida a S?nchez Mazas. En primer lugar, Gast?n indica que Miralles estuvo en la 1? Brigada Mixta de Enrique Lister, la cual es el destacamento al que pertenec?a el soldado que no entreg? al ide?logo fascista. En una grabaci?n que su estudiante le muestra, Lola observa a Miralles, ahora mayor, bailando un pasodoble, ?Suspiros de Espa?a?, la misma canci?n que le ayuda a S?nchez Mazas a reconocer al soldado que no le delata pues le vio bailar y cantar este pasodoble un d?a bajo la lluvia. Mientras Lola termina el ensayo, se repite la imagen del soldado cargando su fusil y apuntando a S?nchez Mazas de manera que se capta el pensamiento de Lola y se sugiere al espectador que Miralles es el miliciano an?nimo. Lola busca a Miralles y lo encuentra en una residencia de mayores en Dijon. 405 interpretaci?n sugiere que el acto del miliciano fue el primer paso hacia el perd?n entre los dos bandos y la reunificaci?n del pa?s. Un perd?n y uni?n que, seg?n ciertos pensadores y escritores, la transici?n facilitar?a.454 Frente a esta visi?n del pacto consensuado, otros lo han criticado se?alando el papel importante que tiene en la desmemoria hist?rica de los espa?oles.455 Para contrarrestar la tendencia hacia el silencio y olvido, el Congreso aprob? una propuesta no de ley para llamar 2006 el A?o de la Memoria Hist?rica, pero miembros del Partido Popular manifestaron su oposici?n a esta proposici?n. Seg?n el art?culo ?El Partido Popular contra el a?o de la memoria?, ?[e]l diputado del PP Manuel Atencia argument? su voto contrario a la propuesta de IU-ICV en que se trata de ?un error escarbar en el pasado? y supone ?un ataque frontal al pacto constitucional y al consenso de la transici?n??. La actitud de Miralles tanto en la versi?n literaria como la f?lmica tambi?n insin?a su deseo de no remover el pasado. Aunque sabe que Lola busca esclarecer el misterio del fusilamiento de S?nchez Mazas, no muestra un inter?s por recordar la guerra o el fusilamiento ni tiene ganas de comentar lo que se sugiere que sabe.456 Al rev?s, parece 454 Seg?n Antonio G?mez L?pez-Qui?ones, el vig?simo quinto aniversario del inicio de la transici?n trajo una serie de art?culos y programas de televisi?n que ?aplaudi[eron] el prodigioso trabajo de ingenier?a estatal? (121). Frente a esta evaluaci?n positiva, otros escritores, como Vi?ent Navarro, consideran que la transici?n no fue ?mod?lica?. Para m?s sobre este debate, v?ase el art?culo de G?mez pp. 121-22. Con respecto a la novela de Javier Cercas, el narrador manifiesta su desencanto con la transici?n mediante el siguiente comentario: ?Y una gran mierda para la Transici?n? (175). 455 Algunos textos sobre la relaci?n entre el olvido colectivo y el pacto de la transici?n incluyen Contra el olvido: historia y memoria de la guerra civil de Francisco Espinosa, Memoria y olvido de la Guerra Civil espa?ola de Paloma Aguilar Fern?ndez y Disremembering the Dictatorship: The Politics of Memory in the Spanish Transition to Democracy de Joan Ram?n Resina. Entre los estudios sobre el desencanto con la transici?n se puede destacar el libro de Teresa M. Vilar?s, El mono del desencanto: una cr?tica cultural de la transici?n espa?ola. 456 Aunque Miralles nombra a los j?venes que lucharon con ?l y murieron durante la guerra, ?ste es m?s bien un recuerdo tangencialmente relacionado con la informaci?n que Lola busca. Adem?s, el hecho de que Miralles recuerde a estos hombres muestra que forman parte de una memoria traum?tica. ?l mismo reconoce que piensa en ellos cada d?a, lo cual sugiere que no ha logrado superar este trauma y su acto de 406 m?s contento no s?lo intentando olvidarlo sino rechaz?ndolo pues, a pesar de que muchos detalles parecen apuntar a que fue ?l quien le perdon? la vida a S?nchez Mazas, niega haberlo hecho. La manera en que el narrador presenta la respuesta de Miralles sirve para sugerir nuevamente que ?ste es el miliciano, pero que no quiere reconocerlo: ?cre?a que Miralles no pod?a negarme la verdad? (204). As? pues, tanto en la pel?cula como en la novela, se dibuja la guerra como un acontecimiento lejano, mejor olvidado. Al alejarse en el taxi despu?s de que Miralles no d? la pista sobre el miliciano, Lola dice para s? misma que vendr? a verle y traer? a sus amigas. Repite tres veces ?no me olvidar? de usted?. Luego a?ade ?no dejar? que se olviden de usted?. La pen?ltima escena muestra a Lola en el autob?s camino a Espa?a. Empieza a escribir la segunda versi?n de su relato. ?sta incluir? a Miralles. La pel?cula termina volviendo una vez m?s a la escena en la que el miliciano baila y canta ?Suspiros de Espa?a?. El hechizo que esto crea y la unidad nacional que el pasodoble sugiere se transmiten a trav?s de la banda sonora que no capta otro sonido que la lluvia y una rendici?n en el piano de la canci?n. Esta representaci?n convierte el acto del miliciano en una experiencia casi m?stica y vuelve a identificar al miliciano con Miralles. La inclusi?n de Miralles y del miliciano en Soldados de Salamina los salva del olvido y las repeticiones en la narraci?n funcionan como un ensayo de la memoria y recordarlos no es un ejemplo de retrabajar el pasado sino de reactuarlo. Es posible que Miralles se sienta culpable por haber sobrevivido. En este caso, sus reactuaciones del pasado ser?an un intento de no traicionar a sus compa?eros. Como explica LaCapra, [t]hose traumatized by extreme events, as well as those empathizing with them may resist working through because of what might almost be termed a fidelity to trauma, a feeling that one must somehow keep faith with it. Part of this feeling may be the melancholic sentiment that, in working through the past in a manner that enables survival or a reengagement in life, one is betraying those who were overwhelmed and consumed by the traumatic past. One?s bond with the dead, especially with dead inmates, may invest trauma with value and make its reliving a painful but necessary commemoration or memorial to which one remains dedicated or at least bound. This situation may create a more or less unconscious desire to remain with trauma. (Writing History, Writing Trauma 22-23) 407 acaban por grabar estas im?genes m?s firmemente en la memoria del lector/espectador virtual. No obstante, la percepci?n creada del pasado corresponde a la idealizaci?n de la memoria observable en la evasi?n o tergiversaci?n de las causas de la guerra y la resistencia, la sugerencia de la igualdad entre los bandos en cuanto a su victimizaci?n y, en ciertos casos, el retrato de la contienda como un recuerdo lejano mejor olvidado. Como se ha dicho anteriormente, El portero tampoco explora los or?genes de la guerra o del movimiento guerrillero y su mirada del pasado llega hasta la parodia. Adem?s de mostrar que la imagen de la resistencia est? dejando de ocupar un lugar de preeminencia en la memoria colectiva, la distancia psicol?gica vista en estas obras tambi?n afecta la memoria que el lector/espectador virtual forma a partir de la representaci?n ofrecida. Aunque la idealizaci?n de la memoria en Soldados de Salamina y El portero no producir?a una reacci?n tan emotiva como una obra m?s dram?tica que muestra las violentas represiones asociadas con el golpe militar, la guerra y la resistencia, las obras de Cervera y Trueba presentan otros aspectos que podr?an afectar la reacci?n de su p?blico. Frente a la distancia psicol?gica que Soldados de Salamina muestra por un lado (la idea de que todos perdieron la guerra y que ?sta es un acontecimiento lejano mejor olvidado), otros elementos hacen que el lector/espectador virtual se implique m?s en el relato. El p?blico comparte los altos y bajos de las investigaciones sobre S?nchez Mazas y el miliciano. Si bien al principio de la novela hay indicaciones de que el narrador Cercas no es fiable,457 las sospechas del lector se disipan debido a la desconfianza del narrador en ciertas fuentes y la franqueza con la que ?ste comparte sus frustraciones y ?xitos. Cada duda que resuelve le otorgan a ?l y a sus investigaciones m?s credibilidad. Su persistencia 457 En la primera p?gina de la novela, por ejemplo, el narrador hace tres comentarios sobre su vida, pero despu?s admite que ha mentido. 408 en perseguir las pistas hist?ricas e insistencia en su adhesi?n a hechos reales acaba por convencer a muchos lectores.458 El seguimiento de estas pistas le lleva al ?hallazgo? del miliciano que perdon? la vida de S?nchez Mazas.459 La implicaci?n emocional que el lector virtual siente al devenir part?cipe de las investigaciones del protagonista aumenta debido a la sugerencia de que se ha rescatado a este miliciano de la desmemoria. Propongo que la reacci?n emocional del lector aumenta ya que Miralles, como se mencion? anteriormente, representa el pasado espa?ol en el exilio con el que las sucesivas generaciones nunca saldaron su sentimiento de culpabilidad y agradecimiento. Como se explic? en mayor detalle en el primer cap?tulo, una experiencia de mayor intensidad emocional no s?lo crea recuerdos personales m?s v?vidos, sino que tambi?n aumenta la probabilidad de que una experiencia individual entre en la memoria colectiva. El estudio de Bernard Rim? y V?ronique Christophe analiza el proceso llamado ?acto social de compartir emociones?, una teor?a que propone la probable correspondencia social de cada experiencia emocional. Este proceso resulta en la transferencia de una experiencia emocional privada a su comunidad de manera que la individual entre en la memoria colectiva. Seg?n LaCapra, ?[t]ransference is inevitable to the extent that an issue is not dead, provokes an emotional and evaluative response, and entails the meeting of history with memory? (History and Memory 40). As? pues, aunque Soldados de Salamina y El portero miran el pasado con cierta distancia y frialdad, esta mirada es templada por los aspectos que llevan al p?blico a implicarse emocionalmente en la obra 458 En Di?logos de Salamina, Cercas comenta el asombro que sent?a al recibir una carta de un lector que le dio a entender que ?ste supon?a que todo el texto era hist?ricamente veraz. Las reacciones como ?sta han llevado al autor a dejar claro que su obra es una novela, una ficci?n. 459 Aunque la obra no deja claro si Miralles es el miliciano o no, muchas indicaciones sugieren que s? lo es: el comentario del narrador de que pensaba que Miralles no le pod?a negar la verdad, el gusto por ?Suspiros de Espa?a, etc. 409 en el caso de Soldados de Salamina. Por lo tanto, es probable que esta obra produzca una impresi?n m?s fuerte que El portero en la memoria individual. De manera similar, es probable que Soldados de Salamina llegue a tener m?s efecto en la memoria colectiva puesto que sus lectores y espectadores se sentir?an m?s inspirados para compartir su experiencia con otros. Otros factores que podr?an influir sobre el efecto de estas obras en la memoria colectiva son su popularidad y su uso en contextos acad?micos. La atenci?n erudita que las versiones literaria y f?lmica de Soldados de Salamina han recibido se evidencia en la cantidad de estudios que las analizan. Asimismo, la popularidad de la novela ha resultado en su adaptaci?n cinematogr?fica y teatral, con lo cual el relato llega a mayor n?mero de personas. Otra indicaci?n de su alcance masivo son las treinta y siete ediciones que la novela vio entre 2001 y 2005.460 Al comparar esta cifra con las tres ediciones que se han editado de la novela de Cervera, Maquis, no hay lugar a dudas que Soldados de Salamina afectar? la memoria colectiva. Asimismo, una comparaci?n entre los espectadores que vieron la obra de Trueba y los que vieron la pel?cula de Su?rez en su primera puesta en cartelera tambi?n se?ala que la primera tiene m?s efecto en la memoria colectiva. Seg?n la base de datos de pel?culas del Ministerio de Cultura, 150.770 personas vieron El portero. El p?blico de Soldados de Salamina fue casi tres veces esa cifra: 433.270. Volviendo a la reacci?n emotiva del p?blico, ?sta tambi?n forma parte de una serie de factores que afecta la percepci?n del pasado. Para explicar la interacci?n de ?stos es preciso volver al estudio de Igartua y Paez. Sus experimentos mostraron que comedias y pel?culas de menor efectividad emocional que retratan un trauma colectivo de manera 460 Buena parte de este ?xito se podr?a atribuir al hecho de que los lectores y espectadores de Soldados de Salamina compartieron su experiencia con otros. Otra raz?n podr?a ser, como apunta Alexis Grohmann, el art?culo que Mario Vargas Llosa public?, ?El sue?o de los h?roes? (298). 410 ambivalente suelen crear im?genes menos negativas de un acontecimiento traum?tico. Aunque no borran el suceso de la memoria colectiva, las percepciones formadas en la cera proverbial corresponden a una visi?n distorsionada de la realidad. Los ejemplos de este tipo de obra no s?lo incluyen una pel?cula que se ha estado analizando en esta secci?n, El Portero, sino tambi?n una producci?n mucho m?s pret?rita, Suspenso en Comunismo. Igartua y Paez tambi?n proponen que cuanto mayor sea el efecto emocional y el v?nculo que el espectador siente con los personajes, mayor ser? su acuerdo con las creencias y actitudes expresadas en la pel?cula. Asimismo, su estudio concluye que las obras que inspiran cierta reacci?n emotiva, representan un acontecimiento colectivo de manera negativa, y soslayan las causas del mismo aumentan la tendencia del p?blico a apoyar la idea de que es mejor olvidarlo. En Soldados de Salamina el lector/espectador virtual llega a implicarse emocionalmente en la obra, pero la visi?n que se le ofrece soslaya las causas de la guerra y la resistencia y dibuja el pasado de manera negativa. Por estas razones, es probable que el p?blico de esta obra adopte la idea de que es mejor olvidar el pasado. Otras obras que inspirar?an a su p?blico a favorecer la misma actitud incluir?an otros textos literarios y f?lmicos del quinto per?odo que se acercan al pasado desde una distancia psicol?gica y las narraciones de per?odos anteriores, como La enredadera y El a?o del wolfram, que representan la guerra como incomprensible o, como En el d?a de hoy, sugieren que la misma gente siempre pierde la guerra. Como se coment? anteriormente, varios documentales incluyendo los de Arteseros y Hardt llaman la atenci?n al peligro de olvidar la historia de los maquis. Esta 411 preocupaci?n se sugiere en algunas novelas tambi?n.461 En Si te dicen que ca?, Mars? apunta a la p?rdida de la memoria en varios instantes. En un pasaje se comenta que las frases como ?esto no puede durar? llegar?an ?con la vacuidad del eco hasta los sordos o?dos de sus hijos y sus nietos? (317). Peor que el olvido, ?sordos? sugiere el desinter?s de la prole en los problemas de sus progenitores vencidos, el cual hace que las generaciones m?s j?venes permitan que esas preocupaciones caigan en la desmemoria. En una referencia particular a los maquis, la narraci?n propone que ?no quedar?a de ellos ni el recuerdo, ni una imagen: ni la postura en que cayeron acribillados, quedar?a? (315). El olvido en que los guerrilleros caen se retrata como una segunda muerte, la definitiva en algunas novelas. En Maquis, Cervera escribe que ?con ?l [Nicasio] y con Sebas y con los otros se morir? tambi?n una estirpe de luchadores que ya no tendr? continuidad en el futuro, porque se cubrir? su memoria con la tierra de la desmemoria y su muerte ser? una muerte doble a golpe de balas y silencio? (152). En la novela de Cercas, se observa esta met?fora del olvido tambi?n. Al comentar que Miralles recuerda a sus compa?eros ca?dos en la guerra, el narrador observa que ?no est?n muertos, precisamente porque ?l se acuerda de ellos? (201). La segunda muerte, la desaparici?n de los resistentes de la memoria colectiva, viene a significar su inexistencia. Puesto que la memoria es, seg?n Heiddegger, lo que construye la identidad y ?sta, a su vez, es lo que hace el Dasein, la aniquilaci?n de la memoria, la identidad de una persona, viene a ser su eliminaci?n como ser. Otra novela de Cervera, Aqu?l invierno, se hace eco de esta idea al comentar ?es que todo lo que se olvida es como si nunca hubiera existido? (15, ?nfasis original). 461 Como ya indiqu?, Jo Labanyi ha se?alado que la nieve al final de Luna de lobos representa no s?lo que el paisaje se difumina sino tambi?n la memoria del resistente. Seg?n Naharro Calder?n se refiere a la importancia del mito po?tico y de la metanarraci?n. Ver ?De prisiones hist?ricas y rebeliones textuales?. 412 A pesar de que estamos ante un auge en la producci?n de las obras de la resistencia antifascista y de la importancia de la recuperaci?n del pasado (como la proposici?n de nombrar 2006 el A?o de la Memoria Hist?rica), es probable que dentro de poco tiempo la producci?n art?stica decaiga en intensidad. Aunque el per?odo m?s reciente (1997-2006) ha sido m?s prol?fico que todos los anteriores, esto no quiere decir que la resistencia no est? desapareciendo de la memoria colectiva poco a poco. Como se coment? arriba, los documentales y las autobiograf?as s?lo tienen un efecto muy limitado en la percepci?n que se forma de la lucha guerrillera debido a que su distribuci?n generalmente es menor que aqu?lla de las obras de ficci?n. Asimismo, la manera en que la tem?tica de la resistencia se ha presentado en el per?odo m?s reciente (mezclado con la fantas?a, envuelto en la metaficci?n o presentado de manera que parezca de poca importancia bien por la burla o bien por su papel secundario y ef?mero) tambi?n apunta a que decae como tema de inter?s tanto para los artistas como para su p?blico y se desvanece de la memoria colectiva. 413 Conclusi?n La sublevaci?n militar del 17 de julio de 1936 para derrocar al gobierno leg?timo de la Segunda Rep?blica de Espa?a dio pie a la iniciaci?n de la resistencia antifascista espa?ola. El golpe se transform? en guerra civil y la contienda se extendi? por toda la pen?nsula. Muchos espa?oles huyeron ante el avance de las tropas rebeldes y se refugiaron en los montes para evitar las represalias que ?stas llevaban a cabo. Los huidos se organizaron en guerrillas y experimentaron un apogeo entre 1944 y 1947. Aunque la resistencia entr? en declive a finales de los cuarentas, algunos famosos guerrilleros, como Juan?n, ?Quico? Sabater, y Ram?n Vila ?Caraquemada?, no desaparecieron hasta finales de los cincuentas o principio de los sesentas. Las diversas memorias que el movimiento guerrillero provoc? han llevado a muchos autores y directores a retratarlo. Desde 1937 se han publicado o estrenado casi doscientas pel?culas, documentales, novelas, dramas, cuentos y autobiograf?as en espa?ol, catal?n, gallego, portugu?s, franc?s e ingl?s. Aunque concluyo mi estudio en 2006, espero incluir en un futuro libro, otras publicaciones recientes como la de Jos? Manuel Montorio Gonzalvo, Cordillera Ib?rica: recuerdos y olvidos de un guerrillero (2007). El an?lisis de la evoluci?n de las obras literarias y cinematogr?ficas ha permitido delinear cinco etapas que muestran c?mo ha cambiado el inter?s en la resistencia antifascista y la visi?n del r?gimen, los resistentes y la lucha guerrillera. Como explica Pierre Nora, la creaci?n de estas obras corresponde a la necesidad que los artistas sienten por fortalecer su memoria. La conexi?n que John Locke establece entre memoria e identidad permite comprender que un ataque contra una conlleva un cuestionamiento de 414 la otra. Por ello, no debe sorprender que en ciertas etapas se observe un intento de ciertos grupos de justificar su identidad mediante la divulgaci?n de im?genes de su memoria. En la primera etapa (1936-1950) varias obras evidencian la adhesi?n del autor o director a uno de los dos bandos. Las obras escritas durante la guerra, en particular, muestran un af?n propand?stico y el deseo de animar a los que luchan. Su estilo sencillo y realista y los dibujos subraya el intento de los autores de hacer una literatura popular f?cilmente comprendida por el pueblo. Durante los a?os cuarenta, las dificultades del exilio o la censura franquista imposibilit? la producci?n de obras sobre la resistencia desde la perspectiva de los republicanos. Para los adictos al r?gimen, la celebraci?n de la victoria tendr?a que esperar hasta el desmoronamiento de las guerrillas antifranquistas. El segundo per?odo (1951-1975) se inicia cuando los autores y directores fascistas rompen el silencio relativo de una d?cada. Estos a?os se caracterizan por un dominio de las visiones afines al r?gimen, m?s notable en el cine que en la literatura. Mientras que los autores republicanos publican obras en el exilio, los cineastas de este bando tienen muchas dificultades para producir pel?culas. Dentro de la pen?nsula, la censura franquista hace que las ?nicas im?genes difundibles proceden de la memoria colectiva de los vencedores. ?stos dibujan a las fuerzas franquistas como honradas y sacrificadas. Los resistentes, en cambio, se retratan como ladrones y violadores y su lucha es apol?tica e individualizada o dominada por la ideolog?a comunista que deshumaniza y enga?a. Si bien la muerte de Franco permiti? el r?pido cambio de un r?gimen dictatorial a una monarqu?a constitucional, m?s paulatinos fueron los cambios en la literatura y el cine sobre la resistencia. Efectivamente, la tercera etapa (1976-1984) se caracteriza por la amnesia. Despu?s de tantas d?cadas, el t?cito pacto de silencio de la transici?n y la 415 amenaza de golpes de estado (Tejero: 23 de febrero de 1981) probablemente retuvieron la producci?n. As? pues, pocas obras aparecen sobre la lucha guerrillera y en su caso, en general, ?sta tiene un papel secundario. En el cuarto per?odo (1985-1996), se aprecia un aumento en la producci?n literaria y cinematogr?fica ante el renovado inter?s en la guerrilla antifascista. En esta etapa, las voces favorables al franquismo han callado. La libertad plena en esta etapa hace posible por primera vez, dentro de la pen?nsula, la representaci?n de crudas escenas de violencia para retratar las represalias fascistas. ?stas sirven para justificar la formaci?n de las guerrillas y para subrayar que la resistencia se inici? debido a la persecuci?n pol?tica. Aunque la imagen de los maquis es generalmente favorable, estas obras no caen en el manique?smo visto en la literatura y cine af?n al r?gimen pues los resistentes no son ni h?roes ni santos. La ruptura del pacto de silencio por las nuevas tensiones pol?ticas a partir de 1996 contribuye a promover la recuperaci?n de la memoria que se iniciaba entre la sociedad civil. Los conceptos de Nora tambi?n ayudan a explicar por qu? la producci?n de literatura y cine sobre la resistencia durante el quinto per?odo (1997-2006) super? la del cuarto. La desaparici?n de los ?ltimos resistentes y, por lo tanto, de las personas que tienen memoria autobiogr?fica de la lucha guerrilla se percibe como un ataque contra la memoria y lleva a autores, directores y resistentes a retratar la lucha clandestina. Mientras que varias obras del cuarto per?odo subrayaban la l?nea entre la realidad hist?rica y la ficci?n, ciertos textos del quinto optan por difuminarla. Estas tendencias divergentes apuntan a los diferentes deseos que existen durante este per?odo. Si bien el n?mero de autobiograf?as y la asombrosa cantidad de documentales muestran los esfuerzos por 416 captar ejemplos de la memoria viva antes de que los ?ltimos maquis desaparezcan, la visi?n de la lucha guerrillera a trav?s del prisma de la parodia o de la fantas?a o enredada en la metaficci?n sugiere que la urgencia de las inframemorias (Naharro Calder?n) est? volviendo a desminuir ya que estos textos suelen otorgarles un papel secundario. A lo largo del an?lisis de la evoluci?n de las obras se observ? c?mo la memoria de una persona (el autor) o un grupo (el director, guionista, etc.) capta im?genes, en parte, del recuerdo colectivo del grupo al que pertenece. Asimismo, se apreci? c?mo los cambios socio-pol?ticos influyen sobre los canales de cultura y c?mo el arte y la memoria se manifestaron en Maquis. El protagonista de esta novela ejemplific? las memorias traum?ticas que poseen los personajes del movimiento guerrillero. Los recuerdos de ?ngel tambi?n evidenciaron su relaci?n con la memoria colectiva de su pueblo. A su vez se ha considerado c?mo las representaciones de la resistencia afectan diversamente las memorias de lectores y espectadores virtuales en funci?n del conocimiento y las competencias internas y externas de los textos y pel?culas. Cuando Luis Bu?uel en su revolucionaria L??ge d?or (1930) pobl? su geograf?a cinematogr?fica con una cuadrilla de guerrilleros surrealistas encabezados por Max Ernst, no pod?a sospechar que en una d?cada, otros partisanos, desde los Urales a los Balcanes, pasando por los Apeninos, los Alpes, los Pirineos o los Picos de Europa, dispersar?an por todo el continente un mundo de leyenda, de hero?smo, que la literatura y el cine se encargar?an de engrandecer desde la crudeza de la historia hasta la mentira del mito. Tampoco pod?a intuir que durante bastante tiempo, la representaci?n de los resistentes republicanos antifranquistas sufrir?a parte de la misma persecuci?n de su corrosivo antih?roe s?dico, paseado y maniatado por la simb?lica capital del fascismo europeo. Ni 417 que el iconoclasta deseo de sus amantes por romper con la memoria gen?tica de sus descendientes, correr?a paralelo al objetivo totalitario de las fuerzas franquistas por acabar con cualquier recuerdo que pudiera remontarse a la legendaria resistencia de huidos, guerrilleros o maquis. Si hoy sabemos que parte de aquella lucha ven?a arropada por grandes ideales de fraternidad y sacrificio desinteresados, tambi?n comprendemos que se vio enturbiada, en parte, por oscuros deseos internacionales del estalinismo y totalitarismo y que el r?gimen franquista, aliado ya con EE.UU. en la guerra fr?a, aprovech? para la representaci?n de ese enemigo, la manipulaci?n y la caricatura ejemplificada en modelos de la mejor propaganda anticomunista hollywoodense como My Son John (1953) de Leo McCarey, Man on a Tight Rope (1953) de Elia Kazan o el cl?sico sobre el miedo a la indoctrinaci?n, Invasion of the Body Snatchers (1956) de Don Siegel. Esta capacidad de reciclaje ideol?gico de los imaginarios patrios antiresistentes acab? por fracasar en el tiempo de la historia pero no en el espacio del mito. En el esp?ritu de la Transici?n, la Guerra Civil Espa?ola, alejada del rigor de la ingente bibliograf?a historiogr?fica, se considera, entre la actual e hipot?tica memoria colectiva, tan dif?cil de definir como f?cil de manipular, un conflicto irrepetible donde todos fueron culpables, v?ctimas y verdugos (Naharro Calder?n ?Memorias y olvidos?) por doquier, sin diferenciar ni la cantidad ni la calidad en dicho pandemonio. Aunque se haya aprobado recientemente el 10 de diciembre de 2007, ?La ley por la que se reconocen y ampl?an derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecuci?n o violencia durante la guerra civil y la dictadura?, en ella no se contempla ?implantar una determinada memoria colectiva? sino sentar ?las bases para 418 que los poderes p?blicos lleven a cabo pol?ticas p?blicas dirigidas al conocimiento de nuestra historia y al fomento de la memoria democr?tica?. S? a la historia, que como repet?a Nietzsche escond?a en sus tres acepciones todas las contradicciones de la verdad y la imposible totalidad del idealismo hegeliano, y no al recuerdo que Proust hab?a elaborado a partir de la parad?jica e intransferible gesti?n temporal de los sentidos. Sin saberlo, ni evocarlo, la ley prefiere situarse entonces cerca del tantas veces citado pero ignorado aforismo del desconocido para la tradici?n espa?ola, Jorge Agust?n Nicol?s Ru?z de Santayana y Borr?s, Georges Santayana: ?Those who cannot remember the past are condemned to repeat it? (?Reason in Common Sense? en The Life of Reason). Pero Santayana no especificaba si ese pasado se refer?a a la historia, a la memoria, o a una combinaci?n de los dos ?mbitos del recuerdo, a perpetuidad unidas por su interdependencia como bien ha mostrado Ricoeur. He aqu? ejemplificado el gran dilema que rodea a la memoria de los imaginarios de la resistencia guerrillera antifranquista. Ni la reciente ley le ha concedido la reivindicaci?n hist?ricolegal de reconocer la reversible ilegalidad de la represi?n sufrida (s?lo se refiere a la escurridiza ilegitimidad de los actos judiciales que deja abierta la puerta a una hipot?tica legitimidad de forma), ni su lucha se inserta en la tradici?n de legalidad constitucional a la que pueden aspirar, al menos, los antiguos combatientes del ej?rcito republicano. Ni un sitio en la historia, ni tampoco en el recuerdo del archivo ya que para tener identidad memoriosa tambi?n debemos forj?rnosla a trav?s de la creaci?n del discurso hist?rico. Y a pesar de toda la b?squeda y la gestaci?n de imaginarios est?ticos de recuerdo colectivo que intentan recrear los diversos y abundantes ejemplos de la ?ltima etapa de 419 los ?nietos de la memoria? (Naharro Calder?n Sangr?as), tampoco existen lugares de memoria para este colectivo guerrillero sin identidad, sin territorio, sin estado, sin naci?n, ni la ley asume su elaboraci?n. Finalmente, parece como si en el momento en que desaparecen las inframemorias o las narraciones de los testigos, decaigan las intramemorias cr?ticas capaces de contradecir, de despertar y de alertar a los lectores virtuales anestesiados impl?citamente por la ineludible par?lisis de la supramemoria que siempre fomenta el olvido hist?rico y ahora aprovecha el mercado (Naharro Calder?n ?Los trenes?). Ning?n miedo a la anomia de Durkheim en este caso, porque la sociedad ha sobrevivido y sobrevivir? sin el concurso contrastado de las historias de un pu?ado de hombres y mujeres destinados al silencio de la p?gina, al fr?o eco del abismo de la red y su anonimato. Quiz?s Santayana ten?a raz?n en aquello que finalmente lo une ?ntimamente a Plat?n y a Nietzsche, a Proust, a Foucault o a Hayden White y a la muerte del texto escrito: la radical ?nica y ?ltima esperanza de su relectura por el poder, el conocimiento, la identidad, el imaginario y/o la conciencia del recuerdo individual del lector real, proyectado hacia pasado y futuro. Cada vez que se acerque a los ejemplos de la resistencia antifranquista, se abre tambi?n a la traum?tica pero legendaria experiencia de tantas memorias reunidas, como dec?a Luis Cernuda en su visi?n cr?tica de lector de la historia y el mito: Cuando en d?as venideros, libre el hombre Del mundo primitivo a que hemos vuelto De tiniebla y de horror, lleve el destino Tu mano hacia el volumen donde yazcan 420 Olvidados mis versos, y lo abras, Yo s? que sentir?s mi voz llegarte, No de la letra vieja, mas del fondo Vivo en tu entra?a, con un af?n sin nombre Que t? dominar?s. Esc?chame y comprende. En sus limbos mi alma quiz? recuerde algo, Y entonces en ti mismo mis sue?os y deseos Tendr?n raz?n al fin, y habr? vivido. (?A un poeta futuro? 304) La visi?n de las fuerzas fascistas, los guerrilleros y la lucha clandestina evoluciona al ritmo de los cambios pol?ticos y socioculturales, y de los eruditos, creadores, lectores y espectadores que forjan su memoria y su historia. Aunque la proyecci?n futura de imaginarios sobre la resistencia es impredecible, seguro que afectar?n c?mo las pr?ximas generaciones dibujan y sue?an su pasado. As? pues, estamos lejos de haber le?do la ?ltima p?gina sobre la resistencia antifascista espa?ola. 421 Ap?ndice A: Cronolog?a de obras literarias Narraciones ajenas a la versi?n oficial Narraciones de voz cuestionable Narraciones de la historia oficial I. Los a?os de la guerra y el silencio de la primera posguerra (3 obras; 1936-1950) Novelas Los guerrilleros de Extremadura (1937). L?zaro. Las cumbres de Extremadura (1938). Jos? Herrera Petere. For Whom the Bell Tolls (1940). Ernest Hemingway. II. La versi?n oficial y las visiones del exilio (19 obras; 1951?1975) Novelas La ciudad perdida (1951). Mercedes F?rmica. El llano en llamas (1953). ?ngel Ruiz Ay?car. Frontera (1953). Dar?o Fern?ndez Fl?rez. Mos?n Mill?n (1953)/R?quiem [. . .] (1960). Ram?n J. Sender. Este tiempo amargo (1953). Pablo de la Fuente. Testamento en la monta?a (1955). Manuel Arce. Juan Caballero (1956). Luisa Carn?s. Habla mi conciencia (1956). Jos? Francisco (Seud.). La paz empieza nunca (1957). Emilio Romero. Killing a Mouse on Sunday (1961). Emeric Pressburger. Donde las Hurdes se llaman Cabrera (1964). Ram?n Carnicer. Habla mi conciencia (1966). Jos? Francisco (Seud.). El mundo de Juan Lob?n (1967). Luis Berenguer. El ladrido (1969). Oscar Mu?iz. Todos mor?an en ?Casa Manchada? (1969). Emilio Romero. 422 El mexicano (1970). Francisco P?rez L?pez. Si te dicen que ca? (1973). Juan Mars?. Los huidos (1973). Luciano Casta??n. Autobiograf?as Abriendo camino: relatos [. . .] (1971). Jos? Gros. III. Primeras visiones en libertad (8 obras; 1976-1984) Novelas y cuentos En el d?a de hoy (1976). Jes?s Torbado. La pastora: el maquis hermafrodita (1978). Manuel Villar Raso. O ciclo do neno (1978). Xos? Neira Vilas. El camino de la victoria: los exiliados en la Resistencia (1979). Virgilio Botella Pastor. La enredadera (1980). Manuel Alonso. La monta?a herida (1981). Jos? Mar?a Castroviejo. Un d?a volver? (1982). Juan Mars?. El a?o del wolfram (1984). Ra?l Guerra Garrido. IV. Visiones en plena libertad (19 obras; 1985-1996) Novelas y cuentos Luna de lobos (1985). Julio Llamazares. El cintur?n tra?do de Cuba (1985). Pilar Cibreiro. El pianista (1985). Manuel V?zquez Montalb?n. Muerte y pasi?n de un maquis [. . .] (1985). Juan Jos?combiningacuteaccent Gonz?combiningacuteaccentlez Sevillano. Teniente Bravo (1986). Juan Mars?. Alhambra y los Tuchas (Una historia del maquis) (1987). Jes?s Sevilla Lozano. Operaci?n Carlomagno: novela de la resistencia vasca, 1940 (1988). Mario de Salegi. Beltenebros (1989). Antonio Mu?oz Molina. Cambio de bandera (1991). F?lix de Az?a. El a?o del diluvio (1992). Eduardo Mendoza. 423 Tu nombre envenena mis sue?os (1992). Joaqu?n Leguina. El embrujo de Shanghai (1993). Juan Mars?. El fragor del agua (1993). Jos? Gim?nez Corbat?n. La ?partida del alba? y otras historias del maquis (1994). Luis Mart?nez Terr?n. La agon?a del b?ho chico (1994). Justo Vila. El color del crep?sculo (1995). Alfons Cervera. El testamento de amor de Patricio Julve (1995). Ant?n Castro. La raya seca (1996). C?sar Rodr?guez-Gavela L?pez. Autobiograf?as Manuscrito de un superviviente (1987). Felipe Matarranz Gonz?lez. V. Visiones m?s recientes (28 obras462 1997-2006) Novelas y cuentos Maquis (1997). Alfons Cervera. Tampoco esta vez dir?an nada (1997). Jos? Gim?nez Corbat?n. En un viejo pa?s (1997). Santiago Tranc?n. La hija del can?bal (1997). Rosa Montero. Los seres imposibles (1998). Ant?n Castro El puente de hierro (1998). C?sar Gavela. La noche inm?vil (1999). Alfons Cervera Historias de maquis en el Pirineo aragon?s (1999). Mercedes Yusta [et al.]. Pensa Nao (1999). Anxo Angueira. D?as y noches (2000). Andr?s Trapiello ?ltima p?gina (2000). Juan Jos? Fern?ndez Delgado. Rabos de lagartija (2000). Juan Mars?. Lucio l'irr?ductible (2000). Bernard Thomas y Isabelle Villemont. Soldados de Salamina (2001). Javier Cercas. 462 En estas cifras no se incluye la obra de Felipe Matarranz ya que su texto sali? originalmente en 1987. 424 La noche de los Cuatro Caminos: una historia del maquis. Madrid, 1945 (2001). Andr?s Trapiello. La voz dormida (2002). Dulce Chac?n. La sombra del cielo (2003). Alfons Cervera. ?El portero?. Cuentos pendientes (2003). Manuel Hidalgo. La mitad del alma (2004). Carme Riera. El l?piz del carpintero (2004). Manuel Rivas. Aquel invierno (2005). Alfons Cervera. Autobiograf?as y entrevistas Hijos de la guerra: testimonios y recuerdos (2001). Jorge Mart?nez Reverte y Socorro Thom?s. Memorias de un guerrillero. El maquis en la Sierra de Cuenca (2002). Emencio Alcal? Ruiz ?Germ?n?. Guerrillero contra Franco (2002). Francisco Mart?nez L?pez. Memorias del Sargento Ferreras (2002). Gabriel Ferreras Estrada. Historia de Celia. Recuerdos de una guerrillera antifascista. (2004). Remedios Montero. La memoria reprimida. Historias orales del maquis (2004). Jos? Antonio Vidal Casta?o. Camaradas, ?Viva la Rep?blica! [. . .] (2005). Felipe Matarranz Gonz?lez. Lucha por la libertad (2006). Antonio Esteban Garv?. 425 Ap?ndice B: Cronolog?a de obras cinematogr?ficas Obras ajenas a la historia oficial Obras de la versi?n oficial I. Los a?os de la guerra y el silencio de la primera posguerra (2 pel?culas; 2 documentales; 1936-1950) Pel?culas For Whom the Bell Tolls (1943). Dir. Sam Wood. Espoir (Sierra de Teruel) (1945). Dir. Andr? Malraux. Documentales Resistencia en Levante (1938?). Dir. Rafael Gil. Un h?roe del pueblo espa?ol: Jos? G?mez Gayoso (1948). s. dir. II. La versi?n oficial y las visiones de oposici?n (19 pel?culas; 1951?1975) En un rinc?n de Espa?a (1948). Dir. Jer?nimo Mihura Rostro al mar (1951). Dir. Carlos Serrano De Osama. Dos caminos (1953). Dir. Arturo Ruiz Castillo. Lo que nunca muere (1954). Dir. Julio Salvador. La ciudad perdida (1955). Dir. Margarita Alexandre y Rafael Torrecilla. Muri? hace 15 a?os (1955). Dir. Rafael Gil. Suspenso en Comunismo (1955). Dir. Eduardo Manzanos. Torrepartida (1956). Dir. Pedro Lazaga. La paz empieza nunca (1960). Dir. Le?n Klimovsky. Sentencia contra una mujer (1960). Dir. Antonio Isasi Isasmendi. Carta a una mujer (1961). Dir. Miguel Iglesias. A tiro limpio (1963). Dir. Francisco P?rez-Dolz. Un puente sobre el tiempo (1964). Dir. Jos? Luis Merino. Behold A Pale Horse (1964). Dir. Fred Zinneman. La guerre est finie (1966). Dir. Alain Resnais. 426 Tirarse al monte (1971). Dir. Alfonso Ungr?a. El esp?ritu de la colmena (1973). Dir. V?ctor Erice. Metralleta Stein (1974). Dir. Jos? Antonio de la Loma. Casa Manchada (1975). Dir. Jos? Antonio Nieves Conde. Pim, pam, pum? ?Fuego! (1975). Dir. Pedro Olea. III. Primeras visiones en libertad (4 pel?culas y 3 documentales; 1976-1984) Pel?culas El ladrido (1977). Dir. Pedro Lazaga. Los d?as del pasado (1977). Dir. Mario Camus. El coraz?n del bosque (1979). Dir. Manuel Guti?rrez Arag?n. Kargus (1980). Dir. Juan Mi?on y Miguel ?ngel Trujillo. Documentales Guerrilleros (1978). Dir. Bartomeu Vil? y Merc? Conesa. Quico Sabat? (1980). Dir. Colectivo Penta. Espa?a: historia inmediata. Vol 5. La guerrilla [. . .] (1984). Dir. Jos? Luis Guarner. IV. Visiones en plena libertad (11 pel?culas; 11 documentales; 1985-1996) Pel?culas R?quiem por un campesino espa?ol (1985). Dir. Francisco Betriu. Luna de lobos (1987). Dir. Julio S?nchez Vald?s. La guerra de los locos (1987). Dir. Manolo Matji. El mundo de Juan Lob?n (1987). Dir. Enrique Bras?. Si te dicen que ca? (1989). Dir. Vicente Aranda. Catorce estaciones (1991). Dir. Antonio Rico Jim?nez. Beltenebros (1991). Dir. Pilar Mir?. Huidos (1992). Dir. F?lix Sancho Gracia. Bajomonte (1993). Dir. Ra?l Hern?ndez Garrido. 427 Os salteadores (1993). Dir. Abi Feij?. Tu nombre envenena mis sue?os (1996). Dir. Pilar Mir?. Documentales Tres octubres (1986). Dir. Jos? Luis Rodr?guez Puertolas. Xan de Xenaro: memoria de 32 a?os (1987). Dir. Agust?n Fern?ndez Paz. El maquis a Catalunya 1939-1963 (1989). Dir. Jaume Serra i Fontelles. Militantes de la libertad [. . .] (1990). Dir. Olga Martinez Anton. Rescatadas del olvido: mujeres bajo el franquismo (1991). Dir. Fernanda Romeu. Objetivo: matar a Franco (1993). Dir. Ignacio S?nchez. El maquis: el movimiento guerrillero en Andaluc?a (1993). Dir. Alfonso Arteseros. El maquis: el movimiento guerrillero en Galicia (1993). Dir. Alfonso Arteseros. El maquis en el alto Arag?n (1994). Dir. Eugenio Monesma. Guerrillero (1996). Dir. Dominique Gautier. Death in el Valle (1996). Dir. C. M. Hardt. V. Visiones m?s recientes (13 pel?culas y 38 documentales (3 pel?culas y 22 documentales sin localizar); 1997-2006) Pel?culas Terra de canons (1999). Dir. Antoni Ribas. El portero (2000). Dir. Gonzalo Su?rez. You?re the one (Una historia de entonces) (2000). Dir. Jos? Luis Garci. Silencio roto (2001). Dir. Montxo Armend?riz. El embrujo de Shanghai (2002). Dir. Fernando Trueba. El l?piz del carpintero (2003). Dir. Ant?n Reix?.463 Aida (2003). Dir. Pablo de Mar?a D?az y Pablo A. Quiroga Prendes. Soldados de Salamina (2003). Dir. David Trueba. Los macuteiros (2003). Dir. Oscar P?rez. 463 Es preciso incluir esta obra en la lista pues forma parte de las pel?culas que otorgan un papel secundario a la lucha clandestina. En este caso se llega al extremo de eliminar toda referencia a la resistencia. 428 El a?o del diluvio (2004). Dir. Jaime Ch?varri. Tierra de guerrilleros (2004). Dir. Amanda Castro. 1939, un berro no silencio (2004). Dir. Alicia Conchas Rebullido. El laberinto del fauno (2006). Dir. Guillermo del Toro. Documentales Los ?ltimos fuxidos (1999). TVG. Del exilio a la resistencia (1999). Dir. Eugenio Monesma. La invasi?n del Valle de Ar?n (1999). Dir. Eugenio Monesma. Le Val D'Aran: les gu?rilleros [?] (1999). Dir. Jorge Amat. Preg?ntale al viento (2000). Dir. Albert Pardo. Los Maquis en Andaluc?a (2000). Dir. Santiago ?lvarez. Dos d?as con la guerrilla antifranquista (2000). Dir. Eugenio Monesma. Francisco Ponz?n: el resistent oblidat (2000). Dir. Lala Gom?. El siglo XX en femenino. Ellas piden la voz y la palabra (2000). Dir. Ana Aguado. Guerrilla espa?ola, entre la leyenda y el mito (2001). s. dir. La partida de Gir?n (2001). Dir. Victoria Mart?nez y Manuel Guerra. La s?ndrome d'una guerra (2001). Dir. Felip Sol? Sabat?. La guerra civil en Extremadura (2001). Dir. Eugenio Monesma. La guerrilla de la memoria (2002). Dir. Javier Corcuera. ?Por qu? sangr? la monta?a? (2002). Dir. Alberto Llorente. La guerrilla en Cantabria (2002). Dir. Alberto Llorente. La Casita Blanca: la ciudad oculta (2002). Dir. Carles Balagu?. El maquis, la guerra silenciada (2002). Dir. E. Calpena. III Jornadas ?El Maquis en Santa Cruz de Moya? (2002). Dir. Antonio Moya Zarzuela. El hombre que muri? dos veces: Gir?n [. . .] (2003). Dir. Daniel ?lvarez y I?aki Pinedo. Los maquis de la imposible esperanza (2003). Dir. Dominique Gautier. Los ?ltimos guerrilleros [. . .] (2003). Dir. Jos? Vicente Viadel. A memoria nos tempos do wolfram (2003). Dir. Antonio Caeiro. Los ?ltimos huidos (2003). s. dir. Siempre ser? la Pastora (2004). Dir. Isma?l Cobo. 429 Las ilusiones perdidas (2005). Dir. Eugenio Monesma. Gerardo Ant?n: el ?ltimo guerrillero extreme?o (2005). Dir. Aureliano Mart?n Alc?n. Les ?ltimes hores (2005). Dir. Jordi Call. Maquis (2005). Dir. Guillermo Garc?a-Ramos Ortega. Maletas de madera (2005). Dir. Mariano Agudo y Jos? Mar?a Valiente. La memoria recobrada (2006). Dir. Alfonso Domingo. Un d?a para la historia [. . .] (2006). Dir. ?scar Serrano Coronado. Los ?ltimos milicianos: guerrilleros [. . .] (2006). Dir. Ana Bel?n Rodr?guez Pati?o. A Cidade da Selva (2006). Dir. Helena Villares y Pilar Faxil. Bandoleiros ou guerrilleiros (2006). Dir. Jos? A. Sanmart?n. Hijo de rojo (2006). Dir. Jean Ortiz. Memoria de un guerrillero (2006). Foro por la Memoria de Huelva. Lobos sucios (2006). Dir. Felipe Rodr?guez Lameiro. 430 Ap?ndice C: Clasificaci?n de las obras literarias Apariencias o Trasfondo Tema principal I. Novelas Los guerrilleros de Extremadura (1937). L?zaro Cumbres de Extremadura [. . .] (1938). Herrera Petere. For Whom the Bell Tolls (1940). Hemingway. II. Novelas Frontera (1953). Fern?ndez Fl?rez. Donde las Hurdes se llaman Cabrera (1964). Carnicer. El mundo de Juan Lob?n (1967). Berenguer. Todos mor?an en ?Casa Manchada? (1969). Romero. Si te dicen que ca? (1973). Juan Mars?. II. Novelas La ciudad perdida (1951). F?rmica. El llano en llamas (1953). Ruiz Ay?car. Mos?n Mill?n (1953) / R?quiem [. . .] (1960). Sender. Este tiempo amargo (1953). Fuente. Juan Caballero (1956). Carn?s. Habla mi conciencia (1956). Jos? Francisco (Seud.). La paz empieza nunca (1957). Romero. Killing a Mouse on Sunday (1961). Pressburger. Habla mi conciencia (1966). Jos? Francisco (Seud.). El ladrido (1969). Mu?iz. El mexicano (1970). P?rez L?pez.. Los huidos (1973). Casta??n. Autobiograf?as Abriendo camino: relatos [. . .] (1971). Gros. III. Novelas y cuentos En el d?a de hoy (1976). Torbado. O ciclo do neno (1978). Neira Vilas. El camino de la victoria [. . .] (1979). Botella Pastor. La enredadera (1980). Alonso. Un d?a volver? (1982). Mars?. El a?o del wolfram (1984). Guerra Garrido. III. Novelas y cuentos La pastora: el maquis hermafrodita (1978). Villar Raso. La monta?a herida (1981). Castroviejo. 431 IV. Novelas y cuentos El cintur?n tra?do de Cuba (1985). Pilar Cibreiro. El pianista (1985). V?zquez Montalb?n. Teniente Bravo (1986). Mars?. El a?o del diluvio (1992). Mendoza. Tu nombre envenena mis sue?os (1992). Leguina. El embrujo de Shanghai (1993). Mars?. El fragor del agua (1993). Gim?nez Corbat?n. El color del crep?sculo (1995). Cervera. El testamento de amor de Patricio Julve (1995). Castro. La raya seca (1996). C?sar Gavela. IV. Novelas y cuentos Luna de lobos (1985). Llamazares. Muerte y pasi?n [. . .] (1985). Gonz?lez Sevillano. Alhambra y los Tuchas [. . .] (1987). Sevilla Lozano. Operaci?n Carlomagno [. . .] (1988). Salegi. Beltenebros (1989). Mu?oz Molina. Cambio de bandera (1991). Az?a. La ?partida del alba? [. . .] (1994). Mart?nez Terr?n. La agon?a del b?ho chico (1994). Vila. Autobiograf?as Manuscrito de un superviviente (1987). Matarranz. V. Novelas y cuentos La hija del can?bal (1997). Montero. Tampoco esta vez dir?an nada (1997). Gim?nez Corbat?n. Los seres imposibles (1998). Castro. La noche inm?vil (1999). Cervera. D?as y noches (2000). Trapiello. Rabos de lagartija (2000). Mars?. Lucio l'irr?ductible (2000). Thomas y Villemont. Soldados de Salamina (2001). Cercas. La sombra del cielo (2003). Cervera. ?El portero?. Cuentos pendientes (2003). Hidalgo. El l?piz del carpintero (2004). Rivas. La mitad del alma (2004). Riera. Aquel invierno (2005). Cervera. Entrevistas Hijos de la guerra [. . .] (2001). Mart?nez Reverte y Thom?s. V. Novelas y cuentos Maquis (1997). Cervera. En un viejo pa?s (1997). Tranc?n. El puente de hierro (1998). Gavela. Historias de maquis [. . .] (1999). Yusta [et al.]. Pensa Nao (1999). Angueira. ?ltima p?gina (2000). Fern?ndez Delgado. La noche de los Cuatro Caminos [. . .] (2001). Trapiello. La voz dormida (2002). Chac?n. Autobiograf?as Memorias de un guerrillero [. . .] (2002). Alcal? Ruiz. Memorias del Sargento Ferreras (2002). Ferreras Estrada. Guerrillero contra Franco (2002). Mart?nez L?pez. Historia de Celia [. . .] (2004). Montero. La memoria reprimida [. . .] (2004). Vidal Casta?o. Camaradas, ?Viva la Rep?blica! [. . .] (2005). Matarranz. Lucha por la libertad (2006). Garv?. 432 Ap?ndice D: Clasificaci?n de las obras f?lmicas Apariencias o Trasfondo Tema principal I. Pel?culas For Whom the Bell Tolls (1943). Wood. Espoir (Sierra de Teruel) (1945). Malraux. Documentales Resistencia en Levante (1938). Gil.*464 Un h?roe [. . .]: Jos? G?mez Gayoso (1948). s. dir. II. Pel?culas En un rinc?n de Espa?a (1948). Mihura. Carta a una mujer (1961). Iglesias. El esp?ritu de la colmena (1973). Erice Casa Manchada (1975). Nieves Conde. II. Pel?culas Rostro al mar (1951). Serrano De Osama. Dos caminos (1953). Ruiz Castillo. Lo que nunca muere (1954). Salvador. La ciudad perdida (1955). Alexandre y Torrecilla. Muri? hace 15 a?os (1955). Gil. Suspenso en Comunismo (1955). Manzanos. Torrepartida (1956). Lazaga. La paz empieza nunca (1960). Klimovsky. Sentencia contra una mujer (1960). Isasi Isasmendi. A tiro limpio (1963). P?rez-Dolz. Un puente sobre el tiempo (1964). Merino. Behold A Pale Horse (1964). Zinneman. La guerre est finie (1966). Resnais. Tirarse al monte (1971). Ungr?a.* Metralleta Stein (1974). De la Loma. Pim, pam, pum . . . ?Fuego! (1975). Olea. 464 Las pel?culas que no he podido consultar y no he le?do o un resumen de la trama o la novela en la que se bas? aparecen con un asterisco para indicar que su ubicaci?n en una columna u otra es una aproximaci?n 433 III. Pel?culas Kargus (1980). Mi?on y Trujillo. III. Pel?culas El ladrido (1977). Lazaga. Los d?as del pasado (1977). Camus. El coraz?n del bosque (1979). Guti?rrez Arag?n. Documentales Guerrilleros (1978). Vil? y Conesa. Quico Sabat? (1980). Colectivo Penta. Espa?a: Historia inmediata [. . .] (1984). Guarner. IV. Pel?culas El mundo de Juan Lob?n (1987). Bras?. Si te dicen que ca? (1989). Aranda. Tu nombre envenena mis sue?os (1996). Mir?. Documentales Rescatadas del olvido [. . .] (1991). Romeu. Objetivo: matar a Franco (1993). S?nchez. Guerrillero (1996). Gautier. IV. Pel?culas R?quiem por un campesino espa?ol (1985). Betriu. Luna de lobos (1987). S?nchez Vald?s. La guerra de los locos (1987). Matji. Catorce estaciones (1991). Rico Jim?nez. Beltenebros (1991). Mir?. Huidos (1992). Sancho Gracia. Bajomonte (1993). Hern?ndez Garrido. Os salteadores (1993). Feij?. Documentales Tres octubres (1986). Rodr?guez Puertolas.* Xan de Xenaro: memoria de 32 a?os (1987). Fern?ndez Paz. El maquis a Catalunya [. . .] (1989). Serra i Fontelles. Militantes de la Libertad [. . .] (1990). Martinez Anton. El maquis [. . .] en Andaluc?a (1993). Arteseros. El maquis [. . .] en Galicia (1993). Arteseros. El maquis en el alto Arag?n (1994). Monesma. Death in El Valle (1996). Hardt. 434 V. Pel?culas El portero (2000). Su?rez. You?re the one (Una historia de entonces) (2000). Garci. El embrujo de Shanghai (2002). Fernando Trueba. Soldados de Salamina (2003). Trueba. El l?piz del carpintero (2003). Reix?.465 Los macuteiros (2003). P?rez. El a?o del diluvio (2004). Ch?varri. Documentales El siglo XX en femenino [. . .] (2000). Aguado. La guerra civil en Extremadura (2001). Monesma. Las ilusiones perdidas (2005). Monesma. La memoria recobrada (2006). Domingo. Lobos sucios (2006). Rodr?guez Lameiro. V. Pel?culas Terra de canons (1999). Ribas. Silencio roto (2001). Armend?riz. Aida (2003). D?az y Quiroga Prendes. Tierra de guerrilleros (2004). Castro. 1939, un berro no silencio (2004). Conchas Rebullido. El laberinto del fauno (2006). Del Toro. Documentales Los ?ltimos fuxidos (1999). s. dir.* Del exilio a la resistencia (1999). Monesma. La invasi?n del Valle de Ar?n (1999). Monesma. Valle de Ar?n (1999). Amat. Preg?ntale al viento (2000). Pardo. Los maquis en Andaluc?a (2000). ?lvarez. Dos d?as con la guerrilla antifranquista (2000). Monesma. Francisco Ponz?n: el resistent oblidat (2000). Gom?. Guerrilla espa?ola, entre la leyenda y el mito (2001). s. dir.* La partida de Gir?n (2001). Mart?nez y Guerra. La s?ndrome d'una guerra (2001). Sol? Sabat?. La guerrilla de la memoria (2002). Corcuera. ?Por qu? sangr? la monta?a? (2002). Llorente.* La guerrilla en Cantabria (2002). Llorente. La Casita Blanca [. . .] (2002). Balagu?. El maquis, la guerra silenciada (2002). Calpena. III Jornadas ?El Maquis en Santa Cruz de Moya? (2002). Moya Zarzuela. El hombre que muri? [. . .] (2003). ?lvarez y Pinedo. Los maquis de la imposible esperanza (2003). Gautier y Ortiz. Los ?ltimos guerrilleros [. . .] (2003). Viadel. 465 Es preciso incluir esta obra en la lista pues forma parte de las pel?culas que otorgan un papel secundario a la lucha clandestina. En este caso se llega al extremo de eliminar toda referencia a la resistencia. 435 A memoria nos tempos do wolfram (2003). Caeiro. Los ?ltimos huidos (2003). s. dir. Siempre ser? la Pastora (2004). Cobo. Gerardo Ant?n: el ?ltimo [. . .] (2005). Mart?n Alc?n. Les ?ltimes hores (2005). Call. Maquis (2005). Garc?a-Ramos Ortega. Maletas de madera (2005). Agudo y Valiente. Un d?a para la historia [. . .] (2006). Serrano Coronado. Los ?ltimos milicianos [. . .] (2006). Rodr?guez Pati?o. A Cidade da Selva (2006). Villares y Faxil. Bandoleiros ou guerrilleiros (2006). Sanmart?n. Hijo de rojo (2006). Ortiz. Memoria de un guerrillero (2006). Foro por la Memoria de Huelva. 436 Ap?ndice E: Entrevistas466 Jos? Antonio Alonso Alcalde ?Comandante Robert? Alonso luch? en la Guerra Civil Espa?ola y la Resistencia francesa y particip? en la invasi?n del Valle de Ar?n. Jos? Antonio Alonso Alcalde ?Comandante Robert? naci? el 14 de abril de 1919 en Santana (Asturias). Vive actualmente en Castres, Francia. Luch? en la guerra civil y se exili? en Francia cuando termin? la contienda (4:30). Fue internado en el campo de concentraci?n Sept Fonds (4:47). Hasta 1942, estuvo en Compa??as de Trabajo, en otras, en las fortificaciones fronterizas con Alemania (5:00). Fue detenido por los franceses (6:10), pero escap? y pas? al Ari?ge donde se hizo cargo de una brigada del XIV Cuerpo de Guerrilleros (5:30; 7:00). Hac?an sabotajes (6:02; 9:55) y recib?an armamento por v?a a?rea (14:00). Lider? la liberaci?n de Foix (18:00). Estuvo en Batallones de Seguridad hasta 1945 (30:45). Durante la invasi?n del Valle de Ar?n (32:43), que tuvo el objetivo 466 Este ap?ndice tiene res?menes de las entrevistas que se pueden consultar en los archivos de mp3. 437 de crear una cabeza de puente en este valle (35:57), ten?a 200 hombres bajo su mando (39:28). Dej? de participar en la resistencia tras el Valle de Ar?n (44:15).467 Alonso comenta aspectos relacionados con la memoria (56:26). Habla del reconocimiento de los luchadores en Francia (1:07:15). Tiene libertad para hablar de sus memorias (1:10:45). A sus hijos no les interesa la resistencia (1:13:09). Desea rehabilitar la memoria de los que cayeron y reconoce su deber de testimoniar lo que vivi? (1:13:37). 467 El uso que Alonso hace de la palabra terrible parece influido por su significado en franc?s. Emplea este adjetivo para describir algo positivamente. 438 Eugenio Coronado Coronado es el sobrino de Basiliso Serrano Valero ?El Manco de La Pesquera?. Eugenio Coronado naci? en La Pesquera (Cuenca) el 16 de diciembre de 1929. Estuvo en el PCE y luego en el PSOE (1:30). Las fuerzas represoras mareaban a su padre porque era primo de Basiliso Serrano Valero ?El Manco de La Pesquera?, un guerrillero que fue fusilado en 1955 (3:58; 8:37). Su padre fue encerrado dos veces (4:35): la primera vez estuvo detenido brevemente (34:10), pero la segunda pas? varios meses en la c?rcel (35:12). Las fuerzas represoras tambi?n amenazaban a Coronado (4:38; 20:38). Se fue a Valencia a los quince a?os debido a las represalias (0:20; 3:52). Basiliso, presidente de la CNT de Cuenca (10:34), intervino cuando se intent? llevar a algunos fascistas de La Pesquera (9:55). Despu?s de la guerra, se ech? al monte creyendo que el r?gimen cambiar?a pronto (3:58; 10:45; 24:55). Cuando Eugenio visitaba a su t?o en la c?rcel, ?ste le hablaba de las personas de la familia usando met?foras para que los guardias no se enteraran (12:13). Las fuerzas represoras requisaban la comida de la familia Coronado 439 (14:00). Mientras que Basiliso estaba escondido en su casa, tuvo un accidente al fabricar una bomba y se qued? manco (18:07). El secretismo era tal que Coronado ni sab?a que su t?o estaba all?. Paco, un sobrino de Basiliso, se uni? a la guerrilla en 1946 o 1947 debido a las represalias (24:00). Aunque Basiliso se escond?a desde el t?rmino de la contienda, no se une a la guerrilla hasta 1946 (25:07). Coronado y Serrano468 comentan los errores y cr?ticas sobre Basiliso (25:25). Las fuerzas represoras destruyeron la huerta de la familia Coronado y el motor que ten?an para regar el campo y les obligaron a trasladarse (27:45). Cuando mataron a Paco, Coronado fue a reconocerlo en el cementerio (29:10). No se permiti? que su familia lo enterrara. Hab?a confrontaciones entre la guerrilla y la Guardia Civil (29:55). Coronado comenta la importancia de conservar la historia (7:42) y la libertad para hablar de la resistencia (35:23). 468 La otra voz que se escucha en la entrevista es la de ?scar Serrano Coronado, el sobrino de Eugenio Coronado. 440 Mar?a Mercedes Garc?a Garc?a Garc?a es hija de un alcalde represaliado por criticar la sublevaci?n militar. Su madre muri? a manos de la Guardia Civil por dar de comer a un huido. Mar?a Mercedes Garc?a Garc?a naci? el 27 de abril de 1928 en Pendueles (Cantabria). Su padre, el alcalde de este pueblo, fue detenido y condenado a muerte (0:25). En su juicio, abog? en su contra dos textos que escribi?: un libro sobre la Revoluci?n mexicana (10:05) y un art?culo que criticaba la sublevaci?n militar (12:15). Antes de cumplir la sentencia, los requet?s lo animaron a huir, pero su padre se neg? a dejarse matar con la ley de huidos (17:40). Cuando vinieron a su casa a darles el p?same y besaron a su madre, Garc?a se dio cuenta de que hab?an matado a su padre (24:00). En 1943 se llevaron a su madre al cuartel por dar de comer a un huido (24:41). Muri? de la paliza que le dieron (26:55; 53:07). Delfino, el huido, hab?a sido concejal y maestro durante la Rep?blica, pero fue depurado por ser af?n a ?sta y nunca pudo volver a ejercer de maestro (28:05; 53:24). La familia Garc?a tambi?n prestaba ayuda a otros huidos 441 (49:59). Su hermano pas? m?s de veinte meses en un batall?n de trabajadores en Belchite (30:25). Vinieron los embajadores de Estonia y Letonia a Llanes para llevarse y proteger a sus hermanos, pero su madre no quiso (30:56). La vida en la posguerra era muy dif?cil (32:55). Les cerraron la carnicer?a de sus abuelos (37:05). Se multaba a la gente por no ir a misa (40:07). Garc?a comenta la tortura y ejecuciones (41:50). Un alcalde dimiti? en protesta de los fusilamientos (49:34). Garc?a no pudo irse a M?xico por ser hija de fusilado (1:02:35). Perduran las memorias traum?ticas (24:23; 35:25; 43:20). Nunca super? la pena de muerte de su padre (24:20; 55:52; 1:03:25). Aunque con la democracia lleg? la libertad de expresi?n (54:08), todav?a existe miedo de hablar de las represalias (56:26) o se considera el pasado de poco inter?s (49:12). 442 Felipe Matarranz Gonz?lez Matarranz luch? en la Guerra Civil Espa?ola y fue guerrillero y enlace de la Brigada Machado. Felipe Matarranz Gonz?lez naci? el 2 de septiembre de 1915 en La Franca, Asturias. Ingres? en Los Pioneros a los catorce a?os (0:45). Al enterarse de la sublevaci?n militar, empezaron a formar milicias, reunir armas y fabricar bombas (1:15m). Atacaron los cuarteles Simancas de Gij?n y Loyola en San Sebasti?n (11:55). Fue nombrado cabo tirador (14:30). Fue herido (21:40) y se desangr? tanto que sus compa?eros, creyendo que hab?a fallecido, lo tiraron a una pila de muertos (24:00). Un m?dico se dio cuenta de que estaba vivo y lo transportaron a un hospital (26:00). Volvi? a luchar (35:55). Qued? prisionero en Santander (agosto de 1937), pero se escondi? y pas? a Llanes, Asturias, zona republicana (39:00). Luch? en la batalla del Mazuco (septiembre de 1937) (48:00). Cay? preso nuevamente y fue condenado a muerte dos veces (51:50). Durante los dos a?os que estuvo en la c?rcel de Torrelavega, vio sacar a 1.933 personas para ser fusiladas (52:30). Despu?s de seis a?os en la c?rcel, sali? y empez? a ser enlace 443 de grupos clandestinos (53:30). Ingres? en la guerrilla y se encarg? de un desembarco de armas para la guerrilla en La Franca (54:05). Los enlaces y puntos de apoyo que les ayudaron sufrieron represalias (58:55). Desea desenterrar la historia para que la juventud la conozca (56:05). Comenta otros aspectos de la memoria: libertad de expresi?n (1:02:50); tortura y desapariciones f?sicas, memorias traum?ticas, deseo de olvidar y terror (1:04:10) y la elaboraci?n de sus memorias (1:10:10). 444 ?ngel Monteagudo Monteagudo es el sobrino de Basiliso Serrano Valero ?El Manco de La Pesquera? por parte de la mujer de ?ste. ?ngel Monteagudo naci? el 3 de septiembre de 1943. Las fuerzas represoras torturaron y mataron a Paco, el sobrino de Basiliso, y otro guerrillero (1:05). Exhibieron los cuerpos de los guerrilleros durante ocho d?as 2:05). Mataron a Andr?s Ponce, un enlace, y otros cinco (2:50). Los enlaces proveyeron comida e informaci?n a la guerrilla (6:35). Los guardias civiles obligaron al padre de ?ngel a llevar de noche una carta a un destacamento en medio del monte (12:35). Monteagudo conoci? a Teresa/Florencio Pla ?La Pastora? (19:50). La memoria de la resistencia evoluciona (23:08). Monteagudo comenta la libertad de hablar de la guerrilla (23:30). 445 ?scar Serrano Coronado Serrano, cuyo abuelo era primo de Basiliso Serrano Valero ?El Manco de La Pesquera?, dirigi? el documental Un d?a para la historia. Tambi?n edita una p?gina web y ayuda a organizar los homenajes dedicados a este guerrillero. ?scar Serrano Coronado naci? en Cuenca. Su abuelo era primo de Basiliso Serrano Valero ?El Manco de La Pesquera?. ?ste luch? en la guerra civil y luego se ech? al monte para evitar las represalias (0:23). Una persona que ayudaba a la guerrilla los traicion? y la Guardia Civil mat? a Paco, el sobrino de Basiliso, y otro guerrillero (1:32). Se dejaba a los cuerpos de los maquis en el cementerio unos d?as para intentar atrapar a otros guerrilleros que ven?an a verlos (2:03). Su padre y otros ni?os iban al cementerio para ver los cuerpos y la gente del pueblo estaba obligada a vigilarlos y bajarlos del monte (2:15). El juez de La Pesquera, que aprovech? la situaci?n de Basiliso quit?ndole ovejas, muri? de susto unos d?as despu?s de que el resistente fue a su casa (5:12). Muchos campesinos colaboraban con la guerrilla (6:35) y el secretario del ayuntamiento falsificaba salvoconductos para los maquis (7:19). Cuando la Guardia Civil mat? a seis 446 guerrilleros en un campamento, se hicieron con los documentos falsos y mucha gente del pueblo fue a prisi?n (7:30). Desde el final de la guerra Basiliso andaba oculto, pero a partir de 1946 ten?a que esconderse m?s pues las contrapartidas hab?an empezado a operar (7:57). Tras jugar a las cartas con unos guardias civiles, Basiliso dej? escrito en una servilleta quien era y abandon? el local (8:25). A veces los maquis dorm?an arriba en una casa y los guardias abajo porque el due?o colaboraba con la guerrilla (9:03). Una noche la Guardia Civil oblig? a Andr?s Ponce, un enlace, a decirles donde estaba el campamiento de los resistentes; intent? enga?arles llev?ndoles a donde pensaba que los guerrilleros no estaban, pero dio la casualidad que ?stos se hab?an trasladados precisamente a ese lugar (9:47). El padre de Serrano empez? a contarle historias sobre los guerrilleros cuando ten?a diez a?os (0:46). Serrano comenta la libertad para hablar de la resistencia (2:50), aunque se?ala que todav?a existe cierto miedo (o incomodidad al volver a tratar el pasado469) (3:05). Su abuelo nunca quer?a hablar del tema (3:30). Al enterarse de que iban a trasladar los restos de Basiliso de Paterna, donde fue fusilado, a La Pesquera, Serrano hizo una p?gina web y realiz? un documental (10:35) para guardar este d?a para la historia (12:04) y para agradecer que el guerrillero hubiera salvado muchas vidas incluyendo a parientes de Serrano (14:03). Asimismo, participa en la organizaci?n de las jornadas para recuperar la memoria de Basiliso (16:00). 469 En la grabaci?n, Serrano menciona el miedo, pero luego me hizo la aclaraci?n que aparece en par?ntesis. 447 Lista de entrevistas Alonso Alcalde, Jos? Antonio ?Comandante Robert?. Entrevista personal. 20 y 21 Nov. 2006. Coronado, Eugenio. Entrevista personal. 28 Oct. 2006. Garc?a Garc?a, Mar?a Mercedes. Entrevista personal. 18 y 19 Nov. 2006. Garv?, Antonio Esteban. Entrevista personal. 30 Sept. 2006. Matarranz Gonz?lez, Felipe. Entrevista personal. 25 Aug. y 18 Nov. 2006. Monteagudo, ?ngel. Entrevista personal. 9 Dec. 2006. Serrano Coronado, ?scar. Entrevista personal. 27 y 28 Oct. 2006. 448 Bibliograf?a primaria 1939, Un berro no silencio. Dir. Alicia Conchas Rebullido. s. distr., 2004. III Jornadas ?El Maquis en Santa Cruz de Moya?. Dir Antonio Moya Zarzuela. s. distr., 2002. ?IV Jornadas el maquis en Santa Cruz de Moya. Cr?nica rural de la guerrilla espa?ola. 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